Revolución en Egipto: el papel de los medios (tradicionales y sociales)


La revolución de Twitter… La revolución de Facebook… La revolución de YouTube… No, la revolución del pueblo egipcio. (¿Revolución? Dejo esa discusión para otra entrada).

Que los medios sociales han tenido un papel relevante en la revuelta en Egipto es evidente. Tan evidente como que el ciclostil y la pintada fueron herramientas de movilización social y política en la España del último franquismo. Como indiscutible es que Al Yazira ha sido la ventana por la que la mayoría de los egipcios han accedido a la imagen de la movilización callejera.

El papel de los medios tradicionales y de los medios sociales (y su interrelación) en estos acontecimientos requiere de una investigación seria. No sé si algún académico egipcio o extranjero la está ya desarrollando.

Los medios sociales son herramientas insuperables para la interacción y por tanto para la movilización para un objetivo concreto, ya sea manifestarse, reunir firmas, hacer un boicot a un producto o comprarlo. Los medios sociales promueven conductas instantáneas y acciones «líquidas». Los medios sociales están siendo el catalizador y el acelerador de las revueltas y llenan el vacío dejado por la censura en los medios de masas.
Pero desde la revuelta popular hasta la democracia hay un largo camino, una transición, que requiere grupos homogéneos, organizados en torno a ideas e intereses, con liderazgo, que representen amplias capas sociales. Esa acción consciente, comprometida, a medio y largo plazo, con objetivos y planificación se realiza en el terreno de la acción política clásica: reuniones, debates, afiliación, congresos etc. Y son esos grupos organizados los que terminan por crear opinión pública en los medios de comunicación de masas, que construyen el relato social que comparte la mayoría.

Dejo aquí algunas piezas de información que pueden servir para entender el papel de unos y otros medios en estos acontecimientos.

The New York Times ha producido este vídeo del ambiente en un piso de El Cairo desde el que un grupo de jóvenes alienta la revuelta desde las redes sociales. Nada que ver con la conspiración internacional que vende el régimen.

La segunda pieza de información viene de Media Tenor. Es un breve estudio (pdf) sobre la información de dos cadenas de televisión occidentales (CNN y BBC) y dos panarabes (Al Arabiya y Al Jazira) sobre Egipto y Mubarak antes del estallido de las revueltas. El resultado es que las televisiones occidentales fueron muy críticas de Mubarak, con un 50% de las informaciones sobre el «rais» de carácter negativo. En cambio, las televisiones árabes dieron de él una imagen positiva.

 

Fuente: Media Tenor

Media Tenor llega a la conclusión de que no se puede acusar a las televisiones occidentales de connivencia con la dictadura y que las televisiones árabes están mucho más vinculadas y condicionadas por los poderes locales. Habría que hacer una análisis cualitativo para ver si detrás de las informaciones negativas de BBC y CNN hay verdadera crítica o sólo perjuicios occidentales. Pero de lo que no cabe duda es de Al Jazira ha educado a las sociedades árabes en el debate, base de cualquier democracia.

Vuelvo al principio. Esta es la revolución de los egipcios, pobres y clases medias, jóvenes y maduros, religiosos y laicos, musulmanes y coptos. Itxa en su blog está recogiendo ese pálpito popular. De ella tomo este vídeo de Nawal El-Saadawi vieja luchadora feminista, que encarna como nadie la resistencia del mejor Egipto.

(Una última actualización. Según el News Coverage Index (PEW Project for Excellence in Journalism) la revuelta en Egipto es la noticia internacional con mayor seguimiento en los últimos cuatro años y en este período ocupa además el cuarto lugar entre todas las noticias, nacionales e internacionales. Sin más análisis los datos indican la importancia que para sus intereses estratégicos conceden al acontecimiento los medios de Estados Unidos.)

¿Quién informa ya de Túnez?


La revolución en Egipto ha eclipsado por completo a la revolución tunecina

Apenas hace diez días, Túnez era primera página y abría todos los informativos. Hoy, los medios españoles no informan sobre Túnez, sus enviados especiales han regresado o se ha ido a Egipto.

Ciertamente, Egipto es el gran país árabe y Mubarak mantiene el pulso, mientras Estados Unidos busca alternativas para mantener el status quo favorable a Israel. Estamos de acuerdo, hoy Egipto es la gran noticia. Pero en Túnez todo sigue abierto, sin encontrar una vía clara hacia la democracia. Nadie nos lo cuenta. Por lo que veo en medios sociales como Nawaat los que con sus protestas derrocaron a Ben Ali sienten que su revolución les esta siendo robada ante la indiferencia del mundo, que durante diez días ensalzó su revuelta.

Información espectáculo

Juan Goytisolo narra en «Señas de identidad» como su protagonista, joven exilado del franquismo, es acogido con entusiasmo a su llegada a París a finales de los 50. Hasta que sus nuevos amigos dejan de atenderle, porque hay otras causas más urgentes, creo recordar que la de la independencia argelina.

Las opiniones públicas y las opiniones públicas progresistas son por naturaleza inconstantes en sus intereses y compromisos con el resto del mundo.

En la sociedad del espectáculo los medios promueven ese interés voluble. La «tribu» de corresponsales, cámaras y enviados especiales se mueve de un escenario a otro de conflicto, siempre buscando la tensión, la imagen dramática.

En época de recortes económicos, resulta escandaloso que las radios desplacen a los conductores de sus informativos para hacer en directo desde El Cairo sus diarios hablados. Estos paracaidistas no saben nada del país, necesitan asistencia de los periodistas que están allí, convierten en noticia su llegada y peripecias en las aduanas y se ven obligados a volver a contar lo obvio. ¿No sería más económico y eficaz mantener en un lugar de uno, dos enviados especiales por el tiempo que fuera necesario, en vez de hacer grandes despliegues?

La revolución en los países árabes ha tomado a todo el mundo por sorpresa. Un nuevo estudio de Media Tenor (pdf) demuestra que en los últimos cinco años las grandes televisiones de referencia dedicaron un interés decreciente a los grandes conflictos, ignorando prácticamente a Egipto.

Este informe muestra también como para los pequeños países del sur la única manera de aparecer en la tele es mediante una explosición de violencia. Afganistán, en cambio, ha polarizado la atención, me atrevería a decir que no tanto por el conflicto en si, como por la presencia de tropas (y los informadores empotrados que les acompañan) de los países de las televisiones de referencia.

(Véase también sobre este tema Guerra y paz en las televisiones de referencia)

Fuente: Media Tenor

(Cuando escribí esta entrada no había visto que también TVE enviaba a El Cairo a una de las presentadoras de sus telediarios. La gran aportación consiste en dar paso a la corresponsal Rosa Molló, que está en el mismo set informativo, ambas con el Nilo a la espalda.)

Revolución árabe: la fina línea entre la opresión y la libertad


Mubarak advirtió el viernes a los egipcios, en el que puede ser su último discurso, que hay «una fina línea entre la libertad y el caos». En realidad, quería decir «yo o el caos».

En entradas anteriores, reflexioné sobre las posibilidades de la transición en un  país, Túnez, en el que la revuelta de la calle ha derrocado a la cabeza de un régimen opresivo, pero donde queda un largo e incierto camino para llegar a la democracia.

Hoy, me sitúo en un momento anterior, en el que se encuentra Egipto, en esa sutil línea que separa una autocracia opresiva y la libertad.

En el punto de partida existe un régimen que anula los derechos humanos, especialmente los políticos, que se sustenta sobre la represión y un partido único o hegemónico, aunque intente ganar legitimidad con un relato mítico (en el caso de Mubarak el aviador invicto que garantiza la estabilidad y la prosperidad) y satisfaciendo las necesidades sociales básicas. Con el paso del tiempo, el relato legitimador se difumina en la medida en la que se degrada el nivel de vida de las clases populares y, sobre todo, de las clases medias.

El apoyo exterior no es un factor despreciable. En este caso Mubarak ha contado con el apoyo de Europa y, sobre todo de Estados Unidos, con un mil millones dólares anuales de ayuda militar durante un cuarto de siglo.

Cualquier intento de desafiar al régimen es reprimido con todo el poder judicial y policial. Todos tienen miedo y la oposición se debilita después de cada ola represiva.

Pero un día la gente, todavía con mucho miedo, se atreve a salir a la calle a pedir que se vaya el tirano. En el caso de Egipto, hay rabia por el alza de precios de los alimentos, por la corrupción, por el fraude en las elección y, de modo especial, indignación porque Mubarak quiera investir como sucesor a su hijo Gamal en las previstas elecciones presidenciales. Pero el factor decisivo es ver lo logrado en la calle por los tunecinos. Si ellos lo han consegudo ¿por qué no los egipcios?.

Y entonces empieza un desafío en la calle que siempre es sangriento. El autócrata aplica la represión de rigor. Pero mientras las protestas crecen y las calles se llenan de jóvenes, mujeres, profesionales… se ve en el dilema de ordenar un baño de sangre total. Es entonces cuando los gobiernos que le apoyaron cuando era fuerte le piden hipócritamente que se contenga.

La partida se juega en la calle. ¿Quieren los policías morir matando? ¿Se arriesgarán su jefes a ser objeto de la ira de la multitud o del nuevo gobierno si la revolución triunfa? ¿Tomará el lugar represor de la policía el ejército? Y en ese momento un policía o un soldado pone en la bocacha del fusil un clavel o un pañuelo verde y la multitud le aupa y le aclama. Y entonces la represión ya no es posible.

En Egipto se está cruzando esa línea sutil, pero Mubarak se aferra al poder. Tiene más agallas y controla mejor los resortes que Ben Ali. Pero sobre todo los que le apoyaron, Washington y Tel Aviv, no pueden consentir una salida que no garantice sus intereses. Hay que encontrar una alternativa ¿Puede ser Omar Suleiman, el todopoderoso jefe de los servicios secretos, el que garantice un status quo con Israel? ¿O puede ser Baradei con su Nobel de la Paz, un líder diplomático, occidentalizado, pero poco capaz de aglutinar a la oposición?.

Con respecto a la actitud de Estados Unidos, viene a cuento la frase de Kennedy (que recuerda Jean-Paul Marthoz) en relación a la dictadura de Trujillo: «Hay tres posibilidades, en orden decreciente de preferencia. Un régimen democrático decente, una continuación del régimen de Trujillo o un régimen castrista. Deberíamos favorecer la primera, pero no podemos renunciar a la segunda si no estamos seguros de evitar la tercera.

Hoy el equivalente a un régimen castrista no sería tanto un régimen islamista, como un régimen, religioso o laico, que no guarde las espaldas a Israel. Aunque no se trataría de mantener a Mubarak como de buscar esa otra alternativa segura.

Todavía ayer oí a Jaime Peñafiel quejarse de que Carter hubiera dejado caer a un «personaje histórico» como el Sha de Irán. Carter invocó su política de derechos humanos para no sostener a Reza Palevi y Somoza («nuestro hijo de puta»), pero la línea se había cruzado y ni un baño de sangre hubiera mantenido a esos dictadores, que durante décadas fueron los «guardianes de Occidente».

Hoy pasa lo mismo. Aunque Obama quisiera mantener a Mubarak no podría. Pero cruzada la línea de la opresión, antes de llegar a la libertad, puede pasarse por un periodo de caos. Eso es lo que desea cualquier régimen que se tambalea y eso es lo que tiene que evitar una sociedad que quiera libertad.

Y superado el caos queda luego un largo camino a una libertad institucionalizada en una democracia… una batalla que se da tanto en la calle como en los despachos.

Guerra y paz en las televisiones de referencia


Un país en guerra es noticia; un país en paz, no. Todos los periodistas lo sabemos. A veces intentamos poner el foco en las grandezas y miserias de la paz, pero, en general, quedamos atrapados en la representación de la violencia, como los insectos nocturnos por la luz.

Una investigación acaba de confirmarlo. Las cadenas de televisión de referencia (la guerra puede convertirse en un espectáculo televisivo) informan de un  país proporcionalmente a su nivel de violencia y cuanto menos pacífico sea el país, menos informan de su realidad no cotidiana no ligada a la violencia.

El estudio, Measuring Peace in the Media (pdf, vídeo) es una colaboración entre Media Tenor y el Institute for Economic and Peace (IEP). Media Tenor analiza sistemáticamente una treintena de informativos de las cadenas de televisión más prestigiosas del mundo. El Institute for Economic and Peace elabora un índice de la paz, el Global Peace Index (GPI) (Nueva Zelanda, el país más pacífico; Irak, el menos pacífico). Ambas instituciones tienen una orientación «pro negocios» (el IEP ha sido fundado por el millonario Steve Killelea) y el informe acaba de ser presentado en Davos. Su metodolología ha sido cruzar el rango del país en el GPI con el análisis de los informativos realizado por Media Tenor.

Mapa Global Peace Index 2010

Las principales conclusiones del estudio son las siguientes:

– En los países relativamente pacíficos los hechos excepcionalmente violentos tienden a recibir la máxima cobertura.

– En el caso de estudio «Afganistán» se constata que todos los acontecimientos en relación a la construcción de la paz son prácticamente ignorados.

– Las americanas son las cadenas que ofrecen más violencia. La BBC es la cadena que informa de más países y con mayor variedad de asuntos y enfoques. Al Jazira es la cadena más equilibrada en la cobertura de Afganistán (véase la visión sesgada de The New York Times sobre el sesgo de Al Jazira).

– Se informa menos de los 10 países más pacíficos que de los 10 menos pacíficos.

– Cuando un conflicto termina, el país deja de ser noticia.

– Sólo un 1’6% de todas las informaciones analizadas tienen que ver con la construcción de la paz.

(Sobre guerra y paz en televisión, véase también mi estudio “La representación del mundo en los informativos de televisión”)

Davos: el triunfo de los mercados


Como cada año, los que cuentan en este mundo vuelven por esta fechas a la Montaña Mágica de Davos.

Esta vez los que se congregan en el Foro Económico Mundial (World Economic Forum) pueden estar orgullosos. Han obtenido una victoria histórica: han vencido al estado de bienestar y a la política en general encarnando sus intereses en un dios inapelable, los mercados globales.

La Gran Recesión ha sido la ocasión para hacer irreversible el cambio histórico que lleva gestándose desde Reagan. Nada de refundar el capitalismo (sólo un narcisista como Sarkozy puede pensar que eso puede hacerse con un acto de voluntad). O quizá sí; el capitalismo global se ha refundado sobre la base de la economía financiera, no de la productiva.

Algunas de las características de la nueva era global son:

– Desmantelamiento de los estados del bienestar. El Estado queda reducido a mantener el orden y un marco jurídico que de seguridad a los negocios.

– Externalización y mercantilización de no sólo servicios públicos, sino de funciones propias del estado como la propia seguridad.

– Reducción de la política y los políticos a una función servil de los mercados financieros, con la consiguiente deslegitimación de la democracia.

– Una globalización desigual. Aumento de las desigualdades sociales en todo el mundo. Pauperización de las clases medias en los países ricos, consolidación de clases medias compradoras en los países emergentes acompañado del enriquecimiento exponencial de una minoría de estas sociedades.

– Laxo gobierno financiero mundial para mantener bajo control las crisis sistémicas.

– Auge de modelos de mercado autoritarios con un enorme atractivo para los países empobrecidos. La extensión del nuevo capitalismo seguirá más probablemente el modelo chino que el norteamericano, pero las oportunidades de negocio serán magníficas.

Así que lo que preocupa a estos vencedores del club de Davos no es esta crisis que hoy vivimos, altamente productiva en cuanto que cambio de paradigma, sino mantener bajo control esta situación, evitando estallidos económicos o sociales que rompan el nuevo status quo.

Así que han identificado los riesgos globales en un informe en el que advierten ( New Report Warns Current Global Governance Systems Lack Capacity to Deal with Global Risks) que eso que se ha dado en llamar Gobernanza Global (más o menos el G-20 + el FMI + OCDE + Banco Mundial) no tiene capacidad para enfrentarlos. Estos riesgos son:

– El déficit de estados, banco y particulares

– La economía ilegal

– Los recursos limitados

– Otros emergentes como la ciberseguridad, el rechazo popular a la globalización y las armas nucleares y biológicas.

Hans Castorp subió a la Montaña Mágica para unas cortas vacaciones y terminó por encontrarse a si mismo, antes de bajar a la llanura para enfrentarse con la vida de una Europa en la que una generación de jóvenes iban a morir en la Gran Guerra. Financieros, ejecutivos y políticos suben para darse un baño autocomplacencia y cerrar discretamente los tratos que marcarán nuestras vidas.

(Otras entradas sobre el Foro de Davos y los Foros Sociales Los foros globales y la crisis, Los foros y la agenda de la globalización)

Los «documentos palestinos», epitafio para el proceso de paz en Oriente Próximo


Reveladas las negociaciones entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel

Hay vida más allá de Assange y WikiLeaks. Al Jazeera ha conseguido 1600 documentos confidenciales que recogen las minutas de la negociación entre israelíes y palestinos en la última década y ha compartido su publicación con The Guardian (navegación en la base de datos de The Guardian)

Estos palestine papers muestran, como dice The Guardian, la lenta agonía de unas negociaciones de paz en los que la parte palestina es cada vez más débil y está más dispuesta a hacer concesiones.

En esencia, lo publicado hasta ahora muestra que:

– Sobre la base de las fronteras del 67, la parte palestina aceptaba el principio de amplios intercambios territoriales que consagraban la anexión por Israel de las principales colonias.

– Los negociadores palestinos estaban dispuestos a aceptarla anexión israelí de todos los asentamiento de Jerusalén Este, salvo Har Homa (Jabal Abu Ghneim)

– Los palestinos aceptaban el control israelí del barrio judío y del barrio armenio de la ciudad santa.

– Exigían en cambio el desmantelamiento de Ariel, la gran ciudad que prácticamente parte en dos a Cisjordania.

– Los palestinos reducían la reivindicación sobre los refugiados al retorno simbólico de 100.000 al estado de Israel.

Concesiones todas de la máxima envergadura rechazadas por Israel.

Composición de Al Jazeera

Al Jazeera y supongo que todos los medios árabes citan esta frase del negociador palestino Saeb Erekat. Es la expresión de la oferta de entrega de mayor parte de la sagrada Al Quds a la Jerushalayim judía, a cambio de otros territorios en la misma área. Fuera de contexto es casi una confesión de traición de la causa árabe y palestina.

Pero hay que leer la minuta de esa reunión del 4 de mayo de 2008 para comprender que se trata de una oferta muy seria de negociación,  que busca esencialmente la continuidad territorial de un futuro estado palestino. La magnitud de la concesión es apreciada por la ministra de exteriores israelí Tzipi Livni, pero no por ello deja de ser rechazada.

El fin de la solución de dos estados

Los documentos muestran crudamente la gigantesca mentira del llamado «proceso de paz». Unos dirigentes palestinos, cada vez con menor legitimidad interna, se ven obligados a ir una y otra vez a la mesa de negociaciones en una posición más débil, para tratar de preservar una parte menor de territorio, mientras Estados Unidos les exige mayores concesiones, simplemente para que puedan sentarse a la mesa.

Shlomo Ben Ami ha insistido en infinidad de ocasiones que ambos pueblos, conducidos por dirigentes carismáticos, tendrían que hacer concesiones dolorosas.

Ya no existen dirigentes carismáticos y sólo los funcionarios de la Autoridad Palestina están dispuestos a hacer concesiones que posiblemente les costarían el puesto y hasta la vida. No se puede decir que sean traidores por ello. Otra cosa es la colaboración con la seguridad israelí, el conocimiento previo del ataque a Gaza, y, sobre todo, reconocer el «carácter judío» del estado de Israel, una verdadera traición a los árabes israelíes.

La revelación es histórica porque es el acta de defunción de un proceso de paz muerto hace mucho tiempo. La Autoridad Nacional Palestina queda en una situación muy frágil y su proclamación unilateral de un estado palestino parece más improbable. Y si la solución de dos estados se evapora, la ocupación israelí es el único horizonte inmediato.

Como muchos observadores han advertido las nubes de tormenta bélica llevan meses cargándose. La filtración puede ser la chispa que incendie el polvorín. No sé quién habrá filtrado los documentos. Israel se confirma como la parte intransigente e insaciable. Esto no mejorará su cada vez más dañada imagen exterior. Desde este punto de vista le perjudica. Pero también puede ser un paso más hacia un nuevo ajuste bélico, que sus jefes militares están pidiendo a gritos.

Cada vez me parece que la única solución justa es un  único (por ahora inviable) estado democrático para palestinos y judíos.

(Shlomo Ben Ami sostiene que estos principios ya habían sido aceptados por Arafat en el marco del plan Clinton. Aquí dejo la entrevista en Al Jazzera)

«Tuitear» el consejo de ministros de Túnez ¿transparencia o banalidad?


Vuelvo a preguntarme a cuenta de la revolución de Túnez si todo debe ser sabido y conocido en el acto.

Slim Amamou es un bloguero que ha pasado prácticamente de la cárcel al gobierno de Túnez. Su notoriedad le ha llevado a la Secretaría de Estado de Juventud y Deportes. A pesar de ello, su Twitter original (@slim_amamou) sigue censurado y ha tenido que abrir una nueva cuenta  (@slim404), desde la que ayer «tuiteó» o retransmitió el primer consejo de ministros del gobierno de transición. (La noticia puede verse en el El Mundo y La Vanguardia).

Me imagino la cara de los viejos dinosaurios del régimen cuando su joven colega tuiteba desde un ordenador o un teléfono inteligente. Visto así es divertido y la información suministrada es, desde luego, significativa de lo caótica que es la transición. Pero ¿se puede trabajar seriamente en tales condiciones sabiendo que nuestras palabras van a ser reproducidas más o menos fielmente o filtradas con mayor o menor intención?

Un consejo de ministros es órgano colegiado que debe tomar decisiones previa deliberación. No se hace política tuiteando desde su mesa, si acaso, política espectáculo.

Twitter «remedia», es decir, reproduce, adapta y fusiona funciones de otros medios; «remedia» el cable de las agencias; «remedia» la retransmisión en directo de la televisión. Es hoy una herramienta informativa de primera magnitud, que nos permite conocer de la mano de protagonistas y testigos lo que está ocurriendo en este momento.

Se puede «tuitear» un partido de fútbol, una sesión parlamentaria y todo lo que es por esencia público y tiene un proceso de desarrollo. Cuanto más azaroso sea este proceso, más interés tendrá tuitearlo.

Cuando se trata de una sesión de trabajo no pública, el tuiteo lo único que hace es que los pavos reales luzcan sus plumas. Véase la reunión de internautas y creadores. Además, el «tuit» es un eco que distorsiona la misma discusión que está siendo retransmitida. «Acabas de tuitear algo que no he dicho…».

Más que transparencia, saber que Salim Amamou se va a poner corbata para complacer a su colega el ministro de justicia me parece una banalidad. Y anunciar por su propia cuenta en Twitter que se levanta el estado de alerta lo juzgo una temeridad.

Libertad de expresión, derecho al olvido, derechos de autor, Google y enlaces a películas


«No invocarás la libertad de expresión en vano»

Este debiera ser el título de esta entrada, pero por aquello del posicionamiento en los buscadores he compuesto un título por agregación que al final no dice nada.

No pretendo más que mostrar mi sorpresa por la ligereza con la que se quieren tapar todas las vergüenzas con el manto de la libertad de expresión.

Ante el riesgo de cierre, los agregadores de enlaces a películas dicen que ellos se limitan a ejercer la libertad de expresión.

Ahora el muy poderoso Google poco menos que amenaza con poner al Reino de España en la lista negra de los violadores de la libertad de expresión, porque la Agencia de Protección de Datos les requiere para que dejen de enlazar a publicaciones (principalmente boletines oficiales) en los que aparecen personas que quieren que sus referencias no sean recuperables.

En el primer caso estamos ante un conflicto entre libertad de información y derechos de autor. En el segundo, en un conflicto entre el derecho a la información y un nuevo desarrollo del derecho a la vida privada, el derecho al olvido, que corresponde a cualquier particular en relación a sus actividades sin trascendencia pública.

Estos conflictos entre dos libertades tienen que ser resueltos por las leyes y los tribunales ponderando y equilibrando los derechos e intereses en presencia para que las limitaciones que uno de ellos haya de sufrir en beneficio del otro sean mínimas.

Y es que -parece obvio recordarlo- ningún derecho es absoluto. Todos están interrelacionados y todos tienen que estar al servicio de los otros, pero en caso de conflicto tiene que predominar el que sea más esencial e irrenunciable para la dignidad personal.

Cada ordenamiento nacional aplica unos u otros equilibrios, pero en ninguno ni la libertad de expresión ni ningún otro derecho es absoluto. En Europa se da más peso a los derechos de la personalidad que en Estados Unidos, pero también allí la jurisprudencia (constitucional) del Tribunal Supremo considera la privacidad como un derecho irrenunciable.

Lo que ocurre es que los grandes conglomerados de Internet hacen una interpretación interesada de la libre expresión.

Termino con el optimismo liberal del preámbulo de nuestra Constitución de Cádiz:

 

«Como nada contribuye más a la ilustración y adelantamiento general de las naciones y a la conservación de su independencia que la libertad de publicar todas las ideas y pensamientos que puedan ser útiles y beneficiosas a los súbditos de un estado, la libertad de imprenta, verdadero vehículo de las luces, debe formar parte de la ley fundamental de la Monarquía, si los españoles desean sinceramente ser libres y dichosos.”

Túnez: más tareas para la transición


Los más viejos se acordarán de aquel día  de 1977 en que el gran cangrejo del yugo y las flechas fue descolgado del edificio de la calle Alcalá 32, sede de la Secretaría General del Movimiento. Si uno se fija todavía se puede apreciar una tenue huella en la fachada (¿Será un símbolo de la sutil impregnación de nuestra democracia por el franquismo?).

Los símbolos del régimen tunecino a la basura - Fuente Nawaat

Los tunecinos han retirado por su cuenta los símbolos del partido único, el RCD, a su alcance, como este rótulo de una calle que conmemora una de sus fechas fundacionales. Pero ahora exigen la separación entre el partido y el Estado; una comisión que separe bienes y edificios, restituya a los funcionarios adscritos al partido a sus empleos públicos y la destitución de los directivos de la radiotelevisión pública pertenecientes al partido.

La Unión Constitucional Democrática, el RDC, el partido fundado por Burguiba, se había convertido en un partido único de hecho. Con dos millones de militantes, la afiliación resultaba imprescindible para cualquier empleo público. Seguramente, el partido se adaptará a la situación, con una nueva dirección y un abrazo formal a la democracia. Es más probable que se convierta en Alianza Popular que en UCD.

El nuevo gobierno, en el que los viejos ministros de Ben Alí controlan los resortes básicos del poder ha causado general insatisfacción en Túnez. En la entrada de ayer sobre la transición tunecina olvidaba que el gran motor de una transición donde los representantes del antiguo régimen no han sido defenestrados (en definitiva, una transición, no una revolución) es la presión popular continuada.

En España, la punta de lanza de esta presión fueron el Partido Comunista, CC.OO, UGT y en menor medida otros partidos y grupos de izquierda, con una no desdeñable capacidad de movilización. En Túnez no sé si la UGTT puede realizar esa función, pero desde luego no creo que la movilización catalizada por las redes sociales pueda mantener la presión si no surgen nuevas organizaciones.

Y obviamente otro de las tareas pendientes es la amnistía, que ya ha prometido el primer ministro Ganouchi, pero que sin movilización popular puede ser más que la condición para la liberación de presos y el retorno de los refugiados una carta de impunidad para los violadores de los derechos humanos.

Túnez: los dilemas de la transición


La revolución del Jazmín, revolución popular

El pueblo de Túnez ha derrocado al dictador. La revolución es suya y sólo suya. No de Twitter ni de WikiLeaks; no de Anonymus; no del Departamento de Estado ni del Quay d’Orsay.

Como puede leerse en Nawaat, «del acto desesperado de Mohamed Bouazizi ha nacido una ola de indignación que se ha convertido en una fuente de esperanza». Por supuesto que los tunecinos (con un  nivel de desarrollo más que aceptable) han utilizado en su movilización los medios sociales, ante el silencio de los medios tradicionales censurados, pero el incendio se hubiera extendido del mismo modo sin Facebook ni Twitter en una sociedad de pequeñas ciudades y pueblos muy próximos, donde la calle y los cafetines siguen siendo el espacio público por excelencia.

El jazmín es el símbolo de Túnez, así que está bien bautizar a esta revuelta como la «revolución del jazmín». Pero no nos engañemos. El olor del jazmín puede disiparse enseguida.

El largo proceso a la democracia

Finalmente, la huida de Ben Alí ha abierto un escenario que es una mezcla entre el escenario democrático y el escenario continuista, que aventuraba en mi última entrada. La entrada en un gobierno de unidad nacional de los representantes de la oposición es más un símbolo que un cambio real de poder. El primer ministro, el ministro de defensa, el jefe del ejército… seguirán controlando los aparatos de poder político y económico, pero ya sin legitimidad, por lo que su decisiones serán difíciles de aplicar.

El peligro es que los viejos clanes se reciclen y «todo cambien para que todo siga igual», en poder de los mismos.

La clave de cualquier transición política son unas elecciones democráticas y la asunción de una Constitución que consagre la nueva legitimidad. No se pueden celebrar elecciones en 60 días, porque ninguna opción democrática estaría preparada y porque lo primero que tiene que cambiar es la ley electoral. Pero tampoco se puede elaborar y refrendar una Constitución (como por ejemplo se propone en Nawaat) porque sus redactores carecería de legitimidad democrática.

Estas son algunas ideas sacadas de la transición democrática, especialmente desde el referendum para la reforma política (el cambio de legitimidad) en diciembre de 1976 hasta las primera elecciones en junio de 1977.

– El gobierno de unidad nacional debiera centrarse en superar el caos y hacer funcionar el país. Tan pronto como la tranquilidad vuelva a las calles, debiera derogar todas las normas represivas y eliminar censuras en los medios privados y públicos,

– El gobierno, las fuerzas políticas y sociales tienen que negociar un calendario y una nueva ley electoral , pero esa negociación debiera de hacerse en una comisión amplia en la que todos estuvieran representados y no ser una decisión tomada en el seno del propio gobierno, que a la fuerza no podría ser neutral.

– El gobierno de unidad nacional debiera negociar un pacto social con el sindicato UGTT y los empresarios para evitar que la transición se lleve por delante la economía tunecina.

– Con libertad de expresión y un clima de efervescencia política surgirán nuevas opciones y nuevos líderes. Repásense esos seis meses de enero a junio de 1976 en España y se verá cómo pueden cambiar las cosas cuando una transición va en serio.

– Las elecciones conformarían un parlamento constituyente.

– En todo el proceso es básica la neutralidad del ejército. El nuevo gobierno tiene que encontrar mandos policiales con las manos no manchadas de sangre. Los responsables de las masacres de estas semanas podrían ser juzgados de inmediato, pero una Comisión de la Verdad, que hiciera la luz sobre un cuarto de siglo de represión, tendría que esperar a después de las elecciones.

– Paralelamente se podría constituir una comisión de investigación sobre la corrupción, pero no podría funcionar con verdadera independencia hasta que no se celebraran las elecciones democráticas. Más allá de confiscar las propiedades de Ben Alí, sólo será posible una limpieza a fondo una vez elegido un parlamento constituyente. Como me recuerda mi amigo Alberto Marinero no es despreciable el riego es que la revolución se reduzca a repartirse los bienes de Ben Ali entre nuevos clanes de poder.

– Los apoyos exteriores serán decisivos para la consolidación de la democracia y de las nuevas opciones. Los europeos debemos exigir a nuestros gobiernos un apoyo a todas las fuerzas sociales y políticas, en un amplio arco, siempre que estén seriamente comprometidos con la democracia. Y a la Unión Europea asistencia técnica y económica para paliar las consecuencias económicas de la revuelta y de esta difícil transición.