WikiLeaks, el cablegate y la diplomacia “pública”


¿Volverá a ser el mundo igual?

Cuesta trabajo parar de leer los cables del Departamento de Estado. Para los interesados en la política internacional es un verdadero festín. En las pocas horas pasadas desde la publicación de estos 250.000 documentos, analistas, medios y blogueros se han lanzado sobre esta masa de información para extraer los despachos de su interés e interpretarlos conforme a su visión.

El 22 de noviembre WikiLeaks en su Twitter hacia una declaración casi apocalíptica:

“Los próximos meses veremos un nuevo mundo, en el que la historia global será redefinida. Mantengámonos firmes”

Estas revelaciones ya están provocando ondas en el mundo de las relaciones internacionales, algunas con la capacidad de convertirse en maremotos que se lleven por delante algunas  posiciones establecidas. Pero estos daños serán fácilmente restañados por los distintos poderes en cada lugar. No caerán las grandes torres y las murallas de Jericó seguirán firmes porque los sistemas de poder son capaces de deglutir y asimilar casos de corrupción, abusos y hasta traiciones.

El gran cambio sería que a partir de ahora las relaciones entre poderes se encuentren bajo escrutinio público, sin zonas de sombras.

Esto es lo que sostiene Simon Jenkins en The Guardian. Ya no existe un documento electrónico seguro y la diplomacia tendrá que adaptarse a una nuevas reglas de transparencia. Lo que emerge de los cables es “la corrupción y la mentira de los poderosos y el desajuste entre lo que proclaman y hacen” y más en concreto, la dominante derechista de la diplomacia norteamericana. Jenkins defiende que el escrutinio de las zonas oscuras pueden prevenir desastres como el ataque a Irak, basado en el argumento de las armas de destrucción masiva.

¿Todo debe ser conocido?

Los diarios que han tenido previo acceso a estos documentos aseguran que han eliminado cualquier referencia que pudiera poner en peligro la vida de las fuentes (El País, Le Monde), incluso The Guadian y The New York Times reconocen haber eliminado despachos que pudieran poner en peligro la seguridad nacional y haber mantenido conversaciones con el Departamento de Estado y haber admitido algunas de sus sugerencias.

Hasta ahora el término de “diplomacia pública” se empleaba para indicar las acciones comunicativas de los estados destinadas a desarrollar sus objetivos estratégicos en el mundo de las relaciones internacionales. La diplomacia pública es una de las manifestaciones más importantes del “poder blando” (como ha desarrollado el profesor Nye). Y es “pública” como contraposición a la diplomacia clásica, secreta.

Mostrar desnudos a los poderes es un sano ejercicio democrático. Pero no toda reunión, negociación o cambio de impresiones puede desarrollarse bajo los focos. Por ejemplo, tomemos un órgano deliberativo como el Consejo Europeo. Si sus reuniones fueran televisadas, cada mandatario hablaría para su opinión pública y no para buscar los puntos de encuentro y desencuentro e identificar las concesiones mutuas para llegar a un acuerdo.

Hacen falta muchas conversaciones discretas para forjar consensos en la política nacional e internacional. Lo que los ciudadanos tienen derecho a conocer no es tanto el proceso por el que se ha llegado a estos compromisos como el alcance de sus términos, las mutuas concesiones y su respeto o no de la legalidad y los derechos humanos.

Me temo que una diplomacia transparente puede hacer más peligroso todavía nuestro mundo.

En cualquier caso, gracias WikiLeaks.

Diplomacia YouTube


El presidente Obama ha hecho una primera apertura simbólica hacia Irán felicitando el año nuevo a los iraníes en un vídeo, colocado en el blog oficial de la Casa Blanca. (Es curioso que aunque en YouTube podemos encontrar el vídeo sin subtítulos en farsi, la versión recogida por la Casa Blanca es la incrustación del vídeo en YouTube con subtítulos).

El mensaje puede resumirse en un titular: Irán recuperará el papel que merece en la comunidad de naciones si renuncia a promover el terrorismo y a su programa nuclear. Las autoridades iraníes han pedido a Estados Unidos más que palabras para comenzar una nueva época de relaciones. Son los primeros pasos de un complejo ballet que puede llevar a encuentros al máximo nivel. Nada ocurrirá hasta después de las elecciones en Irán, que puede volver a ganar Ahmedinejad.

La diplomacia clásica, por definición, establece cauces permanentes y discretos de comunicación entre estados. Junto con el uso de la fuerza, ha sido el principal determinante de las relaciones internacionales. El contacto entre soberanos ha sido siempre otro factor clave. En el siglo XX, con regímenes políticos cada vez más personalistas, la diplomacia de la cumbres trajo a veces cambios reales y dramáticos (Munich, Rykiavik), pero ha terminado por convertirse en un ejercicio de relaciones públicas, dirigido a las respectivas opiniones públicas nacionales. Las técnicas de las relaciones públicas aplicadas a las relaciones internacionales ha traído la diplomacia pública, consistente en construir imágenes y ejercer un poder blando para que otros estados influidos por sus opiniones públicas desarrollen políticas que no sean favorables.

El vídeo de Obama se encuadra en estas estrategias de diplomacia pública. No es la primera vez que un mandatario dirige un mensaje en forma de vídeo a otro país. Pero ahora ese vídeo no hay duda que llegará a esa opinión pública, a través de YouTube y la difusión viral. El momento y el motivo también son estratégicos. El Nowruz, el año nuevo persa, el nuevo día que coincide con el solsticio de primavera, es una fiesta que se celebra desde Bosnia a la India por multitud de pueblos con raíces persas. Es una fiesta no islámica, que el régimen de los Ayatolas no tiene más remedio que respetar, pero que nada tiene que ver con el tremendismo de la Asura chií. En definitiva, una fiesta laica en una república islámica.

No me extrañaría que Ahmedineyad respondiera con otro vídeo.

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