Bombardear Siria o la reputación de Estados Unidos


Otra vez las pruebas opacas cuando no prefabricadas; otra vez los argumentos humanitarios; otra vez los análisis sin fin, los mapas de objetivos y despliegues. Ruido, mucho ruido y me parece que en este caso pocas nueces.

¿Bombardeará Estados Unidos Siria? ¿Es legítima una intervención? ¿Explotaría el polvorín de Oriente Próximo en caso de bombardeo? Muchas preguntas para que las responda alguien no experto como yo, pero no me resisto a dejaros mi reflexión.

Legitimidad

Una intervención unilateral de Estados Unidos, sólo o en una coalición ad hoc (eso que en la jerga intervencionista se llama coalición de voluntarios) no está respaldada por el derecho internacional.

Podría tener tres fundamentos. Uno, que el régimen sirio estuviera poniendo en peligro la paz internacional y entonces la intervención caería dentro del capítulo VII de la Carta de ONU y tendría que estar autorizada por el Consejo de Seguridad. Nadie plantea que exista ese supuesto.

Dos, basada en la obligación de proteger. Es claro que el régimen sirio está cometiendo actos criminales contra su propio pueblo que justificarían una intervención, pero ésta tendría que ser proporcionada y dirigida específicamente a proteger a los civiles y estar aprobada por el Consejo de Seguridad. Desde luego que un bombardeo con misiles de crucero en absoluto va a terminar con las masacres y no hay ninguna posibilidad de que sea aprobada por el Consejo de Seguridad, una instancia todo lo oligárquica que se quiera, pero la única legitimada en nuestro muy imperfecto derecho internacional.

Y tres, y más específico, como una respuesta por la violación de la Convención contra la Armas Químicas. Este tratado no prevé ninguna represalia militar en caso de violación, por lo que no habría más fundamento que los que enumerado como uno o dos.

El lenguaje a veces es transparente. Tanto desde Washington como desde París se ha hablado de represalia. En definitiva, potencias que quieren arrogarse el papel de policías del mundo que nadie les ha conferido.

Habría no obstante, un argumento moral a favor de la intervención, si aún no cumpliendo los requerimientos del derecho internacional un ataque pudiera poner fin a los crímenes contra la población. Los argumentos morales son siempre reversibles y susceptibles de utilizar a conveniencia y, por tanto, no conducen en el mejor de los casos más que a la tiranía benévola. Pero es que dadas las características de este conflicto ninguna intervención -limitada o amplia- puede parar la carnicería, más bien al contrario.

Y todo ello sin olvidar cómo Estados Unidos miró para otro lado cuando su entonces aliado Sadam Husein gaseó a los kurdos de Halabja o los soldados iraníes.

Las pruebas ¿A quién beneficia el bombardeo químico?

Estados Unidos dice tener como pruebas del uso de gas sarín contra la población civil muestras biológicas del personal sanitario que atendió a los civiles. En cuanto al origen del ataque, alega observaciones de satélite sobre el emplazamiento de los combatientes. Y en lo demás, se remite a pruebas recabadas por los servicios secretos que no se pueden revelar por motivos de seguridad. En esta ocasión nos han evitado un espectáculo como el de Colin Power con sus vídeos en la ONU. Lo de Francia es todavía más ingenuo: sus pruebas son los vídeos que circulan desde el primer momento con cadáveres y personas con convulsiones.

Que existió un ataque con gas tóxico a posiciones controladas por los rebeldes con concentración de población civil parece fuera de duda. Pero los detalles sólo pueden establecerlos equipos independientes como los de la ONU. Y como en Irak, Estados Unidos no está dispuesto a someterse a esa verificación independiente.

Es cierto que los inspectores de la ONU en ningún caso establecerán el origen del ataque. Aquí surgen distintos relatos a modo de novela policíaca: ¿a quién favorece el bombardeo?.

Para Estados Unidos, es claro que Asad quiere desafiar a la comunidad internacional para ver hasta donde puede llegar en el uso de estas armas en la limpieza de focos de resistencia. Para Putin es absurdo que cuando el régimen sirio está consiguiendo llevar la iniciativa militar vaya a caer en esta trampa. Un stringer de una periodista de AP asegura haber recogido testimonios entre los rebeldes que aseguran que la munición química fue entregada por el ministro de defensa saudí a los rebeldes y que a estos les explotó por inexperiencia.

Y hay quien, por fin, asegura que todo es una provocación de Asad para ser bombardeado y desatar una conflagración en todo Oriente Próximo, que es por cierto lo que éste ha dicho en una entrevista para el diario Le Figaro. La lógica apunta a esta última hipótesis, pero ¿quién sabe? como ocurre tantas veces todo puede deberse a una cadena de errores e incompetencias de unos u otros.

Bombardeará Estados Unidos. Sí, por su reputación

Estados Unidos bombardeará Siria porque se juega su reputación como potencia.

La reputación  era para la Monarquía Hispánica el correlato público de la honra y muchas de sus actuaciones (sobre todo en su decadencia) se llevaron a cabo no tanto por defender la fe católica o por razones estratégicas, sino por mantener la reputación, sin la que una potencia no es nada. Hoy la reputación se llama credibilidad.

El secretario de estado, John Kerry, lo dijo paladinamente: Estados Unidos se juega su credibilidad. Barack Obama estableció una línea roja, el uso de armas químicas cuando tal línea parecía lejana y ahora se ve en la necesidad de hacer efectiva su amenaza.

¿Por qué estableció esa línea? En la administración Obama hay una facción (Susan Rice es una de sus más destacadas figuras) partidaria de que la defensa de los derechos humanos en el mundo es un interés esencial de Estados Unidos. El Obama presidente, cauto y precavido por naturaleza, se encuadra más en la corriente realista, pero como en el caso de esta línea roja autoimpuesta, hace concesiones, más retóricas que efectivas, a los idealistas.

El interés estratégico de Estados Unidos es que el régimen de Asad no se desplome caóticamente, lo que entregaría gran parte del país a grupos yihadistas afiliados a Al Qaeda. Castigar, debilitar a Asad sí, derrocarlo, al menos ahora, sin un alternativa unida y confiable para Estados Unidos, no. No faltan informaciones que aseguran que los yihadistas temen que en realidad se termine por bombardear sus posiciones.

Con el apoyo ya de los líderes demócratas y republicanos Obama seguramente ordenará un bombardeo limitado la próxima semana.  En cuanto al pequeño François, dispuesto a emular al pequeño Nicolas en la recuperación de la grandeur mezclada con argumentos humanitarios, puede que le siga, pero no parece que por eso vaya a mejorar su popularidad interna. No contará Obama en este caso con el primo británico, después de ser Cameron derrotado en el parlamento (¡eso es un parlamento!)

¿Polvorín o laberinto?

Si Estados Unidos bombardea -ha dicho Asad- el polvorín de Oriente Próximo estallará. Una conflagración general no es 100% descartable, pero es que en realidad esa guerra ya se libra en una multiplicidad de conflictos enlazados, donde los actores intercambian aliados.

Leo estos días Jerusalén: la biografía, de Simon Sebag Montefiore, y muchas de las luchas por la Ciudad Santa, con sus guerras, alianzas, tratados y equilibrios de poder entre imperios parecen referirse al día de hoy. Oriente Próximo es la bisagra del mundo, un laberinto de luchas estratégicas, pero no un polvorín que pueda estallar con una chispa ni siquiera con un misil de crucero.

Hay una guerra por la implantación del islam político como fuerza predominante en las transiciones democráticas árabes. Turquía, los Hermanos Musulmanes y Catar son en este caso los aliados, mientras que Arabia Saudí es enemiga de cualquier forma de democracia, aunque la fuerza predominante sea islámica. El golpe de estado de Egipto ha supuesto un paso atrás gigantesco en la adaptación del islam a la democracia. El famoso discurso de Obama en El Cairo que era el engarce para que Estados Unidos aceptara al islam político ya no tiene ningún valor, tras el apoyo de Washington al golpe. En esta batalla son ganadores Arabia Saudí, los salafistas y los yihadistas (enemigos por cierto de la Casa de Saud).

Otra guerra evidente es entre chiíes y sunníes, que se libra en Siria, Líbano e Irak. No son guerras de religión, sino de poder. Se trata de que una comunidad u otra controle los resortes del estado y de la economía. Las dictaduras árabes -como el Imperio Otomano- garantizaban un precario equilibrio, imprescindible sobre todo para las comunidades minoritarias (cristianos, kurdos, drusos). Ahora las dos grandes comunidades islámicas luchan por la preponderancia, al tiempo que funcionan como agentes de la coalición sunní (monarquías del Golfo, Arabia Saudí) o (los chiíes) de irán.

Hay una guerra por la hegemonía regional. Turquía, Arabia Saudí, Catar e Irán son los actores de este conflicto. Cada uno usa sus peones más poderosos. Turquía su diplomacia y su integración en el mundo occidental, su desarrollo económico. Catar una diplomacia de chequera y de apoyo a los Hermanos Musulmanes y grupos yihadistas. Arabia Saudí su peso religioso y su apoyo a todas las formas de islam más conservador y retrogrado. Irán, su enorme potencial, su posición estratégica, su guía sobre todos los chiíes.

Otra manifestación de esta guerra global es el conflicto palestino-israelí. El interés estratégico de Israel es tener vecinos débiles, pero estables. Mejor un Asad debilitado que una Siria yihadista. Las conversaciones con los palestinos puestas en marcha por Kerry serán una vez más un elemento cosmético para no ceder ni un milímetro de tierra.

En Siria se cruzan ahora todos estos conflictos -más la rivalidad Estados Unidos-Rusia. El régimen de los Asad ha sido una dictadura, pero su legitimidad se basó en garantizar el equilibrio entre comunidades, sin perjuicio de los privilegios de la propia, los alauís. Asad sigue contando con el apoyo de las comunidades minoritarias. Por eso y por la existencia de un estado organizado y unas fuerzas armadas fieles y entrenadas en la lucha insurgente en el Líbano Asad ha resistido y en los últimos tiempos con ayuda de Hezbolá está logrando una cierta ventaja militar.

Ni Asad ni sus enemigos pueden ganar la guerra. Sólo una negociación puede poner fin  a la carnicería. Pero para ello es necesario que las potencias implicadas en este conflicto global acepten que sus intereses estarán mejor servidos por una Siria unida.

 

Golpe de estado en Egipto, un análisis apresurado


Las cancillerías occidentales  andan pasteleando para evitar la palabra maldita, pero lo que ha ocurrido en Egipto es un golpe de estado en toda regla.

Golpe de estado militar

El desencadenante han sido las masivas protestas populares que comenzaron el día 30, pero son los militares los que han tomado el poder. Y lo han hecho con el manual tradicional: toma del palacio presidencial, detención del presidente, ocupación de la televisión, censura, detención de políticos.

El ejército egipcio ha reafirmado su papel tradicional y es impensable que no se convierta en el tutor de una salida civil. A Morsi se le puede achacar sectarismo, pero ha consumido gran parte de sus energías en poner a los militares bajo el poder civil. Habrá elecciones, nueva constitución, volverán a los cuarteles porque los tiempos no están para gobiernos militares, pero será muy difícil una real supeditación al poder civil. Los militares serán -como lo fueron en Turquía hasta que Erdogan rompió el lazo gordiano de su tutela- la fuerza política en la sombra y mantendrán su poder económico.

Golpe de estado militar con apoyo popular

Pocos son los golpes militares que no tienen apoyo de parte de la población. En esta ocasión puede decirse que es casi la mitad del país que no aceptó la legitimidad de un gobierno de los Hermanos Mulmanes. Las fotos clásicas de las juntas militares reunen a los comandantes del ejército, la marina, la aviación… Pero en Egipto en esa foto (simbólica, no física) están junto al general al Sisi, el líder religioso sunní Ahmed al Tayeb, gran imán del Al Azhar, el papa copto Tawadros II y Mohamed el Baradei, representante de los sectores más laicos y occidentalizados.

El Baradei fue y será el candidato ideal de occidente. Un hombre honrado (como lo demostró en la crisis de Irak), preparado, razonable y demócrata pero con escaso carisma, como se demostró tras la caída de Mubarak. Está por ver si las fuerzas más laicas le apoyarían en la política cotidiana, en el caso de ganara una elecciones presidenciales.

Los nueve millones de coptos se veían amenazados por la creciente islamización, pero que el líder religoso sunní más respetado apoye el golpe quiere decir que la «hermanización» de la sociedad, esto es la conversión de las redes sociales de los Hermanos Musulmanes en poderes estatales, ponía en peligro su poder e influencia.

Una transición no inclusiva

Todas las fuerzas políticas han jugado al todo o nada. La eficaz organización de los Hermanos les ha permitido vencer en referedums y elecciones. Con una influencia social digamos del 33% y con el apoyo del 10% de algunas fuerzas salafistas, los Hermanos han hecho una constitución a su imagen y ha intentado ejercer un poder absoluto, pero escasamente eficaz por la continua confrontación. El intento de Morsi de conferirse una inmunidad absoluta fue la gota que colmó el vaso.

Una nueva democracia no inclusiva a medio plazo se derrumba, pero a corto plazo puede funcionar si al menos se ha pactado una reglas del juego claras y aceptadas por todos. No ha sido el caso de Egipto, donde todo el proceso ha sido confuso y caótico y cada nuevo paso ha sido cuestionado por una parte.

La situación económica

Los medios occidentales están dominados por el enfoque islamismo vs laicismo. Pero se olvida que la revolución de hace dos años fue precedida por una oleada de huelgas y que la situación económica actual es calamitosa. La miseria también ha empujado a la gente a la calle. El próximo gobierno tendrá que lidiar con las exigencias del FMI que pide poner fin a los subsidios de los productos básicos. Una explosión social se llevará por delante al gobierno, del signo que sea, que se atreva a subir exponencialmente el precio del pan y el combustible.

Riesgos

Los Hermanos han recibido el mensaje de que nunca serán aceptados por los militares y los laicos. Lo decía un manifestante pro Morsi: «si ellos han dado un golpe de estado, nosotros lo daremos en cuanto podamos». Será muy difícil establecer ahora el consenso que debería de haber presidido la transición desde el principio.

¿Qué hará ahora los Hermanos Musulmanes?. Una opción es que un número significativo de sus partidarios lancen desde la clandestinidad una lucha militar contra el gobierno que salga del nuevo proceso. Sería una guerra civil a la argelina. Pero la situación de Egipto es muy distinta a la de Argelia. Desde un punto de vista militar, el territorio no es el más apto para una guerrilla jihadista. Más probable es que sus dirigentes se sumerjan en la clandestinidad y  a través de la influencia de sus redes de solidaridad hagan ingobernable Egipto.

El golpe, sin duda, reforzará la jihad global. Más jóvenes musulmanes de los suburbios de París o Londres, en Ceuta o Melilla, en Cachemira o Libia interpretarán que el islamismo político no tiene futuro, que sólo cabe luchar a sangre y fuego hasta el martirio por el califato universal.

Equilibrios estratégicos

El golpe supone un revés importante para Arabia Saudí y las monarquías del Golfo, el gran soporte de los Hermanos Musulmanes. Perder Egipto es un gran fracaso para la santa alianza sunní que pretende afianzar una interpretación rigorista del islam, acabar con los restos del viejo nacionalismo árabe (El Assad), marginar a las minorías chíies y neutralizar a Irán.

Y para Israel, un Egipto bajo tutela militar puede volver a ser el viejo aliado, siempre sensible a las demandas de sus servicios secretos. ¿Malos tiempos para Gaza?.

La revolución de las clases medias: del ciberespacio al espacio público


Vivimos un ciclo de movilizaciones sociales sin parangón desde los años 60.

Entonces, como ahora, parecía como sin el virus de las protestas saltara de un país a otro: movimientos por los derechos civiles en Estados Unidos e Irlanda del Norte,  la primavera de Praga, revueltas estudiantiles en toda Europa occidental coronadas por su canto del cisne, el mayo parisino.

Ahora, el plena globalización, el ciclo actual presente dura ya varios años (y esto en una época de aceleración temporal) y tiene caracter casi universal: de las revoluciones árabes, a los indignados españoles, norteamericanos o israelíes, los estudiantes chilenos o las más recientes protestas de Turquía y Brasil. Su protagonista, la clase media. Y ahora, como entonces, su punta de lanza la juventud.

La clase media ha sido tradicionalmente el soporte de la democracia representativa. Su extensión ha garantizado la estabilidad social y política. El debate público vehiculado a través de los medios masivos se ha articulado en torno a los intereses de la clase media. Sin ser en exceso participativa, sus elementos más activos han nutrido los partidos políticos y ha suministrado masivamente los cuadros medios y técnicos que han permitido funcionar al estado de derecho.

Cuando en los 30 la clase media se vio amenazada, giró masivamente hacia el autoritarismo, alimentando los movimientos fascistas. Después de la guerra, el pacto social garantizó un moderado progreso y ascenso social a amplias capas populares, que ensancharon las clases medias.

Ese pacto social se ha roto en Europa (antes en Estados Unidos), mientras que en los llamados países emergentes, millones de personas llegan a la clase media. Mientras unos se empobrecen y ven como se destruye el estado del bienestar, otros aspiran a romper ataduras dictatoriales o culturales y a construir los servicios sociales que garanticen la igualdad y sirvan de eficaz ascensor social.

Esas demandas sociales no encajan en los designios del capitalismo financiero, pero más que contra el sistema económico los que salen a la calle se revuelven contra la élite política, contra su corrupción y su falta de representatividad. La democracia representativa tiene que repensarse si no quiere perder a las clases medias.

Las circunstancias son distintas en cada lugar y el éxito de las protestas también.

Es más fácil tumbar unas dictaduras decrépitas (Túnez, Egipto) que cambiar un sistema económico. Es más factible lograr reivindicaciones concretas (hipotecas) que cambiar el sistema político. Allí, como en Irán, donde un régimen religioso, pero con apoyo en las clases populares, se resiste, el movimiento se invisibiliza y luego vuelve a resurgir. Donde una dictadura reprime a sangre y fuego las protestas incipientes se termina en una guerra civil sectaria, como en Siria. Es más fácil lograr los objetivos cuando al frente del gobierno está una demócrata progresista (Dilma) que un conservador religioso autoritario (Erdogan). Y, por ahora, parece imposible una movilización de la creciente clase media en China, donde el estado combina eficazmente represión, vigilancia y control social del ciberespacio con un espectacular crecimiento económico.

El fulminante de las protestas es algún hecho concreto (la inmolación de un vendedor callejero, la subida del precio del transporte, la destrucción de un parque público), la movilización se genera en las redes sociales, pero no tiene efecto hasta que no conquista el espacio público.

En el ciberespacio se genera la discusión previa y, lo que es más importante, las emociones que alimentan la movilización que se organiza con las nuevas herramientas interactivas. Pero lo decisivo es conquistar la calle.

Y en la calle y en el espacio público tradicional (interrelación de los medios masivos y los agentes políticos y sociales) se juega el éxito de la revolución. Los jóvenes tuiteros egipcios o tunecinos cuentan ahora poco en países que se enfrentan a la integración de creencias religiosas que se pretenden absolutas en sistemas democráticos.

Quizá la mayor paradoja de nuestro tiempo es que el cibererspacio es, al mismo tiempo un espacio de libertad y un espacio de vigilancia y control; un espacio de creatividad y de explotación económica. Millones y millones de personas construyen sus vidas en una interacción continua, en general libre, pero vigilada por los estados y explotada económicamente por empresas con ínfulas tecnoutópicas, que ni siquiera pagan impuestos.

Los movimientos de los 60 rompieron algunas cadenas mentales, pero no cambiaron el sistema. Este ciclo de movilizaciones ha terminado con dos dictaduras, y ahora consigue un gran logro con el anuncio de un referendum de reforma política en Brasil. Veremos si Dilma Rouseff es capaz de sacar la iniciativa adelante y no naufraga en la procelosas aguas de la fragmentada política brasileña. En unos lugares las protestas se apagarán, en otros conseguirán victorias parciales.

Si las clases medias no encuentran satisfacción a sus demandas de progreso, igualdad y libertad, las mismas herramientas de movilización (lo hemos visto en Francia con las protestas contra el matrimonio homosexual) puede ponerse al servicio de la intolerancia, la xenofobia y el odio.

[Sólo un par  de fuentes. «Cómo se organizaron las manifestaciones callejeras en Brasil: la protesta en acción en las redes sociales» en el blog Crisis de Reputación Online de Carlos Víctor Costas (de donde he sacado también la foto) y el análisis de Manuel Castells, reseñado en Fronteiras do Pensamento, en la línea de su libro Redes de indignación y esperanza (Alianza, 2012)]

 

 

 

 

Las maras, un caso de globalización


Llega desde Honduras la noticia esperanzadora de una tregua declarada unilateralmente por las maras Salvatrucha y Barrio 18. Doblemente esperanzadora, porque a diferncia de lo ocurrido en El Salvadorel pasado año, en este caso las organizaciones criminales no parecen haber pactado con los poderes públicos mejoras de régimen carcelario sino que piden medidas de reintegración social.

Nadie sabe cual puede ser el desarrollo de este proceso de pacificación en Centroamérica, sin paragón desde las guerras de los ochenta. En El Salvador sin duda los asesinatos se han reducido drásticamente, pero continua la extorsión y no se conocen las concesiones relamente realizadas por el estado. El problema sigue siendo la marginación, la falta de alternativas. Sin ellas -decía el obispo Colindres, negociador de la tregua- no se puede esperar que las bandas dejen de extorsionar.

Estas treguas son las paces del siglo XXI: organizaciones delincuenciales negocian con estados debilitados, con la mediación de las iglesias y otros agentes sociales.

GLOBAL-LOCAL

Es un dato generalmente aceptado que las maras centroamericanas nacen en los 90 a raíz del regreso a sus países de origen de inmigrantes salvadoreños y hondureños, expulsados por Estados Unidos, jóvenes que habían formado parte allí de las pandillas criminales y asumido su cultura marginal.

La cosa es más complicada. Las pandillas a las que jóvenes centroamericanos, que huyendo de la guerra, se suman en los ochenta en las calles de Los Ángeles (la mara Barrio 18 toma su nombre de esta calle de la capital californiana) eran ya un fenómeno asentado. Habían sido creadas por chicanos, inmigrantes de segunda generación, que buscan su identidad y defensa en sus barrios marginales, hibridando su cultura mexicana con la cultura juvenil norteamericana, especialmente de los afroamericanos, rivales y modelos al tiempo.

De regreso a casa reproducen y adaptan esa cultura a la nueva realidad centroamericana: cese de los conflictos bélicos, falta de integración de los desmovilizados, pobreza y desigualdad, cultura secular de la violencia. En Honduras, el Salvador, Guatemala… las maras (parece que de marabunta) hacen metástasis en clikas, pandillas locales, absolutamente territoriales, pero que participan de la cultura y espíritu de su organización madre, a cuyos dirigentes obedecen.

Y a su vez estas redes nacionales mantienen vínculos con las organizaciones madre de Estados Unidos. El dinero de la droga es el fluido vital que conexiona a todas estas redes, desde lo local a lo transnacional, y desde Los Ángeles se deciden los grandes «business».

Un fenómeno que, a otra escala y con otras características, guarda gran semejanza con la replicación de bandas latinas juveniles en España entre inmigrantes juveniles ecuatorianos y dominicanos, principalmente.

Este es el esquema global-local a lo largo del tiempo:

Años 50-60 –> Inmigración mexicana a EEUU.

Años 70 –> Bandas juveniles de chicanos de segunda generación

Años 80 –> Guerras en Centroamérica –> Inmigración a EE.UU –> Integración jóvenes centroamericanos en bandas juveniles

Años 90 –> Procesos de paz en Centroamérica –> Expulsión delincuente juveniles –> Replicación en Centroamérica de las maras / Inmigración latinoamericana a España –> Replicación en España de las bandas latinas

Años 2000 –> Clikas de barrio –> Maras nacionales/regionales –> Lazos transnacionales

CULTURA Y TRATAMIENTO INFORMATIVO

Las pandillas juveniles ofrecen en los barrios pobres de todo el mundo un marco de integración e identidad, muchas veces alternativo a la familia y concretado en la lealtad absoluta al grupo. Su cultura se manifiesta en una música, que enaltece al grupo y ensalza la violencia, en la ropa y, en el caso de las maras, en el propio cuerpo. Los tatuajes y cicatrices son signos de identidad personal, reconocimiento grupal… pero también estigmas indelebles de marginación.

Entre la ingente literatura académica no son pocos los autores (ver fuentes más abajo) que ponen de manifiesto como el tratamiento mediático no ha hecho más que retroalimentar la marginación y el miedo de la población. Según esta tesis, las maras expresan una violencia que se remonta a la colonia y que ha servido al control social: si antes el enemigo era el comunismo, ahora el enemigo son las maras. En España no han faltado reportajes que se han quedado en el puro morbo.

Entre los mayores esfuerzos por entender el fenómeno está el del periodista Christian Poveda, autor del documental «La vida loca» (insertado al final de este post). Poveda, que había logrado la confianza de estas bandas, terminó asesinado en extrañas circunstancias.

Escuchar e intentar comprender es el primer paso para la paz. Pero sin justicia e integración las maras se mantendrá en segundo plano, quizá se hagan más respetables, pero los pueblos no tendrán futuro.

FUENTES

Martel Trigueros, Roxana (2006): «Las maras salvadoreñas: nuevas formas de espanto y control social», ECA, Nº 669: 957-999. (PDF)

Savenije, Win (2002): «Pandillas y maras: señas de identidad», Envío. (PDF).

Urbina Gaitán, chester (2009): «Maras, identidad juvenil y represión cultural en El Salvador», Rev. de Ciencias Sociales 126-127: 25-31. (PDF)

Los Tsarnaev, restos del naufragio de la URSS, víctimas de la globalización


Reuters -Cortesía familia Suleimanova

Reuters -Cortesía familia Suleimanova

En un ejercicio de investigación fotográfica encontré con mis alumnos esta foto de la familia Tsarnaev, que creo apenas se ha publicado en España. Una imagen que nos das algunas claves para entender a los hermanos Tsarnaev y su periplo hasta los atentados de Boston.

La foto se debió de tomar en Kirguistán en torno a 1987, cuando Tamerlan no tendría más de un año y la URSS todavía no se había roto. Probablemente se hizo  para enviar a los abuelos del niño, pues la madre, Zubeidat, aparece flanqueada por su marido, Anzor (a la izquierda) y su hermano Muhamad Suleimanov (a la derecha). Una foto que, como tantas veces, nos habla, más allá del propósito con que fue tomada.

Zubeidat, la madre. Una mirada inquietante, en palabras de una de mis alumnas. Inquietante, insegura y sobre todo triste. Peinada con cierto desaliño, los ojos bien marcados. Vestida de negro, quizá con ocasión de un luto familiar, quizá por alguna muerte violenta. Es un personaje con un halo trágico, entre la modernidad y la tradición. Con el tiempo, adoptará una vestimenta musulmana estricta.

Anzor, el padre. Joven, decidido, seguro de si mismo, con una camisa moderna y hortera, un punto excéntrica, un gusto que luego heredará su hijo, tan parecido físicamente a él. Anzor, el hombre que parece haber dejado atrás la tradición y mira hacia delante.

Muhamad Suleimanov, el tío. Mirada fría, enérgica, impersonal. Luce su uniforme de oficial del ejército soviético. Es el ancla de la familia con el sistema de poder ruso- soviético.

Tamerlan. La mirada inocente del niño que ignora las vicisitudes de un destino que le llevara a convertirse en un desarraigado. Tamerlan, unn nombre que apunta al orgullo étnico checheno, no a la tradición musulmana.

Tamerlan y sus hermanos

Tamerlan y sus hermanos

Los Tsarnaev son una familia chechena, que como gran parte de la población de la república caucásica fueron deportados por Stalin durante la II Guerra Mundial, temeroso de una insurrección. Muchos perecieron en Siberia o en Asia Central, pero los Tsanaev se instalaron en Kirguistan, prosperaron y no regresaron a Chechenia, como otros muchos hicieron en los sesenta. En la foto familiar se evidencia la tensión entre modernidad y tradición y el vínculo que mantenía férreamente el equilibrio, el poder soviético.

A comienzos de los 90, en la época de la primera guerra chechena, Anzor emigra con su familia a Estados Unidos. Parece que tenía cargos importantes en Kirguistán, pero prefiere buscar una nueva vida como mecánico en Boston. Sus hijos crecen y se educan en Estados Unidos, pero la cultura chechena, el orgullo, el control familiar aflora con fuerza en el mayor (Tamerlan vigilaba la conducta de su hermana en el colegio). Y abraza una religión cada vez más rigorista.

Los hijos siguen en Boston mientras los padres regresan hacia 2010 a Rusia, en esta ocasión a Daguestán, la república rusa donde bullen los radicalismos islámicos (predicadores y guerrilleros jihadistas) más o menos erradicados por el salvajismo de Putin-Kadirov en Chechenia.

La madre se ha vuelto una musulmana devota, pero su hijo la piede más, la pide que lleve el hijab en casa, l0 que da lugar a enfretamientos con su padre y por fin a la ruptura de los esposos.

Los padres, hoy

Tamerlan convierte a su esposa norteamericana al islam y no consigue encauzar su vida. Su influencia sobre su hermano es grande. Todo parece indicar que se convierte en jihadista en un viaje a Daguestán.

Es imposible explicar los motivos últimos de la conducta de Tamerlan y Dzhokhar, pero cabe indicar algunas líneas contextuales:

– El desarraigo del hijo de la emigración, que en su lugar de acogida se considera extranjero, pero que en la patria familiar tampoco es aceptado.

– La reinterpretación descontextualizada de la tradición.

– El radicalismo islámico como signo de identidad.

– El deseo de venganza por el genocidio inflingido a los suyos,

– La atracción por convertirse en protagonista con una acción violenta, como otros jóvenes norteamericanos, desde Columbine a Newtown.

Victimarios y víctimas, al fin, de la disolución del imperio soviético, de la globalización, de la radicalización islámica y de una determinada cultura juvenil.

Algunos enlaces:

Reuters: Special Report: The radicalization of Tamerlan Tsarnaev

David Remnick en The New Yorker «The culprits»

Atlantic Wire: «What Did the Boston Bombers’ Parents Know?»

 

La guerra de Malí ¿un nuevo Afganistán? ¿una nueva Somalia?


Francia se ha lanzado a una operación militar en Malí cuyos objetivos no parecen bien definidos y cuyas consecuencias son inciertas. Las intervenciones occidentales en Afganistán y antes en Somalia han sido grandes fiascos, que ni han estabilizado los países, ni resuelto sus déficits de desarrollo humano ni siquiera logrado el dominio estratégico de las potencias occidentales. La situación en Malí tiene muchos paralelismos.

 

LA INTERVENCIÓN FRANCESA

Fuente: El País

Los cazas francesas empezaron por atacar a las columnas de jihadistas que tomaron Konna y amenzaban Sévaré, base de las tropas de Francia, Senegal y Nigeria y desde donde, por carretar asfaltada, podían alcanzar Bamako en un rápido movimiento.

Luego han bombardeado bases de la milicias islamistas al norte, en la zona controlada por éstas desde el pasado marzo. Por tanto, los objetivos estratégicos parecen más amplios que los de evitar la caída de Bamako. El alto mando francés tampoco ha puesto un plazo a la intervención

El derribo de un helicóptero y la muerte de su piloto, y, sobre todo, el avance este lunes 14 de los salafistas, que han conquistado de Diabali, a 400 kilómetros de Bamako, parece indicar que ni siquiera esta primera parte de la operación, neutralizar la ofensiva jihadista, está siendo fácil. Mucho menos lo será reconquistar las ciudades del norte y no digamos ya controlar el vasto territorio desértico. Los salafistas prometen una guerra larga.

Francia se ha lanzado a la operación porque ha visto en peligro sus intereses estratégicos. La caída de Bamako hubiera generado un caos general en el centro de África y puesto en peligro la reputación de la expotencia colonial. Por otro lado, como se ha recordado, los yacimientos de uranio de Niger -vitales para las nucleares francesas- están más cerca de Gao que de Bamako.

Los militares franceses ha bautizado a la intervención como Operación Serval. Como se encargan de recordar los periódicos argelinos, que califican de neocolonial la intervención, el serval es un pequeño felino africano, que orina hasta 30 veces al día para marcar su territorio. Francia está marcando territorio, pero ¿a qué coste?

Hollande, el blandito, ha cruzado su Rubicón. Por el momento, (casi) toda Francia le sigue, pero ¿por cuánto tiempo?. Las televisiones francesas han caído en tromba sobre Bamako, pero no ofrecen más imágenes que el desembarco de tropas. El mando francés no ha incrustado todavía periodistas entre sus tropas; la situacion parece bastante fuera de control.

¿CÓMO SE HA LLEGADO AQUÍ?

No es extraño que la alianza de fuerzas salafistas que dominan desde marzo el norte de Malí hayan lanzado una ofensiva contra el sur; dese hace meses se les anuncia una operación multinacional (con base en tropas de los países de África occidental) para reconquistar el territorio. La mejor defensa es un buen ataque.

Es conocido que la alianza de Al Qaeda en el Magreb Islámico (de origen argelino), los tuaregs del Movimiento de Liberación de Azawad (MNLA), un movimiento salfista Ansar Dine y un grupo terrorista dedicado a los secuestros, MUJAO (BBC – Mali crisis: Who’s) lograron el control del norte del país con gran facilidad, coincidiendo con un golpe de estado en Bamako llevado a cabo por los mandos medios del ejército.

Desde entonces, estos grupos, sunníes wahabistas frente al sufismo mayoritario en el sur, han impuesto su interpretación fanática del islam, una reedición de los talibanes en el Sahel.

Hay, sin embargo algunos factores que vale la pena recordar:

– El retorno de los combatientes de Libia. Los grupos salafista vivían del secuestro, pero no tenían capacidad militar. Tras la caída de Gadafi retornan mercenario tuaregs, con experiencia militar y potente armamento. Son ellos los que engrosan tanto las filas del MLNA como de Ansar Dine, sin cuyo empuje no hubiera habido ofensiva militar la pasada primavera.

– El fracaso de la estrategia antiterrorista norteamericana. The New York Times revela que los instructores norteamericanos formaron durante años a las tropas de élite del ejército de Malí, todos tuaregs, que a las primeras de cambio se pasaron con armas y bagajes al enemigo. El titular de la información es bien significativo: los bombardeos franceses suplantan la estrategia prudente de Estados Unidos. Y es que el Sahel ha sido el escenario de un discreto, pero robusto programa contraterrerorista de Estados Unidos, superado ahora por la situación de guerra abierta.

– El MLNA, los tuaregs más políticos y menos religiosos, fueron expulsados del territorio bajo control de los rebeldes salafistas. El estado tuareg de Azawad quedó convertido en una versión del califato salafista. Los tuaregs de Malí y de los países vecinos siguen siendo la clave para la estabilidad de la región.

LOS RIESGOS

Philippe Leymarie plantea en Le Monde Diplomatique las incógnitas que pesan sobre la guerra. Ya me he referido a la indefinición estratégica, pero del análisis de Leymarie destaco:

Interpretación abusiva de la resolución 2025 del Consejo de Seguridad, que establecía una negociación política antes de dar luz verde a una intervención militar.

Francia puede recibir apoyos logísticos de sus aliados, pero ni Estados Unidos ni ningún país europeo está dispuesto a mandar tropas a combatir al desierto. Una fuerza africana está lejos de ser operativa -en los planes anteriores a estos nuevos desarrollos estaba previsto que lo fuera de septiembre de 2013. Y como las guerras no se ganan desde el aire les toca a los soldados franceses luchar en la arena.

– Con su beligerante actitud en Libia, Siria y ahora Malí, Francia se situa como primer objetivo del yihadismo internacional. Sin descartar una acción terrorista en suelo metropolitano, lo más probable son ataques a sus (importantes) intereses en el Sahel.

¿UN NUEVO AFGANISTÁN? ¿UNA NUEVA SOMALIA?

La constitución de un estado yihadista en Mali era, sin duda, un riesgo para la estabilidad de la zona y para toda Europa.  Pero parece que no se han aprendido las lecciones de estos conflictos, dice Alain Gresh en Le Monde Diplomatique: ninguna intervención militar exterior ha consolidado un estado.

La intervención militar corre el riesgo de dispersar a estos grupos por una región sin fronteras y con débiles estados. Se perdió mucho tiempo y ni se negoció con los tuaregs del MNLA, ni se logró el consenso en Bamako ni se puso en pie una fuerza africana seria que hubiera disuadido a los yihadistas de atacar el sur. Ahora todo parece demasiado tarde.

Hugo Chávez, el mito


Hugo Chávez se muere; el mito se consolida.

El mito nació hace mucho y ha sido la fuerza esencial en la vida política y social de Venezuela desde hace más de una década. La muerte le daría el aura de los santos, de los profetas que dejan una misión inacabada. San Hugo Chávez subirá a los altares de los cultos sincréticos. Sus fieles rezarán a su espíritu y le rogarán toda clase de mercedes, espirituales y ya no sólo materiales, como hasta ahora pedían a su encarnación corpórea en el Alo Presidente.

Chávez ha sido más que un caudillo con carisma político o militar. Con su inteligencia natural, sus cantos y bailes, sus inteminables discursos, su talento como polemista,  el comandante ha encarnado el espíritu de un pueblo desposeído y burlado. A su vez, lo ha poseído y manipulado, pero le ha dado reconocimiento, orgullo y le ha hecho partícipe de la riqueza del país a través de la renta petrolera.

Chávez ha gobernado Venezuela navegando esa ola de identificación popular, ganando incuestionablemente elección tras elección. Ha mantenido las instituciones del estado democrático y hasta sobre el papel las ha reforzado con formas de participación popular. En realidad, la división de poderes ha desaparecido porque nada se le puede negar al espíritu del pueblo.

Chávez ha administrado el país como un cuartel. Ha manejado unos recursos excepcionalmente altos. Indudablemente los indicadores sociales y económicos han mejoradao espectacularmente durante el chavismo.Hubo una época en que todas sus comparecencias comenzaban con un «y el petróleo sigue subiendo». La renta petrolera ha dado para todo: para comprar armas, para crear una esfera de influencia continental, para engrasar la corrupción y para dar unas prestaciones sociales a los más desfavorecidos a través de las misiones.

La misma denominación, misiones, transparenta su concepto militar. Un objetivo que hay que cumplir, no un servicio ciudadano y social que hay que mantener.  Las misiones son débiles porque no tienen detrás una financiación estable, basada en la tributación sino en recursos fiscales contingentes, ni una gestión profesional. Las misiones, como las empresas nacionalizadas, están permeadas por los militares.

¿De que vivirá Venezuela si como se anuncia Estados Unidos es autosuficiente en petróleo en pocos años gracias a la técnica del fraccionamiento hidraúlico? La Venezuela de Chávez ha sido un nuevo capítulo de la Venezuela saudí, sólo que ahora las clases populares también han estado invitadas al festín. Y eso hay que reconocérselo a Chávez.

A la muerte de Chávez el ejército será el poder en la sombra, pero difícilmente mantendrá su unidad. Las milicias chavistas serán un factor de inestabilidad, fácilmente manipulables por alguno de los posibles sucesores.

Venezuela necesita desmilitarizarse, convertir las misiones en servicios públicos, buscar fuentes de riqueza alternativas al petróleo, reconstruir el Estado de Derecho. ¿Será capaz la oposición de mantenerse unida? ¿Renunciará la burguesía a la venganza si la oposición conquista el poder? Chávez deja también un  pueblo más politizado, a favor y en contra de su persona, y su obra no podrá ser enterrada facilmente.

Sus enemigos ya bailan sobre su tumba, pero todavía el comandante puede dar una última sorpresa y recuperarse. Sería un milagro que no haría más que confirmar su condición de ungido.

Lo que es seguro es que Chávez seguirá dando batallas después de muerto. Lo que no es tan seguro es que las gane.

PS. Recojo el artículo del profesor Vicenç Navarro «La demonización de Chávez», en el que denuncia el sesgo anti Chávez de los medios españoles y el artículo que cita de Mark Weisbrot, en el que se analizan los logros económicos del Chavismo.

http://www.nytimes.com/roomfordebate/2013/01/03/venezuela-post-chavez/venezuelans-will-vote-with-their-wallets

Cinco años de Periodismo Global… y de crisis


Este blog acaba de cumplir 5 años. El 28 de noviembre de 2007 arrancaba con la promesa de ofrecer otra mirada sobre el periodismo y la información internacional y la duda de si no sería una voz más en la cacofonía universal. Entre las primeras entradas, la dedicada el 21 de enero de 2008 al lunes negro, como etiquetaron los medios al gran batacazo de las bolsas ante las pérdidas de la banca de inversión ahogada por las hipotecas basuras.

Durante cinco años he seguido mirando hacia mi campo de interés, el periodismo y la información internacional, mientras la crisis evolucionaba y se hacía más espesa hasta convertirse en crisis del sistema.

Empecé a publicar con mucha regularidad entradas no muy largas. Y cada vez publico menos, aunque entradas más extensas y reflexivas, quizá menos apropiadas para un blog. La razón es, por un lado, la mayor dedicación a tareas docentes y académicas. Pasar de la clase magistral a animar el trabajo creativo y científico del alumno supone una permanente tutoría virtual que consume horas y horas. Pero hay otra razón, una cierta depresión intelectual . Cuando los fundamentos del estado democrático se tambalean parece que no tiene demasiado sentido hablar de las cosas ordinarias, aunque estas puedan ser el Informe Levenson, los principios editoriales de las televisiones públicas europeas o los mitos y la fotografía -temas recientes que tengo pendientes de tratar en el blog.

Hoy quiero agradecer a los que a lo largo de estos años me habéis seguido con un repaso a los temas de este blog y compartiendo con todos lo que he aprendido.

Cinco años  de crisis: la Gran Involución

Periodismo global quería mirar más allá de la clásica información internacional a los grandes acontecimientos universales y a su tratamiento informativo (categoría Globalización). Pero poco a poco he ido ocupándome de la ruptura del pacto social y democrático y de la crisis del sistema político nacido en la transición.

En estos momentos creo que la recesión ya es una Gran Involución del sistema democrático en el que la destrucción del estado del bienestar, el expolio de los bienes públicos, la depauperación de las clases populares, el sacrificio de una generación perdida… no pueden conducir sino a una explosión social. Parece que la respuesta del gobierno es afinar los instrumentos represivos y la censura. Los movimientos sociales alternativos construyen pequeñas alternativas, pero faltan respuestas globales (ver etiqueta Movimiento 15-M).

¿Sobrevirá la democracia al capitalismo financiero depredador?

Cinco años de información internacional

En estos cinco años el cambio más importante en la política internacional son las llamadas revoluciones árabes. Muchos analistas creen a estas alturas que para lo único que han servido es para sacar de la botella al genio del islamismo. Discrepo. Sólo liberadas de las dictaduras pueden evolucionar estas sociedades y resolver los conflictos entre teocracia y modernidad. Egipto vive en este momento un momento crítico. Si la nueva constitución logra un compromiso entre el tradicionalismo religioso y el respeto de los derechos humanos se habrá logrado un paso gigantesco. Si, en cambio, el islam político se blinda como un nuevo régimen autoritario la experiencia habrá fracasado.

La guerra de Libia puso de manifiesto la manipulación del principio de la responsabilidad de proteger y el abuso de las mal llamadas intervenciones humanitarias. Hoy ante nuestros ojos Siria se desangra y somos incapaces de responder, porque ahí se juegan varias batallas estratégicas (chíes-sunníes, Irán-Israel, Estados Unidos-Rusia),  pero también por carecer de instrumentos de verdadera intervención humanitaria.

¿Y qué decir de Barack Obama? Que finalmente el sistema fue más fuerte que él y sobre todo que ha permitido la victoria de la impunidad.

Cinco años de periodismo

Cinco años de crisis de periodismo y sobre todo de crisis de la prensa, de las empresas multimedia, que a veces pretenden ser la única encarnación del periodismo. Crisis que se quiere presentar como de cambio de era informativa y que es más una crisis de apalancamiento, de haber entregado el periodismo al capitalismo de casino.

Por supuesto que los periodistas, como todos los mediadores sociales, se encuentran en crisis. El periodista hoy tiene que seguir dando sentido al mundo en el que vivimos reconstruyendo la esfera pública fragmentada en comunidades. Es a lo que he llamado periodismo cívico.

Y la crisis de los medios públicos, de la BBC a RTVE ¡Qué doloroso ver como la aceptable neutralidad y credibilidad de RTVE, construida con tanto esfuerzo, se esfuman en unos meses de interferencia gubernamental!

Lo que he aprendido con el blog

Lo primero y más importante que un blog no es una simple plataforma de publicación, sino, ante todo, un nodo en una red social. El blog me ha permitido recuperar el contacto con colegas y antiguos alumnos.

Mi comunidad no es muy grande. En la actualidad en torno a 200 personas reciben actualizaciones por correo electrónico y RSS y tengo 620 seguidores en Twitter. A ellos me debo y les pido disculpas por no actualizar frecuentemente el blog.

Como periodista, siempre escribo con la actualidad en la cabeza, pero otra de las lecciones del blog es que la información ya no es perecedera, que tiene una pervivencia latente, eso que llaman «the long tail», de modo que los buscadores siguen trayendo visitas a informaciones que ya no son de actualidad, pero que -permitidme la presunción- pueden seguir siendo todavía valiosas como reflexión. Y al respecto está claro que cuanto más palabras claves potentes semáticamente incluya el título (por ejemplo, imágenes, globalización, cultura) mayor será el número de sus visitas a lo largo del tiempo. «Imágenes de la globalización» es la entrada más vista, com más de 20.000 entradas.

En total, 476 entradas han reunido algo más de 190.000 visitas y 780 comentarios. El blog debe ser una invitación para el diálogo, pero en esto no parece que haya tenido mucho acierto. Con todo, el blog, según  Alexa ocupa la posición 772.798 de las páginas más vistas a nivel global y la 24.718 a nivel europeo. Todo muy modesto, pero por lo menos tiene un Page Rank de 5.

Otra cosa que he aprendido (o recordado) es que la verdadera patria es la lengua. Un 40% de las visitas provienen de España y el resto de Latinoamérica, especialmente México (un 20% del total), Colombia, Venezuela y Argentina.

El diseño es abigarrado y manifiestamente mejorable, pero he intentado ofrecer en páginas y columnas laterales información de utilidad, otra cosa que he aprendido que debe ofrecer un blog.

En fin, GRACIAS  a todos (y de modo especial a los que habéis llegado al final de esta larga entrada). Y gracias también a dos colaboradores de excepción, Paco Audije y Paco Rodríguez Pastoriza, que ahora utilizan como plataforma de publicación Periodistas en Español.

Los obstáculos a la paz en Colombia


Mañana 15 de noviembre comienzan en La Habana la negociación entre las FARC y el gobierno colombian. En la mesa, obviamente, no estarán las víctimas del conflicto, que quieren hacer oir su voz.

En las vísperas se han celebrado en Madrid unos encuentros promovidos por movimientos sociales y con el apoyo del grupo parlamentario de la Izquierda Plural. Resumo lo esencial de estos encuentros.

Las demandas de los movientos sociales y las víctimas

Los movimientos sociales de Colombia son importantes. Se basan sobre todo en la coordinación de distintas iniciativas de resistencia al expolio campesino, concretadas en comunidades de paz y reunidas en el llamado Congreso de los Pueblos.

Su posición es que ni el gobierno ni la guerrilla les representan y piden que su voz sea oída de modo efectivo en la mesa de negociación -no con el simple envío de escritos, que es la única modalidad hasta ahora prevista.

Otra demanda esencial es que el primer objetivo de la negociación sea un alto el fuego. No podemos ya seguir sufriendo más una guerra de la que no somos parte -dicen.

Por último, estos movimientos temen que las conversaciones traigan la impunidad para los autores de crímenes de estado y piden un relato de la verdad, que tenga en cuenta su sufrimiento.

Estas organizaciones tienen una hoja de ruta que pasa por una serie de congresos populares que adoptan un marco normativo alternativo al estado existente. Su demanda de ser oídas en la negociación está más que justificada, pero, pese a lo amplio de la agenda negociadora, es claro que las conversaciones serían inviables si convirtieran en un proceso constituyente para el que, por otro lado, faltaría un mandato expreso. Parece que lo más razonable es que de las conversaciones salieran foros que produjeran cambios legisativos e incluso constitucionales.

Libre comercio y derechos humanos

El representante de Ecologistas en Acción insistió en que la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre la UE y Colombia y Perú redundaría en un reforzamiento del expolio de las tierras para satisfacer las demandas de las empresas agroindustriales. El tratado, en proceso de ratificación en el Parlamento Europeo, apenas si contiene una mención simbólica al respeto de los derechos humanos.

Los grandes obstáculos para la paz

La intervención más esclarecedora fue la del jesuita Javier Giraldo, defensor de los derechos humanos y permanentemente amenazado por ello. Giraldo sentó como signo de esperanza la extensión de la agenda negociadora, que toca los desafíos nucleares a los que se enfrenta Colombia. Y a continuación desgranó los obstáculos que aparecen en cada uno de los capítulos.

El más importante es el agrario. Aquí se oponen la estrategia de titularización de las tierras, promovida por el gobierno, con la defensa de los insurgentes (y con ellos muchas comunidades y movimientos sociales) de que la tierra no pueda ser enajenada y sea entregada a comunidades que desarrollen una agricultura sostenible.

Pero ante todo, el gran problema es de contexto nacional. Para una paz efectiva el estado tendría que descontaminarse de la influencia paramilitar y del narco, que permean todas las estructuras públicas.

Difícil, casi imposible se antoja el acuerdo, pero por lo menos sobre la mesa están los temas esenciales.

(Veáse en este blog La paz y las víctimas de la guerra de Colombia)

La paz y las víctimas de la guerra de Colombia


Septiembre nos ha llegado con una noticia esperanzadora, la apertura de un proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC.

La paz siempre es esquiva y en Colombia nunca nada es lo que parece. A este punto se ha llegado por la debilidad de la guerrilla y por la apuesta del presidente Santos por normalizar el país. Las FARC no están ni mucho menos derrotadas, podrían aguantar años y años autoalimentandose en las selvas y montañas. Sus métodos, como los inhumanos secuestros, generan el rechazo general. La guerrilla rural es un actor más en el gran negocio del narcotráfico, pero todavía es una alternativa a un estado que abandona a las poblaciones rurales. Su dirigencia parece haber entendido ahora que la victoria militar es imposible y que pueden tener un papel político una vez desmovilizados.

Convertirse en actores políticos es lo que han intentado todas las guerrillas en los procesos de paz. Pero después de la desmovilización los poderes que mandan en Colombia los masacraron. Así ocurrió con el M-19, así con la Unión Patriótica. Esta es la razón principal del fracaso de las múltiples tentativas de paz de los últimos 25 años.

Garantías a los desmovilizados es uno de los puntos a negociar. Pero no bastarán las garantías formales; hará falta un esfuerzo real del estado colombiano por desmontar los grupos paramilitares que son el brazo ejecutor de los viejos (ganaderos) y nuevos intereses oligárquicos (agroindustria). El proceso de desmovilización de los paramilitares ha resultado una farsa, con la reconstitución de viejos y nuevos grupos armados, que siguen asesinando impunemente. Cuando Uribe (reclutado ahora por Murdoch como antes lo fuera Aznar) no lo hace sólo por despecho político, sino como portavoz de esos poderes.

El proceso de paz  (véase acuerdo incrustado al final) parece bien planteado y es ambicioso. Desde el punto de vista procedimental usa de la experiencia internacional y busca la discrección. Lo peculiar es que se arranca sin tregua ni alto el fuego por ninguna de las partes. El riesgo es que ambos contendientes pueden buscar victorias militares que refuercen su posición, pero hagan inviable el proceso.

En cuanto al fondo, los temas a negociar son sustanciales:

  • Política de desarrollo agrario integral
  • Participación política
  • Fin del conflicto
  • Solución al problema de las drogas ilícitas
  • Víctimas

Realmente, si los negociadores fueran capaz de dar solución a todos estos problemas Colombia sería un nuevo país. Como siempre que en estos procesos se plantea un cambio en profundidad aparece la cuestión de la legitimidad de los grupos armados para hablar y negociar en nombre de toda la población. pero hay una voz siempre olvidada, la de las víctimas.

El conflicto (los conflictos, guerrillas, paramilitares, narcotráfico, crímenes de estado) ha dejado atrás a 30.000 desaparecidos y desplazados más de tres millones de personas. Algunas de las organizaciones que agrupan a las víctimas han dirigido una carta al presidente Santos, al secretariado de las FARC y al comando central del ELN.

Los que se presentan como víctimas de los crímenes de estado, se dicen esperanzados, pero denuncian que siguen sufriendo agresiones continuas en un clima de confrontación. Por eso piden:

  • Un alto el fuego bilateral
  • Garantías para la libertad de expresión de sus organizaciones
  • Concreción de los modos de participación ciudadana
  • Medidas de redistribución económica
  • Una Comisión de la Verdad
  • Alguna forma de refrendo de los acuerdos alcanzados

Estas demandas contrastan con el optimismo del mundo empresarial. La guerra contra las FARC puede haber costado cada año un 1% del PIB. La cuestión es en qué emplear el hipotético dividendo de la paz. Ciertamente, como proponen los empresarios, puede haber recursos para la innovación y mejorar los ingresos por turismo. Pero los representantes de los agricultores hablan de grandes inversiones, en un modelo de explotación agroindustrial que ha estado en el corazón del conflicto. Gran parte de esos millones de desplazados han perdido su pedazo de tierra, expulsados a sangre y fuego por ejército o paramilitares, para constituir grandes explotaciones, en especial de palma africana, destructoras de biodiversidad y enemigas de la sostenibilidad de las pequeñas comunidades rurales.

Colombia (en una tradición muy hispana) es especialista en dar a luz grandes textos (por ejemplo, la Constitución de 1971, la ley de restitución de tierras de Santos) que luego se quedan en nada. Ahora tiene la oportunidad de llevar a cabo un cambio real.