La policía ha desalojado esta madrugada a los jóvenes acampados en la Puerta del Sol. Parece que los poderes públicos no tienen otra respuesta. Puede que a través de la convocatoria en las redes sociales consigan concentrarse de nuevo en Sol o en algún otro lugar (¿se acuerdan los veteranos de los «saltos» de las movilizaciones durante la dictadura?), pero no parece que puedan convertir su protesta en un amplio movimiento popular.
#spanish revolution, una de las etiquetas que este movimiento de protesta juvenil ha utilizado en Twitter, puede ser trending topic global, pero no es una revolución, como la vivida en Egipto y que de alguna manera se quiere remedar.
En Egipto, la vanguardia organizada fueron unos jóvenes que manejando las redes sociales y después de meses de preparación lograron hacer visibles y acelerar unas movilizaciones sociales previas y catalizar la ira y la desesperanza de toda una sociedad. Se trataba, nada menos, que de hacer caer a un régimen dictatorial; un objetivo aparentemente inalcanzable, pero claro y movilizador.
En España, los jóvenes del #15m no tienen, ni pueden tener una meta nítida, porque no proponen más alternativa que la de no votar a PP, PSOE o CiU. Y aún en eso no está nada claro el acuerdo. La etiqueta #nolosvotes la pusieron en marcha los enemigos de la ley Sinde para castigar a los que apoyaron la norma, pero ha ido creciendo. Ayer por la tarde se notaba en Twitter una división izquierda-derecha. Los apolíticos denunciaban que IU y grupos ultraizquierdistas intentaban apropiarse de la movilización.
Claro que hay motivos para la indignación y no sólo entre los jóvenes, sino entre toda la sociedad. Pero convertir el cabreo en movilización exige ideas, organización, coherencia y mucho trabajo. Los cambios históricos no llegan con simples quedadas. En los últimos años, otros movimientos de contestación como el de los universitarios contra Bolonia no lograron cuajar. Los altermundistas tienen mucha experiencia de autogestión, ideas movilizadoras y propuestas alternativas concretas, pero no logran una movilización mayoritaria porque exigen un alto nivel de conciencia, entrega y militancia.
Las multitudes pueden ser inteligentes, pero también estúpidas; pueden sentirse fuertes para derribar las barreras de la opresión, pero también convertirse en turbas de linchadores. Las multitudes virtuales son crédulas, tienden a ser manipuladas y pueden convertirse en vehículos del ciberacoso.
Con todo, confiemos que de estas movilizaciones salgan líderes y organizaciones. Porque el otro manantial por el que el cabreo brota es el de la xenofobia, manifiesta ya en Cataluña y a la que los políticos catalanes se han entregado en esta camapaña.
La Puerta del Sol fue el 14 de abril de 1931 una fiesta. Pero hoy por hoy no parece que pueda convertirse en nuestra Plaza Tahir.




En las revoluciones de colores la oposición persigue un cambio de régimen. En Irán asistimos a una disputa dentro del régimen. Musaví no pone en cuestión la república islámica sino que denuncia que sus principios están siendo subvertidos con un pucherazo de Ahmedinejad.
