Wikileaks desmitificado


Los habitantes del ciberespacio tienden a magnificar cualquier acontecimiento. WikiLeaks desborda el ciberespacio y seguramente marcará un antes y un después en el manejo de la información pública. Nos ha confirmado que el Imperio es poderoso y sus vasallos poco dignos. Nos obliga a replantearnos toda la cadena de producción periodística, de las fuentes a la publicación. Pero no está de más dismitificar un poco. Y para ello, sin que sirva de precedente reproduzco aquí algunos de los párrafos del artículo de Daniel Peral en Europa en Suma. Un poco de vitriolo nunca viene mal.

WIKILEAKS. EL FILTRADOR, FILTRADO.

Por Daniel Peral

Convendría centrar la discusión, porque, en caso contrario, podríamos  pensar que estamos ante “o maior acontecimento da historia da humanidade”, que diría un portugués.

La aldea global se ha dividido, como en la primera guerra mundial entre aliadófilos y  germanófilos, entre detractores y partidarios de Wikileaks.

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Faltan más filtraciones, por ejemplo: que papel jugó Goldman Sachs en la caída de su rival, Lehman Brothers, el taponazo de la crisis financiera. ¿Era necesario que cayera esa entidad y la otra no? ¿Se trató, como han señalado algunos medios, de una guerra entre gigantes, crisis de hipotecas-basura aparte?

Queremos fugas del trabajo de la silenciosa y efectiva diplomacia China que desprecia la situación de los derechos humanos en África, donde tiene ya un millón de trabajadores y de donde saca petróleo, madera, gas, coltán, y de los ciberataques de Pekín, ayer contra Google y Facebook, ahora contra Skype. Paradójico ¿no?, cuando ellos fabrican los ordenadores y móviles de última generación, pero no permiten a los chinos tener acceso a las nuevas redes sociales .Queremos conocer todas las interioridades del despótico régimen ruso, y, como me dice un amigo que vive desde hace años en Calcuta (pronúnciese Galkata), de la inmensa corrupción política de la emergente y aparentemente modélica India.

Queremos conocer la contaminación real de nuestros grandes bancos, los españoles, por el virus del ladrillo En  fin, queremos desayunarnos cada día con un escándalo y saber lo malos que son y somos todos.

Por cierto, poco se ha filtrado de como Israel ha “toreado” de nuevo a los EEUU, en esta ocasión al inicialmente firme Obama, que pedía el fin de la expansión de los asentamientos judíos en tierra palestina para resucitar al difunto proceso de paz. Antes, cayeron Bush padre y  Clinton; con W no había problemas. No hemos visto ninguna queja de los diplomáticos por la brutal expansión de las colonias y las condenas de los palestinos. Sólo, la preocupación de Israel, su miedo escénico e histórico, frente a los misiles y el arma nuclear iraní ¿Curioso, no?

Los fanáticos de la nube consideran que la historia cambia cuando aparecen ellos, que nada será igual después de Wikileaks, como aquella tontería de Fukuyama de que la historia había llegado a su fin con la caída del muro de Berlín y el triunfo del capitalismo como Sistema Único, que traería la paz y la concordia global al mundo. Lo estamos viendo. Lo fans de lo global no recuerdan la invención de la escritura en aquellas modestas tablillas de barro, la de la rueda, el fuego o la pólvora. Nadie dijo en su momento que la historia había cambiado. No tenían relatores globales, Wikis, ni iPhones que lo contaran.

Uno de los acontecimientos más importantes de finales del siglo XX, con gigantescas consecuencias, queridos jóvenes y jóvenas, entusiastas ahora de las Wikifugas, se produjo sin la red social, sin Internet, sin teléfonos móviles, ni de los antiguos ni de los “inteligentes”. Y fue hace nada, sólo 20 años. Fue un movimiento creciente de protesta de los alemanes del Este, los héroes de aquella revuelta, por el boca a oreja, como se dice ahora, en la que no hubo ni un muerto ni un herido y que acabó con los regímenes “socialistas” del Este de Europa, la economía  planificada, los sueños del viejo filósofo de Tréveris, con siglo y medio de luchas obreras. Aquellas gentes abrieron grietas en el muro de Berlín. Lo que no sabían los pobres, y  nosotros tampoco, es que con ese momento histórico, de verdad, de lo buenos, daban carta blanca al capitalismo brutal, el único sistema que quedaba y cuyas consecuencias estamos viviendo desde 2007

 

(Como aperitivo es suficiente. Os remito de nuevo a la lectura del texto completo)

El Sahara después de Agdaym Izik


Nada volverá a ser igual en el Sahara después de la represión marroquí al campamento de Agdaym Izik

Los saharuis llevan 35 años sin poder ser soberanos en su propia tierra, sufriendo el exilio eterno o la ocupación, víctimas de un Marruecos que proyecta todas sus carencias y frustraciones en el territorio, de una España irresponsable y de Polisario que ha terminado por convertirse en el gestor de la dependencia de la ayuda internacional. Un pueblo que merece un destino mejor.

Es pronto para avanzar conclusiones sobre todo en plena desinformación y guerra de propaganda, pero se apuntan ya algunas tendencias: necesidad de ampliar la misión de la ONU a la protección de los derechos humanos, involución en Marruecos, una España más débil en sus relaciones con el vecino del sur, un reforzamiento de la resistencia interna… y unas malas prácticas generalizadas en la verificación de fuentes por parte de los medios españoles.

Proteger a los saharauis

Las autoridades marroquíes han desatado una represión que supone graves violaciones de los derechos humanos. Asesinatos, palizas y detenciones indiscriminadas. Con la información existente hablar de genocidio o exterminio sistemático -como hacen los activistas prosaharauis- parece una distorsión propagandística. Habrá que ver si los detenidos terminan por convertirse en desaparecidos en cárceles clandestinas como tantas veces ha ocurrido en la historia de Marruecos.

La gravedad de las violaciones de los derechos humanos justifica la intervención internacional. No se trata de invocar la siempre conflictiva cláusula de la responsabilidad de proteger que tiene todo Estado en relación a su población que no deja de ser una limitación a su soberanía. Marruecos es simple potencia administradora de hecho, no el estado soberano del territorio -pese al desliz del ministro Jaúregui.

El Consejo de Seguridad de la ONU debe intervenir cuando en un territorio pendiente de descolonizar la potencia administradora viola los derechos humanos. La única acción viable sería ampliar la misión de la MINURSO para que tuviera competencias en materia de protección de los derechos humanos, por la que los saharauis llevan clamando desde hace mucho. No estoy muy seguro de que la MINURSO hubiera sido capaz de proteger eficazmente a la población en una situación tan conflictiva como ésta, pero sin duda hubiera sido un relativo freno a la represión.

La única potencia que podría imponer esta situación a Marruecos es Estados Unidos, pero la Administración Obama parece concentrar sus esfuerzos en una falsa coreografía de conversaciones de paz en Oriente Próximo. Para el Sahel parece apostar por una estrategia de refuerzo militar de los regímenes amigos a costa de los derechos humanos. No parece, en consecuencia que el sistema de Naciones Unidas vaya a aportar una protección efectiva, sin perjuicio de que, por ejemplo Argelia, planteara una demanda en la Comisión de Derechos Humanos.

La protección de los saharauiss depende pues de sus propias redes sociales y de la acción de activistas que, como se ha visto en esta crisis, tienen muy poca experiencia y pertenecen a organizaciones bastante débiles. Amnistía Internacional o Human Rigths Watch debieran de tomar acciones contundentes, como la de intentar enviar comisiones de investigación a su territorio.

Involución marroquí

Existe un riesgo cierto de que el reinado de Mohamed VI vuelva a los «años de plomo». El desmantelamiento del campamento, con las muertes de policías, parece una operación mal preparada y peor ejecutada. Puede que sólo sea incompetencia; puede que se buscaran esas muertes para justificar una represión a sangre y fuego. Si las fuerzas políticas y sociales se envuelven en la bandera nacional y legitiman una represión indiscriminada echaran por la borda la limitada apertura política, con consecuencias internas.

España pierde

La pusilánime diplomacia española no hace sino mostrar la dependencia de España de Marruecos. El talón de Aquiles siguen siendo Ceuta y Melilla. ¿Cuánto tiempo va a pasar hasta que Marruecos orqueste algún incidente grave en esas fronteras -fronteras de la vergüenza por las condiciones en que se desarrolla el pequeño comercio?. Un Marruecos más cerrado y menos respetuoso de los derechos humanos será un interlocutor mucho más difícil.

La resistencia saharaui

Como en todo conflicto donde un movimiento de resistencia actúa desde el exterior llega un momento en que la iniciativa pasa al interior. Esto es lo que ocurrió en Palestina en la primera Intifada o lo que pasó en España con fenómenos como CCOO o la renovación del PSOE del interior. Y eso es lo que está ocurriendo desde hace varios años en los territorios ocupados saharauis. Hasta ahora ha tenido una dimensión social, con figuras como Aminetu Haidar, pero la represión que ahora se desarrolla forzará a la creación de una resistencia clandestina que, por muchos lazos que pueda tener con el Frente Polisario, será cada vez más independiente de él.

De ese movimiento social se había desgajado una corriente favorable a aceptar la autonomía propuesta por Rabat. Hoy estas mismas personas critican abiertamente (por ejemplo en entrevistas en TVE) que las autoridades hayan alentado los ataques de los colonos marroquíes contra la población. Hoy la autonomía es más inviable y se ha abierto una brecha muy difícil de cerrar entre pobladores originarios y los colonos marroquíes.

Cualquier solución pasa por un triángulo de negociación Marruecos-Polisario-Resistencia Interna, lo que complica todavía más una componenda satisfactoria para todos.

Entretanto, no es despreciable la radicalización de esa resistencia interna y su infiltración por redes yihadistas. Marruecos lleva años haciendo propaganda sobre esa supuesta presencia y con sus actos lleva camino en que se convierta en una profecía autocumplida.

La guerra de la propaganda

Capítulo aparte merece la guerra de propaganda. Marruecos decreta el bloqueo informativo y encuentra su chivo expiatorio: los medios españoles. Pero hay que decir que los medios españoles se lo están poniendo fácil con la publicación de fotos que no corresponden al conflicto. El caso demuestra unas malas prácticas generalizadas en cuanto a la verificación de las fuentes y especialmente de los contenidos obtenidos en Internet.

Tomemos el caso de las fotos de niños heridos en Gaza en 2006. El País la publica el vienes 12 de noviembre en su página 5 (no el miércoles como se dice en la rectificación, que ni en eso aciertan) y rectifica el 13. Por lo que parece varios diarios publican la foto distribuida por EFE, que la habría obtenido de la organización Thawra. En su rectificación, esta organización asegura que Marruecos está filtrando fotos falsas. ¿Una trampa de los servicios secretos marroquíes? Puede ser, pero lo que es seguro es que alguien hizo circular esa fotos en las redes sociales y que los medios profesionales incumplieron las más elementales obligaciones de verficación y publicaron estas fotos sin referencia a la fuente, como sus propios libros de estilo les exigían.

“Esto ilustra los peligros de los medios cuando confían sólo en una fuente, especialmente cuando esa fuente es parte en el conflicto y la información no puede ser verificada de manera independiente”, ha dicho Aidan White, secretario general de la Federación Internacional de Periodistas, en un comunicado en el que pide más exactitud en la cobertura de la crisis.

Bastaría haberse fijado un poco en las fotos de los niños para detectar que, por ejemplo, no aparecía nadie con los ropajes propios del Sahara. Si la foto hubiera pasado por las manos de un editor gráfico o un redactor especialista en internacional que en su momento hubiera seguido el ataque israelí a Gaza seguramente esas fotos no se hubieran publicado. Pero por lo que parece lo que cuenta es quien copia y pega más rápido.

Wikileaks, la guerra de Irak y el replanteamiento de la investigación periodística


WikiLeaks ha hecho públicos está madrugada 391.000 documentos clasificados de la guerra de Irak (Irak  War Logs). La guerra de Irak se ha convertido así -en los términos utilizados por The Guardian- en la guerra más documentada de la historia.

USArrests_Zoriah/Flickr

Guerra a los derechos humanos

Los archivos de Afganistán permitieron documentar y dar su dimensión real a hechos que básicamente ya se conocían, cómo los ataques a civiles. En el caso de Irak, los registros militares permiten establecer datos claves, como el número de víctimas mortales (109.000, 63% civiles).

Muestran, sobre todo, cómo Estados Unidos renuncia a investigar y, por tanto evitar, los abusos, torturas sistemáticas y asesinatos perpetrados por las fuerzas iraquíes en la guerra sectaria desatada por la invasión.

Cabe poca duda que si estas atrocidades se cometían cuando los iraquíes no eran responsable de la seguridad, ahora esas prácticas estarán perfectamente aceptadas en el embrión de estado iraquí, que los norteamericanos van a dejar atrás después de su (parcial) retirada.

Las revelaciones vistas por los medios

Como en el caso de los documentos de Afganistán, WikiLeaks ha dado acceso previo durante semanas a un conjunto de medios seleccionados por su influencia global y especialmente en Estados Unidos y Reino Unido. La Columbia Journalism Review da un primer resumen de sus trabajos. Y como ocurriera con Afganistán cada uno se centra en distintos aspectos para terminar dando una imagen distinta de la guerra. Cada cual, según su orientación, escoge una pieza del rompecabezas que componen los documentos.

The New York Times detalla el espantoso retrato de la muerte de civiles, pero enfatiza que estas atrocidades se produjeron por las fuerzas iraquíes y, sobre todo, destaca la implicación de Irán  en la guerra sectaria.

El especial de The Guardian puede resumirse con el titular Cinco Años de Carnicería. Pone especial énfasis en la investigación de la muerte de 15.000 civiles, hasta ahora desconocida y. sobre todo, en la orden de no investigar cualquier denuncia de abusos en los que las tropas de la coalición no estuvieran implicadas.

Al Jazeera insiste en la impunidad de las fuerzas iraquíes e investiga la muerte de 680 civiles en controles.

Der Spiegel presenta un mapa del horror e investiga algún episodio concreto como el ataque por un helicóptero en el que murieron varios periodistas.

The Bureau of Investigative Journalism, una organización británica sin ánimo de lucro, convierte los datos en una colección de reportajes, como el de niños con sídrome de Down utilizados como bombas humanas. Channel 4, la única televisión con acceso previo a los documentos, ha producido un documental que emitirá el lunes.

Replanteamiento de la investigación y las fuentes periodísticas

La Columbia Journalism Review ya contó la intrahistoria de la publicación de los domentos de Irak, cuyo esquema ahora se repite. WikiLeaks, un agregador de información y documentos secretos, que, por su propia naturaleza, garantiza confidencialidad a sus fuentes, puso a disposición de una selección de medios la masa de documentos obtenidos antes de hacerlos públicos. Estos tuvieron semanas para bucear en ellos, investigar aspectos concretos y, sobre todo, aplicar sus herramientas de tratamientos de datos (data journalism) para dar sentido a toda esa información.

A partir de esa montaña de datos se pueden realizar reportajes de investigación tradicionales, como hacen varios de los medios citados. Pero como pone de manifiesto The Guardian con sus trabajos el la manera más completa y global para dar sentido a lo que los militares norteamericanos documentaron en cientos de miles de registros. The Guardian sintetiza todos estos datos en tablas y un terrible mapa que localiza una a una las muertes. Por supuesto, a partir de esas tablas y mapas, cualquiera, periodista o no, puede elaborar sus propios trabajos y conclusiones.

Parece que en esta ocasión WikiLeaks y los medios han puesto especial cuidado en evitar que aparezcan nombre comprometedores. Organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, denunciaron en su momento que al no haber eliminado los nombre de los colaboradores afganos se ponía en peligro su vida. Las denuncias dieron lugar a una agria polémica entre Assange y estas organizaciones.

Der Spiegel razona la legitimidad ética de publicar estos documentos. Es -viene a decir- el más auténtica registro que puede conseguirse de la guerra y su publicación no pone en peligro la vida de nadie.

El esquema tradicional se ha alterado. Aparece un intermediario a las fuentes confidenciales, WikiLeaks, que además, en en cierto modo, un medio de difusión, aunque no reelabora los datos. Algunos medios, por su grado de influencia, tienen un acceso privilegiado y marcan la línea informativa dominante. Los medios ya no tienen acceso ni investigan directamente a las fuentes.

El derecho a saber del público gana, pero quedan preguntas en el aire. Por ejemplo, ¿llegará WikiLeaks a cobrar por ese acceso preferente?

Seguridad democrática en Palestina


La baza más consistente que la Autoridad Nacional Palestina ofrece a la comunidad internacional en su demanda de un estado es el funcionamiento de las instituciones y la restauración del orden público en las zonas de Cisjordania que controla. The International Crisis Group acaba de publicar un informe (Squaring the circle: palestinian security reform under occupation) que pone de manifiesto las luces y sombras de esta situación y recomienda la adopción de una serie de medidas a las autoridades palestinas y a Israel.

Estos son los puntos esenciales del informe:

– La Autoridad Nacional Palestina (ANP) ha restablecido el orden y una autoridad central y ha desarmado a las milicias. La vida ordinaria se desarrolla con mayor seguridad y ello es apreciado por todas las capas de la población.

– La ANP mantiene una estrecha relación con las fuerzas israelíes. Esta colaboración con el ocupante es vista como humillante por la población.

– La ANP permanece inerme ante las incursiones israelíes y ni siquiera sus fuerzas de seguridad pueden protegerse de la violencia de los colonos.

– En el restablecimiento del orden público, las fuerzas de la ANP han llevado a cabo frecuentes violaciones de los derechos humanos. Los miembros y simpatizantes de Hamas han sido perseguidos y el pluralismo político anulado.

Recomendaciones

– A Israel: permitir que la policía palestina amplíe su área de actuación, limitar las incursiones a los casos de un ataque inminente y poner fin a la violencia de los colonos contra los palestinos.

– A la ANP: poner fin a la tortura y otros abusos, someter a las fuerzas de seguridad a un código de actuación respetuoso de los derechos humanos, fortalecer una autoridad judicial independiente y eliminar los certificados de buena conducta expedidos por la policía.

– A Estados Unidos y la UE: insistir en el respeto de los derechos humanos y apoyar el desarrollo de una justicia independiente.

En fin, si un solo estado democrático es inviable, la construcción de un estado palestino no puede pasar solo por la seguridad, sino también por el respeto de los derechos humanos.

¿Dos estados étnicos o un estado democrático en Palestina?


Comienzan las enésimas negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Son las conversaciones de Obama. Los dos interlocutores van a hablar porque se lo exige (los palestinos) Estados Unidos o por «cortesía» (los israelíes) con el presidente norteamericano.

Las perspectivas son tan malas como siempre. En el contexto inmediato los negociadores son débiles. Abbas tiene su mandato caducado y Netanyahu depende de una frágil coalición. Y aunque la situación es más tranquila que en otras ocasiones, el contencioso nuclear iraní amenaza con incendiar la región, la tensión en la frontera de El Líbano es creciente y ya se han producido los primeros ataques contra colonos en Cisjordania, que, con su proverbial manejo de la propaganda, han reivindicado tanto el brazo armado de Hamas como el de Fatah.

Los contenciosos de fondo son tan irresolubles como siempre. Israel no cederá tierra, no admitirá ningún regreso de refugiados ni la capitalidad árabe en Jerusalén este. ¿Cuál sería la base de un acuerdo? Reconocer la estatalidad a lo que queda de Cisjordania, que el primer ministro Salam Fayad controla desde el punto de vista de la seguridad y en la que ya funcionan unas instituciones públicas que han mejorado notablemente el nivel de vida de la población. Sería un estado separado de Gaza (donde la constitución de un emirato islámico sería un buen pretexto para seguir controlando a Cisjordania), sin continuidad espacial, recorrido por el muro, con controles y carreteras israelíes para proteger las colonias, con bases militares israelíes en el valle del Jordán y en el que Estaos Unidos no reconocería el posible triunfo electoral de Hamas. Como concesiones Israel podría levantar algún asentamiento marginal o ceder un trozo de desierto a los palestinos. En fin, un batustán que de estado no tendría más que el nombre.

La solución de dos estados separados por las fronteras de 1967 se ha hecho inviable por la colonización israelí de Cisjordania. La alternativa sería un solo estado en todo el territorio histórico de Palestina. Hoy, Israel es un estado donde el laicismo de los fundadores sionistas ha sido arrumbado por la marea religiosa. Un objetivo israelí en estas negociaciones puede ser que se reconozca a Israel como «estado judio», lo que colocaría a sus ciudadanos árabes en una posición de aún mayor inferioridad jurídica. La política israelí está dominada por los fundamentalistas religiosos y no existe una verdadera separación entre religión y estado. Del lado palestino, nada queda del nacionalismo laico de Fatah.

Un estado unificado ofrecería un territorio suficiente para el desarrollo de los dos pueblos y un marco democrático para construir una sociedad interétnica. Un estado democrático salvaría a israelíes y palestinos de la deriva fundamentalista. Edward Said fue uno de los primeros en defender esta solución. Hoy, un grupo de judíos y palestinos han puesto en marcha la Declaración para un Estado Democrático, a la que he llegado desde la página del músico Gilad Atzmon, que se declara ex israelí  y es un buen ejemplo del tipo de personas que apoyan esta alternativa.

Pero que esa sea la solución ideal para ambos pueblos no quiere decir que sea viable. Los que la defienden son minorías entre minorías. Ni Hamas, ni los jasedim judíos, ni -para que engañarnos- una mayoría de palestinos e israelíes quieran convivir juntos.

Sus defensores traen a colación el ejemplo de Saudáfrica, donde el apartheid separó a las comunidades y la democracia las ha unido. Mientras llega un Mandela, preparémonos para un estéril baile democrático, uno más.

Verdad en el Domingo Sangriento


«Injustificada e injustificable»

Han tenido que pasar 38 años para que el gobierno británico acepte que el 30 de enero de 1972 sus paracaidistas mataron sin justificación alguna a 13 manifestantes católicos en el barrio de Bogside, Derry, Irlanda del Norte.

Injustificada e injustificable fue la matanza, en palabras del nuevo primer ministro conservador, David Cameron, que ha pedido perdón, algo que durante estas cuatro décadas han estado esperando los familiares.

Vale la pena ver el montaje de la BBC con el discurso de Cameron, en paralelo con la multitud reunida en Derry para escuchar los resultado del informe Saville (documento), que, por fin, ha establecido la «verdad oficial»

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

El simbolismo del Domingo Sangriento

La matanza supuso un punto de no retorno en el conflicto de Irlanda del Norte. Los jóvenes militantes de los derechos civiles se convencieron de que a la violencia no se podía responder más que con la violencia y se alistaron en el IRA.

El Domingo Sangriento se convirtió en un símbolo y sus imágenes en iconos de la opresión sobre los católicos.

La instantánea de ese sacerdote, abriendo camino a la evacuación de un herido  con el pañuelo blanco manchado de sangre, con su fuerza visual, es una de las imágenes que están en la memoria de mi generación y que  simboliza la barbarie de uno de los perores conflictos sectarios del siglo XX.

El escenario de la matanza fue el barrio de Bogside en Derry -o London Derry para los unionistas, en una tierra donde hasta los topónimos han dividido a las comunidades. El Bogside era un gueto, paradigma de la discriminación a la que eran sometidos los católicos hasta los años 70. En las fotos de la época se palpa la miseria.

Pasé una tarde en Derry en 1995. Me acompañaba John Hume, que luego sería merecido Premio Nobel de la Paz. Al llegar al barrio, dijo «Y esto es el Bogside» y me guiñó un ojo. Ya no era un lugar miserable. Durante los 80 el gobierno británico invirtió grandes sumas en reconstruir lo destruido durante los «troubles» y lavar la cara a la provincia. Pero se palpaba un sentido de diferencia, del orgullo del mártir, plasmado en los murales que reproducían las imágenes del Domingo Sangriento.

Hume me mostró también otras realidades de Derry, como el nuevo centro comercial. Y me dijo que la única manera de superar el conflicto era remangarse y trabajar juntos, católicos y protestantes, republicanos y unionistas por el futuro: por mejores viviendas, por mejores infraestructuras, por más trabajo, por rescatar a los jóvenes de la droga y la marginación. Así lo hizo él y como él otros muchos y eso hizo posible una base de entendimiento mínima sobre la que edificar los Acuerdos de Viernes Santo.

Verdad, Justicia y Perdón

¿Cómo es posible que la «verdad oficial» llegue casi cuatro décadas después?.

Después de los hechos, en unas semanas, el informe Widgery concluyó que los soldados habían disparado en defensa propia, contradiciendo todos los testimonios de los civiles, como el del padre Edward Daly, el sacerdote que aparece en la imagen que he comentado. Desde entonces, tanta mentira se ha acumulado, que fue necesario que en los acuerdos del Viernes Santo se estableciera una nueva comisión, la comisión Saville, que después de ¡12 años! dio ayer a conocer sus conclusiones.

Algunos de los paracaidistas siguen afirmando que se defendieron y tampoco le ha gustado nada a Martin McGuiness, hoy vicepresidente del gobierno provincial, y entonces militante del IRA que se haya filtrado que asistió a la manifestación con una subfusil bajo su ropa, aunque sin que lo mostrara ni diera motivo a los soldados para disparar.

Todos los analistas indican que será muy difícil que, en base a las conclusiones del informe, la fiscalía pueda abrir una causa criminal contra los responsables de la matanza. Pero la propia alegría de los familiares demuestra que la Verdad es la ya primera reparación, imprescindible, pero no suficiente.

A falta de condenas, la otra gran reparación es la petición de perdón al máximo nivel. Que un joven primer ministro conservador pida perdón por unos hechos que otro gobierno conservador intentó justificar hace cuarenta años no es baladí.

¿Pedirá alguien perdón algún día por los GAL o los muertos de Vitoria? ¿Pedirá algún día perdón ETA?

La vergüenza del siglo XX


El siglo XX ocupa un alto puesto en la historia de la infamia. Dos guerras mundiales, decenas de guerras locales y una docena de genocidios, cuyo paradigma es el desarrollado por las nazis contra los judíos y otras minorías. Pero también el siglo XX ha sido capaz de elevar la conciencia moral que siempre ha condenado estos crímenes masivos y execrables a la categoría de delitos imprescriptibles, perseguibles en cualquier jurisdicción.

De nuevo, Francisco Rodríguez Pastoriza me hace el honor de permitirme difundir en el blog sus colaboraciones  en el Faro de Vigo sobre dos obras que arrojan luz sobre la barbarie.

Las obras comentadas son  El Tercer Reich y los judíos de Saul Friedländer, y el ingente documental Shoah de Claude Lanzmann, que cumple ahora un cuarto de siglo.

Copio a continuación ambos textos.

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Un exhaustivo y minucioso estudio sobre el Holocausto revela los crímenes más horribles del nazismo y revisa el papel de la sociedad alemana y de las iglesias cristianas durante el holocausto

LA VERGÜENZA DEL SIGLO XX

FRANCISCO R. PASTORIZA (*)

A medida que el lector se va adentrando en los dos volúmenes del libro de Saul Friedländer El Tercer Reich y los judíos (I. Los años de persecución y II. Los años de exterminio. Galaxia Gutenberg) se hace cada vez con más frecuencia la misma pregunta: ¿cómo pudo ser posible?. Desde la perspectiva de nuestros días, a pesar de conocidos genocidios posteriores como los de Camboya, a nuestra conciencia le cuesta aceptar que haya podido haberse producido algo tan brutalmente demencial como el holocausto judío, en una sociedad, además, que en aquellos años estaba en la vanguardia de la cultura y la educación europeas.

Friedländer, que ganó el Pulitzer con esta obra, nació en 1932 hijo de judíos checos asesinados en Auschwitz. Refugiado en un seminario católico de Francia, a punto de ser ordenado sacerdote descubrió sus orígenes, y desde entonces se ha dedicado a investigar los crímenes del nazismo.

EL HUEVO DE LA SERPIENTE

Desde antes de la llegada de Adolf Hitler al poder en 1933, en la sociedad alemana se venían produciendo extraños comportamientos en relación con la minoría judía del país. El control de una parte del comercio y de la riqueza de Alemania por los judíos y la ocupación de puestos destacados en el mundo de la educación, el arte y la cultura, provocaban en la población aria una cierta actitud de desconfianza alimentada por el irredentismo territorial a consecuencia de la primera guerra mundial, la propaganda de los partidos políticos de la derecha y la crisis económica derivada del ‘crack’ del 29. Una de las tesis de este trabajo se basa en la culpabilidad, sólo parcialmente asumida, de una sociedad que aún cuando no alentaba los crímenes del nazismo, hacía oídos sordos o desviaba la vista de los terribles acontecimientos que se estaban produciendo abiertamente.

Las políticas nazis contra los judíos que el partido nacionalsocialista incluía en su programa no eran muy distintas a las medidas antisemitas defendidas por los conservadores alemanes desde varias décadas antes de la ascensión de Hitler al poder. La revolución bolchevique, cuya inspiración Hitler siempre atribuyó a los judíos, no hizo sino añadir leña al fuego del antisemitismo de la derecha. Así que cuando después de 1933 comenzaron a dictarse leyes explícitas contra los judíos, una mayoría de alemanes no se opuso a la privación de derechos ni a su segregación.

Las primeras medidas antijudías tomadas por el régimen nazi fueron contra la cultura y el arte. Se prohibió a los músicos judíos dirigir o interpretar conciertos para auditorios arios. Wagner, Richard Strauss, Beethoven y Mozart tampoco podían interpretarse para la comunidad judía. Las obras de Artur Schnabel, Yehudi Menuhim, Arnold Schoenberg o Kurt Weil no se oían ni en la radio. Los oratorios del Antiguo Testamento de Händel cambiaron sus títulos (‘Judas Macabeo’ se convirtió en ‘El mariscal de campo: un drama de guerra’) y del Réquiem de Mozart desaparecieron ‘Dios de Sion’ y ‘Sabbat’. A los escritores se les exigió una manifestación pública de correcta actitud ‘nacional cultural’, al tiempo que se organizaban actos públicos de quema de libros (en Berlín se quemaron más de 20 mil libros en una sola tarde) . Ocho mil escritores, artistas, músicos e intérpretes judíos de todo tipo fueron expulsados de la vida cultural alemana junto con sus empleados y agentes. Ni siquiera se libraron Einstein, Max Reinhardt o Lieberman (Thomas Mann tardaría aún tres años en aceptar la tragedia que supuso el nazismo). El monumento a Heine en Frankfurt fue retirado por orden del Gobierno y se cambiaron los nombres judíos de calles y plazas. Se prohibieron las obras de Schiller y Goethe. Profesores y ayudantes de origen y creencias judías fueron expulsados de las universidades después de llevarse a cabo purgas entre el personal docente, y se prohibió a los alumnos judíos obtener el doctorado. Los niños alemanes fueron expulsados de las escuelas. La prensa judía fue prohibida. Después vino el acoso a los juristas, sacados a rastras de despachos y tribunales; a los médicos, a los que se prohibió ejercer su profesión en pacientes arios; a los funcionarios de todos los niveles. Se prohibió a los judíos poseer granjas, dedicarse a la agricultura y alquilar puestos en los mercados de las ciudades. Pronto comenzó a prohibírseles la utilización de instalaciones deportivas y la entrada a las piscinas públicas, y en algunas ciudades tenían cerrado el acceso a los cines y a guarderías y asilos de ancianos. En noviembre de 1938 los judíos ya habían quedado excluidos del sistema general de ayudas sociales. En las ciudades alemanas comenzaron a producirse disturbios antijudíos fomentados desde el poder. A plena luz del día las tiendas eran rociadas con ácido, sus puertas pintadas con insultos y sus escaparates destrozados. Los propietarios y empleados, golpeados (a veces también los clientes). Estas manifestaciones tuvieron su punto culminante durante el 9 y 10 de noviembre de 1938 durante la llamada Noche de los Cristales  Rotos, en la que se destrozaron 7.500 negocios y fueron quemadas 267 sinagogas en todo el país (por cierto, los judíos fueron obligados a demoler las sinagogas dañadas, corriendo los gastos a su costa). Las restricciones de créditos por parte de los bancos y el boicot a sus negocios obligaban a los judíos a venderlos a precios de saldo; también los objetos y obras de arte, los documentos históricos y los libros. Todo esto ante la mirada de una sociedad que si bien en privado condenaba los actos de violencia antijudía, nunca se organizó para protestar contra la barbarie nazi: ningún grupo social, ninguna comunidad religiosa, ninguna institución escolar o asociación profesional de Alemania o del resto de Europa declaró su solidaridad con los judíos (II. 25).

El antisemitismo inició una fuerte y rápida expansión por Europa. En Francia, escritores como Bernanos, Maurras, Drieu La Rochelle, Blanchot y Celine instigaban la persecución a los judíos desde publicaciones de la derecha. En Polonia, con un 10% de población judía, los sentimientos antisemitas, de carácter religioso, se veían reforzados por el supuesto control judío de profesiones y sectores económicos clave. En Viena la crueldad de la persecución sobrepasó a la del Reich, con espectáculos públicos de degradación, palizas y batidas, y robos de bienes, dinero, joyas, muebles, viviendas y negocios. Rumanía, Hungría, Ucrania, Bielorrusia y los Países bálticos vieron crecer en su seno el antisemitismo y celebraron la persecución a los judíos. La guerra aún no había comenzado.

GUETOS Y DEPORTACIONES

La otra denuncia que hace Friedländer en esta obra es la de la pasividad de las iglesias cristianas europeas (católica y protestante) ante la persecución a los judíos, exceptuando manifestaciones personales y de grupos minoritarios (en Francia, Algunos obispos incluso apoyaron abiertamente las medidas antijudías. II.174). Friedländer percibe en la actitud de la Iglesia católica un antisemitismo moderado, sobre todo porque algunas víctimas eran judíos conversos. Cuando se tomaron las primeras medidas, ningún obispo, ni dignatario de ninguna iglesia, ningún sínodo hizo declaración abierta alguna contra la persecución de los judíos en Alemania (I.68). La iglesia evangélica llegó a exigir el retiro forzoso de pastores de origen judío o casados con mujeres judías y publicó un Nuevo Testamento desjudaizado. El autor denuncia también el silencio de Pio XII y su decisión de retirar la encíclica Humani Generis Unitas, en la que su predecesor criticaba el régimen nazi y sus teorías raciales, aun sin condenar el antisemitismo. El temor ante la fuerza que estaba adquiriendo el movimiento bolchevique en Rusia, que aumentó tras la caída de Mussolini, se señala como una de las causas de la ambigua postura del Papa. Esta preocupación del Vaticano era perfectamente conocida por Hitler, que se aprovechaba de la situación del Papa: sólo le queda una elección: el nacionalsocialismo o el bolchevismo, escribió Goebbels en su diario.

Iniciada la guerra, el nazismo se propuso el exterminio total de los judíos. La persecución se extendió a Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica y Francia, donde se organizaron pogromos contra los judíos, y a los países del Este europeo que Alemania iba ocupando y en los que se llevaban a cabo asesinatos masivos de miles de judíos, enterrados en gigantescas fosas comunes. Se dictaron nuevas medidas, como la obligación de llevar un brazalete identificativo, una estrella amarilla pegada a la ropa, la de entregar los aparatos de radio, las máquinas de escribir, los prismáticos y las bicicletas, la de hacer las compras de 8.00 a 9.30 de la mañana (no podían comprar productos como carne, verduras o chocolate). Se establecieron campos de trabajo y guetos para concentrarlos y facilitar su deportación, como los de Varsovia y Lodz, donde la aglomeración y las condiciones de hambre, frío e insalubridad provocaban la muerte de decenas de judíos diariamente: la tasa mensual de muertes en el gueto se estabilizó en torno a las 5.500 personas (II.335) El 12 de noviembre de 1941 Himmler ordenó a Friedrich Jeckeln que asesinara a los 30.000 judíos del gueto de Riga y …seguía preocupado por el fuerte stress que a sus hombres imponían esos asesinatos en masa (II.357-358). En el gueto de Lublin el exterminio fue total. En 1939 comenzaron las deportaciones de judíos de Austria y Polonia a los campos de concentración de Buchenwald, Mauthausen y Auschwitz, en trenes destinados al transporte de animales y mercancías, en unas condiciones que provocaban la muerte de un elevado número de prisioneros durante el trayecto. A su llegada a los campos eran asesinados. Sus casas, sus granjas y sus negocios fueron ocupados por arios.

LA SOLUCIÓN FINAL

Ya antes de la guerra, los dirigentes nazis estaban convencidos de que el problema judío no se iba a solucionar con simples “arreglos prácticos” sino que era necesario algo infinitamente más radical si se quería cumplir con la voluntad de Hitler de que los judíos debían desaparecer de Europa. Se barajaron planes como el dejar morir de hambre a los residentes en los guetos y campos de trabajo (en buena medida, como hemos visto, se cumplieron). A partir de 1941 los nazis comenzaron a pensar seriamente en lo que llamaron Solución Final, es decir, el exterminio total de los judíos de Europa. En un solo día, el 29 de septiembre de ese año, los alemanes mataron a tiros a 33.700 judíos de Kiev en el barranco de Babi Yar. En Ucrania, Lituania, Rumanía, Yugoslavia y Hungría se llevaron a cabo operaciones similares. Para acelerar el exterminio se utilizaron camiones con gas capaces de asfixiar a cientos de judíos en pocos minutos, y en los campos comenzaron a funcionar las cámaras de gas, con capacidad para miles de personas. Hambrunas, fusilamientos masivos, camiones y cámaras de gas exterminaban a cientos de miles de judíos diariamente. A medida que se iban produciendo reveses en el frente del Este, Hitler acentuaba los métodos para el exterminio con la multiplicación de las Aktion en las que se asesinaba a decenas de miles de judíos. 1942 fue el año en el que la ofensiva alemana contra los judíos alcanzó su punto culminante. La Solución Final debía estar completada antes del 31 de diciembre de ese año. Para este objetivo se instalaron en Treblinka cámaras de gas capaces de hacerse cargo de las 18.000 personas que llegaban diariamente a ese campo (de julio a agosto fueron gaseados 312.000 judíos aquí). En Auschwitz  sólo quedaron con vida 200.000 de alrededor de 1.300.000 judíos. En Belzec habían sido exterminados 434.000 y unos 100.00 en Sobibor. En 1943 ya habían muerto dos millones y medio. Al final de la guerra habían sido asesinados entre cinco y seis millones. frpastoriza@wanadoo.es

(*) Profesor de la Universidad Complutense de Madrid

25 AÑOS DE ‘SHOAH’

F.R.P.

En 1985 el realizador francés Claude Lanzmann rodó Shoah, uno de los mejores documentales de la historia del cine y el mayor testimonio filmado sobre el holocausto, fruto de los más de diez años de investigación que Lanzmann dedicó a investigar el exterminio de los judíos. Debido sobre todo a su larga duración (más de 9 horas y media), nunca había tenido la ocasión de ver esta obra en su totalidad (en nuestro país pocas salas de cine se arriesgaron a proyectarla y únicamente TVE llegó a emitirla –no sé si completa- en alguna ocasión). Ahora, gracias a su publicación en DVD (existen interesantes ofertas en Internet) ya es posible organizar un visionado cómodo y a plazos a voluntad del consumidor. El resultado es uno de los documentos más dramáticos sobre el holocausto judío. Que nadie espere ver imágenes de prisioneros, campos de concentración, cadáveres de víctimas y restos de la masacre, esas imágenes que siguen conmoviendo al mundo cada vez que se proyectan o se emiten. Las imágenes de esta película son las de los escenarios donde ocurrieron los crímenes, o lo que queda de ellos, surcados continuamente por los trenes que evocan el traslado de los cientos de miles de víctimas. El documental se basa en declaraciones de personas de alguna manera relacionadas con el exterminio: supervivientes, testigos alemanes, polacos, ucranianos, soldados y oficiales de las SS, historiadores, familiares… Sus voces se escuchan con el estremecimiento que provoca el testimonio de las víctimas y los verdugos del horror. Algunos tienen que interrumpir sus declaraciones al no poder contener la emoción y las lágrimas que les provocan los recuerdos. Si obras como La lista de Schlinder de Spielberg o El tren de la vida, de Radu Mihaileanu, aún desde la ficción, son desgarradores gritos cinematográficos de una tragedia inexplicable, Shoah es el horror mismo, el drama hecho testigo documental de unos acontecimientos que avergüenzan a la humanidad. Ahora que se cumplen 65 años del final de la guerra y de la liberación de los campos de concentración y exterminio, que acaban de celebrarse en Buchenwald, ahora que quedan ya pocos testigos vivos de la masacre, no está de más recordar la ignominia que supuso para todo un pueblo la locura de un régimen político.

Gustavo Moncayo, el Padre Coraje de Colombia


Por fin el sargento Pablo Emilio Moncayo está en libertad. Ha pasado 12 años prisionero de las FARC -prisionero, que no rehén ni secuestrado. Prisionero de la guerrilla de las FARC, porque sólo los civiles pueden ser rehenes y no los militares capturados en combate. Las FARC le hicieron prisionero, pero no respetaron las normas humanitarias de la guerra y le sometieron a un cruel cautiverio.

Su padre, Gustavo Moncayo, se ha convertido en estos años en un verdadero Padre Coraje. Moncayo ha recorrido miles de kilómetros a pie por toda la geografía colombiana, pidiendo a las FARC la liberación de su hijo y al gobierno, de modo especial al presidente Uribe, que no se negara a un intercambio humanitario. Moncayo se ha convertido en una verdadera referencia cívica, una china en el zapato de la denominada «política de seguridad democrática» de Uribe.

Gustavo Moncayo demuestra la vitalidad de la sociedad colombiana, que condena la deriva de las FARC en una banda de delincuentes, pero exige a los poderes clemencia y justicia.

Uribe cuestionado por los académicos


Álvaro Uribe ha mantenido un duro debate con los académicos de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.

El rector y varios de los profesores han cuestionado puntos esenciales de la trayectoria y política de Uribe, como la conexión de figuras de su gobierno con paras y narcos o medidas concretas, como ofrecer recompensas económicas a estudiantes para que se conviertan en confidentes policiales. Muy duro fue el rector con las invocaciones de Uribe al estado de opinión para justificar su reelección y ahí surgió un debate si ese estado de la opinión debe o no estar sobre el estado de derecho.

Sin entrar en el fondo, el debate indica un hartazgo de las clases intelectuales con Uribe y su pretensión de ser reelegido para un tercer mandato. Pero también muestra una sociedad civil viva y crítica, que lleva a otros espacios los debates esenciales que debieran de tener lugar en el parlamento. Y nos guste o no el personajes -y a mi no me gusta- el valor de Uribe a enfrentarse con un conjunto de interlocutores hostiles en un plano de igualdad.

El vídeo de este encuentro a cara de perro me lo ha hecho llegar Javier Saénz (blog Pepitorias, dedicado a la otra América), comprometido observador de Colombia.

Valdría la pena ya ver esta versión de dos televisiones colombianas, aunque no fuera más que por oir colombianismos tan jugosos como «puedo meterme en todas las candelas porque no tengo rabo de paja». Se pueden también ver otras versiones en vídeo o la noticia neutra de El Tiempo.

Haití: construir/destruir un país


Haití ya no existe- nos dicen las crónicas. El terremoto ha borrado al país del mapa.

En realidad Haití como estado no existía tampoco antes del seísmo. Desde 2004 allí se desarrollaba una de las experiencias de eso que en la jerga diplomática se llama «countrybuilding»: una fuerza de Naciones Unidas que, teóricamente, garantiza la seguridad + programas estatales de asistencia al gobierno + ayuda humanitaria a la población por parte de ONGs.

El experimento no era desde luego un éxito. El estado haitiano, como ha puesto de relieve la catástrofe, seguía ausente. Lo único logrado era una cierta seguridad fuera de los barrios-miseria como Cité Soleil y una asistencia a la población, completamente dependiente de la ayuda exterior. La acción de algunas ONGs había favorecido una cierta organización de la sociedad civil, pero la mayor parte de Puerto Príncipe estaba controlada por bandas, últimamente al servicio de narcos mexicanos y colombianos, que habían tomado la isla como plataforma de distribución de la droga a Estados Unidos.

¿Por qué Haití no existe como estado?

Haití nació como el primer país independiente de América después de Estados Unidos, en 1804, como la república negra de los antiguos esclavos. El siglo XIX estuvo marcado por la lucha entre una minoría mulata dominante y la mayoría negra. En 1915 Estados Unidos invade Haití, que ocupa hasta 1934 y mantiene bajo control fiscal hasta 1946. Desde 1956 hasta 1990 la sangrienta dinastía Duvalier y sus epígonos militares… En 1990 el sacerdote salesiano Jean-Bertrand Aristide suscita un movimiento de esperanza y la avalancha (Lavalas) le convierte en el primer presidente democrático. Derrocado y restablecido por Estados Unidos, gana un segundo mandato del que es desalojado por una rebelión. Para entonces Aristide se ha convertido en una caricatura de si mismo: ya forma parte por matrimonio de la oligarquía mulata -él, negro como la pez- y asienta su poder en las bandas populares. Estados Unidos vuelve a intervenir y sus tropas son relevadas por una fuerza de la ONU con gran protagonismo brasileño. René Preval, una persona bienintencionada, pero débil, antiguo colaborador de Aristide, es el líder esencial de esta última etapa.

Esclavitud, exclusión, superstición, dictaduras, matanzas… Y liberalización económica que expulsa a los agricultores empobrecidos de sus campos y les hacina en Puerto Príncipe.

Lo que ocurre en Haití demuestra que sin estado, sin instituciones, sin sociedad civil no queda más que la lucha de todos contra todos.

La ayuda llega, pero no se reparte o se lanza desde el aire como hace Estados Unidos -¡botellas de agua arrojadas desde aviones¡. Líderes y autoridades extranjeras se dejan caer por Puerto Príncipe, con su corte de escoltas y periodistas, en un carnaval obsceno. Periodistas que se quejan en directo de no poder ducharse…

Parece que no se han aprendido las lecciones del tsunami. Como entonces, poderosas ONGs compiten sobre el terreno, duplicando o triplicando recursos. ¿A quién se entregará luego la ayuda? ¿Se irá por el sumidero de la corrupción?

Para reconstruir (mejor sería decir construir) Estados Unidos se dispone a aplicar la solución militar. La ocupación por los marines del territorio para crear islas protegidas. Y facilidades para adoptar. ¿Qué quedará del país si pierde a sus niños? Europa y la ONU buscan soluciones diplomáticas que parecen lentas y ajenas a la realidad.

¿Cómo construir un país en estas condiciones? La respuesta más sencilla es un protectorado internacional. Quizá sería una alternativa durante un muy corto plazo, hasta que se normalizara la situación humanitaria. La única solución debe venir de los propios haitianos, de su autoorganización, de la aparición de nuevos líderes forjados en la catástrofe.

Como se demostró en Copenhague, la humanidad no encuentra los mecanismos para afrontar los desafíos de los que depende nuestra supervivencia. Haití pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de instituciones mundiales que puedan actuar con autonomía de los estados para auxiliar y ayudar a crear un estado, sin el que la vida civilizada es imposible.