Irak, Iraq… memoria de la destrucción


¡Ya ha empezado! Eran las tres de la mañana de la madrugada del 20 de marzo de 2003 y al otro lado del móvil, mi jefe, Daniel Peral, me advertía del temido momento: habían empezado los bombardeos.

Mirando la galería de fotos y vídeos de Reuters rememoro las difíciles semanas que siguieron. Pase la guerra en la Redacción de TVE, muy lejos de los riesgos físicos y morales del campo de batalla; pero, en cierta forma, también la Redacción se convirtió en un campo de batalla. Hacer información internacional para televisión tiene algunas ventajas. En el mundo siempre hay algún acontecimiento de primera magnitud y a estas alturas ese acontecimiento casi siempre tiene una imagen; pero la gran ventaja sobre cualquier otra es estar fuera del juego político nacional y de las presiones que conlleva. Hasta que el gobierno de un mediano país quiere jugar una dudosa carta estratégica y se suma como comparsa al Imperio. Entonces empiezan los problemas y la información internacional deja de ser ese territorio franco y despreciado. Empiezan las presiones y llega la voracidad de otras secciones por comerse parte del pastel informativo.

Las tres semanas de campaña (que no de guerra, que todavía sigue) fueron muy intensas y requirieron mucho esfuerzo, pero resultaron menos tensas que los meses que precedieron a los primeros bombardeos. Desde el otoño de 2002 la administración Bush daba señales que la decisión de la guerra estaba tomada y que sólo se trataba de venderla la opinión pública. En aquellos Servicios Informativos dirigidos por Alfredo Urdazi se privilegiaba todo aquello que mostrara la maldad de Sadam y su régimen -disidentes iraquíes refugiados en España aparecían cada día como por ensalmo- y todo los que demostrara la existencia de armas de destrucción masiva y la vinculación con Al Qaeda. Se mininizaba, en cambio, cualquier iniciativa diplomática, se infravolaban los informes de los inspectores de Hans Blix y El Baradei. A los informes del desaparecido Comité Antimanipualación (recogidos en la página del Consejo Provisional de Informativos ) me remito. Se llegó a extremos tan ridículos como -a la hora de unificar grafías- escoger Iraq en lugar de Irak, porque Iraq se escribe en inglés e Irak en francés -ya se sabe, Francia era paladín de la no intervención.

Permítaseme el recordatorio de algunas de las imágenes que se guardan en mi memoria.

La primera guerra del Golfo, 1991. Los bombardeos en la noche verdosa… los ataques aéreos convertidos, por primera vez, en vídeo juegos… Peter Arnett desde la terraza del hotel en directo practicando una diplomacia oscura e indirecta… los soldados iraquíes que se rinden y besan la mano a sus invasores… la carretera de la muerte, Quwait-Basora, todo un ejército reducido a chatarra y la chatarra no nos dejaba ver la carnicería.

El éxodo kurdo, 1991. Cientos de miles de personas vagando por montañas nevadas; un pueblo sin estado, desconocido y olvidado; una información tematizada como «catástrofe humanitaria»; un corolario, la «intervención humanitaria»; una consecuencia, la «exclusión aérea»; un resultado final, el estado kurdo de hecho y la desmembración de Irak.

Los años del olvido, 1991-2002. Irak se desdibuja informativamente; poca información sobre la reconstrucción (en un par de años Irak se reconstruyó a unos niveles impensables en la segunda guerra); algo sobre el bloqueo, cuando los iraquíes invitaban a equipos de televisión occidentales, que nos mostraban niños que morían sin los medicamentos embargados -propaganda iraquí, decíamos; crisis recurrentes con retirada de inspectores y diplomáticos y bombardeos conforme a los avatares de la política interna estadounidense y los líos de faldas de su presidente; «petróleo por alimentos» y su escándalo.

Preparando la guerra, septiembre 2002-2003. Continuas filtraciones de informes de servicios secretos, «revelaciones» de exilados iraquíes; «analistas» y «expertos» proclamando la amenaza apocalíptica de Sadam; el elegante Villepin, con su estupendo castellano, y sus movimientos diplomáticos en contra de la intervención; los llamamientos de Juan Pablo II; la movilización global contra la guerra; el rídiculo espectáculo del power point de Powell en el Consejo de Seguridad; la foto de las Azores.

La campaña militar, marzo-abril 2003. Otra vez imágenes verdosas de bombardeos; otra vez las «armas inteligentes», no lo suficiente para no masacrar civiles; otra vez los «vídeo juegos de bombardeos»; el avance anglo-norteamericano parado en Nasiriya; el niño Alí, sin brazos ni piernas ni familia, convertido en personaje mediático; la soldado Lynch, víctima de las balas iraquíes y de la propaganda del Pentágono; la muerte de Couso y las presiones para presentarla como un «trágico accidente»;otra vez los que se rinden besan la mano de los invasores, prisioneros que sí pueden ser mostrados en la televisión; no, en cambio, «los nuestros» «secuestrados» por los iraquíes, cuya imagen sí que estaba protegida por la Convención de Ginebra; Sadam paseándose ausente por un Bagdad espectral; su estatua derribada y la «toma en directo» de Bagdad.

La destrucción de Irak, 2003-2008. El saqueo, la destrucción, la rapiña del tesoro artístico; «Misión cumplida»-Bush dixit; las primeras redadas; los primeros enfrentamientos; la bomba contra el edificio de la ONU y la muerte de Vieira de Mello (un secretario general de la ONU en ciernes) preludio de lo que habría de venir; las carnicerías cotidianas; las peregrinaciones chíies; Paul Bremer, con traje y botas Panamá Jack, bajando del avión protegido por contractors (eufemismo de mercenarios); los contractors colgados del puente de Faluya; los agentes del CNI «asesinados por terroristas» (otro momento infomativamente difícil); ¿donde están las armas de destrucción masiva?;el «caso Kelly»; el ejército del Mahdi; los «daños colaterales» que matan a decenas de personas que asistían a una boda, confundidos con terroristas; la violencia sectaria; la orgía sangrienta de los vídeos yihadistas; la voladura de la mezquita de Samarra; la huída de los periodistas; la infamia de Abu Ghraib; el cansancio, el aburrimiento, Irak ya no es noticia…

«La situación en Irak (¿o en Iraq?) no es idílica, pero sí es muy buena» -Aznar dixit.

5 años de guerra en Irak


A punto de cumplirse en quinto aniversario del ataque anglo-norteamericano contra Irak, se suceden informaciones, reflexiones y análisis.

Quiero traer aquí el multimedia preparado por Reuters, por la calidad de todos sus materiales (fotos, vídeos, mapas, cronología-línea de tiempo y recursos en la red), pero, sobre todo por los testimonios de sus periodistas. Me quedo con el de Samia Nakhoul, superviviente del ataque en el que murió Couso. Magnífica interrelación en el relato de fotos, vídeos y testimonios.

 

 

Dando testimonio – Bearing Witness: five years of the Iraq War

No callar la voz de las víctimas de Colombia


manifestación en Bogotá -AFPDespués de la movilización global del 4 de febrero contra las FARC, las víctimas de todas las violencias políticas quisieron hacer su vox, como ya recogí en este blog. Ayer, 6 de marzo las víctimas de los paramilitares -15.000 muertos y desaparecidos- salieron a las calles de Colombia. En Bogotá (la capital del país con mayor número de desplazados del planeta por la violencia política, nada menos que 4 millones) se reunieron 40.000 personas, en una marcha que no contaba precisamente con el beneplácito del poder ni de los medios de comunicación. Hubo también marchas o concentraciones en otras 60 ciudades a lo largo del mundo. En Madrid, la concentración contó con la presencia del jesuita Javier Giraldo, coordinador del banco de datos de violencia política y destacado defensor de los derechos humanos.

Este comentario viene a cuento del desinterés de los medios españoles. De todos los grandes diarios sólo recogen la noticia El País y El Mundo, pero como simple foto acompañada de un pie informativo. Todos los diarios llevan abundante información del conflicto Ecuador-Colombia-Venezuela, con crónicas (El País, La Vanguardia) de corresponsales o enviados especiales muy críticas con Chávez. Entre las televisiones, sólo TVE difundió una crónica de su corresponsal en Bogotá en el telediario de las nueve de la noche del jueves. Por supuesto ningún medio se refiere a la concentración de Madrid.

¿Son todas las víctimas iguales para los medios?

(Más información en Pepitorias)

Adiós a Paisly


No Surrender! ¡No nos rendimos!… Ese grito del reverendo Paisly, casi un ladrido arrastrado con el peculiar acento de Belfast, ha sido una constante sonora en el último medio siglo de Irlanda del Norte. Un lema que representa como ninguno la mentalidad de sitio en la que ha vivido la comunidad protestante, convencida por figuras como Paisly, de que Londes, el Vaticano y Dublín se habían confabulado para hacerles desaparecer, para sacrificar sus costumbres y privilegios.

El No Surrender! era el grito de guerra de las masas protestantes durante los troubles, los disturbios, esa larga etapa histórica que comenzó con las marchas de los derechos civiles de los republicanos católicos y siguió a lo largo de 40 años con los progroms lanzados por los protestantes unionistas, la reconstrucción del IRA, la intervención del ejército británico, el terrorismo del IRA, el terrorismo de los paramilitares protestantes, la violencia sectaria, la violencia de baja intensidad imbricada con el narcotráfico… Una guerra comunitaria, librada por las masas trabajadoras católicas y protestantes, y que el reverendo contribuyó a mantener viva. Su odio a los «papistas» era proverbial; difícilmente concedía una entrevista a medios considerados católicos, por ejemplo, las televisiones españolas, pero cuando lo hacía no dejaba de ser cordial.

Paisly-McGuinnesPaisly se va de la política a sus 82 años. En su última etapa demostró que podía ser un político pragmático, pactando con el Sinn Fein, sus enemigos seculares, el gobierno autónomo de la provincia. Antes derrotó en la urnas al partido dominante de la comunidad unionista, el Ulster Unionist Party y a su líder David Trimble. Ha sido su buen entendimiento con el Sinn Fein y con el republicano McGuinnes, con el que comparte la cabeza del gobierno autónomo, y los escándalos de su hijo, los elementos que han puesto en cuestión un liderazgo de medio siglo.

Paisly era uno de esos «auténticos», de los que Alberto Marinero hablaba en un comentario en este blog. Se marcha tras haber logrado el poder, pero el Ulster que deja no tiene ya nada que ver con el que defendió. Paisly, como las marchas de los orangistas, era ya un residuo floklórico. Pero, ¡ojo!, ese folklorismo, esas esencias nacionales, religiosas, culturales… pueden ser, en cualquier momento y lugar, las ascuas que enciendan nuevos fuegos.

Otra vez el holocausto… Que poco aprenden los pueblos


Cómodamente sentado en mi sillón soy espectador, una vez más, de las terribles imágenes del tormento a que se ve sometido el pueblo palestino. Gaza, la mayor prisión del planeta, es reiteradamente bombardeada y su población masacrada. La muerte y sufrimiento de los más inocentes, los niños, nos conmueve, pero la matanza sigue, como algo natural, como la «respuesta» a los ataques con cohetes Kassam a territorio israelí, que el gobierno de Olmert pretende presentar como lucha contra el «terrorismo» palestino.

El viceministro de defensa israelí, Matan Vilnai, ha sobrepasado esa justificación arquetípica, tan homologable en Washington, y ha entrado en un terreno simbólico nada favorable a los israelíes, al amenazar a los palestinos con la «shoah«, el holocausto, si siguen disparando sus cohetes artesanales contra Israel.

Que la población de origen judio de Europa fue objeto del genocidio nazi, está fuera de discusión. No fue un genocidio exclusivo, lo sufrieron también los gitanos y los homesexuales y en cierta medida los pueblos eslavos, pero de todos ellos el genocidio judio fue el más sistemático, el más premeditado. El movimiento sionista justificó en ese genocidio su derecho a un estado propio y el genocidio paso a convertirse en holocausto, shoah en hebreo, y adquirir connotaciones no ya simbólicas, sino plenamente religiosas. El pueblo judío había sido sacrificado y eso convertía a los supervivientes, «el resto de Israel» en términos bíblicos, el derecho a un estado propio en el que ya nunca volvieran a ser extranjeros, un estado propio construido por pioneros socialistas (sionismo) o concrección de la Tierra Prometida porn Yahvé (religiosos, revisionistas).

Negar el holocausto es delito en muchos países europeos, y aunque es una cuestión controvertida a la luz de la libertad de expresión, creo que esa garantía es de justicia para la víctimas y una verdad que se debe a las jóvenes generaciones.

Cuando Matan Vilnai amenaza con holocausto no hace sino expresar que las víctimas del genocidio, porque lo fueron, hoy pretenden arrogarse el poder de someter al genocidio a otro pueblo… que los antiguos esclavos de Egipto vuelven a estar dispuestos a exterminar a los cananeos que habitan en la Tierra Prometida.

El presidente palestino Mahumd Abbas denuncia que lo que ocurre en Gaza es peor que el holocausto. Genocidio es la exterminación sistemática de un grupo humano (grupo étnico, religioso, político o diferenciado de alguna manera, por ejemplo, por su orientación sexual. ¿Es genocidio lo que sufren los palestinos?. En sentido jurídico estricto puede que no, pero estos actos son, sin duda, crímenes contra la humanidad.

¿Hasta cuando los israelìes, religiosos o laicos, van a consentir que se cometan estos crímenes en su nombre invocando la shoah?

Adiós a Drnovsek


Janez DrnosekVeo en las necrológicas de los periódicos (ahora, obituarios, con término anglosajón) que el pasado viernes 22 murió Janez Drnovsek, ex primer ministro y ex presidente de Eslovenia. La muerte pone fin a una larga enfermedad contra el cáncer que comenzó en 1999.

Drnovsek ha tenido varias vidas, o mejor, ha expresado una personalidad íntegra y única por medio de distintas formas de servicio público y, en la última década, por un proceso de introspección espiritual.

Drnovsek era uno de los jóvenes reformistas de la Liga de los Comunistas Eslovenos. Economista de formación, saltó a la palestra cuando el partido único esloveno decidió elegir por votación popular su representante en la Presidencia Colegiada Yugoslava. Drnovsek era un desconocido, pero consiguió derrotar al candidato oficial. Fue necesario que el la Asamblea eslovena endosara la elección para que el resto de las repúblicas federadas admitieran que uno de los miembros de la jefatura colegiada del estado hubiera sido elegido por votación popular. Drnosek ha contado su experiencia de aquellos años en unas memorias publicadas en España por Grijalbo en España bajo el título «La trampa balcánica».

Es un testimonio excepcional de los dos años decisivos para la ruptura de Yugoslavia, 1989 y 1990. Antes de llegar a Belgrado, Drnovsek era partidario de una mayor autonomía de las repúblicas, para que cada una pudiera hacer las reformas económicas y políticas que deseara. Pero su choque con la burocracia y el ejército federal le llevan a posiciones más radicalmente nacionalistas. La ruptura de la Liga de los Comunistas Yugoslavos había cortado el más importante vínculo político de la Yugoslavia post Tito. Mientras los eslovenos se iban de la Liga, la Serbia de un Milosevic recién llegado al poder imponía sanciones económicas a la república alpina, la más eficiente y rica del país.

Todas las tensiones terminaron por romper en la Presidencia Colegiada. Drnovsek fue su presidente durante la Cumbre de los No Alineados en Belgrado, un evento capital para la burocracia federal y que el joven presidente consideraba un simple engorro fuera de tiempo. Las tensiones en la cúpula política y las interferencias militares recuerdan a los primeros años de la transición española. Drnovsek medió entre unos y otros, pero terminó abandonando la institución cuando resultó imposible dar el relevo al croata-abiertamente separatista- Stipe Mesic, pocas semanas antes de que Eslovenia y Croacia declararán unilateralmente la independencia, prontamente reconocidas por Alemania y el Vaticano.

En julio de 1991 el Ejército Federal atacó Eslovenia y terminó por retirarse después de un par de semanas de guerra, el balance menos sangriento de todo el proceso de desintegración yugoslava, aunque todavía queda pendiente de dilucidar la responsabilidad por el asesinato de un grupo de reclutas federales.

Drnovsek negoció la retirada de las fuerzas federales. En la década de los 90, Drnovsek fue 9 nueve años primer ministro en tres periodos. En esa década, dirigió desde posiciones de centroizquierda una ordenada transición a la economía de mercado y el ingreso en la OTAN y en la Unión Europea.

Tuve la oportunidad de entrevistarle en varias ocasiones en España y Eslovenia. Siempre amable, nunca se negaba a responder en el español que aprendió de joven en Salamanca, lo que no dejaba de ser para él un handicap.

En 2002 llegó a la presidencia, coincidiendo con un agravamiento de su enfermedad. Desahuciado por los médicos, exploró métodos de curación tradicional, se hizo vegetariano, pero, sobre todo, inició un proceso de introspección espiritual. Vivía solo, en el campo y desde allí hacía llamadas en favor de una vida más auténtica y dirigió -sin éxito- iniciativas para superar el genocidio en Darfur y para una solución consensuada en Kosovo. Su reivindicación de los pueblos indígenas le llevó a acompañar a Evo Morales en su toma de posesión…

Todas estas «excentricidades» sacaban de quicio al primer ministro Janez Jansa (el organizador del embrión del ejército esloveno en 1989, 1990), un viejo rival político, al que Drnovsek criticó constantemente desde la presidencia por la que consideraba deriva autoritaria al intentar acallar las voces críticas. En este clima, Drnovsek fue tratado como un lunático y ninguneado políticamente.

Descanse en paz Janez Drnovsek.

Enlaces: Obituario en The Times, biografía en Cidob.

Todo empezó en Kosovo


Esta tarde de domingo, Kosovo se dispone a declarar su independencia.

Kosovo fue la pieza que descuadró todo el rompecabezas yugoslavo, con importanteslíneas de ruptura todo él. Kosovo fue el catalizador de unas tensiones que no esperaban más que un motivo para expresarse violentamente.

Kosovo se convirtió en el corazón cultural y religioso de Serbia durante el reinado de Stefan Nemanja, a principios del siglo XIII. Del XIII y el XIV datan los maravillosos monasterios ortodoxos que jalonan el territorio. En 1389, en Kosovo Polje, el campo de los mirlos, el Zar Lazar comandó una coalición de príncipes cristianos que fueron derrotados por los otomanos. Los turcos extendieron su gobierno por los Balcanes del sur y la batalla quedó fijada en el imaginario serbio como elemento esencial de su identidad. Esa identificación con la derrota y los siglos de sufrimiento y, sobre todo, humillación que siguieron es esencial para entender la cultura y la sociedad serbia.

Vecino a Albania, los albaneses se extendieron por Kosovo durante el imperio otomano. Albaneses cristianos aliados de los ejércitos austriacos atacaron Kosovo en el siglo XVII. En general, la islamización tanto de albaneses como de parte de los serbios, favoreció su asentamiento en el territorio. La larga agonía del imperio otomano enfrentó a serbios ortodoxos y albaneses musulmanes. Todos los pueblos de la región practicaron lo que hoy llamamos limpieza étnica durante las guerras balcánicas, prólogo de la I Mundial. Durante la primera Yugoslavia, en el periodo de entreguerras, la población albanesa declinó. Durante la II Guerra Mundial, Kosovo pasó a formar parte del estado títere albanés, dependiente de Mussolini. Los serbios sufrieron una terrible limpieza étnica. La segunda Yugoslavia, después de la II Guerra Mundial, la Yugoslavia de Tito, reconoce los derechos culturales a los albaneses. En 1974, la Constitución reconoce una amplia autonomía a Kosovo, dentro de la República de Serbia, en el marco federal yugoslavo. La mayor natalidad convierte a los albaneses en clara mayoría.

Visité Pristina como turista en 1976. La capital de Kosovo tenía un aire polvoriento y artificial. Al final de su calle principal, el airoso minarete de la mezquita rivalizaba con un hito escultórico de la nueva universidad. El gran almacén, con sus escaleras mecánicas, estaba bien dotado y no le faltaban televisores en color. Las barberías turcas estaban presididas por el retrato de Tito, en sus últimos años de vida. No se adivinaba más tensión que la de las vociferantes comitivas de hinchas futbolísticos. El Gran Hotel, un edificio digno de la Rusia de Stalin, era el único alojamiento posible. Con los años se convertiría en el cuartel general de los paramilitares serbios.

En los primeros 80, coincidendo con la muerte de Tito, se suceden manifestaciones y huelgas de albaneses, reprimidas por la policía. En el marco de la tradicional rivalidad y agravios históricos entre serbios y albaneses, el crecimiento demográfico de los albaneses y los derechos específicos que a éstos da la autonomía hace sentirse acorralado a la minoría serbia.

Este malestar será explotado por Milosevic para presentarse como el defensor de los serbios, residan donde residan. A finales de los 80, poco después de tomar el poder en Belgrado, Milosevic realiza una visita a Kosovo. Le siguen los medios de Belgrado. Ante las cámaras, escucha las quejas de ancianos serbios y les promete que «nadie volverá a tocaros». Es su consagración. Uno de los periodistas que sigue la escena será años más tarde asesinado por la policía política de Milosevic. En 1989 se celebra en quinto centenario de la batalla de Kosovo Polje, convertido en la gran reafimación de Serbia. Milosevic amenaza: lucharemos militamente por Yugoslavia. La autonomía de Kosovo es abolido y los votos que tenía en la presidencia colegiada yugoslava son asumidos por Serbia. Todo ello será detonante para la ruptura de Yugoslavia, querida por los digentes eslovenos y croatas, y que los serbios decían querer combatir. En Kosovo, Ibrahim Rugova lanza una campaña de desobediencia cívica y los albaneses construyen una red de instituciones que se convierten en un precario estado paralelo.

Todos los políticos, croatas, serbios, eslovenos, bosnios… se lanzan a la carrera nacionalista. Los dirigentes serbios confían en su fuerza militar y en su demografía y convencen al pueblo de que es la hora de la Gran Serbia. Todos cometen crímenes, pero los cometidos en nombre de esa ahistórica Gran Serbia se convierten en verdadero genocidio en Bosnia.

Las victorias militares del principio de la guerra de Bosnia no pueden convertirse en victoria política. El nacionalismo serbio resulta contenido por los acuerdos de Dayton, pero ve reconocido su dominio sobre territrorios en los que ha realizado una terrible limpieza étnica. En el 96,97… parecía que Milosevic había tenido suficiente, pero en el 98 se embarca en una represión salvaje de una pequeña guerrilla kosovar. La represión radicaliza a la juventud, que se alista en la guerrilla. El moderado Rugova se ve desbordado. Los paramilitares serbios comienzan la limpieza étnica. Después de muchas vacilaciones, la OTAN, sin la legitimidad de una resolución de la ONU, lanza su campaña de bombardeos sobre Kosovo y Serbia. El acuerdo de Kumanovo pone fin a la presencia del ejército serbio en el territorio.

Desde 1999 Kosovo es un protectorado de la OTAN. La fuerza política dominante es la sucesora de la guerrilla. Los serbios han quedado reducidos a enclaves como Gracanica y el más importante, al norte del río Ibar, con la ciudad de Mitrovica. Los serbios, sobre todos aquellos aislados en pequeñas localidades han sufrido el acoso de sus vecinos albaneses. Kosovo ha vivido de la ayuda internacional y, sobre todo, de la inyección económica que supone el contingente militar desplegado.

Ahora, Kosovo, va a ser independiente mediante una declaración unilateral y merced al apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea (por mucho que algunos de sus miembros, como España, no vayan a reconocer al nuevo estado). Se aplicará el plan Atthisari escrupulosamente. Se evitará cualquier veleidad de Gran Albania, que pondría en pie de guerra a Montegro, Macedonia y Grecia. No creo que se produzca una integración de los serbios. Puede que, incluso, los territorios al norte del Ibar proclamen una indepencia no reconocida por nadie.

Los Balcanes de hoy no son los de los 90. El odio persiste, pero todo el combustible bélico se quemó en la gran hoguera. Pero si Kosovo fue el principio de todo, con esta solución unilateral ¿será el fin de todo?.

(Actualizo esta entrada con el enlace al trabajo La independencia de Kosovo a la luz del derecho a la autodeterminación, de los catedráticos de Derecho Internacional Público Romualdo Bermejo y Cesáreo Gutiérres, en el Boletín nº 100 del Instituto Elcano. Copio una de las frases que me parece clarificadora:

« El problema se encuadra en el debate sobre si se puede aplicar a los pueblos nacionales un derecho pensado para los pueblos coloniales. Mientras que éstos lo tienen reconocido -autodeterminación externa-, los primeros sólo tienen reconocido el derecho a una autonomía -autodeterminación interna- que les impida ser perseguidos o excluidos del gobierno. La falta de esa autonomía fue la que provocó los bombardeos de la OTAN sobre Serbia hasta que aceptó su concesión por la fuerza.»

El trabajo analiza las distintas fórmulas existentes en el Derecho Internacional para una solución definitiva)

La otra Serbia


En cada elección celebrada en Serbia desde la caída de Milosevic hace 8 años entre un 40% y 45% de los votos va las formaciones nacional-populistas, ancladas en el victimismo nacionalista. De ese bloque, la fuerza hegemónica es el Partido Radical, con su líder histórico, Vojislav Seselj (acusado en La Haya de crímenes de guerra), se lleva un 30%, correspondiendo el resto al Partido Socialista de Milosevic, en franco declive. En ese electorado nacionalista cabe encuadrar buena parte de los votos obtenidos por el Partido Democrático de Serbia, de Vojislav Kostunica. En la primera vuelta de las elecciones del domingo el candidato del Partido Radical, Tomislav Nikolic, rozó el 40%, quedándose a 4 puntos el actual presidente, Boris Tadic, del Partido Democrático, el líder que intenta llevar a su país a Europa sin herir demasiado el maltrecho orgullo de los serbios.

La mayor parte de los analistas serbios -como se hace eco en su crónica en El País Ramón Lobo– consideran que, en estas condiciones Kostunica conserva su poder como árbitro del futuro, orientando los votos (un 7’6%) del que fue su candidato, Velimir Ilic, hacia Tadic. Otra es la visión del eslavista Eric Gordy en Open Democracy. Para este profesor, Nikolic no tiene capacidad de atraer más votos y los votos de Ilic irán hacia Tadic, o se abstendrán, de modo que Kostunica tiene poca capacidad de influir en el resultado de la segunda vuelta. Lo más interesante del análisis del profesor Gordy es su observación de que la existencia del Partido Radical ha impedido que los dos grandes partidos serbios actuales se definan conforme a criterios homologables: como conservador, el Partido Democratico de Serbia de Kostunica; como liberal, el Partido Democrático de Tadic.

Pero lo que más interesante me parece de la votación del domingo es el aumento de la participación, un 61%, que parece romper una tendencia de apatía política. Y vuelvo al principio de este comentario. El votante anclado en los mitos de la Gran Serbia, incapaz de reconocer los crímenes cometidos en el nombre de la Patria, ha sido fiel al Partido Radical. Las víctimas de la limpieza étnica en otras repúblicas es yugoslavas, los refugiados de Bosnia y Kosovo, también han votado por los radicales. Y muchos de los perdedores económicos de una transición caótica y sin decisión. En cambio, el electorado urbano, deseoso de mirar al futuro y no al pasado, no ha encontrado incentivos para votar a partidos formalmente europeistas, inmersos en batallas bizantinas e incapaces de romper radicalmente con el pasado. Tampoco ha ayudado la posición dubitativa de Europa. Parte de ese electorado ha vuelto el domingo a las urnas.

Para que esa otra Serbia sin ataduras con el pasado se reafirme sería necesario que la independencia de Kosovo no se imponga a Serbia como un trágala. Que la Unión Europea ofrezca financiación y apoyo para el proceso de integración. Que no se abandone la exigencia de entrega del criminal Mladic, porque es de justicia y porque la tolerancia en este asunto no hace más dar alas a los nacionalistas. Y que el electorado exija a sus políticas que abandonen de una vez por todas el victimismo y las eternos relatos conspirativos, tan caros en los Balcanes.

El estado judio


Bush en el museo del Holocausto - ReutersLos medios de todo el mundo han titulado que Bush pide a Israel que se retire de los territorios palestinos. Los titulares no mienten, pero no dicen toda la verdad.

En su primera y última visita al corazón del conflicto -el núcleo de todos los conflictos del Próximo Oriente- el presidente de Estados Unidos ha mostrado una ingenua esperanza de que la paz es posible haciendo realidad un estado palestino. ¿Qué estado palestino?. Uno basado en una Gaza incontrolable, bajo control de Hamas y en los restos de Cisjordania. Cisjoradania se ha visto amputada por el muro y alberga tres grandes asentamientos israelíes en su seno con a 120.000 habitantes. Habría que hacer -dice Bush- reajustes territoriales, esto es, ceder desierto a los palestinos a cambio de estos territorios que seguirían ocupados. Sería un estado inviable, cortado por carreteras exclusivas para israelíes, controles de seguridad y hasta guarniciones militares junto al río Jordán. Un batustán, un estado palestino vasallo de Israel, en el que los palestinos no podrían respirar.

Bush ha dado por supuesta la teoría de dos estados: uno judío y otro árabe. Si Israel es un estado judío, los refugiados palestinos, expulsados del territorio de lo que hoy es el estado de Israel, no podrían regresar, pues su hogar nacional sería el estado árabe palestino. Ese estado palestino, un pequeño territorio fragmentado, tendría que acoger a aquellos que quisieran regresar, sin responsabilidad alguna para Israel. Y reconocer a Israel la condición de estado judío puede significar forzar la asimilación o expulsión de la minoría árabe, cada vez más numerosa y activa. En definitiva, un proyecto de limpieza étnica.

Muy pocos israelíes o palestinos, un número seguramente ínfimo, estarían por un estado único, multiétnico, multicultural, laico, democrático… El tiempo para esa solución parece haber pasado, pero, en su defecto, israelíes y palestinos se ven abocados a convertirse en comunidades confesionales, cada vez más radicalizadas y sin posibilidad de vivir amistosamente una al lado de otra.

Hillary Clinton: la fuerza del corazón


Reuters«Vengo aquí con todo mi corazón a daros las gracias». Estas han sido las primeras palabras de Hillary Clinton a los partidarios que la aclamaban en Manchester, New Hampshire, después de su victoria sobre Baruk Obama en las primarias de este estado.

Clinton ha logrado dar la vuelta a unas encuestas que se le mostraban adversas. ¿Que puede haber ocurrido en las horas inmediatas a las votaciones para este cambio?. Pues que la candidata de la experiencia, del autoncontrol, de la frialdad, se mostró en un acto electoral capaz de emocionarse, de llegar casi a las lágrimas.

Todos los análisis coinciden en que esta imagen puede haber sido decisiva para su victoria. Se cumple así el principio de que para ser creíble en televisión no basta la convicción, hace falta también emocionar, aunque sea, como en este caso, emoción, sobre la propia carrera de servicio público. ¿Fue una emoción espontánea o un gesto muy profesional (como insinuaba Carmelo Machín en su crónica para TVE). Seguramente fue espontánea, pero sus asesores han sabido explotar bien esa aparente debilidad. La propia Hillary ha reconocido que en esta semana ha escuchado a la gente y ha cambiado.

Así que, dos «comeback-kid», dos chicos (una chica y un chico, Clinton y McCain) que siempre se recuperan de sus fracasos, encabezan de nuevo la carrera interna de sus partidos hacia la Casa Blanca. Una carrera apasionante.