¡Ay Venezuela!


ojos-de-chc3a1vez

Los ojos de Chávez, que todo lo vigilan

Sólo unas elecciones libres, legislativas y presidenciales, pactadas con mediación internacional y celebradas simultáneamente pueden dirimir el duelo de las dos legitimidades que se disputan el alma de Venezuela.

Declaración previa de principios

He dudado mucho antes de escribir sobre Venezuela. Es entrar en un territorio minado, en el que es difícil decir algo nuevo. Demasiadas lecciones desde la barrera se dan ya estos días. Pero tengo una especial vinculación con el país. Mi padre, como tantos españoles, fue emigrante allí. Conservo familiares y he tenido alumnos venezolanos. Así que, con el mayor respeto para todos los venezolanos, dejo aquí mis modestas reflexiones, que en este caso no irán respaldadas por fuentes. Por favor, críticas sí, insultos no.

Detesto a todo tipo de caudillos, civiles y militares. Aborrezco a los salvadores y mesías. No creo en los pueblos como unidades místicas.

No me gustó Chávez, desde que en aquel febrero ya tan lejano febrero de 1992 le vi por primera vez en el vídeo de su rendición. Tampoco siento ninguna simpatía por Maduro, una versión más burda de su mentor -en la entrevista de Évole tengo que reconocer que resultó ingenuo y candoroso.

Creo que las llamadas libertades formales (los derechos cívicos) son absolutamente sustanciales para garantizar la dignidad y permitir la conquista de los derechos sociales y económicos. Y que los fines no justifican nunca los medios.

Dos legitimidades

Maduro y Guaidó se consideran presidentes legales. Maduro, como vencedor en unas elecciones presidenciales. Guaidó, como “presidente encargado”, que reconoce esas elecciones y considerar usurpada la presidencia por Maduro, alegando una alambicada interpretación de la Constitución. Ambos, más allá de razones jurídicas, invocan legitimidades más profundas.

Maduro, el pueblo, la revolución, la transformación del país (siempre esgrime índices internacionales de desarrollo favorables a Venezuela), la resistencia contra el imperialismo del que la oposición es lacayo, la insurrección (“guarimbas”) contra el gobierno legítimo. En definitiva, el carácter redentor de la revolución bolivariana.

Guaidó y la oposición, el sectarismo, la desestructuración social, la militarización, la corrupción, el abuso de poder, el caos económico, los presos políticos, los asesinatos por las fuerzas del orden y paramilitares, la corrupción, la emigración masiva. En resumen, su legitimidad no es redentora, como la de los bolivarianos, sino que se basa en la rebelión frente a la tiranía.

Desde el punto de vista de la legalidad, el chavismo ha roto el equilibrio de poderes, si bien es cierto que la Constitución no puede ser más farragosa.

De la manera más ingenua, Maduro explicó a Évole como después de la victoria de la oposición en las legislativas buscó en la Constitución la manera de neutralizar la situación. Y lo hizo convocando al poder constituyente en unas elecciones que, por primera vez desde la llegada de Chávez, reciben denuncias muy serias de fraude. Previamente, el Tribunal Supremo declaró en desacato a la Asamblea Nacional por no reconocer su fallo sobre tres escaños en disputa. Los intentos de poner en marcha un referéndum revocatorio fueron obstaculizados de todas las maneras posibles desde el poder electoral, controlado por el chavismo. Y partidos y candidatos de la oposición fueron inhabilitados electoralmente.

La oposición, o sus sectores más radicales, preconstituyeron desde el principio la prueba para declarar fraudulentas las elecciones presidenciales, algo de lo que, por cierto, advirtió en su día Rodríguez Zapatero. Llamaron al boicot, pero según las cifras oficiales votó más del 46%, casi el 68% por Maduro. Participación desde luego baja para Venezuela, pero homologable a nivel internacional.

A buen seguro en esas elecciones se registrarían irregularidades (por mucho que se realizaran no sé si 16 auditorías informáticas), pero entonces hay que denunciar esas irregularidades concretas y no darlas por supuesto antes de comenzar las votaciones. En cualquier caso, admitiendo todas esas irregularidades, tanto en lo referente a las condiciones de partida, como en el mismo proceso de sufragio, no se pueden ignorar los más de 6 millones de votos y el apoyo popular al chavismo.

Fuente de legitimidad chavista fue durante años la prosperidad del país, basada en la bonanza petrolífera. Y el reparto de esa riqueza hacia los más desfavorecidos. El progreso social de aquellos años no puede negarlo nadie. Pero el planteamiento de las “misiones” con una mentalidad militar concentra las fuerzas en un objetivo que una vez logrado no requiere mayor mantenimiento. No son derechos, es asistencialismo clintelar.

A la inversa, el caos de los últimos años  erosiona la legitimidad chavista. Maduro esgrime una supuesta guerra económica del Imperio. Desde 2015 Estados Unidos y la Unión Europea han bloqueado las cuentas de altos cargos chavistas, medidas que en nada afectan a la economía nacional. Es en agosto de 2017 cuando la administración Trump impone la primera sanción financiera verdaderamente perjudicial para la economía venezolana,  al prohibir la emisión de bonos por el gobierno de Venezuela y PDVSA. Cierto es también que una página web de Miami ha jugado un papel muy poco transparente en el desplome de la divisa venezolana.

Sí, se ha despilfarrado la riqueza petrolífera, lo que no es nada nuevo en Venezuela. Hace 80 años Uslar Pietri proponía “sembrar el petróleo”, pero siempre el país ha dependido de la renta petrolífera y de las importaciones del extranjero. Lo mismo con la inseguridad. Desde los años 60, Caracas, ha sido siempre una de las capitales más peligrosas del mundo.

Dos legitimidades, en definitiva, cada una con sus apoyos populares, su invocación a la justicia y sus argumentos jurídicos.

El alcance de los reconocimientos

Un gobierno puede optar por aceptar o no a una determinada legitimidad en otro territorio. En los usos diplomáticos, si la acción de un gobierno extranjero es contraria a los intereses o principios de otro, lo común es romper relaciones y retirar al embajador, en la mayor parte de los casos con una previa llamada a consultas -como ha hecho este jueves Francia con su embajador en Roma.

El axioma diplomático dice que se reconocen estados, no gobiernos. Franco, después del incidente del embajador Lojendio, no dejo de reconocer al gobierno de Castro, que era el que de hecho ejercía el poder en Cuba, simplemente retiró al embajador durante una temporada. Durante la guerra española, Francia y Reino unido mantuvieron un representante ante el gobierno de Burgos, pero no reconocieron a Franco hasta la caída de Cataluña y la huída del gobierno de la República a Francia. En otras palabras, el reconocimiento es enviar embajadores ante el gobierno que ejerce el poder efectivo, lo que no es el caso de Guaidó.

Vale la pena recordar la doctrina Estrada, que López Obrador recupera después de unos años de activismo de la diplomacia mexicana. Así la formuló el 29 de septiembre de 1930 el canciller Genaro Estrada ante los representantes diplomáticos de los países latinoamericanos:

“El gobierno de México no otorga reconocimiento porque considera que esta práctica es denigrante, ya que a más de herir la soberanía de las otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores pueden ser calificados en cualquier sentido por otros gobiernos, quienes, de hecho, asumen una actitud de crítica al decidir favorable o desfavorablemente sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros. El gobierno mexicano sólo se limita a mantener o retirar, cuando lo crea procedente, a sus agentes diplomáticos, sin calificar precipitadamente, ni a posteriori, el derecho de las naciones para aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades”

Se ha invocado estos días por los partidarios de Guaidó la llamada doctrina Betancourt, que informó dutante los sesenta la política exterior venezolana. Puede resumirse en esta cita del primer discurso presidencia de Rómulo Betancourt en 1959:

“Regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de los ciudadanos y los tiranicen con respaldo de policías políticas totalitarias, deben ser sometidos a riguroso cordón profiláctico y erradicados mediante acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica interamericana”

La doctrina Betancourt ha inspirado la acción de la OEA contra golpes de estado (derrocamiento de Aristide, autogolpe de Fujimori,  intento de golpe de Lino Oviedo en Paraguay) y favoreció el reforzamiento de las competencias de su secretario general, hoy el uruguayo Luis Almagro, uno de los más enérgicos acusadores de Maduro.

El reconocimiento del autoproclamado Guaidó tiene indudables efectos políticos – deslegitima y aisla a Maduro- pero ninguno diplomático, en tanto no se retiren los embajadores de Venezuela y se de el placet a los diplomáticos nombrados por Guaidó en estados y organizaciones internacionales. El arma más terrible de los países que han reconocido a Maduro es la imposición de sanciones financieras y congelación de cuentas estatales y de PDVSA.

La injerencia de Estados Unidos y la guerra fría

Todo indica, y así lo han reconocido destacados miembros de la oposición, que esta operación se ha fraguado en Washington. Y detrás de ella, además del estulto Trump, como ideólogo está John Bolton, que ya lo fuera de la invasión de Irak, y como ejecutor designado Elliot Abrams, quien también lo fue de la Operación Irak-Contra. ¿A dónde se puede ir con estos mentores?

Estados Unidos va a dar la batalla a Rusia y China en Venezuela. Venezuela paga los créditos rusos con petróleo y la rusa Rosfnet tiene importantes explotaciones en Venezuela. La deuda de Caracas con Pekín es de 60.000 millones de dólares. Cuba controla los servicios de seguridad. Según la agencia Reuters, que cita fuentes rusas, en Venzuela estarían destacados mercenarios del grupo Wagner para reforzar la seguridad de Maduro.

Los defensores internacionales de Maduro siempre sostienen que de lo que trata Estados Unidos es de hacerse con el petróleo de Venezuela. El petróleo venezolano ya no es una prioridad estratégica: supone un 7% de las importaciones norteamericanas (un 30% de las exportaciones para Venezuela) y es fácilmente sustituible en un contexto de creciente autosuficiencia de Estados Unidos. Pero sigue siendo un codiciado negocio para las empresas norteamericanas. Escuché en la radio una declaración de Guaidó en la que prometía mantener el caracte estatal de PDVSA, pero abrir el sector a la inversión privada. La misma política de la ley de hidrocarburos de Peña Nieto en México, que ahora López Obrador va a revertir.

En definitiva, un complicado tablero geopolítico lleno de trampas explosivas, que los países verdaderamente amigos de Venezuela debieran tratar de desactivar y no cebar.

No, no se dan las condiciones para una intervención internacional

En Washington se repite machaconamente “todas las opciones están abiertas”, como un eufemismo de intervención militar. Bolton muestra en su cuaderno ante los periodistas, de forma más provocativa que inadvertida, el enunciado “5.000 tropas a Colombia”.

Fuera de Estados Unidos nadie apoya formalmente una intervención militar, pero no faltan voces que defienden una ingerencia llamada humanitaria.  La idea de una injerencia justificada en razones humanitarias nació en los 90, ante el escándalo por la pasividad internacional por los crímenes cometidos en la antigua Yugoslavia y Ruanda.

En 2005 la ONU reconoció la doctrina de la responsabilidad de proteger: si los estados son soberanos, el reverso de esa soberanía es su deber de proteger a sus ciudadanos contra crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y genocidio. Si el estado no cumple con su responsabilidad la intervención está justificada, siempre que se den estas condiciones: Causa Justa, Intención Acertada, Último Recurso, Medios Proporcionales, Perspectivas Razonables y Autoridad Apropiada.

El secretario de la OEA, Luis Almagro, envió en junio de 2018, un informe a la fiscalía del Tribunal Penal Internacional un informe en el que se sostiene que en Venezuela se han cometido crímenes de intencionalidad política que pudieran constituir crímenes de lesa humanidad. La fiscalía no se ha pronunciado, pero en cualquier caso estos crímenes se sustanciarían ante el TPI. Solo la persistencia de su comisión y el cumplimiento de los otros requisitos mencionados legitimaría una intervención en nombre del principio de la responsabilidad de proteger.

Estados Unidos ha puesto en marcha una operación de envío de suministros (alimentos, medicamentos, suplementos nutricionales) por un valor de 20 millones de dólares. El primer envío ya está en Cúcuta, en la frontera entre Venezuela y Colombia y se anuncian otros envíos desde la frontera con Brasil y desde alguna isla del Caribe.

Que Venezuela está en una situación humanitaria límite es indudable. Si fuera inteligente Maduro dejaría pasar estas mercancías y exigiría que fueran repartidas con transparencia por una organización que nada tuviera que ver con la oposición y fuera aceptada por todos (¿Cáritas?). Prohibir el paso por “dignidad” es el mejor escenario para Estados Unidos y Guaidó. Ya tenemos un casus belli.

La situación me recuerda a la de los inspectores internacionales en Irak. Sadam Husein se negaba a las inspecciones a las que estaba obligado por la legislación internacional por ser una ingerencia a su soberanía. Bajo una presión brutal, por fin permitió la entrada de los inspectores, que certificaron que no había armas de destrucción masiva, pero la administración Bush siguió adelante con su campaña de embustes (recuerdo la bochornosa intervención de Powell ante el Consejo de Seguridad) y finalmente desató una invasión, con las consecuencias conocidas (destrucción y guerra sectaria en Irak, explosión del yihadismo, guerra de Siria).

¿Y ahora qué?

Cuando dos legitimidades se enfrentan en un país, si ambas son solidas, están bien cohesionadas, con apoyos externos bien definidos y sin vías de entendimiento lo más probable es el enfrentamiento prolongado con resultados terribles. Pero también  puede que uno de los bloques no sea tan solido y se derrumbe, bien de modo dramático, bien mediante un lento deterioro durante el cual va perdiendo adhesiones.

La Historia nos deja imágenes emocionantes de soldados o policías que se niegan a disparar contra una manifestación, haciendo colapsar un régimen opresivo. También la de la de generales que ayer adulaban al tirano y hoy le suplantan, juntas de jóvenes oficiales que apelan al pueblo y, la más dramática, ejércitos de lealtades partidas que se enfrentan en guerra civil.

Hasta ahora el apoyo de la cúpula militar a Maduro ha sido férreo, la disciplina de los uniformados se ha mantenido y los militares parecen haber hecho oidos sordos a la oferta de amnistía de Guaidó. Un golpe militar, por mucho que se hiciera bajo la promesa de elecciones no haría más que perpetuar el papel de la milicia en la vida política. Y peor podría ser un desplome de la línea de mando, que podría traer el enfrentamiento entre unidades y un caos generalizado, con grupos paramilitares sembrado el terror.

Las sanciones económicas serán devastadoras para la pauperizada Venezuela. Están diseñadas para que el régimen colapse… a costa de maás sufrimiento para los venezolanos.

La única salida sería la convocatoria simultánea de elecciones legislativas y presidenciales, propiciadas por el Grupo de Contacto (UE) y el Mecanismo de Montevideo (México, Uruguay y países del Caribe). Las posiciones de estas dos iniciativas diplomáticas son distintas, pero no divergentes. En la reunión de Montenvideo de este jueves el Grupo de Contacto defendió la celebración de elecciones libres y el Mecanismo de Montevideo la negociación entre gobierno y oposición.

No soy diplomático, pero se de las dificultades que tiene cualquier salida pactada a una crisis interna. Con todo, me permito pensar en una ruta que condujera a unas elecciones legislativas y presidenciales libres, para que el pueblo venezolano dirima el duelo de legitimidades.

Esta hoja de ruta podría pasar por la suspensión condicionada de las sanciones por tres meses, durante los que gobierno y oposición negocien el proceso electoral. Si se han conseguido resultados, la suspensión  se prolongaría otros tres meses hasta la celebración efectiva de las elecciones y la aceptación de los resultados por todos.

La negociación, facilitada por el Grupo de Contacto y el Mecanismo de Montenvideo, exigiría renovar el Consejo Nacional Electoral, con personalidades prestigiosas aceptadas por todos, garantías en la actualización del censo electoral y observación internacional.

El gobierno debiera de aceptar también la apertura urgente de canales de ayuda humanitaria gestionados por organizaciones independientes. Otro elemento sería la puesta en libertad de todos los detenidos sin cargos por manifestaciones de protesta, la aceleración de procesos y la mejora de las condiciones carcelarias. También se podría acordar la negociación después de las elecciones de soluciones de justicia restaurativa y una negociación económica al estilo de los Pactos de la Moncloa.

Y que sean los venezolanos los que decidan su futuro en paz.

 

 

 

 

Anuncios

Auschwitz ¿hoy más cerca?


baf6a730-82d2-48ab-b1ca-9e83907798e4

Placa original de carreteras. Exposición Auschwitz. No hace tanto. No muy lejos. Foto del autor

La visita a la exposición Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos me ha suscitado esta pregunta ¿estamos hoy de nuevo cerca de repetir esa maldad absoluta que fue Auschwitz?

Primero, mi impresión sobre la exposición

La experiencia del Holocausto y, en general, del genocidio nazi es indecible… metafísicamente hablando; pero la literatura testimonial es ingente, imprescindible, no ya solo para conocer el fenómeno, sino para comprendernos como seres humanos.

Que escribir poesía después de Auschwitz pueda ser un acto de barbarie, como sostenía Adorno, o que solo los muertos puedan considerarse como verdaderos testigos, como dijo Primo Levi, uno de los más notables testigos, no dejan de ser catas en la verdad más profunda, pero en nada desmerecen los relatos de las víctimas. Jorge Semprún narra en “La escritura o la vida” el desgarro, la tensión de la víctima para convertirse en narrador. Imprescindible este texto de Semprún en el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz.

Una de las formas del relato testimonial es el museístico. Cuando entrevisté a Imre Kertész me mostró su desagrado porque el campo principal (por el que había pasado un tiempo antes de ser trasladado a Buchenwald) hubiera sido convertido en un museo. Birkenau -me dijo- sí es auténtico.

Efectivamente, en Birkenau, cuando se deja atrás el castillete por el que pasan las vías por las que llegaban los trenes de la muerte, cuando se entra en los barracones que siguen en pie, cuando se llega a los restos de los crematorios volados, la experiencia es muy especial. Yo tuve la sensación de pisar tierra sagrada. La experiencia no fue tan intensa en el recinto principal, este sí convertido en museo. Pero, incluso en un museo, ¿cómo no emocionarse ante los cientos de maletas apiladas, cada una con un dirección que es como una flecha al punto de origen de aquel europeo asesinado? ¿cómo no sentir una repulsión profunda ante las madejas de pelo humano, subproducto económico de la máquina de la muerte?

Museos y exposiciones no pueden trasladar plenamente una experiencia, pero su misión es esclarecer, enseñar, recordar para no repetir. En este sentido la exposición de Madrid es magnífica. Sitúa el fenómeno es su contexto, profundiza en sus orígenes y recoge gran cantidad de testimonios audiovisuales de las víctimas, seguramente rodados en los años 80 y muchos de ellos probablemente ya muertos. Debiera de ser visita obligada para todos los estudiantes de secundaria. Por cierto, había varios grupos de adolescentes que se comportaban muy respetuosamente, mejor que algunos jóvenes que ví en Auschwitz haciéndose selfies. Recomiendo la visita antes del 17 de junio. Luego, la exposición organizada por Musealia rotará por 7 países, de modo que tardará en poderse ver de nuevo en España.

No hace tanto tiempo. Para los jóvenes y para mi cuando lo era, el Holocausto parecía un tiempo muy lejano. Y sin embargo, era mi tiempo. Por eso me emocioné cuando en las vitrinas vi las maquinillas de afeitar de las víctimas, semejantes a las que utilizaba mi padre, los termos con lo que las familias judias se embarcaban en el último viaje, muy parecidos a los que mi madre llevaba a las excursiones de mi infancia.

Una breve enumeración de elementos que me parecieron especialmente significativos. Una infografía de una publicación nacionalista alemana con las pérdidas de Versalles (20% de población, 10% de territorio, 1/3 de producción industrial…). La sucesión de los marcos de la hiperinflación (del billete de 1.000 al de 5.000 millones de marcos). La brillantez de la falsa modernidad del “Triunfo de la voluntad” de Leni Riefenstahl. La mención muy completa al genocidio del pueblo roma y las películas de su vida en centroeuropa en los años 20. Una entrevista de Gunther Grass a Hanna Arendt: “en torno a mi se fue haciendo el vacío”. Y la historia de Witold Pilecki, el militar polaco que se dejó hacer prisionero para ser internado en Auschwitz, donde organizó la resistencia y envió mensajes al exterior, para ser, finalmente, ejecutado por el gobierno comunista en 1948.

c1c0f161-d721-4d2a-991f-ee50dc9d3af7

Panel sobre Witold Pilecki en la exposición con fotos de identificación de Auschwitz y de la policía comunista. Foto del autor

Vectores que hoy apuntan a Auschwitz

El nazismo, Hitler, el Holocausto y los genocidios nazis fueron un fenómeno único, la potencia de la modernidad industrial al servicio del mal absoluto. No conviene abusar de los adjetivos nazi o fascista para condenar cualquier conducta de extrema derecha, ni considerar genocidio a cualquier violación de los derechos humanos.

Trasladémonos por un momento a los últimos años 20, o los primeros 30. Nadie, salvo Hitler y sus adláteres, tenían en mente Auschwitz, pero un observador atento -y muchos lo fueron- detectarían las tendencias que arrastraban a la barbarie.

Hoy, casi un siglo después hay preocupantes vectores que apuntan al horror.

Los genocidios

Desde el fin de la II Guerra Mundial hemos vivido unos cuantos, Camboya, Ruanda, Bosnia… Parecía que a finales de los 90 las potencias estaban dispuestas a crear mecanismos de defensa (Tribunal Penal Internacional, responsabilidad de proteger), pero los acontecimientos de los últimos años, desde la bushiana War On Terror en adelante, los han dejado inservibles. Y ante nuestros ojos se ha desarrollado el de los rohingyas, sin prácticamente freno más que el de una suave presión diplomática.

Los crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, apartheid

Si el genocidio es la más grave violación de los derechos humanos, a efectos de las víctimas no lo son menos los crímenes de guerra y contra la humanidad. Irak, Afganistán, República Democrática del Congo, Yemen, Siria. No solo no se combaten, sino que, como en la Guerra Fría, vuelven a instrumentarse por las potencias, conforme sus intereses estratégicos.

Caso especial es el palestino, víctima de todo tipo de violaciones de los derechos humanos y sometidos a un régimen de apartheid, que deshonra a Israel. Las víctimas convertidas en verdugos. Gaza, la mayor cárcel a cielo abierto del mundo. Y los medios españoles hablando de enfrentamientos y disturbios, cuando se dispara con munición explosiva contra manifestantes armados con piedras que se encuentran a 400 metros de los soldados. ¡Vergüenza!

La destrucción del multilateralismo y la carrera de armamentos

Por deficientes que fueran, los mecanismo del multilateralismos facilitaban una cierta estabilidad y una promesa de prosperidad compartida. Su ruptura nos ha traído ya tensión militar en las fronteras, una guerra comercial a punto de estallar en la que todos perderemos y una carrera de armamentos, incluidos los nucleares, una vez que se demuestra que los acuerdos están para no ser cumplidos.

Xenofobia e intolerancia religiosa

En toda Europa se impone la xenofobia, la negación del otro, especialmente el inmigrante. En lugar de invertir dinero y esfuerzos en integrar, en resolver los problemas de la sociedad multicultural, se elevan muros físicos (un gran negocio) y jurídicos. Mientras el Mediterréno se convierte en una fosa común.

El nacionalismo (España-Cataluña), el miedo a la diversidad en la propia sociedad (grupo de Visegrado), el racismo campan por Europa. En situaciones de crisis grave los inmigrantes, especialmente musulmanes, pueden ser los nuevos chivos expiatorios, los nuevos judíos.

Los radicalismos religiosos pueden subyugar las sociedades de origen, pero no doblegar a las sociedades libres. Sin embargo, en Europa yihadismo y xenofobia se retroalimentan.

El gran Hermano tecnológico

Estamos todavía lejos de la distopía de Orwell, pero el nuevo ecosistema virtual de Internet es, al mismo tiempo un potenciador de la libertad y la participación democrática, un factor de radicalismo y polarización y, cada vez más, un sistema de control -hasta ahora corporativo, pero puede llegar a serlo político- de nuestras vidas a través de los datos que sembramos en la red.

Las democracias iliberales

Rusia, Turquía, Hungría, Polonia. Mantienen elecciones formales, en el mejor de los casos libres, pero nunca limpias. Exacerban el nacionalismo. Pivotan sobre un hombre fuerte. Deterioran los equilibrios del estado de derecho. Combaten el pluralismo y la diversidad. Buscan anular el pensamiento crítico con el apoyo de las religiones. Y la Unión Europea no sabe como lidiar con sus miembros iliberales.

El modelo chino

Desarrollo y estabilidad sin libertad. Capacidad de planificación autoritara a largo plazo. Un modelo de aparente éxito, con gran atractivo para los países africanos.

La creciente desigualdad

Las sociedades demócraticas no se han recuperado de la Gran Recesión y son cada vez más desiguales. La polarización crece. Los que se quedan atrás son carne de cañón de la xenofibia.

Desastres mediambientales y calentamiento climático

Estamos agotando el planeta.  Una gran crisis medioambiental se puede llevar por delante a la humanidad, pero sin llegar a situaciones extremas, los refugiados ambientales crecen y un accidente en cualquiera de nuestras sociedades puede tensar la convivencia y propiciar la caída en el horror.

 

Si comparamos con los años 20 y 30 del siglo pasado, ahora no compiten dos grandes utopías (que se probaron distopías, el fascismo y el comunismo) . Y, sobre todo, al menos en Europa el uso de la violencia es ahora un tabú. Pero necesitamos la vacuna del recuerdo de Auschwitz. Y el pensamiento de mentes como la de Hanna Arendt, cuya entrevista incrusto aquí.

Una última reflexión ¿podría emitir hoy una televisión europea una hora de entrevista como esta como lo hizo la televisión alemana en 1964?

 

Reputación y líneas rojas en Siria


rkn-pp1nf_930x525__1

Otra vez el espectáculo de los misiles. El rayo hendiendo el cielo. La retórica de los de los cohetes inteligentes, de la precisión quirúgica. Una vez más el dedo que oculta la luna a la que apunta.

La operación  de Estados Unidos y sus aliados británicos y franceses ni tiene por objetivo terminar con el uso de las armas químicas, ni cambia el equilibrio estratégico de la guerra, favorable a Assad y sus valedores, Rusia e Irán. La razón última es preservar la reputación de los dirigentes y los países.

Antes unas reflexiones sobre el ataque químico en Duma y la legitimidad de la intervención.

¿Existió un ataque químico contra la población civil en Duma el pasado 6 de abril? Salvo, teorías conspirativas, propaladas por medios de la órbita del Kremlin, que sostienen que todo fue un montaje en vídeo, parece fuera de duda que los civiles sufrieron las consecuencias de un ataque con cloro y posiblemente sarín.

¿Quién fue responsable del ataque? No hay respuesta fiable hasta que la misión de la Organización contra la Proliferación de las Armas Químicas (OPCW) pueda realizar su inspección sobre el terreno. No caben más que hipótesis:

  1. Fue el Ejército de Assad el que bombardeó con armas químicas. La ventaja táctica obtenida sería irrelevante, porque el mismo resultado podía obtenerse con bombardeos convencionales, pero en cambio, con la guerra orientada a su favor, el ataque podría desatar, como así ha sido, una intervención. Desde luego, poca ventaja táctica para tanto riesgo estratégico. Por supuesto a Assad le trae sin cuidado la opinión pública de Europa y Estados Unidos, pero es un personaje racional, así que más que un desafío podría haberse tratado de una decisión sobre el terreno de algún mando militar.
  2. Las bombas de Assad volaron un almacén de sustancias químicas que se encontraba en poder de los rebeldes, que todavía controlaban una pequeña parte de Duma.
  3. Fueron los propios rebeldes los que hicieron explotar el almacén y orquestaron la consiguiente operación de propaganda.

Sin un informe experto e independiente no sabemos lo que ocurrió. Lo que está claro es que las supuestas pruebas que dice poseer Francia no existen. Caso contrario se mostrarían, aunque fueran un montaje tan poco afortunados como aquellos vídeos que mostró Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU, en las vísperas de la invasión de Irak.

Sin ese informe y sin una resolución del Consejo de Seguridad la acción es claramente ilegal. Pero hay quien -sostiene- que es éticamente legítimo ante el bloqueo del Consejo de Seguridad, porque un ataque químico viola las convenciones internacionales y sobrepasa los límites -la linea roja– de la decencia. Para que ello fuera así, primero, la responsabilidad del régimen sirio tendría que estar probada. Segundo, ser proporcionada y eficaz para evitar ulteriores usos de las armas químicas. Y, tercero, exigiría que se hubiera respondido con la misma decisión a gravísimas violaciones de las leyes de la guerra perpetradas por el ejército sirio, como, por ejemplo, el bombardeo desde helicópteros con bidones explosivos.  Eso sin hablar las muertes civiles ocasionadas por los bombardeso rusos y norteamericanos. No, la intervención ni fue legal, ni está legitimada éticamente.

Las líneas rojas no son éticas, son de reputación. Como ya he explicado en otras entradas, a menudo una gran potencia tiene que desarrollar una acción arriesgada que ni siquiera sirve a sus intereses estratégicos para demostrar que su poder es efectivo. La reputación era una idea fuerza de la política imperial de los Austrias. El cálculo erróneo de las potencias centrales al servicio de su reputación llevó a la Gran Guerra.

La principal línea roja en este caso es la de la reputación imperial de Estados Unidos. Rusia e Irán están siendo los vencedores estratégicos de esta guerra y el ataque con misiles no es más que una llamada escenográfica de atención, un aviso de que de esa victoria no pueden extraerse otras consecuencias más allá de Siria. Todo parece indicar que han sido los propios militares los que han impuesto la contención. Las previas declaraciones del Secretario de Estado Mattis, advirtiendo de los riesgos de desestabilización internacional, fueron significativas.

Claro que Donald Trump tenía su propia línea roja, no dar marcha atrás donde su antecesor reculó. En 2013 Obama también estableció la línea roja del empleo de armas químicas. Pero después, a pesar de poner en juego su credibilidad, adoptó una posición pragmática, negoció con Putin y logró un acuerdo multilateral que hizo posible la destrucción del arsenal químico (o buena parte de él) de Assad. Burlarse de Obama (una de sus obsesiones) lanzando “bonitos e inteligentes misiles” era una tentación muy fuere para Trump, pero los militares le refrenaron.

Para el Reino Unido la línea roja era mostrar que seguía siendo el aliado preferente de Washington, ahora, justamente cuando se prepara para romper sus vínculos con la UE. Theresa May no tenía un mayor interés particular, pues la acción puede dañar aun más su débil posición parlamentaria.

Y Macron tenía su propia línea roja: estar en la vanguardia de cualquier acción en la guerra de Siria. Se expresan aquí los intereses de Francia de estar presente en el escenario de Oriente Próximo, especialmente en Siria donde siempre tuvo intereses especiales, pero también los del nuevo De Gaulle que quiere ser el joven Macron.

Afortunadamente, esta intervención inane parece no haber dejado víctimas civiles ni militares.

 

 

Noticias falsas ¿sobrevaloradas?


Captura

Maine explosion caused by bomb or torpedo. Primera fake news (a la que siguió la declaración de guerra de Estados Unidos a España) que se invoca en la jornada Falsas Noticias. Confianza y configuración de la opinión pública en la época de Internet, organizada por la representación de la Comisión Europea y Denae (Madrid, 20 de febrero).

Que los bulos se han utilizado como propaganda bélica es tan viejo como la Historia. En el foro se ha intentado esclarecer las características y consecuencias del fenómeno en los tiempos de las redes sociales, los bots, los trolls, las guerras híbridas. Lo que sigue son las ideas manejadas que me parecen más esclarecedoras y mis propias conclusiones.

Lo nuevo

Ramón Salaverría ha acudido a las clásicas Ws. El qué es el mismo de siempre, una realidad que se presenta voluntariamente alterada. Lo que cambia son las otra Ws.  Quién: no sabemos quién está detrás, si las plataformas, organizaciones o gobiernos. Dónde: fuera de los medios, en una plataformas poderosas, pero que no se responsabilizan de sus contenidos. Cuándo: en momentos de crisis. Cómo: mediante la perversa combinación de algoritmos e información viral. Por qué: intereses económicos (plataformas), ideológicos (organizaciones), estratégicas (estados). Y puede ser peor, la inteligencia artificial favorecerá más la viralidad. La verdad se devalua, solo creemos lo que nos interesa.

Para Francesc Vallès lo nuevo es la dificultad de comprobar los hechos, la pérdida de credibilidad de las fuentes tradicionales y la desintermediación, la comunicación directa sin pasar por los periodistas. Lo importante es la emoción.

Todos los participantes han insistido en el valor del periodismo como contrapeso y de los periodistas como el gran valor de los medios, con lo cual no puedo estar más de acuerdo, pero que no deja de ser un brindis al sol, cuando las redacciones se masacran una y otra vez y se propone su sustitución por bots.

La seguridad

Las guerras de propaganda no son tampoco nada nuevo. Ahora, con la combinación de trolls y bots, resulta muy difícil atribuir a un gobierno una determinada campaña. El problema es que estas campañas de desinformación forman parte de la estrategia de guerras híbridas del Kremlin, que explotan y exacerban las contradicciones, divisiones y quiebras de las sociedades democráticas. Mira Milosevich citó a un preboste del KGB: “Busca tus vulnerabilidades y encontrarás al KGB”.

Los remedios

En la mesa jurídica se puso de manifiesto las dificultades del Derecho para dar respuesta a estos fenómenos. Vicente Moret propuso unas pistas de actuación, que despertaron bastante consenso. 1. Cultura digital para un ciudadano informado. 2. Mayor transparencia en las plataformas. 3. Autorregulación. 4. Regulación. Consenso también entre los participantes en que la intervención sea siempre mínima y cauta.

¿Están sobrevalorados los bulos?

Llevo tiempo pensando que las fake news, un fenómeno innegable, son sobrevaloradas por algunos medios porque, a) encajan bien en su líneas editoriales (todo lo que no es mainstream es populismo);  b) las noticias sobre las falsas noticias pueden convertirse en noticias virales; c) como chivo expiatorio de su propia péridida de credibilidad.

Sobrevaloradas, porque su infuencia real es incomparablemente menor a la de los medios tradicionales y sus enmarques de determinados acontecimientos. Podemos discutir el influjo de las noticias falsas propelidas por el Kremlin en la elección de Trump, pero lo que es indiscutible es el papel de Fox Tv como generadora de la burbuja ultraconservadora o de los realities como forjadores del personaje Trump. Las redes sociales sirvieron a las movilizaciones de las primaveras árabes, pero los cambios de las opiniones públicas se generaron durante años por Al Jazeera. Sí, no es irrelevante que en un tuit de Assange sobre Cataluña consiga 200.000 retuits, pero lo importante es TV3, con audiencias en algunos informativos del 23% y con años de un framing principal: “esto no es España”.

Sería absurdo reducir el fenómeno a la irrelevancia, o, peor, a alguna oscura conspiración. Hay que poner las noticias falsas en el contexto del total ecosistema informativo. No marcan las grandes tendencias, no son capaces de cambiar las tendencias profundas de la opinión pública, pero exacerban el peligroso fenómeno de la percepción selectiva, de la burbuja, de la cámara de ecos en la que todos estamos.  Los estudios demuestran que las redes sociales (después de las conversaciones personales) ofrecen mucha menos confrontación a nuestras ideas que los medios tradicionales.

Sí, en algunos momentos y lugares, estas campañas pueden ser decisivas. David Alandete recordaba como en Estados Unidos s se centraron en distritos electorales en los que unos pocos votos podían cambiar el resultado. Y sí, puede saltar del ciberespacio y de la opinión, a la acción, pero siempre de forma minoritaria, promoviendo movilizaciones convocadas por falsas organizaciones. Estas campañas tienen muy poca influencia sobre la opinión general, pero mucha sobre minoría muy polarizadas, que en determinadas situaciones pueden ser decisivas.

Las plataformas ¿servicios de interés general?

El letrado de las Cortes, Vicente Moret, ha apuntado que las plataformas de distribución de contenidos están maduras para convertirse en un nuevo sector regulado. Yo iría un paso más allá, creo que tienen todas las características para convertirse en un servicio de interés general en el sentido del derecho comunitario, como lo son, por ejemplo, los operadores audiovisuales.

Como se recordó por varios de los participantes, las plataformas son “patios privados” con derecho de admisión, con una condiciones que aceptamos en contratos de adhesión. No se trata solo de regular esas condiciones, sino incluso de garantizar su existencia como un servicio esencial. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si las pérdidas obligaran a cerrar Twitter, que se ha convertido en un canal periodístico de primer orden?.

A nivel de pura autorregulación, no creo que haya que exigir tanto un control de los contenidos como un comportamiento personal y genuino a sus usuarios (eliminar bots), mayor transparencia (identificación de los contenidos pagados) y mayor pluralismo y confrontación en sus algoritmos.

(El vídeo de la jornada está en este enlace en Periscope y un resumen, lógicamente fragmentado, puede revisarse con la etiqueta #forofakenews en Twitter. ENLACE A LA CONSULTA PÚBLICA DE LA UE).

Atentados de París: terrorismo, no guerra


1c0788a4-74e9-4390-9b07-7512a1d51cc0

Si esto es una guerra, los terroristas ya la han ganado

“Francia está en guerra” -dice Hollande. Y todos repiten, en Francia y fuera de Francia, “esto es una guerra”.

“War on terror” -dijo Bush. Y muchos (los mismos que hoy dicen que estamos en guerra) declararon entonces”estamos en una nueva era; hay que reinterpretar los derechos humanos”. Y vinieron Guantánamo, Abu Ghraib, la destrucción de Irak, Al Qaeda en Irak y el Estado Islámico.

Si esto es una guerra, los terroristas ya la han ganado.

Porque los estados democráticos se colocan entonces en su terreno de juego.

Porque les reconocen como beligerantes, no en términos de las Convenciones de Ginebra (esos molestos tratados que Bush reinterpretó), sino en cuanto que adversarios que encarnan unos valores que ponen en peligro los nuestros -nueva versión del Choque de Civilizaciones de Huntington.

Porque la guerra supone la limitación de los derechos en los que se basan nuestras sociedades y, por tanto, les estaremos dando la razón de que la democracia es una farsa.

Porque esa guerra no se puede ganar en casa usando medios militares.

Porque esa guerra librada militarmente en el extranjero es imposible de ganar sin soldados en el terreno y no queremos que ninguno de nuestros hijos muera en tierras lejanas.

Porque afrontar el terrorismo como una guerra generará más terroristas.

Debiéramos ya saber que no hay atajos contra el terrorismo. Que los GAL, la guerra sucia, legitima a los terroristas. Que la aplicación de normas de control basadas -de hecho, no necesariamente de derecho- en la raza o la religión no hacen más que castigar y enajenar a comunidades enteras. Que en España, con una legislación antiterrorista dura, pero en general bajo control policial, se pudo luchar contra ETA y condenar a los responsables de los atentados de Madrid.

Estado policial

Francia va introducir medidas que permiten a la policía o al ministro del Interior limitar derechos fundamentales: libertad de residencia y movimientos, derecho a la nacionalidad, libertad de expresión, secreto de las comunicaciones. Y la inmensa mayoría de la población las acepta. En el eterno debate entre libertad y seguridad se impone el miedo.

Una limitación temporal bajo condiciones estrictas es aceptable en cualquier democracia. El problema es si estas medidas se pueden prorrogar automáticamente o se incorporan a las leyes antiterroristas como limitaciones permanentes. Cualquier suspensión, reducción o limitación de derechos debe quedar bajo control judicial, si se quiere en el marco de procedimientos especiales, rápidos y simplificados.

Lo otro es aplicar la esencia del derecho totalitario: el derecho como arma contra el enemigo interior, las medidas de seguridad que imponen controles -penas y castigos de hecho- a los que se supone predispuestos a delinquir.

Y la policía, claro, se equivoca, pero esos errores letales quedan salvados bajo el manto de la guerra total. Jean Charles de Menezes era un pacífico inmigrante brasileño que la policía mató en una estación del metro de Londres, sin darle siquiera posibilidad de responder a un interrogatorio. Los titulares de entonces, 2005, decían “la policía mata a un sospechoso de terrorismo”. La familia ha luchado durante 10 años por lavar su honor y obtener la condena a este asesinato extrajudicial. Todo lo que han conseguido es que Scotland Yard sea multado con 175.000 libras por incumplir la Ley de Seguridad Laboral (los agentes estaban bajo presión para obtener resultados contra el terrorismo).

Las agencias de espionaje que libran la guerra encubierta también yerran. Jalid El-Masri, ciudadano alemán fue secuestrado en 2003 por la CIA en Macedonia, torturado y enviado a una cárcel secreta en Afganistán. Fue puesto en libertad cinco meses después en el marco de una investigación sobre “secuestros erróneos”.  Por no hablar de las armas de destrucción masiva o de los “falsos positivos” de Colombia.

Como en Nueva York en 2001 o en Madrid en 2005, ahora en París se han puesto en evidencia fallos policiales y problemas de coordinación entre cuerpos de seguridad y servicios de inteligencia. Que aumente el intercambio de información entre servicios europeos, establézcanse alertas tempranas, mayores controles de seguridad en acceso a lugares públicos o en las fronteras exteriores, pero respétense las garantías de los derechos. Eso es lo que justamente nos diferencia de las tiranías.

Los terroristas

Que europeos convertidos en yihadistas regresen de Siria es un riesgo adicional. Pero en esa falsa guerra el “enemigo” está dentro y se ha incubado en nuestra sociedades con marginación, humillación e intolerancia religiosa.

La integración republicana en la escuela ha fracasado porque, a diferencia de los años 60 o 70, la educación universal ha dejado de ser un factor de ascenso social. No es un problema tanto de pobreza como de rechazo. Un título escolar no garantiza el empleo, pero si el apellido es musulmán mucho menos. Frente a unas familias de valores patriarcales, los hijos caen en la droga y la pequeña delincuencia de los banlieus. La ideología yihadista es la redención de esa vida indigna, la recuperación del orgullo, como las maras puede serlo para los latinos perdidos en Los Angeles. En Europa, el mensaje religioso es imbatible: promete un paraíso directo dando vía libre al odio acumulado, a la testosterona contenida.

La infantería yijhadista sale de los banlieus  o de barrios como El Príncipe. Pero hay otra minoría, educados, profesionales (normalmente con títulos técnicos) que responden más a un impulso radical de justicia, ante la situación en Palestina, los bombardeos y matanzas (no importa que sean sectarias y no intervengan occidentales) en Siria, Irak, Afganistán. Salvando todas las distancias son lo que fueron los jóvenes de las Brigadas Rojas o de la Facción del Ejército Rojo en los 70.

No voy a discutir si el Islam es una religión de paz, no conozco el Corán ni las hadices; supongo que sí, que el Islam es paz y misericordia y estoy seguro que la inmensa mayoría de los musulmanes consideran estos hechos execrables. Pero el problema no es sólo el wahabismo radical infiltrado por el dinero del petróleo saudí en el islam europeo. El problema es que el discurso predominante del Islam conservador sigue considerando como abominables los valores de tolerancia, relativismo y laicismo de las sociedades europeas. Problema es ese padre que se niega a que sus hija haga gimnasia; mayor problema todavía es que teólogos que propugnan un Islam europeo se nieguen a estrechar la mano de las reporteras que les entrevistan.

Puede que mañana no exista el Estado Islámico o Al Qaeda, pero el potencial terrorista de estos jóvenes seguirá activo.

Así que hay un enorme trabajo por delante para hacer una sociedad verdaderamente intercultural, desde el diálogo y el respeto.

La guerra contra el Estado Islámico

Rusia, Estados Unidos y Francia bombardean al Estado Islámico en Siria. La única intervención legal es la de Rusia, que responde a la llamada del gobierno con reconocimiento internacional, el de Asad. A su vez, los bombardeos occidental en Irak son también legales, pues lo son a petición del gobierno de Bagdad. Sólo una autorización del Consejo de Seguridad de la ONU podría dar cobertura legal a todas estas operaciones. Tal como están las cosas quizá sea Barack Obama el que tenga más objeciones a esa luz verde, que para Putin significaría un aval de la política imperial de Rusia.

En cualquier caso, la guerra contra el Estado Islámico no se puede ganar desde el aire.Ni Estados Unidos, ni Rusia, ni Francia ni Gran Bretaña enviarán tropas. Saben que caerían en la trampa, que es una guerra sin batallas en la que siempre se pierde.

Todos los vecinos puede estar de acuerdo con aplastar al califato yihadista, pero desconfían de las tropas del otro. Los kurdos -la opción preferida en Occidente- están a su vez en guerra con Turquía y no pueden tomar territorios de mayoría sunní sin riesgo de reforzar a los yihadistas. Lo mismo ocurre con las milicias chiíes iraquíes, a falta de un verdadero ejército nacional. O de los voluntarios de Irán o Hezbolá, que serán tratados como invasores en zonas sunníes.

El proceso de paz en marcha pasa por aceptar transitoriamente a Asad, establecer un gobierno de todos con respaldo electoral (¿se pueden hacer elecciones en Siria?) y luchar juntos contra el Estado Islámico. Luego, quizá, Asad podría correr la suerte de Milosevic. Veremos.

Europa y los refugiados

Nada se sabía de los atacantes, pero muy pronto apareció un supuesto pasaporte de un sirio que había pasado por Grecia. Casi una semana después el asunto sigue sin aclarar, pero no importa, para muchos es la prueba de que el obispo Cañizares tenía razón (“no todos son trigo limpio”), que Orban tenía razón.

Si antes de los atentados se cerraban las fronteras interiores, ahora  que cada país quiere ser una fortaleza, en los fosos de esas fortalezas van a quedar centenares de miles de seres humanos cuyo delito es huir de la brutalidad yihadista, de los bombardeos de la coalición, de los bidones explosivos de Asad. ¿Se recuperarán los campos de internamiento como el de Rivesaltes en Francia en que penaron los republicanos españoles? Como la Jungla de Calais, esos serán lugares de vergüenza, pero también fuente de tensiones de todo tipo.

Europa está a punto de abolir la libertad de movimientos. ¿Quedará sólo el mercado único, como quiere Cameron?.

(Ya que esta entrada no tiene ni un solo enlace, recojo aquí al menos tres opiniones tres artículos que creo también rechazan la retórica de la guerra.

Verano del 14: Ucrania


Este verano del 14 la guerra ha vuelto a Europa. En la frontera con Rusia se desarrolla un conflicto que en parte reedita las luchas de la I Guerra Mundial, pero que, sobre todo, tiene paralelismos con las crisis que precedieron al gran estallido de 1914.

Ucrania, la frontera (pues esa es su etimología, común en los idiomas eslavos) es un territorio geográficamente dividido por el río Dniéper, más alla de cual, al este, se extiende la inmensa estepa. En el siglo IX el Rus de Kiev fue el primer estado que unificó a las distintas tribus eslavas de lo que hoy son los territorios de la Rusia europea, Bielorrusia y Ucrania. En este sentido, los nacionalistas rusos consideran a Kiev como su capital original y espiritual. En la edad moderna, Ucrania se convirtió en una de las zonas de fricción del imperio de los Habsburgo, del reino de Polonia, el imperio ruso y el imperio otomano. A partir del siglo XVIII Ucrania queda progresivamente anexionada a Rusia, pero con regiones del sureste (Galitzia) en poder del imperio austrohúngaro.

En esta frontera se desarrollaron hace 100 años las primeras batallas del frente oriental (la batalla de Galitzia ganada por los rusos). Después del colapso del imperio ruso, en Ucrania, ocupada por los ejércitos alemanes surgen distintos movimientos nacionalistas e intentos de estado independientes, que sucumben en medio del caos de una guerra civil en la que terminan por imponerse los bocheviques. En la II Guerra Mundial la invasión nazi propicia también el surgimiento de fuerzas nacionalistas de caracter fascistas. Con estos precedentes nacionalistas de la I y la II Guerra Mundial entronca el Maidan que derrocó a Yanukovich. Por tanto, la guerra civil que vive Ucrania tiene raíces en la I Guerra Mundial.

La crisis de Ucrania ha hecho retroceder a Europa no tanto a la guerra fría de la segunda mitad del siglo XX como a la Europa inestable de la primera década del siglo XX. Durante la guerra fría, las zonas de influencia estaban claras y el enfrentamiento aseguraba la destrución mutua. En los años que precedieron a la I Guerra Mundial las potencias libraron batallas limitadas, mientras preparaban los planes para la Gran Guerra. Parecía que en aquel mundo interdependiente una guerra total era imposible, pero nadie la descartaba.

Hoy la frontera de la tensión está otra vez en Ucrania. Putin apuesta porque Ucrania se convierta en un estado fallido, un estado tapón, para frenar la expansión económica, política y militar de Estados Unidos y la Unión Europea. Por de pronto, mientras al este de Ucrania se desarrolla una guerra civil con intervención rusa, los dos bloques comienzan una guerra económica que no se sabe como terminará, porque si realmente ahogara a Putin podríamos pasar a otra fase más caliente del conflicto. Los planificadores militares ya estarán trabajando. Pero hay una importante diferencia con 1914. Entonces los estados mayores tenían (al menos en las potencias centrales) una gran autonomía; prácticamente con sus planes presentaron la guerra a los políticos como un hecho ineludible. Las movilizaciones se concatenaron en aquel verano del 14 e hicieron la guerra inevitable. Afortunadamente, hoy, hechos tan graves como la anexión de Crimea no han merecido una respuesta militar. Veremos que ocurre este invierno con el gas.

Verano del 14: el Estado Islámico


Termina este verano del 14. Hace 100 años las grandes potencias luchaban por la hegemonía universal. Después de ocupar Bélgica en quince días, los alemanes son frenados en el Marne. El frente occidental se estabiliza y de la guerra de movimientos se pasa a la guerra de posiciones. Cuatro años de masacre en la trincheras que cambiarían el mundo, ese “mundo de ayer”, caracterizado por Stefan Zweig, con sus luces y sus sombras, como una época de progreso del humanismo frente al auge de la barbarie del periodo de entreguerras.  Si la primera fue, esencialmente una guerra de imperios, la segunda (25 años después y también en septiembre), también imperial, fue además una guerra ideológica.

Y aquí estamos, un siglo después, con conflictos sangrantes, que son o conscuencia del reparto del mundo que se produjo en 1918 (Oriente Próximo) o reproducen las tensiones las tensiones entre imperios (Ucrania) que la precedieron.

Oriente Próximo: el Estado Islámico

Reino Unido y Francia decidieron en 1916 repartirse los territorios árabes de Imperio Otomano en el acuerdo Sykes-Picot. Dividieron el Oriente Próximo en territorios bajo su dominio directo o en áreas de su influencia, traicionando (en el caso del Reino Unido) la promesa de una gran estado árabe, que había propiciado la rebelión contra los turcos. Aunque sufrió modificaciones, trazó las fronteras básicas de lo que hoy es el Próximo Oriente.

Sin el dominio británico de Palestina no habría habido declaración Balfour, colonización sionista de Palestina, Estado de Israel ni el conflicto árabe-israelí, epicentro de la inestabilidad de la zona desde hace 65 años, y que este verano ha vuelto a estallar en Gaza, la mayor cárcel al aire libre del mundo, con un nuevo episodio de crímenes conta la humanidad de Israel contra la población civil.

Británicos y franceses dividieron Arabia, Siria y Mesopotamia en estados nacionales donde lo que había era tribus y comunidades ancestrales con distintos credos y lealtades. Durante 100 años, las fuerzas centrípetas fueran neutralizadas por regímenes dictatoriales o autoritarios, siempre con el ideal de la unión del mundo árabe-musulmán (sunní) en el horizonte. Incluso los tiranos garantizaron protección a esa miriada de pequeñas comunidades frente a las mayorías.

La guerra de Siria, la pugna entre Irán (chiíes) y Arabia Saudí (sunníes) ha abierto una grieta por la que se colado el Estado Islámico (EI). Se han pulverizado las fronteras entre Irak y Siria (las fronteras Sykes-Picot) y de hecho  apuntan nuevos estados: un estado alauí (la Siria controlada por Assad), un estado kurdo (por el momento sólo con el Kuridistán iraquí), un estado sunní (el territorio sirio e iraquí controlado por EI) y un estado chíi (el resto de Irak).

Al fin de la I Guerra Mundial Mustafá Kemal convirtió a Turquía en un estado nacional y derogó el califato otomano, última encarnación del estado islámico universal desde Mahoma, pasando por los Abasidas o los Omeyas. El Estado Islámico ha proclamado el calificato, lo que supone la pretensión de que toda la comunidad islámica -la umma– reconozca su legitimidad político-religiosa y acepte someterse a su soberanía.

El Estado Islámico tiene como fuente doctrinal el salafismo derivado de wahabismo saudí, cuenta con la experiencia propagandista de Al Qaeda, la financiación de Qatar, las brigadas internacionales de los jóvenes yihadistas europeos y la adhesión de las tribus sunníes del norte de Irak, discriminadas por el gobierno sectario de Maliki. Todo ello le ha convertido en un poderoso actor internacional, con una base territrorial estratégica y un control sobre importantes yacimientos petolíefos,. Pero su surgimiento amenaza prácticamente a todos, dentro y fuera de la región, incluso a los que incubaron el engendro.

Proclamarse califa, como ha hecho Abu Bakr al-Baghdadi es reclamarse al mismo tiempo jefe político y religioso de todos los musulmanes sunníes -esto es, de todos los musulmanes, pues los chiíes son herejes a exterminar. Ninguna imán salafista está dispuesto a reconocer esa autoridad a un advenedizo. Es un peligro tanto para Estados Unidos como para Rusia, para Arabia Saudí como para Irán, para Qatar como para Egipto, para Assad y Erdogan, por citar sólo parejas de enemigos o adversarios. La coalición que busca Obama difícilmente se formalizará, pero funcionará en la sombra, aportando cada cual los elementos que dañen al Estado Islámico, y al tiempo no enaje sus respectivos apoyos internos (ya sean clanes, autoridades religiosas u opinión pública) y no beneficie en exceso al enemigo, aliado de circunstancias.

La historia de la región está llena de caudillos y mesías que en campañas sorpresivas se hacen con el control de amplios territorios y de centros políticos y religiosos, ya sea Damasco, Jerusalén o la Meca. Pero la historia también muestra como la mayor parte no pudieron soportar el empuje, coordinado o no, de sus enemigos. Otros, los menos, en cambio se convirtieron en el poder hegemónico durante varias generaciones.

A %d blogueros les gusta esto: