Verdad y justicia en el caso Couso


Es admirable el coraje de la familia Couso en su lucha por la justicia. El auto de la Sala de lo Penal que revocó el procesamiento contra tres militares americanos ha sido un duro golpe. Ahora la familia explora nuevas vías: la citación como testigos de los ex ministros Federico Trillo y Ana Palacio y emprender acciones legales contra el fiscal de la Audiencia Nacional, Jesús Alonso, por su actitud en la causa. Parece difícil que salga nada de esa segunda iniciativa, pero la primera, lograr el testimonio de los ex ministros, puede arrojar luz sobre las circunstancias de la muerte del reportero español.

Javier Couso puso de relieve en rueda de prensa que los ex ministros recibieron distintas versiones de las autoridades norteamericanas y que todas las aceptaron pasivamente. Primero se dijo que el tanque respondió a disparos realizados desde el Hotel Palestina, luego que había un lanzagranadas, un francotirador y, finalmente, un oteador.

La verdad es parte de la justicia, pero no toda la justicia. Hacer justicia en este caso sería establecer la verdad, juzgar a los responsables y castigarlos. En el mejor de los casos, la justicia española conseguirá juzgarlos, pero difícilmente condenarlos. Estados Unidos es el mayor enemigo de la justicia universal. La ley de protección de su personal en el extranjero prohibe su entrega, por ejemplo, al Tribunal Penal Internacional. Es impensable su entrega a España -como un responsable dijo «antes se helará el infierno».

Pero la verdad es la primera piedra de la justicia. Y en el conocimiento de la verdad si que se puede avanzar. Trillo y Palacio tienen mucho que contar. Si vale el testimonio personal, el día de la muerte de Couso las presiones sobre la televisión pública desde el Ministerio de Defensa llegaron a traslucirse en la propia Redacción.

Aparecen nuevos testimonios, como los de la sargento retirada, Adrienne Kinne, que avalan la tesis de que los militares tenían órdenes de silenciar o al menos amendrentar a los periodistas que no estaban «empotrados» en sus unidades.

Reproduzco a continuación las reflexiones de Aidan White, secretario general de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Incluyo también el enlace a la entrevista de Amy Goodman a Kinne en Democracy Now! (traducida en español).

Aidan White en el Newsletter de la FIP:

«Felicitaciones a Amy Goodman, la activista de la publicación electrónica Democracy Now!, por su entrevista con Adrienne Kinne, sargento en situación de retiro, que ha dado el chivatazo sobre la conversión de los periodistas en objetivo por parte de Estados Unidos durante los primeros días de la guerra de Iraq.

Ella ha dicho que el ejército de los EEUU intervenía los teléfonos de los periodistas, que el Hotel Palestina –convertido en centro de prensa- estaba en la lista de posibles objetivos militares y cómo recibió el fuego de un tanque estadounidense con resultado de muerte de dos periodistas.

Tras los ataques estadounidenses a los medios en Bagdad, aquel 8 de abril de 2003 (incluyendo la muerte del reportero de Al Jazira, Tareq Ayyoub, tras un ataque aéreo a las oficinas de aquella cadena que el ejército de EEUU nunca se dignó a investigar), cinco años después, la verdad emerge a la superficie.

El caso requiere una investigación completa y la respuesta obligada sobre el trato dado por el ejército de EEUU a los reporteros (a los que no trabajaban entre sus unidades).  Las familias y los colegas de las víctimas, José Couso, de Telecinco, y el también camarógrafo, Taras Protsyuk, junto a Terry Lloyd, de ITN, que murieron a manos de las tropas de EEUU durante los primeros días del conflicto. Merecen justicia tras años de decepciones y piruetas oficiales.

Decimos lo mismo para los vivos. Seguimos de cerca el desarrollo de todo esto junto a Eason Jordan, el anterior jefe de la CNN, y junto a Linda Foley, la entonces Presidenta de “The  Newspaper Guild”. Jordan fue expulsado de su empleo y Foley fue sometida a una campaña desagradable de insultos, porque sugerían que los EEUU apuntaron realmente contra los medios durante la campaña iraquí.

La cuestión que fastidia bastante en el tiempo y durante esta polémica es: ¿por qué harían los EEUU una cosa así? Podría haber una respuesta sencilla. Los EEUU aclararon desde el principio que no estaban contentos con los cientos de periodistas no incrustados entre sus tropas (los medios que llamaron “unilaterales”), los que deambulaban por la región al entrar en guerra. Sin garantías de que Bagdad y Sadam caerían rápidamente, ¿querían enviar un duro mensaje a la gente de los medios que escapaba a su control para que no sobrepasaran los límites? Hasta que no contemos con investigaciones adecuadas y sepamos por qué apuntaron contra los medios, no lo sabremos.«

La otra olimpiada de China


Los enviados especiales son imprescindibles. Nos cuentan, nos muestran, lo que ven. Quizá no manejen toda la información que se centraliza en la Redacción, pero su testimonio es esencial para conocer el mundo en el que vivimos. Una vez más Rosa María Calaf, corresponsal de TVE en China y enviada a la zona devastada por el terremoto, nos da en sus crónicas claves para comprender la nueva China, tan contradictoria y cambiante. Imprescindible Calaf -he incrustado su primera crónica, sacada de la nueva página en pruebas de RTVE, aunque no es la más significativa.

Dos novedades se desprenden de las crónicas de Calaf. China se está volcando en el socorro de los afectados. En una situación tan difícil puede que los esfuerzos adolezcan de falta de profesionalidad, pero no hay duda que las autoridades no escatiman medios humanos ni materiales. Además, han buscado la cercanía con los afectados, algo hace unos años impensable. Segunda novedad: una inusual apertura a la ayuda llegada del exterior y una colaboración con los medios extranjeros.

Y, algo que no es una novedad, una enorme solidaridad entre la población.

He aquí un desafío más importante para China que los Juegos Olímpicos: abrirse al mundo (no sólo económicamente), organizar su enorme fuerza interna y democratizar el poder. Esa es su verdadera olimpiada.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles. from wwwbeta.rtve.es posted with vodpod

¿Es un crimen contra la humanidad la inacción de la Junta birmana?


Así lo sostiene Gareth Evans, uno de los padres de la responsabilidad de proteger, en la edición de hoy de The Guardian.

Vengo ocupándome de la posibilidad de aplicar la cláusula de la responsabilidad de proteger en dos comentarios, «China puede abrir Birmania» y «La responsabilidad de proteger Birmania» que, por cierto, apenas han tenido lectores, supongo que por colocar los buscadores muy abajo a este blog en un tema de tanta actualidad como la situación de Birmania. En esencia, he sostenido -creo que con muchas especialistas- que esta posibilidad de intervención internacional no procede en los casos de desastres y crisis humanitarias.

Evans aporta hoy una nueva visión. Reconociendo que en la resolución final de la Cumbre Mundial de 2005 no se contempla esta posibilidad aboga por una interpretación amplia. Si el principio trata de proteger a las poblaciones contra los crímenes contra la humanidad ejecutados o consentidos por sus gobiernos ¿no puede considerarse un crimen contra la humanidad dejar morir sin auxilio apropiado a cientos de miles de personas? El ex ministro de exteriores canadiense alega en apoyo de su tesis en que el concepto de crímenes contra la humanidad -tal como se establece por el Derecho Internacional por ejemplo en el Estatuto del Tribunal Penal Internacional- no sólo engloba las matanzas, torturas o represión sistemática, sino también «cualquiera otros actos inhumanos de similares características que puedan intencionalmente causar gran sufrimiento, heridas físicas o graves daños a la salud mental».

Pues me ha convencido. Si la Junta persistiera en su negativa a recibir el auxilio material y técnico del exterior podría considerarse que está cometiendo un crimen contra la humanidad que merece una intervención internacional (por ejemplo, lanzamiento de ayuda desde el aire sin el consentimiento del gobierno) justificada en esa «responsabilidad de proteger». Pero subsiste el problema de que es necesaria una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Con cuentagotas, pero los militares empiezan a dejar entrar a trabajadores humanitarios extranjeros. Vuelvo a insistir que quien tiene la llave para que la ayuda llegue es China y en menor medida India y Tailandia.

En fin, es una polémica que parece que sostengo solo conmigo mismo…

China puede abrir Birmania


Hace dos días me pronunciaba contra la aplicación de la claúsula de la «responsabilidad de proteger» a Birmania. Veo en BBC que Ed Luck, asesor de Ban Ki-moon, es de la misma opinión-más autorizada, claro. Es evidente que no estamos ante un genocidio, crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra. Pero la desidia de la Junta militar es completamente criminal. ¡Ni siquiera el secretario general de la ONU ha logrado hablar con el jefe de la Junta!. Los militares siguen enfrascados en su referendum (que presentan como un paso imprescindible para unas elecciones democráticas en 2010), mientras impiden la llegada de ayuda y los cadáveres se pudren bajo las aguas.

Aun en el supuesto de que la doctrina de la «responsabilidad de proteger» fuera aplicable al caso, China y Rusia vetarían una resolución en el Consejo de Seguridad. Y ahí está la clave, en que los países que sostienen a la Junta, esencialmente China, pero también Tailandia, presionen de modo inmediato a los militares y les convenzan de que su supervivencia depende de que abran el país a la ayuda exterior.

El tiempo pasa y cada día más vidas están en riesgo. La información pierde protagonismo en los medios occidentales y los donantes, los ciudadanos de a pie, enterados de boicot del gobierno birmano pueden sentir la tentación de inhibirse y no hacer contribuciones para paliar la catástrofe.

La responsabilidad de proteger Birmania


Bernard Kourchner ha invocado el principio de la responsabilidad que todo gobierno tiene de proteger a su población para obligar a la Junta Militar birmana a que abra las puertas de su arrasado país a la ayuda humanitaria.

Myanmar, Birmania, ha sufrido la mayor catástrofe desde el tsunami de 2004 en el Índico. Sus gobernantes no fueron capaces de prevenir a la población del peligro del tifón , peso a ser advertidos por los servicios meteorológicos de la India. Y, ahora, ponen todo tipo de trabas a la ayuda internacional en un país destrozado con 22.000 muertos, que pueden llegar a 100.000. Miedo a abrir el país a los extranjeros, incompetencia… todo se une en una desidia criminal.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon ha pedido a los militares que abran el país a la ayuda extranjera. Los suministros comienzan a llegar, pero los extranjeros esperan en Tailandia las visas para entrar.

En esta situación Kourchner invoca «el derecho a proteger» y sugiere que el Consejo de Seguridad lo concrete en una resolución. No parece que su sugerencia vaya a tener mucha acogida.

¿Qué es la «responsabilidad de proteger»?

La «responsabilidad de proteger» -en inglés «responsability to protect» (R2P)- no es otra cosa que la concreción atemperada del «derecho de injerencia humanitaria», que muchos defendieron a la vista de los genocidios de los 90 en Rwanda y Bosnia y que, implícitamente, sirvió para justificar la intervención en Kosovo sin resolución de la ONU. No es extraño que sea Kourchner quien invoque ahora la «responsabilidad de proteger», porque él, fundador de Médicos Sin Fronteras, fue uno de los grandes defensores de ese derecho de injerencia humanitaria, crticado por otros como una nueva forma de colonialismo, una herramienta en manos de las grandes potencias para mancillar la soberanía de los débiles.

Después de Kosovo, en 2001, el gobierno canadiense estableció una comisión de la que surgió la idea. Y lo hizo dándole la vuelta al derecho de injerencia humanitaria. Si el derecho internacional y la Carta de Naciones Unidas establecen el respeto a la soberanía nacional y el derecho a la no injerencia en las cuestiones internas, esa soberanía se justifica porque los estados deben ser capaces de proteger a sus propios ciudadanos de las atrocidades, de los crímenes de guerra, de los crímenes contra la humanidad, del genocidio. Si el estado incumple esa obligación primaria básica corresponde a la entera comunidad internacional proveer de esa protección a la población en peligro y poner término, incluso con medios militares, a esos crímenes. No se trata de «intervenir», sino de «proteger». La Cumbre Mundial de la ONU de 2005 aceptó el principio -una cumbre que seguí como enviado especial y que tuvo como elemento estrella a esta «responsabilidad de proteger». El Consejo de Seguridad también lo ha apoyado, pero hasta ahora no lo ha aplicado en ningún caso.

La responsabilidad de proteger no es aplicable en el caso de catástrofes naturales

Puede verse sobre este principio el dosier especial del International Crisis Group. Lo que está claro es que el supuesto que puede desencadenar su aplicación es que una población se encuentre en grave peligro como consecuencia de una situación de guerra interna, insurgencia, represión, que el estado no quiere o no puede confrontar, bien porque sea el responsable directo o indirecto de los crímenes, bien porque sus estructuras se hallan disuelto en una situación de caos. Nada que ver con situaciones de crisis provocadas por una catástrofe natural.

Hace pocos meses se sugirió la aplicación de este principio también en Birmania, pero, en una situación muy distinta, a raíz de la represión desatada por la dictadura militar contra las protestas populares encabezadas por los monjes budistas, la «revolución azafrán» -¡cuánto nos gustan a los periodistas las revoluciones de colores!.

Fue Gareth Evans, presidente de International Crisis Group, ex ministro canadiense de exteriores y padre del principio, el que defendió muy fundadamente su aplicación en una conferencia. Evans arrancaba con la cita de un profesor chino que declaraba que si China tuvo su Tiananmen, los militares birmanos, en ejercicio de su soberanía estaban en el derecho de reprimir a sus opositores… Evans demostraba a continuación cómo justamente la soberania no podía interpretarse como un derecho absoluto de un estado sobre súbditos.

Ahora, los delegados de la ONU realizan una labor diplomática para levantar los obstáculos para la llegada de la ayuda. No es el método más rápido, pero ¿sería más rápido que el Consejo de Seguridad adoptara una resolución aplicando el principio? Porque lo que está claro es que no se trata, cómo ha llegado a sugerir el mercurial Kourchner, de que la marina o la aviación de Francia o el Reino Unido entren en el país por su cuenta.

Puede que el tifón sea el último empujón que haga caer a la odiosa junta, pero conviene dejar a la ayuda fuera de los objetivos políticos. O ¿habría que haber aplicado la responsabilidad de proteger a Estados Unidos durante el Katrina?

¿En quién confiamos? ¿En los medios o en los gobiernos?


¿En quién confiamos? Pues depende, en los medios, si vivimos en un país emergente, en los gobiernos, si vivimos en un país de democracia desarrollada. Este es al menos el titular más impactante de otra de esas encuestas globales que Reuters y BBC vienen encargando a GlobeScan.

En este caso, el objetivo era conocer el grado de confianza en los medios (puede descargarse la encuesta completa en pdf, resumen en BBC) en 10 países con muy distinto grado de desarrollo político y económico: democracias capitalistas altamente desarrolladas (Estados Unidos, Alemania y Reino Unido), países emergentes con democracias asentadas (Corea del Sur, Brasil e India) o todavía débiles (Indonesia), un gigante potenciales con democracia inestable (Nigeria), una democracia formal que se desliza hacia la autocracia (Rusia) y una autocracia subdesarrollada (Egipto).

Con poco más de 10.000 encuestas, no puede sostenerse que los resultados sean tendencias globales. Pero lo interesante es comparar resultados entre unos y otros países y en este caso las diferencias sí que son llamativas. En Reino Unido, Alemania y Estado Unidos ¡se confía más en los gobiernos que en los medios! En el resto, más en los medios que en los gobiernos.

¿El mundo al revés? Los resultados en esas tres democracias sugieren que los medios han dejado de ejercer su papel de «perro guardián» o que los ciudadanos perciben que han dejado de cumplirlo, volcados en convertir la información en espectáculo y doblegados por el servilismo político. Esa es una lectura. Otra, que los ciudadanos confían en sus sistemas políticos y en tiempos de crisis se cierra filas con gobiernos representativos.

En los otros países, puede que los gobiernos se perciban como menos representativos y a los medios como su mejor controlador. Pero tampoco pueden hacerse lecturas lineales, porque las diferencias entre países son importantes. ¿Cómo confiar en los medios egipcios si el gobierno los controla? Pues porque los periodistas egipcios, como hicieron en su momento los españoles, son maestros de escribir entre líneas.

Hay mucho más en esta encuesta. Los medios tradicionales siguen siendo los líderes en credibilidad, empezando por la televisión nacional. Los menos creíbles son los blogs (Reuters titula que están todavía lejos de la madurez). Dos tercios de los encuestados quieren estar informados regularmente, pero los medios digitales están a la cola de las preferencias, incluso entre los jóvenes (un 19%), aunque este grupo es mucho más proclive.

En fin, una lección de humildad para «digitales» y «tradicionales»

La voz de los hambrientos


Jean Ziegler ha puesto fin a su mandato como Relator Especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación con una enérgica denuncia de la hambruna que el alza del precio de los alimentos está ya ocasionando en decenas de países (EFE vía Terra y Google -por cierto, para cuando el acceso directo a la información de la agencia pública- y El País 29-04-08). Ziegler apunta como responsables a los biocarburantes (a los que califica como»crimen contra la humanidad»), a las políticas aberrantes del Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio y a la especulación. Unas horas después, la ONU presentaba un plan de urgencia para hacer frente a la crisis alimentaria.

Ziegler se despide de la primera línea (pasa a ser asesor del Comité Económico y Social de la ONU). Desde hace 25 años este suizo no ha dejado de levantar su voz contra las estructuras internacionales injustas. Lo hizo como diputado en el parlamento suizo por el partido socialista, hasta que sus conciudadanos dejaron de elegirle. Desde su escaño denunció la implicación de la banca suiza en el tráfico ilícito de capitales, lo que supuso romper todo un tabú en su país. Investigó, luego, la connivencia de Suiza con los nazis. En estos últimos años ha defendido desde la tribuna de la ONU hacer efectivo el derecho a los alimentos para toda la humanidad. Puede que a veces sus manifestaciones resulten poco matizadas, pero es el grito que surge de un corazón agraviado por la injusticia.

Tuve el honor de entrevistar a Ziegler hace unos diez años, cuando publicó en España «El oro nazi» (Ed. Planeta). La obra reconstruye la relación de la Alemania nazi con los banqueros suizos y sostiene la tesis de que sin sus servicios -divisas a cambio del oro y las riquezas expoliadas por todo Europa)- la guerra habría terminado mucho antes. En el libro se narra un episodio emocionante. Una tormenta de nieve paraliza un tren en el pueblo de Ziegler, Interlaken. Cuando los vecinos van a socorrer a los ferroviarios atrapados, el vendaval levanta una lona y muestra el cargamento, armas con destino a Alemania. Ziegler, un adolescente, inquiere a su padre, un juez defensor de los valores de la democracia helvética, cómo era posible que Suiza, ese santuario democrático, fuera lugar de tránsito para esos cañones y ametralladoras. Su padre se echó a llorar y esa imagen acompañará siempre a Ziegler y le hará cuestionarse los valores establecidos.

Echaremos de menos su voz.

Exagerar su número ofende a las víctimas


En su edición fechada el 12 de abril Le Monde publica una magnífica crónica de su corresponsal en Naciones Unidas, Philippe Bolopion, bajo el título «Les bilans de morts de guerres, enjeux politiques» («Las cifras de muertos de guerra, una apuesta política). En ella se analiza lo que muchos sospechábamos: intereses políticos y/o de organizaciones humanitarias tienden a inflar el número de víctimas de los conflictos armados. Cuando se dan cifras como la de 650.000 muertos en Irak detrás suele haber un estudio supuestamente serio, en este caso, uno de la revista Lancet. Pero estos estudios aplican no el recuento de las víctimas, sino técnicas o estadísticas o (como en el caso citado) epidemiológicas. Se trata de extrapolaciones, como las manejadas en las encuestas de opinión. La crónica enlaza con un conjunto de fuentes muy importantes.

Por citar la experiencia propia, durante los momentos álgidos de la guerra de Bosnia llegó a manejarse la cifra de medio millón de muertos. A mi no me cuadraba. Cada día, las agencias daban su parte. Las peores jornadas, los muertos eran una docena en Sarajevo, cuatro o cinco en Mostar, dos o tres en Bosnia Oriental, decenas si había alguna gran operación militar en Bosnia Central… Al terminar la guerra, se habló de 200.000 muertos. Hoy las estadísticas más ajustadas los reducen a 100.000. En el caso de Irak, la fuente más fiable me resulta BodyCount, que realiza un recuento diario de víctimas en hospitales y morgues y que, a día de hoy, 11 de abril, estima las víctimas mortales entre 82.725 y 90.251.

Un solo muerto debiera ser suficiente para provocar nuestra empatía y solidaridad. Los periodistas ofendemos a las víctimas cuando, llevándonos por el sensacionalismo o intoxicados por políticos o ongs, exageramos su número.

Imágenes de la globalización


PRIMERA IMAGEN

«Mientras los estadounidenses se preocupan por lo que cuesta llenar el depósito de gasolina, hay gente que tiene problemas para llenar el estómago»

¿Quién iba a pensar que nada menos que Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, iba a denunciar con esa frase lapidaria y un pan en la mano a los biocombustibles como culpables del alza del precio de los alimentos que amenaza con hambrunas en gran parte del mundo? Pues sí, él, que fue conspicuo alto funcionario de la administración Bush y embajador especial para la globalización comercial y negociador del ingreso de China en la Organización MUndial del Comercio, denuncia ahora los programas de Estados Unidos y la Unión Europea para sustituir combustibles fósiles por biocombustibles como una de las causas de la carestía de los alimentos básicos. Los biocombustibles basados en cultivos intensivos se están demostrando. además, como causantes de deforestación en Brasil o Indonesia y generan más CO2 con sus cultivos industriales del que ahorran. Pero esperemos que esta reacción justificada no se lleve por delante también otros biocombustibles, los basados en los aprovechamientos de los residuos agrícolas y forestales.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles. from www.reuters.com posted with vodpod

SEGUNDA IMAGEN

La carestía de alimentos enciende una ola de disturbios por todo el globo. De Indonesia, a Egipto. De Filipinas a Haití, donde ayer se registraron saqueos, como el de la imagen… La ira de los pobres y la represión de los ricos mata ya antes de que lo haga la hambruna que se pronostica… El director general de la FAO, Jacques Diouf, advierte de la gravedad de la crisis y convoca una cumbre mundial para el 3 de junio. Diouf propone una masiva transferencia de semillas a los países pobres y se escandaliza -con razón- de que el Consejo de Seguridad de la ONU no tome medidas para afrontar una crisis que amenaza la estabilidad mundial.

TERCERA IMAGEN

Capital tras capital, la llama olímpica sigue siendo recibida con protestas contra China. Pero lo que es más preocupante para el gobierno de Pekín es que a las manifestaciones callejeras se suman las condenas institucionales. Si ayer el Parlamento Europeo llamaba a que las autoridades europeas boicotearan la ceremonia de apertura, la Cámarar de Representantes de Estados Unidos hacía una condena aún más dura. Las autoridades chinas reaccionan con indignación. El anuncio de haber desarticulado un complot terrorista inspirado por Al Qaeda en la región de Xinjiang puede responder a hechos reales, pero también puede ser la señal del comienzo de una represión generalizada. El dragón chino se revuelve furioso y su ira no se proyectará contra los manifestantes de Buenos Aires o San Francisco sino contra los disidentes internos. En cualuqier caso el «espíritu olímpico» es la primera víctima. Es la última vez -anuncian desde el Comité Olímpico Internacional- que la antorcha saldrá del país anfitrión.

CUARTA IMAGEN

EFE

Y Gallardón, con la que está cayendo, en Pekín, buscando votos para Madrid 2016. Como cualquier alcalde o presidente autonómico que se precie, Gallardón viaja acompañado por un cortejo de periodistas cortesanos. Y, claro, todos le preguntaron por su amiga esperanza…

¿A nadie se le ocurriió preguntar por la situación de los derechos humanos en China?

¡Qué provincianismo¡

Esta es la primera entrada de una serie de «imágenes de la globalización». Otras entradas:

Piratas del Índico

La nueva gripe

Refugiados

Sri Lanka

Pakistán/Afganistán

La llama de la protesta


REUTERS/Patrick Kovarik/PoolLondres, París… La antorcha olímpica prosigue su regreso a Pekín en medio de las protestas. Exilados tibetanos y simpatizantes con su causa han interrumpido en ambas capitales el desfile. En París, al boicot se han sumado miembros de Reporteros Sin Fronteras. En algunos puntos del recorrido han aparecido chinos en apoyo del gobierno de Pekín y a punto se ha estado del enfrentamiento entre unos y otros manifestantes… Es previsible que incidentes semejantes se repitan en San Francisco y Camberra.

El periplo de la antorcha olímpica se ha convertido en un calvario para el gobierno de Pekín. Ningún acontecimiento tan global como los Juegos Olímpicos y, global, por tanto las protestas relacionadas. El barón de Coubertin quiso recrear el espíritu de paz sagrada de la Hélade desde planteamientos aristocráticos. Pero, como nos recuerda la BBC, casi desde su nacimiento y en la mayor parte de sus ediciones, los Juegos han estado bajo una doble tensión: la de los gobiernos organizadores, que han querido convertir su celebración en una baza propagandística; y la de los boicots políticos convocados por movimientos o estados. La más evidente utilización propagandística, la de los nazis en la Olimpiada del 36 en Berlín; el boicot más sonado, el encabezado por Estados Unidos y sus aliados a los Juegos de Moscú del 80. Los Juegos han desatado protestas internas, como las de los estudiantes en México en 1968, ahogadas en sangre; han sido también objetivo terrorista, en Munich, en 1972. Desde Barcelona en 1992 los Juegos han sido, sobre todo, la fiesta del capitalismo global, adobado con rivalidades nacionales. El «espíritu olímpico» se ha quedado en simple camaredería en el seno de los equipos -y eso cuando la hay.

Pekín vio en los Juegos la gran oportunidad para mostrar la potencia de la nueva China. Como en todas partes, se han afrontado nuevas infraestructuras, en este caso más gigantescas y realizadas en menos tiempo. Pero lo que los dirigentes chinos quizá no calcularon era su capacidad para gestionar la propia imagen del acontecimiento. De fronteras para dentro, la propaganda funciona; pero de fronteras para fuera la cosa es muy distinta. No se puede controlar la información ni se saben emplear los recursos más sofisticados de las relaciones públicas (la «propaganda por otros medios»).

La sesión olímpica empezó con la revuelta en el Tibet, que Pekín quiere reducir a una conspiración del Dalai Lama. El Tibet es el primer imán de las protestas. Pekín se enfrenta con una fuerza global: no tanto la de los grupos de tibetanos dispersos por el mundo, como la de la comunidad de los seguidores occidentales de laxas versiones del budismo -Richard Gere y compañía. Otra fuerz global es Falung Gong, poco presente estos días, pero que, sin duda, aparecerá en un momento u otro. Las ongs suponen otro vector global. Reporteros Sin Fronteras se ha destacado en su feudo de París, pero todas las grandes organizaciones de derechos humanos exigen cambios a Pekín

Nadie plantea el boicot a los Juegos, pero sí a la ceremonia de apertura. La última en apuntarse ha sido Hillay Clinton. La mayor parte de los gobierno saben que se juegan mucho en sus relaciones con China y miran para otro lado -véase la cara de póker de Gordon Brown ante la antorcha. Lo cual no quiere decir que en Washington no se estén divirtiendo y azuzando las protestas.

Para que las protestas internacionales influyeran en cambios reales en China el país tendría que ser una sociedad de opinión pública, y sólo parcialmente lo es. En el frente interno los dirigentes comunistas pueden estar más o menos tranquilos. Pero el objetivo de entronizar a China como paradigma de la globalización más avanzada puede no haberse alcanzado cuando la antorcha se apague a mediados de agosto.