Cartier-Bresson, el gran mirón


Cartier-Bresson, Bruselas, 1932

Cartier-Bresson, Bruselas, 1932

Entro en la sala y la primera foto se me aparece como una síntesis de toda la obra de Cartier-Bresson. Un hombre mira por el agujero de una valla, quizá a un espectáculo, puede que una obra, o, simplemente, un solar baldío. El otro, que quizá espera su turno, mira desconfiado al fotógrafo. Por la época, podría identificarse con el movimiento de la “candic photo”, pero no es una foto robada, nada tiene que ver con Erich Solomon. El mirón cazado por el fotógrafo (mirón a su vez), el juego de miradas entre el fotógrafo y el segundo hombre, la curiosidad como el gran motor de la acción… el “instante decisivo” antes de que el fotógrafo lo teorizara.

Los  madrileños y los visitantes tienen hasta el 7 de septiembre para ver esta exposión en la Fundación Mapfre. En la presentación se insiste en que no se busca tanto dar una visión unificadora del gran fotógrafo, sino en mostrar los distintos Cartier-Bresson. Me remito al análisis de Franciso Rodríguez Pastoriza. Por mi parte me limitaré al comentario de algunas fotos.

De Cartier-Bresson siempre me ha maravillado su capacidad para la composición y al mismo tiempo su poder para dar vida a esa composición. Y como ejemplo, dos fotos de su primer viaje a España, en los primeros años de la II República.

Cartier-Bresson, Madrid, 1932

Cartier-Bresson, Madrid, 1932

Cartier-Bresson, Sevilla, 1932

Cartier-Bresson, Sevilla, 1932

Son dos muestras de su técnica de utilizar un fondo o pantalla con gran potencia compositiva (el maestro fue un gran estudioso de la proporción áurea), que el fotógrafo vigila como un cazador a la espera de la presa, hasta que esa escena se llena de acción. En este caso, esa vida nos da cuenta del desamparo, pero también de la libertad, de esa infancia de los barrios populares de la España de los treinta.

Cartier-Bresson, URSS. 1954

Cartier-Bresson, URSS. 1954

En esta foto percibimos, casi podemos sentir, la atmósfera cargada, recalentada, de la cantina en la que jóvenes trabajadores hacen una pausa en el duro trabajo. Stalin ya ha caído, pero hay está, en el mural que preside la sala, en fotos en la que el “padrecito” y Lenin vigilan para que los muchachos no caigan en conductas impropias.

No es un posado. El mirón observa desde el otro lado del dintel.  No es, desde luego, la mirada que penetra la intimidad en “La araña del amor”, pero siempre es la mirada del no participante. Por cierto, que en esta famosa foto Cartier-Bresson juega también con el contraste entre lo estático (la colcha, los cortinajes) y lo dinámico (los movimientos de las amantes, resaltados por la baja velocidad de obturación).

Cartier-Bresson, México, 1934

Cartier-Bresson, México, 1934

El mirón mira a los mirones. Así, en la coronación de Jorge VI adopta un punto de vista revolucionario para un reportaje de actualidad. Retratar a la multitud (y a los artilugios que emplean para ver el cortejo). De este modo, el reportaje nos dice más de aquella Inglaterra, que las fotos del evento. Por supuesto, Cartier-Bresson realizó grandes reportajes de actualidad entre 1945 y los noventa, pero siempre con el acontecimiento en segundo término (aunque también podemos ver en la exposición una serie de manifiestaciones a lo largo de 30 años que podrían catalogarse dentro del fotoperiodismo más clásico).

Cartier-Bresson, Londres, 1938

Cartier-Bresson, Londres, 1938

Hay en la exposición un extracto de un curioso reportaje sobre el artista. Vemos a Cartier-Bresson en acción por las calles de París. Observa, con movimientos de bailarin se aproxima a la presa y dispara su inseparable y discreta Leica. Por cierto, que trabajaba con un patrón fijo de exposición, lo que permitía gran libertad para disparar en el momento preciso.

Con los años, Cartier regresa a su vocación de origen, la pintura. “Si la foto es la acción inmediata -dice- el dibujo es la reflexión”. Una idea que se expone en el siguiente autorretrato.

Cartier-Bresson, Paris, 1992

Cartier-Bresson, Paris, 1992

La foto, la acción inmediata, nos muestra la imagen, mediada por el espejo, de un hombre mayor, bien conservado, de mirada inquisitiva y algo escéptica. El dibujo nos deja el rostro de un anciano, cargado del peso de la vida. Rodríguez Pastoriza cuenta como en una entrevista se negó airadamente a ser rodado mientras caminaba. El mirón, en sus últimos años, no quería ser mirado.

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2 comentarios to “Cartier-Bresson, el gran mirón”

  1. M.Antonia González-Valcárcel Says:

    Magnífica exposición llena de historia nunca contada de un gran artista

  2. El beso de Doisneau no miente | Periodismo Global: la otra mirada Says:

    […] más humilde y menos intelectual que Cartier-Breson, no aspira al instante decisivo que nos explique el mundo más allá de la imagen; se contenta con […]


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