Los “documentos palestinos”, epitafio para el proceso de paz en Oriente Próximo


Reveladas las negociaciones entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel

Hay vida más allá de Assange y WikiLeaks. Al Jazeera ha conseguido 1600 documentos confidenciales que recogen las minutas de la negociación entre israelíes y palestinos en la última década y ha compartido su publicación con The Guardian (navegación en la base de datos de The Guardian)

Estos palestine papers muestran, como dice The Guardian, la lenta agonía de unas negociaciones de paz en los que la parte palestina es cada vez más débil y está más dispuesta a hacer concesiones.

En esencia, lo publicado hasta ahora muestra que:

– Sobre la base de las fronteras del 67, la parte palestina aceptaba el principio de amplios intercambios territoriales que consagraban la anexión por Israel de las principales colonias.

– Los negociadores palestinos estaban dispuestos a aceptarla anexión israelí de todos los asentamiento de Jerusalén Este, salvo Har Homa (Jabal Abu Ghneim)

– Los palestinos aceptaban el control israelí del barrio judío y del barrio armenio de la ciudad santa.

– Exigían en cambio el desmantelamiento de Ariel, la gran ciudad que prácticamente parte en dos a Cisjordania.

– Los palestinos reducían la reivindicación sobre los refugiados al retorno simbólico de 100.000 al estado de Israel.

Concesiones todas de la máxima envergadura rechazadas por Israel.

Composición de Al Jazeera

Al Jazeera y supongo que todos los medios árabes citan esta frase del negociador palestino Saeb Erekat. Es la expresión de la oferta de entrega de mayor parte de la sagrada Al Quds a la Jerushalayim judía, a cambio de otros territorios en la misma área. Fuera de contexto es casi una confesión de traición de la causa árabe y palestina.

Pero hay que leer la minuta de esa reunión del 4 de mayo de 2008 para comprender que se trata de una oferta muy seria de negociación,  que busca esencialmente la continuidad territorial de un futuro estado palestino. La magnitud de la concesión es apreciada por la ministra de exteriores israelí Tzipi Livni, pero no por ello deja de ser rechazada.

El fin de la solución de dos estados

Los documentos muestran crudamente la gigantesca mentira del llamado “proceso de paz”. Unos dirigentes palestinos, cada vez con menor legitimidad interna, se ven obligados a ir una y otra vez a la mesa de negociaciones en una posición más débil, para tratar de preservar una parte menor de territorio, mientras Estados Unidos les exige mayores concesiones, simplemente para que puedan sentarse a la mesa.

Shlomo Ben Ami ha insistido en infinidad de ocasiones que ambos pueblos, conducidos por dirigentes carismáticos, tendrían que hacer concesiones dolorosas.

Ya no existen dirigentes carismáticos y sólo los funcionarios de la Autoridad Palestina están dispuestos a hacer concesiones que posiblemente les costarían el puesto y hasta la vida. No se puede decir que sean traidores por ello. Otra cosa es la colaboración con la seguridad israelí, el conocimiento previo del ataque a Gaza, y, sobre todo, reconocer el “carácter judío” del estado de Israel, una verdadera traición a los árabes israelíes.

La revelación es histórica porque es el acta de defunción de un proceso de paz muerto hace mucho tiempo. La Autoridad Nacional Palestina queda en una situación muy frágil y su proclamación unilateral de un estado palestino parece más improbable. Y si la solución de dos estados se evapora, la ocupación israelí es el único horizonte inmediato.

Como muchos observadores han advertido las nubes de tormenta bélica llevan meses cargándose. La filtración puede ser la chispa que incendie el polvorín. No sé quién habrá filtrado los documentos. Israel se confirma como la parte intransigente e insaciable. Esto no mejorará su cada vez más dañada imagen exterior. Desde este punto de vista le perjudica. Pero también puede ser un paso más hacia un nuevo ajuste bélico, que sus jefes militares están pidiendo a gritos.

Cada vez me parece que la única solución justa es un  único (por ahora inviable) estado democrático para palestinos y judíos.

(Shlomo Ben Ami sostiene que estos principios ya habían sido aceptados por Arafat en el marco del plan Clinton. Aquí dejo la entrevista en Al Jazzera)

¿Dos estados étnicos o un estado democrático en Palestina?


Comienzan las enésimas negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Son las conversaciones de Obama. Los dos interlocutores van a hablar porque se lo exige (los palestinos) Estados Unidos o por “cortesía” (los israelíes) con el presidente norteamericano.

Las perspectivas son tan malas como siempre. En el contexto inmediato los negociadores son débiles. Abbas tiene su mandato caducado y Netanyahu depende de una frágil coalición. Y aunque la situación es más tranquila que en otras ocasiones, el contencioso nuclear iraní amenaza con incendiar la región, la tensión en la frontera de El Líbano es creciente y ya se han producido los primeros ataques contra colonos en Cisjordania, que, con su proverbial manejo de la propaganda, han reivindicado tanto el brazo armado de Hamas como el de Fatah.

Los contenciosos de fondo son tan irresolubles como siempre. Israel no cederá tierra, no admitirá ningún regreso de refugiados ni la capitalidad árabe en Jerusalén este. ¿Cuál sería la base de un acuerdo? Reconocer la estatalidad a lo que queda de Cisjordania, que el primer ministro Salam Fayad controla desde el punto de vista de la seguridad y en la que ya funcionan unas instituciones públicas que han mejorado notablemente el nivel de vida de la población. Sería un estado separado de Gaza (donde la constitución de un emirato islámico sería un buen pretexto para seguir controlando a Cisjordania), sin continuidad espacial, recorrido por el muro, con controles y carreteras israelíes para proteger las colonias, con bases militares israelíes en el valle del Jordán y en el que Estaos Unidos no reconocería el posible triunfo electoral de Hamas. Como concesiones Israel podría levantar algún asentamiento marginal o ceder un trozo de desierto a los palestinos. En fin, un batustán que de estado no tendría más que el nombre.

La solución de dos estados separados por las fronteras de 1967 se ha hecho inviable por la colonización israelí de Cisjordania. La alternativa sería un solo estado en todo el territorio histórico de Palestina. Hoy, Israel es un estado donde el laicismo de los fundadores sionistas ha sido arrumbado por la marea religiosa. Un objetivo israelí en estas negociaciones puede ser que se reconozca a Israel como “estado judio”, lo que colocaría a sus ciudadanos árabes en una posición de aún mayor inferioridad jurídica. La política israelí está dominada por los fundamentalistas religiosos y no existe una verdadera separación entre religión y estado. Del lado palestino, nada queda del nacionalismo laico de Fatah.

Un estado unificado ofrecería un territorio suficiente para el desarrollo de los dos pueblos y un marco democrático para construir una sociedad interétnica. Un estado democrático salvaría a israelíes y palestinos de la deriva fundamentalista. Edward Said fue uno de los primeros en defender esta solución. Hoy, un grupo de judíos y palestinos han puesto en marcha la Declaración para un Estado Democrático, a la que he llegado desde la página del músico Gilad Atzmon, que se declara ex israelí  y es un buen ejemplo del tipo de personas que apoyan esta alternativa.

Pero que esa sea la solución ideal para ambos pueblos no quiere decir que sea viable. Los que la defienden son minorías entre minorías. Ni Hamas, ni los jasedim judíos, ni -para que engañarnos- una mayoría de palestinos e israelíes quieran convivir juntos.

Sus defensores traen a colación el ejemplo de Saudáfrica, donde el apartheid separó a las comunidades y la democracia las ha unido. Mientras llega un Mandela, preparémonos para un estéril baile democrático, uno más.

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