Ahtisaari: un pacificador concienzudo


El premio Nobel de la Paz ha ido a parar a Martti Ahtisaari (wikipedia) por sus tres décadas en la resolución pácífica de los conflictos. Es un premio merecido, porque el finlandés ha realizado una tarea meritoria en Namibia, Bosnia, Aceh o Kosovo. Ahtissari era uno de esos candidatos que se repetía casi cada año.

Entrevisté en 1996 a Ahtisaari cuando era presidente de Finlandia en su residencia oficial en medio de un bosque en Helsinki. La entrevista versó, sobre todo, sobre la inminente integración de su país en la Unión Europea. Ahtisaari insistía en que su país aportaría el respeto al medio ambiente compatible con la explotación de las riquezas forestales y una relación estratégica con Rusia. Por supuesto, presentaba a Finlandia como un mediador internacional, desde su status de neutralidad.

Ahtisaari forma parte de una tradición de diplomáticos nórdicos que, desde puestos internacionales, han servido de mediadores internacionales. Baste citar al noruego Dag Hammarskjöld, secretario general de la ONU, póstumo premio nobel de la paz fallecido en un accidente de avión no suficientemente esclarecido, cuando regresaba del Congo. Los nórdicos no suscitan desconfianza entre los pueblos y gobiernos del sur, porque no entran en conflicto con sus intereses estratégicos (otra cosa sería los económicos) ni entre los del norte (con los que comparten cultura). Pero, sobre todo, tienen un modo de trabajar honesto, pragmático y… quizá, poco imaginativo y poco sensible para realidades diversas, tan distintas de la homogeneidad de sus países de origen.

El mayor éxito del nuevo nobel fue la independencia de Namibia, previa retirada de Sudáfrica. Que el galardón llegue ahora hace pensar que el desencadenante pueda ser su misión en Kosovo. Su trabajo allí, su plan, puede ser irreprochable desde un punto de vista democrático y aporta, sin duda, elementos para construir un Kosovo en el que se respeten los derechos de las minorías. Pero quizá  le sobra pragmatigsmo. Los serbios le acusan de parcialidad a favor de los albaneses y son varios los observadores (españoles, de otros países balcánicos) que creen que Ahtisaari no tuvo en cuenta las consecuencias de reconocer la independencia del territorio para otros estados multiétnicos.

Valor, sacrificio y agallas


Valor, sacrificio y agallas para fijar un nuevo rumbo. Creo que éste es el mensaje esencial de Obama en su segundo cara a cara con McCain. Mucho valor y agallas va a necesitar el nuevo presidente y mucho sacrificio van a tener que soportar los norteamericanos para salir del marasmo en que les han colocado -nos han colocado- las presidencias de Bush y el modelo de capitalismo financiero especulativo.

(Como fuentes, vuelvo a remitirme al visor interactivo de RTVE y al tratamiento en profundidad de la BBC)

Destaco esta frase de Obama porque creo que el senador consiguió elevar el tono del debate y abrir una ventana de esperanza, sin falsas ilusiones, para superar la crisis. No es «sangre, sudor y lágrimas», pero suena realista y sincero.

El formato audiovisual sirvió al debate y al esclarecimiento de las grandes cuestiones. No era -afortunadamente- «tengo una pregunta para vd.»- porque las cuestiones del público y las miles llegadas por internet habían pasado el control editorial de Tom Brokaw, el veterano conducor de la NBC, ahora retirado. Esa valoración periodística garantizó la relevancia de las preguntas. La sobriedad del escenario y la actitud de los candidatos convirtió al debate en la mayor oportunidad hasta ahora en la campaña para el esclarecimiento de las grandes audiencias.

No entro en el tópico de quién ganó a quién. Las encuestas parecen indicar que Obama y los analistas asegurán que McCain no consiguió su propósito de llevar a su contrincante al terrero de las descalificaciones personales, que, también según los analistas, es el último cartucho de los estrategas de la campaña republicana. Estos debates se denominan en Estados Unidos «town hall debates», porque recuperan la tradición de los debates cara a cara en el salón de actos de un ayuntamiento entre candidatos locales ante la asamblea de los vecinos. McCain ha mantenido a lo largo de la campaña decenas de encuentros en este marco, pero con simpatizantes. Estaba, pues, más entrenado y, además, su lenguaje es más cercano al de la gente. Ha comunicado bien y sin duda habrá llegado a la audiencia. Pero ha insistido hasta la saciedad en su historial de servicio. Obama ha estado más articulado sin ser profesoral y ha transmitido sinceridad. No me hago ninguna ilusión sobre el desempeño de uno u otro como presidente, pero no cabe duda que se trata de dos grandes candidatos, capaces y comprometidos con los que entienden son los intereses de su país y sus ciudadanos.

El máximo choque se produjo en el minuto 72 cuando Obama acusó a McCain de estar obsesionado con bombadear Irán y querer aniquilar a Corea del Norte. Pero los aspectos a mi juicio más interesantes se produjeron ante dos preguntas del moderador. La primera sobre las prioridades entre crisis energéticas, sanidad y pensiones. Obama dió su máxima prioridad a la independencia energética a través de fuentes alternativas. McCain dijo que afrontaría simultaneamente las tres prioridades y sobre energía mencionó los sondeos de gas y petróleo en el mar y una ola de nuevas centrales nucleares (para echarse a temblar). La segunda, sobre la necesidad de intervenir en el exterior en situaciones de genocidio o graves violaciones de derechos humanos. La respuesta positiva de Obama fue muy matizada, incidiendo en la necesidad de una actuación conjunta con los aliados.

En fin, un debate que da envidia.

La crisis y el carrusel de la Asamblea General de la ONU


Cada año en la tercera semana de septiembre los neoyorquinos ven con resignación como las medidas de seguridad se acentúan cerca de los grandes hoteles y las calles y avenidas próximas al edificio de Naciones Unidas se cortan para dejar paso a las comitivas de los poderosos. Llega la Asamblea General, el único foro en el que todos los mandatarios del mundo pueden encontrarse y hablar al mismo nivel, con el mismo tiempo asignado. Lamentablemente, ese único órgano deliberativo común a toda la humanidad se ha convertido en un verdadero diálogo de sordos. Cada cual vende su producto sin ningún ánimo de diálogo y mucho menos de debate y lo vende más para su propia opinión pública -con la ayuda inestimable de sus medios nacionales- que para discutir los grandes problemas comunes. El presidente de Estados Unidos suele presentar la política planetaria de la superpotencia con todos los asientos llenos. El resto de los discursos son seguidos con menor o mayor expectación según el poder y la influencia del que habla. Las delegaciones escuchan los discursos de los amigos y los enemigos y se ausentan cuando no hablan ni unos ni otros. De vez en cuando Chávez con su encendida retórica criolla anima el cotarro.

Hace tres años la Asamblea vino precedida de una Cumbre Mundial. Lo más importante que salió de ella fue la aceptación del principio de la obligación de proteger. Sin embargo, quedaron en nada las promesas de hacer más eficaz los mecanismos de la ONU y, sobre todo, de reformar su estructura de poder, con una representación en el Consejo de Seguridad que recoja el peso creciente de las potencias emergentes. Este año, para evitar que cada cual coloque su disco rallado, la agenda de la Asamblea General recogía la revisión de los Objetivos del Milenio. De la reunión, en el mejor de los casos surgirá la renovación de un compromiso que ya parece imposible de cumplir en 2015, porque año tras año, los estados incumplen esos compromisos hipócritamente asumidos.

Pero la crisis financiera -¿farsa o tragedia?- se desarrolla al otro extremo de Manhattan, en Wall Street. Quiebran los bancos de negocios y los que quedan se convierten en comunes bancos comerciales y el Tesoro de Estados Unidos promete una intervención que puede llegar a un billón de dólares (o un trillón si utilizamos la denominación anglosajona) para aislar los «activos tóxicos» -lo que antes se llamaban «productos financieros creativos». (Por cierto vale la pena ver este vídeo de humor británico, brillante y esclaredor, que conozco por el blog de Miguel Ángel Idígoras).

Si para algún senador republicano todo esto no es más que «socialismo financiero»,  el economista Stiglitz pone las cosas en su punto y dice que lo que ha sucedido la semana pasada equivale para Wall Street a la caída de su particular Muro de Berlín; la semana en la que todo ha cambiado y han quebrado todos los dogmas neoliberales. Lógicamente, una crisis que es una crisis de sistema, no podía estar ajena a los discursos. Pero en la mayor parte de los casos no ha habido más que palabras vacías que demuestran, una vez más, la falta de visión de los líderes que gobiernan el mundo. Los más pobres han recordado que con la décima parte de lo ya gastado en salvar a las entidades hipotecarias se podría haber cubierto buena parte de los Objetivos del Milenio.

Y luego cada cual ha seguido con su rollo. He escuchado la última parte del discurso de Álvaro Uribe en el Canal 24 Horas de TVE. (Los discursos y ruedas de prensa puede seguirse en la webcast de Naciones Unidas). La página de la presidencia de Colombia resume justamente la parte del discurso que no he oído, en la que defiende los logros de su «política de seguridad democrática» y esgrime la disminución de los asesinatos de sindicalistas, que por las vías alternativas que nos llegan de Colombia siguen siendo casi diarios. (Curiosamente cuando busco el enlace a ese resumen ha desaparecido, y en su lugar se destaca el agradecimiento a Evo Morales por una admonición a las FARC). En la segunda parte, que sí he visto, Uribe ha comenzado diciendo que «tan importante como la crisis financiera es la crisis medioambiental». Y aquí se ha extendido en sus éxitos en la materia y ha puesto un ejemplo que, como poco, me parece desafortunado: las excelencias de la palma africana, un cultivo -ha dicho-que da sombra y protege el suelo. La realidad es que esta planta ajena sembrada por multinacionales coloniza miles de hectáreas de selva, por ejemplo en la región del Alto Atrato, destruyendo la diversidad biológica y todo ello previa expulsión de los campesinos por los paramilitares, por mucho que ya no se llamen así. ¡Cuánta hipocresia!.

Mientras los discursos siguen en la Primera Avenida con la calle 42, el mundo sigue girando. Nada será igual después de esta semana. ¿Dejará el neoliberalismo paso al neokeynesianismo?.

La Rusia de Putin


Recomiendo la lectura de «La decisión de Putin, el futuro de Rusia», Zbigniew Brzezinski, publicado en el último número de Política Exterior (pdf).

El que fuera máximo asesor de política exterior de Carter caracteriza a la Rusia de Putin como un estado autoritario en lo político, corporativo centralista en lo económico y revisionista en lo estratégico. Su tesis es que esta caracterización de debe a una decisión de Putin (y a lo que representa, los estamentos de seguridad que se hicieron con el poder tras la dimisión de Yeltsin, los siloviki) que no era la única posible y que hipoteca el futuro de Rusia. La guerra de Chechenia, el caso Jodorkovsky, el asesinato de periodistas, la estabilización económica gracias a la exportación energética, la centralización administrativa, la falta de infraestructuras e innovación… marcan este proceso. Brzezinski cree que cuando descienda el precio del petróleo, la riqueza exorbitante de oligarcas y siloviki desatará una inestabilidad social que un estatado autoritario no puede gestionar. Sin embargo, considera que la orientación europea de la clase media y una deseable estabilidad democrática de Ucrania pueden detener esta deriva autodestructiva de Rusia.

Brzezinski fue un halcón contra la Unión Soviética. En los últimos años ha sido un crítico de la política exterior neoconservadora de Bush, que considera en gran medida ilegítima y, en general, contraria a los intereses de Estados Unidos. Su análisis sobre Rusia es muy valioso, pero apenas menciona la ampliación de la OTAN hacia al este, mientras que refiere constantemente a la influencia benéfica de la Unión Europea.

Después de la caída del Muro cabría haber creado una organización de seguridad común para toda Europa, desde el Atlántico hasta los Urales, como sugirió Mitterand. Pero se impuso la visión de Estados Unidos. Y así, mientras el Pacto de Varsovia se disolvía, la OTAN se ampliaba hasta las fronteras de Euroa. ¿De quién puede defender la OTAN a, por ejemplo, los bálticos? Obviamente, de Rusia. No es extraño que renaciera en Rusia el complejo de sitio, acentuado con medidas que no podían ser consideradas más que hostiles, como el escudo antimisiles en Polonia y la República Checa.

Después de la guerra de Georgia, Rusia ha ganado reputación, poder duro en detrimento del poder blando, la capacidad de atracción pacífica. Europa ha demostrado, una vez más que, su política exterior es prácticamente irrelevante. Estados Unidos juega a la guerra fría e insiste en integrar a Georgia y Ucrania en la OTAN. ¿Cómo integrar a unos países con diferendos importantes con Rusia? ¿Para iniciar una tercera guerra mundial? ¿o para dejarlos a su suerte?. Rusia se enroca, Europa se debilita y Estados Unidos se siente a gusto con el nuevo desafío.

Más sobre Georgia: táctica, estrategia y propaganda


Recojo aquí algunos análisis sobre las causas y consecuencias del conflicto en Georgia.

Carlos Taibo coquetea con las teorías conspiratorias. Su tesis es que, igual que Sadam Hussein, Shakkasvili fue empujado por la CIA a su fracasada aventura para forzar la tensión con Rusia, lo que distraería de los fracasos de la Administración Bush y perjudicaría a Obama, con una imagen menos adecuada para los tiempos duros. Tiene razón Taibo que la acción georgiana no podría haberse realizado sin el consentimiento, al menos tácito, de Estados Unidos.

Open Democracy dedica una decena de análisis al conflicto. El especialista búlgaro Ivan Krastev habla de la trampa de la gran potencia. Su tesis es que la victoria táctica de Rusia es, en realidad, una fracaso estratégico. Con su intervención, Rusia ha hecho manifiesta la teoría estratégica de Putin, que no es otra que la de la Rusia zarista del s. XIX. Rusia ha mostrado su poder, pero ese poder no hace más que repeler a sus vecinos. Rusia ha perdido atractivo o «soft power» y se arriesga a un aislamiento internacional. Krastev también insiste en que la CIA informó al presidente georgiano de que los rusos no atacarían Georgia (¿chapuza o conspiración?). La verdad es que todo el argumento del análisis puede resumirse en la cita final de George Kennan (el teórico de la guerra fría): «Rusia no puede tener en su fronteras más que vasallos o enemigos». El rápido acuerdo de Estados Unidos con Polonia para la instalación del sistema antimisiles y la reacción de la OTAN que sigue apostando por el ingreso de Georgia avalarían, por el momento, esa tesis de fracaso estratégico.

Otra visión, también en Open Democracy, es la del experto en lengua adjasia, George Hewitt, quien sostiene que el conflicto sólo se podrá resolver contando con osetios y adjasios. Hewitt defiende la identidad propia de ambos territorios y su forzada integración a Georgia, primero por el régimen menchevique de los años 20, y luego por Stalin. Interesante la observación de que la mayoría de los refugiados georgianos son tratados con descuido por las autoridades por ser de la provincia de Mingrelia.

The Economist coincide en la tesis de que, a la larga, a la operación será un fracaso estratégico para Rusia.

Y, por último, el resumen que la Columbia Journalism Review realiza de los blogs de los periodistas rusos que han acudido a Osetia del Sur. Sus relatos, vídeos y fotografías testimonian el alto grado destrucción de la capital de Osetia del Sur. Human Rights Watch redujo el número de muertos denunciados por los rusos de miles a centenarares, pero, en cualquier caso, este fue alto y la destrucción importante. Y todo ello, 16 horas antes de la intervención rusa. Los blogs de los periodistas rusos, sin desprenderse de una visión nacional, han sido una voz valiosa para neutralizar la propaganda de unos y otros.

Cuestión de reputación


Mientras disfrutaba de unos días de vacaciones era un espectador más del gran espectáculo global de los Juegos, desarrollado en paralelo con la guerra en el Caúcaso. Los Juegos, la ceremonia del capitalismo global revistida de unos abstractos valores de fraternidad y sana competencia. Los Juegos, consagración de la gran potencia del mundo global, China. Y en el Caúcaso una guerra más por un pedazo de territorio, como viene haciendo la humanidad desde sus orígenes. Más limpieza étnica de un lado y de otro, más muerte y miseria y una partida estratégica por la energía.

A veces conviene volver a los clásicos para entender las cosas. En la España del Siglo de Oro y de la decadencia que le siguió, la preservación de la honra, que gobernaba las acciones personales y familiares, tenía un correlato público en el concepto de reputación. Una potencia tenía que mantener su reputación si quería ser respetada por las demás. Y así, si las guerras en Europa son iniciadas por Carlos V por defender su primacía imperial y defender el catolicismo, suys sucesores, sobre todo Felipe III y Felipe IV, actuaron ya más por defender la reputación del Imperio Hispánico que por razones estratégicas más profundas. Véase a este respecto El Conde Duque de Olivares de J.H. Elliot.

En el Caúcaso, Rusia ha reafirmado su reputación y Estados Unidos la ha perdido. Saakashvili inició la guerra en plena tregua olímpica, convencido que sería un paseo militar resuelto en unas horas. Un paso suicida que recuerda al de Sadam Hussein al invadir Irak. Pero la resistencia de los micilianos de Osetia del Norte fue suficiente para permitir la rápida reacción de Rusia. Rusia ha demostrado a los pueblos caucásicos y, en general, a todas la minorías del antiguo espacio soviético, que quien se coloca bajo la protección del nuevo imperio reconstruido por Putin no será dejado a su suerte. Y Estados Unidos ha quedado en evidencia dejando a Georgia sin más apoyo que algunas invectivas contra Rusia con el lenguaje de la guerra fría.

Rusia tuvo que aceptar que Estados Unidos y sus aliados sobrepasarán una línea roja incorporando a las repúblicas bálticas a la OTAN. Era la Rusia debilitada de los 90. La Rusia de Putin no podía aceptar el ingreso de Georgia en la Alianza Atlántica. A los aliados europeos no les hacía demasiado felices este previsto ingreso, pero en la pasada cumbre de la organización aceptaron el plan para la adhesión. ¿Se hubiera atrevido Rusia a desarrollar esta operación con Georgia en la Alianza? Mejor no pensar en ese escenario…

En las guerras del siglo XX y el XXI las grandes víctimas son los civiles. Ahora Rusia y Georgia se acusan mutuamente de genocidio. Genocidio es una acción sistemática para exterminar a un grupo humano. No parece que ni unos ni otros hayan cometido genocidio. Pero posblemente unos y otros hayan cometido crímenes contra la humanidad.

Y, ahora Rusia está en condiciones de aplicar los mismos principios que la OTAN ha aplicado en Kosovo y reconocerá la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.

Haris Silajdizic defiende una Bosnia unificada


Haris Silajdzic

Pocos políticos bosnios tan inteligentes y carismáticos como Haris Silajdzic, el cerebro de la resistencia bosnia, como ministro de exteriores, primer ministro y negociador de los acuerdos de Dayton. Después de la guerra, rompió con el partido nacionalista musulmán de Izetbegovic y terminó por abandonar la política durante unos años. Pero en 2006 regresó y las elecciones le encumbraron a la presidencia colegiada de Bosnia-Herzegovina.

El 28 de julio fue entrevistado en el espacio de la BBC Hard Talk (Vídeo)

En la entrevista, Silajdzic defiende su idea de unificar de nuevo Bosnia-Herzegovina, fusionando en una único estado las dos entidades existentes: la república Srpska y la Federación Croata-Musulmana. Su argumento, que a lo largo de la Historia etnias y religiones vivieron bajo un mismo estado y que la república Srpska está basada en la limpieza étnica.

Ambos argumentos son ciertos y existe otro más pragmático: la ineficiencia del engrendo nacido en Dayton. Un estado (¿confederal?) formado por dos entidades estatales, una de ellas una federación de dos componentes y dentro de cada una de esas entidades cantones con una amplia autonomía y ayuntamientos. Una organización mucho más compleja que la española, con un sinfín de niveles administrativos y con los escasos recursos absorvidos por el clientelismo político. Pero a pesar de todos estos argumentos, sólo una decisión de los ciudadanos de todas esas entidades podría superar el estado salido de Dayton. El consenso parece imposible. Es cierto que en las tres comunidades cada día tienen más influencia las fuerzas políticas que apuestan por esta solución, pero los partidos dominantes y la mayoría de las poblaciones siguen identificándose con opciones etnicistas, y no sólo en la república Srpska, sino también y muy señaladamente en la Herzegovina, con una parte de la población identificada con el nacionalismo croata. La situación de Kosovo refuerza, además, las tendencias favorables a la unificación con Serbia en la república Srpska. El único horizonte es la Unión Europea. Con Croacia, Serbia y la propia Bosnia-Herzegovina dentro de la Unión, el estado salido de Dayton podría convertirse en un estado único, con autonomías regionales y respeto a los derechos de las minorías.

En la entrevista, Silajdzic defiende el término «bosniaco» para designar a todos los habitantes del país, sea cual sea su origen étnico. Y resta importancia a los crímenes cometidos por los bosnios-musulmanes, que actuaban en defensa propia frente a una agresión planificada. Una posición indefendible, porque los crímenes de todos son igualmente execrables y punibles.

Justicia en Serbia; Justicia para Serbia


¡Qué dificil resulta para los pueblos asumir y depurar una historia criminal! España es campeón en la aplicación de la Justicia Universal contra genocidas extranjeros, pero nuestra transición se basó, no en el perdón, sino en el olvido. Ahora, recuperar la memoria se ha convertido en una incómoda papeleta para el gobierno. Italia, pese a todo la mística partisana, tampoco asumió sus culpas y una corriente profunda fascista (como en España franquista) ha ido aflorando de cuando en cuando y ahora de una manera abierta con el último gobierno Berlusconi. Tampoco ha sido fácil para Francia asumir las culpas del colaboracionismo. Sólo Alemania se vio obligada por los aliados a realizar un proceso de desnazificación, del que terminaron por escapar  muchos criminales, pequeños y grandes, aprovechando las circunstancias de la guerra fría. En los 70, los hijos de tantos nazis ocultos protagonizaron los movimientos de contestación anticapitalista. Pero con todo, Alemania es el país con una mayor conciencia colectiva del mal ocasionado y también -más recientemente- del mal sufrido. En Alemania en la escuela se estudia la infamia y los colegiales visitan los campos de exterminio. En España, para los escolares Franco es una figura tan lejana como Felipe II.

A pesar de todo, Alemania e Italia recibieron el maná del Plan Marshall. Ahora Serbia debe recibir la ayuda de la Unión Europea para convertirse en un país normal. Serbia tiene que entregar al Tribunal para la Antigua Yugoslavia a Mladic y a Goran Hadzic, líder de los serbios de la Krajina. El caso de Karadzic demuestra que la captura de estos criminales es posible con voluntad política. Por debajo de los figurones quedan otros muchos asesinos con menores responsabilidades políticas. De ellos se tienen que ocupar los tribunales locales de Serbia, Bosnia, Croacia… Ninguno de estos países ha hecho todavía una verdadera catársis. Basta salir del aeropuerto de Duvrovnik para encontrarse con una valla gigantesca que enaltece como héroe nacional a Ante Gotovina, pendiente de juicio en La Haya. Y sin embargo, Croacia es ya formalmente candidato a la adhesión.

Todos los líderes comunistas de Yugoslavia cabalgaron el tigre del nacionalismo para mantenerse en el poder. Todos, en distintos grados, son responsables de la catástrofe. Pero no por eso todos son criminales. Tampoco se puede estigmatizar a todo un pueblo, por mucho que esté anclado en falsas utopías nacionalistas. De todos los pueblos yugoslavos, los bosnios musulmanes estuvieron al borde del exterminio, pero los serbios han sido los grandes perdedores. Los bombardeos de la OTAN siguen siendo una herida abierta. Por ejemplo, en Novi Sad, una ciudad mayoritariamente a Milosevic, todavía no entiende en ensañamiento de las bombas.

Europa tiene que exigir a Serbia que ningún crimen quede impune. Pero Serbia merece también justicia y generosidad.

(Incluyo el enlace a una página muy completa BalkanInsight, que me acaba de descubrir Alberto Marinero)

Trampas para (inexpertos) presidentes demócratas


Barack Obama es virtual candidato demócrata a la Casa Blanca. John McCain es un buen candidato republicano, con una trayectoria de independencia que le aleja -a pesar de defender la permanencia en Irak- del cliché de «tercera presidencia Bush», que le atribuye Obama. La contienda final será dura y resulta aventurado pronosticar un vencedor, por mucho que las encuestas den ventaja al candidato demócrata.

La ola de entusiasmo que levanta Obama recuerda la que llevó a John F. Kennedy a la presidencia. Mientras el joven aspirante demócrata peleaba con el corrosivo Nixon, entonces vicepresidente de Eisenhower, el stablishment trabajaba para dejar las cosas atadas y bien atadas. La CIA preparaba la invasión de Cuba. Llegado el momento, el nuevo presidente no tuvo casi otra opción que la de autorizar la operación de Bahía Cochinos (Playa Girón para los cubanos), mal preparado y peor ejecutada. El régimen de Castro se alineó con Moscú. Un Kennedy, ya menos bisoño, tuvo que lidiar con la crisis de los misiles. Los grupos cubanos movieron los hilos de la conspiración que terminó con el asesinato de Kennedy.

Jimmy Carter también suscitó grandes esperanzas. Su política de exigir el respeto de los derechos humanos en las relaciones exteriores permitió, por ejemplo, que los sandinistas pudieran derrocar al tirano Somoza. Pero la Unión Soviética invadió Afganistán y Carter cayó en la trampa. Washington promovió a los mujaidines, los guerreros de Alá, presentados como luchadores por la libertad. En el humus creado por los servicios secretos creció Bin Laden. Aquellos mujaidines son hoy los señores de la guerra.

Obama ofrece hablar con todos, hasta con aquellos que Bush etiquetó como eje del mal. Para Irán, unas conversaciones directas y abierta con Estados Unidos ya serían un logro estratégico. Pero el presidente Ahmedinejad puede sentir la tentación de, tras hacerse la foto, impedir cualquier avance, que le debilitaría mientras fortalecería a sus enemigos moderados. Por si acaso, el primer ministro israelí Olmert y sus ministros de exteriores y transporte amenazan con atacar las instalaciones nucleares iraníes. No es una amenaza como para tomársela a broma -ayer viernes 6 de junio las declaraciones del ministro de transportes, Saul Mofaz, dispararon (más todavía) el precio del petróleo- aunque haya que encuadrarla en la lucha por el liderazgo del partido Kadima. Lo que está claro es que Israel no puede dar ese paso sin la aprobación de la administración Bush. Sería el último servicio de Bush a la causa del caos. El bombardeo generaría una onda expansiva que demolería todos los equlibrios de Oriente Próximo. Irán intentaría cerrar el estrecho de Ormuz y el crudo se podría a ¿200 dólares?. La trampa se cerraría y Obama, envuelto en la bandera, enterraría su oferta de diálogo.

¿Es un crimen contra la humanidad la inacción de la Junta birmana?


Así lo sostiene Gareth Evans, uno de los padres de la responsabilidad de proteger, en la edición de hoy de The Guardian.

Vengo ocupándome de la posibilidad de aplicar la cláusula de la responsabilidad de proteger en dos comentarios, «China puede abrir Birmania» y «La responsabilidad de proteger Birmania» que, por cierto, apenas han tenido lectores, supongo que por colocar los buscadores muy abajo a este blog en un tema de tanta actualidad como la situación de Birmania. En esencia, he sostenido -creo que con muchas especialistas- que esta posibilidad de intervención internacional no procede en los casos de desastres y crisis humanitarias.

Evans aporta hoy una nueva visión. Reconociendo que en la resolución final de la Cumbre Mundial de 2005 no se contempla esta posibilidad aboga por una interpretación amplia. Si el principio trata de proteger a las poblaciones contra los crímenes contra la humanidad ejecutados o consentidos por sus gobiernos ¿no puede considerarse un crimen contra la humanidad dejar morir sin auxilio apropiado a cientos de miles de personas? El ex ministro de exteriores canadiense alega en apoyo de su tesis en que el concepto de crímenes contra la humanidad -tal como se establece por el Derecho Internacional por ejemplo en el Estatuto del Tribunal Penal Internacional- no sólo engloba las matanzas, torturas o represión sistemática, sino también «cualquiera otros actos inhumanos de similares características que puedan intencionalmente causar gran sufrimiento, heridas físicas o graves daños a la salud mental».

Pues me ha convencido. Si la Junta persistiera en su negativa a recibir el auxilio material y técnico del exterior podría considerarse que está cometiendo un crimen contra la humanidad que merece una intervención internacional (por ejemplo, lanzamiento de ayuda desde el aire sin el consentimiento del gobierno) justificada en esa «responsabilidad de proteger». Pero subsiste el problema de que es necesaria una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Con cuentagotas, pero los militares empiezan a dejar entrar a trabajadores humanitarios extranjeros. Vuelvo a insistir que quien tiene la llave para que la ayuda llegue es China y en menor medida India y Tailandia.

En fin, es una polémica que parece que sostengo solo conmigo mismo…