¿Se debe mantener la política agraria común? ¿Debe la Unión Europea desarrollar una política anticíclica? ¿Debe desarrollar un ejército europeo? ¿Cómo conseguir la seguridad energética? ¿Es respetuosa con los derechos humanos una directiva que permite retener en centro de detención a los inmigrantes hasta seis meses? ¿Debemos ir hacia una unión política o retroceder a un mercado común? ¿Debe admitirse a Turquía en la Unión? ¿Qué características tiene que tener la futura Comisión? ¿Qué hacer si los irlandeses vuelven a rechazar el Tratado de Lisboa?…
Son algunas de las cuestiones que se planterán en el próximo Parlamento Europeo. Ninguno de los dos candidatos ha querido entrar en ellas. Mayor Oreja ha planteado el debate en términos estrictamente nacionales -quizá habría que decir nacionalistas. Y López Aguilar ha invocado a Europa sólo en el terreno de los principios, una Europa que, según dice, se construirá a partir de ahora conforme a nuestros valores.
Un debate como éste no puede estar focalizado en las complejidades técnicas que conforman el día a día de la Unión. Pero han faltado ganas de llevar la Política de la Unión a la discusión. Bien dice Mayor que a Bruselas hay que llevar la política, pero hoy poco han hecho ambos para lograrlo.
Lo lógico es que el candidato más veterano hubiera intentado poner de manifiesto las lagunas europeas del más joven. Pero no. Ha sido López Aguilar, más dinámico y agresivo, el que ha atacado la trayectoria de su contrincante en la cámara. Mayor aguanta lo que le echen con su calma y su estilo de otra época.
Las reglas del debate están puestas para que no sea tal, sino una sucesión de monólogos. Las réplicas de un minuto son la única oportunidad para la confrontación directa. López Aguilar las ha sabido aprovechar. Por supuesto, ambos han convencido a los convencidos y no creo que muchos ciudadanos cambien su voto y ni siquiera que algún abstencionista haya decidido ir a votar.
La moderadora segura y con autoridad. La realización -también pactada- correcta. Los candidatos, achicharrados, apenas podían abrir los ojos al principio. Y el cronómetro, oculto a los espectadores. Otra consecuencia de un pacto que privilegia a los dos grandes partidos.


Tenía pendiente desde hace un par de semanas el comentario de la exposición 
Una fuerza de la naturaleza que está en todas partes para cambiar Cuba. Allí me contaron que la zona de Cárdenas no se cultivaban los cítricos. Hasta que el comandante la visitó. Un guajiro le ofreción un fruto, una toronja, del árbol que había plantado en su bohío. El comandante comprendió que aquella era una buena tierra para esos frutales. Dicho y hecho. Hoy las plantaciones de cítricos llenan aquellos campos. No sé si la historia es real o un relato mítico más.
