Movimientos telúricos bajo las protestas europeas


Acampada en la Puerta del Sol (Madrid) Imagen tomada de El Pais.com

Un fantasma recorre Europa -dixit Marx- y no es el del comunismo, sino el de protestas que responden a una serie de movimientos sociales y políticos telúricos, que se entrecruzan.

La mayor parte de estas protestas están protagonizadas por miembros de la Generación Z, jóvenes nacidos con el siglo, que han vivido de crisis en crisis, la financiera de 2008 no les afectó directamente, pero sí a sus familias. Para ellos la pandemia, con sus confinamientos fue una experiencia frustante y fundacional. en plena adolescencia o al comienzo de su juventud.

Para saber lo que pasa habrá que hacer estudios exhaustivos de ciencias sociales (encuestas, focus group y ahora también escrutinios de las redes sociales, convertidas en ágora de comunicación e instrumento de movilización de esta generación).

Por mi parte, con gran osadía me permito enunciar algunas tendencias profundas que se entrecruzan y superponen hasta causar o condicionar estas protestas.

Violencia juvenil nihilista

Empecemos por el fenómeno más impactante de la últimas semanas, una violencia sin más objetivo que la violencia por la violencia, el robo y el saqueo de objetos de valor.

En Francia unas protestas estudiantiles históricas (por la situación de la educación y el bloqueo del ascensor social han sido la matriz de las protestas incontroladas. En el país vecino no es raro que una gran manifestación pacífica terminé con choques de incontrolados con la policía. Además un fin de semana normal puede que se quemen decenas de coches y que incluso cuando el PSG gana un trofeo y a pesar de un enorme despliegue policial en los disturbios muera una persona.

Pero la violencia juvenil actual sobrepasa estas pautas. Superpuesto a las protestas pacíficas y a los normales choques con la policía – no digo que sea legítima ninguna violencia- pero en este caso hay detrás no hay una organización propiamente dicha, pero sí un movimiento coordinador Blocus (bloqueo en francés) que convoca en determinados lugares y horas con vestimenta especial (negro y con capucha) llamando al saqueo de establecimientos de lujo y en general a la destrucción. Fenómeno que se ha replicado en Barcelona, Bilbao y otras ciudades europeas, creando una situación general de pánico.

Difícil decir quién está detrás. Todo parte de determinadas cuentas en redes sociales, que se reciclan de unas plataformas a otras.

Algunas hipótesis apuntan a injerencias de guerra híbrida (Rusia e incluso EEUU) que lo que pretenden es crear inestabilidad social y política para atacar al proyecto de la UE. Otros apuntan a «ataques de falsa bandera» a quién benefician estas muestras de salvajismo, sin duda a las fuerzas políticas de «mano dura» lo que es evidente en España en época electoral. Por cierto resulta incomprensible -o no- los deficiente dispositivos policiales para afrontar estos disturbios, mientras que se reacciona con brutalidad cuando una protesta pacífica sobrepasa una línea policial. En un momento de protestas, esta actividad policial favorece a la derecha y extrema derecha derecha, sin que el ministro del Interior ponga coto a estas conductas. Además los algoritmos favorecen la circulación de estas convocatorias ylos medios tradicionales privilegias los incidentes violentos antes que las manifestaciones pacíficas.

Mi tesis es falta de educación humanista. No se trata de saber de memoria el teorema de Pitágoras, ni la fecha de publicación del Quijote (como contestó un joven en una encuesta «no sé quién era Cervantes, ni mi importa») Muchos alumnos de bachillerato y aún universitarios carecen de información y son incapaces de desarrollar pensamiento crítico.

De eso no son responsables ni las leyes educativas ni los maestros. Es un problema de toda la sociedad, de los padres que enchufan a los niños a los pantallas y de deficiencias curriculares (por ejemplo en la asignatura de lengua parece que se quiere formar linguistas en lugar de lectores). Tanto en las aulas como en las familias ha desaparecido el cultivo de valores humanistas. Y por último, también en el culto de los valores del neoliberalismo, el enaltecimiento de las marcas y el lujo, en el que esta generación se ha educado.

La mayor parte de los detenidos son menores españoles y no hay extranjeros ni de primera ni de segunda generación.

Ni que decir que esta violencia nihilista favorece los intereses electorales de los partidos de «ley, orden y mano dura».

Consecuencias del globalismo y el neoliberalismo

Décadas de neoliberalismo y globalismo han dejado sociedades con economías más ricas y más desiguales. Al apostar por fabricar y obtener productos en las regiones más competitivas, se ha sacado de la pobreza extreama a millones y millones del Sur global a cambio del empobrecimiento de trabajadores y agricultores de los países ricos

Atrás se han quedado las periferias, víctimas de la pérdida de industrias. No sólo han perdido los trabajadores industriales (cinturón del Óxido de EEUU, regiones sin fábricas ni alternativas en amplias regiones de la antigua RDA y del norte de Francia y de las antiguas regiones mineras del Reino Unido); también los agricultores sometidos a sistemas de distribución extractivos, que transfiere la riqueza del los productores agrarioos a las multinacionales de la distribución.

En estas sociedades cada vez más desiguales se ha producido una enorme ruptura entre las metrópolis y las periferias. En las metrópolis, en las grandes ciudades se acumula el trabajo, los servicios y las oportunidades y la riqueza desmedida de las industrias tecnológicas, multinacionales que orillan los impuestos nacionales y dejan al Estado sin recursos para proveer servicios públicos y compensar la desigualdad.

En estas sociedades cada vez menos acumulan porcentajes desproporcionados de riqueza. r Los trabajadores y los pequeños empresarios contibribuyen desproporcionadamente al mantenimiento del Estado y los servicios públicos, columna del Estado del bienestar, sobre el que se asienta el pacto social. Un trabajador puede entre impuestos y cotizaciones aportar un 50% de sus ingresos y una Pyme un 40%; en cambio una gran multinacional solo 6% porque paga impuestos sobre todo en los países donde tiene su sede que son países con regímenes fiscales muy laxos. Para afrontar esta desigualdad creciente se proponen gravámenes no ya sobre la renta, sino también sobre la riqueza (Pikkty, Zuzman)

En esa tensión entre metrópolis y periferia, en la que la periferia se queda atrás, surge una fuerza que alimenta las corrientes identitarias.

Corrientes identitarias

Como ocurriera en los años 30 del siglo XX, a las crisis que producen inseguridad (léase el clásico «Miedo a la Libertad» de Erich Fromm) se responde refugiándose en un sentido de identidad, pidiendo mano dura y buscando un chivo expiatorio (entonces los judíos, ahora los inmigrantes).

Se vuelve la vista a una edad de oro soñada, que nunca existió. Se pone la Patria (sea lo que sea) por encima de los derechos individuales. Una edad de grandeza, orden y equilibrio social. Estas corrientes exageran la presencia de delincuencia y la atribuyen injustificadamente a los inmigrantes. Prometen mano dura, policía, cárceles y terminar con los derechos de los diversos, volver a una sociedad de tradiciones con un modelo único de hombre, mujer y familia.

Estas corrientes identitarias se alimentan en primer lugar de los perdedores de la globalización. y también de los hijos de los ganadores del neoliberalismo. Con el deterioro de los servicios públicos, estos muchachos se han educado en escuelas privadas o concertadas y ahora aceptan como natural una sanidad privada y hasta pensiones privadas (véase la conversación ente Llaneras y Albizu, citada en fuentes). Y al mismo tiempo creen que el feminismo ha ido demasiado lejos y que los derechos de las mujeres les amenazan. Se sienten antisistema -como tantos jóvenes en tantas épocas- y se rebelan contra el único sistema que han conocido y consideran que si la democracia no les ofrece medios materiales. no pasaría nada por adoptar un sistema autoritario «en determinadas circunstancias».

Los partidos de extrema derecha han cambiado el marco, los partidos de derecha que pactan con ellos están siendo absorvidos por la extrema derecha y siempre hay otra formación más a la derecha, hasta tal punto que se cuestionan los valores constitucionales de igualdad de derechos con políticas como las de «prioridad nacional».

El giro de los partidos de izquierda hacia los interese de las clases cultivadas más cosmopolitas hace que las clases populares giren hacia fuerzas identitarias. Le Pen es muy fuerte en zonas donde se ha perdido la industria y que antes eran feudos comunistas. La radicalización de las derechas propicia la aparición de otras fuerzas radicales de izquierdas como La Francia Insumisa, centrado en cuestionar también el sistema.

Jóvenes, pensionistas y trabajadores reivindicativos

La democracia es un sistema para vivir en paz y libertad y evitar el abuso de poder, pero en una sociedad desigual en la que el mercado se impone y no puede satisfacer los derechos económicos y sociales más imprescindibles, por mucho que estén reconocidos constitucionalmente además de la respuesta autoritaria surge una respuesta reivindicativa.

El desahucio de Maricarmen Abascal ha sido la chispa que ha encendido una respuesta juvenil y autogestionaria en las plazas de España para reivindicar el derecho a una vivienda digna y copiada en otras capitales como Lisboa (con un problema de vivienda más grave que el de Madrid o Barcelona).

La mayor parte de los que acampan en Sol no habían nacido en el 15-M, el evento que abrió el cauce a los nuevos partidos y que tras su desaparición ha convertido el sistema político de bipartidismo imperfecto en uno de bloques opuestos.

Los jóvenes que han organizado una acampada ejemplar piden una intervención en el mercado de la vivienda que impida los desahucios. Ya he escrito sobre las imperfecciones del mercado de la vivienda, que justifican la limitación de los desahucios, pero que exige medidas positivas que todos los gobiernos prometen, pero luego no llevan a cabo: construcción masiva para constituir un mercado de vivienda pública, principalmente en alquiler, pero también en propiedad con limitaciones para que no se convierta en propiedad privada especulativa.

La acampanada de Sol y otras ciudades es la manifestación de un fenómeno que ahoga a los jóvenes, pero también a amplias capas populares. Con sueldos bajos, mermados por la inflación (espoleada por causas externas, guerras y crisis energéticas) lograr una vivienda digna se ha convertido en una utopía. La conversión en valores financieros de los inmuebles explica desahucios como los de Maricarmen. Por eso el movimiento juvenil ha concitado una enorme simpatía.

Pero la vivienda no es la única manifestación de la creciente desigualdad. Los salarios, salvo el mínimo (fijado por el gobierno en caso de falta de acuerdo entre los agentes sociales) están en términos de poder de compra al nivel de comienzos del siglo. El crecimiento del PIB se explica por la emigración y el aumento del consumo y el boom del turismo con su creación de empleos de bajo poder añadido.

Los empresarios españoles no invierten en innovación; de modo que junto a la vivienda y los bajos salarios hace que los trabajadores sean los perdedores de esta bonanza macroeconómica. Los sindicatos mayoritarios aprovechando la ventana de oportunidad de las movilizaciones por la vivienda convocan una huelga general para el 11 de noviembre. En una sociedad postindustrial con un tejido productivo fragmentado el éxito de la huelga se mide en los transportes y los servicios públicos.

Justamente trabajadores del sector público, sobre todo enseñantes llevan meses protestando por sus sueldos y también por las condiciones de degradación del servicio. Algunas de estas protestas pacíficas han sido reprimidas por la policía con muestras de brutalidad muy preocupantes.

A los pènsionistas y a los mayores en general ciertos sectores quieren presentarlos como privilegiados que chupan la sangre a los jóvenes. Las pensiones mínimas están por debajo del salario mínimo interprofesional. Lo último es volver a vender (se lleva diciendo desde los años 80) que el sistema de reparto es insostenible y se propone el sistema mixto, donde una parte de las cotizaciones iría a nutrir una cuenta financiera. Así lo hizo Pinochet siguiendo el consejo de los «chicos de Chicago». Hoy los chilenos reciben de esas cuentas unas rentas de miseria. El sistema de los planes financieros es entregar el futuro de los pensionistas al azar de los mercados financieros.

Por eso como cada año. los pensionistas recorrieron con su protesta las calles de Madrid.

FUENTES Y LECTURAS

«Del 15-M al 29-M; una conversación entre Ignacio Albizu y Kiko Llaneras» (El País, 17-10-26)

Fernando Caballero «La geopolítica de las periferias y las murallas de Visbey» (Agenda Pública, 28-10-26)

Sobre desigualdad, las obrass de Thomas Pikkety, que propone un impuesto progresivo sobre la riqueza.

Erich Fromm «El miedo a la libertad» (1941)

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