Imágenes del mundo infantil


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Tablón de anuncios de un pueblo de Lérida. 19 de abril 2018. Foto del autor

Una imagen -dicen- vale más que mil palabras.

Recordé esta imagen cuando ayer en un telediario escuché a una madre de alumnos del Instituto de San Andreu de la Barca (Barcelona) pedir que la política quede fuera de las aulas. La declaración venía a cuento de la denuncia de la Fiscalía en la que acusa a los profesores de ese Instituto de hacer comentarios humillantes sobre los guardias civiles, padres de alumnos, que intervinieron en la represión del referendum del 1 de octubre.

No puedo estar más de acuerdo -pensé. En los espacios educativos no se puede adoctrinar. Pero luego fui matizando mi pensamiento. Al margen de lo que dijeran o no los profesores, de si humillaron a los chicos y sus padres y de si tales conductas merecen una sanción penal, está claro que los alumnos de Secundaria o Bachillerato tienen que conocer y discutir los problemas de su sociedad. Cuando las posiciones están muy radicalizadas pueden aparecer tensiones. La función de los profesores es dar  información no sesgada y lo más completa posible y neutralizar las tensiones, reconduciéndolas para construir valores comunes y puntos de entendimiento.

Vuelvo a la imagen. Los dibujos corresponden, sin duda, a niños pequeños, seguramente de primaria. No sabemos si dibujaron en la escuela o en su casa, animados por padres o profesores. Para todos aquellos que piensan que no existen tales “presos políticos”, la foto es una prueba más de la intoxicación del independentismo desde la infancia.

Personalmente creo que lo que están mostrando es que esos niños se solidarizan con lo que perciben en su ambiente como un grave injusticia, lo mismo que lo hacen cuando se produce una catástrofe natural, un atentado terrorista o  viven una guerra. Los niños están expresando sus miedos, sus deseos, la conexión con su comunidad, lo mejor de sí.

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Dibujo infantil relativo al atentado de la sala Bataclan

La foto que encabeza esta entrada esta tomada en un pueblo de la Lérida rural, que prefiero no identificar. La Cataluña interior ha desconectado de España y la foto es una muestra más. La reconexión será difícil, si no imposible, pero pasa, en primer lugar por la normalización política.

Más que valer por mil palabras una buena imagen suscita mil ideas.

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Ida y vuelta de un soldado: la retirada de Aragón


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Pont de l’Estat (Tortosa), volado por el ejército republicano en retirada la tarde del 18 de abril de 1938. José Luis fue uno de los últimos soldados en cruzar

Hace 80 años por estas fechas terminaba la batalla de Aragón, con pésimo resultado para el ejército republicano. Allí tuvo su bautismo de fuego mi padre, José Díaz Bravo, José Luis en sus memorias Ida y vuelta de un soldado.

En esta entrada recupero los recuerdos de mi padre, que confronto con el relato del jefe de la 3ª División, Manuel Tagüeña en Testimonio de dos guerras un documento imprescindible para entender la guerra y, sobre todo, la evolución de los dirigentes comunistas en el exilio. En una próxima entrada recogeré mis impresiones personales al recorrer la zona ocho décadas después.

La batalla de Aragón

Después de reconquistar Teruel, el ejército franquista lanzó el 7 de marzo una ofensiva que en pocas semanas pulverizó a los republicanos, muy desgastados después de la batalla de Teruel. Tomada Lérida el 3 de abril, Franco podría haber avanzado sobre Barcelona, pero prefirió atacar Valencia, una decisión estratégica discutida por sus propios generales. Los nacionales avanzaron por el Maestrazgo y Alonso Vega llegó a Vinaroz, dividiendo en dos la zona republicana: por un lado, el centro-sur-este y, por otro, Cataluña al otro lado del Ebro.

Para taponar la sangría el mando republicano envía a la 3ª División, al mando del mayor de milicias Manuel Tagüeña. Estaba formada por dos brigadas mixtas, la 31ª y la 33ª y había tenido una actuación destacable en el frente del Guadarrama y entonces se encontraba de reserva. Tagüeña era un joven doctor en Física y Matemáticas, de solo 24 años, perteniciente a las las Juventudes Comunistas, entonces ya Juventudes Socialistas Unificadas.

Hacia el frente

La 33ª Brigada estaba acuertelada en Torrelaguna. En ella se alistó voluntario José Luis el 5 de marzo, justamente para evitar ser enrolado en una unidad de choque. Pero el 16 de marzo la brigada recibe la orden de acudir al frente de Aragón. Se había acabado la diversión y empezaba -dice- José Luis, el viaje de la tragedia.

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Plaza de Torrelaguna. Extracto de “Ida y vuelta de un soldado”

La tropa, mezcla de veteranos y reclutas sin instrucción, parte como si fuera de excursión, cantando cuplés. José Luis habla de autobuses, pero Tagüeña precisa que la 33ª Brigada viaja en camiones Dodge recién llegados, mientras que la 31ª lo hace en viejos camiones rusos, que se averían continuamente. Una breve parada en la plaza de Castelar de Valencia (hoy del Ayuntamiento), donde se reparten latas de sardinas y directamente de ahí al frente. En poco más de 48 horas se traslada toda una división al frente.

La retirada de Aragón

Tagüeña relata el caos que se encuentra al llegar al Maestrazgo. El coronel Menéndez, jefe del Ejército de Maniobra, lo primero que le dice es si sus soldados no saldrían corriendo cuando tuvieran encima 50 aviones bombardeándolos. Tagüeña dice que no y, ciertamente, las dos brigadas tienen un comportamiento ejemplar porque consiguen contener a los nacionales y permiten una retirada más ordenada. Pero los bombardeos de la aviación son para los soldados una pesadilla. José Luis está en la compañia de transmisiones y, por tanto, solo a veces se encuentra en primera línea de fuego, pero relata en sus memorias varios bombardeos terribles y su pavor cuando el cielo se cubría de pavas (bombardeos alemanes Heinkel-111).

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Bombardeo Heinkel-111 de la Legión Cóndor, las temidas “pavas” negras

Prat de Compte

Su compañía entra de noche en Valderrobres y al día siguiente logra el contacto con la Brigada en una vaguada cerca de Prat de Compte. Es un momento crítico. En paralelo, los relatos de José Luis y Tagüeña.

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Sobre la imagen del cruce de Prat de Compte, a la izquierda el testimonio de José Luis, a la derecha el de Tagüeña

Continua la retirada con los soldados en condiciones precarias. José Luis lleva destrozados los zapatos de fina suela de tafilete que compró en Madrid. Las tropas no reciben apenas suministros, pero a veces se encuentran gratas sorpresas.

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Extracto de “Ida y vuelta de un soldado”

Los túneles de Cherta

José Luis participa en un combate decisivo, el de los túneles de Cherta. El 3 de abril establece una línea de resistencia frente a la italiana División Littorio. Tagüeña sostiene que su División consiguió en Cherta evitar la caída de toda Cataluña. José Luis, que elogia la valentía de sus oficiales no profesionales, pasa momentos terribles en los túneles .

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Tortosa

En la retirada, la Compañía de Transmisiones se instala unos días en hotelitos, en la orilla derecha del Ebro, junto a unas antiguas cocheras del tranvía de Tortosa. Son días de tranquilidad y buen humor para los jóvenes soldados.

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Tranvías de Tortosa, a comienzos del s. XX. Extracto de “Ida y vuelta de un soldado”

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Puente de l’Estar volado el 18 de abril. Extracto de “Ida y vuelta de un soldado”

José Luis se enreda con los cables de la voladura, afortunadamente sin consecuencias. Los transmisionistas se refugian en unas casas cercanas e inmediatamente la gran explosión. José Luis reconoce, otra vez, el valor del comandante (José Luis no usa el tratamiento republicano “mayor”) Guerrero, que cubre la retirada. Mientras tanto, Tagüeña ha sido nombrado jefe del XV Cuerpo y no acompaña a sus hombres en el paso del Ebro, porque se encuentra en Falset para hacerse cargo de su nuevo mando.

El Ejército Republicano se fortifica en la orilla izquierda del Ebro. El 25 de julio lo cruzará de nuevo, en lo que será la batalla más cruenta de toda la guerra.

( Ida y vuelta de un soldado se puede descargar aquí. Testimonios de dos guerras, de Tagüeña se puede leer en línea en Scribd)

Reputación y líneas rojas en Siria


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Otra vez el espectáculo de los misiles. El rayo hendiendo el cielo. La retórica de los de los cohetes inteligentes, de la precisión quirúgica. Una vez más el dedo que oculta la luna a la que apunta.

La operación  de Estados Unidos y sus aliados británicos y franceses ni tiene por objetivo terminar con el uso de las armas químicas, ni cambia el equilibrio estratégico de la guerra, favorable a Assad y sus valedores, Rusia e Irán. La razón última es preservar la reputación de los dirigentes y los países.

Antes unas reflexiones sobre el ataque químico en Duma y la legitimidad de la intervención.

¿Existió un ataque químico contra la población civil en Duma el pasado 6 de abril? Salvo, teorías conspirativas, propaladas por medios de la órbita del Kremlin, que sostienen que todo fue un montaje en vídeo, parece fuera de duda que los civiles sufrieron las consecuencias de un ataque con cloro y posiblemente sarín.

¿Quién fue responsable del ataque? No hay respuesta fiable hasta que la misión de la Organización contra la Proliferación de las Armas Químicas (OPCW) pueda realizar su inspección sobre el terreno. No caben más que hipótesis:

  1. Fue el Ejército de Assad el que bombardeó con armas químicas. La ventaja táctica obtenida sería irrelevante, porque el mismo resultado podía obtenerse con bombardeos convencionales, pero en cambio, con la guerra orientada a su favor, el ataque podría desatar, como así ha sido, una intervención. Desde luego, poca ventaja táctica para tanto riesgo estratégico. Por supuesto a Assad le trae sin cuidado la opinión pública de Europa y Estados Unidos, pero es un personaje racional, así que más que un desafío podría haberse tratado de una decisión sobre el terreno de algún mando militar.
  2. Las bombas de Assad volaron un almacén de sustancias químicas que se encontraba en poder de los rebeldes, que todavía controlaban una pequeña parte de Duma.
  3. Fueron los propios rebeldes los que hicieron explotar el almacén y orquestaron la consiguiente operación de propaganda.

Sin un informe experto e independiente no sabemos lo que ocurrió. Lo que está claro es que las supuestas pruebas que dice poseer Francia no existen. Caso contrario se mostrarían, aunque fueran un montaje tan poco afortunados como aquellos vídeos que mostró Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU, en las vísperas de la invasión de Irak.

Sin ese informe y sin una resolución del Consejo de Seguridad la acción es claramente ilegal. Pero hay quien -sostiene- que es éticamente legítimo ante el bloqueo del Consejo de Seguridad, porque un ataque químico viola las convenciones internacionales y sobrepasa los límites -la linea roja– de la decencia. Para que ello fuera así, primero, la responsabilidad del régimen sirio tendría que estar probada. Segundo, ser proporcionada y eficaz para evitar ulteriores usos de las armas químicas. Y, tercero, exigiría que se hubiera respondido con la misma decisión a gravísimas violaciones de las leyes de la guerra perpetradas por el ejército sirio, como, por ejemplo, el bombardeo desde helicópteros con bidones explosivos.  Eso sin hablar las muertes civiles ocasionadas por los bombardeso rusos y norteamericanos. No, la intervención ni fue legal, ni está legitimada éticamente.

Las líneas rojas no son éticas, son de reputación. Como ya he explicado en otras entradas, a menudo una gran potencia tiene que desarrollar una acción arriesgada que ni siquiera sirve a sus intereses estratégicos para demostrar que su poder es efectivo. La reputación era una idea fuerza de la política imperial de los Austrias. El cálculo erróneo de las potencias centrales al servicio de su reputación llevó a la Gran Guerra.

La principal línea roja en este caso es la de la reputación imperial de Estados Unidos. Rusia e Irán están siendo los vencedores estratégicos de esta guerra y el ataque con misiles no es más que una llamada escenográfica de atención, un aviso de que de esa victoria no pueden extraerse otras consecuencias más allá de Siria. Todo parece indicar que han sido los propios militares los que han impuesto la contención. Las previas declaraciones del Secretario de Estado Mattis, advirtiendo de los riesgos de desestabilización internacional, fueron significativas.

Claro que Donald Trump tenía su propia línea roja, no dar marcha atrás donde su antecesor reculó. En 2013 Obama también estableció la línea roja del empleo de armas químicas. Pero después, a pesar de poner en juego su credibilidad, adoptó una posición pragmática, negoció con Putin y logró un acuerdo multilateral que hizo posible la destrucción del arsenal químico (o buena parte de él) de Assad. Burlarse de Obama (una de sus obsesiones) lanzando “bonitos e inteligentes misiles” era una tentación muy fuere para Trump, pero los militares le refrenaron.

Para el Reino Unido la línea roja era mostrar que seguía siendo el aliado preferente de Washington, ahora, justamente cuando se prepara para romper sus vínculos con la UE. Theresa May no tenía un mayor interés particular, pues la acción puede dañar aun más su débil posición parlamentaria.

Y Macron tenía su propia línea roja: estar en la vanguardia de cualquier acción en la guerra de Siria. Se expresan aquí los intereses de Francia de estar presente en el escenario de Oriente Próximo, especialmente en Siria donde siempre tuvo intereses especiales, pero también los del nuevo De Gaulle que quiere ser el joven Macron.

Afortunadamente, esta intervención inane parece no haber dejado víctimas civiles ni militares.

 

 

Gabriel Cualladó, fotógrafo amateur


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Autorretrato. Las imágenes recogidas aquí se han tomado en la exposición con un iPhone SE

“Gabriel Cualladó, fotágrafo amateur”. Así rezaba la tarjeta de visita de este artista que nunca vivió de la fotografía. Cualladó herredó de su tío una empresa de camiones, que convirtió en una importante empresa de transportes urgentes. Pero la fotografía fue, desde muy joven, su gran pasión. La afición convertida en arte.

Un bonito título ese de fotógrafo amateur, fotógrafo aficionado, que en aquellos tiempos (de mitad del siglo XX a comienzos del XXI) implicaba un dominio de la técnica fotográfica, incluido el laboratorio. Entonces, el amateur era casi profesional. Más allá quedaban todos aquellos que tenían una cámara para recordar sus escenas familiares, pero que dependían de un laboratorio ajeno y no daban mayor trascendencia a su tarea.

Por supuesto, hoy hay una gran cantidad de fotógrafos aficionados, que dominan la técnica y el revelado digital y tratan de que sus fotos expresen algo, ya sea una sensación, un sentimiento o una historia. Pero para la inmensa mayoría la fotografía se ha convertido en una acción rutinaria, vinculada a la diversión compartida y a la exhibición personal. Somos porque nos mostramos en imágenes.

Nada que ver un selfie exhibicionista con el retrato de Cualladó, que abre la exposición que hasta el 29 de abril se puede visitar en la madrileña Sala Canal de Isabel II. Un hombre todavía joven se muestra en su cotidianidad, en camiseta, como por entonces se estaba en casa en el verano. Mirada decidida y sincera, que entabla diálogo con el espectador. Claroscuro con una magnífica luz -siempre natural- lateral.

Apenas conocía la obra de Cualladó. Confieso que me interesa mucho más la fotografía  social y narrativa de Català-Roca y de entre los de su generación Massat y Sanz Lobato. Como otros compañeros de su época, Cualladó trabaja en clave baja, pero hasta tal punto que las masas negras, que dan al escenario una testura material especialmente densa, prácticamente anulan el contexto. Sin duda es una técnica buscada para concentrarse en lo esencial, el personaje. Porque Cualladó es sobre todo un retratista que busca el diálogo de las miradas.

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Retrato de la madre

En este retrato de su madre abre el plano para mostar la soledad de la anciana en la estancia desprovista de todo, sentada junto a la mecedora vacía, presencia del padre fallecido. Pero casi siempre la dedicación al sujeto es casi total. Mi mujer me hizo ver como, en la siguiente foto, hablan las retorcidas manos de esta niña, completamente concentrada en salvar ese sendero resbaladizo, que en su desvalimiento se clava las uñas en una peculiar forma de autodefensa.

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Por supuesto, en la exposición podemos encontrar momentos decisivos , como esa mano indolente que sale de la ventana de la Cervecería Alemana, pero creo que al autor no le interesaba tanto como a Cartier-Bresson mostrar una conjunción de elementos visuales que revelen una dimensión especial de la realidad, simplemente respondía intuitivamente al estímulo. Lo que más me han gustado son sus encuadres, que rompen las reglas de la buena composición, pero que son tremendamente personales y efectivos, concentrados en atraer la atención a lo esencial.

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Cervecería Alemana

Para cierre me quedo con una foto en la que el retrato sí está encuadrado en su contexto. La pareja de ancianos, concentrados en su merienda, en el que fue escenario de una fiesta de año nuevo, en el que flota la nostalgia del tiempo pasado. Tempus fugit.

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La participación, clave de un nuevo servicio multimedia que reconstruya el espacio público


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Fuente Mèta-Media

Los servicios públicos multimedia no pueden reemplazar a las redes sociales, pero deben ser una alternativa democrática, como sustentadores de un espacio digital común, un ciberespacio común, que reconstruya la esfera pública fragmentada.

Las plataformas sociales se han convertido en un nexo básico de nuestra sociabilidad y el canal por el que, de modo creciente, el público llega a las informaciones periodísticas, sobre todo en el caso de los jóvenes.

He razonado en una anterior entrada las razones para una regulación de estas plataformas en el derecho comunitario como servicios económicos de interés general. Pero ¿qué ocurriría si un día Twitter se cierra porque no cumple las expectativas de sus accionistas? O, algo que ya ocurre, ¿qué pasa si el algoritmo de Facebook reduce nuestra dieta de noticias, porque le resulta más rentable la interacción de los contenidos creados por los usuarios?

En toda Europa, las corporaciones públicas de radio y televisión hace mucho que entraron en la creación de contenidos multimedia y en su difusión en las distintas plataformas. Los académicos han pasado de referirse a los PSB (Public Systems Broadcasting, servicios públicos de difusión por radio y televisión) a hacerlo a los PSM (Public System Media, sistemas públicos multimedia).

El principal fundamento que legitima el cambio es el repensar el principio de universalidad: dar ahora a todos, en cualquier tiempo, en cualquier lugar, y en cualquier canal o plataforma contenidos e informaciones de calidad, imprescindibles para su vida como ciudadanos en una sociedad democrática.

Hasta aquí se trata de una adaptación del sistema de difusión vertical (audiencias) a un sistema de difusión personalizado. Pero la radiotelevisión pública ha sido más que un suministrador de contenidos, ha sido el principal delimitador del espacio público en las siete últimas décadas. Sigue siéndolo todavía, porque no olvidemos que congrega audiencias masivas. Pero gran parte de la conversación social, sobre todo de los más jóvenes, se ha trasladado a las plataformas tecnológicas. Unas plataformas que, en lugar de hacer realidad la utopía de una perfecta comunicación horizontal, han parcelado Internet en jardines vallados (dixit Tim Berners-Lee).

Por eso hoy esa función de foro público exige plantear los servicios públicos de comunicación como una manifestación de lo que se llamado public digital commons (Murdock, 2005).

Parte esta teoría de la distinción entre public goods, bienes públicos esenciales que requieren una intervención pública para su administración, de los common goods, bienes comunes, bienes también esenciales, que pueden ser directamente gestionados por los ciudadados. De modo que los primeros se gestionan en función del principio de autoridad, y los segundos en función de los principios de cooperación y participación. Evidentemente, estos bienes comunes exigen una continua negociación entre sus usuarios y en la mayor parte de los casos con las autoridades públicas, que pueden supervisar la cooperación.

Las redes sociales se basan en la colaboración y la participación, pero las conforman en función de los beneficios que obtienen recabando datos personales. Por eso, promueven con sus algoritmos las interacciones que más información facilitan del usuario y los contenidos que durante más tiempo le mantienen en ese jardín vallado.

El reto de los servicios públicos multimedia es gestionar la participación y la cooperación para crear un ciberespacio público de referencia, enlazado con el clásico espacio público de las grandes audiencias.

El nuevo PSM tiene que ser una mixtura entre el servicio público vertical (hijo de la Ilustración) y un servicio participativo basado en el ciberespacio, donde usuarios y comunidades negocien la participación. Un punto de entrada común, seguro, fiable, a un espacio digital en el que también pueden colaborar instituciones públicas y culturales: museos, universidades, archivos, bibliotecas.

Esquemáticamente, el servicio público multimedia como espacio digital común supone:

  • Enlazar el espacio público de las audiencias, esto es, la transmisión lineal de los contenidos, con la personalización de los contenidos interactivos;
  • Recuperar y reforzar el tradicional derecho de acceso a la programación de grupos significativos con la promoción de contenidos creados por ciudadanos, movimientos y organizaciones, distribuidos en línea de forma personalizada;
  • Enlazar y cooperar en este espacio común con instituciones públicas que promuevan contenidos culturales y de interés para el debate público;
  • Conocer y poner en el centro de toda su estrategia al ciudadano (prefiero ciudadano a usuario) para lo que es necesario recabar sus datos;
  • Utilizar los datos personales solo en el propio ámbito, por tiempo limitado, siempre con expresa autorización del particular y sin posiblidad de explotación ulterior comercial o política;
  • Centrar todos los contenidos en la óptica de la mejora personal y social, nucleados en torno a las grandes cuestiones de debate público;
  • Servir a las grandes audiencias formación, entretenimiento e información de calidad, buscando el alcance y el servicio, no el share en prime time;
  • Lograr la difusión personalizada de los contenidos sin caer en la viralidad;
  • Experimentar narrativas y lenguajes;
  • Llevar la participación a la gestión del propio servicio.

Todo ello no es nada fácil. En primer lugar el deseo de participación que se le supone al público está sobrestimado. Dar al botón de “Me gusta”, colgar un selfie o reenviar un meme no es creación colaborativa ni participación en el debate público.

Una estrategia puede ser crear su propia plataforma social: un perfil  que diera acceso a los contenidos de vídeo y audio bajo demanda, invitara a participar en debates lineales o no lineales, a producir contenidos, responder a cuestiones estratégicas sobre el servicio e incluso elegir representantes para órganos de participación ciudadana.

Por el momento, los servicios públicos europeos no puede prescindir de las redes sociales, especialmente Facebook, YouTube, Twitter y otras en menor medida. Algunos servicios usan las redes sociales para remitir a sus sitios web, otros crean marcas nuevas (Funk en Alemania, Playz en España). No cabe duda que para llegar a los sectores más jóvenes hoy el canal más eficaz es YouTube.

En principio, al servicio público le importa el alcance, no porque canal se llega al público. Pero, la estrategia off-site tiene riesgos indudables: adaptar las narrativas a la lógica comercial, perder la marca pública y hacerse dependiente de estrategias y algoritmos creados por las plataformas. ¿Y si, por ejemplo, YouTube, decide expulsar un día a los canales públicos, o, cómo ya hace, los agrega un aviso que les estigmatiza como financiados públicamente?.

Estamos todavía en los primeros pasos de la transformación de los PSB en PSM. Para que los viejos servicios públicos de la radiotelevisión construyan ese nuevo ciberespacio común se requiere un notable esfuerzo de gestores y creativos, transparencia en la gestión, reequlibrio de los recuros entre canales lineale y no lineales, y, sobre todo, un importante debate público. Pero solo el servicio público hará lo que el mercado ya ha demostrado que no puede hacer.

Fuentes

En esta larga entrada he preferido no incrustar enlaces. Recojo, a cambio, aquí, una serie de trabajos académicos recientes, que he tenido en cuenta para redactar estas reflexiones.

 

 

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