
Nos ha dejado Enma Bonino, luchadora por los derechos humanos, especialmente los de las mujeres. Pilar del mejor europeismo y de esa Italia comprometida con la construcción europea. Arriesgó mucho personalmente, por ser soltera, tanto en la campaña a favor del divorcio, como sobre todo en la del aborto (1978) en la que por primera vez fue detenida por resistencia a la autoridad. En la política italiana su mayor logró fue promover y ganar el referendum que congeló el programa nuclear civil italiano.
Fue diputada en varias legislaturas por el Partido Radical, del que terminó por ser su cara más popular. Ministra de exteriores con Prodi y Letta. La recuerdo sobre todo como comisaria europea. Entre otras competencias era responsable de Oficina Humanitania de la UE con la Comisión Santer. La recuerdo con su rostro de ratoncito curioso en lugares peligrosos como Mostar o Sarajevo o campos de refugiados africanos. Fue impulsora del Tribunal Penal Internacional y como ministra de exteriores defendió ante la asamblea general de la ONU la aplicación de una moratoria sobre la pena de muerte.
Siguió al pie del cañón casi hasta el. final.
Una representante de la mejor Italia, la de lo valores, y no la vocinglera y xenófoba de los «melones».
Seguro que Bonino descansa ya en paz.


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