Fascismo 3.0


Germany Europe Nationalists

Cumbre de la ultraderecha. Pretty, Le Pen, Salvini, Wilders reunidos en Coblenza 21-1-16

Pretty, Le Pen, Salvini, Wilders. En la foto faltan al menos Farage, Orban, Kaczynski. Son los representantes del nuevo fascismo europeo. Sus santos patronos son Trump, Putin, Erdogan. Ya han vencido antes de disputar las elecciones. Fillon, Rutte, Seehofer, las derechas de siempre, llevan en sus programas lo esencial de las medidas de la ultraderecha.

Fascismo 1.0. Fascismo 2.0. Fascismo 3.0.

El fascismo 1.0, el de los años 20 y 30: el de Mussolini (1.1), ultraconservador y católico; el de Hitler (1.2) revolucionario y autodestructivo; el de los émulos de Mussolini en la Europa del sur y el este, los Franco, Salazar (1.3).

Fascismo 2.0: los nostálgicos del fascismo 1.0 y los pelotones de choque de jóvenes descerebrados, cabezas rapadas, siempre minoritarios, pero con una enorme capacidad de desestabilización.

Fascismo 3.0, el de American First, el del Brexit, el de regreso de los muros a Europa.

Todos los fascismos tienen un hilo conductor común: el miedo y el odio al otro. Hay que leer de nuevo El miedo a la libertad, la obra en la que Erich Fromm analiza, desde una perspectiva histórica y psicoanalítica, las pulsiones que llevaron a la clase media alemana a echarse en manos de Hitler.

Convivir con el diferente no es fácil sin una pedagogía social. Cuando desde los poderes políticos, religiosos y culturales (de un lado y otro) se exacerba la diferencia, el otro es confinado o se autoconfina en un gueto. Eran los guetos judíos de la Europa oriental de principios del siglo XX, o salvando las distancias, son los banlieus franceses. Pero cuando llega un cataclismo social entonces el otro ya no es simplemente alguien ajeno, sino el enemigo a eliminar.

En los 20 y los 30 el cataclismo fue primero la Gran Guerra y después la Gran Depresión. La clase media se entregó a las partidas de la porra, que sintió que la defendía de las masas obreras revolucionarias. Anuladas las libertades, exterminadas las fuerzas revolucionarias, la única manera de lanzar la economía era poner en marcha la máquina de guerra. Y proyectar el odio acumulado contra el otro, judío, gitano, homosexual.

Nuestro cataclismo ha sido una globalización que ha roto el pacto socialdemócrata y ha dejado atrás a las clases populares, un cataclismo con cuenta gotas que se ha exacerbado con la Gran Recesión: paro, precariedad, menores salarios, destrucción de los servicios públicos.

Las políticas europeas han marcado ya al chivo expiatorio. La falta de verdaderas políticas de integración, la política migratorio que prácticamente hace imposible el acceso legal a la fortaleza europea y ahora la negación del derecho de asilo, en palmaria violación de los tratados internacionales, muestran al migrante y al refugiado como un peligro.

A diferencia del fascismo 1.0, el fascismo 3.0 no propone sustituir la democracia por un sistema totalitario. Su pretensión es una democracia nacional, esto es, una democracia sin derechos para los otros, una democracia de identidad, una democracia de valores tradicionales excluyentes, con gobierno fuertes y desaparición de contrapoderes. La democracia de Putin y Erdogan. Una democracia autoritaria, que quiere acabar con lo bueno y lo malo de la globalización, con el cosmopolitismo, con el derecho y las instituciones internacionales.

En Estados Unidos todas las medidas de Trump (que como Hitler hace lo que dice) van en la dirección de esa democracia nacional. Ya veremos si los contrapoderes y la resistencia social le paran.

En Europa si Le Pen ganara la presidencia de Francia, la Unión Europea podría darse por liquidada. Las guerras comerciales que Trump va a desencadenar y la implosión de la Unión Europea podrían ser el verdadero cataclismo de nuestra tiempo. Y entonces las escuadras del fascismo 2.0 serían de gran utilidad a este fascismo postmoderno 3.0. Mientras tanto, inyectan sus políticas excluyentes en nuestra sociedad. Restricciones a la libre circulación, vallas, muros, rechazo del derecho de asilo.

¿Qué hacer? Desde luego resistir, resistir en el terreno en el que hoy se libra la batalla cultural, en el ciberespacio, en las redes sociales. Acoger, de acuerdo con nuestras posibilidades. No negar las realidades y los problemas, con cuestionamientos radicales del sistema que no conducen a ninguna parte. No es lo mismo Trump que Clinton. No es lo mismo Putin que Merkel. Si dejamos caer a la Unión Europea, rechazándola como expresión de la dominación neoliberal, con ella se irán nuestro derechos, nuestra prosperidad y nuestra paz.

PS. Ya que este artículo adolecía de enlaces, aquí dejo este artículo de The Guardian sobre la vigencia del pensamiento de Anna Harendt. Como uno de los estudiosos de Arendt dice si pensamos que el mal es una persona podemos confrontarlo, pero ahora el mal es banal y se manifiesta en una serie de decisiones cotidianas que poco a poco cambian nuestras vidas.

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5 comentarios to “Fascismo 3.0”

  1. Maria Lamuedra Says:

    ¡Hola Rafael! Estoy de acuerdo y sin embargo, ha sido la “deshumanización” neoliberal en la que los seres humanos sólo somos seres económicos la que ha abierto la puerta a estos valores fascistas, que son más humanos, pero claro, representan lo peor de la humanidad. No es igual Merkel que Putin, es cierto. Pero Merkel tampoco puede ser el camino. Ya se ha visto, ante Merkel Putin se hace fuerte. Ante Clinton Trump se hace fuerte. Nos hacen falta referentes de un modelo que saque, esta vez, lo mejor de nuestra tradición humanista: solidaridad, empatía, derechos humanos…. y todo lo que ya sabemos, pero que es tan difícil de poner en práctica en el mundo actual. Visto lo visto, no es que “otro mundo (mejor) sea posible”, es que no hay otra posibilidad (frente a Trump, Le Pen….)

  2. rafaeldiazarias Says:

    Pero no apostemos por el “cuanto peor, mejor”, cuanto más contradicciones muestre el sistema, más cerca estamos de construir el nuevo sistema… porque eso nos lleva a la catástrofe.

  3. pacoaudije Says:

    Estoy de acuerdo globalmente con el texto, pero me ha chocado bastante la siguiente frase:

    « Eran los guetos judíos de la Europa oriental de principios del siglo XX, o salvando las distancias, son los banlieus franceses ».

    Ni siquiera puedo estar de acuerdo incluyendo lo de “salvando las distancias”. Demasiada distancia entre una realidad y otra.

    Creo que hay otras comparaciones posibles con los guetos judíos. Pero eso no me pertenece ahora.

    En todo caso, en las barriadas y extrarradios franceses, puede haber diversos elementos y ejemplos de marginación; pero el término ‘gueto’ es casi siempre -sobre todo- periodístico. Mayormente en la prensa anglosajona, también en la francesa sí, pero ellos saben más de qué hablan. No es lo mismo Les Minguettes (en la aglomeración de Lyon) que Saint-Denis (cerca de París). Y Clichy tiene una realidad muy distinta a Clichy-sous-Bois o a Bondy (extrarradio parisino).

    En muchos de esos sitios el abandono es relativo. Nunca total. Sobre todo por la sociedad francesa (y sus múltiples asociaciones solidarias). Tampoco por parte de muchas autoridades locales, muchas de ellas muy implicadas en la mejora de la vida de sus convecinos, aliadas en las reclamaciones al Estado francés.

    Conozco varios de esos “guetos” desde hace años. Hay sub-barrios con burguesía, blanca o menos blanca, con empresas nuevas, con iniciativas culturales extraordinarios, con jóvenes emprendedores, donde uno se encuentra concejales que son activistas sociales, con centros de arte sorprendente, con escenarios para la música de todo tipo, con debates diarios.
    Así que creo que la comparación que citaba más arriba no es la más adecuada.

    Ah, y por cierto, se escribe “banlieues” (en femenino). “Lieu” es masculino; pero “la banlieue” es femenino.

    • rafaeldiazarias Says:

      Como siempre que se simplifica se falsea y se es injusto. Quería referirme a bolsas donde marginación y automarginación se cruzan. Ni en Francia, ni el Reino Unido, que era el otro caso que tenía en mente al escribir, nunca el Estado ha abdicado del todo y desde luego no la sociedad. Lo cierto es que ni la integración en los valores republicanos de Francia ni la multiculturalidad británica han funcionado del todo. Los medios refuerzan la marginación cuando estimagtizan a todo un barrio, como Molenbeek en Bruselas.
      ¡Qué difícil es el asunto! Lo que quería decir es que hay que luchar contra toda bolsa de marginación o automarginación, porque esos los focos que incendian la xenofobia de las clases populates. la verdad es que parece que no he acertado mucho.
      Gracias por el comentario y por la corrección ortográfica.


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