Igualdad de oportunidades en la campaña electoral espectáculo


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Campaña espectáculo

Quién nos iba a decir que la nueva política iba a consistir en cocinar con Bertín Osborne, bailar en El Hormiguero, correr rallies con Jesús Calleja o comentar partidos de fútbol en El Larguero.

La política espectáculo ha llegado a su mayoría de edad -o lo que es lo mismo, a su estadio más infantiloide. Pensábamos que era el momento de discutir grandes cuestiones (reforma constitucional, modelo económico, regeneración pública) y, no, de lo que se trata es de ser simpático en los infoshows y realities.

Jurídicamente estos programas de televisión están fuera de la campaña electoral y son plenamente legales y legítimos, tanto desde el punto de vista de los partidos como de los operadores de televisión. Está por ver su influencia real en el voto, pero en una situación en la que hay un porcentaje muy alto de indecisos justamente en la franja de población menos ideologizada, estos programas que venden el perfil humano del candidato no pueden dejar de tener efectos. Por eso hay que plantear alguna forma de equidad entre candidatos en su acceso al infoentretenimiento televisivo.

La descentralización y desrregulación de los debates

Costó en España mantener debates electorales. Prácticamente hasta ahora han respondido a un modelo bipartidista: uno o dos debates entre los candidatos de PP y PSOE (en televisiones privadas o realizados por la Academia de la Televisión) y uno o varios debates a más bandas en TVE.

La llegada de los partidos emergentes y la posibilidad de nuevas plataformas de debate audiovisual suponen una descentralización y proliferación de los debates que van a tener lugar con distintos formatos y variados contendientes. Ello es bueno. Cuántos más debates, mejor. Pero entraña una desrregulación que redunda en tratamientos poco equitativos.

Será interesante ver el lunes como funciona la interactividad en el Debate organizado por El País (¿cuánto tardarán otros diarios nacionales en organizar actos semejantes?). De conformidad con su libertad editorial, El País no ha invitado a Unidad Popular (IU) n ai UPyD. Garzón ha recurrido al Junta Electoral Central que ha fallado en contra. Dice la Junta que la regulación de los debates no afecta a la prensa escrita. No hace falta saber nada de convergencia digital para ver la falacia de la respuesta, basta leer el periódico: «El País se convertirá en una pantalla de televisión» -dice su director.

Una palabra sobre el ectoplasma marianista. Dejar sillas vacías en los debates es una falta de respeto a los electores, pero quizá es una buena opción desde el punto de vista de resultados. Cameron siguió la misma estrategia (a la inversa, porque lo que no quería era debates a dos con el candidato laborista) y obtuvo mayoría absoluta. Rajoy es un buen parlamentario, pero carece de telegenia y de instinto asesino para el debate. El PP tiene asegurados un 25% de los votos, mejor dejar que los demás se desgasten.

En este proceso de desrregulación los partidos más perjudicados son UPyD y IU, convertidos en marginales por los medios antes de que los electores se pronuncien.

Igualdad de oportunidades en campaña y precampaña: derecho a un tratamiento equitativo

Que las candidaturas electorales tengan una cobertura equitativa es una condición imprescindible para la garantía del derecho activo al sufragio (el derecho de todos los candidatos a poder dar a conocer sus propuestas) y del derecho pasivo (el derecho de los electores a poder conocer los programas de todos los partidos).

La mayor equidad viene por la vía de la regulación de ingresos y gastos electorales y, en general, por la financiación de los partidos. La financiación general está regulada por la L. O. 8/2007 (pdf) y los gastos y subvenciones electorales por la Ley Electoral (L.O 5/85, pdf). Los gastos están limitados a una cantidad por elector (en las generales 0,37 €). La nueva L. O. 3/2015, de control económico financiero de los partidos (pdf) prohibe las donaciones de las personas jurídicas, las anónimas y las de las persona jurídicas superiores a 50.000 €. Falta todavía la prohibición de la condonación de las deudas de los partidos por los bancos.

Pero aún garantizada una equidad financiera, los medios podrían negar el acceso a determinadas candidaturas o privilegiar otras.

La Ley Electoral regula con detalle la campaña electoral: prohibición de la publicidad electoral en televisión, espacios gratuitos en los medios públicos y una simple mención a la obligación de las emisoras privadas de respetar los principios de pluralismo e igualdad, así como la proporcionalidad en debates y entrevistas y neutralidad en la información electoral (art. 66.2).

Combinando los principios de representación parlamentaria en el Congreso (corregido por la Junta Electoral con los resultados obtenidos en las locales y que da acceso a los partidos emergentes) y número de candidaturas representada se obtiene un elenco de candidaturas con un derecho equitativo de acceso a los espacios gratuitos.

Mi propuesta es que  estas candidaturas con acceso a los espacios gratuitos públicos tengan también un derecho de tratamiento equitativo en todos los medios desde el momento de su publicación en el BOE.

Me inspiro en mecanismos que funcionan o se han probando en otros lugares: el equal time norteamericano y la par condicio italiana. La regla de tiempo igual sigue aplicándose en Estados Unidos, donde la campaña es una lucha de spots publicitarios: si una televisión vende tiempo a un candidato, cualquier otro puede exigir que se le venda en las mismas condiciones. La par condicio fue introducida en Italia por Ley de 22 de febrero de 2000 y en esencia (era una regulación complicada y casuística) lo que pretendía era conseguir un tratamiento equitativo en las televisiones privadas de Berlusconi.

Este derecho de tratamiento equitativo significaría que cualquier candidato de una candidatura relevante (las que la Junta Electoral reconoce el derecho a espacios gratuitos) puede reclamar su presencia en programas, entrevistas y debates en los que aparezcan otros candidatos, con proporcionalidad a la representación reconocida por la Junta Electoral.

Ello significaría que Herzog y Garzón estuvieran no sólo en el debate de El País o en el de Antena 3, sino también que, junto con los 5 partidos nacionales con representación en el Congreso, pasaran por los programas de Bertín, Calleja, Mª Teresa Campos, José Manuel de la Morena o Pablo Motos. ¿Qué sería una barbaridad? Puede que sí, pero entonces la alternativa es que los candidatos desaparezcan de los infoshows durante la precampaña electoral.

Cambio espacios publicitarios por bloques electorales

Ya me pronuncié el pasado mayo en otra entrada de este blog por sustituir los espacios gratuitos, que se han convertido en cuñas y spots publicitarios ( ver reparto en RTVE), en espacios en los que sean los propios partidos los que informen desus  campañas, eliminando los bloques de los telediarios y permitiendo a radios y televisiones públicas informar con criterios profesionales y sin el corsé ortopédico del reparto previo de tiempos (ver plan de cobertura de RTVE).

Los repartos de tiempo a priori deben sustituirse por informes diarios enviados por los medios (públicos y privados) a la Junta Electoral para controlar una verdadera equidad de tratamiento: que todos están en entrevistas, debates y espacios no informativos de forma equitativa y que los informativos se da una presencia proporcional con desviaciones diarias que podrían llegar a un 20% de los tiempos y que en el conjunto de la campaña no superen el 10%, con la correspondiente sanción en caso contrario.

FUENTES

Propuesta Voltaire

– Almirón, Núria et al (2010): “The Regulation of Public Broadcasters’ News Coverage of Political Actors in Ten European Union Countries”. Comunicación y Sociedad, V. XXIII (1), 205-236 (pdf).
– Almirón, Núria et al (2010): “Los bloques electorales en los medios públicosdel Estado español: una excepción en Europa”. Cuadernos del CAC, 34, vol. XIII (1), 95-102. (pdf),

– Díaz Arias, Rafael (2000): “PAR CONDICIO versus EQUAL TIME”. Experiencia de regulación de spots políticos en televisión” (pdf).

– Díaz Arias, Rafael (1978): “Aproximación al régimen jurídico de la propaganda electoral”. Persona y Derecho, Nº. 5, 227-308 (pdf).

 

Atentados de París: terrorismo, no guerra


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Si esto es una guerra, los terroristas ya la han ganado

«Francia está en guerra» -dice Hollande. Y todos repiten, en Francia y fuera de Francia, «esto es una guerra».

«War on terror» -dijo Bush. Y muchos (los mismos que hoy dicen que estamos en guerra) declararon entonces»estamos en una nueva era; hay que reinterpretar los derechos humanos». Y vinieron Guantánamo, Abu Ghraib, la destrucción de Irak, Al Qaeda en Irak y el Estado Islámico.

Si esto es una guerra, los terroristas ya la han ganado.

Porque los estados democráticos se colocan entonces en su terreno de juego.

Porque les reconocen como beligerantes, no en términos de las Convenciones de Ginebra (esos molestos tratados que Bush reinterpretó), sino en cuanto que adversarios que encarnan unos valores que ponen en peligro los nuestros -nueva versión del Choque de Civilizaciones de Huntington.

Porque la guerra supone la limitación de los derechos en los que se basan nuestras sociedades y, por tanto, les estaremos dando la razón de que la democracia es una farsa.

Porque esa guerra no se puede ganar en casa usando medios militares.

Porque esa guerra librada militarmente en el extranjero es imposible de ganar sin soldados en el terreno y no queremos que ninguno de nuestros hijos muera en tierras lejanas.

Porque afrontar el terrorismo como una guerra generará más terroristas.

Debiéramos ya saber que no hay atajos contra el terrorismo. Que los GAL, la guerra sucia, legitima a los terroristas. Que la aplicación de normas de control basadas -de hecho, no necesariamente de derecho- en la raza o la religión no hacen más que castigar y enajenar a comunidades enteras. Que en España, con una legislación antiterrorista dura, pero en general bajo control policial, se pudo luchar contra ETA y condenar a los responsables de los atentados de Madrid.

Estado policial

Francia va introducir medidas que permiten a la policía o al ministro del Interior limitar derechos fundamentales: libertad de residencia y movimientos, derecho a la nacionalidad, libertad de expresión, secreto de las comunicaciones. Y la inmensa mayoría de la población las acepta. En el eterno debate entre libertad y seguridad se impone el miedo.

Una limitación temporal bajo condiciones estrictas es aceptable en cualquier democracia. El problema es si estas medidas se pueden prorrogar automáticamente o se incorporan a las leyes antiterroristas como limitaciones permanentes. Cualquier suspensión, reducción o limitación de derechos debe quedar bajo control judicial, si se quiere en el marco de procedimientos especiales, rápidos y simplificados.

Lo otro es aplicar la esencia del derecho totalitario: el derecho como arma contra el enemigo interior, las medidas de seguridad que imponen controles -penas y castigos de hecho- a los que se supone predispuestos a delinquir.

Y la policía, claro, se equivoca, pero esos errores letales quedan salvados bajo el manto de la guerra total. Jean Charles de Menezes era un pacífico inmigrante brasileño que la policía mató en una estación del metro de Londres, sin darle siquiera posibilidad de responder a un interrogatorio. Los titulares de entonces, 2005, decían «la policía mata a un sospechoso de terrorismo». La familia ha luchado durante 10 años por lavar su honor y obtener la condena a este asesinato extrajudicial. Todo lo que han conseguido es que Scotland Yard sea multado con 175.000 libras por incumplir la Ley de Seguridad Laboral (los agentes estaban bajo presión para obtener resultados contra el terrorismo).

Las agencias de espionaje que libran la guerra encubierta también yerran. Jalid El-Masri, ciudadano alemán fue secuestrado en 2003 por la CIA en Macedonia, torturado y enviado a una cárcel secreta en Afganistán. Fue puesto en libertad cinco meses después en el marco de una investigación sobre «secuestros erróneos».  Por no hablar de las armas de destrucción masiva o de los «falsos positivos» de Colombia.

Como en Nueva York en 2001 o en Madrid en 2005, ahora en París se han puesto en evidencia fallos policiales y problemas de coordinación entre cuerpos de seguridad y servicios de inteligencia. Que aumente el intercambio de información entre servicios europeos, establézcanse alertas tempranas, mayores controles de seguridad en acceso a lugares públicos o en las fronteras exteriores, pero respétense las garantías de los derechos. Eso es lo que justamente nos diferencia de las tiranías.

Los terroristas

Que europeos convertidos en yihadistas regresen de Siria es un riesgo adicional. Pero en esa falsa guerra el «enemigo» está dentro y se ha incubado en nuestra sociedades con marginación, humillación e intolerancia religiosa.

La integración republicana en la escuela ha fracasado porque, a diferencia de los años 60 o 70, la educación universal ha dejado de ser un factor de ascenso social. No es un problema tanto de pobreza como de rechazo. Un título escolar no garantiza el empleo, pero si el apellido es musulmán mucho menos. Frente a unas familias de valores patriarcales, los hijos caen en la droga y la pequeña delincuencia de los banlieus. La ideología yihadista es la redención de esa vida indigna, la recuperación del orgullo, como las maras puede serlo para los latinos perdidos en Los Angeles. En Europa, el mensaje religioso es imbatible: promete un paraíso directo dando vía libre al odio acumulado, a la testosterona contenida.

La infantería yijhadista sale de los banlieus  o de barrios como El Príncipe. Pero hay otra minoría, educados, profesionales (normalmente con títulos técnicos) que responden más a un impulso radical de justicia, ante la situación en Palestina, los bombardeos y matanzas (no importa que sean sectarias y no intervengan occidentales) en Siria, Irak, Afganistán. Salvando todas las distancias son lo que fueron los jóvenes de las Brigadas Rojas o de la Facción del Ejército Rojo en los 70.

No voy a discutir si el Islam es una religión de paz, no conozco el Corán ni las hadices; supongo que sí, que el Islam es paz y misericordia y estoy seguro que la inmensa mayoría de los musulmanes consideran estos hechos execrables. Pero el problema no es sólo el wahabismo radical infiltrado por el dinero del petróleo saudí en el islam europeo. El problema es que el discurso predominante del Islam conservador sigue considerando como abominables los valores de tolerancia, relativismo y laicismo de las sociedades europeas. Problema es ese padre que se niega a que sus hija haga gimnasia; mayor problema todavía es que teólogos que propugnan un Islam europeo se nieguen a estrechar la mano de las reporteras que les entrevistan.

Puede que mañana no exista el Estado Islámico o Al Qaeda, pero el potencial terrorista de estos jóvenes seguirá activo.

Así que hay un enorme trabajo por delante para hacer una sociedad verdaderamente intercultural, desde el diálogo y el respeto.

La guerra contra el Estado Islámico

Rusia, Estados Unidos y Francia bombardean al Estado Islámico en Siria. La única intervención legal es la de Rusia, que responde a la llamada del gobierno con reconocimiento internacional, el de Asad. A su vez, los bombardeos occidental en Irak son también legales, pues lo son a petición del gobierno de Bagdad. Sólo una autorización del Consejo de Seguridad de la ONU podría dar cobertura legal a todas estas operaciones. Tal como están las cosas quizá sea Barack Obama el que tenga más objeciones a esa luz verde, que para Putin significaría un aval de la política imperial de Rusia.

En cualquier caso, la guerra contra el Estado Islámico no se puede ganar desde el aire.Ni Estados Unidos, ni Rusia, ni Francia ni Gran Bretaña enviarán tropas. Saben que caerían en la trampa, que es una guerra sin batallas en la que siempre se pierde.

Todos los vecinos puede estar de acuerdo con aplastar al califato yihadista, pero desconfían de las tropas del otro. Los kurdos -la opción preferida en Occidente- están a su vez en guerra con Turquía y no pueden tomar territorios de mayoría sunní sin riesgo de reforzar a los yihadistas. Lo mismo ocurre con las milicias chiíes iraquíes, a falta de un verdadero ejército nacional. O de los voluntarios de Irán o Hezbolá, que serán tratados como invasores en zonas sunníes.

El proceso de paz en marcha pasa por aceptar transitoriamente a Asad, establecer un gobierno de todos con respaldo electoral (¿se pueden hacer elecciones en Siria?) y luchar juntos contra el Estado Islámico. Luego, quizá, Asad podría correr la suerte de Milosevic. Veremos.

Europa y los refugiados

Nada se sabía de los atacantes, pero muy pronto apareció un supuesto pasaporte de un sirio que había pasado por Grecia. Casi una semana después el asunto sigue sin aclarar, pero no importa, para muchos es la prueba de que el obispo Cañizares tenía razón («no todos son trigo limpio»), que Orban tenía razón.

Si antes de los atentados se cerraban las fronteras interiores, ahora  que cada país quiere ser una fortaleza, en los fosos de esas fortalezas van a quedar centenares de miles de seres humanos cuyo delito es huir de la brutalidad yihadista, de los bombardeos de la coalición, de los bidones explosivos de Asad. ¿Se recuperarán los campos de internamiento como el de Rivesaltes en Francia en que penaron los republicanos españoles? Como la Jungla de Calais, esos serán lugares de vergüenza, pero también fuente de tensiones de todo tipo.

Europa está a punto de abolir la libertad de movimientos. ¿Quedará sólo el mercado único, como quiere Cameron?.

(Ya que esta entrada no tiene ni un solo enlace, recojo aquí al menos tres opiniones tres artículos que creo también rechazan la retórica de la guerra.

Cataluña y el poder de secesión constitucional


No sé si la independencia de Cataluña que hoy de facto ha declarado el Parlamento de Barcelona podrá ser parada con métodos jurídicos, incluso con la puesta a las órdenes del Delegado del Gobierno de la policía catalana, en el marco de la suspensión de la autonomía. De lo que estoy seguro es que de ser así no harán sino aumentar los independentistas.

La resolución del Parlamento de Cataluña supone la apertura de un proceso constituyente, pero como todo proceso constituyente requiere de una nueva legitimidad, que en este caso una minoría (muy cualificada) quiere imponer a una mayoría de catalanes y al resto de los españoles. Habitualmente los procesos constituyentes siguen a las revoluciones; aquí el proceso es a la inversa, el proceso constituyente para seguir adelante tendrá que desembocar en un proceso revolucionario en el que a la coacción del Estado se responderá seguramente con una toma de control de los centros de poder por parte de las masas independentistas.

Puede que ya sea imposible una salida sensata, pero en todo caso ésta pasaría por reconocer un poder de secesión a las partes constitutivas del estado compuesto en un régimen federal. No se trata de reconocer un inexistente derecho a la autodeterminación ni articular su alternativa líquida, el derecho de decidir. Es simplemente buscar fórmulas para que las partes de un Estado pueda permanecer juntas conociendo en que condiciones se pueden separar.

Resulta aburrido recordar -todas las instancias internacionales lo han dicho- que el derecho de autodeterminación se refiere a aquellos territorios en manos de un poder colonial, o, que por extensión se encontraran en una situación de grave violación de los derechos fundamentales de cada ciudadano a su lengua, su cultura o  ser víctimas de un expolio económico. No creo que ningún observador externo entienda que esa es la situación de Cataluña.

Alternativo al derecho de autodeterminación se presenta el derecho a decidir, que se entiende como la imposición de una postura de una parte (decidida por mayoría) al todo. Se dice que si no se permite decidir sobre el futuro de un pueblo, y en cuanto ello supone una grave violación de los derechos fundamentales, la rebelión es legítima. El derecho a decidir -nos dicen- es la esencia de la democracia. Olvidan que la democracia es el gobierno de las mayoría en un marco de Estado de Derecho (imperio de la ley) que garantice los derechos fundamentales, la división de poderes y elecciones libres. Y con una Constitución que garantice que los pactos constitucionales en los que se asienta el Estado no son cambiados por una simple mayoría parlamentaria.

El sujeto de ese derecho a decidir es cada uno de los ciudadanos, no los pueblos, las naciones o los territorios. Los catalanes llevan ejerciendo ese derecho a decidir mediante multitud de elecciones generales, autonómicas y locales y de modo muy destacado a través de los referéndums sobre la Constitución y los dos sobre los Estatutos. Cierto es que resulta un disparate jurídico que una norma del bloque constitucional como es un estatuto pueda limitarse después de un referéndum ratificatorio por el Tribunal Constitucional; si acaso ese control debía de ser previo. En esa sentencia se encuentra la fuente de una buena parte de la desafección actual.

Creo que ninguna Constitución de un estado compuesto reconoce el derecho de autodeterminación de sus partes. Lo hacía la Constitución de la República Federativa yugoslava. Las distintas repúblicas lo ejercieron rompiendo Yugoslavia, pero el problema vino cuando las minorías de esos nuevos estados invocaron también la autodeterminación. El resultado es dolorosamente conocido. ¿Donde termina  ese supuesto derecho natural? ¿en la nación, en el pueblo, en la región, en la comarca, en el municipio, en el barrio, en el cantón?

En cambio, dos estados compuestos, Canadá y Reino Unido, han encontrado solución para el problema de que una parte significativa de la población no quiera vivir con el resto. En el Reino Unido (sin Constitución formal lo que simplifica las cosas) se logró por un pacto político. En Canadá, mediante la Sentencia del Tribunal Supremo de 20 de agosto de 1998, que en esencia falló que la provincia de Québec no tenía derecho a la secesión, pero que el gobierno central tendría que negociar con el de la provincia su separación si así lo manifestaran respondiendo a una pregunta clara una amplia mayoría de quebequenses.

Aquí estamos nosotros. El titular de la soberanía es el pueblo español, pero una parte significativa de catalanes quieren ejercer separadamente la soberanía. La solución es un estado federal que reconozca el poder de secesión a sus partes constitutivas.

¿Cómo conciliar la soberanía del pueblo español con la del pueblo de Cataluña? Con una reforma constitucional que en el marco de un estado federal reconozca la facultad de las partes de separarse. Si se sigue el proceso de reforma constitucional -aprobación por 2/3 de las cámaras, disolución, elección de Cortes Constituyentes y referéndum ratificatorio- los españoles pueden pronunciarse sobre ese ejercicio fraccionado de la soberanía nacional.

¿Qué requisitos debieran de reunirse para ejercer el poder de separación? Aprobación parlamentaria por mayoría de 2/3, sometimiento a referendum de la pregunta «¿quiere que su territorio sea independiente de España», que debería de recibir la aprobación de al menos la mitad más uno del censo electoral y, en su caso, negociación entre el gobierno del territorio y del gobierno central en el marco de unas reglas previamente establecidas por la Constitución. En caso de no ser ratificada la secesión no podría plantearse de nuevo en los siguiente diez años.

En ese estado federal cada territorio podría declararse nación, región histórica, tribu o clan si así le place y se inscribe en el respectivo Estatuto. Una u otra identidad no supondría más poderes, beneficios o asimetrías. Todos sabemos que nuestro estado de las autonomías es materialmente un estado federal, pero que carece de mecanismos de cooperación y adolece de un deficiente reparto de competencias y un deficiente sistema de financiación. Que esa reforma constitucional convierta al Senado en cámara territorial, delimítense competencias y si es necesario incorpórese el principio de ordinalidad financiera. Pero no se olvide que los derecho son de los humanos no de entelequias históricas.

Me sorprende que ninguno de los partidos que habla de una reforma constitucional en profundidad se refiera al proceso tan exigente y complicado que requiere nuestra Constitución. Pero no hay otro camino. La disolución de las cámaras, la convocatoria de Cortes Constituyentes y el referendum final no sólo garantizan el imperio de la ley sino que permite dar voz a todos los españoles, titulares todos y cada uno de ellos de la soberanía nacional.

No soy tan ingenuo como para pensar que las élites catalanes que han propiciado la rebelión constitucional estén o hoy dispuestas a aceptar esta vía de solución del conflicto. Y de otro lado no veo líderes ni fuerzas políticas con las ideas suficientemente claras para, por ejemplo, jugarse una mayoría parlamentaria disolviendo las cámaras y convocando Cortes Constituyentes. Ni tengo claro que los españoles aprobaran en referéndum una Constitución que incluyera el poder de secesión. Quizá primero tenemos que precipitarnos por el precipicio. Estamos en la orilla.

Josef Koudelka, nacionalidad dudosa


Praga – 1968 – Josef Koudelka

La invasión de Checoslovaquia fue uno de los acontecimientos que al final de la adolescencia despertaron mi interés por la política internacional. No puedo decir que guarde en la memoria una imagen en particular, pero si alguien ha forjado nuestro imaginario sobre aquellos días en los que las botas de los soldados del Pacto de Varsovia hollaron la utopía del «comunismo con rostro humano», ese es Josef Koudelka.

Emocionan todavía esas fotos cuando se visita la exposición de Koudelka en la Fundación Mapfre de Madrid. Durante varios días el joven Koudelka tomó frenéticamente instantáneas de unas tropas desconcertadas por la resistencia pacífica de la población (¡Les habían dicho que iban a liberar a los checoslovacos del fascismo¡). Koudelka hizo buena la máxima de Capa («si la foto no es buena es porque no te has acercado lo suficiente») y con su objetivo angular capta el dramatismo de cada escena al tiempo que las expresiones de soldados y héroes anónimos. ¡Qué maravilloso ejemplo de civismo el de las gentes de Praga aquellos días!

Sus fotos no se vieron hasta un año después. Koudelka abandonó Checoslovaquia y como no pudo renovar su pasaporte durante muchos años en su documentación apareció el sello de «nacionalidad dudosa». Ciertamente Koudelka es hijo de la cultura visual checa (véanse sus comienzos con la fotografía teatral), pero también es un ejemplo de un exilio permanente, de alguien que no es de ningún lugar y al tiempo de todos. Justamente lo contrario de lo que son hoy los países del centro y este de Europa, faro de cultura en el período de entreguerras y hoy estados sobre si mismos, celosos de identidades, reales o ficticias.

Eslovaquia – 1966 – Josef Koudelka

Me encanta esta foto. Transmite vida y es uno de los grandes ejemplos del uso del gran angular por Koudelka: ahí está todo, lo personal y lo colectivo. Y nos explica el mundo gitano en el centro y este de Europa, al que Koudelka se dedicó desde el 64 hasta el 70. Gitanos, romas, cíngaros, secularmente marginados y al tiempo imprescindibles con su música en cualquier fiesta familiar o popular. Los gitanos son húngaros, checos, eslovacos o rumanos, pero son una comunidad propia por cultura y segregación.

El primer ministro eslovaco, el socialdemóctrata Robert Fico, se niega a acoger refugiados porque Eslovaquia es -dice- una sola comunidad. ¿Qué hay de los gitanos, de los húngaros, de los checos?. He visto pueblos eslovacos donde los gitanos no pueden ser enterrados en el cementerio cristiano. Orban por su parte quiere hacer ciudadanos de la República de Hungría a los húngaros de cultura de los países vecinos. Todos se niegan a acoger a refugiados que no sean cristianos y la República Checa, denuncia la ONU, somete a los refugiados a trato vejatorio. ¿Qué fue de la rebelión pacífica del 68, de la Revolución de Terciopelo del 89?

Demasiada afirmación identitaria, demasiada soberbia de nuevos ricos, demasiada xenofobia.

  España – 1971 – Josef Koudelka

Con su dudosa nacionalidad a cuestas Koudelka desarrolló entre 1968 y 1994 el proyecto exilio, recorriendo España, Francia, Italia, Irlanda. Si bien acude a muchas romerías y fiestas populares no pretende documentar tradiciones o costumbres; busca momentos de expresión genuina y como dice que le dijo en una ocasión su mujer es capaz de capturar en cada instantánea de un modo natural la alegría y la tristeza. Es la visión del exiliado, del que mira desde fuera con empatía, queriendo comprender.

«La visión de Ulises» -Delta del Danubio – 1994

Esta última foto pertenece al último proyecto de Koudelka, «Caos». En los últimos años el checo trabaja con una cámara panorámica para fotografiar territorios devastados, minados, divididos. Esta imagen corresponde al rodaje de la maravillosa película «La mirada de Ulises», de Theodoros Angelopoulos. Una gigantesca estatua de Lenin navega por el Danubio. Los símbolos del totalitarismo se desmontaron rápidamente, en algunos casos se llevaron a cabo depuraciones hasta el nivel de funcionarios de poca categoría (las «lustraciones» en Polonia) y en otros no (como en Rumanía). Pero en ninguno de estos países se ha enfrentado al pasado como una catarsis, como lo ha hecho Alemania.

Demasiado patriotismo. Mejor una identidad dudosa.

(Koudelka dará una conferencia en la Fundación Mapfre de Madrid el 19 de noviembre a las 19:30. Dejo aquí esta entrevista realizada por Andrea Aguilar)

(Añado el punto de vista de Monica Zgustova, que en su «Crónica de la otra Europa» señala el sentimiento de victimismo como una de las causas del rechazo de los refugiados)

Los muros de Europa


Como millones de europeos he disfrutado de mis vacaciones en el Mediterráneo. Mientras, centenares de miles trataban de superar el muro líquido. Miles han muerto en el intento. Nuestra pasividad es culpable. No basta sentir compasión. Voluntarios y ongs (Médicos Sin Fronteras rescatando naúfragos) no pueden salvar la responsabilidad de todos. Es hora de que la indignación fuerce un cambio de política en los estados y en la Unión Europea. Pero al menos en España todo el mundo está en campaña electoral y no parece que la acogida de los que, simplemente, buscan una vida digna, vaya a estar en lo alto de la agenda.

Que salvado el Mediterráno los muros y las fronteras se multipliquen de un país a otro es un fracaso de la Unión Europea. Es consecuencia de la falta de una política de asilo e inmigración común.

La inmigración económica no se detendrá mientras la brecha económica entre las dos orillas sea gigantesca. Promover desarrollo y democracia son las soluciones a largo plazo para que nadie se vea forzado a buscar un futuro mejor lejos de su tierra. Pero ahora el motor de la crisis son las guerras de Libia, Irak, Siria, Sudán, Afganistán, Eritrea.

En el caso de Siria se ha dejado a los países vecinos, sobre todo a Jordania y Líbano, con una enorme carga. No es que la política europea fuera muy eficaz en las guerras de la antigua Yugoslavia, pero al menos hubo acogida y ayuda. Ahora, la Unión Europea tendría que estar dando asistencia a los países de acogida y crear en los campos de Turquía, Jordania y Líbano oficinas para solicitar refugio. Todo menos esos terribles peregrinajes para finalmente queda varados en una estación húngara.

Es paradójico que el gran Orban haya levantado un muro de espino en la frontera con Serbia. En el verano del 88 fueron los policías húngaros los que cortaron las alambradas que separaban de Austria, para que puedieran pasar los miles de alemanes orientales que habían decidido aprovechar las vacaciones para saltar a Occidente. Aquella avalancha, favorecida por los comunistas reformistas húngaros, fue el principio del fin del muro de Berlín.

Recorrí en el otoño del 2001 la frontera entre Hungría y Serbia. En el reportaje «La Europa que viene» de En Portada queríamos contar como sería la nueva Europa a la que iban a incorporarse los países ex comunistas. Uno de los temas, que decidimos centrar en Hungría, era el de la gestión de las fronteras exteriores. Entonces, lo que se planteaba era la relación con los países de la antigua Yugoslavia que acababan de terminar un ciclo de guerras. Así, la perspectiva era conectar dos autopistas, una húngara, otra serbia, que terminaban abruptamente a pocos kilómetros de la raya fronteriza (Tito siempre temió una invasión soviética desde Hungría). Catorce años después hay un nuevo muro de separación.

En Hungría revisamos también los irredentismos históricos. La nostalgia de la Gran Hungría, el territorio previo a la desmembración que supuso el Tratado del Trianón después de la I Guerra Mundial, ha sido un motor constante de la política húngara. Orban ofrece pasaporte a todos los nacionales de países vecinos húngaros de origen. Identidades, pasaportes, yo y el otro. Justamente, en el sur de Hungría estos sentimientos identitarios son más fuertes y la acogida de los refugiados más difícil. Orban finalmente está actuando con total desprecio para la dignidad de los que que buscan llegar como sea a Alemania -al final más generosa que los «solidarios» mediterráneos. La mala gestión de la crisis por parte del gobierno húngaro está estallándole en pleno centro de Budapest.

No sé si los que llegan a nuestras fronteras quieren ser europeos, pero perciben a Europa como un lugar de paz y dignidad. Y los estamos defraudando.

(Dejo aquí el vídeo de la «Europa que viene»)

 

Paul Strand: de un país, un lugar


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Luzzara, 1953

Pero, ¿es que acaso Paul Strand fue fotoperiodista?

Era en las pruebas de habilitación para profesores titulares de Periodismo. El candidato que exponía su investigación sobre Strand tuvo que improvisar para responder al tribunal que, no, ciertamente, Strand no era un fotoperiodista, pero que su obra aportaba una visión profunda de los cambios sociales del siglo XX, o sea, que en cierto modo Strand tenía que ver con el periodismo, o con una forma superior de periodismo…

He recordado la anécdota al visitar la exposición de Strand en la Sala Mapfre (Al que esté en Madrid en agosto, hasta el 23, que no se la pierda y el que no pueda acudir tiene esta estupenda visita virtual).

Paul Strand es uno de esos grandes de la fotografía que recorre el siglo XX, de la fotografía social a la fotografía directa, del pictorialismo al cubismo. Dos fotos, Manhattan (1915) y Ciega (1916) sintetizan para mi la esencia de  Strand: el hormiguero social y la grandeza del individuo más allá del estereotipos y estigmas.

Ese hormiguero humano, esa ciudad que nunca duerme fue retratada en su grandeza en el documental Manhatta (se incrusta al final) y la epopeya del esfuerzo humano colectivo en The Waves (vídeo también incrustado).

De un país, un lugar

Pero lo que más me interesó de su exposición fueron sus fotolibros: Nueva Inglaterra, Luzzara (Italia), Ghana, Francia, Rumanía. Como hiciera en Mahatta, Strand pone en sincronía sus fotos con los textos de autores literiarios (Zavattini en el caso de Luzzara). Dos discursos distintos que se potencian mutuamente para mostrar esa vinculación única entre los lugares y sus gentes.

Maravillosos los retratos de personas y objetos -los objetos en la fotografía de Strand también tienen alma. Y entre todos esa familia de Luzzara, en Italia, la foto que encabeza esta entrada, que a algunos les recuerda el cartel de la película «Los Santos Inocentes». Pero las diferencias entre el norte de Italia en los 50 y Extremadura en los 60 eran grandes. La Italia de Luzzara era una tierra de pequeños campesinos orgullosos a punto de convertirse en empresarios. La bicicleta perfectamente cromada está ahí para sugerirlo. La España de los Santos Inocentes era todavía la de los siervos de la gleba en grandes latifundios.

De cada lugar, un espíritu, una gente. Eso es lo que siempre han intentado retratar los fotodocumentalistas. Así lo vimos también en la exposición de la agencia Magnum. El problema es con la globalización se pierde lo distinto, lo único, todo es igual.

Un reto para los jóvenes fotógrafos que empiezan: encontrar lo distinto. Y buscar un compañero literario. Hoy, afortunadamente producir un fotolibro está prácticamente al alcance de cualquiera.

(Algunos recursos: La carta de Strand a los jóvenes fotógrafos. El ibro En el principio fue Manhattan. Y la primera parte de 6 del documental Paul Strand: under the darkcloth de Tom Johnston e incrustado los vídeos de Manhatta (1921) y The Wave (1936).)

De versiones originales, censuras y otras estupideces


Capture

Nos hemos vuelto todos locos. Que el Ayuntamiento de Madrid haya creado una página web para dar su versión «original» de las noticias que le conciernen -una iniciativa muy menor- ha desatado una reacción desmedida en los medios y organizaciones profesionales.

La presidenta de la FAPE habla de «halo de censura». Censura es el control previo de los contenidos previos a su difusión y, por extensión, cualquier intento de evitar la difusión de la información. ¿Impide la web del Ayuntamiento que cada cual difunda libremente la información que le parezca? No. Las organizaciones profesionales debían de buscar esa sombra de censura en las redacciones, donde cada día periodistas se ven impedidos de difundir informaciones en nombre de la sacrosanta libertad editorial. Y dar un respaldo expreso a las denuncias realizadas por los consejos de informativos de RNE y TVE, que esos periodistas de la radiotelevisión pública sí que sufren una censura cotidiana.

El País y la Asociación de la Prensa de Madrid arguyen que la rectificación debe hacerse por el procedimiento establecido por la ley. Conforme al art. 1 de la L.O. 2/84 «Toda persona natural o jurídica, tiene derecho a rectificar la información difundida, por cualquier medio de comunicación social, de hechos que le aludan, que considere inexactos y cuya divulgación pueda causarle perjuicio.» Ninguna ley impide que cualquier pueda dar su propia versión por sus propios medios. Ninguna norma prohibe que las fuentes contradigan a los medios.Por cierto, a ver cuando los diarios dejan de publicar la rectificaciones en un suelto perdido entre las cartas al director, como hace El País, que eso sí que va contra la ley.

La reacción de los medios y de estas organizaciones profesionales ha sido corporativista. Por supuesto que -como dice Elsa González- los periodistas tienen que jugar la función de contrapoder. Pero la información no es propiedad ni de los medios ni de los periodistas. Ni tampoco de los ayuntamientos o de cualquier otro poder. Es cuando menos ingenua la pretensión del Ayuntamiento de dar la versión «original» «auténtica».

El Ayuntamiento de Madrid tiene un grave problema de comunicación. No hay más que ver la declaración del concejal de Hacienda para darse cuenta que no está llamado a comunicar y es incapaz de trasladar eficazmente un mensaje. Pero no se trata sólo de portavoces poco hábiles. El problema es que no hay un mensaje común, que cada día se manifiesta la falta de coherencia de un equipo de procedencias diversas. El Ayuntamiento lo primero que tiene que hacer es aclararse internamente y apostar por unos mensajes comunes. A lo mejor eso son los argumentarios de los «viejos» partidos, pero otra cosa es el caos.

Sorprende la virulencia a favor y en contra. Desde su toma de posesión el Ayuntamiento de Madrid se ha visto envuelto en polémicas que poco tenían que ver con las políticas municipales. Y los concejales no han perdido la oportunidad de pisar todos los charcos. Está claro que los ayuntamientos de Madrid y Barcelona se han convertido en el banco de pruebas de «otra política», en un campo de batalla que va más allá de lo municipal.
(De acuerdo con Juan Luis Manfredi en que V.O. es una ocasión perdida para la verdadera transparencia municipal)

Esto es un Golpe


Desde ayer me amarga la hiel en la boca. El trágala a Grecia es para mi la desconexión sentimental de un proyecto moderadamente utópico en el que una vez creí.

La Europa que quería construir unas instituciones en torno a la cooperación y la solidaridad ya no es más que un sindicato de acreedores.

Merkel ha disparado el tiro que terminará por destruir la economía y la sociedad griegas, pero – en la imagen de los cinco economistas que la pidieron estar a la altura de sus responsabilidades históricas– la bala será letal para Europa en su conjunto.

Sin una quita, Grecia no podrá pagar la deuda. Las medidas ahora impuestas agravarán la recesión y el porcentaje de la deuda sobre el PIB subirá a cifras estratosféricas. Como decía Varufakis, este nuevo rescate no es sino seguir suministrando droga al adicto. Esa masa de deuda que, como acredores, estamos asumiendo todos los ciudadanos del euro (una deuda que antes era de los bancos y ahora es de Grecia) llegará un momento en que, como todas las burbujas, se pinche.

A Grecia se le exigen leyes draconianas en tres días. A cambio, una vaga promesa de alargar los plazos y un plan de inversiones de 35.000 m. de euros. ¿De dónde saldrán? ¿Del plan Junker que no es si no otra pompa de jabón? ¿Invertir un euro de dinero público para que los inversores aporten 34?

Alemania debiera saber que las humillaciones se vuelven contra quienes las imponen. La deuda de Versalles era impagable y trajo sufrimiento y humillación a los alemanes. Y llegó Hitler. Puede que el viento se lleve a Syriza para traer a Amanecer Dorado. Aún así, Grecia no invadirá ningún país. Pero formará una coalición con los Le Pen, los Farage, los Wilders, los Orban… los patriotas auténticos de aquí o allá para llevar a nuestros pueblos a una nueva época de fascismos.

Felices tertulianos. Los griegos son unos vagos que no pagan impuestos. Tsipras un peligroso radical que ha llevado el castigo merecido a su arrogancia. Me sube la bilis. Solidaridad europea con Grecia, dicen con descaro.

Creíamos que transferíamos soberanía a unas instituciones democráticas, pero en realidad la entregábamos a un conjunto de tecnócratas gestores de los intereses del capital financiero.

Varufakis explica cómo para Grecia no era una opción factible abandonar el euro, el Grexit, pero como sí lo es para Schauble.

El Reino Unido no aportará una libra al rescate y se prepara para el Brexit como chantaje para conseguir reducir la Unión a un simple mercado. Las políticas comunes se renacionalizan, la libertad de movimientos de las personas corre peligro.

¿Puede enderezarse Europa? Los optimistas sostienen que la cesión de soberanía monetaria exigirá también entregar la soberanía fiscal. ¿Una política fiscal común para la solidaridad o para destruir lo que queda del estado del bienestar?

Hoy no veo futuro en Europa. Pero fuera hace mucho frío.

(Puedes leer también mi Confesión desencatada de un español aspirante a europeo)

El mundo de Enrique Meneses


Enrique Meneses para Jot Down

El reportero débil con los débiles, fuerte con los fuertes

La frase resuena en el espacio rotundo del viejo depósito de agua. «Sed débiles con los débiles, fuertes con los fuertes». El consejo dirigido por Meneses a los jóvenes es todo un precipitado de ética periodística. Impresiona escuchar otra vez esa voz, rodeado de sus fotos expuestas en la Sala Canal.

Meneses, cargado con su bombona de oxígeno, pasó sus últimos años recorriendo las universidades españolas alentando a los jóvenes a convertirse en reporteros. Haced como yo -venía a decirles- buscar vuestra Sierra Maestra.

En 1957 Enrique pudo pasar cuatro meses en la guerrilla con Fidel y el Che, sacar sus carretes en la enagua de una guajira, vender las fotos y colocarlas en la portada de París Match. Hoy, el joven reportero que llegara a Sierra Maestra se encontraría a Fidel tuiteando y al Che cargando vídeos en YouTube, gracias al teléfono satélite suministrado por una embajada. La portada de Paris Match sería para Carla Bruni y Sarkozy, en páginas interiores encontraríamos un foto y en la edición digital una galería de los «barbudos». Por 10 fotos la revista pagaría 250 €.

El contexto del periodismo hoy es otro, pero el oficio sin los reporteros muere. El testigo de Menses lo han tomado esos jóvenes reporteros españoles jugándose la vida en Siria a 50 € la crónica. Enrique Meneses vivió su vida como una aventura y convirtió el reporterismo en su religión. Fue el reportero que hubiéramos querido ser (como Legineche, como Cuadra-Salcedo, éste más aventurero que reportero). Un gran contador de historias.

De Meneses nos queda su testimonio de entrega y honradez profesional… y sus fotos, un testimonio potente de mundos que ya no existen.  Meneses fue reportero multimedia avant la lettre. Utilizó los lenguajes a su alcance, los de la foto, el texto, el cine, la televisión. No era un fotográfo técnico ni con pretensiones artísticas. Sus fotos son directas, pero no son fotos de oficio, cada una de ellas es una tarea única, un soplo de vida. Meneses estaba donde había que estar, presto a apretar el disparador. Y allí está un pedazo de vida, un fragmento de historia, un instante decisivo.

Los mundos de Meneses

Los tiempos de Meneses fueron los de la Guerra Fría: el egipto de Nasser, la revolución cubana, la guerra de Biafra, los derechos civiles, el asesinato de Kennedy, las bodas de Fabiola y Balduino, y Juan Carlos y Sofía y el glamour de Dalí y Dominguín.

El mundo árabe laico y nacionalista

No localizo ahora ninguna de las fotos del Egipto de Nasser, en el que Meneses se inición como periodista y fotógrafo. Pero la exposición se encuentran algunas instantáneas magníficas del culto al Rais, de muchachas vestidas a la occidental por las calles del Cairo. De aquel mundo no queda nada. La modernización y el socialismo se convirtieron en corrupción clientelista. Las derrotas del nacionalismo propiciaron el ascenso de islamismo social y finalmente, la victoria y derrota de los Hermanos Musulmanes. Hoy el dictador Al Sisi, que se pretende un nuevo Nasser, gobierna tiránicamente un Egipto desestructurado con la bendición de los poderes occidentales.

Los Castro

Castro a la luz de una vela, una de las fotos de las que Meneses se encontraba técnicamente más satisfecho

Son los únicos supervivientes de la Guerra Fría. Más de medio siglo después, Raúl negocia con Estados Unidos y reconoce que Obama es un hombre honrado. Las fotos de Sierra Maestra catapultaron a Meneses a la primera categoría del periodismo, pero nunca volvió a Cuba ni se dejó a seducir por la dictadura en que mutó la revolución nacionalista. Grandes fotos, como la de la coqueta Vilma Espín sonriendo a la cámara o Castro leyendo Kaputt de Curcio Malaparte.

Los derechos civiles

«I have a dream» – 28 de agosto de 1963 – Dylan, Baez y Seeger en el Lincoln Memorial

Para mi la mejor época fotográfica de Meneses. La foto de Luther King es antológica, pero me quedo con la de estos tres juglares de los derechos civiles. Son las canciones de mis quince años. Seeger, el activista que venía de la luchas de la Depresión murió hace mucho. Baez a los 70 mantiene la frescura. Y Dylan… el ego mata el arte. El movimiento de los derechos civiles cambió Estados Unidos y tuvo sus réplicas en Irlanda, en cierto modo en el Mayo francés. Hoy un negro está en la Casa Blanca, pero Estados Unidos sigue dividido por una fractura racial.

El glamour

Meneses estaba allí «Estaba siguiendo la temporada de Dominguín, yo no soy fotógrafo de toreros… Pero se abrió la puerta y apareció Picasso»

Las celebrities de los 60 y 70 eran famosas por que había logrado relevancia en alguna actividad. Meneses cultivó a esa jet set. Dominguín, Dalí -grandes fotos de lo que llamaríamos hoy un making of de una sesión fotográfica de Dalí con Avendon. Eran los tiempos de los paparazzi. Meneses no tenía que robar ninguna foto porque estaba allí y era capaz de darlas un valor periodístico. Nada que ver con el mundo actual de las exclusivas.

Juan Carlos de Borbón

Compromiso oficial – Lausana, 13 de septiembre de 1963

Si en la exposición hay un instante decisivo es éste. La poderosa Federica aleccionando a su futuro yerno, el buena pieza de Juanito. Ya sabemos que fue de la romántica pareja.

Cabría seguir. El África virgen que Meneses recorrió del Cairo al Cabo y que hoy es un territorio devastado por las guerras, sin santuarios vírgenes…

Para terminar, os dejo el documental de Georgina Cisquella «Oxígeno para vivir» e inserto la introducción a la exposición de su comisario, Chema Conesa.

Confesión desencantada de un español aspirante a europeo


Firma del Tratado de Adhesión – 12 de junio de 1985

Europa en Suma organiza la próxima semana una jornada para reflexionar sobre la tres décadas pasadas desde que España firmaba su adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea.  Se nos invita a sus socios a colaborar con nuestra reflexiones. Pues esta es la mía.

Primero un recuerdo personal. Por entonces yo luchaba por crear bases documentale en los Servicios Informativos de TVE. Y para ello trabajaba con un sistema Mistral, que incluía hardware y software de la empresa francesa Honeywell Bull. Al tiempo que RTVE adquirieron este equipamiento el Congreso, el Senado y varios ministerios. Mistral (¡ay! ¡qué nostalgia de los nombre poéticos de la tecnología francesa de los 80!) venía en el mismo paquete que el AVE o la entrega de etarras. Herramientas imprescindibles para la modernización, pero adquiridas como contrapartida negociadora, muchas veces sin un dimensionamiento riguroso de costes y necesidades. Me parece que al menos durante la primera década en Europa se compraron demasiados «paquetes llave en mano» y se entregaron a cambio sectores que necesitaban modernizarse, pero que no era necesario liquidar.

Como muchos sentí que la adhesión significaba que ya «semos europeos». Esto es, que no cabía marcha atrás en la democracia y el progreso económico. Y que podíamos reforzar el ala de los países federalistas, dirigida por una Francia tantas veces desdeñosa, pero de la que ahora nos convertíamos en un importante aliado. Ingenuamente pensaba que eran posibles los Estados Unidos de Europa, un polo de democracia social, equilibrador de la democracia capitalista norteamericana y del bloque comunista, ya en proceso de franca descomposición.

Por supuesto no me afectaron los cambios de la política agraria. Ciertamente el campo español necesitaba un redimensionamiento, pero desde la ciudad no nos preocupaba demasiado que pasaba con las explotaciones lecheras tradicionales. No sabíamos -ni sabemos, ni nos importa- de donde viene la leche que consumimos en bric. Pensabamos que si las imposiciones se proyectaban sobre el calibre de las fresas o los pepinos la cosa no tenía más trascendencia.

Tampoco me vi afectado por las reconversiones industriales, años de verdadera revuelta social que se apagaron con ayudas sociales imprescindibles, pero que dejaron un desierto industrial, que es una de las causas de la dureza de la actual crisis. Reconvertir se reconvirtió poco, cerrar y destruir, mucho.

Ilusionantes era los grandes proyectos de Delors. La mayor parte quedaron en nada. Entonces apareció la meta de la moneda única y con ella los criterios de Maastrich. Domeñar la deuda, el déficit para llegar al euro, con el coste de una crisis, infinitamente más suave que la actual. Desde entonces se ha hecho cada vez más evidente que el adn de la Unión es el economicismo, la competitividad, la prioridad de las empresas sobre los ciudadanos.

Afortunadamente aparecen algunos resquicios, como el Protocolo Adicional al Tratado de Ámsterdam que permite a los estados definir tan ampliamente como deseen el servicio público de la radio y la televisión, delimitando eso sí su financiación pública: que se limite al coste neto del servicio, que sea proporcionado y no incurra en competencia desleal.

En 2001 tuve la oportunidad de recorrer los países del centro y este de Europa que se preparaban para su adhesión. Todavía encontré algún eco de admiración por la transisión española (sobre todo en Polonia), pero estaba claro que los nuevos socios se iban a orientar a la derecha, en el bando de los que quieren mercado, pero no unión. Luego, serían la «nueva Europa» de Rumsfeld.

Todavía a la hora del referendum sobre la Constitución Europea defendí que era un paso adelante hacia la unión política, frente a tanto amigos que la veían como la consagración del neoliberalismo. Como dije antes, ahora me parece que la constitución material se rige por un principio esencial: competitividad empresarial. Por cierto ¿qué fue de la Europa Social?.

Ahora siento a menudo vergüenza de esta Europa de 28 países y más de 500 millones que se pelea para reapartirse 40.000 refugiados. Una Europa al que le pesa Grecia y sólo censura con la boca pequeña la deriva hacia la dictadura del húngaro Orban. Una Europa que aprovechará el chantaje de Cameron para ser todavía menos Europa y más mercado, más intergubernamental y menos unión. Una Europa cada vez más dominada por partidos postfascistas (¿por qué llamarlos populistas?), fascistas 3.0, por ahora sin uniformes, pero que quieren destruir cualquier atisbo de solidaridad.

Por supuesto que el balance también tiene mucho de positivo. Ahí están los erasmus, ahí está la protección del consumidor. Ahí quedaron los fondos estructurales y de cohesión, que España no utilizó tan mal como Grecia o Italia. Pero tengo la sensación que más que déficit democrático tenemos impotencia democrática. Da igual lo que se vote a nivel nacional o europeo, esa constitución material de la competitividad empresarial está siempre por encima. Se me dirá que eso es consecuencia de la globalización. De acuerdo, pero yo creía que la Unión Europea era el ámbito para integrarnos en una globalización eficiente y solidaria. ¡Qué iluso!