¿En quién confiamos? ¿En los medios o en los gobiernos?


¿En quién confiamos? Pues depende, en los medios, si vivimos en un país emergente, en los gobiernos, si vivimos en un país de democracia desarrollada. Este es al menos el titular más impactante de otra de esas encuestas globales que Reuters y BBC vienen encargando a GlobeScan.

En este caso, el objetivo era conocer el grado de confianza en los medios (puede descargarse la encuesta completa en pdf, resumen en BBC) en 10 países con muy distinto grado de desarrollo político y económico: democracias capitalistas altamente desarrolladas (Estados Unidos, Alemania y Reino Unido), países emergentes con democracias asentadas (Corea del Sur, Brasil e India) o todavía débiles (Indonesia), un gigante potenciales con democracia inestable (Nigeria), una democracia formal que se desliza hacia la autocracia (Rusia) y una autocracia subdesarrollada (Egipto).

Con poco más de 10.000 encuestas, no puede sostenerse que los resultados sean tendencias globales. Pero lo interesante es comparar resultados entre unos y otros países y en este caso las diferencias sí que son llamativas. En Reino Unido, Alemania y Estado Unidos ¡se confía más en los gobiernos que en los medios! En el resto, más en los medios que en los gobiernos.

¿El mundo al revés? Los resultados en esas tres democracias sugieren que los medios han dejado de ejercer su papel de «perro guardián» o que los ciudadanos perciben que han dejado de cumplirlo, volcados en convertir la información en espectáculo y doblegados por el servilismo político. Esa es una lectura. Otra, que los ciudadanos confían en sus sistemas políticos y en tiempos de crisis se cierra filas con gobiernos representativos.

En los otros países, puede que los gobiernos se perciban como menos representativos y a los medios como su mejor controlador. Pero tampoco pueden hacerse lecturas lineales, porque las diferencias entre países son importantes. ¿Cómo confiar en los medios egipcios si el gobierno los controla? Pues porque los periodistas egipcios, como hicieron en su momento los españoles, son maestros de escribir entre líneas.

Hay mucho más en esta encuesta. Los medios tradicionales siguen siendo los líderes en credibilidad, empezando por la televisión nacional. Los menos creíbles son los blogs (Reuters titula que están todavía lejos de la madurez). Dos tercios de los encuestados quieren estar informados regularmente, pero los medios digitales están a la cola de las preferencias, incluso entre los jóvenes (un 19%), aunque este grupo es mucho más proclive.

En fin, una lección de humildad para «digitales» y «tradicionales»

La voz de los hambrientos


Jean Ziegler ha puesto fin a su mandato como Relator Especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación con una enérgica denuncia de la hambruna que el alza del precio de los alimentos está ya ocasionando en decenas de países (EFE vía Terra y Google -por cierto, para cuando el acceso directo a la información de la agencia pública- y El País 29-04-08). Ziegler apunta como responsables a los biocarburantes (a los que califica como»crimen contra la humanidad»), a las políticas aberrantes del Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio y a la especulación. Unas horas después, la ONU presentaba un plan de urgencia para hacer frente a la crisis alimentaria.

Ziegler se despide de la primera línea (pasa a ser asesor del Comité Económico y Social de la ONU). Desde hace 25 años este suizo no ha dejado de levantar su voz contra las estructuras internacionales injustas. Lo hizo como diputado en el parlamento suizo por el partido socialista, hasta que sus conciudadanos dejaron de elegirle. Desde su escaño denunció la implicación de la banca suiza en el tráfico ilícito de capitales, lo que supuso romper todo un tabú en su país. Investigó, luego, la connivencia de Suiza con los nazis. En estos últimos años ha defendido desde la tribuna de la ONU hacer efectivo el derecho a los alimentos para toda la humanidad. Puede que a veces sus manifestaciones resulten poco matizadas, pero es el grito que surge de un corazón agraviado por la injusticia.

Tuve el honor de entrevistar a Ziegler hace unos diez años, cuando publicó en España «El oro nazi» (Ed. Planeta). La obra reconstruye la relación de la Alemania nazi con los banqueros suizos y sostiene la tesis de que sin sus servicios -divisas a cambio del oro y las riquezas expoliadas por todo Europa)- la guerra habría terminado mucho antes. En el libro se narra un episodio emocionante. Una tormenta de nieve paraliza un tren en el pueblo de Ziegler, Interlaken. Cuando los vecinos van a socorrer a los ferroviarios atrapados, el vendaval levanta una lona y muestra el cargamento, armas con destino a Alemania. Ziegler, un adolescente, inquiere a su padre, un juez defensor de los valores de la democracia helvética, cómo era posible que Suiza, ese santuario democrático, fuera lugar de tránsito para esos cañones y ametralladoras. Su padre se echó a llorar y esa imagen acompañará siempre a Ziegler y le hará cuestionarse los valores establecidos.

Echaremos de menos su voz.

Exagerar su número ofende a las víctimas


En su edición fechada el 12 de abril Le Monde publica una magnífica crónica de su corresponsal en Naciones Unidas, Philippe Bolopion, bajo el título «Les bilans de morts de guerres, enjeux politiques» («Las cifras de muertos de guerra, una apuesta política). En ella se analiza lo que muchos sospechábamos: intereses políticos y/o de organizaciones humanitarias tienden a inflar el número de víctimas de los conflictos armados. Cuando se dan cifras como la de 650.000 muertos en Irak detrás suele haber un estudio supuestamente serio, en este caso, uno de la revista Lancet. Pero estos estudios aplican no el recuento de las víctimas, sino técnicas o estadísticas o (como en el caso citado) epidemiológicas. Se trata de extrapolaciones, como las manejadas en las encuestas de opinión. La crónica enlaza con un conjunto de fuentes muy importantes.

Por citar la experiencia propia, durante los momentos álgidos de la guerra de Bosnia llegó a manejarse la cifra de medio millón de muertos. A mi no me cuadraba. Cada día, las agencias daban su parte. Las peores jornadas, los muertos eran una docena en Sarajevo, cuatro o cinco en Mostar, dos o tres en Bosnia Oriental, decenas si había alguna gran operación militar en Bosnia Central… Al terminar la guerra, se habló de 200.000 muertos. Hoy las estadísticas más ajustadas los reducen a 100.000. En el caso de Irak, la fuente más fiable me resulta BodyCount, que realiza un recuento diario de víctimas en hospitales y morgues y que, a día de hoy, 11 de abril, estima las víctimas mortales entre 82.725 y 90.251.

Un solo muerto debiera ser suficiente para provocar nuestra empatía y solidaridad. Los periodistas ofendemos a las víctimas cuando, llevándonos por el sensacionalismo o intoxicados por políticos o ongs, exageramos su número.

Imágenes de la globalización


PRIMERA IMAGEN

«Mientras los estadounidenses se preocupan por lo que cuesta llenar el depósito de gasolina, hay gente que tiene problemas para llenar el estómago»

¿Quién iba a pensar que nada menos que Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, iba a denunciar con esa frase lapidaria y un pan en la mano a los biocombustibles como culpables del alza del precio de los alimentos que amenaza con hambrunas en gran parte del mundo? Pues sí, él, que fue conspicuo alto funcionario de la administración Bush y embajador especial para la globalización comercial y negociador del ingreso de China en la Organización MUndial del Comercio, denuncia ahora los programas de Estados Unidos y la Unión Europea para sustituir combustibles fósiles por biocombustibles como una de las causas de la carestía de los alimentos básicos. Los biocombustibles basados en cultivos intensivos se están demostrando. además, como causantes de deforestación en Brasil o Indonesia y generan más CO2 con sus cultivos industriales del que ahorran. Pero esperemos que esta reacción justificada no se lleve por delante también otros biocombustibles, los basados en los aprovechamientos de los residuos agrícolas y forestales.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles. from www.reuters.com posted with vodpod

SEGUNDA IMAGEN

La carestía de alimentos enciende una ola de disturbios por todo el globo. De Indonesia, a Egipto. De Filipinas a Haití, donde ayer se registraron saqueos, como el de la imagen… La ira de los pobres y la represión de los ricos mata ya antes de que lo haga la hambruna que se pronostica… El director general de la FAO, Jacques Diouf, advierte de la gravedad de la crisis y convoca una cumbre mundial para el 3 de junio. Diouf propone una masiva transferencia de semillas a los países pobres y se escandaliza -con razón- de que el Consejo de Seguridad de la ONU no tome medidas para afrontar una crisis que amenaza la estabilidad mundial.

TERCERA IMAGEN

Capital tras capital, la llama olímpica sigue siendo recibida con protestas contra China. Pero lo que es más preocupante para el gobierno de Pekín es que a las manifestaciones callejeras se suman las condenas institucionales. Si ayer el Parlamento Europeo llamaba a que las autoridades europeas boicotearan la ceremonia de apertura, la Cámarar de Representantes de Estados Unidos hacía una condena aún más dura. Las autoridades chinas reaccionan con indignación. El anuncio de haber desarticulado un complot terrorista inspirado por Al Qaeda en la región de Xinjiang puede responder a hechos reales, pero también puede ser la señal del comienzo de una represión generalizada. El dragón chino se revuelve furioso y su ira no se proyectará contra los manifestantes de Buenos Aires o San Francisco sino contra los disidentes internos. En cualuqier caso el «espíritu olímpico» es la primera víctima. Es la última vez -anuncian desde el Comité Olímpico Internacional- que la antorcha saldrá del país anfitrión.

CUARTA IMAGEN

EFE

Y Gallardón, con la que está cayendo, en Pekín, buscando votos para Madrid 2016. Como cualquier alcalde o presidente autonómico que se precie, Gallardón viaja acompañado por un cortejo de periodistas cortesanos. Y, claro, todos le preguntaron por su amiga esperanza…

¿A nadie se le ocurriió preguntar por la situación de los derechos humanos en China?

¡Qué provincianismo¡

Esta es la primera entrada de una serie de «imágenes de la globalización». Otras entradas:

Piratas del Índico

La nueva gripe

Refugiados

Sri Lanka

Pakistán/Afganistán

La llama de la protesta


REUTERS/Patrick Kovarik/PoolLondres, París… La antorcha olímpica prosigue su regreso a Pekín en medio de las protestas. Exilados tibetanos y simpatizantes con su causa han interrumpido en ambas capitales el desfile. En París, al boicot se han sumado miembros de Reporteros Sin Fronteras. En algunos puntos del recorrido han aparecido chinos en apoyo del gobierno de Pekín y a punto se ha estado del enfrentamiento entre unos y otros manifestantes… Es previsible que incidentes semejantes se repitan en San Francisco y Camberra.

El periplo de la antorcha olímpica se ha convertido en un calvario para el gobierno de Pekín. Ningún acontecimiento tan global como los Juegos Olímpicos y, global, por tanto las protestas relacionadas. El barón de Coubertin quiso recrear el espíritu de paz sagrada de la Hélade desde planteamientos aristocráticos. Pero, como nos recuerda la BBC, casi desde su nacimiento y en la mayor parte de sus ediciones, los Juegos han estado bajo una doble tensión: la de los gobiernos organizadores, que han querido convertir su celebración en una baza propagandística; y la de los boicots políticos convocados por movimientos o estados. La más evidente utilización propagandística, la de los nazis en la Olimpiada del 36 en Berlín; el boicot más sonado, el encabezado por Estados Unidos y sus aliados a los Juegos de Moscú del 80. Los Juegos han desatado protestas internas, como las de los estudiantes en México en 1968, ahogadas en sangre; han sido también objetivo terrorista, en Munich, en 1972. Desde Barcelona en 1992 los Juegos han sido, sobre todo, la fiesta del capitalismo global, adobado con rivalidades nacionales. El «espíritu olímpico» se ha quedado en simple camaredería en el seno de los equipos -y eso cuando la hay.

Pekín vio en los Juegos la gran oportunidad para mostrar la potencia de la nueva China. Como en todas partes, se han afrontado nuevas infraestructuras, en este caso más gigantescas y realizadas en menos tiempo. Pero lo que los dirigentes chinos quizá no calcularon era su capacidad para gestionar la propia imagen del acontecimiento. De fronteras para dentro, la propaganda funciona; pero de fronteras para fuera la cosa es muy distinta. No se puede controlar la información ni se saben emplear los recursos más sofisticados de las relaciones públicas (la «propaganda por otros medios»).

La sesión olímpica empezó con la revuelta en el Tibet, que Pekín quiere reducir a una conspiración del Dalai Lama. El Tibet es el primer imán de las protestas. Pekín se enfrenta con una fuerza global: no tanto la de los grupos de tibetanos dispersos por el mundo, como la de la comunidad de los seguidores occidentales de laxas versiones del budismo -Richard Gere y compañía. Otra fuerz global es Falung Gong, poco presente estos días, pero que, sin duda, aparecerá en un momento u otro. Las ongs suponen otro vector global. Reporteros Sin Fronteras se ha destacado en su feudo de París, pero todas las grandes organizaciones de derechos humanos exigen cambios a Pekín

Nadie plantea el boicot a los Juegos, pero sí a la ceremonia de apertura. La última en apuntarse ha sido Hillay Clinton. La mayor parte de los gobierno saben que se juegan mucho en sus relaciones con China y miran para otro lado -véase la cara de póker de Gordon Brown ante la antorcha. Lo cual no quiere decir que en Washington no se estén divirtiendo y azuzando las protestas.

Para que las protestas internacionales influyeran en cambios reales en China el país tendría que ser una sociedad de opinión pública, y sólo parcialmente lo es. En el frente interno los dirigentes comunistas pueden estar más o menos tranquilos. Pero el objetivo de entronizar a China como paradigma de la globalización más avanzada puede no haberse alcanzado cuando la antorcha se apague a mediados de agosto.

Irak, Iraq… memoria de la destrucción


¡Ya ha empezado! Eran las tres de la mañana de la madrugada del 20 de marzo de 2003 y al otro lado del móvil, mi jefe, Daniel Peral, me advertía del temido momento: habían empezado los bombardeos.

Mirando la galería de fotos y vídeos de Reuters rememoro las difíciles semanas que siguieron. Pase la guerra en la Redacción de TVE, muy lejos de los riesgos físicos y morales del campo de batalla; pero, en cierta forma, también la Redacción se convirtió en un campo de batalla. Hacer información internacional para televisión tiene algunas ventajas. En el mundo siempre hay algún acontecimiento de primera magnitud y a estas alturas ese acontecimiento casi siempre tiene una imagen; pero la gran ventaja sobre cualquier otra es estar fuera del juego político nacional y de las presiones que conlleva. Hasta que el gobierno de un mediano país quiere jugar una dudosa carta estratégica y se suma como comparsa al Imperio. Entonces empiezan los problemas y la información internacional deja de ser ese territorio franco y despreciado. Empiezan las presiones y llega la voracidad de otras secciones por comerse parte del pastel informativo.

Las tres semanas de campaña (que no de guerra, que todavía sigue) fueron muy intensas y requirieron mucho esfuerzo, pero resultaron menos tensas que los meses que precedieron a los primeros bombardeos. Desde el otoño de 2002 la administración Bush daba señales que la decisión de la guerra estaba tomada y que sólo se trataba de venderla la opinión pública. En aquellos Servicios Informativos dirigidos por Alfredo Urdazi se privilegiaba todo aquello que mostrara la maldad de Sadam y su régimen -disidentes iraquíes refugiados en España aparecían cada día como por ensalmo- y todo los que demostrara la existencia de armas de destrucción masiva y la vinculación con Al Qaeda. Se mininizaba, en cambio, cualquier iniciativa diplomática, se infravolaban los informes de los inspectores de Hans Blix y El Baradei. A los informes del desaparecido Comité Antimanipualación (recogidos en la página del Consejo Provisional de Informativos ) me remito. Se llegó a extremos tan ridículos como -a la hora de unificar grafías- escoger Iraq en lugar de Irak, porque Iraq se escribe en inglés e Irak en francés -ya se sabe, Francia era paladín de la no intervención.

Permítaseme el recordatorio de algunas de las imágenes que se guardan en mi memoria.

La primera guerra del Golfo, 1991. Los bombardeos en la noche verdosa… los ataques aéreos convertidos, por primera vez, en vídeo juegos… Peter Arnett desde la terraza del hotel en directo practicando una diplomacia oscura e indirecta… los soldados iraquíes que se rinden y besan la mano a sus invasores… la carretera de la muerte, Quwait-Basora, todo un ejército reducido a chatarra y la chatarra no nos dejaba ver la carnicería.

El éxodo kurdo, 1991. Cientos de miles de personas vagando por montañas nevadas; un pueblo sin estado, desconocido y olvidado; una información tematizada como «catástrofe humanitaria»; un corolario, la «intervención humanitaria»; una consecuencia, la «exclusión aérea»; un resultado final, el estado kurdo de hecho y la desmembración de Irak.

Los años del olvido, 1991-2002. Irak se desdibuja informativamente; poca información sobre la reconstrucción (en un par de años Irak se reconstruyó a unos niveles impensables en la segunda guerra); algo sobre el bloqueo, cuando los iraquíes invitaban a equipos de televisión occidentales, que nos mostraban niños que morían sin los medicamentos embargados -propaganda iraquí, decíamos; crisis recurrentes con retirada de inspectores y diplomáticos y bombardeos conforme a los avatares de la política interna estadounidense y los líos de faldas de su presidente; «petróleo por alimentos» y su escándalo.

Preparando la guerra, septiembre 2002-2003. Continuas filtraciones de informes de servicios secretos, «revelaciones» de exilados iraquíes; «analistas» y «expertos» proclamando la amenaza apocalíptica de Sadam; el elegante Villepin, con su estupendo castellano, y sus movimientos diplomáticos en contra de la intervención; los llamamientos de Juan Pablo II; la movilización global contra la guerra; el rídiculo espectáculo del power point de Powell en el Consejo de Seguridad; la foto de las Azores.

La campaña militar, marzo-abril 2003. Otra vez imágenes verdosas de bombardeos; otra vez las «armas inteligentes», no lo suficiente para no masacrar civiles; otra vez los «vídeo juegos de bombardeos»; el avance anglo-norteamericano parado en Nasiriya; el niño Alí, sin brazos ni piernas ni familia, convertido en personaje mediático; la soldado Lynch, víctima de las balas iraquíes y de la propaganda del Pentágono; la muerte de Couso y las presiones para presentarla como un «trágico accidente»;otra vez los que se rinden besan la mano de los invasores, prisioneros que sí pueden ser mostrados en la televisión; no, en cambio, «los nuestros» «secuestrados» por los iraquíes, cuya imagen sí que estaba protegida por la Convención de Ginebra; Sadam paseándose ausente por un Bagdad espectral; su estatua derribada y la «toma en directo» de Bagdad.

La destrucción de Irak, 2003-2008. El saqueo, la destrucción, la rapiña del tesoro artístico; «Misión cumplida»-Bush dixit; las primeras redadas; los primeros enfrentamientos; la bomba contra el edificio de la ONU y la muerte de Vieira de Mello (un secretario general de la ONU en ciernes) preludio de lo que habría de venir; las carnicerías cotidianas; las peregrinaciones chíies; Paul Bremer, con traje y botas Panamá Jack, bajando del avión protegido por contractors (eufemismo de mercenarios); los contractors colgados del puente de Faluya; los agentes del CNI «asesinados por terroristas» (otro momento infomativamente difícil); ¿donde están las armas de destrucción masiva?;el «caso Kelly»; el ejército del Mahdi; los «daños colaterales» que matan a decenas de personas que asistían a una boda, confundidos con terroristas; la violencia sectaria; la orgía sangrienta de los vídeos yihadistas; la voladura de la mezquita de Samarra; la huída de los periodistas; la infamia de Abu Ghraib; el cansancio, el aburrimiento, Irak ya no es noticia…

«La situación en Irak (¿o en Iraq?) no es idílica, pero sí es muy buena» -Aznar dixit.

5 años de guerra en Irak


A punto de cumplirse en quinto aniversario del ataque anglo-norteamericano contra Irak, se suceden informaciones, reflexiones y análisis.

Quiero traer aquí el multimedia preparado por Reuters, por la calidad de todos sus materiales (fotos, vídeos, mapas, cronología-línea de tiempo y recursos en la red), pero, sobre todo por los testimonios de sus periodistas. Me quedo con el de Samia Nakhoul, superviviente del ataque en el que murió Couso. Magnífica interrelación en el relato de fotos, vídeos y testimonios.

 

 

Dando testimonio – Bearing Witness: five years of the Iraq War

No callar la voz de las víctimas de Colombia


manifestación en Bogotá -AFPDespués de la movilización global del 4 de febrero contra las FARC, las víctimas de todas las violencias políticas quisieron hacer su vox, como ya recogí en este blog. Ayer, 6 de marzo las víctimas de los paramilitares -15.000 muertos y desaparecidos- salieron a las calles de Colombia. En Bogotá (la capital del país con mayor número de desplazados del planeta por la violencia política, nada menos que 4 millones) se reunieron 40.000 personas, en una marcha que no contaba precisamente con el beneplácito del poder ni de los medios de comunicación. Hubo también marchas o concentraciones en otras 60 ciudades a lo largo del mundo. En Madrid, la concentración contó con la presencia del jesuita Javier Giraldo, coordinador del banco de datos de violencia política y destacado defensor de los derechos humanos.

Este comentario viene a cuento del desinterés de los medios españoles. De todos los grandes diarios sólo recogen la noticia El País y El Mundo, pero como simple foto acompañada de un pie informativo. Todos los diarios llevan abundante información del conflicto Ecuador-Colombia-Venezuela, con crónicas (El País, La Vanguardia) de corresponsales o enviados especiales muy críticas con Chávez. Entre las televisiones, sólo TVE difundió una crónica de su corresponsal en Bogotá en el telediario de las nueve de la noche del jueves. Por supuesto ningún medio se refiere a la concentración de Madrid.

¿Son todas las víctimas iguales para los medios?

(Más información en Pepitorias)

Adiós a Paisly


No Surrender! ¡No nos rendimos!… Ese grito del reverendo Paisly, casi un ladrido arrastrado con el peculiar acento de Belfast, ha sido una constante sonora en el último medio siglo de Irlanda del Norte. Un lema que representa como ninguno la mentalidad de sitio en la que ha vivido la comunidad protestante, convencida por figuras como Paisly, de que Londes, el Vaticano y Dublín se habían confabulado para hacerles desaparecer, para sacrificar sus costumbres y privilegios.

El No Surrender! era el grito de guerra de las masas protestantes durante los troubles, los disturbios, esa larga etapa histórica que comenzó con las marchas de los derechos civiles de los republicanos católicos y siguió a lo largo de 40 años con los progroms lanzados por los protestantes unionistas, la reconstrucción del IRA, la intervención del ejército británico, el terrorismo del IRA, el terrorismo de los paramilitares protestantes, la violencia sectaria, la violencia de baja intensidad imbricada con el narcotráfico… Una guerra comunitaria, librada por las masas trabajadoras católicas y protestantes, y que el reverendo contribuyó a mantener viva. Su odio a los «papistas» era proverbial; difícilmente concedía una entrevista a medios considerados católicos, por ejemplo, las televisiones españolas, pero cuando lo hacía no dejaba de ser cordial.

Paisly-McGuinnesPaisly se va de la política a sus 82 años. En su última etapa demostró que podía ser un político pragmático, pactando con el Sinn Fein, sus enemigos seculares, el gobierno autónomo de la provincia. Antes derrotó en la urnas al partido dominante de la comunidad unionista, el Ulster Unionist Party y a su líder David Trimble. Ha sido su buen entendimiento con el Sinn Fein y con el republicano McGuinnes, con el que comparte la cabeza del gobierno autónomo, y los escándalos de su hijo, los elementos que han puesto en cuestión un liderazgo de medio siglo.

Paisly era uno de esos «auténticos», de los que Alberto Marinero hablaba en un comentario en este blog. Se marcha tras haber logrado el poder, pero el Ulster que deja no tiene ya nada que ver con el que defendió. Paisly, como las marchas de los orangistas, era ya un residuo floklórico. Pero, ¡ojo!, ese folklorismo, esas esencias nacionales, religiosas, culturales… pueden ser, en cualquier momento y lugar, las ascuas que enciendan nuevos fuegos.

Otra vez el holocausto… Que poco aprenden los pueblos


Cómodamente sentado en mi sillón soy espectador, una vez más, de las terribles imágenes del tormento a que se ve sometido el pueblo palestino. Gaza, la mayor prisión del planeta, es reiteradamente bombardeada y su población masacrada. La muerte y sufrimiento de los más inocentes, los niños, nos conmueve, pero la matanza sigue, como algo natural, como la «respuesta» a los ataques con cohetes Kassam a territorio israelí, que el gobierno de Olmert pretende presentar como lucha contra el «terrorismo» palestino.

El viceministro de defensa israelí, Matan Vilnai, ha sobrepasado esa justificación arquetípica, tan homologable en Washington, y ha entrado en un terreno simbólico nada favorable a los israelíes, al amenazar a los palestinos con la «shoah«, el holocausto, si siguen disparando sus cohetes artesanales contra Israel.

Que la población de origen judio de Europa fue objeto del genocidio nazi, está fuera de discusión. No fue un genocidio exclusivo, lo sufrieron también los gitanos y los homesexuales y en cierta medida los pueblos eslavos, pero de todos ellos el genocidio judio fue el más sistemático, el más premeditado. El movimiento sionista justificó en ese genocidio su derecho a un estado propio y el genocidio paso a convertirse en holocausto, shoah en hebreo, y adquirir connotaciones no ya simbólicas, sino plenamente religiosas. El pueblo judío había sido sacrificado y eso convertía a los supervivientes, «el resto de Israel» en términos bíblicos, el derecho a un estado propio en el que ya nunca volvieran a ser extranjeros, un estado propio construido por pioneros socialistas (sionismo) o concrección de la Tierra Prometida porn Yahvé (religiosos, revisionistas).

Negar el holocausto es delito en muchos países europeos, y aunque es una cuestión controvertida a la luz de la libertad de expresión, creo que esa garantía es de justicia para la víctimas y una verdad que se debe a las jóvenes generaciones.

Cuando Matan Vilnai amenaza con holocausto no hace sino expresar que las víctimas del genocidio, porque lo fueron, hoy pretenden arrogarse el poder de someter al genocidio a otro pueblo… que los antiguos esclavos de Egipto vuelven a estar dispuestos a exterminar a los cananeos que habitan en la Tierra Prometida.

El presidente palestino Mahumd Abbas denuncia que lo que ocurre en Gaza es peor que el holocausto. Genocidio es la exterminación sistemática de un grupo humano (grupo étnico, religioso, político o diferenciado de alguna manera, por ejemplo, por su orientación sexual. ¿Es genocidio lo que sufren los palestinos?. En sentido jurídico estricto puede que no, pero estos actos son, sin duda, crímenes contra la humanidad.

¿Hasta cuando los israelìes, religiosos o laicos, van a consentir que se cometan estos crímenes en su nombre invocando la shoah?