España antes de la globalización en las fotos de Català-Roca


Català-Roca – El Piropo – Sevilla

No hay mejor radiografía de la España de los años 50 que esta fotografía de Francesc Català-Roca. Tarde de abril en Sevilla. Semana Santa. El mundo femenino cerrado en si mismo. La represión masculina.  Curas, policías y militares, omnipresentes, vigilantes. El fotógrafo podría haber retratado sólo alguno de estos mundos, pero tuvo el acierto de unirlos todos en una prodigiosa composición.

En los años 50 cada lugar del mundo era propio y distinto. La exposición Magnum First,  a la que dediqué la última entrada, me sugirió esta idea. He tenido ocasión de reafirmarla al visitar la exposición Catalá-Roca – Obras Maestras en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Los reportajes fotográficos de Català-Roca de los años 50 nos muestran esa España genuina, la España diferente, no de las campañas turísticas de Fraga, no necesariamente la de fiestas arcaicas, sino  la de la vida, propia y distinta, que se manifestaba espontáneamente en las calles de las grandes ciudades. Por cierto, que estos reportajes de ciudades se realizaron como ilustración para las míticas guías turísticas de Destino.

Català-Roca – Señoritas paseando por la Gran Vía de Madrid

Catalá Roca – Organillero en Madrid

Català-Roca, uno de los grandes maestros de documentalismo español, fue muy consciente de que fotografiaba un mundo que se desvanecía ante sus ojos. Su papel es el testigo, sin veleidades artísticas ni fetichismo respecto a la obra única. Y sin embargo, sus fotos son verdaderas obras de arte, que ganan  cuando, como en la exposición, las vemos en su formato original, el formato medio.

Català Roca – Limpiabotas

Botijero, vendedor de canciones, afilador, lechera, aguador, organillero… son todos oficios desparecidos que vemos retratados en la exposición. Y es que, como indicaba el propio autor, en cinco años aquel mundo habría desaparecido.

Català Roca – Luis Miguel Dominguín – Carrascosa del Campo

La exposición recoge el reportaje del festival taurino que Luis Miguel Domínguín regaló a Carrascosa del Campo, Cuenca, en 1954. El pueblo engalana su miseria para recibir un rayo de glamaour (entonces se diría distinción) de Domiguín o Lucía Bosé y para disfrutar de la última faena del maestro Domingo Ortega.

Català-Roca – Madrinas de la corrida – Carrascosa del Campo

De  Catalá Roca a veces se ha dicho que es el Cartier-Bresson español. Yo creo que sus «instantes decisivos» son mucho más cotidianos y, por tanto, más verdad. Quizá porque siempre supo mantener la d con el sujeto:

«No he tenido problemas con la gente que fotografiaba, he tenido la intuición, sabía cuando pedirlo y cuando no» (Català-Roca)

Català-Roca – Esperando el Gordo en la Puerta del Sol

La anterior instantánea es un buen ejemplo de la justa medida de la distancia. Y de esta pobre España, que en siglo XXI como en el XX, sigue pendiente del Gordo.

(Y como compendio, el vídeo con el comisario de la exposición Chema Conesa) (Y para cerrar este ciclo de los años 50, la exposición de Nicolás Muller, por Francisco Rodríguez Pastoriza)

El mundo antes de la globalización en las fotos de Magnum


Magnum First – El embalaje original

Ahí está. La caja que durante 60 años preservó olvidadas las fotos de los maestros de Magnum. Y en las paredes colgados los positivos con sus montajes originales. Es Magnum First, la primera exposición colectiva de los fotógrafos de la agencia, ahora recuperada y que puede visitarse en Madrid en la Fundación Canal.

Hubo un tiempo en que cada lugar era cada lugar. Mayfair, en Londres era una cosa y otra el Wienerwald, de Viena.  No era lo mismo Delhi que Split, Budapest que El Cairo o Biarritz. Cada sitio tenía su olor y color, era propio y distinto. No existían la cultura pop, las franquicias globales ni, desde luego Internet. Así era todavía en los años 50. A partir de los 60 se expandirá desde Estado Unidos una mancha pegajosa, un barniz homogéneo, que tapa las realidades profundas.

Ese mundo todavía relativamente estático y genuino de los 50 fue retratado por los fotógrafos de la agencia  Magnum en su primera exposición colectiva. Aquellos fotógrafos y fotoperiodistas buscaron su independencia profesional fundando la agencia y reivindicaron su libertad creativa a través de exposiciones.

Esta primera se montó en Austria en 1955 y fue circulando por varias sedes del Instituto Francés, hasta que, finalmente, quedó olvidada en sus embalajes en el Instituto Francés de Innsbruck. Se denominó «Gesicht der Zeit», el rostro del tiempo, y este título, que indica toda una voluntad de destacar el instante en el marco de la marcha del tiempo,  cobra hoy un nuevo valor, cuando la casualidad permitió recuperar las cajas con las series y los montajes intactos.

Demos una vuelta a ese mundo de los fotógrafos de Magnum.

Inge Morath – Buckingham Palace, 1953

Inge Morath. La exclusividad de Mayfair. Londres todavía no se había recuperado del todo de los bombardeos. En el Reino Unido se construía el estado del bienestar y los sindicatos eran más poderosos que nunca. Pero el lujo y el glamour de otro tiempo se mostraba a la cámara de Morath en el exclusivo barrio de Mayfair.

Robert Capa – Biarritz, 1951

Robert Capa. Biarritz, elegante y folkórico. Capa vuelve al País Vasco francés, tan cerca de España. Son sólo tres fotos en las que retrata una sesión de danzas tradicionales., en un ambiente relajado, veraniego, en el que tradición y modernidad se dan la mano.

Werner Bischof – Camino de Cuzco (Perú), 1954

Werner Bischof. De Perú a Japón, pasando por Hungría. La serie más «cosmopolita» de países que no lo eran. Lugares genuinos. Personajes, niños sobre todo, retratados con enorme respeto.

Henri Cartier-Bresson – Cremación de Gandhi

Henri Cartier-Bresson. El reportaje del asesinato de Gandhi. El antes y el después del magnicidio. Uno de los mejores trabajos periodísticos del maestro de la fotografía. La atmósfera que rodeaba al padre espiritual de la India en las horas anteriores al asesinato. El dolor de las multitudes. La cremación.

Erich Lessing – Wienerwald, 1954

Erich Lessing. Niños vieneses. Son la primera generación nacida después de la guerra. Puede que Viena sea ese lugar tenebroso que viera Welles en el Tercer Hombre. La mirada de Lessing es luminosa. Niños perfectamente vestidos que juegan en el decorado espectacular de la Viena imperial

Ernst Haas – Rodaje de Tierra de Faraones (Egipto), 1954

Ernst Haas. Tierra de Faraones. Haas fotografió el rodaje dirigido por Howard Hawks. Es la serie más impresionante de toda la exposición. El ojo de Haas no nos retrotrae al Egipto de los 50, sino al de los faraones. Las condiciones del rodaje, con miles de extras, no parecen muy distintas a las de los esclavos que edificaron las pirámides. Mientras los esclavos descansan, el hombre blanco los vigila a caballo.

Jean Marquis – Ruinas del puente Isabelm (Budapest), 1954

Jean Marquis. Hungría. La foto lo dice todo: el puente fastuoso todavía en ruinas y en primer término un niño que rebusca ¿comida? ¿unas tablas para improvisar un juguete?. Fiesta de Adviento, ritos religiosos, vestidos de fiesta y un busto del camarada Stalin adornado con Flores.

Marc Riboud – Dalmacia, 1951

Marc Riboud. Dalmacia. Las imágenes de Riboud nos muestran un mundo rural, cerrado, pobre. En el ferry de Split a Trogir dos mujeres enlutadas. Quizá hoy podría capturarse la misma imagen en el mismo barco, pero al abrir el plano el bullicio de los turistas lo llenaría todo.

La televisión del futuro ¿pantalla conectada o segunda pantalla?


El servicio público de RTVE innova

El área de Medios Interactivos de RTVE ha lanzado +TVE,  una aplicación de televisión social para dispositivos móviles, que se suma al Botón Rojo, una aplicación de televisión híbrida o conectada. Estas aplicaciones y el Lab RTVE son manifestaciones de la innovación que es parte sustancial del servicio público. En este terreno se juega el futuro del servicio público, no en la audiencia de un día en prime time.

La televisión sigue siendo el medio de masas más poderoso. En España aumenta año a año el consumo de televisión, quizá como efecto de la crisis, pues sigue siendo el medio de información y entretenimiento más barato. Pero una parte (todavía minoritaria) de esa audiencia es ya un público social, un receptor que quiere socializar los contenidos a través de la conversación. Otra parte de la audiencia, más amplia, pero todavía no mayoritaria, busca sus contenidos favoritos fuera de la programación (televisión a la carta, video on demand) y quiere ampliar contenidos.

RTVE tiene que dar un servicio de calidad a todos los públicos a través de todas las plataformas. A los que siguen su programación, explotando racionalmente todos sus canales. A los que buscan sus contenidos en la radio y la televisión a la carta. A los que quieren ampliar la información y buscan en su web. Y a los que quieren comentar o charla a partir de esos contenidos.

CapturaUn ejemplo de servicio público es el programa En Portada. Sus reportajes internacionales son periodismo en profundidad cada vez más difícil de encontrar. Programado en La Dos y en el Canal 24 Horas siempre a horarios marginales reúne en sus distintas emisiones un millón de espectadores, pero otros 50.000 descargan el programa y tienen acceso a contenidos extras en su web, que amplían y contextualizan el reportaje. ¿Es rentable dar ese servicio? Es rentable socialmente, porque sin este programa una parte importante de la población no tendría acceso a un producto audiovisual que amplía nuestro entendimiento del mundo: eso es el servicio público.

Televisión interactiva vs televisión social

Las nuevas aplicaciones de TVE son un buen ejemplo de dos tendencias paralelas, la televisión conectada o híbrida y la televisión social o segunda pantalla.

La televisión híbrida y el Botón Rojo de TVE

Conectar el televisor a Internet es el modo de dotar de un canal de respuesta a un medio unilateral por naturaleza, la televisión. La caja tonta se vuelve inteligente, o así nos lo han vendido los fabricantes con sus smart tv. La televisión digital conectada, gracias a ese canal de retorno, se convierte en una plataforma de contenidos y servicios interactivos.

Cada fabricante tiene su propia aplicación propietaria, a los que radiodifusores tienen que adaptar sus contenidos. Para superar esta dispersión, en Europa el consorcio HbbTv (fabricantes, radiodifusores, compañías de telecomunicaciones) ha creado una plataforma neutra que pueda acoger todos los servicios y contenidos concebidos de acuerdo con su norma.

Para que la televisión híbrida prospere son necesarios contenidos interactivos atractivos. En otro caso no se venderán nuevos televisores. No parece que en España las cadenas hayan mostrado gran entusiasmo por este desarrollo. Por eso, los fabricantes han acogido con alivio el lanzamiento del Botón Rojo de TVE.

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El Botón Rojo da acceso a la Televisión a la Carta, a las noticias y resultados deportivos y a extras de los programas en emisión. En el caso de los programas informativos se está utilizando de modo limitado para ampliar información. También puede emplearse para encuestas y votaciones.

Como se ve en el caso de TVE, la televisión híbrida sirve más para seleccionar y ampliar contenidos que para interactuar con ellos. La pantalla que se ve en grupo, a una cierta distancia y con un dispositivo de navegación y escritura rudimentario, no es el mejor interface para la conversación social.

La segunda pantalla y +TVE

Mientras, los usuarios han innovado espontáneamente. Teléfonos y tabletas, las segundas pantallas,  se han convertido en el interface social. Y en esa conversación los programas de televisión siguen siendo un motor importante. A través del comentario en las redes sociales, la televisión renueva su capacidad de marcar la agenda informativa y fijar el imaginario colectivo.

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La aplicación +TVE aporta la capacidad de capturar 30″ de un programa y compartir ese vídeo en las redes sociales. Es una magnífica herramienta para lograr vídeos virales, que, a su vez, atraiga audiencia a la programación. Y a su vez es un saludable sometimiento al escrutinio social. Pero los programas informativos no pueden ser capturados ¿Temen los directivos de RTVE que los informativos sean criticados? ¿Por qué puede comentarse un reality o un divulgativo y no los telediarios o Informe Semanal?

Revisada la aplicación, la mayor interacción se produce en torno a la serie Isabel. En la televisión social, son los fans de series o personajes de reality los que dominan la conversación.

Llama la atención la mala acogida del programa Fiesta Suprema. Es una buena iniciativa intentar rejuvenecer la audiencia de La Dos, pero los youtubers no parecen muy contentos con esta reencarnación o re-mediación. Y es que no hay que olvidar, en esta época de transmedialidad, que cada medio, cada plataforma tiene su lenguaje y sus reglas y lo que en uno funciona en otro no tiene porque hacerlo.

En la nueva televisión las pantallas convivirán

Pantallas tontas y pantallas listas, primeras y segundas pantallas, todas ellas están componiendo un nuevo ecosistema.

Por el momento, gran parte de la población o no tendrá acceso a la televisión conectada o no tendrá interés en usarla. Pero cada vez más, la programación lineal quedará reservada para los informativos, eventos y grandes shows. Los contenidos de ficción se consumirán a la carta, bien en la segunda pantalla, bien a través de la televisión conectada. Y la segunda pantalla, la pantalla social, se convertirá (ya lo es entre los jóvenes) en una medida de la influencia de la televisión. Cerrando el bucle, la segunda pantalla, la televisión social, se alimentaá principalmente de programas en directo, comentados instantáneamente.

En defensa de los trabajadores de la RTVV y de las radiotelevisiones públicas autonómicas


El cierre salvaje de la radiotelevisión pública valenciana es un síntoma más de una grave patología de nuestra democracia: el entendimiento de la comunicación como propaganda y de los medios públicos como propiedad privada del partido gobernante.

En este blog se ha defendido reiteradamente el servicio público audiovisual (véase la etiqueta servicio público). Ahora quiero sólo explicitar brevemente mi posición en torno a algunas cuestiones suscitadas en estos dos últimos días en los debates en las redes sociales.

Los trabajadores de RTVV: ni héroes ni villanos

A raíz de un primer tuit de Iolanda Màrmol y de las denuncias realizadas por los trabajadores en su programación en directo, las redes sociales reaccionaron: ¡mentirosos! ¿por qué lo denunciáis ahora que perdéis vuestro puesto de trabajo y no antes? ¿dónde estaba vuestra ética profesional?

Me parece una reacción un poco injusta. Los trabajadores denunciaron la manipulación, primero a través del consejo de redacción, luego, cuando la empresa lo abolió,  a través de comités antimanipulación y siempre a través de los sindicatos y sus representantes. Julià Álvaro y Iolanda Màrmol hacen autocrítica. La resistencia hubiera podido ser mayor o concretarse en gestos más visibles para el público. Pero los periodistas no pueden ser todos los días héroes.

Ni héroes ni villanos. No tienen que ser héroes, porque tiene que haber cauces internos (consejos de redacción) y externos (organizaciones profesionales, órganos de autocontrol) que puedan recoger sus denuncias y protegerlos de represalias. Quien tuvo miedo y no hizo una resistencia enérgica no puede ser considerado un villano, porque el heroísmo no le era exigible.

Lamentablemente, también hubo bastantes villanos en la RTVV, lacayos del poder traídos desde las gabinetes de comunicación para hacer propaganda. Y algunos, ahora, al verse en la calle muerden la mano que les dio de comer.

Pero no echemos todo el peso sobre los hombros de los trabajadores. A sus denuncias se sumaron estudios académicos, como la tesis de Yolanda Verdú, que demostraban la manipulación. Pero los valencianos siguieron dando mayoría absoluta al PP de Gürtel.

No hay servicio público sin público

Ciertamente, un servicio público sin público, sin audiencia, no tiene sentido. Que Nou tenga un 4% es un fracaso sin paliativos, no tanto en comparación con un glorioso 20% de los buenos tiempos, sino con el 8 ó el 10% actual de otras autonómicas. Este fiasco es fruto del descrédito por la manipulación informativa y de una programación sin calidad.

Pero cuidado con los índices de audiencia. Las audiencias masivas se han fragmentado y seguirán fragmentándose. ¿Dónde está el límite de la viabilidad?

En las privadas está muy claro, en la rentabilidad económica. Una televisión puede ser rentable con un 1 ó un 2% de audiencia. En las públicas el criterio tiene que ser la rentabilidad social: no cuántos nos ven o nos oyen puntualmente, sino a qué públicos damos servicio y qué servicio les damos.

Los servicios públicos audiovisuales tiene que conjugar el servicio a las audiencias masivas (y para ello sus programaciones tienen que ser atractivas y sus informativos creíbles) con el servicio a públicos minoritarios y la entrega personalizada de contenidos de calidad. Y hoy es posible con un esquema de un canal generalista, complementado con canales especializados y potentes servicios en línea.

Las televisiones públicas autonómicas tienen sentido

Sin comunicación de masas no hay sociedad. Las televisiones autonómicas eran necesarias para consolidar una esfera pública de las regiones y nacionalidades españolas e incluso diría que hoy son más necesarias que hace 20 años en razón de la desaparición de otros medios regionales y locales. Sin duda están doblemente justificadas en aquellas comunidades con lengua propia.

Nuestro estado autonómico ha carecido de mecanismos de cooperación. Las radiotelevisiones autonómicas no han sido una excepción a esa falta de cooperación. En lugar de optar por el modelo alemán (potentes organismo regionales federados en una cadena naciona), cada comunidad autónoma ha implantado su propio organismo, con una débil cooperación a través de la FORTA.

Los de primera generación, los de las comunidades más grandes, copiaron el viejo modelo mastodóntico y manipulador de la RTVE del Estatuto de 1980.Y pretendieron ser cadenas nacionales, olvidando muchas veces lo local, creando cadenas especializadas difícilmente justificables desde su misión al servicio de una población regional.

Luego, las redacciones fueron engrosándose por capas al servicio del manipulador de turno. En el caso de RTVV, a los trabajadores originarios, que habían ganado una oposición, se fueron sumando los Zaplana, los de Camps, los de Fabra… (No hay nada peor que trabajar por una redacción controlada por un partido dividido).

Las de la segunda generación se han basado en una externalización para dar de comer a las productoras (tantas veces creadas ad hoc) de los amiguetes. Poco fundamento público puede tener delegar los informativos en empresas privadas, como permitió el PP con el cambio de la ley.

Llegados a este punto es necesario replantear un servicio público imprescindible. No hay peor demagogia que la de Fabra: no se trata de elegir entre colegios, hospitales o un servicio público audiovisual. Si hoy no se pueden mantener todos ellos ha sido por la dilapidación y el robo, del que alguien tiene que hacerse responsable, pero no porque no sea esencial en el siglo XXI una comunicación que garantice la cohesión social.

(Dejo aquí el enlace a la emisión en directo de Canal Nou – Ya veremos cuánto aguantan)

PS. Colaboración en El País «Está en juego la cohesión social»

El espionaje masivo, nuestros datos y las fuentes periodísticas


Espionaje masivo

El espionaje ha existido, existe y existirá. Mientras haya poderes habrá espionaje. El poder necesita anticipar la conducta de otros poderes, amigos o enemigos, conocer y dominar sus tecnologías.

El espionaje -vestido de honorabilidad como «inteligencia»- es la manifestación oscura del poder y por ello, por la falta de transparencia  inherente a su tarea, tiende a convertirse en un poder autónomo. Los estados democráticos han intentado disciplinarlos y someterlos a los legítimos poderes constitucionales, con resultados bastante dudosos. No es extraño que no esté claro si Obama sabía o no sabía de una acción de espionaje concreto. Y tampoco lo es que no esté claro quien espió a quién y para quién.

Que se intercepte el teléfono de Merkel o se espíe a una empresa es más que previsible. Estos poderes tienen los medios de defenderse. Espiar a las instituciones o autoridades de un Estado es un acto hostil, una violación de la soberanía. Y por eso, conforme a los códigos de los poderes, los estados debieran responder con otro acto hostil.

Durante la guerra fría había unas pautas de represalia que buscaban no sobrepasar la línea roja de la conflagración nuclear. Pero ¿qué hacer cuando el espía es socio, amigo o aliado? ¿Y si además este socio es tan poderoso que dependemos de él tecnológica o económicamente? ¿Y si nuestros servicios secretos dependen de la información que suministra ese estado? ¿Y si a su vez espiamos para ese estado? Pues entonces las respuestas son como las que presenciamos estos días: tibias e hipócritas.

Lo que de verdad cuestiona a los estados democráticos y pone en peligro una civilización basada en los derechos humanos es el espionaje masivo e indiscriminado a los ciudadanos.

El espionaje era selectivo hasta la llegada de las nuevas tecnologías de la comunicación. Estados como la República Democrática de Alemania crearon sistemas de vigilancia de la población, con una interceptación generalizada de las comunicaciones postales y telefónicas. Pero al final de la cadena, había un filtro humano con limitada capacidad de tratamiento y, por tanto, una última valoración subjetiva. Hoy, ese filtro generalizado es un algoritmo, capaz de desencadenar consecuencias imprevisibles para las personas.

Se nos dice para tranquilizarnos que no se escuchan las conversaciones ni se leen los correos, sólo se recopilan y analizan los metadatos (el registro de nuestra comunicaciones). Esos metadatos marcan nuestras pautas de comportamiento, de modo que su recogida viola los derechos a la vida privada y el secreto de las comunicaciones, consagrados en todas las declaraciones de derechos nacionales e internacionales.

Pensemos, por ejemplo, que investigo la representación visual de la crueldad y para ello visito con frecuencia páginas yihadistas con vídeos de decapitaciones ¿No puedo encontrarme un día con un desagradable interrogatorio policial en un aeropuerto (en el mejor de los casos)? ¿No me arriesgo a caer en alguno de los agujeros negros de impunidad creados por los estados en su lucha contra el terrorismo internacional (en el peor de los casos)?.

Nuestros datos

Toda nuestra actividad vital, tanto la que realizamos en el mundo físico como en el ciberespacio, deja una huella, un dato, que conectado con otros revelan más de nuestra conducta de lo que muchas veces sabemos de nosotros mismos.

Nuestra Constitución (art. 18.4) llegó a tiempo para incluir el entonces muy novedoso concepto de protección de datos (aunque lo formule como limitación del uso de la informática) En Europa se han desarrollado leyes y agencias de protección estricta de los datos personales. La legislación norteamericana es mucho más laxa. Ya desde los 90 la UE y EEUU han negociado como pueden utilizar las empresas multinacionales los datos de sus clientes europeos. Ni que decir que los acuerdos alcanzados son menos protectores que las leyes europeas.

Lo que más me indigna en todo el asunto del espionaje masivo es la colaboración de las grandes empresas tecnológicas norteamericanas. De ellas dependemos para poder vivir nuestra hoy imprescindible vida virtual. Nos obligan a firmar leoninos contratos y uno esperaría a cambio un poco de lealtad. Pero estos gigantes dan acceso a nuestros datos  a los servicios secretos por la puerta de atrás, facilitan nuestras contraseñas y hasta los sistemas de cifrado. Y cuando el asunto se revela tienen la desfachatez de pedir que se les sufraguen los gastos que esta actividad ilegal e ilegítima les ocasiona.

Nuestros datos son el activo más importante de la economía virtual. Igual que la televisión publicitaria no es gratis, del mismo modo que el espectador paga por ella por los sobrecostes que soporta como consumidor, así los servicios virtuales que recibimos teóricamente gratis los pagamos con nuestros datos, revelando quienes somos, más allá de nuestra vida privada e intimidad y nuestra propia imagen, dejando sin efecto las protecciones jurídicas que con tanto trabajo se establecieron a  lo largo de los años.

Para colmo, si los agujeros en esos servicios secretos permiten que cualquier analista puede hacer públicos datos altamente secretos ¿no existe el riego de que nuestros datos sean entregados discretamente por cualquier funcionario a una empresa que (en el mejor de los casos) nos inunde de publicidad, o (en el peor de los casos) a una organización criminal que nos extorsione?

Las fuentes periodísticas

Las filtraciones de Snowden y su publicación son un nuevo episodio de la reconfiguración de las fuentes periodísticas, fenómeno al que ya me he referido otras veces en este blog (ver etiqueta Wikileaks).

Examinemos el esquema de tres casos de filtraciones de enorme trascendencia: los papeles del Pentágono, los cables del Departamento de Estado (cablegate) y el espionaje masivo.

En los papeles del Pentágono, Daniel Ellsberg (por cierto también un constratista privado como Snowden) entregó a The New York Times un extenso informe secreto del Departamento de Estado que mostraba las mentiras y el fiasco de la guerra de Vietnam. El periódico pudo publicarlo tal cual, lógicamente extractándolo y editándolo a lo largo de la publicación de una cadena de informaciones. De la fuente (el filtrador) al medio y del medio al público.

En el cablegate aparece Wikileaks, una organización intermediaria entre la fuente (Manning), los medios y el público. Wikileaks se creó como una caja negra en las que los flitradores pudieran carga con toda seguridad y confidencialidad los documentos. Pero su capacidad de difusión e impacto era muy limitada hasta que Assange pactó con los grandes periódicos de referencia su publicación. A diferencia de los papeles del Pentágono no se trataba de editar periodísticamente un documento oficial. Ahora lo que había que hacer era encontrar el propio mensaje a partir de una masa ingente de datos codificados. Por eso los periódicos no sólo aportaron capacidad de difusión e influencia, sino previamente un sistema de tratamiento de datos para extraer de ellos su relevancia pública.

Snowden escogió un intermediario personal, Glenn Greenwald. Normalmente se califica a Greenwald de periodista y desde luego para mi lo es. Por tanto, encontramos como intermediario a un periodista especializado que llega acuerdos con medios de referencia para publicar las filtraciones, que en este caso vuelven a ser documentos legibles, pero altamente especializados y escritos en una jerga que sólo entiende un insider. Quizá la falta de dominio de esa jerga haya podido llevar a algunos periodistas interpretaciones erróneas -o eso al menos es lo que nos quieren hacer creer los responsables de los «servicios».

Greenwald es de hecho periodista. Abogado especializado en derechos civiles abrió un blog sobre estas cuestiones. Pero el blog le absorbió de tal manera que se convirtió en su actividad profesional. Ya no era un abogado, sino un periodista colaborador desde Brasil con The Guardian. Greenwald no es un periodista ciudadano, es un periodista profesional. Y es que el periodismo o es profesional o no es -lo que no quiere decir que requiera títulos o habilitaciones.

Recuerdo de Juan Linz


Leo la esquela. Juan Linz ha fallecido ayer en New Haven.

La memoria me retrotrae a mayo de 1975, cuando el sociólogo y su mujer, Rocío Terán, acogieron a un inexperto equipo de TVE para rodar su perfil para «Nuestros cerebros de fuera». En los estertores del franquismo, el programa intentaba dar a conocer a los españoles a esa generación que la guerra o la falta de oportunidades expulsó de España, desde personajes históricos, como Sánchez Albornoz o Madariaga, a científicos como Ochoa. (Lástima que TVE no recupere estos programas para su videoteca a La Carta)

Linz no era conocido fuera de los ambientes universitarios, pero era uno de los pocos científicos sociales españoles con relevancia internacional. Así que viajamos hasta New Haven, en Connecticut, a la Universidad de Yale, para seguir la vida del sociólogo durante dos o tres días.

Fueron varias horas de entrevistas, seguidas de otras más de conversaciones informales. Después de tantos años recuerdo su tristeza al rememorar su infancia y los primeros momentos de la guerra y algunas respuestas rotundas .»No, nunca he considerado nacionalizarme norteamericano, no quiero que me pase como a Billy Brandt, que tuvo recuperar su nacionalidad al regresar a su país» -lo que parecía desvelar un interés por regresar a España y jugar un activo papel. Linz volvió muchas veces a España, pero nunca se le ofreció una cátedra y permaneció hasta el final vinculado a la Universidad de Yale.

En aquellos días pude conocer una universidad de élite, tan distinta de la española, una universidad sin grises a la puerta de las universidades. Linz vivía en una agradable y nada ostentosa casa en un suburbio entre bosques y pequeños lagos.

Aunque por supuesto mantenía contactos profesionales con España, tenía un enorme interés por conocer de primera mano el clima de la universidad y de los medios de comunicación. Muy criticado desde la izquierda por considerar al franquismo un régimen autoritario, pero no totalitario, fue uno de esos intelectuales que desde la distancia inspiraron la transición, con sus luces y sus sombras.

Recupero otro recuerdo. Linz tenía un Chrysler, un modelo parecido a los Dodge Dart. Sus colegas le decían que como no se compraba un Volvo, más seguro y popular en los ambientes universitarios.  Y él respondía que aquel coche era un símbolo norteamericano, un coche robusto, del que se sentían orgullosos los trabajadores de la línea de montaje. (¡Qué tiempos en los que los trabajadores podían identificarse con su producto!)

Ahora que se ha ido quiero recordar como homenaje su generosidad personal y la honestidad en todas sus respuestas.

(Para su trayectoria científica, véase la necrológica de Álvarez Junco)

Bombardear Siria o la reputación de Estados Unidos


Otra vez las pruebas opacas cuando no prefabricadas; otra vez los argumentos humanitarios; otra vez los análisis sin fin, los mapas de objetivos y despliegues. Ruido, mucho ruido y me parece que en este caso pocas nueces.

¿Bombardeará Estados Unidos Siria? ¿Es legítima una intervención? ¿Explotaría el polvorín de Oriente Próximo en caso de bombardeo? Muchas preguntas para que las responda alguien no experto como yo, pero no me resisto a dejaros mi reflexión.

Legitimidad

Una intervención unilateral de Estados Unidos, sólo o en una coalición ad hoc (eso que en la jerga intervencionista se llama coalición de voluntarios) no está respaldada por el derecho internacional.

Podría tener tres fundamentos. Uno, que el régimen sirio estuviera poniendo en peligro la paz internacional y entonces la intervención caería dentro del capítulo VII de la Carta de ONU y tendría que estar autorizada por el Consejo de Seguridad. Nadie plantea que exista ese supuesto.

Dos, basada en la obligación de proteger. Es claro que el régimen sirio está cometiendo actos criminales contra su propio pueblo que justificarían una intervención, pero ésta tendría que ser proporcionada y dirigida específicamente a proteger a los civiles y estar aprobada por el Consejo de Seguridad. Desde luego que un bombardeo con misiles de crucero en absoluto va a terminar con las masacres y no hay ninguna posibilidad de que sea aprobada por el Consejo de Seguridad, una instancia todo lo oligárquica que se quiera, pero la única legitimada en nuestro muy imperfecto derecho internacional.

Y tres, y más específico, como una respuesta por la violación de la Convención contra la Armas Químicas. Este tratado no prevé ninguna represalia militar en caso de violación, por lo que no habría más fundamento que los que enumerado como uno o dos.

El lenguaje a veces es transparente. Tanto desde Washington como desde París se ha hablado de represalia. En definitiva, potencias que quieren arrogarse el papel de policías del mundo que nadie les ha conferido.

Habría no obstante, un argumento moral a favor de la intervención, si aún no cumpliendo los requerimientos del derecho internacional un ataque pudiera poner fin a los crímenes contra la población. Los argumentos morales son siempre reversibles y susceptibles de utilizar a conveniencia y, por tanto, no conducen en el mejor de los casos más que a la tiranía benévola. Pero es que dadas las características de este conflicto ninguna intervención -limitada o amplia- puede parar la carnicería, más bien al contrario.

Y todo ello sin olvidar cómo Estados Unidos miró para otro lado cuando su entonces aliado Sadam Husein gaseó a los kurdos de Halabja o los soldados iraníes.

Las pruebas ¿A quién beneficia el bombardeo químico?

Estados Unidos dice tener como pruebas del uso de gas sarín contra la población civil muestras biológicas del personal sanitario que atendió a los civiles. En cuanto al origen del ataque, alega observaciones de satélite sobre el emplazamiento de los combatientes. Y en lo demás, se remite a pruebas recabadas por los servicios secretos que no se pueden revelar por motivos de seguridad. En esta ocasión nos han evitado un espectáculo como el de Colin Power con sus vídeos en la ONU. Lo de Francia es todavía más ingenuo: sus pruebas son los vídeos que circulan desde el primer momento con cadáveres y personas con convulsiones.

Que existió un ataque con gas tóxico a posiciones controladas por los rebeldes con concentración de población civil parece fuera de duda. Pero los detalles sólo pueden establecerlos equipos independientes como los de la ONU. Y como en Irak, Estados Unidos no está dispuesto a someterse a esa verificación independiente.

Es cierto que los inspectores de la ONU en ningún caso establecerán el origen del ataque. Aquí surgen distintos relatos a modo de novela policíaca: ¿a quién favorece el bombardeo?.

Para Estados Unidos, es claro que Asad quiere desafiar a la comunidad internacional para ver hasta donde puede llegar en el uso de estas armas en la limpieza de focos de resistencia. Para Putin es absurdo que cuando el régimen sirio está consiguiendo llevar la iniciativa militar vaya a caer en esta trampa. Un stringer de una periodista de AP asegura haber recogido testimonios entre los rebeldes que aseguran que la munición química fue entregada por el ministro de defensa saudí a los rebeldes y que a estos les explotó por inexperiencia.

Y hay quien, por fin, asegura que todo es una provocación de Asad para ser bombardeado y desatar una conflagración en todo Oriente Próximo, que es por cierto lo que éste ha dicho en una entrevista para el diario Le Figaro. La lógica apunta a esta última hipótesis, pero ¿quién sabe? como ocurre tantas veces todo puede deberse a una cadena de errores e incompetencias de unos u otros.

Bombardeará Estados Unidos. Sí, por su reputación

Estados Unidos bombardeará Siria porque se juega su reputación como potencia.

La reputación  era para la Monarquía Hispánica el correlato público de la honra y muchas de sus actuaciones (sobre todo en su decadencia) se llevaron a cabo no tanto por defender la fe católica o por razones estratégicas, sino por mantener la reputación, sin la que una potencia no es nada. Hoy la reputación se llama credibilidad.

El secretario de estado, John Kerry, lo dijo paladinamente: Estados Unidos se juega su credibilidad. Barack Obama estableció una línea roja, el uso de armas químicas cuando tal línea parecía lejana y ahora se ve en la necesidad de hacer efectiva su amenaza.

¿Por qué estableció esa línea? En la administración Obama hay una facción (Susan Rice es una de sus más destacadas figuras) partidaria de que la defensa de los derechos humanos en el mundo es un interés esencial de Estados Unidos. El Obama presidente, cauto y precavido por naturaleza, se encuadra más en la corriente realista, pero como en el caso de esta línea roja autoimpuesta, hace concesiones, más retóricas que efectivas, a los idealistas.

El interés estratégico de Estados Unidos es que el régimen de Asad no se desplome caóticamente, lo que entregaría gran parte del país a grupos yihadistas afiliados a Al Qaeda. Castigar, debilitar a Asad sí, derrocarlo, al menos ahora, sin un alternativa unida y confiable para Estados Unidos, no. No faltan informaciones que aseguran que los yihadistas temen que en realidad se termine por bombardear sus posiciones.

Con el apoyo ya de los líderes demócratas y republicanos Obama seguramente ordenará un bombardeo limitado la próxima semana.  En cuanto al pequeño François, dispuesto a emular al pequeño Nicolas en la recuperación de la grandeur mezclada con argumentos humanitarios, puede que le siga, pero no parece que por eso vaya a mejorar su popularidad interna. No contará Obama en este caso con el primo británico, después de ser Cameron derrotado en el parlamento (¡eso es un parlamento!)

¿Polvorín o laberinto?

Si Estados Unidos bombardea -ha dicho Asad- el polvorín de Oriente Próximo estallará. Una conflagración general no es 100% descartable, pero es que en realidad esa guerra ya se libra en una multiplicidad de conflictos enlazados, donde los actores intercambian aliados.

Leo estos días Jerusalén: la biografía, de Simon Sebag Montefiore, y muchas de las luchas por la Ciudad Santa, con sus guerras, alianzas, tratados y equilibrios de poder entre imperios parecen referirse al día de hoy. Oriente Próximo es la bisagra del mundo, un laberinto de luchas estratégicas, pero no un polvorín que pueda estallar con una chispa ni siquiera con un misil de crucero.

Hay una guerra por la implantación del islam político como fuerza predominante en las transiciones democráticas árabes. Turquía, los Hermanos Musulmanes y Catar son en este caso los aliados, mientras que Arabia Saudí es enemiga de cualquier forma de democracia, aunque la fuerza predominante sea islámica. El golpe de estado de Egipto ha supuesto un paso atrás gigantesco en la adaptación del islam a la democracia. El famoso discurso de Obama en El Cairo que era el engarce para que Estados Unidos aceptara al islam político ya no tiene ningún valor, tras el apoyo de Washington al golpe. En esta batalla son ganadores Arabia Saudí, los salafistas y los yihadistas (enemigos por cierto de la Casa de Saud).

Otra guerra evidente es entre chiíes y sunníes, que se libra en Siria, Líbano e Irak. No son guerras de religión, sino de poder. Se trata de que una comunidad u otra controle los resortes del estado y de la economía. Las dictaduras árabes -como el Imperio Otomano- garantizaban un precario equilibrio, imprescindible sobre todo para las comunidades minoritarias (cristianos, kurdos, drusos). Ahora las dos grandes comunidades islámicas luchan por la preponderancia, al tiempo que funcionan como agentes de la coalición sunní (monarquías del Golfo, Arabia Saudí) o (los chiíes) de irán.

Hay una guerra por la hegemonía regional. Turquía, Arabia Saudí, Catar e Irán son los actores de este conflicto. Cada uno usa sus peones más poderosos. Turquía su diplomacia y su integración en el mundo occidental, su desarrollo económico. Catar una diplomacia de chequera y de apoyo a los Hermanos Musulmanes y grupos yihadistas. Arabia Saudí su peso religioso y su apoyo a todas las formas de islam más conservador y retrogrado. Irán, su enorme potencial, su posición estratégica, su guía sobre todos los chiíes.

Otra manifestación de esta guerra global es el conflicto palestino-israelí. El interés estratégico de Israel es tener vecinos débiles, pero estables. Mejor un Asad debilitado que una Siria yihadista. Las conversaciones con los palestinos puestas en marcha por Kerry serán una vez más un elemento cosmético para no ceder ni un milímetro de tierra.

En Siria se cruzan ahora todos estos conflictos -más la rivalidad Estados Unidos-Rusia. El régimen de los Asad ha sido una dictadura, pero su legitimidad se basó en garantizar el equilibrio entre comunidades, sin perjuicio de los privilegios de la propia, los alauís. Asad sigue contando con el apoyo de las comunidades minoritarias. Por eso y por la existencia de un estado organizado y unas fuerzas armadas fieles y entrenadas en la lucha insurgente en el Líbano Asad ha resistido y en los últimos tiempos con ayuda de Hezbolá está logrando una cierta ventaja militar.

Ni Asad ni sus enemigos pueden ganar la guerra. Sólo una negociación puede poner fin  a la carnicería. Pero para ello es necesario que las potencias implicadas en este conflicto global acepten que sus intereses estarán mejor servidos por una Siria unida.

 

Mariano Cebrián, in memoriam


El pasado 18 de agosto falleció Mariano Cebrián Herreros, catedrático de Información Audiovisual de la Universidad Complutense de Madrid y maestro para todos los estudiosos de la comunicación audiovisual. Con el retraso forzado por las vacaciones fuera de España, valga esta semblanza como homenaje al estudioso, pero también al amigo.

Cebrián formó parte del equipo de Victoriano Fernández-Asís en la Escuela Oficial de Radiotelevisión e imagino que allí comprendió que la radio y la televisión conformaban un nuevo lenguaje. Así lo aprendíamos los alumnos de aquella escuela, íntimamente ligada a RTVE, de la mano de profesionales como Alberto González Vergel o Bernardo Ballester.

El mérito de Mariano Cebrián ha sido, a lo largo de una trayectoria de 40 años, fundamentar teóricamente esas intuiciones profesionales. Por su formación como licenciado en Filosofía y doctor en Filología Hispánica estaba bien preparado para desarrollar estudios de semiología, pero supo integrar la semiología con otras disciplinas, en búsqueda de lo esencial de lenguaje audiovisual y ampliando el campo de estudio a los servicios generados por los medios audiovisuales. En la última década aplicó este mismo método al lenguaje multimedia, buscando siempre la naturaleza de esta nueva forma de expresión, sus funcionalidades y su mejor uso al servicio de la comunicación en general y del periodismo en particular.

Mariano Cebrián era mi maestro. No fui alumno suyo, ni siquiera fue mi director de tesis (un trabajo jurídico dirigido por mi otro maestro, José María Desantes) pero su consideración global del lenguaje audiovisual ha sido para mi, como para tantos otros, punto de partida y fundamento de mis estudios. Le conocí a principios de los 80, cuando él producía informes sobre los sistemas de radiotelevisión para el centro de documentación de RTVE y yo intentaba poner en marcha un servicio de documentación periodística. En todos estos años siempre fue generoso con sus consejos doctrinales y sus apoyos académicos, como lo fue para todos sus alumnos. Un magisterio que se proyectó también a América, sobre todo a México.

Desde un punto de vista docente, su aportación fue la integración de la información audiovisual en el ámbito del periodismo. No le fue fácil, porque en los primeros años de la vida de la Facultad de Ciencias de la Información para muchos el periodismo seguía confinado en los periódicos, olvidando a los medios audiovisuales. Luchó por unas prácticas audiovisuales dignas para los alumnos de periodismo con regular fortuna.

Libró con convicción estas batallas académicas hasta que la enfermedad le apartó un poco de la primera línea, pero aún así siguió dirigiendo con toda la energía que le quedaba los proyectos de investigación sobre innovación multimedia y aplicaciones periodísticas en las redes sociales. Le movía, por un lado, el deseo de conocer, de iluminar nueva realidades; por otro, el apoyo a las carreras académicas de los que participábamos en esos equipos, no la suya propia, a él le sobraban los sexenios.

Ni las diferencias doctrinales ni las tristes guerras académicas dejaban en él un poso de rencor. Mariano era, en el sentido machadiano de la palabra, un hombre bueno.

Para mediados de septiembre nos había emplazado para cerrar otro libro sobre la dimensión periodística de las redes sociales. Ya no estará con nosotros. Nos toca ahora, a los que con él hemos trabajado con él, completar su obra.

 

Sanz Lobato: la densidad del mundo


Bercianos de Aliste, 1971 – Rafael Sanz Lobato

Mira a la cámara con una mezcla de fastidio y aburrimiento. Es muy joven, pero ya forma parte de la hilera de  bultos negros de la procesión del Santo Entierro, en Berzianos de Aliste, allá por comienzos de los 70. ¿Qué habrá sido de esta mujer, hoy ya al borde de la vejez?  Seguramente se marchó del pueblo y ha pasado su vida en una ciudad dormitorio de Madrid, Barcelona o Bilbao. El corte moderno de su abrigo (negro, por supuesto) ya indica que es un electrón dispuesto a escaparse de la órbita de la tradición.

La fotografía documental de Rafael Sanz Lobato puede plantarnos preguntas como estas. Entre mediados de los 60 y mediados de los 70 Sanz Lobato recorrió muchas de las más genuinas fiestas populares españolas. Ahora pueden verse junto con una selección de otros trabajos creativos del autor (retratos, bodegones o naturalezas muertas) en una exposición retrospectiva en la Academia de Bellas Artes. Se proyecta también un excelente documental con guión de Publio Sánchez Mondéjar.

La Semana Santa de Aliste, la Caballada de Atienza, la Rapa das Bestas… Sanz Lobato pudo mostrarnos todavía la tradición encapsulada en su origen. Tradiciones que aprisionan como los ropones negros de las mujeres (no puedo por menos que recordar las fotos de Shirin Neshat de mujeres iraníes sepultadas por el negro), pero que crean tejido social y enlazan pasado y presente como en la Caballada, o que convierten un trabajo funcional (rapar a los caballos que pastan libres) en una fiesta que rompe la monotonía y desfoga pulsiones reprimidas.

Hoy se han convertido en «fiestas de interés turístico». Los ritos siguen transmitiéndose de padres o abuelos a hijos o nietos con una intensidad emocional que el forastero no puede compartir y que arraiga a estas gentes a la tierra. Pero al mismo tiempo, la fiesta es hoy espectáculo masivo, se ha mercantilizado, es ahora una de las principales fuentes de ingresos anuales para comarcas ya casi despobladas. Compárense las fotos de la Rapa das Bestas de Sanz Lobato con este reciente reportaje de Comando Actualidad (vídeo en YouTube).

La foto documental de Sanz Lobato tiene una densidad especial. El grano, los contrastes convierten estos blancos y negros impresos en haluro de plata en una decantación de la materia. Son fotos que parecen pedir ser acariadas. El fotógrafo lo explica en el documental: ante la realidad, ve la imagen mental que quiere mostrar y luego la reconstruye con la adecuada combinación de exposición y trabajo con la densitometría en el laboratorio. Ni que decir que para Lobato no cabe un uso creativo de la fotografía digital. En el polo contrario al contraste de sus fotos documentales, la luz plana y la bajísima densidad de sus naturalezas muertas, a imagen y semejanza de Giorgio Morandi.

Dejo esta entrevista en Ojos Rojos con el fotógrafo. Encuadre en apaisado siempre, buscando la proporción aúrea -nos dice. Y de cierre un paisaje lunar del campo castellano.

Utande (Guadalajara), 1970 – Rafael Sanz Lobato

Golpe de estado en Egipto, un análisis apresurado


Las cancillerías occidentales  andan pasteleando para evitar la palabra maldita, pero lo que ha ocurrido en Egipto es un golpe de estado en toda regla.

Golpe de estado militar

El desencadenante han sido las masivas protestas populares que comenzaron el día 30, pero son los militares los que han tomado el poder. Y lo han hecho con el manual tradicional: toma del palacio presidencial, detención del presidente, ocupación de la televisión, censura, detención de políticos.

El ejército egipcio ha reafirmado su papel tradicional y es impensable que no se convierta en el tutor de una salida civil. A Morsi se le puede achacar sectarismo, pero ha consumido gran parte de sus energías en poner a los militares bajo el poder civil. Habrá elecciones, nueva constitución, volverán a los cuarteles porque los tiempos no están para gobiernos militares, pero será muy difícil una real supeditación al poder civil. Los militares serán -como lo fueron en Turquía hasta que Erdogan rompió el lazo gordiano de su tutela- la fuerza política en la sombra y mantendrán su poder económico.

Golpe de estado militar con apoyo popular

Pocos son los golpes militares que no tienen apoyo de parte de la población. En esta ocasión puede decirse que es casi la mitad del país que no aceptó la legitimidad de un gobierno de los Hermanos Mulmanes. Las fotos clásicas de las juntas militares reunen a los comandantes del ejército, la marina, la aviación… Pero en Egipto en esa foto (simbólica, no física) están junto al general al Sisi, el líder religioso sunní Ahmed al Tayeb, gran imán del Al Azhar, el papa copto Tawadros II y Mohamed el Baradei, representante de los sectores más laicos y occidentalizados.

El Baradei fue y será el candidato ideal de occidente. Un hombre honrado (como lo demostró en la crisis de Irak), preparado, razonable y demócrata pero con escaso carisma, como se demostró tras la caída de Mubarak. Está por ver si las fuerzas más laicas le apoyarían en la política cotidiana, en el caso de ganara una elecciones presidenciales.

Los nueve millones de coptos se veían amenazados por la creciente islamización, pero que el líder religoso sunní más respetado apoye el golpe quiere decir que la «hermanización» de la sociedad, esto es la conversión de las redes sociales de los Hermanos Musulmanes en poderes estatales, ponía en peligro su poder e influencia.

Una transición no inclusiva

Todas las fuerzas políticas han jugado al todo o nada. La eficaz organización de los Hermanos les ha permitido vencer en referedums y elecciones. Con una influencia social digamos del 33% y con el apoyo del 10% de algunas fuerzas salafistas, los Hermanos han hecho una constitución a su imagen y ha intentado ejercer un poder absoluto, pero escasamente eficaz por la continua confrontación. El intento de Morsi de conferirse una inmunidad absoluta fue la gota que colmó el vaso.

Una nueva democracia no inclusiva a medio plazo se derrumba, pero a corto plazo puede funcionar si al menos se ha pactado una reglas del juego claras y aceptadas por todos. No ha sido el caso de Egipto, donde todo el proceso ha sido confuso y caótico y cada nuevo paso ha sido cuestionado por una parte.

La situación económica

Los medios occidentales están dominados por el enfoque islamismo vs laicismo. Pero se olvida que la revolución de hace dos años fue precedida por una oleada de huelgas y que la situación económica actual es calamitosa. La miseria también ha empujado a la gente a la calle. El próximo gobierno tendrá que lidiar con las exigencias del FMI que pide poner fin a los subsidios de los productos básicos. Una explosión social se llevará por delante al gobierno, del signo que sea, que se atreva a subir exponencialmente el precio del pan y el combustible.

Riesgos

Los Hermanos han recibido el mensaje de que nunca serán aceptados por los militares y los laicos. Lo decía un manifestante pro Morsi: «si ellos han dado un golpe de estado, nosotros lo daremos en cuanto podamos». Será muy difícil establecer ahora el consenso que debería de haber presidido la transición desde el principio.

¿Qué hará ahora los Hermanos Musulmanes?. Una opción es que un número significativo de sus partidarios lancen desde la clandestinidad una lucha militar contra el gobierno que salga del nuevo proceso. Sería una guerra civil a la argelina. Pero la situación de Egipto es muy distinta a la de Argelia. Desde un punto de vista militar, el territorio no es el más apto para una guerrilla jihadista. Más probable es que sus dirigentes se sumerjan en la clandestinidad y  a través de la influencia de sus redes de solidaridad hagan ingobernable Egipto.

El golpe, sin duda, reforzará la jihad global. Más jóvenes musulmanes de los suburbios de París o Londres, en Ceuta o Melilla, en Cachemira o Libia interpretarán que el islamismo político no tiene futuro, que sólo cabe luchar a sangre y fuego hasta el martirio por el califato universal.

Equilibrios estratégicos

El golpe supone un revés importante para Arabia Saudí y las monarquías del Golfo, el gran soporte de los Hermanos Musulmanes. Perder Egipto es un gran fracaso para la santa alianza sunní que pretende afianzar una interpretación rigorista del islam, acabar con los restos del viejo nacionalismo árabe (El Assad), marginar a las minorías chíies y neutralizar a Irán.

Y para Israel, un Egipto bajo tutela militar puede volver a ser el viejo aliado, siempre sensible a las demandas de sus servicios secretos. ¿Malos tiempos para Gaza?.