Comunicación y poder


Una vez más, Francisco Rodríguez Pastoriz me autoriza a la publicación de sus colaboraciones en los suplementos de los sábados del Faro de Vigo. En esta ocasión se trata del análisis de Comunicación y poder, la obra de Manuel Castells que se presenta como la síntesis y revisión del pensamiento del sociólogo español más citado internacionalmente.

No he leído todavía el libro, que por su extensión reservo para el verano. Confieso que a veces me irrita un poco el tono algo profético de Castells, que, sin llegar a las tecnoutopías de Toffler y tantos autores norteamericanos, le lleva a dar por muertas realidades muy vivas. En esta ocasión parece que da bastante importancia a los últimos desarrollos mediáticos, como el infoentretenimiento o los procesos de glocalización, sobre los que he intentado hacer alguna pequeña aportación personal. Es cierto que se ha producido un cambio de paradigma, pero todavía no está nada claro no tanto que esa autocomunicación, como llama Castells a las posibilidades de comunicación interactiva, esté cambiando nuestras costumbres personales y la sociedad en su conjunto, lo que parece obvio, sino si estamos siendo capaces de utilizar nuestras nuevas capacidades con un sentido liberador, tanto en lo personal como en lo colectivo.

Sin más, paso a copiar el trabajo de Rodríguez Pastoriza.

Periodismo global

COMUNICACIÓN Y PODER: UNA MIRADA CRÍTICA

Manuel Castells estudia las relaciones del poder con los medios de comunicación en la sociedad global

La aparición de la autocomunicación de masas es la característica más destacada del nuevo poder de la información

FRANCISCO R. PASTORIZA (*)

La violencia ha sido el instrumento con el que históricamente la autoridad ha ejercido su poder sobre súbditos y ciudadanos. El monopolio de la violencia ha garantizado al Estado el dominio sobre todas las formas de manifestación social. En la segunda parte del siglo XX se produjo un cambio decisivo cuando el poder comenzó a construirse fundamentalmente con mensajes dirigidos a conformar el pensamiento de los ciudadanos a través de los medios de comunicación. Con ello el poder trasladaba su ejercicio desde el monopolio de la violencia al control de estos medios. Su finalidad era la misma: influir en las decisiones para favorecer los intereses y los valores de quien ostenta el poder. Si antes se hacía a través de la coacción, ahora se consigue a través de la creación de significados para obtener el consentimiento en torno a valores compartidos.

Al filo del cambio de siglo, la irrupción de internet introduce un nuevo protagonista, un contrapoder capaz de enfrentarse y romper el control del poder establecido a través de los medios de comunicación clásicos. Se trata de un cambio radical a través del que los ciudadanos se convierten en emisores y receptores de mensajes. Frente a la comunicación de masas, ha nacido la autocomunicación de masas, organizada además en una poderosa estructura de red y en el ámbito de una sociedad global, características que han provocado el nacimiento de una verdadera revolución en la comunicación, con una capacidad ilimitada de producir y emitir mensajes de una diversidad infinita, como demuestran webs y redes sociales y fenómenos como Flicker y You Tube. Es esta ruptura de paradigma la que Miguel Castells analiza en Comunicación y poder (Alianza editorial), un brillante ensayo que encierra una de las investigaciones más rigurosas sobre las relaciones actuales entre los medios de comunicación y las distintas formas de poder.

VIDEOPOLÍTICA E INFOENTRETENIMIENTO

Castells dedica una gran parte de este trabajo a analizar las relaciones entre los medios y la política. En la actualidad la política es casi exclusivamente una política mediática porque sus mensajes circulan a través de los medios de comunicación (es difícil hacer llegar un mensaje o la imagen de un líder político de otra manera), y además es videopolítica, porque se difunde fundamentalmente a través de la televisión. Su característica principal es la personalización: la promoción del político incide en su aspecto y en su personalidad más que en su programa, porque  la gente no vota al candidato que presenta los mejores argumentos sino al que provoca mejores sentimientos. En el siglo XXI la televisión sigue siendo el principal medio de comunicación de masas, a pesar de la fragmentación de sus audiencias y la uniformidad de sus contenidos. Para que las noticias políticas lleguen a los ciudadanos han de tener por tanto una cobertura televisiva lo más amplia posible. Los mensajes políticos, a menudo difíciles de comprender para el ciudadano medio, han de tener un tratamiento asimilable para la mayoría de los receptores y deben adoptar por tanto un formato que llame la atención de los espectadores. Una audiencia masiva, integrada por niveles culturales diversos, requiere mensajes simples e imágenes fácilmente decodificables. Nace así el infoentretenimiento, un nuevo tratamiento de la información televisiva basado en las emociones. Esto es además positivo para los propios medios, ya que lo que atrae a las audiencias atrae también a la publicidad con la que se financian, y de paso elevan la popularidad de periodistas y presentadores.

Por su parte la audiencia busca noticias que estimulen sus emociones positivas y negativas. Según la teoría de la inteligencia afectiva, las emociones que más influyen en el comportamiento político de los ciudadanos son el entusiasmo y el miedo (los discursos de los líderes y los videos de propaganda electoral están impregnados de estos dos componentes). Por eso el infoentretenimiento elabora noticias con altas dosis de miedo y entusiasmo: las que amenazan la seguridad o infringen normas sociales (vacas locas, gripe A, crisis económica, inseguridad ciudadana) y las que proponen un futuro más gratificante (sobre todo las que afianzan las convicciones propias y las que facilitan el acceso a bienes de consumo), que además tienen el efecto de permanecer en la memoria durante un plazo más largo de tiempo. Este proceso se manifestó de forma explícita en los medios de comunicación norteamericanos tras el 11-S. Para que los estadounidenses apoyaran la guerra contra Irak se activó un fuerte proceso de desinformación cuyos elementos eran fundamentalmente por unas parte el miedo a la muerte a través del terrorismo y las armas de destrucción masiva en manos del enemigo, y por otra el entusiasmo a través del patriotismo en torno a la bandera y el control de la producción de petróleo. De esta forma se elabora el relato del infoentretenimiento en la información política: héroes (los políticos protagonistas), villanos (los rivales) y víctimas que hay que rescatar (los ciudadanos), en un escenario de orden contra desorden; un relato narrado además con un lenguaje de competición deportiva. Pero hay más. Como las emociones negativas tienen un efecto más poderoso que las positivas, la política mediática utiliza fundamentalmente las primeras, que encuentra en los escándalos y las difamaciones. A partir del caso Watergate, que terminó con la presidencia de Nixon, el infoentretenimiento ha encontrado en las noticias escandalosas un elemento decisivo para atraer a la audiencia. Se ha visto potenciado, además, por la autocomunicación de masas, la nueva forma de informar que puede llegar a colgar en una plataforma una fotografía descalificadora, una frase desafortunada o un video comprometido y hacer que se reproduzcan instantáneamente en los medios de comunicación de todo el mundo. Poco parecen importarle a estos medios los aspectos negativos que pueden provocar la utilización de los escándalos en la información, como la banalización de la corrupción, la pérdida de interés causada por la fatiga y, paralelamente, la desafección de los ciudadanos hacia las instituciones y la clase política: hay estudios que demuestran que los escándalos no provocan siempre el descrédito de un líder afectado porque los ciudadanos piensan que da igual uno que otro, ya que todos son igualmente corruptos. Castells estudia la política mediática del escándalo en diversos casos, como el utilizado contra el Partido Socialista que provocó la derrota de Felipe González en las elecciones del 96.

UNA NUEVA CULTURA

En la sociedad-red la cultura tiene una representación destacada en dos ámbitos en principio aparentemente contrapuestos: la globalización y las identidades específicas locales. La tendencia es la producción de una cultura global que sume las identidades culturales específicas en lugar de sustituirlas (P.84). En los nuevos medios se produce un aparente proceso contradictorio; la localización de contenidos globales frente a su correlato, la globalización de contenidos locales. Curioisamente, la comunicación es cada vez más local al tiempo que es también más global. Programas como Operación Triunfo o Gran Hermano y series como Betty la fea, adaptan sus personajes y sus desarrollos a la cultura del país en el que se emiten (en otra dimensión, Microsoft y Yahoo, cuando entraron en China, tuvieron que instalar software capaz de filtrar automáticamente palabras como libertad, democracia, Tibet o derechos humanos, impronunciables en los medios de aquel país). Uno de los efectos más llamativos de la cultura global es que ya no es una cultura americana a pesar de su aún poderosa presencia, sino una cultura del compartir: la serie El Rey León se basa en historias de manga japonés, las telenovelas que se ven en todo el mundo tienen su origen en Venezuela, México y Brasil  y la CNN produce enfoques diferentes de la información dependiendo del país desde el que emite, porque las audiencias son más sensibles a los contenidos específicos de sus culturas. Fenómenos como Al Jazira han conseguido introducir una mirada distinta a la que occidente estaba acostumbrado a contemplar sobre los países árabes y Oriente Medio.

Con internet ha emergido una nueva realidad mediática cuyas expresiones se llevan a cabo a través de blogs, SMS, vlogs, podcast, wikis, RSS, redes sociales, telefonía móvil, videojuegos… que convergen con los medios clásicos de comunicación (los periódicos se leen en internet y en el móvil, la televisión y la radio se ven y se escuchan en internet y en el móvil, como el cine y la música, los e-mails, los videos y las fotografías se reciben en internet y en el móvil), creando una actitud que está sustituyendo el concepto de prime time por el de my time y que además promueven a través de la autocomunicación de masas movilizaciones que cambian las mentalidades y la forma de actuar del poder. En este libro se analizan algunas de las movilizaciones que han provocado cambios importantes en los últimos años: la asunción, incluso por sus detractores, de los principios del movimiento ecologista, el auge de las movilizaciones antiglobalización, la caída del gobierno Aznar en 2004, la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de un candidato negro con apellido musulmán… deben gran parte de su éxito a los nuevos medios organizados en redes, que se han convertido en formas eficaces de acción social. A partir de ahora las redes de comunicación interconectadas serán fundamentales para la construcción del poder en la sociedad de este siglo XXI.

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