2019: el año de la fiebre


fiebre 2019

Fiebre climática y fiebre social en 2019

Fiebre social, fiebre climática han caracterizado globalmente este año que termina

La fiebre climática no es ni mucho menos nueva. Cada año los fenómenos climáticos extremos (sequías, inundaciones, gotas frías, huracanes, incendios forestales) son más frecuentes.  Lo que antes podía ocurrir cada cinco o diez años, una devastadora gota fría otoñal sobre la costa mediterránea española, ahora se puede repetir hasta tres veces en la misma temporada. El planeta tiene fiebre.

La fiebre social ha tenido este 2019 picos muy dramáticos. Comenzó el año con la revuelta de los chalecos amarillos en Francia. Luego, las explosiones sociales se han extendido por todos los continentes. Ecuador, Bolivia, Perú, Chile, Colombia, Argelia, Líbano, Irak, Irán, India, Sudán, HongKong… y Cataluña. ¿El año del malestar? ¿El año de la ira?.

Hace 20 años la subida del precio de pan desataba en cualquier país árabe una explosión de protestas, como había ocurrido antes durante todo el siglo XIX en Europa con las crisis de subsistencias. Hoy las revueltas estallan por la subida del precio de los combustibles, los transportes públicos o una tasa sobre el uso de WhatsApp, manifestaciones de la actual dependencia de la energía y la comunicación a bajo precio. Pero, todavía hay sociedades donde las revueltas son de pura subsistencia, como en India, donde las protestas comenzaron por la carestía de las cebollas, para desembocar en un movimiento contra la ley de ciudadanía, discriminatoria para los musulmanes, y una señal más del fundamentalismo hindú del Baratija Janata del primer ministro Modi.

Cada protesta es distinta en sus motivaciones y desarrollo. En unas se exigen los derechos políticos básicos, en otras  se lucha contra la corrupción y el clientelismo y se persigue un reparto más justo de la riqueza; en aquellas se protesta por las disfunciones del sistema político; en algunas por la seguridad y prosperidad perdidas.

Si acaso tienen en común que son movilizaciones esencialmente de las clases medias: clases medias declinantes no cosmopolitas en los países centrales amenazadas por una creciente pauperización; clases medias emergentes en los países periféricos, hartas de corrupción, desigualdad y carencias de los servicios públicos; clases medias insolidarias de regiones privilegiadas en países con desequilibrios territoriales.

Son movilizaciones intergeneracionales, pero con gran protagonismo de los más jóvenes, que dominan la capacidad movilizadora de las redes sociales y que, en algunos casos, protagonizan actos de violencia, que encienden y propelen las protestas. Casi nunca existen líderes claros.

Protestas todas ellas graves, con gran capacidad de disrupción, y bastante prolongadas en el tiempo. A veces consiguen, al menos parcialmente, sus objetivos (Sudán),  otras las concesiones del poder las apagan (Ecuador); hay lugares donde las protestas revitalizan la sociedad civil (Colombia, Chile) y en otros terminan en golpe de Estado (Bolivia); algunas llevan a un bloqueo político y a la división social (España), son violentamente reprimidas (Irán, Irak) o llevan camino de convertirse en un enfrentamiento devastador con el poder, poniendo en peligro el propio modelo de sociedad (HongKong).

Podemos suponer que las enfermedades que esta fiebre manifiesta son la pobreza, la desigualdad creciente,  la destrucción del Estado del Bienestar, el secuestro del sistema político por las élites. Pero también, causas profundas y divisivas: el movimiento de liberación femenina, las transformaciones de las identidades sexuales y familiares, contestadas por movimientos conservadores; los procesos de secularización contra el que luchan los fundamentalismos religiosos crecientes; las traumáticas adaptaciones al cambio digital y a la emergencia climática. Las protestas pueden desembocar en regeneración social y democrática, pero también fortalecer los movimientos nacional populistas.

La Historia no ha terminado

Echemos la mirada atrás, ahora que ya estamos bien entrados en el siglo XXI (algunos dicen que vamos a entrar en la tercera década, pero nos falta un año, ya se sabe, los medios quieren ser los primeros en contarlo todo). Veinte años no son nada, decía el tango, así que para tomar perspectiva mejor retroceder 30 años, a aquel 1989, en el que cayó el Muro de Berlín y terminó el siglo XX corto (1918-1989, Hobsbawm) y nos dijeron que la Historia se había acabado.

En su artículo ¿El fin de la Historia? Francis Fukuyama sostenía, en aquel 1989, la tesis (muy hegeliana) de que la dirección de la Historia conduce a la mayor parte de la Humanidad a la democracia liberal, un sistema que ha superado a otros sistemas y en el momento presente sin contradicciones internas ni contradictores externos, en el que confluyen el progreso científico y el deseo de reconocimiento personal.

Distinguía Fukuyama entre un tiempo histórico, allí donde no se hubiera conquistado todavía la democracia liberal, y un tiempo posthistórico, en el que no dejarían de existir conflictos, pero no existiría sistemas alternativos. Recientemente, el autor ha reconocido que no valoró la importancia de las identidades colectivas como cuestionadoras de la democracia liberal, e infravaloró en poder del comunismo chino para proponer una alternativa: el capitalismo autoritario.

Antes, en la contrarevolución  conservadora de los 80, Thatcher y Reagan, demolieron el consenso socialdemócrata de los treinta gloriosos.  Después vinieron los genocidios de la antigua Yugoslavia y Ruanda; los atentados del 11-S, la guerra contra el terror de Bush, las guerras de Afganistán e Irak, que destrozaron los equilibrios de Oriente Próximo y propiciaron la extensión mundial del yihadismo; la gran Recesión; las revoluciones árabes y la guerra de Siria; el autoritarismo imperial de Putin; el movimiento popular y espontáneo de tomar las plazas; la expansión comercial y de inversiones del autoritarismo chino; la democracias iliberales y el crecimiento de la ultraderecha en Europa; Trump; el Brexit; el cuestionamiento del multilateralismo…

Hay una línea continua entre la contrarrevolución conservadora de los 80, la guerra contra el terror y la Gran Recesión, sin la que no se puede entender la fiebre social de este 2019.

Las liberalizaciones y desrregulaciones iniciadas en los 80 deslegitimaron y debilitaron el Estado de Bienestar, el mejor mecanismo redistributivo inventado. Desde entonces, el capitalismo financiero propició una enorme concentración de riqueza en los grandes accionistas y ejecutivos y la globalización económica sacó de la miseria extrema a amplias capas de los países periféricos, a costa de la caída del poder adquisitivo y las expectativas de las clases medias de los países centrales.

La guerra contra el terror trajo, en nombre de la seguridad, un gran deterioro de los derechos civiles y políticos.

Finalmente, la Gran Recesión laminó los derechos sociales que todavía subsistían y llevó a cabo una gigantesca redistribución de recursos a la inversa, entre otras maneras convirtiendo en públicas las deudas privadas.

Los desafíos

En los años inmediatos el mayor desafío, es sin duda, detener y adaptarnos al calentamiento global y, en general, preservar el entorno natural. Nos jugamos nuestra propia existencia como especie. Exige nuevas actitudes individuales que pueden venir propiciados por una creciente concienciación, pero que no serán posibles sin radicales cambios regulatorios, a nivel nacional, europeo y global. De hecho, sin normas globales poco se podrá hacer, pero ya vemos las dificultades de llegar a acuerdos en los foros multilateraterales.

Desgraciadamente, aun en el caso de que se lograra una economía neutra en emisiones en 2050, como es el objetivo de la UE, las disfunciones climáticas ya están aquí y serán más graves en los próximos años, así que deberemos afrontar estos efectos negativos, entre los que estarán migraciones masivas. Hemos llevado a la Tierra a una situación que nos ocasionará desorden económico y social y enormes sufrimientos. Habrán de repartirse los recursos entre la llamada “revolución verde”, que puede ser una inyección de inversiones y prosperidad, con medidas paliativas de los destrozos físicos y humanos.

Frente al desafío climático palidece cualquier otro, pero en cuanto a afectación de la especie destacan los cambios que puedan traer la biotecnología y la inteligencia artificial. La posibilidad de editar genéticamente el embrión humano y, en consecuencia, alterar, la herencia genética   de la especie humana. Avanzar en tratamientos que retrasen el envejecimiento o la reposición rutinaria de “partes” del cuerpo humano. La creciente implantación en el cuerpo humano de dispositivos cibernéticos que apunten a una nueva especie cyborg.

En cuanto a la inteligencia artificial, lo que los expertos llaman singularidad, esto es, que máquinas inteligentes puedan autoconstruir máquinas cada vez más inteligentes, sigue pareciendo ciencia ficción, pero la generalización de máquinas capaces de autoaprender y actuar en simbiosis con los humanos está ya prácticamente aquí, con  consecuencias evidentes para el empleo. La combinación de la extracción de datos e inteligencia artificial nos llevan de lleno a una sociedad de la vigilancia, denunciada ya por Snowden y que en el caso chino, junto con el reconocimiento facial y aplicaciones “cívicas” por puntos, construyen una sociedad de la conformidad, más cerca de la distopía de Orwell que la de Huxley.

Todos estos cambios tecnológicos, un paso más allá de los que ya vivimos en la presente revolución digital, son altamente disruptivos, pero no estamos luchando contra una naturaleza a la que hemos desequilibrado sino contra nosotros mismos. Afrontarlos requiere reflexión, debate, desde luego lucha política, para finalmente aplicar el Derecho para ordenarlos y paliar sus consecuencias negativas.

Todo ello no podrá hacerse sin un nuevo consenso nacional y global, que reequilibre las ventajas e inconvenientes de los cambios y afronte un reparto más justo de la riqueza, que reconstruya amplias clases medias, mejor educadas, menos inseguras, titulares de más derechos y conscientes de los mismos.

No hay fórmulas mágicas, pero las herramientas son la participación en la resolución de los problemas a nivel local, los consensos redistributivos nacionales (regreso a la imposición progresiva no solo de la renta, sino también de la propiedad,  nuevos instrumentos como la renta básica y la herencia anticipada que propone Piketty) y los grandes acuerdos globales en el marco de las instituciones multilaterales, que procedan a un reequilibrio universal.

¿Accidentes distópicos?

Sí, lo sé, este 2019 nos ha dejado muestras evidentes de que los consensos nacionales y los acuerdos globales son casi imposibles y que, al contrario, la desrregulación salvaje (por ejemplo a través de la expoliadora economía de plataforma o la persistencia de los paraísos fiscales) alimenta el nacionalismo y la extrema derecha.

Vivimos en una angustia que nos hace consumir historias distópicas, a través, sobre todo, del género de moda, las series online. Es cierto que muchos de estos relatos nos ponen frente al espejo de hasta donde puede llegar la naturaleza humana y suscitan la reflexión crítica, pero también nos ocultan hipnóticamente la realidad cotidiana y aumentan nuestra angustia. En cualquier caso, nos hacen familiares mundos distópicos, esto es, antitéticos del ideal de mejora y progreso, que suceden después de un accidente que cambia radicalmente el orden civilizatorio anterior.

¿Existe riesgo de un accidente distópico? ¿Puede darse un suceso sistémico que destruya nuestra civilización o, simplemente, altere gravemente nuestras formas de vida y normas de convivencia?

En primer lugar, hay que recordar que lo más cerca que hemos estado de un suceso de esta naturaleza ha sido con la explosión de la central de Chernobyl. Durante toda la Guerra Fría hubo un riesgo cierto de holocausto nuclear, pero la certeza de una destrucción mutua asegurada lo contuvo. En Chernobyl, si los tres reactores hubieran estallado gran parte de la Europa báltica, central y oriental estarían hoy deshabitadas. ¿Habría caído el Muro de Berlín pacíficamente o quizás la actual capital de Alemania sería un territorio abandonado? Nunca agradeceremos lo bastante a los miles de soviéticos que entregaron sus vidas y su salud para detener la catástrofe. Para mandar a aquellos trabajadores al matadero la dictadura soviética impuso una mezcla de procedimientos autoritarios inhumanos y la invocación del ideal comunista. ¿Qué ocurriría hoy en una democracia?.

No somos conscientes, pero quizá el mayor riesgo que vive la humanidad hoy es un enfrentamiento nuclear o un grave accidente del armamento nuclear. En la última década se ha desmontado los tratados de desarme, las potencias nucleares son más belicosas y se han desarrollado armas nucleares tácticas y doctrinas militares sobre su empleo.

Podría pensarse en un cambio antidemocrático mundial. Trump es reelegido (muy probable) y lanza una campaña para cambiar la Constitución y permitir la reelección presidencial indefinida. Al mismo tiempo, procede a nombrar jueces en todas las instancias judiciales y el Congreso aclama una legislación limitadora de los derechos civiles. En Francia Marine Le Pen gana las presidenciales y en Alemania gobierna Alianza por Alemania con el apoyo de los democristianos. Por supuesto, los gobiernos “iliberales” se extienden por toda Europa y la Unión Europea se disuelve.

Una crisis económica de la magnitud de la Gran Recesión nunca es descartable porque sigue sin haber una regulación global del capitalismo financiero y en la Eurozona solo muy a trancas y barrancas se construyen instituciones que puedan neutralizar una crisis del euro. Quizá el mayor riesgo de suceso económico disruptivo está en las nuevas criptomonedas: desde una explosión de su burbuja, hasta la mucha más grave proliferación a través de las grandes tecnológicas, lo que pondría en cuestión la capacidad emisora de los bancos centrales y con ello quedaría herido de muerte el poder económico de los estados.

¿Podemos imaginar un mundo sin Internet? Un conjunto de decisiones empresariales y estatales pueden fragmentar la red y que deje de ser global. De hecho, el Internet chino ya es prácticamente una red cerrada, pero solo un estado con la población y las características de China puede permitírselo. Todas las grandes tecnológicas intentan construir su propia jardín vallado, en el que consumamos, paguemos con su moneda, trabajemos, nos entretengamos y tomemos decisiones políticas. Pero todavía los estados -y la Unión Europea en primer término- tienen capacidad para impedirlo.

En fin ¿puede ocurrir el accidente distópico por excelencia, el suceso climático que cambie el mundo? ¿Un cambio de las corrientes oceánicas que trajera una glaciación a las costas del Átllantico norte? ¿Una súbita subida del nivel del mar al desgajarse una enorme masa de hielo antártico? No parece que la ciencia pueda pronosticar un suceso así. Lo que no hay duda es que cada año más huracanes, tifones y tormentas devastarán las costas de América, Asia y Europa. Que a las sequías seguirán inundaciones. Que los incendios no solo extinguirán a los koalas sino  también podrán en grave riesgo a ciudades como San Francisco, Los Ángeles y Sidney. Quizá solo la conjunción de varios de estos acontecimientos destructores en los países más ricos y poderosos pueda llevarnos a la adopción de drásticas medidas.

Un acontecimiento distópico o simplemente un cambio disruptivo de orden mayor nunca es fruto de una única causa, de una exclusiva decisión humana. Por eso son tan importante instituciones robustas, con pesos y contrapesos entre los poderes, con sistemas de alerta, con instancias de mediación y resolución de los conflictos; instituciones que impidan que un fallo en la red (económica, democrática, comunicativa, climática) se extienda y colapse el sistema.

Así que para 2020 mi deseo es que funcionen y se perfeccionen las instituciones, que nos las ignoremos, que las critiquemos sí, pero que nos las destruyamos y en la medida de lo posible participemos y asumamos nuestras responsabilidades sociales.

Feliz 2020.

El portal de Belén, Navidad 2019


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Por segundo año, este 2019 la Agencia EFE felicita las fiestas con una imagen de migrantes

Este año me proponía hacer una felicitación amable de Navidad, quizá con un toque satírico sobre ese ridículo reto entre alcaldes de ver quien pone más luces -y obtiene más ingreso por turismo y más contribuye al calentamiento global. Pero la felicitación de EFE me ha retrotraído al que considero que en nuestra tradición es el espíritu más genuino de Navidad: la acogida. Y una imagen sintetiza la acogida, o la falta de acogida, el portal de Belén.

Los movimientos de poblaciones no se van a detener por muchos muros, físicos, legales o sociales, que pongamos. Los desequilibrios de medio ambiente, riqueza y demográficos son tan abismales que este siglo XXI será el de las grandes migraciones.

Ordenar el fenómeno migratorio es un reto universal que solo se puede afrontar desde el multilateralismo. Gestionar la acogida es un reto local: de los estados, las ciudades, las organizaciones, los individuos.

En Estados Unidos la criminalización del migrante ha llevado a separar a los padres de sus hijos. La iglesia metodista Claremont de California ha simbolizado esta cruel política con un belén en que José, María y Jesús están separados en jaulas, como lo están los migrantes centroamericanos que logran cruzar la frontera después de mil peligros y penalidades. No han faltado las críticas considerando blasfema la imagen.

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Belén de la Claremont United Methodist Church. Foto de Karen Klark Ristine

En España internamos en CIES a los migrantes sin papeles, lugares que son peores que cárceles y que ni siquiera sirven para su teórica finalidad de expulsar a estas gentes. Y a los solicitantes de asilo, con unos derechos reconocidos, nuestras instituciones son incapaces siquiera de darles un techo para dormir. En Madrid, mientras Ayuntamiento y Gobierno central se cruzaban acusaciones, los solicitantes de asilo han dormido muchas noches de este frío otoño a las puertas de los servicios sociales, del SAMUR Social.

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El Portal de Belén del Samur – Foto de Fabiola Barranco

Ya oigo los gritos: demagogia, politización, deja en paz la sagrada Navidad… Seguramente muchos de esas críticas vendrán de los que rodean con una gran bandera de España el belén municipal, actualizando la vieja alianza entre el altar y el trono.

Ah, sí, ya lo oigo, “si tanto los quieres porque no te los llevas a tu casa”. Cada uno sabrá lo que su conciencia le pide, si quiere y puede ayudar o no. Pero es la sociedad en su conjunto la que tiene que dar una respuesta que respete los derechos y la dignidad de estas gentes.

A todos os deseo

FELIZ NAVIDAD

FELIZ SOLSTICIO DE INVIERNO

FELIZ CIUDAD ILUMINADA

FELIZ REENCUENTRO FAMILIAR

FELIZ FIESTA DEL CONSUMO

Que cada uno elija. Y de propina el Adeste Fideles, para que no digáis que no soy tradicional.

 

 

Paseando por el pasado, de foto en foto


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De exposición e n exposición, de foto en fot. Autorretrato – Torija (2019)

Si algo es la fotografía es  perpetuación del pasado en una imagen, una lucha contra el paso del tiempo. Desde sus orígenes hasta el explosión de la imágenes digitales, el fotógrafo, profesional o aficionado, era muy consciente de esta dimensión casi mágica; gran parte de la producción fotográfica tenía como finalidad conservar un momento, preservar y compartir la imagen de un ser querido ¡Cuántas veces no habremos oído eso de “una foto de recuerdo”! Y como tal memoria del pasado se conservaban las fotografías.

Hoy la imagen fotográfica, banal y efímera, tiene como función esencial divertirnos. La mayoría de nuestras imágenes se olvidan tan pronto como se consumen. En el mejor de los casos quedan sumergidas en soportes físicos que pronto se pierden o en esa nube misteriosa explotada para todo tipo de fines por las empresas tecnológicas, sin que seamos conscientes de ello. Quizá algún día esas imágenes vuelvan a emerger y nos cuente una historia del pasado.

Eso es lo que hace una exposición fotográfica. Ya sea una antológica de un autor, ya una muestra temática, la sucesión de imágenes ordenadas con una cierta intención nos cuenta historias del pasado que irremediablemente se proyectan en el presente, mostrándonos un espejo en el que mirarnos y reconocernos.

En Madrid siempre hay al menos media docena de exposiciones fotográficas valiosas. Permanentemente en la Sala Canal de la Comunidad de Madrid, la Fundación Mapfre, a menudo el Círculo de Bellas Artes, la Fundación Canal, o La Fábrica, nos presentan muestras que van de las antológicas de autores nacionales o extranjeros, la fotografía artística. la callejera o el fotoperiodismo.

En el mes pasado he visitado algunas exposiciones que me han permitido vagabundear por el pasado, cual flâneur, que describiera Baudelaire y filosofara Walter Benjamin. Una exploración gozosa y arbitraria por otros tiempos y otros mundos a través de fotografías, de las que, a mi vez, tomo mis propias imágenes -sí, con el teléfono-: documentación y recuerdo de la actividad de mirar.

Aquí dejo las impresiones y las imágenes de esas exposiciones. Siento que alguna ya no esté disponible.

La fotografía prepara el terreno a los impresionistas: una inmersión en el mundo burgués

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Paralelismo entre los estudios de movimiento de Muybridge y las bailarinas de Degas

En su primer medio siglo, la fotografía experimenta distintos procedimientos y soportes para fijar la imagen, todos ellos artesanales y laboriosos: daguerrotipos, cianotipos, papel a la albúmina, colodión húmedo.

Impresiona que en esta era primitiva, una verdadera edad de oro, la fotografía desarrollara  todos los estilos y géneros -retrato, paisaje, fotografía documental y científica, foto artística, etnográfica y hasta fotoperiodismo, dejándonos el testimonio del mundo del siglo XIX en colecciones de imágenes de altísima calidad.

A partir de 1888 Eastman, su cámara Kodak y su película en rollo pondrán al alcance de amplias capas de aficionados la fotografía. En los años 20 ópticas luminosas y películas más sensibles conquistarán el gran reto pendiente: la verdadera instantánea.

Las primeros fotógrafos, unos provenientes del mundo científico, otros del mundo artístico, tienen a su disposición la herencia estética de la pintura. Aplican de forma natural las reglas de la composición y la perspectiva. Pero aportan planteamientos nuevos: la fragmentación de la mirada, la experimentación con la luz, la búsqueda del instante aunque se falsee con el posado, la congelación del tiempo (la cronofotografía de Muybridge). Y además de temáticas clásicas, como el retrato o el desnudo, cultivan nuevos temas, como el paisaje, las ciudades, los monumentos.

Los impresionistas y la fotografía, la exposición en el museo Thyssen (hasta el 26 de enero), hace dialogar a los maestros impresionistas con los fotógrafos contemporáneos, mostrando la similitudes en miradas, puntos de vista y temas.(Aquí el catálogo interactivo de la exposición)

¿Habría existido el impresionismo sin la fotografía?. Es una pregunta sin respuesta, pero que la fotografía influyó en los impresionistas está fuera de duda. Y, en paralelo, algunos fotógrafos, los pictorialistas, siempre deseosos de ver reconocido su trabajo como arte, siguieron la estela de ese mirada de impresiones para convertir sus imágenes en trasunto de pinturas. El pictorialismo, aclamado en su época, fue contestado por su artificiosidad desde comienzos del siglo XX por los defensores de la fotografía como mirada de la autenticidad. En España, siempre con retraso, el gran pictorialista fue Ortiz de Echagüe, un anacronismo, sí, pero con obras de gran belleza.

Si siempre resulta agradable contemplar a los impresionistas, en este caso es un placer observar los paralelismos entre fotógrafos y pintores y admirar copias originales de maestros como Nadar.

En mi particular viaje al pasado, fotos y pinturas me trasladan al universo burgués de la Francia del II Imperio y la III República, un mundo de caballeros y damas elegantes, que pasean entre el ajetreo de la ciudad, observan las grandes catedrales y se deleitan en contacto con la naturaleza. Una representación del mundo en el que el proletariado no existe, muy distinto del la novela naturalista imperante en la misma época.

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Degas retrata a Rodin y Mallarmé

Me quedo con el retrato-autorretato de Degas a su amigos Rodin y Mallarmé, realizada en 1895 con una cámara Kodak recién adquirida. Un diálogo entre los tres personajes, en el que podemos atisbar reminiscencias de Las Meninas, y que, con toda su artificiosidad, nos retrotrae en el pasado para introducirnos en la intimidad de los artistas.

En búsqueda de la instántanea: de Galdós a Sorolla

Episodios nacionales

Manuscrito de la Corte de Carlos IV (fotografía propia)

Me confieso galdosiano. Adolescente leí los Episodios Nacionales, que  marcaron mi interés por la literatura y la historia. La exposición en la Biblioteca Nacional, que conmemora el centenario de la muerte de Galdós (hasta el 16 de febrero) es una oportunidad para explorar su rico universo. Emociona ver en las vitrinas los manuscritos de sus obras, resmas de cuartillas con una escritura rápida, corregida sobre la marcha.

El relato expositivo y el conjunto de objetos nos introduce en el rico universo galdosiano, popular y burgués a partes iguales. Sin embargo, las fotografías, la mayor parte de Frazen, nos remiten al mundo de los salones burgueses. Es notable el intento de conquistar la instantánea, mediante el posado, puesto que los tiempos de exposición no permitían todavía captar el instante.

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Galdós lee una de sus obras en el salón del doctor Tolosa Latour – Frazen (1997)

Más elaborado todavía es el posado-autorretrato de la familia de Sorolla, realizado por su suegro el fotógrafo Antonio García Peris (de pie, en el centro) y que pude ver el año pasado en la exposición de Sorolla y la fotografía. En la fotografía de Frazen el posado pretende captar la expectación que causa la lectura del novelista; en la de García Peris, la cotidianidad de una familia de artistas. Pero ambas imágenes intentan representar el instante.

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La familia de Sorolla – García Peris (1907)

En la exposición de la Biblioteca Nacional encontramos finalmente una genuina y magnífica instantánea. Galdós en 1915, anciano, casi ciego, acaricia a su perro en el jardín de su casa. El que lo ha sido todo, el que sigue siendo referente del republicanismo, el amante inconstante, se encuentra solo. “¿De soledad me va a hablar Vd. a mi que llevo enterrados tres perros?”. La técnica ya lo permite y Alfonso consigue congelar el instante. En un montaje audiovisual que se muestra en la exposición se puede ver algunos segundos de metraje cinematográfico del novelista jugueteando con el perro.

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Galdós y su perro – Alfonso (1915)

Caminando por la España de los 40 y los 60

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Cela por los caminos de la Alcarria

Echarse al camino a andar y ver. Camilo José Cela recorrió las tierras de la Alcarria entre el 6 de y el 15 de junio de 1946 y de este viaje salió el que propio autor consideraba uno de sus mejores libros. Lo que no es muy conocido es que con el escritor anduvieron dos fotógrafos Karl Wlasak y Conchita Stichaner, que mostraron esa España rural apenas salida de la guerra a través de las fotografías que  acompañaban el relato.

He descubierto la dimensión gráfica del famoso viaje en el museo de Torija dedicado al libro, al que llegué desde Brihuega después de asistir de a la entrega del premio Manu Leguineche a mi amigo José Antonio Guardiola. Allí, en Torija, junto los facsimiles de los cuadernos del viaje y objetos de aquel mundo perdido se encuentran las fotos del viaje.

Aquella España rural no la conocí, porque yo era uno de los pocos niños madrileños de aquella época “que no tenía pueblo”, toda mi familia era madrileña. Pero desde luego no me resulta extraña. Las fotos me retrotraen a una España de penurias, extrema austeridad y de una normalidad impostada: pareciera que nunca había pasado nada, que la guerra no había tenido lugar o que, al menos, no mencionándola se conjuraban sus más terribles consecuencias.

De las imagenes que cuelgan en el museo he realizado con mis propias fotos este mosaico. En la foto del grupo de la escuela de niñas (desde las más pequeñas a adolescentes) todas modestamente vestidas, dominan las miradas tristes, hasta torvas. Y al lado, el poder duro del pueblo, el jefe local del movimiento, la guardia civil, los alguaciles. Falta en la imagen el poder blando, el cura del pueblo.

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Collage de las fotos expuestas en el museo del Viaje a la Alcarria (Torija) (fotos propias)

Casi 20 años pasaron hasta que otro caminante llegara a Toledo, en 1962. Åke Åstrand, un joven sueco estudiante de fotografía viaje por España y pasa unos días en la Ciudad Imperial. Practica la fotografía callejera, desdeña los monumentos, busca fragmentos de vida en aquella ciudad pueblerina, con un incipiente turismo, que a aquel joven sueco le parecería el colmo del subdesarrollo, pero que mira con enorme ternura.

Åke fue luego director de fotografía, documentalista y piloto. Jubilado, ordena miles de fotografías y un buen día, a sus más de 80 años, se presenta en el Ayuntamiento de Toledo con un álbum, sus fotos de hace más de medio siglo: un regalo que hace presente el pasado. Este es su álbum y esta su historia.

Por aquellos años conocí Toledo, en un viaje escolar, en el que, por cierto, estaba el amigo que me ha hecho llegar este regalo. Quedé impresionado por su arte y por su magia, también un poco más adelante por el relato de la convivencia entre culturas (¿seguro?), por la visión de la Generación del 98, por la Casa Museo de Victorio Macho… Pero las fotos de Ake me llevan al mundo provinciano de aquella España que se quería desarrollar, pero que seguía siendo la de picaresca. Como muestra, la rifa de un 600.

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Rifa de un Seat 600 en Toledo – Åke Åstrand (1962)

Viaje por la literatura latinoamericana

Borges

Borges – Daniel Morzinski (1978)

Con una simple visita a la Casa de América pude viajar de la mano de Daniel Mordzinski a la historia de la literatura latinoamericana de los últimos cuarenta años. Con 18 años, estudiante de cine, aprovechando un encuentro con Borges durante la realización de un documental, realizó una foto antológica. Con ella Mordzinski inauguraba una obra de retratos de escritores, que hoy es esencial como documento gráfico de nuestra literatura. Con un poco de audacia consiguió luego fotografiar a Cortázar y subido en la ola del boom se hizo imprescindible en cualquier acontecimiento literario.

Mordzinski tiene grandes retratos sobrios, como los de Cela, Ángel González u Octavio Paz en los que los ojos del personaje lo dicen todo. Pero quizá lo que más le caracteriza es lo que se ha dado en llamar “fotisnki”, retratos que pretenden capturar la esencia del retratado a través de la puesta en escena. Los resultados son imágenes deslumbrantes, pero personalmente me interesa mucho menos estas aproximaciones a los personajes pensadas y preparadas que la instantánea que capta la verdad más allá de la máscara.

De estas “fotisnki” quizá una de las más conocidas sea la de Vargas Llosa escribiendo arrebujado en la cama a la luz  de una vela, como el peruano hacía (con una linterna, no una vela) en su juventud. A mi la que más me gustó es un gran plano general de Sergio Ramírez sobre uno de los volcanes de su Nicaragua.

Me quedo de la exposición, por conocimiento del personaje, y por su espontaneidad con la de Francisco Ayala, de pie, como inquieto a la espera de algo, contemplado por su mujer Carolyn Richmond.

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Francisco Ayala en Granada – Daniel Mordzinski

En esa lucha contra el pasado de todo fotógrafo, Mordzinski sufrió una derrota inesperada. El fotógrafo argentino tenía su archivo particular en un armario en el espacio que el diario francés tenía cedido a El País. En unas obras alguien decidió que en esta era digital aquellas antiguallas analógicas, los miles de negativos, copias en papel y diapositivas de Mordzinski,  debían de ir a la basura. Algunos centenares de estos retratos habían sido digitalizados para su publicación en libros o periódicos, otros podrán recuperarse de copias en papel, no ya del negativo original, pero otros se habrán perdido para siempre.

Como la exposición ya está cerrada dejo este conversatorio con el fotógrafo.

Vivir es fotografiar

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Autorretrato múltiple – Carlos Saura

Dejo para el final la exposición Carlos Saura, fotógrafo (Círculo de Bellas Artes, hasta el 12 de enero) porque para el cineasta vivir es fotografiar. Lo hizo como aficionado, como en ese soberbio autorretato familiar, como profesional un par de años, como observador de la España de los 50, voyeur de sus relaciones sentimentales y familiares, documentalista de su trabajo cinematográfico. Que el ojo active el corazón y el cerebro controle el encuadre: un disparo y ya está, el pasado capturado.

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La familia Saura en Santander (1954)

De esa España de los 50 me quedo con esta foto de un Baroja ya gravemente enfermo, entrevistado en el lecho por Fernando Rey en lo que seguramente era un intento de documental dirigido por Bardem. Me emociona ver a Don Pío en tal estado y me produce ternura aquella forma de rodar, tomando foco según la distancia que se mide con una cinta métrica (colgando de la cámara). No he podido encontrar el documental, si es que acaso se llegó a terminar.

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Baroja, Fernado Rey, Bardem, en una foto de Saura (foto propia tomada en la exposición)

Luego, un paseo por su producción cinematográfica, que a mi generación nos marcó. Pippermint Frapé, Ana y los lobos, Cría cuervosCarmen y sus sucesivas obras musicales… Geraldine Chaplin, la niña Ana Torrent, Antonio Gades…

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Descanso en el rodaje de Ana y los lo, bos (1972)

Y en fin, de cierre, el fotógrafo, el mirón, reflejado en los espejos múltiples de Las Meninas en uno de sus dibujos, los fotosaurios. Fotografía y pintura, siempre en paralelo, siempre de la mano.

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Uno de los Fotosaurios (2016) (fotografía propia tomada en la exposición)

De regalo este documental.

Por una autoridad independiente reguladora de los servicios audiovisuales


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(Este texto fue originariamente publicado en Teledetodos)

Ya sé, no están los tiempos para proponer grandes cambios en la ordenación audiovisual. Si acaso, para salvar los muebles. Está en peligro el concurso público de RTVE, gran conquista para la democratización del servicio público, por muchos defectos que puedan señalarse en el proceso. Sí, lo importante es salvar el concurso público.

Hay que, no obstante, mirar adelante, y si parece imposible en las circunstancias políticas actuales una revisión a fondo de todo el sistema regulatorio audiovisual, existe, en cambio, un reto ineludible: acomodar la autoridad independiente de regulación a lo exigido por el derecho comunitario.

La Directiva de Servicios de Comunicación Audiovisual de 2010 requería la cooperación de  las autoridades reguladoras independientes de los estados miembros, pero, ahora, el art. 30 de la Directiva de 2018, convierte su existencia en vinculante y exige que cumplan determinados requisitos.

La Directiva tiene que estar transpuesta en las legislaciones nacionales el 19 de de septiembre de 2020, así que queda menos de un año para determinar si el órgano regulador español, la Comisión de los Mercados y la Competencia (CNMC), cumple estos requisitos, por su estatus, competencias y condiciones de independencia, y de no ser así, para reformarla o crear una nueva autoridad independiente.

Sería la oportunidad de recuperar el Consejo Estatal de Medios Audiovisuales, adaptándolo a los cambios del sistema audiovisual de los últimos años, especialmente la presencia cada vez más importante de los servicios OTT (Netflix y competidores).

Lo que sigue es un texto esencialmente divulgador. Para los expertos, recomiendo saltar al último apartado ¿Recuperar el CEMA?

Autoridades independientes reguladoras de la comunicación audiovisual

La regulación confiada a autoridades independientes es una técnica de intervención pública nacida en el derecho anglosajón y generalizada, posteriormente, en el ámbito de la Unión Europea. Pretende ordenar (establecer normas, fomentar, supervisar y sancionar) un fenómeno, sector o mercado por los poderes públicos de forma neutral, sin las supeditaciones políticas de la administración pública. Se confieren esos poderes de ordenación a organismos independientes, formados por expertos de alto nivel en el sector.

El caso más notable de estas autoridades es el de los bancos centrales, a los que se confiere la política monetaria,  de la que son desprovistos los gobiernos. El resultado es una política monetaria ejercida por financieros en base a principios de supuesta ortodoxia, que a menudo, en la práctica, han venido limitando las políticas públicas de equidad.

Las autoridades independientes tienen dos grandes cuestionamientos de origen: legitimidad e independencia.

¿Con qué fundamento esos expertos que no pasan por la legitimidad del voto popular pueden tomar decisiones de políticas públicas?. La respuesta más frecuente es que reciben una legitimidad derivada de un nombramiento por órganos constitucionales o parlamentarios.

¿Pueden regular de forma neutral un sector especialistas, técnicos y expertos que necesariamente han de salir del mismo? ¿Pueden ser independientes de los poderes políticos que de una manera u otra les nombran? ¿No será el regulador capturado por los poderes a los que debe regular (puertas giratorias).

Las soluciones que aportan los distintos ordenamientos pasan por desvincular a los reguladores de los gobiernos (periodos de ejercicio distintos de la legislatura, sometimiento a audiencias parlamentarias, rendición de cuentas, causas tasadas de cese, medios y presupuestos suficientes no dependientes del gobierno) y de los agentes del sector (incompatibilidades ex ante y post al ejercicio, transparencia). En cualquier caso, sus decisiones tienen que estar sometidas a control judicial.

Siempre podremos cuestionar la legitimidad e independencia de estos organismos, pero lo importante es que no solo su régimen jurídico se dirija a garantizar su independencia, sino que, en la práctica, el ejercicio de sus competencias se realice en términos generales de forma neutral, profesional y competente.

En el caso de los reguladores en el sector de la comunicación, la independencia es una protección contra las interferencias económicas o políticas para asegurar una gestión imparcial y adecuada de sus competencias, con una finalidad esencial: garantizar el derecho a la libertad de expresión y el pluralismo mediático, fundamentos de una sociedad democrática. No se trata solo de regular un mercado económico, sino hacerlo para garantizar un derecho fundamental. Si los medios tienen que ser independientes, también los reguladores deben serlo.

Radio y televisión requieren de infraestructuras de telecomunicaciones para su difusión. Si el otorgamiento de la misión de servicio público está prácticamente en todas partes reservado a los poderes ejecutivos y legislativos, la licencia de emisión para los operadores privados puede ser otorgada bien por el gobierno o por la autoridad independiente. Evidentemente, en este segundo caso el órgano regulador es más poderoso y el sector se regula de una forma más independiente. Esta regulación de las licencias puede llevar consigo la ordenación del espectro radioeléctrico o quedar a cargo de un macrorregulador con competencias en telecomunicaciones y todo el sector de la comunicación electrónica, esto es, un regulador convergente.

La primera autoridad independiente  en este campo fue la estadounidense Federal Radio Commision (FRC), creada en 1927 y cuya principal función era el otorgamiento de las licencias radiofónicas, convertida luego en la Federal Communication Commision (FCC), con competencias en televisión y telecomunicaciones, y finalmente Internet, convirtiéndose en el primer regulador convergente.

La FCC reguló el mercado de la radio y la televisión bajo principios de interés general, con elementos como la fairness doctrine (tomar en cuenta el interés público en el otorgamiento de licencias) y el principio de equal time (igual tiempo para candidatos a un puesto público). A partir de la legislación desrreguladora de la administración Reagan, se eliminan los principios de interés público y la comunicación se ordena como cualquier otro mercado.

En Europa, la privatización y liberalización de la radio y la televisión plantea la necesidad una regulación independiente de los nuevos mercados. Francia fue pionera en Europa con su Conseil Supérieur de l’Audiovisuel (1986-1989), con competencias en el otorgamiento de licencias, una autoridad potente y modelo para otras muchas. Hoy, el regulador convergente más importante es el OFCOM británico que regula telecomunicaciones, radio, televisión, internet, servicios audiovisuales bajo demanda y hasta el sector postal.

Consejo de Europa y Unión Europea

La idea de una autoridad independiente para regular la comunicación audiovisual se promovió en el ámbito del Consejo de Europa con una serie de declaraciones no vinculantes.

El Consejo de Ministros recomienda en el 2000 que estos organismos se establezcan en un marco legislativo adecuado, formados por expertos, nombrados de manera democrática y transparente, sin que puedan recibir instrucciones de ningún otro organismo u autoridad u  obligados a dimitir bajo presión. Su financiación debiera ser detallada por ley y no depender de las decisiones de poder político. Sus competencias pueden incluir  la concesión de licencias (en un proceso claro, transparente y establecido por ley) y el control del cumplimiento de las obligaciones de los operadores, incluido los de servicio público, respetando su autonomía. Estos órganos debieran ser responsables, publicar informes regulares, y todas sus decisiones deben ser fundamentadas y abiertas al control jurisdiccional.

En 2008 una Declaración del Consejo de Ministros expresa su inquietud porque, aunque la independencia, transparencia y responsabilidad sean garantizadas por ley, a menudo no son respetados en la práctica. En 2018, el Consejo de Ministros recomienda que en aras del pluralismo las autoridades independientes regulen la transparencia de la propiedad de los medios, incluidos los medios online y los canales de distribución online.

Es en el seno de la Unión Europea donde la existencia de autoridades reguladoras independientes adquiere recientemente carácter vinculante. Como ya se dijo, la Directiva de Servicios de Comunicación Audiovisual de 2010 requería que las autoridades independientes facilitaran a la Comisión la información necesaria para la aplicación de la Directiva, una referencia aparentemente menor, pero que permitió poner en marcha una metodología para evaluar la independencia de estos organismos, el estudio INDIREG (2011).

Su objetivo es evaluar la autonomía formal y de hecho de estos organismos. Entiende independencia como “la necesidad de que un regulador mantenga una igual distancia de todos los posibles intereses a fin de equilibrarlos imparcialmente y con el objetivo de lograr resultados a largo plazo que beneficien a todos los implicados en lugar de servir a los intereses a corto plazo de varios grupos”. Analiza 9 indicadores: información general, marco institucional, funciones y competencias, organización interna y personal, financiación, responsabilidad, rendición de cuentas y control jurisdiccional, procedimientos, cooperación con otras organizaciones y una conclusión final sobre la independencia de carácter confidencial.

Es interesante el estudio realizado por Adriana Mutu en 2018 (véanse fuentes, al final) traduciendo esta metodología cualitativa en indicadores cuantitativos. El resultado es llamativo: los mejores resultados en independencia formal los registran los países del Este, mientras que los nórdicos obtienen las peores valoraciones en estos factores, pero los mejores en independencia real. Lo que demuestra que tan importante o más que las normas es la cultura democrática de independencia de los medios.

Los requerimientos de la Directiva de 2018

El art. 30 de la Directiva exige a los estados miembros el establecimiento de reguladores independiente. Ahora es una obligación vinculante, que requiere su existencia, con determinados objetivos, funciones, competencias y características:

  • Sus objetivos han de ser promover el pluralismo de los medios de comunicación, la diversidad cultural y lingüística, la protección de los consumidores, la accesibilidad, la no discriminación, el correcto funcionamiento del mercado interior y la promoción de la competencia leal (art. 30.2).
  • Uno o varios órganos de carácter nacional (art. 30.1) (lo que no excluye que puedan existir regionales) que regulen las materias de las que se ocupa la Directiva: la televisión, los servicios de vídeo bajo demanda (VOD) y los servicios de intercambios de vídeos, sin perjuicio que existan autoridades reguladoras que supervisen sectores distintos.
  • Entidades no gubernamentales, funcionalmente independientes de los gobiernos o cualquier entidad pública o privada, sin perjuicio de que formen parten de un regulador más amplio que ordene distintos sectores (art. 30.1). En el Preámbulo (53) aproxima el concepto de independencia funcional con el de independencia efectiva.
  • Entidades imparciales y transparentes: no solicitarán ni recibirán instrucciones, sin perjuicio de la supervisión que pueda imponer el Derecho constitucional nacional (art. 30.2).
  • Entidades establecidas y reguladas por la ley en sus facultades, competencias y procesos de rendición de cuentas (art. 30.3).
  • Con suficiencia de medios: personales y financieros, con un presupuesto anual propio (art. 30.4)
  • Con potestades coercitivas para desempeñar sus funciones (art. 30.4).
  • Con independencia de sus responsables y órganos de gobierno: nombramiento mediante procedimiento legal que garantice la independencia requerida, transparente y no discriminatorio, con una mandato de duración prefijada y cese siempre fundamentado, público y previamente comunicado cuando se dejen de cumplir los requisitos exigidos para el nombramiento (art. 30.5).
  • Con sus decisiones sujetas a recurso ante un órgano independiente, que podrá ser un tribunal (art. 30.6).

España: del nonato CEMA a la CNMC

España ha sido una excepción europea. No ha existido nunca un regulador audiovisual independiente, en parte porque el Gobierno siempre se ha resistido a ceder las competencias esenciales de regulación, en parte porque hasta 2010, con la Ley General de la Comunicación Audiovisual, no se afronta una ordenación general del sector audiovisual, siguiendo el modelo de las Directivas europeas, y con una orientación neoliberal que supedita el derecho a comunicar al mercado.

El Título V de LGCA (versión 2010) creó el Consejo Estatal de Medios Audiovisuales, como “autoridad independiente supervisora y reguladora de actividad de los medios de titularidad del Estado o que estén bajo su competencia” (art. 45), es decir como un regulador externo tanto de RTVE como de los medios audiovisuales de ámbito estatal, sobre los que el Gobierno tiene competencias de regulación y supervisión, y, no, por tanto, sobre los de ámbito no estatal, competencia de las Comunidades Autónomas.

El CEMA no llegó nunca a constituirse por falta de voluntad política del gobierno Zapatero. El gobierno Rajoy derogó el Título V de la LGCA y subsumió sus competencias en su macrorregulador, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) (Ley 3/2013).

Es imposible realizar aquí un estudio completo del CEMA, así que me centraré en las cuestiones claves de objetivos, funciones e independencia.

  • Objetivos. El CEMA es garante del derecho a comunicar, en cuanto que garantiza el libre ejercicio de la libertad de comunicación audiovisual, la plena eficacia de los derechos y obligaciones establecidos por la LGCA, la transparencia y el pluralismo en el sector y la independencia e imparcialidad de RTVE (art. 45).
  • Funciones (art. 47).  Simplificando mucho el CEMA ejerce:
    • a) una función reguladora general para garantizar los derechos y obligaciones establecidos en la LGCA y en la normativa europea;
    • b) participación en el proceso de otorgamiento de licencias por parte del Gobierno, mediante informe de los pliegos de condiciones y asumiendo una competencia decisiva, la posterior gestión de las licencias (renovación, autorización de negocios jurídicos y extinción);
    • c) verificar que se cumplen las normas anticoncentración;
    • d) la supervisión del mercado y las obligaciones establecidas en la LGCA (transparencia de titulares, cuotas de producción, límites de los mensajes comerciales, protección de los menores, acontecimientos deportivos, velar por la competencia y el pluralismo y arbitrar en conflictos);
    • e) vigilar el cumplimiento de la función de servicio público y la adecuación de los recursos asignados a sus prestadores (RTVE);
    • f) máximo órgano asesor, promotor de la alfabetización mediática y evaluador  de los cambios tecnológicos y su impacto en la encomienda de servicio público. Para ejercer estas funciones se confieren al CEMA poderes sancionadores, de inspección y recogida de datos y se le encomienda la realización de distintos tipos de informes.
  • Independencia y rendición de cuentas. El CEMA es un órgano colegiado formado por un presidente, un vicepresidente y siete consejeros, elegidos entre personas de reconocida competencia en el sector por el Congreso con mayoría de 3/5, pero que podría haberse convertido en la primera designación en mayoría absoluta si en el plazo de dos meses no se hubiera alcanzado la cualificada de 3/5. Por tanto, existía el riesgo (al menos para el primer CEMA) de una designación gubernamental, pues eso suele significar la mayoría absoluta parlamentaria, o, en el mejor de los casos,  un reparto de puestos entre los partidos. El mandato es por 6 año no renovables, de modo que se desacopla con la legislatura. Las causas de cese son tasadas, y se incluye el cese por el Consejo de Ministros ratificado por 3/5 del Congreso por incapacidad, incompatibilidad sobrevenida o incumplimiento grave de funciones. Digamos que la independencia personal cumple los estándares normales en de este tipo de entidades independientes en España, pero en el marco de una reparto de cuotas entre partidos. Se echa en falta una disposición expresa que declare que el Consejo no recibirá instrucciones ni de autoridades públicas, ni de personas o entidades privadas. Tendría un patrimonio propio, pero su financiación se realizaría por transferencias de los presupuestos generales.

En resumen, una autoridad reguladora con amplias competencias en materia de comunicación tradicional (radio y televisión), que adolece de la potestad de otorgar licencias. Y una autoridad razonablemente independiente, aunque con la tacha de la extracción parlamentaria de sus miembros, que si bien da una legitimidad de origen supone en la práctica un reparto partidario de los consejeros, que aunque sean elegidos por genuinos méritos profesionales quedan marcados por el estigma del partidismo.

El gobierno Rajoy, con el pretexto del ahorro y eliminación de organismo innecesarios y la unificación de criterios, creó (Ley 13/2013) una gran entidad que regula mercados específicos (energía, postal, ferroviario y aeroportuario, telecomunicaciones y audiovisual) y ejerce una competencia transversal: la supervisión y promoción de la competencia en todos los mercados.

Un macrorregulador sin parangón en Europa, que integra seis organismos preexistentes (si contamos el CEMA, que nunca se constituyó), con limitados medios (unas 500 personas y 60 millones de euros) para tan ingente tarea, orientado normativamente y en la práctica preferentemente a la garantía de la competencia y solo en segundo término, en lo que aquí interesa, al derecho a la libre comunicación electrónica.

Sus órganos de gobierno son el Presidente y el Consejo formado por 9 consejeros y presidido por el presidente. El Consejo puede funcionar en pleno y a través de dos salas, una dedicada a la competencia y otra a la supervisión regulatoria.

En materia de comunicación, aplico parecido esquema de análisis al que he desarrollado más arriba respecto al CEMA.

  • Objetivo general: preservar y promover la competencia efectiva en todos los mercados y sectores productivos.
  • Funciones respecto a la comunicación audiovisual. De las funciones atribuidas a al CEMA y que más arriba he enumerado, la CNMC solo ejerce las que listé como d) y e), esto es, la supervisión y control del mercado audiovisual (cuotas de producción y financiación europea, transparencia de titulares y de la programación, protección de los menores,accesibilidad, códigos de autorregulación, límites a la comunicación comercial, acontecimientos deportivos, garantizar la recepción de emisiones europeas) y  vigilar la misiónIn de servicio público. Pierde la CNMA las competencias asignadas al CEMA en materia de participación en el otorgamiento de licencias y su renovación y respecto al control de la concentración, funciones que vuelven a ser ejercidas directamente por la Administración.
  • Independencia, transparencia y rendición de cuentas. El presidente y los consejeros son nombrados  (art. 15)  por seis años sin posibilidad  de reelección entre personas de reconocido prestigio y competencia profesional por Decreto del Gobierno, a propuesta del Ministerio de Economía y previa comparecencia parlamentaria. El Congreso puede vetar el nombramiento por mayoría absoluta. El modo de nombramiento, comparado con el del CEMA, supone mayor control gubernamental y exige menos consenso con los grupos de la oposición. En cambio, la independencia funcional se afirma expresamente (art. 3): la Comisión desarrollará su actividad con independencia de cualquier interés empresarial y comercial, sin que pueda solicitar o recibir instrucciones de entidades públicas o privadas. La Comisión debe hacer públicos sus informes y resoluciones y está sometida al control parlamentario, que se ejerce mediante la comparecencia, al menos anual ante la Comisión correspondiente del Congreso de los Diputados.

¿Recuperar el CEMA?

¿Cumple la CNMC los requisitos que la Directiva Audiovisual exige a las autoridades nacionales independientes reguladoras del audiovisual?

En una publicación del Observatorio Audiovisual Europeo del Consejo de Europa sobre la independencia de estas entidades (véase Fuentes), Carles Llorens aplica a la CNMC la metodología INDIREG. Concluye que podría considerarse a la Comisión conforme con la exigido en la Directiva, con algunos ajustes, que resumo:

  • Ajustar su funcionamiento a los objetivos establecidos en la norma europea: promover el pluralismo de los medios de comunicación, la diversidad cultural y lingüística, la protección de los consumidores, la accesibilidad, la no discriminación
  • Autonomía financiera para redistribuir los recursos presupuestarios sin autorización gubernamental.
  • Fundamentación de los ceses de sus miembros por las causas tasadas en la ley.
  • Cambiar a un sistema de designación parlamentaria por mayoría de 2/3.

A diferencia del CEMA, que nunca llegó a existir, en el caso de la CNMC habrá de examinarse no solo la ley que la establece, sino también la práctica en el lustro que lleva funcionando.

La Comisión ha desarrollado elementos valiosos en materia de transparencia. Así, el registro de grupos de interés, la publicación de las reuniones de sus miembros, gestores y empleados con empresas, aunque no se indica el tiempo de duración ni el motivo. Conocemos, de esta manera, por ejemplo, las reuniones mantenidas con Atresmedia y Mediaset o RTVE. Un elemento importante de transparencia que se echa en falta es, sin embargo, el acta de las reuniones del pleno y las salas, de las que solo se publican las resoluciones adoptadas.

En el organigrama de este macrroregulador, lo audiovisual queda subsumido junto con las telecomunicaciones en una Dirección General. Si repasamos el currículum de sus miembros encontraremos que ninguno de los consejeros es especialista en materia audiovisual (sí hubo uno anteriormente) y solo uno es experto en telecomunicaciones. La mayoría de los consejeros o han sido funcionarios de cuerpos jurídicos o provienen de despachos de abogados, todos ellos relacionados con el derecho de la competencia. Y es que la función esencial encomendada a la Comisión es la garantía de la competencia en mercados liberalizados.

Las decisiones de la CNMC en materia audiovisual son numerosas, principalmente el control de los límites cuantitativos establecidos por la LGCA en materia de cuotas y financiación de la producción europea, publicidad y mensajes comerciales y en menor medida horarios de protección de los menores. Habría que realizar un análisis sistemático de las resoluciones, pero me parece que la CNMC solo entra en materia de contenidos concretos ante denuncia de particulares, fundamentalmente a contenidos referidos a incitación al odio o la accesibilidad.

La decisión seguramente más trascendente de la Comisión lo ha sido en materia de pura competencia, en concreto la reciente sanción al duopolio publicitario de Atresmedia y Mediaset, con multa de más de 38 millones de euros a cada grupo, por prácticas atentatorios de la competencia en el mercado publicitario, una resolución que parte del hecho entre la desproporción de la cuota de audiencia que suman ambos grupos (68,5% en 2107) y la publicitarios (85%).

RTVE como operador en el mercado ha sido objeto de numerosos expedientes por un uso abusivo de los patrocinios culturales. En materia específicamente de supervisión de la misión de servicio público y su financicón la CNMC ha producido varios informes anuales, el último correspondiente a los años 2015 y 2016. Cuando se leen estos informes parece que se trasluce una cierta incomodidad, porque, se dice, para controlar la misión de servicio público debiera de haberse concretado en un Contrato Programa, como exige la ley. La Comisión usa los datos facilitados por RTVE y desarrolla una metodología bastante pobre en materia de pluralismo, como es contabilizar los tiempos de palabra y la presencia de los partidos políticos y sus representantes. A estas alturas de 2019 carecemos de informes referidos a los años 2107 y 2018. En fin, seré absolutamente subjetivo, pero parece que la prioridad de la Comisión (por ley y práctica) es el mercado, no el servicio público.

Llegado a este punto, creo que se puede responder que desde un punto estrictamente formal la CNMC cumple las exigencias de la Directiva Europea. No es un regulador específico audiovisual, pero la Directiva lo permite. Cumple las exigencias en materia de independencia, transparencia, funciones y competencias. Sólo tendría que realizarse algunos retoques, como los expuestos por Llorens, a los que me he referido más arriba, el fundamental sumar a sus objetivos promover la promoción el pluralismo y la diversidad en todas sus manifestaciones. Y añadiría, ampliar sus competencias a los dos nuevos fenómenos regulados por la Directiva, los servicios no lineales de Vídeo Bajo Demanda y las plataformas de intercambios de vídeos, en los términos establecidos por la norma europea.

No obstante, defiendo la necesidad de un regulador específico. Hay un cierto acuerdo en que la CNMC es un monstruo funcional con recursos insuficientes para tan amplia misión y se han sugerido soluciones como dividirlo en dos organismos, uno regulador y otro supervisor. Pero el problema sería el mismo, la comunicación audiovisual sería considerada como un mercado más entre otros. Hay un argumento -lo reconozco- a favor de los macrorreguladores y es que es mucho más difícil la presión y la influencia por parte de las empresas de un determinado sector (la captura del regulador) cuando el organismo regula diversos mercados. Pero creo que lo diferencia es que el ejercicio de la comunicación audiovisual es un derecho que no puede agotarse en el mercado y que requiere un regulador poderoso con sensibilidad más allá de la pura defensa de la competencia.

¿Un regulador convergente para las telecomunicaciones y la comunicación audiovisual? Ciertamente, hoy hay que superar la visión estrecha de una autoridad dedicada exclusivamente a la radio y televisión lineal. La comunicación audiovisual es lineal y no lineal, convergente, híbrida. Pero sigo pensando que en una autoridad conjunta telecomunicaciones-comunicación audiovisual, las telecomunicaciones, con su peso económico, serían el factor determinante y la comunicación audiovisual la hermana pobre. En realidad, la propia Directiva marca la dirección, ampliando su ámbito a la servicios no lineales en streaming (Vídeo bajo Demanda) y a las plataformas de intercambio de vídeos.

Recuperar el CEMA como tal, no. Instaurar sí un Consejo Estatal de Servicios Audiovisuales, con las funciones y competencias de la LGCA, sumando las de otorgamiento de licencias, control de la concentración, informe de los planes técnicos del espectro radioeléctricos, una supervisión más rigurosa sobre RTVE (incluyendo la ejecución del concurso publico para seleccionar a su consejeros y presidente) y las nuevas funciones sobre los servicios no lineales derivadas de la Directiva.

Un Consejo con una independencia y transparencia reforzadas, con prácticas perfeccionadas sobre la ya aplicadas por CNMC. Y no veo mejor modo de reforzar la independencia que introducir también el concurso de méritos como medio de seleccionar a sus miembros.

Fuentes

  • Cappello M. (ed.). (2019). The independence of media regulatory authorities in Europe. Iris Special. European Audiovisual Observatory (Council of Europe) (pdf).

  • Mutu, A. (2018). The regulatory independence of audiovisual media regulators: A cross-national comparative analysis. European Journal of Communication (pdf)

 

 

 

 

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