La participación, clave de un nuevo servicio multimedia que reconstruya el espacio público


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Fuente Mèta-Media

Los servicios públicos multimedia no pueden reemplazar a las redes sociales, pero deben ser una alternativa democrática, como sustentadores de un espacio digital común, un ciberespacio común, que reconstruya la esfera pública fragmentada.

Las plataformas sociales se han convertido en un nexo básico de nuestra sociabilidad y el canal por el que, de modo creciente, el público llega a las informaciones periodísticas, sobre todo en el caso de los jóvenes.

He razonado en una anterior entrada las razones para una regulación de estas plataformas en el derecho comunitario como servicios económicos de interés general. Pero ¿qué ocurriría si un día Twitter se cierra porque no cumple las expectativas de sus accionistas? O, algo que ya ocurre, ¿qué pasa si el algoritmo de Facebook reduce nuestra dieta de noticias, porque le resulta más rentable la interacción de los contenidos creados por los usuarios?

En toda Europa, las corporaciones públicas de radio y televisión hace mucho que entraron en la creación de contenidos multimedia y en su difusión en las distintas plataformas. Los académicos han pasado de referirse a los PSB (Public Systems Broadcasting, servicios públicos de difusión por radio y televisión) a hacerlo a los PSM (Public System Media, sistemas públicos multimedia).

El principal fundamento que legitima el cambio es el repensar el principio de universalidad: dar ahora a todos, en cualquier tiempo, en cualquier lugar, y en cualquier canal o plataforma contenidos e informaciones de calidad, imprescindibles para su vida como ciudadanos en una sociedad democrática.

Hasta aquí se trata de una adaptación del sistema de difusión vertical (audiencias) a un sistema de difusión personalizado. Pero la radiotelevisión pública ha sido más que un suministrador de contenidos, ha sido el principal delimitador del espacio público en las siete últimas décadas. Sigue siéndolo todavía, porque no olvidemos que congrega audiencias masivas. Pero gran parte de la conversación social, sobre todo de los más jóvenes, se ha trasladado a las plataformas tecnológicas. Unas plataformas que, en lugar de hacer realidad la utopía de una perfecta comunicación horizontal, han parcelado Internet en jardines vallados (dixit Tim Berners-Lee).

Por eso hoy esa función de foro público exige plantear los servicios públicos de comunicación como una manifestación de lo que se llamado public digital commons (Murdock, 2005).

Parte esta teoría de la distinción entre public goods, bienes públicos esenciales que requieren una intervención pública para su administración, de los common goods, bienes comunes, bienes también esenciales, que pueden ser directamente gestionados por los ciudadados. De modo que los primeros se gestionan en función del principio de autoridad, y los segundos en función de los principios de cooperación y participación. Evidentemente, estos bienes comunes exigen una continua negociación entre sus usuarios y en la mayor parte de los casos con las autoridades públicas, que pueden supervisar la cooperación.

Las redes sociales se basan en la colaboración y la participación, pero las conforman en función de los beneficios que obtienen recabando datos personales. Por eso, promueven con sus algoritmos las interacciones que más información facilitan del usuario y los contenidos que durante más tiempo le mantienen en ese jardín vallado.

El reto de los servicios públicos multimedia es gestionar la participación y la cooperación para crear un ciberespacio público de referencia, enlazado con el clásico espacio público de las grandes audiencias.

El nuevo PSM tiene que ser una mixtura entre el servicio público vertical (hijo de la Ilustración) y un servicio participativo basado en el ciberespacio, donde usuarios y comunidades negocien la participación. Un punto de entrada común, seguro, fiable, a un espacio digital en el que también pueden colaborar instituciones públicas y culturales: museos, universidades, archivos, bibliotecas.

Esquemáticamente, el servicio público multimedia como espacio digital común supone:

  • Enlazar el espacio público de las audiencias, esto es, la transmisión lineal de los contenidos, con la personalización de los contenidos interactivos;
  • Recuperar y reforzar el tradicional derecho de acceso a la programación de grupos significativos con la promoción de contenidos creados por ciudadanos, movimientos y organizaciones, distribuidos en línea de forma personalizada;
  • Enlazar y cooperar en este espacio común con instituciones públicas que promuevan contenidos culturales y de interés para el debate público;
  • Conocer y poner en el centro de toda su estrategia al ciudadano (prefiero ciudadano a usuario) para lo que es necesario recabar sus datos;
  • Utilizar los datos personales solo en el propio ámbito, por tiempo limitado, siempre con expresa autorización del particular y sin posiblidad de explotación ulterior comercial o política;
  • Centrar todos los contenidos en la óptica de la mejora personal y social, nucleados en torno a las grandes cuestiones de debate público;
  • Servir a las grandes audiencias formación, entretenimiento e información de calidad, buscando el alcance y el servicio, no el share en prime time;
  • Lograr la difusión personalizada de los contenidos sin caer en la viralidad;
  • Experimentar narrativas y lenguajes;
  • Llevar la participación a la gestión del propio servicio.

Todo ello no es nada fácil. En primer lugar el deseo de participación que se le supone al público está sobrestimado. Dar al botón de “Me gusta”, colgar un selfie o reenviar un meme no es creación colaborativa ni participación en el debate público.

Una estrategia puede ser crear su propia plataforma social: un perfil  que diera acceso a los contenidos de vídeo y audio bajo demanda, invitara a participar en debates lineales o no lineales, a producir contenidos, responder a cuestiones estratégicas sobre el servicio e incluso elegir representantes para órganos de participación ciudadana.

Por el momento, los servicios públicos europeos no puede prescindir de las redes sociales, especialmente Facebook, YouTube, Twitter y otras en menor medida. Algunos servicios usan las redes sociales para remitir a sus sitios web, otros crean marcas nuevas (Funk en Alemania, Playz en España). No cabe duda que para llegar a los sectores más jóvenes hoy el canal más eficaz es YouTube.

En principio, al servicio público le importa el alcance, no porque canal se llega al público. Pero, la estrategia off-site tiene riesgos indudables: adaptar las narrativas a la lógica comercial, perder la marca pública y hacerse dependiente de estrategias y algoritmos creados por las plataformas. ¿Y si, por ejemplo, YouTube, decide expulsar un día a los canales públicos, o, cómo ya hace, los agrega un aviso que les estigmatiza como financiados públicamente?.

Estamos todavía en los primeros pasos de la transformación de los PSB en PSM. Para que los viejos servicios públicos de la radiotelevisión construyan ese nuevo ciberespacio común se requiere un notable esfuerzo de gestores y creativos, transparencia en la gestión, reequlibrio de los recuros entre canales lineale y no lineales, y, sobre todo, un importante debate público. Pero solo el servicio público hará lo que el mercado ya ha demostrado que no puede hacer.

Fuentes

En esta larga entrada he preferido no incrustar enlaces. Recojo, a cambio, aquí, una serie de trabajos académicos recientes, que he tenido en cuenta para redactar estas reflexiones.

 

 

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Regulación de las plataformas sociales como servicios de interés económico general


not_facebook_not_like_thumbs_downAsí que Facebook guarda los registros de todas mis llamadas y sms… ¡Me doy de baja!

Esta fue mi reacción, borrar mi cuenta de Facebook, como han hecho miles de personas (#deletefacebook) en protesta por el escándalo de Cambridge Analytica: los datos de 50 millones de perfiles en manos de una compañía de estrategia electoral, decisiva para la victoria de Trump (y parece que también para el Brexit). Finalmente, no lo he hecho. Dedico muy poco tiempo a Facebook, pero tengo algunos contactos que perdería si saliera de la plataforma.

Dicho en téminos no personales: las plataformas tecnológicas se han convertido en un elemento esencial de sociabilidad, crean las distintas burbujas comunicativas de las que dependemos para nuestras relaciones sociales y profesionales… y de las que recibimos una parte esencial de la información que  construye nuestra percepción de la realidad. Y todo ello gobernado por unos algoritmos, diseñados para promover el máximo beneficio para estas empresas tecnológicas. Podemos desconectarnos, pero corremos el riesgo de quedar al margen del pálpito de nuestra sociedad (mejor sería decir, de nuestras diversas comunidades).

Como ocurriera con los ferrocarriles, la energía o las telecomunicaciones, un servicio desarrollado primariamente por compañías privadas se convierte en un elemento esencial de desarrollo social y económico. Llega entonces la intervención pública, bien en forma de regulación o, de forma más radical, como declaración de servicio público.

Estos son los elementos que convierten a estos servicios en algo más que un servicio privado:

  • Explotan una materia básica, los datos personales, que, mediante la aplicación de técnicas de inteligencia artificial, se transmuta en valor social, económico y político, que modela nuestras sociedades;
  • La extracción de esa materia prima entra en conflicto con los derechos de la personalidad (a la imagen, a la vida privada, a la integridad y el control sobre nuestros datos);
  • Tienen una posición de dominio en sus mercados (83% de las búsquedas Google, 60% de la publicidad Facebook);
  • Controlan mediante algoritmos la burbujas sociales en que se fragmenta el espacio público (difusión de información, interacción), previa destrucción del ecosistema mediático.
  • Desarrollan prácticas tributarias depredatorias para el estado de bienestar;
  • Desarrollan innovación disruptiva, que destruye empleo;
  • Se apropian de la creatividad de sus millones de usuarios y solo en algunos casos (YouTube) la retribuyen.

Estos servicios se regulan mediante contratos privados de adhesión, con expresa remisión a la jurisdicción norteamericana y a menudo a las leyes del Estado de California y la única supervisión de estas empresas es la Comisión de Comercio de Estados Unidos. En lugar de las leyes nos censuran algoritmos, que deciden lo que es legítimo o no difundir. Frente a ellas no tenemos más que costosos y complejos procediemientos civiles a desarrollar… en California.

Nacieron estas plataformas de una matriz libertaria capitalista, en un momento donde las regulaciones de los servicios esenciales se van haciendo cada vez más tenues. Además, y esto es sustancial, su actuación es transnacional.

Ningún estado puede de forma individual intentar regular su actividad. Pero sí podría la Unión Europea dar un paso adelante declarándolas servicios de interés económico general, lo que posibilitaría la imposición de determinadas obligaciones de servicio público, de modo semejante a como los servicios de telecomunicaciones están sometidos a obligaciones como prestadores del servicio universal.

No se trata tanto de establecer  una norma especifica, como de tomar en cuenta las especificidades de estos servicios en los distintos campos regulatorios. Facebook no puede, por ejemplo, tener las mismas obligaciones respecto al tratamiento de los datos de sus usuarios que, por ejemplo, un dentista con respecto a los de sus pacientes.

La regulación más específica debe referirse a los contratos de adhesión, para simplificarlos, hacerlos más claros y sencillos y reequilibrar la relación empresa-usuario. También establecer que la jurisdicción competente sea la del país del usuario.

La gestión de los datos debe entregarse al usuario de forma sencilla y transparente, con la posibilidad de recuperar y eliminar todos sus datos de la red social. Puede que estas obligaciones estén ya presentes en las directivas europeas y en las legislaciones naciones, pero requieren de mayor concreción.

Regular las redes sociales no puede significar censura. Ejercer cualquier tipo de control sobre los contenidos, ya sea privado -como de hecho hacen las redes, especialmente Facebook- o público, dañaría irremediablemente las sociedades democráticas. Luchar contra la noticias falsas, una manifestación del fenómeno más amplio de las noticias falsas, no tiene una respuesta sencilla ni unívoca. El Grupo de Alto Nivel de la Comisión Europea (pdf informe) propone para luchar contra la desinformación:

  • Mejorar la transparencia de las fuentes de la información en línea;
  • Promover la educomunicación;
  • Desarrollar herramientas para que periodistas y públicas puedan afrontar la desinformación;
  • Salvaguardar la sostenibilidad del ecosistema mediático europeo
  • Promover la investigación.

No hay soluciones mágicas. Por ejemplo, transparencia respecto a las fuentes puede ser indicar, como ha empezado a hacer YouTube en Estados Unidos, que un canal de televisión se financia con fondos gubernamentales. No es lo mismo la BBC, que RT, pero en todos los casos un disclaimer semejante parece advertir que hay algo perverso en la financiación pública, lo que no deja de traslucir un perjuicio del algoritmo, o, mejor dicho, de sus programadores.

Las obligaciones de servicio público que la regulación puede imponer en el derecho comunitario a un servicio económico de interés general siempre serán limitadas. Por eso, para garantizar un interés público más allá de los intereses privados están los servicios públicos; en el campo de la comunicación los PSM (Public System Media), la transmutación de los viejos servicios públicos audiovisuales. A su función de reconstructores del espacio público dedicaré una próxima entrada.

Noticias falsas ¿sobrevaloradas?


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Maine explosion caused by bomb or torpedo. Primera fake news (a la que siguió la declaración de guerra de Estados Unidos a España) que se invoca en la jornada Falsas Noticias. Confianza y configuración de la opinión pública en la época de Internet, organizada por la representación de la Comisión Europea y Denae (Madrid, 20 de febrero).

Que los bulos se han utilizado como propaganda bélica es tan viejo como la Historia. En el foro se ha intentado esclarecer las características y consecuencias del fenómeno en los tiempos de las redes sociales, los bots, los trolls, las guerras híbridas. Lo que sigue son las ideas manejadas que me parecen más esclarecedoras y mis propias conclusiones.

Lo nuevo

Ramón Salaverría ha acudido a las clásicas Ws. El qué es el mismo de siempre, una realidad que se presenta voluntariamente alterada. Lo que cambia son las otra Ws.  Quién: no sabemos quién está detrás, si las plataformas, organizaciones o gobiernos. Dónde: fuera de los medios, en una plataformas poderosas, pero que no se responsabilizan de sus contenidos. Cuándo: en momentos de crisis. Cómo: mediante la perversa combinación de algoritmos e información viral. Por qué: intereses económicos (plataformas), ideológicos (organizaciones), estratégicas (estados). Y puede ser peor, la inteligencia artificial favorecerá más la viralidad. La verdad se devalua, solo creemos lo que nos interesa.

Para Francesc Vallès lo nuevo es la dificultad de comprobar los hechos, la pérdida de credibilidad de las fuentes tradicionales y la desintermediación, la comunicación directa sin pasar por los periodistas. Lo importante es la emoción.

Todos los participantes han insistido en el valor del periodismo como contrapeso y de los periodistas como el gran valor de los medios, con lo cual no puedo estar más de acuerdo, pero que no deja de ser un brindis al sol, cuando las redacciones se masacran una y otra vez y se propone su sustitución por bots.

La seguridad

Las guerras de propaganda no son tampoco nada nuevo. Ahora, con la combinación de trolls y bots, resulta muy difícil atribuir a un gobierno una determinada campaña. El problema es que estas campañas de desinformación forman parte de la estrategia de guerras híbridas del Kremlin, que explotan y exacerban las contradicciones, divisiones y quiebras de las sociedades democráticas. Mira Milosevich citó a un preboste del KGB: “Busca tus vulnerabilidades y encontrarás al KGB”.

Los remedios

En la mesa jurídica se puso de manifiesto las dificultades del Derecho para dar respuesta a estos fenómenos. Vicente Moret propuso unas pistas de actuación, que despertaron bastante consenso. 1. Cultura digital para un ciudadano informado. 2. Mayor transparencia en las plataformas. 3. Autorregulación. 4. Regulación. Consenso también entre los participantes en que la intervención sea siempre mínima y cauta.

¿Están sobrevalorados los bulos?

Llevo tiempo pensando que las fake news, un fenómeno innegable, son sobrevaloradas por algunos medios porque, a) encajan bien en su líneas editoriales (todo lo que no es mainstream es populismo);  b) las noticias sobre las falsas noticias pueden convertirse en noticias virales; c) como chivo expiatorio de su propia péridida de credibilidad.

Sobrevaloradas, porque su infuencia real es incomparablemente menor a la de los medios tradicionales y sus enmarques de determinados acontecimientos. Podemos discutir el influjo de las noticias falsas propelidas por el Kremlin en la elección de Trump, pero lo que es indiscutible es el papel de Fox Tv como generadora de la burbuja ultraconservadora o de los realities como forjadores del personaje Trump. Las redes sociales sirvieron a las movilizaciones de las primaveras árabes, pero los cambios de las opiniones públicas se generaron durante años por Al Jazeera. Sí, no es irrelevante que en un tuit de Assange sobre Cataluña consiga 200.000 retuits, pero lo importante es TV3, con audiencias en algunos informativos del 23% y con años de un framing principal: “esto no es España”.

Sería absurdo reducir el fenómeno a la irrelevancia, o, peor, a alguna oscura conspiración. Hay que poner las noticias falsas en el contexto del total ecosistema informativo. No marcan las grandes tendencias, no son capaces de cambiar las tendencias profundas de la opinión pública, pero exacerban el peligroso fenómeno de la percepción selectiva, de la burbuja, de la cámara de ecos en la que todos estamos.  Los estudios demuestran que las redes sociales (después de las conversaciones personales) ofrecen mucha menos confrontación a nuestras ideas que los medios tradicionales.

Sí, en algunos momentos y lugares, estas campañas pueden ser decisivas. David Alandete recordaba como en Estados Unidos s se centraron en distritos electorales en los que unos pocos votos podían cambiar el resultado. Y sí, puede saltar del ciberespacio y de la opinión, a la acción, pero siempre de forma minoritaria, promoviendo movilizaciones convocadas por falsas organizaciones. Estas campañas tienen muy poca influencia sobre la opinión general, pero mucha sobre minoría muy polarizadas, que en determinadas situaciones pueden ser decisivas.

Las plataformas ¿servicios de interés general?

El letrado de las Cortes, Vicente Moret, ha apuntado que las plataformas de distribución de contenidos están maduras para convertirse en un nuevo sector regulado. Yo iría un paso más allá, creo que tienen todas las características para convertirse en un servicio de interés general en el sentido del derecho comunitario, como lo son, por ejemplo, los operadores audiovisuales.

Como se recordó por varios de los participantes, las plataformas son “patios privados” con derecho de admisión, con una condiciones que aceptamos en contratos de adhesión. No se trata solo de regular esas condiciones, sino incluso de garantizar su existencia como un servicio esencial. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si las pérdidas obligaran a cerrar Twitter, que se ha convertido en un canal periodístico de primer orden?.

A nivel de pura autorregulación, no creo que haya que exigir tanto un control de los contenidos como un comportamiento personal y genuino a sus usuarios (eliminar bots), mayor transparencia (identificación de los contenidos pagados) y mayor pluralismo y confrontación en sus algoritmos.

(El vídeo de la jornada está en este enlace en Periscope y un resumen, lógicamente fragmentado, puede revisarse con la etiqueta #forofakenews en Twitter. ENLACE A LA CONSULTA PÚBLICA DE LA UE).

Lecciones comunicativas de la victoria de Trump


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La victoria de Donad Trump ha causado una gran conmoción entre periodistas, medios y estudiosos de la comunicación. Medios y periodistas (liberales) se preguntan qué han hecho mal y los comunicólogos por qué no fueron capaces de predecir el fenómeno. El debate está siendo muy vivo en todas partes, especialmente en Estados Unidos.

Esta es mi síntesis personal de las lecciones que se desprenden de este debate.

1. La victoria de la televisión basura

Berlusconi era el dueño e ideólogo de la televisión basura y convirtió la política italiana en un reality, donde él era siempre víctima de una conspiración comunista.

Trump es una de las grandes creaciones de la neotelevisión. Se ha hecho asimismo no como hombre de negocios (eso le venía de herencia) sino como celebrity, con sus matrimonios y divorcios y, sobre todo, como protagonista de un programa de telerrealidad. Desde su trono prepotente gritaba a los aspirantes “You’re fired” “Estás despedido”. Ahora puede despedir a todos los que se le opusieron y nos está diciendo a todos los que en cualquier lugar del mundo creemos en valores de igualdad, justicia y tolerancia “Estás despedido tú y tus valores”.

¿Puede cualquier estrella de la telerrealidad hacer una carrera política con éxito? Bueno, Berlusconi y Trump ya eran millonarios. Hay ejemplos de presentadores de televisión que, por ejemplo en Brasil, han saltado a la política. Las estrellas de la telerrealidad son tan zafios, ignorantes, agraviados, indignados, deslenguados como cualquiera de nosotros. Su potencial de identificación es gigantesco. Sólo necesitan alguien que los modele, les marque el rumbo político y por supuesto los financie. Hitler no hubiera llegado a ninguna parte sin el dinero de la gran industria alemana. Cada sociedad tiene su propias característica, por tanto no deben hacerse traslaciones deterministas, pero, sí, un Trump puede surgir en cualquier parte, con más probabilidad de éxito en países con instituciones débiles y sistemas de elección directa de los candidatos.

Las televisiones trataron al candidato como celebrity que atraía audiencia con sus ocurrencias y salidas de tono. Le hicieron la campaña (al menos la de las primarias republicanas) gratis.

La televisión basura crea personajes, pero, sobre todo, modela los valores de una sociedad. Esos valores han sido el caldo de cultivo de Trump.

2. Vivimos en burbujas ideológicas

Todos queremos vernos reafirmados en nuestras posiciones y confrontados lo menos posible. Por eso siempre cada cual  ha buscado el medio que más se ajusta a sus opiniones y estilo de vida. Esta recepción selectiva cuestiona la idea de la esfera pública comunicativa, sobre la que tantos hemos reflexionado a partir de las ideas de Habermas.

Esa recepción selectiva venía en gran parte neutralizada por la idea de medios profesionales, con una línea editorial, sí,  pero con un compromiso con un periodismo de calidad, del que se esperaba que diera voz a todas las tendencias y fueran capaces de ilustrar e investigar las grandes cuestiones sociales. El paradigma de ese periodismo profesional era Estados Unidos, mientras que en el sur de Europa seguimos en un periodismo polarizado (Hallin y Mancini).

En los 80 el fenómeno de las talk radio de extrema derecha se generaliza en Estados Unidos. A finales de los 90, las cadenas de cable de información continua, a semejanza de Fox, se polarizan en la opinión. Mientras, los informativos de las grandes cadenas se llenan de soft news,  estilo, dietas de adelgazamiento, moda y tendencias. Si quieres informarte por televisión tienen que pasarte a un canal por cable y lo que encuestras allí no es información, sino opinión polarizada.

Las burbujas ya existían antes de las redes sociales. Lo que han hecho las redes sociales es hacerlas más fiables. No confiamos en los medios, pero sí en cualquier cosa difundida viralmente y que nos llega de un amigo o un conocido. Y más opacas. Los algoritmos que hacen circular una información son secretos. Si antes los medios asentaban su fiabilidad en la profesionalidad, ahora los redes sociales la fían a la tecnología. Pero los algoritmos los hacen empresas con intereses y posiciones políticas e ideológicas. Resultado, una burbuja azul (demócrata) y una burbuja roja (republicana).

Encerrado cada uno en su burbuja, la verdad ya poco importa, el candidato se acepta como un todo, aunque nos molesten algunos de sus mensajes. Muchos anunciar la “era de la postverdad”. Esperemos que no sean más que unos agoreros.

3. Los medios se diluyen en las redes sociales

Los medios norteamericanos se encuentran en pleno examen de conciencia. ¿Sometimos al candidato Trump al escrutinio que requería? Sí, lo hicimos, dicen The New York Times y el Washington Post, pero de nada sirvió. Todas las grandes cabeceras periodísticas (salvo The Wall Street Journal) se posicionaron editorialmente contra Trump.

Los medios son los grandes suministradores de información de las redes sociales, pero esa información llega descontextualizada y filtrada. En la esfera roja como mucho llegarán las reacciones en contra de las investigaciones que  revelaban los distintos pufos de Trump.

¿Han dejado los medios de influir en la opinión pública? Es pronto para dar una respuesta, pero está claro que el concepto de medio, como una visión coherente del mundo, se pierde en las redes sociales.Y siguiendo el principio de que ” si no puedes vencer al enemigo, únete a él”, los medios cierran acuerdos con las redes sociales para sindicar contenidos, en un movimiento que puede ser suicida. Al menos, los norteamericanos han reaccionado aumentando las suscripciones a los periódicos.

4. El discurso del odio ya es aceptable

Si el candidato puede azuzar el odio contra el otro, nosotros, invocando la libertad de expresión, también. Se acabó la era de la corrección política, sin duda a a menudo empalagosa y mortal para el pensamiento crítico, pero respetuosa del otro y los derechos humanos

Bienvenidos a la era del sectarismo.

* Por supuesto la victoria de Trump responde a complejas causas y no puede explicarse exclusivamente por los cambios en el ecosistema mediático.

Algunas fuentes sobre el debate

#nosvanadarperobien: encuadra que algo queda


Seguramente todo está dicho, pero me atrevo a añadir algunas matizaciones respecto a la importancia del encuadre, las redes sociales y el valor de Periscope para el periodismo.

El montaje de Antena 3

La información apesta. Lo que se presenta como una exclusiva se basa en la filtración de unas imágenes de un viaje público. ¿Quién captó esas imágenes? ¿La policía? ¿El CNI? La información no menciona ninguna fuente.

Se trata de un viaje a un encuentro público en el que participaron centenares de personas de todo el mundo y del que, incluso, Anna Gabriel hizo en su momento la crónica. Por tanto, nada de exclusiva.

Todos conocemos las conexiones en su origen entre Podemos y el régimen bolivariano, pero la información intenta establecer una conexión entre Venezuela-CUP-ETA. Por parte de Podemos asiste alguien que en aquel momento ni siquiera formaba parte de sus órganos de dirección. Que el padre y suegro de etarras participe en un mismo acto se presenta como un indicio de la conexión de los movimientos políticos anticapitalistas con el terrorismo. Me atrevería a decir que esta información forma parte de una campaña lanzada en la que están implicadas ciertas instancias policiales para hacer imposible un pacto entre PSOE y Podemos.

#nosvanadarperobien

Por eso el comentario (y el gesto) de Sandra Golpe no me parece falta de profesionalidad, sino la reacción que cualquier periodista hubiera tenido ante tal montaje. Demuestra que por mucho que se esté al servicio de una política editorial no se pierde conciencia de los desafueros cometidos.

Encuadra que algo queda

La reacción en las redes sociales es muy vistosa, pero no pasa de los fuegos artificiales. Se indignan los que ya están indignados. Se desacredita para una parte de la población el periodismo, al que tanto consideran la voz de su amo.

Lo cierto es que todos los medios se hacen eco de la información y que al día siguiente todos los políticos tienen que pronunciarse sobre la conexión régimen bolivariano-CUP-Podemos-ETA. Objetivo cumplido. Todos hablamos de lo que ellos quieren y colocamos a Podemos (y por extensión a cualquier acuerdo del PSOE con Podemos) en el marco del terrorismo. Os recomiendo la lectura de este libro de George Lakoff, uno de los teóricos de la teoría del framing, “No pienses en un elefante” (no son más que 100 páginas, se lee en muy poco).

Periscope y el telediario en directo

Periscope es una herramienta estupenda para retransmitir en directo cualquier acontecimiento. Además, su potencia reside en su vinculación a twitter. Os recomiendo su uso siempre que participéis en un evento que pueda tener interés para vuestra comunidad en Twitter.

El peligro es convertir cada segundo de nuestra vida (y la de los demás) en un flujo continuo de vídeo. Todos convertidos en el Gran Hermano colectivo.

Para los medios puede tener muchas utilidades. Anticipar una transmisión en directo y hacer más transparente nuestro trabajo (véase https://twitter.com/BBCOS). Por ahí parece que quería ir Antena 3, pero en lugar de usar Periscope para, por ejemplo, mostrar una reunión de redacción, se ha utilizado para dar la visión interna del estudio durante la emisión del informativo. En principio no está mal, pero el problema es que los presentadores necesitan mostrarse como son, relajarse, atusarse o chillar al realizador entre presentación y presentación. La emisión de un telediario conlleva mucha tensión que se concentra en los presentadores. Los presentadores tienen derecho a dejar de representar mientras corre un vídeo, sin que un ojo subrepticio les espíe.

Stalin, Sadam, Gadafi, Chávez, Maduro

Todos promovieron y pagaron encuentros internacionales a los que asistieron reputados intelectuales, defensores de justas causas mundiales que no supieron o no quisieron ver la verdadera naturaleza de los regímenes que les acogían.

No quiero decir que ponga a los dirigentes venezolanos al mismo nivel que a Stalin, Gadafi o Sadam. Chávez puso fin a un sistema político corrupto e injusto y convirtió en sujeto político a los desheredados, pero creó un sistema clientelar, polarizó y destruyó la sociedad civil e incurrió en graves violaciones de los derechos humanos y basó el desarrollo exclusivamente en un petróleo en precios estratosféricos. Y Maduro, con su mediocridad, heredó un sistema insostenible. Y lo peor es que la mayor parte de la oposición que ahora domina el legislativo lo que quiere es una revancha.

No puedo desarrollar aquí ahora con más detalle el análisis del régimen bolivariano. Lo que está claro es que las conexiones en sus orígenes del núcleo dirigente de Podemos con Venezuela e Irán (un país que merece juicios muy matizados, pero que desde luego no es un modelo de derechos humanos) no favorece al actual Podemos. Y sus enemigos van airear estas conexiones, las van a magnificar y van a intentar que se conviertan en el centro del debate político.

De la maleta mexicana a Instagram


Exiliados republicanos en el campo francés de Barcarès en marzo 1939 – Robert Capa

Navacerrada, junio 1937 – Gerda Taro

Misa en el frente vasco, febrero 1937 – Chim

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Allí están las tres cajas de cartón en una vitrina. En su interior, perfectamente ordenados, los rollos de película que nos cuentan historias de una vieja guerra y de un país, España.

Es la maleta mexicana. Su rocambolesca trayectoria y la importancia de estas tres cajas para la historia de la fotografía han sido sobradamente contadas (en este blog lo hizo Francico Rodríguez Pastoriza). Ayer tuve oportunidad de ver la exposición itinerante que ha recalado en el madrileño Círculo de Bellas Artes.

Imagino la emoción cuando este tesoro llegó a las manos de los investigadores. Para mi fue como recuperar esas cajas de cartón llenas de viejas fotos que aparecen en el fondo de un armario familiar.

Fotos que vuelven a la vida y a la juventud a los que ya no están. En este caso, imágenes que nos retrotraen a un tiempo no vivido -el de la guerra civil- que ha gravitado, sin embargo, tan directamente en nuestra generación, la de los hijos de los protagonistas. Fotos que hacen vivir a tantos jóvenes que vieron sacrificadas sus vidas. Y a tres jóvenes fotógrafos, Chim, Taro y Capa, que se convirtieron en mitos con estas instantáneas. Una oportunidad para que los jóvenes (mayoría ayer entre los asistentes) recupen las instantáneas de la tragedia.

Emoción para alguien como yo, hijo del viejo oficio de fotógrafo, al ver los rollos y los contactos, las marcas comerciales (Agfa, Gevaert, Kodak) y los términos técnicos  (pancromática) barridos por la revolución tecnológica.

Madre amamantando a su hijo en un mitin, Badajoz, 1936 – Chim

Los editores gráficos hicieron bien su oficio.

Los de Life construyendo el mito del profesional  heroico que arriesga para dar testimonio de lo nunca visto (“la cámara de Life más cerca que nunca de los combates”, eslogan tan semejante al de Capa “si la foto no es buena es porque no estás suficientemente cerca”); los de las publicaciones francesas mostrando el sufrimiento de un pueblo y construyendo otro mito, el de la revolución obrera.

En cualquier caso, unos y otros, seleccionaron las mejores instantáneas, las fotos con más contenido icónico e histórico, alguna de las cuales, como las de esa madre amamantando a su hijo durante un mitin sobre la reforma agraria, forman parte de nuestra memoria del conflicto.

En esos 80 rollos quedaron también enterrados centenares de momentos de la vida cotidiana, que nos dan una imagen más real y menos mítica de aquella España.

Emocionan la alegría de aquellos reclutas y la desolación de las ciudades bombardeadas, las colas de familiares ante los depósitos de cadáveres, la humillación de los refugiados.

Lorca fotografiado por Chim, Madrid, primeros meses de 1936

Emocionan la normalidad de las semanas previas a la catástrofe, con esas instantáneas de Lorca hablando con un desconocido, probablemente en una esquina de la calle Alcalá, puede quizá incluso después de pasar un rato por el Círculo.

Los tres jóvenes fotógrafos estaban descubriendo y revolucionando el oficio de fotoperiodista, arriesgando sus vidas hasta la muerte en el caso de Gerda Taro.

Trabajaban con la pequeña Leica e impresionaban el mejor material sensible de la época. “Empotrados” en alguna unidad se aproximaban al frente y en unos pocos días realizaban un reportaje en cinco o seis rollos, dos centenares de negativos, que luego clasificaban cuidadosamente.

Los rollos dan testimonio de que, a pesar de la economía de material propia de la fotografía analógica y más en una situación de guerra, repetían varias tomas del mismo sujeto, como las de Capa, con unas tomas picadas de Líster (otra construcción de un mito). Que seguían las corrientes estéticas como en el constructivismo con encuadres  geométricos. Y que los maestros también cometían erores de exposición, con negativos sobre o sub impresionados.

En definitiva, el tiempo capturado en instantáneas, congelado durante décadas en la maleta y ahora descongelado en exposiciones, libros y documentales (al final de esta entrada, trailer de esta entrada he incrustado el trailer del de Trisha Ziff).

Salgo a la calle. Decenas, centenares de miles de ciudadanos cabreados protestan. Vivimos la peor crisis involutiva de los últimos cuarenta años. Algunos hablan de “guerra de baja intensidad”.

Entre la masa se mueven fotoperiodistas y videoperiodistas. Cámara profesionales DRL captando fotos y grabando vídeo, cámaras pesadas de televisión, cámaras ligeras de vídeo, cámaras de aficionados de fotos y vídeo. Y la omnipresente cámara del teléfono. Miles de horas de vídeo, centenares de miles de imágenes subidas al ciberespacio, compartidas en YouTube, Flickr, Facebook, Twitter o Instagram.  ¿Cuantos lemas y pancartas encontraremos en Pinterest? Ya no se captura el instante, el tiempo es un flujo permanente de imágenes que se consumen ávidamente. Nuestra memoria es ahora líquida.

¿Habrá en el ciberespacio alguna maleta que preserve las imágenes esenciales para las generaciones futuras?

(Algunos enlaces a la Maleta Mexicana: International Center of Photography; Magnum; Museo Nacional de Arte de Cataluña)

Las redes sociales y la universalidad de la web


¿Os acordáis cuando navegábamos por Internet? Eramos internautas; hoy somos usuarios de las redes sociales.

Esta reflexión viene a cuento de una avalancha de estudios que no hacen sino poner de manifiesto cómo para muchos internautas hoy el ciberespacio se resume en su red social:

Durante un tiempo pensé que las redes sociales no hacían más que fragmentar el ciberespacio, pero las revoluciones árabes y el movimiento del 15-M me convencieron de que pueden ser el vínculo que enlace el espacio público, el espacio mediático y el ciberespacio.

No obstante, las aplicaciones comerciales de redes sociales ponen en riesgo uno de los principios fundacionales de Internet: la universalidad. Cito a Tim Berners-Lee, en un importante artículo publicado el pasado diciembre. Para el creador de la web, nuestros datos quedan cercados, confinados en las redes sociales, fuera de la universalidad de la web.

“Several threats to the Web’s universality have arisen recently. Cable television companies that sell Internet connectivity are considering whether to limit their Internet users to downloading only the company’s mix of entertainment. Social-networking sites present a different kind of problem. Facebook, LinkedIn, Friendster and others typically provide value by capturing information as you enter it: your birthday, your e-mail address, your likes, and links indicating who is friends with whom and who is in which photograph. The sites assemble these bits of data into brilliant databases and reuse the information to provide value-added service—but only within their sites. Once you enter your data into one of these services, you cannot easily use them on another site. Each site is a silo, walled off from the others. Yes, your site’s pages are on the Web, but your data are not. You can access a Web page about a list of people you have created in one site, but you cannot send that list, or items from it, to another site.”

Desde un  punto de vista práctico es estupendo compartir la información con la comunidad de nuestros amigos y colegas. Pero, justamente, el carácter exclusivo de cada sitio social, nos obliga a mantener una conversación  abierta en cada uno de ellos, con la consiguiente fatiga informativa.

Estupendo que llegue Amazon a España, pero yo no puedo por menos de desconfiar de los gigantes, que imponen sus condiciones a los pequeños. Facebook, Google, Apple… cada cual con su filosofía (prefiero la abierta de Google a la cerrada de Apple), pero todos intentando convertirnos no ya en clientes sino en datos manejables a su gusto.

Ahora echaré un vistazo a Facebook y Twitter, pero, que queréis, sigo enciendo la televisión y haciendo zapping, a ver que que nos ponen los programadores (aunque sean tan poco recomendables como los de la tele privada española). Me parece un poco cansino que, por ejemplo, Google Tv me recomiende lo que me va a gustar. ¿Dónde queda la sorpresa?

Complemento esta entrada con un artículo de Dan Gilmor The Facebook template: when net freedom meets market forces

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El acceso a Internet, un derecho fundamental

¿Amenaza Google la neutralidad de la red?

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