La saturación de estos días de León XIV ha despertado en mí el recuerdo de los papas que nos han acompañado, casi siempre para reprimir la tolerancia social o política.
A mis 74 años guardo imágenes de 8 pontífices, que explican la historia de la iglesia católica y en gran medida de la sociedad occidental.
PIO XII
El papa aristócrata, con una discutible actuación en la II Guerra Mundial (el tema ha dado lugar a libros enteros). Mi memoria guarda las imágenes del NODO con Pío avanzado en la silla gestatoria llevada a hombros de sus servidores (gentilhombres) abanicado con enormes abanicos de plumas como si fuera un faraón egipcio.
Cuando murió en 1959 tuvimos cuatro días de vacaciones y en la radio solo había música religiosa.
Era el monarca de un estado absoluto y una referencia del anticomunismo de la época.
JUAN XXIII
Después del aristócrata llegó un papa plebeyo que puso en marcha un movimiento de puesta al día (aggionamento) mediante el Concilio Vaticano II.
Un campesino gordito buena persona que levantó los bloqueos de la iglesia católica y, por consiguiente, de las sociedades occidentales por ella influenciadas.
PABLO VI
Un diplomático, de porte elegante en las antípodas físicas de Juan XXIII.
Recuerdo imágenes de un viaje a Palestina (de carácter religioso para encontrarse con un patriarca ortodoxo) y a la ONU para defender el derecho internacional.
Pablo VI fue un freno a Franco en casos como el de Julián Grimau -otra cosa es que el dictador le hiciera caso. Franco mantuvo el privilegio de proponer obispos. Recuerdo la presencia en las Cortes franquistas a varios procuradores obispos con sus capas rojas ( muy destacado el arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo).
JUAN PABLO I
Fue tan breve, que no guardo en mi imagen una imagen concreta. Entonces estaba en el servicio de documentación escrita de RTVE y el dosier preparado para su elección fue utilizado por España a las 8 de RNE cuando a primerísima hora llegó la noticia de que le habían encontrado muerto en la cama.
JUAN PABLO II
Durante 20 años soportamos a este martillo del comunismo y del cierre de la Iglesia y de marcha atrás en la trayectoria del Concilio y defensor de la civilización cristina de tintes medievales.
Me quedo con una imagen. Bajado del avión en Nicaragua el gobierno sandinista con influencia católicale esperaba en fila. El ministro de Cultura, el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal le esperaba de rodillas, le besó la mano, esperando la bendición papal. En su lugar el papa le hizo una admonición en publico, agitando sobre su cabeza el dedo índice de manera condenatoria. Fue la sentencia de muerte de la teología de la liberación.
BENEDICTO XVI
Después del activista Juan Pablo llegó el contemplativo y tímido teólogo Benedicto. El que fuera látigo contra las herejías desde la curia se mostró incapaz de comunicarse públicamente y de mantener la iglesia activista de su antecesor.
La imagen que recuerdo es luciendo una sotana blanca y unos zapatos de tafilete carmesí dando pequeños pasitos como si le asustara la multitud.
FRANCISCO
El papa que venía «del fin del mundo» fue una sorpresa y un cambio radical en el fondo y la forma.
Su imagen en mi memoria corresponde a su visita a Lampedusa y su acercamiento a inmigrantes y pateras.
LEÓN XIV
Conservador en las formas, quizá para ser progresista en el fondo.
De esta interminable visita a Madrid me quedo con su presencia en el local de Cáritas y su conversación con un inmigrante africano que le dio una copia de su tarjeta de residencia.
Creo que la liberta religiosa permite que las manifestaciones religiosas (procesiones de Semana Santa o la Fiesta del Cordero) pueden celebrarse en espacios públicos, pero sin bloquearlos, como ocurre estos días en Madrid. Tampoco me parece que celebraciones deportivas puedan monopolizar las ciudades. De todas manifestaciones en exteriores la que menos justificación tiene es la vigilia de la juventud, una mezcla de pop blandito con mensajes retrógados, al estilo de los espectáculos de Juan Pablo II.
Lo que me parece intolerable es el discurso en el Congreso. El espacio público no puede ser invadido por el religioso, por mucho que el papa sea el jefe de un estado y se esté convirtiendo en líder moral por incomparecencia de líderes no religiosos en este momento de ruido. De hecho el discurso en las Cortes ya está siendo usado de forma partidista.

