El Davos de la desglobalización


Davos 2022 se abrió con la intervención del presidente Zelenski por videoconferencia

El Foro 2022 se ha retrasado este año a mayo, para aprovechar el mejor control de la covid. En primavera la montaña es menos mágica que en enero.

Y en lugar de confiar la conferencia inaugural a alguna de las instituciones económicas internacionales o a algún tech-star (por ejemplo, Elon Musk) fue Zelenski el invitado de honor. La geopolítica ocupa el lugar de los negocios. La Historia no había terminado

Si repasamos la agenda veremos que se repiten palabras como sostenibilidad, vacunas covid, clima, contrato social global, innovación y un tema, que es el que me interesa destacar «restaurar la confianza en el comercio global y en las cadenas de suministros».

Primero la pandemia y luego la guerra de Ucrania ha llevado a las democracias occidentales a tomar conciencia de la vulnerabilidad que supone depender totalmente de las cadenas de suministro globales en productos y servicios esenciales. Por si fuera poco, los salvajes confinamientos en China han reducido significativamente el comercio mundial.

La palabra ahora es relocalización. Productos y suministros más cercanos, con más calidad y menos incertidumbre… pero más caros, otro factor para alimentar la espiral inflacionista. Lógicamente, a mayor valor añadido, más interesa relocalizar; o en su defecto valor estratégico, como en los productos sanitarios. De ahí, la apuesta de la UE y de España por la fabricación de chips (valor añadido y valor estratégico) o porque se deberían mantener las fábricas nacionales de mascarillas, que se improvisaron en la pandemia (valor estratégico).

Es el mercado, amigo


Me permito titular esta entrada con la frase desafiante de Rodrigo Rato, cuando en la Comisión de Investigación del Congreso a la pregunta de si la quiebra de Bankia había sido un saqueo respondió desafiante «Es el mercado, amigo». Una frase convertida en meme.

Quiero reflexionar sobre la crisis inflacionaria, colocándola en el contexto del mercado. Conste que no soy especialista en economía y que toda mi formación se reduce al estudio (hace medio siglo) del manual de Paul Samuelson.

El mercado perfecto

En el mercado se casan oferta y demanda. Si la demanda es mayor que la oferta, los precios suben. Es lo que viene ocurriendo con las materias primas y, sobre todo, petróleo y gas, cuando después de la pandemia, las economías se despiertan y crece exponencialmente la demanda. Ahora el aumento de precio viene más por la vía de la redución de la oferta como consecuencia de la guerra de Ucrania.

Si la demanda es rígida, como ocurre en alimentación y combustibles, las empresa pueden trasladar el alza de precios a los consumidores.

Para que no se distorsionen los precios no puede haber agentes dominantes. Hay muchos mercados, como los de la energía o las telecomunicaciones que tienden hacia el monopolio,por eso tienen que ser regulados para que los operadores más fuertes no abusen de su posición de dominio. En la alimentación, las grades superficies imponen precios y condiciones a una miriada de productores. La Ley 8/2020, de la Cadena Alimentaria prohibe la venta a pérdidas. En el transporte, las agencias de logística, integradas en la patronal con la que ha negociado el Gobierno, imponen condiciones y precios a los trasportistas autónomos, que han paralizado el país.

Eliminar o reducir los impuestos a los combustibles o subvenciones no es la solución

En los combustibles, con una demanda rígida, la redución de impuestos pasaría al bolsillo de petroleras y gasolineras. Algún centimo bajaría el litro, posiblemente para seguir enseguida su camino ascendente.

En cuanto a los 20 céntimos/l para los transportistas, es muy posible que las agencias de logística reduzcan en la misma cantidad sus ofertas.

La solución es intervenir el sacrosanto mercado, como ha hecho la Ley de la Cadena Alimentaria.

Esto es un Golpe


Desde ayer me amarga la hiel en la boca. El trágala a Grecia es para mi la desconexión sentimental de un proyecto moderadamente utópico en el que una vez creí.

La Europa que quería construir unas instituciones en torno a la cooperación y la solidaridad ya no es más que un sindicato de acreedores.

Merkel ha disparado el tiro que terminará por destruir la economía y la sociedad griegas, pero – en la imagen de los cinco economistas que la pidieron estar a la altura de sus responsabilidades históricas– la bala será letal para Europa en su conjunto.

Sin una quita, Grecia no podrá pagar la deuda. Las medidas ahora impuestas agravarán la recesión y el porcentaje de la deuda sobre el PIB subirá a cifras estratosféricas. Como decía Varufakis, este nuevo rescate no es sino seguir suministrando droga al adicto. Esa masa de deuda que, como acredores, estamos asumiendo todos los ciudadanos del euro (una deuda que antes era de los bancos y ahora es de Grecia) llegará un momento en que, como todas las burbujas, se pinche.

A Grecia se le exigen leyes draconianas en tres días. A cambio, una vaga promesa de alargar los plazos y un plan de inversiones de 35.000 m. de euros. ¿De dónde saldrán? ¿Del plan Junker que no es si no otra pompa de jabón? ¿Invertir un euro de dinero público para que los inversores aporten 34?

Alemania debiera saber que las humillaciones se vuelven contra quienes las imponen. La deuda de Versalles era impagable y trajo sufrimiento y humillación a los alemanes. Y llegó Hitler. Puede que el viento se lleve a Syriza para traer a Amanecer Dorado. Aún así, Grecia no invadirá ningún país. Pero formará una coalición con los Le Pen, los Farage, los Wilders, los Orban… los patriotas auténticos de aquí o allá para llevar a nuestros pueblos a una nueva época de fascismos.

Felices tertulianos. Los griegos son unos vagos que no pagan impuestos. Tsipras un peligroso radical que ha llevado el castigo merecido a su arrogancia. Me sube la bilis. Solidaridad europea con Grecia, dicen con descaro.

Creíamos que transferíamos soberanía a unas instituciones democráticas, pero en realidad la entregábamos a un conjunto de tecnócratas gestores de los intereses del capital financiero.

Varufakis explica cómo para Grecia no era una opción factible abandonar el euro, el Grexit, pero como sí lo es para Schauble.

El Reino Unido no aportará una libra al rescate y se prepara para el Brexit como chantaje para conseguir reducir la Unión a un simple mercado. Las políticas comunes se renacionalizan, la libertad de movimientos de las personas corre peligro.

¿Puede enderezarse Europa? Los optimistas sostienen que la cesión de soberanía monetaria exigirá también entregar la soberanía fiscal. ¿Una política fiscal común para la solidaridad o para destruir lo que queda del estado del bienestar?

Hoy no veo futuro en Europa. Pero fuera hace mucho frío.

(Puedes leer también mi Confesión desencatada de un español aspirante a europeo)

Gurús económicos


Ayer fue otro Lunes Negro. La quiebra de Lehman Brothers hizo tambalearse a las bolsas y hundió la confianza en el sistema financiero global. Por cierto, que si entramos en su página web, el banco de inversiones sigue presentándose como un innovador de las finanzas globales, sin una sola mención a la quiebra… Tanta innovación para exparcir el cáncer de las hipotecas basuras… Todo se está diciendo sobre la crisis. Sólo quiero añadir una observación. Los grandes cerebros de estos «innovadores financieros» han venido produciendo informes y recomendaciones que han sido recibidos y tratado como palabra divina por los informadores económicos. Recomendaciones que siempre cargaban contra los salarios y exigían más reformas, esto es, menos regulaciones. Hora es de que los que tan acríticamente difundieron la doctrina del pensamiento único entonen el mea culpa.

Lunes negro


Bueno, pues ya está aquí la crisis… Gran batacazo de las bolsas europeas y asiáticas. Veremos que pasa mañana en la de Nueva York, cerrada por la fiesta de Luther Martin King.  ¿Son las trompetas de recesión? No sé, que lo digan los economistas, esos especialistas en predecir el pasado. Lo que está claro es que los inversores son -como tantas veces se ha dicho- el rebaño más cobarde, dispuesto a huir en avalancha ante las primeras voces de pánico.

 Si pongo aquí este comentario es porque hoy ha sido uno de esos días -estoy seguro- que han echado humos todas las líneas informativas. Los resúmenes a primera hora de las bolsas asiáticas; luego, la expectación ante la apertura de los mercados europeos; después, la sucesión de «urgentes» avisando de caída tras caída. Entre tanto, anális financieros y económicos… Y al cabo, el precipitado final: un término, «lunes negro»

News.bbc.co.ukLos periodistas crean un término, que, a partir de ahora, servirá para indicar todo un fenómeno: la caída de las bolsas a causa de las pérdidas originadas en las grandes firmas bancarias norteamericanas a causa de la crisis de las hipotecas basuras. En este caso, el término era obvio, una nueva versión de aquel «jueves negro» que abrió la Gran Depresión del 29, y al que siguió un lunes y un martes igualmente negros, que pusieron fin a los «alegres 20». En 1987, un lunes de octubre, Wall Street sufrió la mayor caída de su historia a consecuencia de los bonos basura -vaya, que casualidad ¿por qué la ingeniería financiera termina por castigar siempre a la economía real?

 Los periodistas son creadores de etiquetas como ésta, que sirven para «enfocar», «encuadrar» la realidad. Y a partir de ahora este término puede convertirse en arma arrojadiza, por ejemplo, en la campaña electoral española.

Estos términos tienen un enorme éxito. «Black Monday» registraba 11.100.000 resultados en Google. De la red, recomiendo la lectura del análisis de la BBC sobre las lecciones que pueden extraerse de anteriores crisis. Una relativamente optimista: la globalización incrementa la frecuencia de las crisis financieras, pero no necesariamente su severidad. Y otra, bastante evidente, es que al comienzo de la crisis es imposible predecir su alcance.

El propio término propaga el miedo. Esperemos que al «lunes negro» no siga un «martes negro».

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