La Constitución es mi patria


Patriotismo constitucional

Ni banderas, ni escudos, ni religiones, ni ancestrales tradiciones (que como mucho tienen dos siglos). En una sociedad democrática y plural la Constitución es el punto de encuentro común, las bases para que todos podamos desarrollar nuestros proyecto personales y colectivos de manera pacífica.

La Constitución es la patria política, la polis común.El patriotismo constitucional,en la visión de Habermas, es la identificación y el compromiso con los valores de la Constitución, que nos hace ciudadanos y que nos reconoce derechos, pero también nos exige una activa participación y una serie de deberes cívicos.

La lengua, en este caso el español, es una patria global, que nos permite compartir marcos mentales con más de 400 millones de seres humanos. La lengua es la patria mental.

rNo soy de homenajes ni de celebraciones, pero valga  esta reflexión  personal ahora que la Constitución española cumple 40 años y por aquello de que uno no sabe si podrá celebrar los 50 (por los avatares políticos o la desaparición personal).

 Cuando estudiaba Derecho en los estertores del franquismo, estudiábamos y envidíabamos las constituciones de Italia o Alemania, nos explicaban instituciones como los tribunales constitucionales (una creación del genial Kelsen) o nos introducíamos con el emblemático libro de Elías Díaz en la idea del Estado social y democrático de derecho (pdf con un resumen del libro Estado de Derecho y Sociedad Dmocrática, de su autor).

Luego, en mis primeros pasos como periodista, aunque no hacía información política, seguí con pasión los debates constitucionales y vi con satisfacción como aquellas ideas estudiadas en la Facultad tomaban cuerpo en nuevas institucionales y, sobre todo, en una muy avanzada declaración de derechos civiles y políticos.

Hoy, 40 años después, la norma fundamental muestra un desgaste lógico, facilmente superable si el pacto constitucional se mantuviera vivo, pero no lo está.

El pacto constitucional

No hubo unas elecciones constituyentes, pero las de 1977 lo fueron de hecho. Las circunstancias económicas y políticas no podía ser más adversas: un terrible crisis económica, terrorismos varios, ejército y policía sin control.

Las diferencias entre las fuerzas constituyentes eran abismales, pero todos sabían que no se podía volver atrás, que no eran viables ni el franquismo ni la dictadura del proletariado, que había modelos de éxito, que nos encontrábamos en una determinada órbita geopolítica. Y, sobre todo, que la falta de acuerdo significaba el riesgo cierto del enfrentamiento civil generalizado. Por eso hubo pacto.

Unos cedieron cuando no les quedó más remedio, otros conquistaron todo el terreno que era posible. Las movilizaciones sociales fueron mucho más importantes que el cabildeo de los reservados de los restaurantes y Juan Carlos de Borbón no fue el agente decisivo, sino un navegador ambiguo sobre la marejada, pero es cierto que con él abiertamente en contra todo habría sido más difícil.

En mi opinión, hoy la relación de fuerzas entre conservadores y progresistas sería menos favorables para estos últimos.

Nuestra Constitución, a diferencia de la portuguesa de 1976, no promete abrir una camino hacia la sociedad socialista, pero establece los principios de libertad, igualdad, pluralismo y participación y -muy importante- asigna a todos los poderes públicos la función de hacer reales la libertad, la igualdad y la participación.

“Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.” (art. 9.2)

La declaración de derechos civiles y políticos (la Sección 1ª del Capítulo II) es avanzada, con reconocimiento de derechos entonces novedosos como la limitación de la informática para preservar la intimidad, o el derecho de acceso a los medios públicos de los grupos políticos y sociales representativos. Y sobre todo estas libertades públicas se convierten en verdaderos derechos subjetivos, con una protección judicial efectiva.

En ningún artículo se aprecian tan claramente los difíciles equilibrios como en el 27, que reconoce el derecho a la educación y la libertad de enseñanza y da base a la coexistencia de dos tipos de centros, los públicos y los concertados.

 Lógicamente, el desarrollo de estos derechos se remitía a la ley orgánica. Y ahí no siempre ha habido consenso y sí clamorosos incumplimientos de mandatos constitucionales. Un ejemplo, la ley orgánica que el art. 20 1.d) ordenaba no llegó hasta 1997 (Ley 2/97) y a la ley del secreto profesional todavía la estamos esperando (aunque la jurisprudencia ha llenado ese vacío).

En cambio, los derechos sociales y culturales quedaron rebajados a la categoría de principios rectores de la política social y económica, un marco de progreso, pero carente de una protección judicial efectiva, que se ha demostrado, sobre todo desde la Gran Recesión, como imprescindible.

Ciertamente, la monarquía fue una imposición, pero sin ella hubiera sido imposible el consenso. La monaquía parlamentaria, con un rey sin poder político, es perfectamente homologable. Pero ¡ojo!, los privilegios, los abusos y la identificación con los poderes económicos pueden poner en cuestión ese pacto, por mucho que un presidente de la República, en la actual fase de polarización, sería una trichera más de la batalla política y haría nuestro sistema todavía más inestable.

En el diseño institucional se copió de aquí y de allá. La moción de censura constructiva de la Ley Fundamental de Bonn. El Consejo General del Poder Judicial, del Consejo de la Magistratura de la Constitución italiana. El Estado autonómico es el desarrollo de los principios del Estado integral de la Constitución de la II República con aportaciones del federalismo alemán.

No, los consensos posteriores nunca fueron fáciles y hoy son casi imposibles. Pero el pacto constitucional se ha mantenido casi hasta ahora y eso nos ha permitido convivir y avanzar como sociedad.

La reforma de la Constitución

Nuestra Historia tiene muchas constituciones, pero pocas reformas constitucionales. Una reforma mantiene la misma legitimidad constitucional, los principios fundacionales, pero actualiza derechos y retoca, más o menos profundamente, las instituciones.

La Constitución requiere una reforma si no queremos que se degrade hasta hacerse inútil. Pero no nos engañemos, la mayor parte de nuestro problemas (la corrupción, el paro estructural, la deficiencias educativas, la degradación de los servicios públicos) no requieren cambios constitucionales y puede resolverse por pactos legislativos y, ante todo, por cambios en la cultura política.

Aquí un elenco de posibles reformas:

  • Derechos civiles y políticos. Retoques mínimos para adaptar, por ejemplo la privacidad al ecosistema digital, pero no abrir “melones” como el derecho a la educación y la libertad de enseñanza.
  • Derechos económicos y sociales. Conversión en derechos subjetivos exigibles ante los tribunales en la medida de lo posible. Una pensión, una prestación por dependencia o el derecho a una vivienda digna pueden ser reconocidos por los tribunales y su cumplimiento impuesto a los poderes públicos. El derecho a la negociación colectiva también. Pero ¿puede ser exigible ante los tribunales un puesto de trabajo?.
  • Regeneración democrática. Eliminación de aforamientos. Selección por mérito de los miembros de los órganos constitucionales y autoridades independientes. Refuerzo de las incompatibilidades entre mandatos políticos.
  • Monarquía. Eliminación de la prelación masculina. Eliminación de la inviolabilidad del monarca en actos privados, no en actos políticos que, por definición, no puede realizar, pues todos sus actos requieren la ratificación del gobierno y este es el responsable.
  • Laicidad. Lo más prudente sería no tocar el art. 16.2, pero denunciar los acuerdos con el Vaticano y hacer una nueva ley de libertad religiosa en la que quedara clara que la colaboración con cualquier religión lo es en la medida en que la acción de sus fieles e instituciones lo sea para hacer real la igualdad y la libertad. No cabe colaborar en el puro cumplimiento de los fines religiosos de un determinado credo, pero si prestaciones especiales (por ejemplo, menús particulares en establecimientos públicos) para respetar la libertad religiosa.
  • Encaje en la Unión Europea. Clarificar la jerarquía normativa con respecto a las normas europeas. Una reforma conveniente, pero no imprescindible.
  • Estructura territorial. Es la única reforma imprescidible, pero la más difícil, por no decir imposible. Apertura semántica a naciones en lugar de nacionalidades. Conversión del estado autonómico en estado federal. Conversión del Senado en cámara territorial con competencias exclusivas. Clarificación de las competencias entre el Estado central y las comundades federadas. Introducción de una cláusula de secesión: referedum con aprobación por mayoría absoluta del censo electoral, que solo se pueda celebrar cada 25 años.

La ruptura del pacto constitucional

No hay consenso para reformar la Constitución ni siquiera en asuntos menores en los que no hay desacuerdos profundos entre las fuerzas política, porque la oposición (cualquier oposición) en este marco de crispación no está dispuesta a dar ninguna victoría al gobierno (a cualquier gobierno). No digamos ya en los asuntos como la soberanía, la monarquía o los derechos fundamentales que requieren el proceso de modificación agravada: referedum, disolución de la cámaras, aprobación por las nuevas Cortes.

Nada queda del espíritu de consenso de la denostada Transición, que no era puro pasteleo, sino el convencimiento de que había que llegar a acuerdos porque nos jugábamos la pura supervivencia.

Defender la abolición de la repúbica, la independencia de Cataluña o la abolición de las autonomías no es, per se, una ruptura del pacto constitucional.  Es una propuesta de revisión radical, que exigiría un proceso constituyente.

Proponer la eliminación o recortes de derechos fundamentales es, en cambio, absolutamente incompatible con el sistema de valores de la Constitución, una propuesta que no puede ver expedito ningún procedimiento de avance.

Los independentistas catalanes han roto el pacto y la lealtad constitucional no por defender la idependencia sino por vulnerar la Constitución y los procedimientos que la garantizan. Esa ruptura y sobre todo la división social creada son muy difíciles de suturar. Alguna propuesta política habrá que realizar. No aceptarán una reforma federal, tampoco los nacionalistas vascos, que apuestan por el confederalismo. Solo una cláusula de secesión podría restaurar el pacto constitucional.

No hay término más manoseado que el de “constitucionalista”. Las fuerzas que más alardean de ello son las que más han manipulado la composición del Tribunal Constitucional y otros órganos constitucionales, las que más derechos han recortado por vía legislativa.

No tiene sentido proponer, por tanto, frentes de fuerzas constitucionalistas. Los independentistas que han roto el pacto constitucional y la ultraderecha que quiere romperlo están o van a estar en los parlamentos. Cordones sanitarios frente a la ultraderecha solo puede funcionar en Francia, merced a su sistema centralizado, mayoritario a doble vuelta.

Será legítimo que a la izquierda y a la derecha se pacte con los que han roto o han querido romper el pacto constitucional, pero sin concesiones que supongan limitaciones de derechos o sean contrarios a los valores e instituciones constitucionales.

A España ya ha llegado la utraderecha neofascista que cabalga por Europa. Lo peor no es la representación que obtienen, lo peor es que los partidos de derecha aceptan su programa, sus propuestas dominan el debate público (con la complicidad de los medios) y el fascismo impregna poco a poco el imaginario social.

Sin frentismo, sin violencia callejera,  sin concesiones, sin una sonrisa ante un chiste machista, sin compartir ni un meme de odio, en movilizaciones cuando haya que defender derechos… ni un paso atrás, todos con la Constitución.

Anuncios

La censura en los tiempos de Facebook


img_gtorresi_20180425-191253_imagenes_lv_otras_fuentes_facebooknotificationta-750x430-558-kb2e-u4430009896028v-992x558lavanguardia-web

De Facebook, de Twitter, de YouTube, de Google, de Whastapp… La censura en las plataformas a través de las que nos comunicamos. Una censura externalizada, privada, empresarial, sin mecanismos de defensa. Una censura global ejercida por las plataformas tecnológica y por las turbas estúpidas y paranoicas, por los enjambres digitales de hipócritas trolls.

¿Qué es censura?

informe_fiestas

Un informe de un censor franquista: ¿atenta al dogma, a la Iglesia, al Régimen?

En sentido estricto, censura es el control previo de los mensajes que se van a difundir.

Censura es el proceso de control de la comunicación pública por el poder político y/o religioso. Supone un examen previo, la necesidad de obtener un permiso o placet de un poder público para difundir un mensaje público.

Es el control propio de las galaxias Gutemberg y Marconi.

Editar en el absolutismo era un privilegio real que se concedía a los impresores, sin perjuicio de la necesidad de obtener la aprobación previa del censor, político y/o religioso (a menudo la misma figura).

En el régimen liberal, la libre comunicación de pensamientos ideas se convierte en uno de los derechos más preciados, y cualquiera puede hablar, escribir o imprimir libremente “siempre y cuando responda del abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley” (art. 11 Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano, 1789).

Se pasa, así, de un régimen de censura previa a un régimen de responsabilidad. El problemas son “los casos determinados por la ley”. Dependiendo del momento histórico y de que gobiernos fueran más o menos liberales, los límites establecidos por la ley podían ser más o menos amplios.

En la Europa continental, durante todo el siglo XIX y la primera parte del XX fueron las leyes fueron bastante limitantes y los tribunales exigentes. Los límites se referían, en general, a la protección del Estado, sus dignatarios y sus símbolos, la protección de la propiedad, la religión dominante y la moral. Por supuesto, solo se exigía responsabilidad en la comunicación pública (prensa, primero, radio y televisión después), primero por su transcendencia social, pero también por la imposibilidad de controlar la comunicación privada.

Puede hablarse de censura en un sentido amplio cuando sin existir propiamente un control previo, el régimen de responsabilidad es tan estricto (límites amplísimos y mal definidos, sanciones administrativas, penas muy rigurosas, secuestro preventivo.

El caso del franquismo es bien ilustrativo. De la censura previa de la Ley de Serrano Súñer de 1938 a la cuasi censura de la Ley Fraga de 1966 (texto): límites amplísimos (art. 2), fuertes sanciones administrativas, responsabilidad penal, depósito previo y secuestro gubernativo. No pocas veces, decretado el secuestro por las autoridades administrativas (que conocían el contenido por el obligatorio depósito previo) la policía retiraba los ejemplares de los periódicos de los quioscos apenas estos abrían. La Constitución de 1978 prohibe cualquier tipo de censura previa y elimina el secuestro gubernativo (art. 20).

La censura hoy

En nuestro actual ecosistema comunicativo, la comunicación privada y la pública se funden. Por supuesto nos queda un ámbito privado de comunicación interpersonal, sin mediación tecnológica, pero más allá, hasta los mensajes intercambiados privadamente utilizando cualquier plataforma tecnológica pueden hacerse públicos por uno de los interlocutores y de hecho así ocurre muy frecuentemente.

El sistema libertad/responsabilidad se sigue aplicando a la comunicación pública estricta, a los mensajes profesionales en los medios de comunicación.  Hasta aquí ningún problema (sin entrar ahora en la cuestión de si los tipos penales son proporcionados y actualizados o las normas de protección civil al honor y la propia imagen funcionan adecuadamente, que intentaré abordar en otra entrada).

El problema aparece cuando este esquema se aplica a mensajes privados o de grupo que se hacen públicos en las plataformas tecnológicas.

¿Tiene la misma responsabilidad el autor de un tuit que el de una columna de opinión en un periódico o el de una sátira en la televisión? Dependerá del contexto y la difusión del mensaje, pero no debe olvidarse que muchos de los mensajes no profesionales van dirigidos a un grupo, a una comunidad, que comparte ideas y valores y que, por tanto, su potencial ofensivo puede ser menor; además, en este entorno suele procederse de un modo informal, incluso como forma de diversión. Lo que desencadena el conflicto es la salida de la burbuja, el encadenamiento que hace viral el mensaje y le convierte en una forma plena de comunicación pública.

En resumen, en la actualidad se aplican los siguientes sistemas de control de la comunicación:

  1. Control editorial. El que ejercen los titulares de los medios de comunicación a través de instancias profesionales. En rigor más que de control, debiéramos de hablar de poder editorial. En situación de oligopolio o de preponderancia de los medios más poderosos, los propietarios, de hecho, moderan y restringen la comunicación pública, a menudo en connivencia con los poderes políticos. Los medios, en la denuncia de la corriente crítica, son “la voz de su amo”. Por supuesto que la crítica tiene base, pero debe matizarse teniendo en cuenta la diversidad de voces (pluralismo externo), la función de control del poder político y el pluralismo entre los profesionales (pluralismo interno). Los medios audiovisuales públicos requilibran el poder editorial privado. Los medios hoy ya no son el único determinante de la comunicación pública, pero siguen sirviendo como enlace entre las burbujas privadas en que se ha fragmentado.
  2. Libertad/responsabilidad, aplicable a los mensajes difundidos en los medios masivos. En una sociedad democrática, no puede existir forma alguna de control previo y la responsabilidad solo puede ser exigida por los tribunales, por la comisión de un delito o por la exigencia de reparación establecidas en las leyes civiles que protegen la intimidad, el honor y la propia imagen. Los límites están establecidos en las leyes aprobadas en los parlamentos, son públicas, y el procedimiento de exigencia de responsabilidad lleva consigo un sistema de garantías y recursos.
  3. Libertad/responsabilidad, aplicación conflictiva en el ámbito de la comunicación público-privada de las plataformas tecnológicas. No está claro que actos tienen la entidad suficiente para generar responsabilidad y, por tanto, supone un cierto grado de inseguridad jurídica. Como en el caso 2, la exigencia de responsabilidad lleva consigo garantías y recursos.
  4. Control previo de las plataformas tecnológicas. Las empresas privadas ejercen un peculiar sistema de admisión, establecen normas poco transparentes sobre lo que se puede o no difundir y carecen de un verdadero sistema de recursos o garantías. El control no es previo, pero casi. Los algoritmos detectan  instantáneamente los contenidos no aceptables y, bien los eliminan directamente, bien los someten a un proceso de evaluación humana. Sus gestores se resisten a ejercer un poder editorial, que llevaría consigo una responsabilidad que no quieren aceptar.
  5. Linchamiento digital. Ni estados, ni empresas, cada uno podemos ser ahora un cruel censor, denunciar cualquier cosa que no nos guste en las redes, pedir acciones contra quien sentimos que nos ha ofendido, insultarle impunemente, desarrollar campañas de boicot. En sociedades cada vez más polarizadas e intolerantes es la censura más peligrosa e inapelable (veáse, por citar solo el más reciente, el caso de Dani Mateo).

El caso de Facebook

img_gtorresi_20180425-030810_imagenes_lv_otras_fuentes_appeals-final-1-krfg-656x1314lavanguardia-web

Mensaje de Facebook de rechazo de una reclamación

Todas las plataformas de contenidos afronta parecidos problemas, pero Facebook es un mundo en si mismo. Con sus 2.200 millones de usuarios (¿cuántos activos?) se presenta como una nación digital global: “la Comunidad”.

Para muchos de esos millones, Facebook es su fundamental espacio de comunicación: el lugar donde interaccionan con amigos y familiares reales y con los “amigos virtuales”, el espacio en el que comparten y reciben informaciones que consideran, por su propio origen, fiables, aun cuando prácticamente todos sigan consumiendo información en unos medios tradicionales, en los que cada vez confían menos.

De modo que sí, el 4º método de control descrito más arriba, el control cuasi previo de los contenidos en las plataformas tecnológicas y especialmente en Facebook puede considerar la más relevante de las “censuras” de nuestros días.

Zuckerberg, como la mayoría de los “padres fundadores” de Silicon Valley es un libertario neoliberal, contrario a cualquier forma de regulación y convencido de que la tecnología es en si misma una arma de progreso capaz de resolver los problemas humanos con la fuerza bruta del cálculo y los algoritmos. Todos ellos consideran que sus plataformas simplemente han hecho tecnológicamente posible la utopía del libre mercado de ideas de Milton y Stuart Mill. Zuckerberg repite como un mantra que la misión de Facebook es construir “un mundo más abierto y conectado”.

Así que ¿para que establecer controles sobre los mensajes si a mayor cantidad y diversidad más rico, en teoría, ese libre mercado de las ideas, convertido en la práctica en una propiedad privada que rinde más beneficios cuanto más se interactue con esos mensajes? (vía publicidad y venta de datos).

El primer problema lo plantean los derechos de autor. Los titulares del copyright no aceptan que se lleven a ese mercado productos protegidos. Quizá los primeros controles aparecen en YouTube (la segunda plataforma más influyente) para eliminar contenidos protegidos, como consecuencia de las presiones de las grandes empresas, especialmente los estudios de Hollywood.

Después las plataformas tendrán que afrontar los problemas de la privacidad, especialmente en relación con la normativa europea (notablemente reforzada en el nuevo reglamento). Y finalmente, las quejas de los propios usuarios, gobiernos o lobbys por la presencia de contenidos dañinos (¿para quién, en qué contexto?).

Facebook establece unas normas -estándares de la Comunidad los llama- sobre lo que puede o no ser publicado. Estas normas no son plenamente públicas hasta un fecha tan reciente como el pasado abril.  Pero el resultado es que cuando se intenta publicar un determinado mensaje, sobre todo imágenes y vídeos, se recibe un mensaje de prohibición advirtiendo que el contenido viola esas normas.

Los documentales Les nettoyeurs y Dispatches revelan el proceso interno de control o moderación. Los algoritmos o las quejas de los usuarios se colocan en interminables listas de revisión los casos sospechosos. La “limpieza” corre a cargo de agentes contratados por terceras empresas, esto es, Facebook externaliza la censura. La carga de trabajo de estos agentes es enorme, su formación deficiente y sus conocimientos del contexto de esos mensajes nulo. De manera que lo más fácil es, en la duda, eliminar, so pena de entrar en discusiones casuísticas que retrasan el trabajo.

En los documentales vemos como los “limpiadores” eliminan fotos de Abu Grhaib porque las consideran propaganda del Estado Islámico. En otro caso, se reconoce que la foto de la niña abrasada por el napalm es un icono de la guerra de Vietnam, pero, puesto que se muestran los genitales, es un caso claro en el que las normas exigen su borrado. Y en cambio, resulta evidente como los supervisores deciden mantener los discursos de odio, porque alegan que son manifestación de la libertad de expresión y -ahí está la clave- porque generan mucha interacción.

Facebook ignoró las denuncias de que la plataforma se estaba utilizando como arma de guerra por los prorrusos en Ucrania, que en Birmania era el vehículo de la propaganda anti-roginha que llevó al genocidio. Pero entonces le estalló la interferencia rusa en las elecciones presidenciales norteamericanas y en concreto el caso Cambridge Analytica y Zuckerberg (con pocas habilidades comunicativas) no tuvo más remedio que dar explicaciones públicas, comenzando por un comité del Senado.

Una revisión de las normas comunitarias ahora públicas nos muestran unos principios generales, desarrollados con mayor o menor casuismo. Parece un ejercicio imposible de poner puertas al campo: cómo establecer que contenidos pueden considerar dañinos, para quién, en qué contexto, en dónde. Dan la impresión de mayor tolerancia con la violencia no terrorista, los suicidios o el discurso del odio que con los simples desnudos. Pero a la luz del proceso de revisión revelado por los documentales, qué se borra o no parece bastante aleatorio. Y un borrado sistemático puede significar que un icono tan relevante como el de la niña de Vietnam puede convertirse en inaccesible a para 2.200 millones de personas, o, por lo menos, para aquellos que se comunican esencialmente en el entorno de Facebook.

La pasada semana Zuckerberg respondió a las crítica con un post en el que presentaba un borrador para una nueva gobernanza.

Algunos elementos son, por lo menos para mi, preocupantes. Desarrollar métodos de Inteligencia Artificial para que los contenidos dañinos sean eliminados antes de que nadie pueda verlos (¡la censura previa del Gran Hermano!). Sostiene que sus herramientas de Inteligencia Artificial ya detectan y eliminan el 96% de los desnudos. Categorías prioritarias de control: terrorismo y daño autoinfringido.

Lo más relevante puede ser un cambio esencial en la dinámica de Facebook: desincentivar y netralizar la interacción con lo que Zuckerberg llama borderline content, los contenidos límite, esto es, los mensajes más próximos a lo que las normas prohiben, que son los que, hasta ahora más interacción consiguen.

Este hilo de Hugo Sáez lo explica brillantemente.

Entre estos contenidos límite, Zuckerberg cita la desinformación y el clickbait. ¿Seguirá siendo rentable la plataforma si elimina esos contenidos límite, que son los que logran mayor interacción? ¿Cómo neutralizarlos? Una de las líneas que avanza el fundador de Facebook es la corregulación.

Regulación del estatuto editorial

Facebook, como el resto de las plataformas de contenidos, siempre ha pretendido evitar las obligaciones propias de los medios de comunicación, en concreto, la responsabilidad jurídica por los contenidos que publican. De hecho, su marco legal ha sido el del comercio electrónico, tanto en Estados Unidos como en Europa (Directiva de Comercio Electrónico de 2002) o España (Ley de Servicios de la Sociedad de la Información, 2002).

Los acontecimientos del último lustro, especialmente la marea de la desinformación, y las críticas subsiguientes, les ha obligado a aceptar a regañadientes alguna forma de regulación.

En su reciente post, Zuckerber propone la corregulación, esto es, una regulación negociada con los estados y  aplicada internamente. Concretamente, se muestra dispuesto a colaborar con la UE y con la ley de Macron contra la desinformación en campaña electoral, y que tantas críticas a recibido dentro y fuera de Francia. Otras medidas que propone es que todas las plataformas publiquen las métricas de contenidos dañinos y se compromete a crear antes del fin de 2019 un organismo independiente de recurso (¿único? ¿en cada país?). En fin, promesas vagas.

Que las plataformas tecnológicas no pueden ni deben ejercer el mismo control sobre la información que los editores de los medios de comunicación es evidente. Pero como de hecho cada vez ejercen un mayor control, este no puede ser opaco, confiando a herramientas de Inteligencia Artificial, con unas normas genéricas para toda la humanidad, en el marco de una relación de servicios, sin ningún tipo de garantías.

Se quiera o no, la solución hay que buscarla en el marco nacional o al menos multilateral. Por ejemplo, las plataformas podrían crear comités independientes nacionales, que adaptaran las normas y revisaran las quejas, siendo sus decisiones recurribles ante los tribunales. No puede esperarse que las plataformas se autorregulen, tienen que ser los legisladores nacionales los que creen un marco vinculante para la autorregulación, es decir, una corregulación efectiva.

Ciertamente, retrotraer el problema al marco nacional nos remite al sistema de control tradicional de los medios, lo que puede suponer en sociedades autoritarias anular las potencialidades democráticas de estas nuevas plataformas. Pero un paso adelante en Estados Unido o la Unión Europea marcarían la pauta, por mucho que Putin, Erdogan o Xi Jinping ejerzan una censura efectiva.

Responsabilidad de los medios públicos europeos es, sin pretender anular ni competir con las plataformas privadas, asumir esa tarea de construir sociedades más conectadas y abiertas de acuerdo con criterios de verdadero interés público.

Fuentes

Políticas de Facebook

La crisis de Facebook

Documentales

Lamentablemente, los documentales de la Noche Temática solo están un tiempo limitado en rtve.es, por lo que solo los he podido encontrar en inglés. Lo mismo, lógicamente, que los dos documentales de Frontline, el espacio de investigación de PBS, dedicados a la crisis en torno al escándalo Cambridge Analytica y, en general, al dilema de adoptar o no una responsabilidad editorial.

Contra la desinformación: por una burbuja informativa responsable, plural, reflexiva, reposada


desinformacion

Cada uno en su burbuja

Se habla mucho de noticias falsas, tanto que se ha convertido en un término arrojadizo para estigmatizar cualquier información que nos moleste, como hace Trump cada día. En realidad, el problema es la desinformación, la mala calidad, las insuficiencias, la poca contextualización, el sectarismo de las informaciones que consumimos dentro de nuestra burbuja, convertida en una cámara de ecos.

Lo primero es tomar conciencia de esa burbuja, para después sanearla y enriquecerla.

Sí, vivimos en una burbuja informativa

Siempre ha sido así.

Desde la cuna absorbemos los valores familiares y culturales; la educación posterior suele reafirmar esos valores, por mucho que favorezca el pensamiento crítico -si es una educación de verdad.

En la adolescencia y primera juventud revisamos nuestro lugar en el mundo, nos comprometemos emocionalmente con unos valores (no necesariamente los recibidos) y nos definimos como pertenecientes a una o varias identidades.

En nuestro desarrollo, asumimos obligaciones familiares y tareas laborales y profesionales. Y tenemos un determinado estatus económico, unos intereses y a menudo un patrimonio. Todo ello determina nuestra forma de mirar el mundo.

Esa mirada se confronta con las representaciones que de la realidad nos llegan a través de la información (en un sentido amplio, informaciones periodísticas, arte, música, literatura, cine, televisión, videos y hoy, de modo muy notable, videojuegos y publicidad). Intuitivamente, rechazamos todo lo que suponga una disonancia cognitiva.

Solo, cuando activamos la reflexión crítica somos capaces de enriquecer nuestro entendimiento, pero eso requiere esfuerzo y a menudo ponernos en cuestión a nosotros y nuestras identidades, con el consiguiente coste emocional.

Los liberales clásicos (Milton, Stuart Mill) pensaron que la verdad se impone en el libre mercado en el que se confrontan las ideas, pero ese libre mercado ha sido capturado por los medios oligárquicos dominantes. A partir de las ideas de Habermas, una escuela de pensamiento sostiene que una sociedad democrática exige una esfera pública de comunicación, no tanto donde se dilucide la verdad, como donde se debatan las decisiones comunes.

Este espacio público comunicativo ha venido definido a partir de mediados del XIX por los medios de comunicación masivos. Pero lo cierto es que, en ese debate, en el que a menudo no han estado todas las voces, la mayoría no ha participado activamente, sino pasivamente, con una percepción selectiva, concretada en la fidelidad a unos periódicos, unas radios, unas televisiones. Vivíamos en una burbuja conectada pasivamente a la esfera pública.

Hoy, nuestras burbujas mantienen una conexión débil con esa esfera pública que siguen definiendo los medios. No es que -como siempre-  solo confiemos en nuestros medios, es que desconfiamos de la mediación profesional del periodismo.

Creemos que nosotros somos agentes activos de la información porque subimos una foto de una manifestación o de un concierto, compartimos una información, un vídeo que despierta nuestras emociones o un meme que nos hace reír, damos al botón “me gusta” o comentamos una noticia. Pero no somos tanto generadores de información (salvo casos excepcionales), como engranajes activos de su distribución.

Resulta que nuestra burbuja personal se alimenta de nuestras decisiones conscientes (buscar y leer informaciones, ver un telediario) y, sobre todo, de un flujo continuo de información que nos llega a través de las redes sociales (consideradas en un sentido amplio, correo electrónico, Facebook, Twitter, Whatsapp, Telegram) controlado por algoritmos que, precisamente, buscan reforzar nuestros gustos, fobias y filias y emocionarnos, porque de este modo interactuamos más y entregamos más datos personales a estas plataformas (engagement). Luego los datos se convertirán en beneficios empresariales.

Vivimos, pues, en un nodo de una red unido a otros nodos de semejante perfil.

Nuestra burbuja está saturada de informaciones que no podemos asimilar y nos producen cansancio; informaciones en las que predominan las emociones sobre la razón; informaciones polarizadas y sesgadas, en las cada vez es más difícil distinguir la verdad y la mentira, producidas por los medios, los gabinetes de comunicación, los servicios de propaganda, los servicios secretos, individuos militantes y, las menos de las veces, por simples ciudadanos.

Captura

Una tipología de la desinformación. Tomada de MotherJones

Pautas para sanear nuestra burbuja informativa

Puesto que vivimos en burbujas informativas ¿podemos sanear nuestra burbuja personal y cooperar en reconstruir un verdadero espacio público?

Creo que sí, siempre que mantengamos la mente abierta, nos paremos a pensar antes de hacer clic y nos contentemos con la información que nos llega, en la mayor parte de los casos filtrada por algoritmos.

Las recomendaciones que siguen no están apoyadas en fuentes ni fundamentadas en datos y enlaces. De modo que, de acuerdo con las propias pautas, esta reflexión no sería fiable. Pero ello requeriría un mayor desarrollo del que se pretende aquí. Se anima a los lectores a que las complementen con sus propias fuentes. Son recomendaciones pensadas para personas comunes, no para periodistas que tienen conocimientos, experiencia y herramientas para luchar contra la desinformación de forma profesional.

En esta reflexión, los términos información o informaciones se remiten a mensajes referidos a la realidad y casi siempre a cuestiones de actualidad, no de ficción. Pueden ser informaciones periodísticas, entradas de blogs, tuits, actualizaciones de Facebooks, correos electrónicos, fotos, vídeos, mensajes de whatsapp etc.

Estas son algunas pautas (pragmáticas y no exhausitvas) para lograrlo. Todas ellas se resumen en una: seamos críticos con los “otros” y con “los nuestros”.

Reflexión

No te quedes en el titular. Lee toda la información. Confróntala con tus ideas y opiniones. Reflexiona.

No te dejes llevar por la emoción. No siempre tiene más razón quien más te emociona.

No te quedes en el acontecimiento, en el hecho aislado. Colócalo en un contexto, piénsalo como parte de un proceso.

Abre en una nueva ventana del navegador los enlaces incrustados en la información para revisarlos cuando termines de leer la información principal. Enriquecerás tu visión con informaciones complementarias.

Reserva las informaciones más largas y documentadas para una lectura posterior. La mayor parte de los navegadores tienen un botón para ello.

Verdades y mentiras

Ni todas las informaciones que son contrarias a nuestras posiciones son mentira, ni todas las que las refuerzan son verdad.

La primera operación para determinar la veracidad de una información es analizar su verosimilitud. La mayor parte de las informaciones inverosímiles son falsas, pero no siempre. Tampoco todas las informaciones verosímiles son verdaderas y muchos bulos se fabrican expresamente para parecer verosímiles.

Para determinar la verosimilitud hay que fijarse no solo en el mensaje principal, sino también en los detalles: fechas, lugares, costumbres, situaciones. En el caso de imágenes y vídeos hay que observar si hay elementos visuales chocantes, por ejemplo, posturas poco naturales, sombras donde no debiera haberlas, rótulos en lengua distinta del lugar en el que supuestamente ha tenido lugar el acontecimiento,

Muy importante es confrontar la fecha de la información con la fecha del acontecimiento. ¿Realmente lo que recibimos ha ocurrido ahora o es una recuperación interesada de algo ocurrido en el pasado que se quiere hacer pasar por presente? Por ejemplo, declaraciones que se dicen hechas hoy verano y el personaje aparece con ropa de invierno.

En caso de duda, coloquemos el titular, una frase o una imagen en la caja de búsqueda de Google y en mayor parte de los casos podremos reconstruir la historia de la información, dónde y cuándo se publicó por primera vez, la trazabilidad de la información.

Si una información “sensacional” (por ejemplo, un atentado, un magnicidio, la muerte de un famoso) no es recogida por ningún medio profesional el hecho será falso o todavía no está suficientemente contrastado.

Podemos recurrir a algún sistema de verificación. Para España, Maldito Bulo (https://maldita.es/malditobulo/) es la referencia para las informaciones virales.  Puede consultarse su página y se les puede enviar la información dudosa por Whatsapp al 655 19 85 38. O en Twitter incluir el enlace a la información y citarles (@MalditoBulo) y responderán automáticamente.

Si encontramos una información falsa, trasladémosla a un sistema de verificación como Maldito Bulo. Difundamos en nuestras redes un desmentido, con un enlace a la información que prueba la falsedad. Educadamente, comuniquemos al contacto que nos ha enviado la información su carácter falso. Difundamos informaciones verdaderas que contrarresten las mentiras.

Fiabilidad

La fiabilidad, el valor intrínseco de una información, más allá de la pura mentira, depende de sus fuentes.

Preguntémonos, en primer lugar, por la fuente de la que nos llega la información.

Nuestros amigos y contactos no son casi nunca el origen, ellos no son más que un eslabón en la cadena. Pero como los conocemos sabemos que unos son más serios que otros, más o menos reflexivos, más o menos exaltados. Desconfiemos de toda información que nos llegue de un contacto desconocido.

Si el origen está en un medio, confiemos más en los profesionales y bien establecidos, aunque no compartamos su línea editorial, que en los más sensacionalistas. Seamos críticos con las informaciones producidas por gabinetes de comunicación y servicios de propaganda y en general con toda información de parte.

Un segundo nivel es el análisis de las fuentes internas de la información: de donde salen los datos, quiénes y qué cualificación tienen los que opinan y cuáles son sus intereses o tendencias.  Si una fuente es presentada como experta, busquemos su adscripción a empresas, centros, organizaciones que pueda sesgar su supuesta imparcialidad.

Que la interpretación de los datos que haga la fuente sea contraria a nuestras opiniones no quiere decir que los datos sean falsos. Por ejemplo, un informe del Fondo Monetario Internacional puede recomendar bajar las pensiones (una política que nos puede parecer injusta y a la que nos oponemos), pero contener datos demográficos válidos.

Desconfiemos de los mensajes simples, sin argumentos ni matices. Es el caso de vídeos en los que personajes famosos o anónimos reiteran variaciones sobre un mismo mensaje hablando a cámara con mucha convicción. Suelen formar parte de campañas que pretenden el compromiso sin la reflexión. Lo mismo cabe decir de los memes (patrones de información simplificada que se comparten viralmente, una simplificación del concepto de Richard Dawkins).

Confiemos en las informaciones que presentan el mensaje en su contexto. En aquellos que se apoyen en datos, que se remitan a otras fuentes e incluyan los enlaces para acceder a ellas.

Desconfiemos de las informaciones llenas de gritos, exclamaciones, insultos, descalificaciones.

Desconfiemos de las teorías conspirativas.

Ruido

Nuestros amigos, contactos, seguidores… están ya saturados de información. Por tanto, pensemos si vale la pena compartir con ellos otra información más.

Que todo lo que comportas aporte valor. No compartamos obviedades, noticias antiguas, memes reiterativos. Comparte lo valioso, lo reflexivo. No rebotes lo que todos saben. Aporta algo propio.

No compartas nunca una información sin leerla previamente. No basta el titular o la foto o unos segundos de vídeo. Si no la hemos leído no podemos estar seguros de que sea valiosa.

No des “me gusta” sin reflexionar sobre el contenido de la información y la realidad a la que se refiere. ¿Nos gusta la información sobre un hecho luctuoso o injusto? ¿Nos gusta ese hecho?

No apoyes campañas digitales sin un verdadero compromiso, si no estás dispuesto a defender esa causa por otros medios y sin entender realmente de que se trata. No te dejes llevar por la emoción.

No uses listas de correo o grupos de Whatsapp para otros fines distintos para los que se han creado. No uses, por ejemplo, un grupo de vecinos creado para compartir las actas de la junta de propietarios para enviar noticias, chistes, apoyo a causas, memes, para defender tus ideas políticas o afinidades deportivas.

En una cadena de información no reiteres lo que ya se ha dicho. No añadas tras cada intervención emoticonos innecesarios.

No entres en polémica con trols, no respondas a sus groserías o provocaciones, no vale la pena, es lo que están buscando. Si te insultan o amenazan personalmente denúncialo en una comisaría.

Crea en la medida de tus posibilidades contenido nuevo que aporte datos y argumentos.

Cuando compartas una información valiosa, añade un comentario resaltando lo que te ha parecido más importante.

 Pluralismo

Sigue a fuentes valiosas y documentadas, estén o no de acuerdo con tus posiciones.

En Twitter, explora a quien siguen tus contactos para buscar fuentes interesantes.

Comparte informaciones que sean contrarias a tus posiciones cuando estén documentadas.

Periódicamente, echa un vistazo a medios, personajes o fuentes contrarias a tus posiciones, incluso aquellas no fiables o sectarias, en el caso de estas últimas para conocer los argumentos (fundamentados o no) a los que tendrás que responder en algún momento. (Sí, ya sé, es irritante).

Bloquea a trols y a todo el que en una red social tenga un comportamiento ineducado, pero no a aquellos que manifiesten posiciones contrarias a las tuyas.

Fuentes

Sin ánimo de exhaustividad, algunas fuentes orientadas más a periodistas que al ciudadano común.

 

 

 

El neofascismo de Bolsonaro arrasa en Brasil


bols_embed3

Jair Bolsonaro ha reunido tras de si a 18 millones de brasileños y se ha quedado a cuatro puntos de la mayoría absoluta para ganar la presidencia en la primera vuelta. Su triunfo en la segunda es casi seguro, pues, como apunta un analista brasileño que acabo de escuchar en RNE, ha logrado unir el voto antisistema con el voto anti PT.

El triunfo de este personaje atrabiliario, racista, misógino, homófobo, ignorante, defensor de la tortura, las ejecuciones extrajudiciales y la dictadura militar, tiene unas causas, en primer término, propias de Brasil: la corrupción de todos los partidos, la crisis vinculada a la caída de los precios de las materias primas, la movilización de las clases medias y alta contra la redistribución de los gobiernos del PT, la inseguridad y, destacadamente, el peso de los evangélicos y su visión conservadora de la familia.

Neofascismo vs. fascismo

El neofascismo (por favor, no le llamemos populismo) es un fenómeno global con una señas de identidad comunes, por mucho que en cada lugar adapten formas distintas.

El neofascismo, como el fascismo histórico, explota la inseguridad. Inseguridad económica: los perdedores de la globalización, el precariado de los países ricos después de décadas de políticas neoliberales. Inseguridad identitaria: sociedades multiculturales, cambio de roles de género. Inseguridad política: inestabilidad de los sistemas parlamentarios, pero esta es una característica no general.

El neofascismo, como el fascismo histórico, necesita un enemigo: el otro. El emigrante. El distinto en sus opciones sexuales. Las potencias extranjeras. Es, como en los años 30, ultranacionalista.

El neofascismo, como el fascismo histórico, apuesta por soluciones radicales, aparentemente eficaces a corto plazo, letales a medio y largo plazo. Proteccionismo, guerras comerciales, pena de muerte, violación de los derechos humanos.

El neofascismo, como el fascismo histórico, se aglutina en torno a personajes autoritarios. “Machos alfa” es una expresión repetida que los cuadra perfectamente.

El neofascismo, como el fascismo histórico, desata una guerra ideológica, en nombre de la restauración de los valores conservadores. Pero ahora el enemigo es difuso, líquido. No existen, ni a un lado ni a otro, movimientos organizados dispuestos a chocar violentamente.

El neofascismo, como el fascismo histórico, es transversal. Aglutina no solo a los perdedores de las clases trabajadoras, también a los sectores religiosos conservadores y a las clases medias educadas y cosmopolitas contrarias a políticas de redistribución, a jóvenes y viejos, hombres y mujeres. Y cuenta con el apoyo de la gran industra y los mercados financieros.

El neofascismo, a diferencia del fascismo histórico, no es totalitario. No pretende que el individuo se subsuma en el estado. Por el contrario, debilita el estado y le pone al servicio de grupos de intereses, conectados con el poder, al tiempo que favore el individualismo y mercantiliza toda la vida social, siguiendo la estela de las políticas neoliberales de las últimas décadas.

El neofascismo, a diferencia del fascismo histórico, mantiene una apariencia de estado de derecho. Llega al poder a través de las elecciones, no por golpes militares. Aparenta respetar la separación de poderes, pero controla de forma clientelista el judicial. No deroga las cartas de derechos fundamentales, pero introduce leyes de excepción que los restringen severamente. Denuncia las instancias interancionales de derechos humanos, como injerencias contra la soberanía. Mantiene un aparente pluralismo informativo, pero controla los medios públicos, y a través de testaferros o amigos políticos adquiere los medios privados. Las elecciones relativamente libres son el elemento más sustancial de estas democracias iliberales que dejan el estado de derecho convertido en una estructura vacía de sentido.

La historia, la estructura social y la solidez e independencia de las instituciones son decisivas para el desarrollo de este fenómeno global en cada lugar. Trump no puede actuar como Putin o Erdogan, porque está sometido a sistema de pesos y contrapesos. Salvini nunca tendrá el margen de maniobra de Orban, en un sistema parlamentario fragmentado como el italiano. Está por ver que Bolsonaro pueda seguir una política de crímenes de estado como la del filipino Duterte, en un Brasil como fuertes organizaciones sociales y jueces cada vez más celosos de su independencia. Pero si gana, esta nueva derecha brasileña llevará la guerra a las favelas y la muerte difícilmente quedará confinada en los barrios marginales, como ocurrió con la guerra al narco de Calderón en México.

Alguna lecciones comunicativas de la victoria de Bolsonaro

Bolsonaro, como antes Trump, era representado en un primer momento por los medios de referencia como un excéntrico, personaje políticamente irrelevante. Luego, como un peligro para la democracia, pero, finalmente, cuando obtiene el apoyo de grupos económicos y financieros se le presenta como el candidato de la derecha. En resumen, los medios de referencia normalizan el fascismo global.

Bolsonaro ha ganado las elecciones sin participar en un debate electoral en televisión. Esto no quiere decir que el poder de la televisión haya sido sustituido por la redes sociales. El candidato no ha estado en los debates, pero ha dominado la conversación pública tanto en las redes como en la televisión, sobre todo después de ser apuñalado. Ningún candidato ha tenido la cobertura televisiva de Bolsonaro.

No basta el activismo feminista para parar a estos personajes. Las mujeres brasileñas se organizaron en las redes y salieron a las calles por decenas, centenares, de miles, pero millones de brasileñas votaron por él. A lo que parece, su mensaje estrictamente de género no convenció a las mujeres que estaban dispuestas a votar a Bolsonaro por miedo a la inseguridad o rechazo al PT. ¿No debieran ser los movimientos contra el neofascismo transversales, inclusivos y dando respuesta a todos los desafíos que suponen? ¿Qué efecto tendrá en el voto de las norteamericanas el próximo 6 de noviembre la ratificación de un personaje como Kavanaugh como juez del Supremo?

En el Reino Unido no cesa la polémica sobre si la BBC cumplió su misión de servicio público sobre el referendum del Brexit. La Corporación respetó el pluralismo, dando voz a todas las opciones, pero mantuvo una falsa imparcialidad, sin contextualizar y sin someter las propuestas a un escrutinio riguroso que revelara las mentiras de las campañas pro salida de la UE.

En España lo sondeos apuntan a la consolidación electoral de la ultraderecha de Vox. ¿Debe darse cobertura a una formación extraparlamentaria cuando llena un gran recinto? Creo que sí, porque otra cosa significaría ignorar lo que se mueve en nuestra sociedad. Pero el riesgo es que, siguiendo con el periodismo de declaraciones, sin análisis, sin debate real, sin contraste con la realidad, estas propuestas conquisten la agenda y la conversación social. Que se normalicen las propuestas neofascistas, máxime cuando los partidos de centroderecha están en pleno giro a la pura derecha.

(Una lectura obligada, la conferencia de Umberto Eco Las 14 características del fascismo)

 

Verdades, mentiras y periodismo


Captura

Seminario en la UCM

Discenir entre el mundo real y el mundo percibido ha sido y es tarea central de la filosofía y la psicología. Buscar la verdad y desenmascarar la mentira en la vida pública es el núcleo de un periodismo ético… y hacer pasar lo falso por verdadero es una de las perversiones del periodismo. Alterar nuestra percepción es la finalidad de la propaganda, la publicidad, el marketing y las relaciones públicas.

Ayer asistí ayer al seminario que se recoge en la imagen de cabecera de esta entrada. La aproximación al fenómeno de la desinformación se hizo, claro, desde una perspectiva periodística, pero también, y esta fue para mi la novedad, desde la psicología. Por casualidad, a lo largo del día, encontré otros materiales dan una visión más global al fenómeno, más allá de las manidas fake news. Así que en esta entrada no voy a hacer una elaboración personal y me voy a limitar a recoger algunas ideas y sobre todo fuentes valiosas.

No llames fake news a las mentiras

Myriam Redondo nos recordó en el seminario cómo Trump ha convertido el término fake news en arma arrojadiza para descalificar cualquier información no ya crítica, sino simplemente no laudatoria. Redondo mantiene un excelente blog (Globograma) en el que desgrana herramientas, que ha recogido en su libro Verificación digital para periodistas.

Los medios y los periodistas (obligados o no) han sido factor de la actual desinformación. Recuperar la credibilidad perdida (Javier Mayoral indicó hasta 10 causas de nuestro descrédito) pasa por la verificación rigurosa con las viejas y las nuevas herramientas.

Fake news ha sido también la etiqueta con la que se han marcado las interferencias de Rusia en ecosistemas informativos para influir en resultados electorales. Interferencias, haberlas haylas, pero luego nos hemos enterado que mucho más relevantes fueron las realizadas por Cambidge Analytica. La visión de la información fabricada como una manifestación de la guerra híbrida está en este Documentos TV de factura danesa, Fábrica de mentiras (vídeo).

La UNESCO prefiere distinguir entre desinformación (información falsa creada deliberadamente), información errónea y uso sectario de la verdad. Aquí se puede descargar su manual de verificación para periodistas (pdf).

Los bulos han existido siempre, lo que cambia ahora es la viralidad, como recuerda este tuit de Anna Bosch, citando al general Sanz Roldán

La imagen también miente

He sostenido siempre que las imágenes no mienten, mienten los que las emplean. Pero ahora estamos llegando a un uso de la inteligencia artificial que permite cambiar las palabras e incluso el rostro y la apariencia de cualquier personaje en un vídeo. Y esta al alcance de cualquiera con una simpe aplicación descargable en el teléfono. Es el fenómenos del deepfake.

Sí, estos vídeos fabricados mienten y engañan nuestra percepción. Claro que como suelen mostrar a los personajes haciendo o diciendo algo contrario a su personalidad o trayectoria es fácil desconfiar de ellos y todavía existen herrramientas para detectar la falsedad. Pero el daño a la reputación e intimidad (por ejemplo las estrellas del espectáculo insertadas en escenas porno) puede ser irreparable. Y, sobre todo, puede que dentro de poco la falsificación, inteligencia artificial y learning machine mediante, sean tan sofisticadas que solo puedan desmontarse con herramientas de alta tecnología.

Un paso más atrás están las actuales experiencias de periodismo inmersivo, con el uso de realidad virtual. No niego la importancia de que el periodismo transite por este camino en el que, esencialmente, se busca la implicación emocional del espectador poniéndole “virtualmente” en una determinada situación o en el lugar de otro. De alguna manera es lo que ha venido haciendo desde hace décadas una de las escuelas del cine documental. Pero creo que el periodismo debe ser capaz de hacer un ejercicio bretchtiano, combinando la implicación emocional con el distanciamiento racional. En cualquier caso, aquí dejo esta guía de buenas prácticas sobre periodismo y realidad virtual de Frontline, el programa de periodismo de investigación de la rtv pública estadounidense PBS.

El sesgo viene de serie

En esa jornada de ayer, el profesor de psicología Rubén Sanz Blasco sintetizó los sesgos cognitivos mediante los que percibimos la realidad. Todos ellos podrían resumirse en el sesgo de la disonancia cognitiva. Nuestro sistema de percepción intuitiva, siempre en funcionamiento, no admite las disonancias, que resuelve transmitiéndonos una información en la que se concilian las diferencias perceptivas. Solo la intervención posterior de percepción racional, que exige la activación voluntaria, puede encontrar el posible engaño perceptivo.

La profesora de la Universidad de Nueva York Andrea Pereira nos trasladó los resultados de una interesante investigación, según la cual en la difusión de bulos o informaciones sectarias, el factor esencial es el acomodo a los objetivos estratégico del grupo con el que nos identificamos (en su caso, republicanos o demócratas) y no las creencias ni los perjuicios previos. Esta es la investigación, Identity concerns drive belief in fake news, en proceso de prepublicación y todavía sin revisión por pares.

Por la noche me encontré en La Dos este Documentos TV, ¿Verdadero o falso?, de producción nacional, que partiendo del relato de grandes simuladores como Enric Marco, explora los últimos desarrollos de las ciencias neurológicas y su implicación para nuestra percepción del mundo, de la verdad o la mentira. Fue una profundización en los conceptos que había expuesto el profesor Sanz. Os aconsejo que no os lo perdaís (este es el enlace). Es una lástima que RTVE ya no facilite el código para incrustar. Pero para compensar, inserto finalmente la última producción de Orson Wells, una aproximación al tema no desde la ciencia sino desde la ambigüedad y el humor del genial cineasta.

Guerra ideológica. Argumentación contra algunos mensajes del odio (III)


1389877356_video_no_hate_speech

En la guerra ideológica que se desarrolla en las redes sociales lo más grave es la asunción con la mayor alegría por gentes “de orden” de mensajes de odio, dedicados a estimatizar y deshumanizar al diferente, ya sea por su sexo, opción sexual, religión u origen. La mayor parte de estos mensajes se centran en los inmigrantes. La inmigración es el campo de batalla en el que se decide el destino de Europa.

En esta tercera entrada modestamente argumentaré contra algunos de estos mensajes relacionados con la inmigración y la islamofobia. Debo advertir que una verdadera refutación exigiría el uso de datos y fuentes, que superan el objeto de esta entrada.

No, los inmigrantes musulmanes no vienen para conquistarnos e imponernos la sharía. Los musulmanes, como todo migrante hueye de la guerra, la inseguridad, la persecución, o, simplemente, busca una vida mejor y más digna. Circula un mensaje que asegura que conforme crece su presencia en la sociedad, exigen que se respeten sus prácticas, contrarias a una sociedad libre y a la dignidad de la mujer, primero en su comunidad, para terminar imponiéndolas a toda la sociedad. Es la tesis de Houellebecq en Sumisión. En tal mensaje se dan unos porcentajes de musulmanes en países europeos que no se corresponden con la realidad y menos las políticas que se dicen han impuesto.

Sí, la interpretación conservadora que domina hasta el Islam más moderado entra en conflicto con el respeto a la dignidad de la mujer, una concepción no tan alejada de la propia del nacionalcatolicismo. La imposición no es la solución. La raya roja son los derechos humanos y las reglas de la convivencia democrática. Es aceptable el hiyab hasta en la función pública. Es aceptable el burkini y más si de esta manera las musulmanas disfrutan de playas y piscinas. No es aceptable el burka o el nikab, porque anulan la personalidad de la mujer y crea desconfianza en las relaciones en el espacio público. Es perseguible penalmente la ablación porque es un atentado a la dignidad de las menores. Debe castigarse penalmente cualquier forma de matrimonio forzado.

No, en el Islam no existe una autoridad central religiosa como el papado. Ninguna autoridad religiosa o moral de esta creencia puede dar consignas a todos los musulmanes para que invadan Europa.

Sí, existe una corriente islámica, profunda pero minoritaria, que quiere destruir la sociedad abierta europea. Su fuente última es wahabismo gobernante en Arabia Saudí (nuestro aliado y socio comercial) y sus manifestaciones van de Al Qaeda al Estado Islámico, pasando por la proliferación de células espontánteas y lobos solitarios que periódicamente realizan acciones terroristas. Pero como nos ha enseñado la lucha contra el IRA o ETA, contra el terrorismo no hay atajos. La violación de los derechos de los terroristas alimenta una espiral sangrienta. Solo cabe la constante, medida y profesional acción policial y el trabajo de integración en nuestras sociedades, para demostrar a los musulmanes que su religión no es incompatible con la democracia.

Sí, la libertad religiosa supone también derechos para otras confesiones, no solo para la católica. Una consecuencia es, por ejemplo, menús halal en cárceles, hospitales, colegios. ¿Cómo escandalizarse en un país en el que los obispos seleccionan a los profesores de catolicismo que serán pagados por el Estado o en el que las imágenes religiosas reciben honores militares y condecoraciones policiales?.

Sí, la mayor parte de los crímenes machistas son cometidos por extranjeros. Pero no, los medios no deben indicar el origen como dato relevante en estas informaciones porque supondría estigmatizar a estas comunidades.

No, no hemos logrado integrar a la segunda y tercera generación. Por mucho que hablen y se comporten como nosotros siguen siendo el moro, el negrata, el sudaca.

No, los emigrantes no son un peligro para nuestro estado del bienestar. En cuanto que jóvenes hacen un menor uso de los recursos sociales. Aumentan la masa de cotizaciones. Con el crecimiento de la emigración crece el PIB.

Sí, tenemos un problema con la inmigración:

  • Porque hay una inmensa brecha entre Europa y África, de riqueza, seguridad y bienestar.
  • Porque en el origen de esa brecha está en la esclavitud, primero y el colonialismo, después.
  • Porque nuestra demografía es declinante y la del Sur creciente.
  • Porque las culturas no se integran fácilmente.
  • Porque hemos olvidado que ayer nosotros eramos emigrantes.
  • Porque solo permitimos que lleguen como ilegales, y les empujamos a la marginación y la delincuencia.

Sí, tenemos una gran oportunidad con la inmigración:

  • Porque es la única manera de rejuvenecer Europa.
  • Porque necesitamos la mezcla, el mestizaje, tanto para revitalizar nuestra cultura, como incluso desde el punto de vista genético.
  • Porque permite reequilibrar la riqueza entre países y regiones y hacer el mundo más seguro.

Sí, en un mundo global en el que mercancias y capitales circulan libremente, emigrar es un derecho, que tiene que ordenarse:

  • Frente a la ilegal, facilitar el asilo y crear pasarelas de inmigración legal. Centros de solicitud de asilo allí donde se concentran los refugiados. Inversión en formación en los países de origen, con oportunidades de emigración para los formados en todos los niveles (formación profesional, técnica, universitaria).
  • No, no es una solución comprar a tiranos y sátrapas para que retengan a los que huyen del horror o buscan una vida mejor. Es ponernos en sus manos y permitir que sean ellos los que regulen el flujo migratorio.
  • Repartir entre regiones y países los flujos migratorios cuando se produzcan episodios puntuales, como manifestación de la solidaridad nacional y europea.
  • Invertir en integración, no permitir que aparezcan guetos, perseguir la discriminación, establecer reglas de discriminación positiva, favorecer la diversidad.
  • Exigir el respeto a las leyes y valores nacionales, pero crear organismos de composición y mediación que detecten tempranamente los conflictos.

Terminaré con una estrofa que leí en 1970 inscrita en un pupitre de la Facultad de Derecho de la Complutense. Los versos son de Chicho Sánchez Ferlosio, aunque allí aparecían atribuidos a Miguel Hernández.

Dicen que la patria es
un fusil y una bandera.
Mi patria son mis hermanos
que están labrando la tierra.

OTRAS ENTRADAS DE ESTA SERIE

Guerra ideológica (I)

Guerra ideológica. Argumentación contra algunos mensajes sectarios (II)

 

Guerra ideológica. Argumentación contra algunos mensajes sectarios (II)


CapturaLos mensajes sectarios forman parte de la guerra ideológica en que vivimos. En mi caso me llegan sobre todo por Whatsapp.

Lo más grave a veces no es la deformada interpretación de la realidad, que siempre se puede desenmascarar. Lo peor es el tono exaltado, la impostada indignación con que se acompañan.

Valga como desahogo la argumentación contra algunos de los más recientes. Una verdadera refutación exigiría manejar datos y fuentes, lo que supera el objeto de esta entrada.

No, Sánchez no es el okupa de La Moncloa. No, en un sistema parlamentario no gobierna el partido que ha obtenido más votos (la minoría mayor), sino el que obtiene más apoyos parlamentarios. Nuestra Constitución recoge la moción de censura constructiva (calcada de la Ley Fundamental de Bonn): no se puede hacer caer al gobierno salvo que la oposición o los distintos grupos de la oposición se pongan de acuerdo en un candidato que reuna mayoría absoluta.

Sí, Sánchez abusa del Decreto-Ley. Lo hace en menor medida que el resto de los gobiernos que le precedieron, pero en muchos casos parece que la urgente y extraordinaria necesidad lo es principlamente para sus objetivos electorales. No es el caso del RDL. sobre RTVE sobre el que ya he razonado la existencia del supuesto de urgente y extraordinaria necesidad y su extralimitación en algún aspecto.

No, no existe una purga profesional en RTVE, como asegura una plataforma de profesionales anónimos. Los directivos destituidos habían sido reiteradamente y documentalmente denunciados por manipulación por los órganos de participación institucional, los consejos de informativos. La gestión general de la Corporación es calamitosa. Incluso, alguno de los que aparecían en pantalla no llegaba a unos mínimos de telegenia. Por eso su destitución era urgente. Pero, atención, se ha mantenido al director de TVE, uno de cuyos méritos era haber sido jefe de comunicación de Alicia Sánchez Camacho. Los profesionales nombrados, todos de la Corporación, tienen méritos suficientes. Los directores de informativos han recibido el apoyo de más del 75% (RNE) Y MÁS DEL 95% (TVE) de los informadores, cuando los anteriores no llegaron al 10%.

No hay una purga en RTVE, pero da la impresión que la administración provisional está tomando ventaja de la situación para dejar todo “atado y bien atado” a la dirección definitiva que salga del concurso público. Lo que es urgente es regular la carrera profesional, para que los nombramientos sean incontestables.

No, en un país democrático los restos de un dictador no puede honrarse en una mausoleo público. Pero, no, no es una buena idea una Comisión de la Verdad, cuando la historiografía ha dejado perfectamente claros los crímenes del franquismo (sistemáticos, prolongados durante décadas después de la guerra) y los crímenes del bando republicano (en un contexto de desaparición del Estado).

Sí, hay que cerrar las heridas de la Guerra Civil. Lo esencial es dar sepultura a ls víctimas que todavía están en las cunetas y respetar la voluntad de sus familiares de mantenerlos o sacarlos del Valle de los Caídos. Es evidente que es muy díficil resignificar el monumento, pero ¿no es posible al menos un centro de interpretación que explique con criterios historiográficos su génesis?.

No, dos viejos combatientes del Ebro no pueden compararse con un nazi y un judío. En aquella batalla terrible unos luchaban por sus convicciones y otros, como mi padre, porque les había tocado. Pero todos combatieron con valentía y dignidad.

No, los lazos amarillos no pueden presidir las instituciones públicas. Los lazos independentistas son un ejercicio de la libertad expresión, pero no pueden identificar a instituciones que representan a todos. Suscribo la opinión de Joan Coscubiela. Tampoco una manifestación de la libertad de expresión puede monopolizar sine die el espacio público. Pero retirar los lazos no es libertad de expresión, sino provocación. “La libertad de expresión no justifica dar la voz de ‘fuego’ en un teatro abarrotado” -nos dejó dicho el juez Holmes. El constitucionalismo tiene el reto de construir símbolos tan potentes como el lazo amarillo. Por ejemplo, rodear el lazo amarillo con sendos lazos rojos, hasta componer la bandera española, como veo por un vídeo que me llega, claro, por whatsapp.

Sí, toda acción política es criticable, los políticos deben estar sujetos al escrutinio y es legítimo mofarse de ellos. Sí, se puede criticar el chalet de Iglesias y Montero y burlarse de la pareja. Pero no, no es legítimo llamar “cabeza con ruedas” a Pablo Echenique. Estamos a un paso (a dos, si se quiere) de la despersonalización, del untermensh nazi, de las cucarachas que para la Radio Mil Colinas era los tutsis de Ruanda.

No, los problemas de Venezuela y Nicaragua no se explican por una conspiración del Imperio. En el caso de Venezuela se acumulan las políticas erróneas durante casi ya dos décadas. En Nicaragua, Ortega respondió con bala a manifestaciones pacíficas. Todo ello sin descartar interferencias de Washington, que seguro que “haberlas, haylas”, como ha revelado el New York Times. Pero no, las protestas de Nicaragua no están movidas por una mano negra que quiere introducir las maras en el país.

Seamos críticos, defendamos nuestras posiciones, pero no seamos sectarios, no añadamos leña al fuego.

OTRAS ENTRADAS DE ESTA SERIE

Guerra ideológica (I)

Guerra ideológica. Argumentación contra algunos mensajes del odio (III)

A %d blogueros les gusta esto: