Justicia en Serbia; Justicia para Serbia


¡Qué dificil resulta para los pueblos asumir y depurar una historia criminal! España es campeón en la aplicación de la Justicia Universal contra genocidas extranjeros, pero nuestra transición se basó, no en el perdón, sino en el olvido. Ahora, recuperar la memoria se ha convertido en una incómoda papeleta para el gobierno. Italia, pese a todo la mística partisana, tampoco asumió sus culpas y una corriente profunda fascista (como en España franquista) ha ido aflorando de cuando en cuando y ahora de una manera abierta con el último gobierno Berlusconi. Tampoco ha sido fácil para Francia asumir las culpas del colaboracionismo. Sólo Alemania se vio obligada por los aliados a realizar un proceso de desnazificación, del que terminaron por escapar  muchos criminales, pequeños y grandes, aprovechando las circunstancias de la guerra fría. En los 70, los hijos de tantos nazis ocultos protagonizaron los movimientos de contestación anticapitalista. Pero con todo, Alemania es el país con una mayor conciencia colectiva del mal ocasionado y también -más recientemente- del mal sufrido. En Alemania en la escuela se estudia la infamia y los colegiales visitan los campos de exterminio. En España, para los escolares Franco es una figura tan lejana como Felipe II.

A pesar de todo, Alemania e Italia recibieron el maná del Plan Marshall. Ahora Serbia debe recibir la ayuda de la Unión Europea para convertirse en un país normal. Serbia tiene que entregar al Tribunal para la Antigua Yugoslavia a Mladic y a Goran Hadzic, líder de los serbios de la Krajina. El caso de Karadzic demuestra que la captura de estos criminales es posible con voluntad política. Por debajo de los figurones quedan otros muchos asesinos con menores responsabilidades políticas. De ellos se tienen que ocupar los tribunales locales de Serbia, Bosnia, Croacia… Ninguno de estos países ha hecho todavía una verdadera catársis. Basta salir del aeropuerto de Duvrovnik para encontrarse con una valla gigantesca que enaltece como héroe nacional a Ante Gotovina, pendiente de juicio en La Haya. Y sin embargo, Croacia es ya formalmente candidato a la adhesión.

Todos los líderes comunistas de Yugoslavia cabalgaron el tigre del nacionalismo para mantenerse en el poder. Todos, en distintos grados, son responsables de la catástrofe. Pero no por eso todos son criminales. Tampoco se puede estigmatizar a todo un pueblo, por mucho que esté anclado en falsas utopías nacionalistas. De todos los pueblos yugoslavos, los bosnios musulmanes estuvieron al borde del exterminio, pero los serbios han sido los grandes perdedores. Los bombardeos de la OTAN siguen siendo una herida abierta. Por ejemplo, en Novi Sad, una ciudad mayoritariamente a Milosevic, todavía no entiende en ensañamiento de las bombas.

Europa tiene que exigir a Serbia que ningún crimen quede impune. Pero Serbia merece también justicia y generosidad.

(Incluyo el enlace a una página muy completa BalkanInsight, que me acaba de descubrir Alberto Marinero)

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Todo empezó en Kosovo


Esta tarde de domingo, Kosovo se dispone a declarar su independencia.

Kosovo fue la pieza que descuadró todo el rompecabezas yugoslavo, con importanteslíneas de ruptura todo él. Kosovo fue el catalizador de unas tensiones que no esperaban más que un motivo para expresarse violentamente.

Kosovo se convirtió en el corazón cultural y religioso de Serbia durante el reinado de Stefan Nemanja, a principios del siglo XIII. Del XIII y el XIV datan los maravillosos monasterios ortodoxos que jalonan el territorio. En 1389, en Kosovo Polje, el campo de los mirlos, el Zar Lazar comandó una coalición de príncipes cristianos que fueron derrotados por los otomanos. Los turcos extendieron su gobierno por los Balcanes del sur y la batalla quedó fijada en el imaginario serbio como elemento esencial de su identidad. Esa identificación con la derrota y los siglos de sufrimiento y, sobre todo, humillación que siguieron es esencial para entender la cultura y la sociedad serbia.

Vecino a Albania, los albaneses se extendieron por Kosovo durante el imperio otomano. Albaneses cristianos aliados de los ejércitos austriacos atacaron Kosovo en el siglo XVII. En general, la islamización tanto de albaneses como de parte de los serbios, favoreció su asentamiento en el territorio. La larga agonía del imperio otomano enfrentó a serbios ortodoxos y albaneses musulmanes. Todos los pueblos de la región practicaron lo que hoy llamamos limpieza étnica durante las guerras balcánicas, prólogo de la I Mundial. Durante la primera Yugoslavia, en el periodo de entreguerras, la población albanesa declinó. Durante la II Guerra Mundial, Kosovo pasó a formar parte del estado títere albanés, dependiente de Mussolini. Los serbios sufrieron una terrible limpieza étnica. La segunda Yugoslavia, después de la II Guerra Mundial, la Yugoslavia de Tito, reconoce los derechos culturales a los albaneses. En 1974, la Constitución reconoce una amplia autonomía a Kosovo, dentro de la República de Serbia, en el marco federal yugoslavo. La mayor natalidad convierte a los albaneses en clara mayoría.

Visité Pristina como turista en 1976. La capital de Kosovo tenía un aire polvoriento y artificial. Al final de su calle principal, el airoso minarete de la mezquita rivalizaba con un hito escultórico de la nueva universidad. El gran almacén, con sus escaleras mecánicas, estaba bien dotado y no le faltaban televisores en color. Las barberías turcas estaban presididas por el retrato de Tito, en sus últimos años de vida. No se adivinaba más tensión que la de las vociferantes comitivas de hinchas futbolísticos. El Gran Hotel, un edificio digno de la Rusia de Stalin, era el único alojamiento posible. Con los años se convertiría en el cuartel general de los paramilitares serbios.

En los primeros 80, coincidendo con la muerte de Tito, se suceden manifestaciones y huelgas de albaneses, reprimidas por la policía. En el marco de la tradicional rivalidad y agravios históricos entre serbios y albaneses, el crecimiento demográfico de los albaneses y los derechos específicos que a éstos da la autonomía hace sentirse acorralado a la minoría serbia.

Este malestar será explotado por Milosevic para presentarse como el defensor de los serbios, residan donde residan. A finales de los 80, poco después de tomar el poder en Belgrado, Milosevic realiza una visita a Kosovo. Le siguen los medios de Belgrado. Ante las cámaras, escucha las quejas de ancianos serbios y les promete que “nadie volverá a tocaros”. Es su consagración. Uno de los periodistas que sigue la escena será años más tarde asesinado por la policía política de Milosevic. En 1989 se celebra en quinto centenario de la batalla de Kosovo Polje, convertido en la gran reafimación de Serbia. Milosevic amenaza: lucharemos militamente por Yugoslavia. La autonomía de Kosovo es abolido y los votos que tenía en la presidencia colegiada yugoslava son asumidos por Serbia. Todo ello será detonante para la ruptura de Yugoslavia, querida por los digentes eslovenos y croatas, y que los serbios decían querer combatir. En Kosovo, Ibrahim Rugova lanza una campaña de desobediencia cívica y los albaneses construyen una red de instituciones que se convierten en un precario estado paralelo.

Todos los políticos, croatas, serbios, eslovenos, bosnios… se lanzan a la carrera nacionalista. Los dirigentes serbios confían en su fuerza militar y en su demografía y convencen al pueblo de que es la hora de la Gran Serbia. Todos cometen crímenes, pero los cometidos en nombre de esa ahistórica Gran Serbia se convierten en verdadero genocidio en Bosnia.

Las victorias militares del principio de la guerra de Bosnia no pueden convertirse en victoria política. El nacionalismo serbio resulta contenido por los acuerdos de Dayton, pero ve reconocido su dominio sobre territrorios en los que ha realizado una terrible limpieza étnica. En el 96,97… parecía que Milosevic había tenido suficiente, pero en el 98 se embarca en una represión salvaje de una pequeña guerrilla kosovar. La represión radicaliza a la juventud, que se alista en la guerrilla. El moderado Rugova se ve desbordado. Los paramilitares serbios comienzan la limpieza étnica. Después de muchas vacilaciones, la OTAN, sin la legitimidad de una resolución de la ONU, lanza su campaña de bombardeos sobre Kosovo y Serbia. El acuerdo de Kumanovo pone fin a la presencia del ejército serbio en el territorio.

Desde 1999 Kosovo es un protectorado de la OTAN. La fuerza política dominante es la sucesora de la guerrilla. Los serbios han quedado reducidos a enclaves como Gracanica y el más importante, al norte del río Ibar, con la ciudad de Mitrovica. Los serbios, sobre todos aquellos aislados en pequeñas localidades han sufrido el acoso de sus vecinos albaneses. Kosovo ha vivido de la ayuda internacional y, sobre todo, de la inyección económica que supone el contingente militar desplegado.

Ahora, Kosovo, va a ser independiente mediante una declaración unilateral y merced al apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea (por mucho que algunos de sus miembros, como España, no vayan a reconocer al nuevo estado). Se aplicará el plan Atthisari escrupulosamente. Se evitará cualquier veleidad de Gran Albania, que pondría en pie de guerra a Montegro, Macedonia y Grecia. No creo que se produzca una integración de los serbios. Puede que, incluso, los territorios al norte del Ibar proclamen una indepencia no reconocida por nadie.

Los Balcanes de hoy no son los de los 90. El odio persiste, pero todo el combustible bélico se quemó en la gran hoguera. Pero si Kosovo fue el principio de todo, con esta solución unilateral ¿será el fin de todo?.

(Actualizo esta entrada con el enlace al trabajo La independencia de Kosovo a la luz del derecho a la autodeterminación, de los catedráticos de Derecho Internacional Público Romualdo Bermejo y Cesáreo Gutiérres, en el Boletín nº 100 del Instituto Elcano. Copio una de las frases que me parece clarificadora:

El problema se encuadra en el debate sobre si se puede aplicar a los pueblos nacionales un derecho pensado para los pueblos coloniales. Mientras que éstos lo tienen reconocido -autodeterminación externa-, los primeros sólo tienen reconocido el derecho a una autonomía -autodeterminación interna- que les impida ser perseguidos o excluidos del gobierno. La falta de esa autonomía fue la que provocó los bombardeos de la OTAN sobre Serbia hasta que aceptó su concesión por la fuerza.”

El trabajo analiza las distintas fórmulas existentes en el Derecho Internacional para una solución definitiva)

La otra Serbia


En cada elección celebrada en Serbia desde la caída de Milosevic hace 8 años entre un 40% y 45% de los votos va las formaciones nacional-populistas, ancladas en el victimismo nacionalista. De ese bloque, la fuerza hegemónica es el Partido Radical, con su líder histórico, Vojislav Seselj (acusado en La Haya de crímenes de guerra), se lleva un 30%, correspondiendo el resto al Partido Socialista de Milosevic, en franco declive. En ese electorado nacionalista cabe encuadrar buena parte de los votos obtenidos por el Partido Democrático de Serbia, de Vojislav Kostunica. En la primera vuelta de las elecciones del domingo el candidato del Partido Radical, Tomislav Nikolic, rozó el 40%, quedándose a 4 puntos el actual presidente, Boris Tadic, del Partido Democrático, el líder que intenta llevar a su país a Europa sin herir demasiado el maltrecho orgullo de los serbios.

La mayor parte de los analistas serbios -como se hace eco en su crónica en El País Ramón Lobo– consideran que, en estas condiciones Kostunica conserva su poder como árbitro del futuro, orientando los votos (un 7’6%) del que fue su candidato, Velimir Ilic, hacia Tadic. Otra es la visión del eslavista Eric Gordy en Open Democracy. Para este profesor, Nikolic no tiene capacidad de atraer más votos y los votos de Ilic irán hacia Tadic, o se abstendrán, de modo que Kostunica tiene poca capacidad de influir en el resultado de la segunda vuelta. Lo más interesante del análisis del profesor Gordy es su observación de que la existencia del Partido Radical ha impedido que los dos grandes partidos serbios actuales se definan conforme a criterios homologables: como conservador, el Partido Democratico de Serbia de Kostunica; como liberal, el Partido Democrático de Tadic.

Pero lo que más interesante me parece de la votación del domingo es el aumento de la participación, un 61%, que parece romper una tendencia de apatía política. Y vuelvo al principio de este comentario. El votante anclado en los mitos de la Gran Serbia, incapaz de reconocer los crímenes cometidos en el nombre de la Patria, ha sido fiel al Partido Radical. Las víctimas de la limpieza étnica en otras repúblicas es yugoslavas, los refugiados de Bosnia y Kosovo, también han votado por los radicales. Y muchos de los perdedores económicos de una transición caótica y sin decisión. En cambio, el electorado urbano, deseoso de mirar al futuro y no al pasado, no ha encontrado incentivos para votar a partidos formalmente europeistas, inmersos en batallas bizantinas e incapaces de romper radicalmente con el pasado. Tampoco ha ayudado la posición dubitativa de Europa. Parte de ese electorado ha vuelto el domingo a las urnas.

Para que esa otra Serbia sin ataduras con el pasado se reafirme sería necesario que la independencia de Kosovo no se imponga a Serbia como un trágala. Que la Unión Europea ofrezca financiación y apoyo para el proceso de integración. Que no se abandone la exigencia de entrega del criminal Mladic, porque es de justicia y porque la tolerancia en este asunto no hace más dar alas a los nacionalistas. Y que el electorado exija a sus políticas que abandonen de una vez por todas el victimismo y las eternos relatos conspirativos, tan caros en los Balcanes.

El fracaso de Kosovo


10 de diciembre. Termina el plazo dado por la ONU para que Serbia y los albano kosovares alcanzaran un acuerdo sobre el status final de todavía formalmente provincia serbia, pero protectorado internacional de facto desde hace 8 años. Y como era previsible la negociación ha fracasado.

El proceso arrancó después de que en el verano resultara evidente que el Consejo de Seguridad no iba a aceptar el plan Ahtisaari, sobre todo por la oposición frontal de Rusia. En esencia, el mediador internacional proponía una independencia de facto tutelada internacionalmente. El gobierno serbio consideró que, por fin, iba a tener la posibilidad de negociar cara a cara con los kosovares, pues consideraba que el plan Ahtisaari era una pura imposición.

Nadie se hacía ilusiones sobre el resultado. Las posiciones de partida eran irreconciliables, pero es que en realidad ninguna de las partes (sobre todo los kosovares) tenían ningún incentivo para negociar de verdad. Los kosovares tenían el apoyo cerrrado de Estatados Unidos (lo que había que hacer, esto es declarar la independencia, se haría dijeron reiteradamente Bush y Rice) y sabían que lo único que tenían que hacer era celebrar unas elecciones lo más homologables posible y esperar al calendario marcado desde Washington. Los serbios tenían el aval de Moscú y su derecho de veto en la ONU, de modo que sabían que la independencia podría imponérseles, pero en ningún caso recibiría el respaldo por una resolución del Consejo de Seguridad. Con todo, fue Belgrado quien más concesiones hizo admitiendo una autonomía tan próxima a la independencia que lo único que reservaba al estado central era la defensa, el control de fronteras y la diplomacia y esto admitiendo incluso una representación kosovar propia en organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional. Los kosovares no se movieron: o independencia o nada.

En realidad este fracaso no se explica sólo por las condiciones de la negociación. Desde la ocupación de la provincia, después del acuerdo de Kumanovo (capitulación serbia) y la resolución 1244, que reconocía a Kosovo como parte de Serbia, nada serio se ha hecho para reconstruir los lazos con Serbia, favoreciendo un estado democrático, descentralizado y con respeto a los derechos de las minorías. El plan Ahtisaari ofrecía garantías a los derechos de las minorías, pero -como se quejaba el ministro serbio de exteriores Vuk Jeremic en una entrevista con TVE- quién garantizaría ese respeto si tenemos en cuentra que durante el periodo de control internacional absoluta los serbios han sido ostigados permanentemente.

El resultado será que una frontera europea cambiará sin acuerdo de uno de los países afectados, un cambio con su causa en una acción  bélica, la campaña de la OTAN, en respuesta a la limpieza étnica lanzada por el régimen de Milosevic. La Unión Europea va a ser el garante de esa independencia, a pesar de que países con problemas de irredentismo como Eslovaquia, Hungría, Chipre, España, Grecia… estaban en principio en contra -pero todo sea por el consenso. Estados Unidos será el gran beneficiado, con otra base fiel en los Balcanes, y sin apenas coste de ningún tipo. Rusia convertirá la cuestión en arma de confrontación al menos dialéctica. Por mucho que se diga que Kosovo es un caso único sienta un precedente que para Moscú resulta ambivalente: puede invocarlo en territorios como Abjasia u Osetia del Sur para intentar desgajarlos de Georgia, pero también tiene un potencial explosivo dentro de la propia Federación Rusa donde otros territorios podrían utilizarlo como precedente para impulsar sus aspiraciones secesionistas. (Veánse los intereses estratégicos de Rusia en este informe del Instituto Elcano)

Está por ver si la nueva doctrina tiene que consecuencias en el conjunto de Europa. Lo que parece muy probable es que tendrá consecuencias en los Balcanes. ¿Como impedir que la zona de Kosovo al norte del río Ibar no termine por unirse a Serbia?. ¿Qué hara la comunidad internacional si la República Srpska acude al precedente para separarse de Bosnia y unirse a Serbia?… Bosnia-Herzegovina explotaría, con parte de la Herzegovina uniéndose a Croacia. Y desde luego la solución tendrá consecuencias en Serbia. ¿Considerarán los serbios una contraprestación suficiente la promesa de ingreso en la UE o entregarán el gobierno a los ultanacionalistas?.

Milosevic envileció a Serbia, pero desde su caída Europa no ha hecho lo suficiente para que Serbia renazca como un estado próspero y democrático.

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