Lecciones comunicativas de la victoria de Trump


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La victoria de Donad Trump ha causado una gran conmoción entre periodistas, medios y estudiosos de la comunicación. Medios y periodistas (liberales) se preguntan qué han hecho mal y los comunicólogos por qué no fueron capaces de predecir el fenómeno. El debate está siendo muy vivo en todas partes, especialmente en Estados Unidos.

Esta es mi síntesis personal de las lecciones que se desprenden de este debate.

1. La victoria de la televisión basura

Berlusconi era el dueño e ideólogo de la televisión basura y convirtió la política italiana en un reality, donde él era siempre víctima de una conspiración comunista.

Trump es una de las grandes creaciones de la neotelevisión. Se ha hecho asimismo no como hombre de negocios (eso le venía de herencia) sino como celebrity, con sus matrimonios y divorcios y, sobre todo, como protagonista de un programa de telerrealidad. Desde su trono prepotente gritaba a los aspirantes “You’re fired” “Estás despedido”. Ahora puede despedir a todos los que se le opusieron y nos está diciendo a todos los que en cualquier lugar del mundo creemos en valores de igualdad, justicia y tolerancia “Estás despedido tú y tus valores”.

¿Puede cualquier estrella de la telerrealidad hacer una carrera política con éxito? Bueno, Berlusconi y Trump ya eran millonarios. Hay ejemplos de presentadores de televisión que, por ejemplo en Brasil, han saltado a la política. Las estrellas de la telerrealidad son tan zafios, ignorantes, agraviados, indignados, deslenguados como cualquiera de nosotros. Su potencial de identificación es gigantesco. Sólo necesitan alguien que los modele, les marque el rumbo político y por supuesto los financie. Hitler no hubiera llegado a ninguna parte sin el dinero de la gran industria alemana. Cada sociedad tiene su propias característica, por tanto no deben hacerse traslaciones deterministas, pero, sí, un Trump puede surgir en cualquier parte, con más probabilidad de éxito en países con instituciones débiles y sistemas de elección directa de los candidatos.

Las televisiones trataron al candidato como celebrity que atraía audiencia con sus ocurrencias y salidas de tono. Le hicieron la campaña (al menos la de las primarias republicanas) gratis.

La televisión basura crea personajes, pero, sobre todo, modela los valores de una sociedad. Esos valores han sido el caldo de cultivo de Trump.

2. Vivimos en burbujas ideológicas

Todos queremos vernos reafirmados en nuestras posiciones y confrontados lo menos posible. Por eso siempre cada cual  ha buscado el medio que más se ajusta a sus opiniones y estilo de vida. Esta recepción selectiva cuestiona la idea de la esfera pública comunicativa, sobre la que tantos hemos reflexionado a partir de las ideas de Habermas.

Esa recepción selectiva venía en gran parte neutralizada por la idea de medios profesionales, con una línea editorial, sí,  pero con un compromiso con un periodismo de calidad, del que se esperaba que diera voz a todas las tendencias y fueran capaces de ilustrar e investigar las grandes cuestiones sociales. El paradigma de ese periodismo profesional era Estados Unidos, mientras que en el sur de Europa seguimos en un periodismo polarizado (Hallin y Mancini).

En los 80 el fenómeno de las talk radio de extrema derecha se generaliza en Estados Unidos. A finales de los 90, las cadenas de cable de información continua, a semejanza de Fox, se polarizan en la opinión. Mientras, los informativos de las grandes cadenas se llenan de soft news,  estilo, dietas de adelgazamiento, moda y tendencias. Si quieres informarte por televisión tienen que pasarte a un canal por cable y lo que encuestras allí no es información, sino opinión polarizada.

Las burbujas ya existían antes de las redes sociales. Lo que han hecho las redes sociales es hacerlas más fiables. No confiamos en los medios, pero sí en cualquier cosa difundida viralmente y que nos llega de un amigo o un conocido. Y más opacas. Los algoritmos que hacen circular una información son secretos. Si antes los medios asentaban su fiabilidad en la profesionalidad, ahora los redes sociales la fían a la tecnología. Pero los algoritmos los hacen empresas con intereses y posiciones políticas e ideológicas. Resultado, una burbuja azul (demócrata) y una burbuja roja (republicana).

Encerrado cada uno en su burbuja, la verdad ya poco importa, el candidato se acepta como un todo, aunque nos molesten algunos de sus mensajes. Muchos anunciar la “era de la postverdad”. Esperemos que no sean más que unos agoreros.

3. Los medios se diluyen en las redes sociales

Los medios norteamericanos se encuentran en pleno examen de conciencia. ¿Sometimos al candidato Trump al escrutinio que requería? Sí, lo hicimos, dicen The New York Times y el Washington Post, pero de nada sirvió. Todas las grandes cabeceras periodísticas (salvo The Wall Street Journal) se posicionaron editorialmente contra Trump.

Los medios son los grandes suministradores de información de las redes sociales, pero esa información llega descontextualizada y filtrada. En la esfera roja como mucho llegarán las reacciones en contra de las investigaciones que  revelaban los distintos pufos de Trump.

¿Han dejado los medios de influir en la opinión pública? Es pronto para dar una respuesta, pero está claro que el concepto de medio, como una visión coherente del mundo, se pierde en las redes sociales.Y siguiendo el principio de que ” si no puedes vencer al enemigo, únete a él”, los medios cierran acuerdos con las redes sociales para sindicar contenidos, en un movimiento que puede ser suicida. Al menos, los norteamericanos han reaccionado aumentando las suscripciones a los periódicos.

4. El discurso del odio ya es aceptable

Si el candidato puede azuzar el odio contra el otro, nosotros, invocando la libertad de expresión, también. Se acabó la era de la corrección política, sin duda a a menudo empalagosa y mortal para el pensamiento crítico, pero respetuosa del otro y los derechos humanos

Bienvenidos a la era del sectarismo.

* Por supuesto la victoria de Trump responde a complejas causas y no puede explicarse exclusivamente por los cambios en el ecosistema mediático.

Algunas fuentes sobre el debate

De cómo el gobierno exige responsabilidad a la prensa cuando la sociedad lo reclama


Reino Unido establecerá un sistema de corregulación de la prensa. Los diarios podrán adherirse voluntariamente, pero los que se queden fuera corren el riesgo de pagar indemnizaciones millonarias en los casos de violación de la privacidad. La libertad de prensa no está en riesgo; por el contrario, diarios más responsables serán más libres.

En una insólita reunión en el despacho del jefe de la oposición, Ed Miliband, los partidos británicos y las víctimas del espionaje telefónico cerraron  ayer el acuerdo que da rango legal al sistema de regulación. Los diarios (por ejemplo, The Guardian) interpretan el acuerdo como una derrota del muy debilitado Cameron.

El primer ministro había rechazado que el sistema se estableciera por norma, en la línea de los periódios más recalcitrantes s asumir las recomendaciones del Informe Levenson. Cameron será sin duda ahora objeto de los ataques de los diarios conservadores y sensacionalistas, lo que puede derivar en una camapaña que termine con su ya cuestionado liderazgo. Pero la presión social, encauzada a través de la campaña Hacked Off (con gran protagonismo de famosos espiados como J.K Rowling), ha sido decisiva. No menos importante ha sido la connivencia de sus socios liberal-conservadores con la oposición laborista. En fin, una constelación de circunstancias que harán posible el establecimiento de un sistema riguroso de corregulación.

Hay que recordar que en el Reino Unido han existido otros precedentes de autorregulación, el último la Comisión de Quejas de la Prensa, que han fracasado por su condescendecia con los abusos de los periódicos. El mayor punto de discordia era si una nueva regulación tenía que ser absolutamente voluntaria o establecida por una norma jurídica, aunque su adhesión fuera voluntaria.

Finalmente la regulación tendrá un marco legal, pero de una naturaleza particular. En el Reino Unido se distingue entre Statute Law, la ley ordinaria sobre cualquier materia, y la Royal Charter, una carta real que establece fundaciones, universidades u organismo como la BBC, pero que no deja de ser una norma jurídica de carácter vinculante. La regulación será establecida por Royal Charter.

El borrador del acuerdo alcanzado ayer (pdf) recoge los puntos sustanciales del Informe Levenson:

  • Órgano regulador y controlador independiente de los editores, los poderes políticos y económicos, con fuerte presencia social.
  • Un nuevo código ético más riguroso
  • Sistema voluntario de adhesión. 
  • Resolución de quejas y arbitraje alternativo a los procesos judiciales

Uno de los aspectos que más escuecen a la prensa contraria es que no podrán vetar a los miembros de este organismo. Por primera vez en el Reino Unido, un código ético de la prensa no será redactado únicamente por representantes de la industria.

El mecanismo de arbitraje es el gran incentivo para adherirse al sistema. Las publicaciones que no se acojan a él se enfrentarán a un endurecimiento de las leyes penales que protegen los derechos de la personalidad, con unos altos costes procesales.

Se trata de un sistema de corregulación para la prensa y las webs informativas (radios y televisiones tienen su propio organismo regulador el Ofcom). Parece que se excluirán los blogs, redes sociales y agregadores de información, pero las fronteras son difusas, tanto como lo son entre los cibermedios profesionales y los cibermedios sociales.

Algunas reflexiones en el cierre de Público: ¿sobrevivirán los periódicos?


Que cierre un periódico, una radio, una televisión, siempre es una mala noticia. La desaparición de Público lo es con mayor motivo. Primero, supone la pérdida del único periódico de difusión nacional posicionado en un centro izquierda de verdad. Segundo, el cierre deja en la calle a otro grupo de periodistas, en su mayor parte jóvenes pero ya fogueados, que se suman a los más de 5.000 despidos desde que empezó la crisis. Sufre el pluralismo y sufre la profesión.

Vaya por delante mi simpatía y solidaridad con sus trabajadores.

El experimento de Público

Confieso que nunca me ha gustado Público. En su origen me pareció un remedo de pago de los gratuitos, un intento de ganar lectores con una fórmula ligera y de poco coste. La apuesta por la pequeña columna y la información breve nunca me ha satisfecho. Para ser honesto he de confesar mi antipatía por Roures y sus amigos, paniaguados del poder y esquilmadores de la televisión pública. Creo en los textos en profundidad y que un gran medio sólo lo puede hacer por una redacción poderosa.

Pero Público se ha abierto un hueco en estos años (sus 78.000 ejemplares, todo un logro en plena crisis de la prensa). Y lo hizo dando voz a los que ya no encontraban eco en su espacio natural, El País, el periódico del cambio democrático, convertido desde mediados de los ochenta en la voz de la oligarquía financiera y el pensamiento único económico. Cuenta muy bien este cambio de papeles este magnífico reportaje en profundidad de Jonathan Blitzer en The Nation.

Público ha sido cauce de debates imprescindibles y ha sabido conectar con la sensibilidad de los indignados. No mejora esto su calidad informativa, pero reafirma su necesidad para el pluralismo informativo. En papel, ya no queda más que Diagonal, no comparable ni por su ubicación ideológica ni por su difusión.

Para ser justos, su falta de recursos se ha suplido a menudo con imaginación y dignidad. Como recordaba en Twitter una de sus redactoras se van sin publicar anuncios de prostitución. Público ha sido también una buena escuela para una generación de jóvenes periodistas. Y sus directores, Ignacio Escolar y Jesús Maraña han hecho un gran trabajo dando vida a un periódico con tan magros medios.

No tengo los datos en la mano, pero sospecho que desde un punto de vista económico el fracaso viene dado por una mala planificación económica -característica de todas las empresas Roures- a la que la crisis de la publicidad habrá dado la puntilla.

¿Podría sobrevivir Público en la Red? La permanencia por el momento de la página web parece un truco para cerrar en dos fases. Pero si hubiera habido voluntad empresarial, en acuerdo con los trabajadores y en alianza con los sectores sociales que han hecho de Público su estandarte, creo que no sería ninguna tragedia cerrar el periódico en papel, potenciar el ciberperiódico y quizá editar un semanario o un mensual con información en profundidad y grandes debates.

¿Sobrevirán los periódicos en papel?

De lo expuesto hasta ahora, queda claro que no me parece que el cierre de Público sea un cierre determinado principalmente por la crisis de identidad de la prensa, sino por una mala gestión empresarial. La cuestión de fondo, no obstante es ¿tienen sentido todavía los periódicos? ¿cuánto tiempo aguantarán?

Sintéticamente dejo aquí algunas reflexiones.

– Los grandes periódicos son ya cibermedios, con redacciones integradas, publicando en todo tipo de plataformas tan pronto como es posible, reelaborando y profundizando según pasa el tiempo y utilizando todo tipo de lenguajes y soportes. Uno de los diarios más innovadores, uno de los grandes diarios de referencia, The Guardian, se plantea cerrar su edición en papel.

– El caso de El País es sintomático. Su cambio de organización y de plataforma tecnológica ha llevado a que el verdadero País, con toda su riqueza, esté en la Red, con más información, más debates y más opinión, mientras la edición en papel se empobrece y adelgaza cada día.

– La sostenibilidad económica se busca en dos modelos de negocio: suscripciones baratas en plataformas tecnológicas de valor añadido y muros de pago, con cargo a los grandes usuarios. Con todo, y a pesar de la caída de la publicidad, de las ventas y de los suscriptores, el papel sigue financiando a los cibermedios.

– El periódico de papel (como materia prima y en su proceso de producción y distribución) es caro y ecológicamente insostenible. Hoy con la crisis, los requerimientos de medio ambiente parecen olvidados, pero puede que dentro de poco años veamos prohibidos los periódicos por su daño al medio ambiente.

– La información fluye permanentemente y el periódico la congela… con 24 horas de retraso. Desde ese punto de vista, no puede ser más inoperante leer las noticias que ya conocemos -un fenómeno que es tan viejo como la radio.

Pero…

– Esa congelación informativa es imprescindible para abrir un espacio de reflexión, de valoración… para dar una imagen coherente del mundo en el que vivimos. En ese espacio tiene que predominar la información en profundidad, algo en la que todo el mundo está de acuerdo, pero que pocos hacen porque cuesta mucho, exige potentes redacciones (no necesariamente grandes) y una visión empresarial.

– Hasta ahora el periódico de papel es el soporte donde mejor se estructura y jerarquiza la información espacialmente. El golpe de vista es insuperable. Las tabletas son un gran avance, pero ¿para cuando esas pantallas de grafeno enrollables que el año pasado nos vendían como inminentes?

– El periodismo ya no es comunicación unilateral, sino conversación en la que los periodistas marcan mojones para no perderse en la cacofonía universal. Son tantas las voces, que para ser significativas siguen necesitando el reconocimiento de los medios tradicionales y de modo muy especial de los periódicos, que siguen siendo la referencia informativa. En los países emergentes, cuanto más se asienta la democracia, más sube su circulación .

Los periódicos tendrán que cambiar profundamente para sobrevivir. Serán una plataforma más de los grandes cibermedios, una plataforma más exclusiva, una plataforma premium. No morirán con sus lectores. Más bien, adquirirán lectores cuando estos se vayan haciendo más maduros. Seguirán siendo una referencia imprescindible en la esfera pública.

Algún día dejarán de ser en papel. Los tocaremos y ojearemos como hacemos hoy mientras tomamos café (ya lo hacemos con nuestras tabletas). No sé si para entonces se seguirán llamando periódicos.

Pluralismo y subsidios


La subvención a un diario ultraderechista pone en cuestión la política de subsidios a la prensa de Suecia.

Me refería aquí hace un par de días a la propuesta de la Federación Europea de Periodistas de subvencionar el periodismo como un bien público. Suecia es uno de los pocos países donde todavía se mantienen las subvenciones a la prensa, que fuero comunes en Europa hasta hace 20 años.

La polémica ha estallado al conceder el Consejo independiente responsable de las subvenciones un subsidio de unos 300.000 € al diario ultraderechista Nationell Idag. El Consejo se defiende asegurando que el diario cumple con los requisitos objetivos exigidos: tirada, porcentaje de financiación por suscriptores y publicación de al menos mil metros de columnas de material informativo diario. Una de las componentes del Consejo ha dimitido y la Ministra de Cultura ha propuesto reformar el sistema.

El sistema de subvenciones intenta promover el pluralismo externo, esto es, que en un determinado ecosistema informativa haya el mayor número posible de voces diversas, o, dicho en términos del liberalismo norteamericano, que todos tengan la posibilidad de hacerse presentes en el “libre mercado de las ideas”. Una de las maneras de garantizar el pluralismo externo es establecer normas anticoncentración; la otra es subvencionar el pluralismo.

El caso plantea algunas cuestiones al sistema de subvenciones públicas:

– En la época de la comunicación interactiva ¿tiene toda opción ideológica derecho a mantener un diario en papel y a recibir subvenciones para ello?

– ¿Puede subvencionarse con dinero público a los enemigos del pluralismo para lograr un mayor pluralismo?

– Si los requisitos no son puramente objetivos y se entra en la evaluación de la ideología ¿no se convertirán estas subvenciones en una herramienta de control político?

La redacción integrada de El Tiempo


He tenido la oportunidad de visitar la redacción de El Tiempo en Bogotá. El Grupo Editorial El Tiempo integró hace dos años las redacciones de todos sus periódicos y sus ediciones digitales.

Una redacción de 300 periodistas elaboran 4 periódicos (El Tiempo, el popular Hoy, el gratuito ADN y el económico Portafolio), tres ediciones digitales (eltiempo.com, diarioadn.com.co, portafolio.com.co) y una cadena local de televisión City.tv. La redacción de la televisión es independiente, aunque comparte espacios y se beneficia de las informaciones desarrolladas por la redacción integrada.

El concepto es de una sola información editada en distintas plataformas, pero personalizándola para que realmente se diferencie. En general, se sigue el proceso de “first online”.

Se ha explorado que los reporteros de los diarios hagan vídeos, pero en general se prefiere utilizar los suministrados por la televisión.

El proceso de integración no resultó tan difícil como se temía. Se produjeron 70 despidos, 30 de ellos de periodistas. Se mantienen distintos estatus entre los periodistas provenientes de los periódicos y los de los digitales.

Cada medio, en papel o digital, tiene sus propias mesas de edición y existe además una mesa común de coordinación.

La integración se ha efectuado por secciones, esto es, hay una sola sección de economía, política, cultura, deporte etc. Pero dentro de esa sección única unos redactores trabajan preferentemente para el papel o para los digitales. Los reporteros digitales salen menos a la calle que los redactores de los periódicos.

Transición al ciberperiodismo


La mayoría de los periodistas norteamericanos tienen una buena disposición para hacer una transición completa hacia el periodismo digital. Así lo muestra un estudio del Media Managament Center (pdf) realizado entre 3800 informadores pertenecientes a redacciones de prensa tradicional, digital o híbridas.

El grupo más numeroso, el 50%, estaría dispuesto a doblar su trabajo digital. Sólo un 6% están decididamente en contra del proceso de convergencia. Más de la mitad piensa que la transición se está desarrollando demasiado lentamente en sus redacciones.

El dato que no deja de sorprender es que, en plena crisis, el 77% están satisfechos con su trabajo. Muchos estarían dispuestos a comprometerse más con el cambio si tuvieran una perspectiva de estabilidad laboral. El optimismo de directores y editores contrasta con la visión más realista del informador de base.

(Con un poco más de tiempo analizaré algo más este estudio).

La reconstrucción del periodismo (en Estados Unidos)


La Columbia Journalism Review acaba de publicar el informe The Reconstruction of American Journalism (versión web reducida, versión completa pdf). Los autores son el profesor Michael Schudson y el ex editor del Washington Post Len Downie.

El propio título indica el diagnóstico de los autores. En Estados Unidos el periodismo se encuentra en ruinas y tiene que ser reconstruido. Cuando leemos que el periódico más poderoso, The New York Times, despide a otros 100 periodistas (ver la repercusión de la noticia en los cibermedios en español) podemos pensar que, efectivamente, el periodismo, o al menos el periodismo, tal y como le conocemos si no está desapareciendo, sí que está cambiando profundamente.

Los autores analizan más la crisis del modelo de negocio que las perversiones en que han incurrido los grandes medios. La investigación, elaboración y difusión de la información se dispersa y el monopolio de los grandes medios se difumina. Esto que, en principio es la buena y gran noticia, supone que no se darán la gran concentración de recursos dedicados  hasta ahora a un periodismo de interés público.

El informe se plantea, ante todo, buscar un modelo de financiación alternativo al comercial clásico, basado en la venta de ejemplares, las suscripciones y la publicidad (y ahora también basado en la venta de piezas de información, o, al menos, eso intentan los cibermedios, pese a anteriores fracasos).

Proponen los autores un modelo en el que convivan empresas con fin de lucro, organizaciones sin ánimo de lucro, universidades como una función de laboratorios informativos y start-ups (nuevas empresas innovadoras que sólo dan beneficios pasados un tiempo). La gran fuente de financiación de estas nuevas organizaciones informativas sería la filantropía. La cuestión es: si las artes, hasta las más clásicas y mayoritarias, se financian a través de organizaciones filantrópicas ¿por qué no también el periodismo de interés público, “especie en peligro de extinción”?.

Las propuestas están originando gran debate.  “Esto más que un plan de futuro es un epitafio”- die uno de los comentarios, que, en general, son más partidarios de reflotar las empresas capitalistas que de nuevas formas de organización.

La financiación filatrópica parece bastante improbable fuera de Estados Unidos. Habría que cambiar las leyes, la cultura de los grandes mecenas y, sobre todo, convencerles de que si el arte de las vanguardias hoy puede ser inocuo, el periodismo o es crítico (también respecto a sus mecenas) o no es.

El informe sostiene que el periodismo será colaborativo y abierto a un rango más amplio de informadores, profesionales y semiprofesionales. Esa parece ser ya la apuesta de los grandes medios. The Guardian recluta blogeros para la cobertura local. La BBC crea el cargo de editor de los medios sociales.

Todo eso está muy bien, pero -como se pregunta uno de los intervinientes en el debate de la CJR- si los estudiantes de periodismo hacen información innovadora ¿qué harán los periodistas profesionales? En España podríamos escribir un tratado sobre el abuso de los becarios.

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