La hora de la autorregulación… con este título sintetizó el profesor Fernández Areal el espíritu del 6º Congreso Internacional de Ética y Derecho de la Información, organizado por la Fundación COSO, al que he asistido el pasado fin de semana en Valencia. El Congreso estaba convocado bajo el lema «El derecho a la información judicial» y tanto en este tema central, como en todas las áreas de trabajo, especialmente, claro, en la dedicada a «Ética y excelencia informativa» ponencias, comunicaciones y las aportaciones al debate han insistido en la importancia de la autorregulación como instrumento para satisfacer el derecho de los ciudadanos a la información.
La autorregulación no puede ser una alternativa a la regulación. Cada una tiene su ámbito y su misión. La regulación debe desarrollar y delimitar para hacerlos posibles los derechos constitucionalmente garantizados, sin perjuicios de que éstos sean directamente exigibles ante los tribunales. La regulación debe dar una protección efectiva a los derechos de la personalidad de terceros y a otros bienes constitucionalmente garantizados, como es el desarrollo de los menores. La profesora Sánchez Ferriz realizó una síntesis de 30 años de jurisprudencia constitucional, que delimita y precisa los contornos de esa regulación imprescindible.
Pero la regulación no puede resolver todos los conflictos, porque muchos de los que se plantean en el ámbito informativo requieren una solución pronta y flexible, que se adapte a los usos sociales, a las expectativas del público y a la ética contractual de los profesionales. La intervención del Defensor del Pueblo en estos conflictos, con su mediación, se queda en un terreno intermedio entre la regulación y la autorregulación. En su ponencia, presentada por su adjunta, se plantearon los conflictos más frecuentes en relación con la información judicial y policial. Previa también a la autorregulación es la transferencia informativa de los poderes públicos. La ponencia de Agustín Zurita, jefe de comunicación del Consejo del Poder Judicial desde hace 27 años (¡qué aguante! ¡qué discrección! ¡qué profesionalidad!) abogó porque esa transferencia se manifieste institucionalmente y no mediante relaciones privilegiadas de ciertos jueces con ciertos informadores. Ya en el terreno de la deontología abundaron las comunicaciones sobre violencia de género, tratamiento informativo de los menores, fotografía informativa y, sí se me permite la autocita, sobre la independencia profesional e institucional que consagra el Estatuto de Información de RTVE. Son los estatutos de información o redacción una de las manifestaciones más desarrolladas de la autorregulación en España. Entre las ponencias tuvo especial eco la presentación del trabajo de investigación del profesor Alsíus (en colaboración con varias universidades) sobre deontología, con tres partes: codificación de los códigos éticos en una utilísima base de datos; confrontación de sus principios con los valores de los profesionales, confrontación con las expectativas del público.
Desde este enlace puede descargarse el vídeo de la intervención de Mª Luisa Cava, adjunta al Defensor del Pueblo, y el audio de la ponencia de Agustín Zurita.
Y en esto llegó Obama
Las radios españolas se han puesto de acuerdo para recrear, 70 años después, la Guerra de los Mundos, una emisión que marcó un antes y un después en la historia de la radio y de los medios de comunicación. Incluyo los enlaces a la 

Gyenes era un fotógrafo húngaro que llegó a Madrid en 1944, con un importante historial como reportero gráfico. Gyenes fue uno de sus artistas del viejo y corrupto imperio austro-húngaro que fertilizaron la ciencia, cultura y el arte de Europa y América: de Freud a Billy Wilder, pasando por Ladislao Wajda, también afincado en España. Gyenes, amante de la música como buen centroeuropeo, se autorretrata con un violín, seguramente el Stradivarius de su propiedad. Gyenes es un gran retratista, busca la profundización psicológica, pero, eso sí, limando cualquier aristas desfavorable del personaje. Su obra está llena de retratos históricos. El de Franco, de 1970, que sirvió para las últimas series de sellos y monedas. La de los Reyes, de 1976, que todavía cuelga en muchos despachos oficiales. Por su objetivo pasaron artistas, buena sociedad y políticos. Eso sí, Gyenes, siguió ese consejo que dicen que daba Franco «haga vd. como yo, no se meta en política».
Leo en el 
