8.000 horas de servicio público


Más de 8.000 nuevas horas de programación tendrá que producir TVE para llenar el hueco que deje la publicidad a partir de septiembre, si el anteproyecto aprobado hoy por el Consejo de Ministros termina por convertirse en ley. Todo un reto para el servicio público.

Las protestas de los defensores de la televisión pública se justifican en la falta de consenso sobre este sistema de financiación. Finalmente, el gobierno ha renunciado al Decreto-Ley. Es una buena noticia que la norma se someta al debate parlamentario. Ya veremos cuantas plumas se deja un gobierno débil en las Cortes. El pecado original de una norma hecha a medida de las televisiones privadas es la falta de consenso en un tema que debiera resolverse, de una vez por todas, con un pacto de Estado.

Las telefónicas ya anuncian que subirán las tarifas y pondrán en rojo esa recarga en el recibo de los consumidores. Ni que decir tiene que se originará un movimiento de rechazo, muy en la línea de «no con mis impuestos». Y llegará un momento en que derogar estas tasas será muy popular. Y es que la ideología contra cualquier servicio público cada vez empapa más a amplias capas de la sociedad española, toda una victoria del neoliberalismo.

A veces conviene mirar un poco alrededor. En Francia, la televisión pública no tiene publicidad desde el 5 de enero a partir de las 20 horas. En las primeras semanas no ha existido un vuelco de las audiencias, pero las televisiones generalistas por vía hertziana han seguido perdiendo recursos publicitarios en favor de la TDT. La situación es especialmente grave para TF1 (la inspiradora de la reforma) que ha entrado en pérdidas.

TVE va a competir con las manos atadas. Será una batalla en inferioridad de condiciones, pero sus gestores y profesionales tienen que reinventar el servicio público:

-¿ Qué se hará con esas 8.000 horas? Espero que no se conviertan en autopromociones (entre otras cosas porque la Directiva de la Televisión Sin Fronteras también establece límites). Todas estas horas son la materia prima para crear espacios que satisfagan los intereses genuinos del público y no para dar satisfacción a lo que supuestamente interesa a la audiencia. Pero ¿puede elevarse la producción en más de un 10% con la misma plantilla y los mismos recursos? Si estas horas se rellenan de reemisiones, el espectador cambiará de canal.

– Reestructurar la programación. Que gozada ver una película sin interrupciones, pero ¿no está educada la audiencia en la fragmentación publicitaria y acostumbrados a usar las pausas para atender a sus obligaciones? Parece aconsejable que hasta la segunda parte del «prime time», cuando todo ya está más reposado, no se abuse de espacios sin interrupciones. El espacio de los bloques publicitarios podrían ocuparlo microespacios informativos y de servicio público.

– Liberarse del «share» y mirar al «rich». Los programadores y los editores de los informativos pueden ahora liberarse del «share», esto es, de la cuota de pantalla minuto a minuto. Pero tendrán que atender más que nunca al «rich», esto es a cuantos espectadores está dando servicio un determinado programa y la programación en su conjunto. Es hora también de pasar de lo cuantitativo a lo cualitativo: grado de satisfacción del público y adecuación a sus necesidades.

– Diversificar programas y servicios en las distintas cadenas y plataformas. Esas horas suplementarias son una oportunidad para una mayor diversidad de programas. No depender de la publicidad puede propiciar establecer un perfil más nítido de servicio público en La Dos. Ahora más que nunca sería necesario recuperar una marca de servicio público para todas las cadenas y plataformas, eliminada por la actual denominación y logos de las cadenas, que desde hace semanas parece quererse recuperar con la campaña «Altogether Now».

Forjar alianzas con el público. Que los colectivos más activos de la sociedad se sientan representados en la programación. Y que de una vez se haga realidad el derecho de acceso.

Para todo ello hace falta estabilidad y recursos incluso superiores a los actuales.

AÑADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA UNA ENCUESTA A FAVOR Y EN CONTRA DE LA MEDIDA.

Sacar a RTVE del mercado


El gobierno cuece en el horno de la negociación con las televisiones privadas y los operadores telefónicos el Decreto Ley de la financiación de radiotelevisión pública que puede ser la puntilla final de RTVE.

Una vez más este gobierno débil recurre a la herramienta del Decreto Ley, alegando una urgencia inexistenta, si no es para salvar la cuenta de resultados de alguna televisión privada. Se priva a la sociedad de un verdadero debate, mientras se negocia de tapadillo porcentajes para que las cuentas aparentemente cuadren.

Vaya por delante que creo en una radiotelevisión pública sin publicidad. He valorado reiteradamente en este blog los pros y los contras,  a raíz de la iniciativa francesa que copia ahora Zapatero. Incluso, como ya he dicho, en la página 133 de mi tesis avancé un modelo de financiación parecido.

El problema es la suficiencia de esa financiación, que el gobierno dice garantizar aplicando porcentajes más o menos arbitrarios sobre los benficios de las televisiones privadas y las telefónicas. Las primeras serán las grandes ganadoras al repartirse el pastel de la publicidad de TVE. Pero las segundas no sacan un beneficio directo de este cambio -¿qué recibirán a cambio?. La pregunta es ¿cuanto tardarán unas y otras en tener una coyuntura política favorable para sacudirse este gravamen?

Lo más preocupante de todo es que parece que se pretende que TVE deje de hacer competencia a las privadas. El servicio público comporta obligaciones positivas y negativas. Es lógico que el porcentaje del presupuesto dedicado a financiar el cine nacional sea mayor en la pública que en las privadas, pero no que estas puedan dedicar ese dinero a financiar exclusivamente series.

No se puede atar las manos a TVE prohibiéndole competir o limitando su capacidad en los mercados del deporte y los éxitos de Hollywood. La buena administración de los recursos es responsabilidad del Consejo de Administración, que conforme a la ley vigente cesa automáticamente si genera pérdidas en dos ejercicios. Si la televisión pública no compite en los deportes y en las películas norteamericanas pierde dos importantísimos motores de audiencia. No nos engañemos: cuando cae la audiencia, cae la audiencia general de una cadena, los buenos programas y los malos programas. Sea cual sea nuestro concepto de calidad, es indudable que en esas dos categorías de programas, deportes y cine de Hollywood, hay productos dignos del servicio público, pero siempre con un alto precio.

Las privadas ganan. No sólo se repaten toda la tarta publicitaria. Además TVE -actual líder de audiencia- dejará de ser competencia.

Un servicio público sin audiencia deja de ser servicio público.

(Desde las radios y televisiones comunitarias se está gestando un manfiesto en favor de la televisión pública, al que se puede acceder, en parte, desde la Revista Latina de Comunicación Social y para el que se piden adhesiones de profesores y académicos.)

(El 7 de mayo los sindicatos de RTVE han llevado a cabo una jornada de movilización en defensa del sistema de financiación mixta -vía Presupuesto General del Estado y publicidad. Anteriormente entregaron un manifiesto a los grupos parlamentarios.)

La televisión que viene


Zapatero ayer anunció el próximo envío al Congreso de la tan dilatada Ley General Audiovisual. Y anticipó un elemento: una sustancial reducción de la publicidad en la televisión pública.

Como tantas veces, parece que se opta por el modelo francés: supresión de la publicidad en la televisión pública y a cambio, los realmente beneficiados, los operadores privados, son grabados con un nuevo impuesto o un recargo en alguno de los existentes, destinado a compensar la financiación perdida por TVE.

Me he referido aquí a este modelo (Las trampas, La utopía) y a la oposición que ha generado en Francia. Resumo argumentos:

– Bienvenida esa supresión, siempre que existan recursos suficientes para cumplir la misión de servicio público en las mismas o mejores condiciones.

– En época de recesión, es de temer una reducción de financiación, que redunde en jibarización de la televisión pública. Las privadas se verían doblemente beneficiadas: se quedarían con toda la tarta publicitaria y su competidor público se debilitaría.

– Los gestores, programadores y profesionales tienen el reto de diseñar una programación diversificada, de servicio a todos los sectores sociales, no sometida a la tiranía del «share», pero que no renuncie a audiencias masiva y al liderazgo social.

La otra pata de la estrategia gubernamental es favorece la concentración de los operadores privados. Para ello ha suavizado por Decreto-Ley las restricciones existentes. La Sexta es la novia que busca dote. Ofrece, a cambio, sus derechos deportivos. Para que estos sean más rentables el gobierno parece dispuesto a permitir la TDT de pago. En plena Semana Santa así lo anunció el Ministerio de Industria en una nota de prensa, que luego tuvo que retirar. Todo bastante descarado.

La TDT de pago ya fracasó una vez (Quiero Tv). ¿Funcionará ahora? Si la Sexta y Antena 3 se fusionan ¿apoyarán al gobierno?

Más canales, menos independencia


No se puede decir mejor con menos palabras. Más canales de televisión en Europa, pero cada vez menos independientes. Esta es la conclusión del informe Television Across Europe 2009 (pdf) editado por el Open Society Institute de la Fundación Soros, continuación de otro más general realizado en 2005, sobre 20 países europeos (no se incluía España). En esta ocasión el informe sólo afecta a 9 países, todos de la Europa Central y Oriental, salvo Italia.

El panorama está dominado por la fragmentación de las audiencias, la consolidación de la concentración, la convergencia tecnológica y una regulación más laxa, de hecho o derecho.

Estas son sus principales conclusiones:

– Los servicios públicos de radio y televisión sufren una creciente presión política, un déficit de financiación, una crisis de identidad y un desprestigio en aumento.

– Los reguladores están cada vez más politizados.

– No se han tomado medidas para mejorar los contenidos de servicio público.

– Falta transparencia en la propiedad de los operadores privados.

– La sociedad civil no es tenida en cuenta a la hora de diseñar los modelos de radio y televisión.

– No se ha hecho nada para promover la alfabetización audiovisual.

Vale la pena hacer una referencia especial a Italia. Italia sigue siendo la «anomalía» en Europa Occidental. Con el 90% de las empresas privadas en manos de Berlusconi, su regreso al gobierno ha significado la retirada de las tímidas reformas iniciadas por el gobierno Prodi y nombramientos políticos tanto en la RAI como en los organismos reguladores.

En la presentación del informe, su editor Mark Thompson (director general de la BBC) calificó la situación de «contrarreforma», pues las reformas a las que se vieron obligados los nuevos socios de la Unión Europeo en materia de pluralismo audiovisual están siendo revertidas, bien por vía legislativa, bien por vía de hecho, sin que la Comisión Europea reaccione, en un clima de impunidad que destroza la independencia y el pluralismo. «Los profesionales están siendo reemplazados por mediocridades políticas -dijo Thompson. Por su parte Aidan White, el secretario general de la Federación Internacional de Periodistas, pidió que el futuro de los medios se convierta en uno de los asuntos centrales de la política de la nueva Comisión Europea.

Televisión: por el pluralismo a la concentración


Ya esta en el BOE el Decreto Ley que da vía libre a la concentración de la televisión privada. El gobierno Zapatero se descolgó el 23-F con un golpe audiovisual que permitirá una mayor concentración de las televisiones privadas y que limita el peso de las televisiones públicas en el espacio audiovisual. Y lo más divertido es que, con el fantasma de la crisis, la nueva regulación se vende como un avance en el pluralismo y la liberación.

La nueva regulación modifica la Ley de la Televisión Privada y permite las participaciones cruzadas de hasta el 5% entre las empresas operadoras de las televisiones privadas estatales, siempre que el operador resultante no controle más del 27% de la audiencia media de los 12 meses anteriores. Y se permite expresamente que ese control sobre la audiencia aumente después de la fusión. Otra de las limitaciones a la concentración es que ningún operador controle más de 2 multiplex, lo que, según la práctica actual, se traduce en 8 canales de TDT.

Además, ningún operador público podrá controlar más del 25% del espectro radioeléctrico y a nivel de comunidad autónoma el conjunto de los operadores públicos se ven constreñidos a un 50% del espectro radioléctrico.

El Decreto Ley también adopta una serie de medidas para facilitar la extensión de los canales de TDT a través de satélite.

Como Decreto-Ley constitucionalmente esta norma debiera de estar justificada por una urgente necesidad. Yo no se la veo por ninguna parte. Se trata, una vez más, de una regulación ad hoc para resolver los problemas de alguna cadena amiga. No voy a sumar porcentajes, pero da toda la impresión de que lo que se busca es constituir un operador privado poderoso. Inaceptable me parece encorsetar el desarrollo de los canales públicos en la TDT. Si de alguna manera se puede cumplir la misión de servicio público es a través de la diversificación y especialización de los contenidos, pero el gobierno prefiere que se clonen una y otra vez los canales privados.

Y todo en el nombre del pluralismo. En la ley de 2005 se aprovechó la regulación de la TDT para introducir dos nuevos canales analógicos en abierto y se nos dijo que era para favorecer el pluralismo. Ahora se limita a los canales públicos y se autoriza que menos propietarios controlen los canales privados también para aumentar el pluralismo.

¿En qué quedamos? ¿Es pluralismo mayor número de voces? ¿Es pluralismo las mismas voces controladas por menos propietarios? ¿Es pluralismo menor presencia de la televisión pública?

Acoso a la televisión pública


UTECA, el lobby de las televisiones privadas, acusa a TVE de que casi el 40% de sus programas no son de servicio público. Y se basa en un estudio encargado a un grupo de profesores de universidades madrileñas, dirigidos por el profesor Núñez Ladeveze (pdf). La respuesta de RTVE no se ha hecho esperar: UTECA miente y falsea sus propios datos.

No vale la pena analizar los respectivos comunicados en los que cada cual interpreta los datos como más conviene a sus intereses. Enseguida comentaré el informe, pero antes creo que conviene poner este episodio, verdadera serpiente audiovisual de otoño, en su contexto, que no es otro que el del continuo acoso por la vía de la deslegitimación de la radiotelevisión públicas en España y en toda Europa. UTECA, como el resto de sus colegas europeos, quisieran reducir el servicio público a una presencia testimonial en la audiencia y por eso interpreta el servicio público como limitado a una programación cultural poco atractiva. No es esa la realidad en Europa, donde todos los servicios compiten con las televisiones privadas. Y es que, desde el protocolo adicional al Tratado de Amsterdam (BOE 7-5-99), documentos) son los Estados los que definen las funciones que comprende el servicio público y pueden financiar esas funciones «siempre que no afecte al comercio y la competencia en un grado que sea contrario al interés común». El reto de los servicios públicos reside en mantener audiencias masivas (no necesariamente ser líder en todas las franjas horarias), diferenciando susproductos de sus competidores comerciales, como ya indiqué en una entrada anterior, al comentar el libro From Public Service Broadcasting to Public Service Media. El caso español sigue siendo anómalo, porque la financiación mixta, consagrada en la Ley 17/2006, tiene una composición casi al 50% (presupuesto 2008), con una presencia de la publicidad muy superior a la de países como Francia o Italia. En estas condiciones, parece un logro que el 63,7% de los programas emitidos por La Una y La Dos tengan un elevado grado de cumplimiento del servicio público, pues tal es la principal conclusión del informe en cuestión. Además, no debe olvidarse que RTVE desarrolla su función de servicio público de una forma todavía más nítida a través de 5 cadenas de radio y 6 canales de televisión, que se suman a las dos cadenas generalistas que con su publicidad financian a la Corporación.

Análisis del informe

El informe ha sido encargado por UTECA y ha analizado la programación de las dos cadenas desde 2005. Que sea un encargo no le resta mérito. Una cosa es el informe y otra la interpretación de UTECA. La metodología desarrollada ha consistido en establecer un Índice de Servicio Público, mediante el agregado de una serie de variables, según el siguiente cuadro:

De todos estos indicadores, los que resultan más relevantes son el género y la adecuación de los contenidos a la hora de protección infantil. Los géneros han sido tomados de la base de datos de Barlovento Comunicación y a cada uno se le ha asignado un valor, por ejemplo, 5 a la información, 2 a los espacios del corazón. Todos estos factores son de carácter objetivo, menos el de creatividad. Todos los factores me parecen relevantes para la misión de servicio público, pero no está tan claro su distinto valor y, sobre todo, la ausencia de otros relevantes, como por ejemplo el servicio a la cohesión territorial. Creo que esta investigación marca un camino para intentar construir un índice de servicio público a partir de las misiones definidas en la Ley 17/2006 y, sobre todo, del Mandato Marco, que concreta para el periodo de 9 años esa misión. Precisamente, la construcción de un índice fiable, aceptado por todos, puede ser un factor de legitimidad del servicio público. Un reto para los investigadores…

RTVE: cambio de imagen, cambio cosmético


RTVE ha cambiado su identidad gráfica, pero sigue sin encontrar su identidad como servicio público en el entorno multicanal y multimedia

Una vez más, se ha querido suplir la falta de un cambio en profundidad con un cambio de imagen. No soy un experto en diseño y, en principio, no voy a cuestionar  la lógica gráfica de esta renovación. Si es por gustos, diré que me resultan un poco molestos los colorines y un verdadero horror los «tacos» de los micrófonos de los reporteros, siempre un elemento ortopédico en televisión, y ahora todavía más chillones; molestas también las «moscas», frente a la transparente anterior de TVE1. RTVE no ha revelado el coste de la operación, que además del pago a la agencia externa (en este caso Summa) supone su sustitución física en todo el equipamiento de la empresa. Su presidente, Luis Fernández, asegura que se pretende una mejor identificación y dinamizar la percepción de los ciudadanos. No sé muy bien que quiere decir con eso de «dinamizar la percepción de los ciudadanos», pero supongo que se trata de mostrar una imagen más dinámica, más fresca… más cercana a la de las privadas.

Luis Fernández ha dicho también a los trabajadores que el cambio del símbolo es el símbolo del cambio ¿ Cuál es ese cambio?

Cambio institucional. RTVE tiene ahora un nuevo marco institucional: Ley 17/2006, de 5 de junio, de la radio y la televisión de titularidad estatal, Estatuto de Información de la Corporación RTVE, Mandato Marco de la Corporación RTVE. Este nuevo marco establece una definición adecuada de las misiones del servicio público, la estabilidad de su financiación, la independencia y neutralidad editorial y la independencia de sus informadores. Resta todavía el último elemento de este marco institucional, el Contrato-Programa, que RTVE negocia ahora con el Gobierno, y que tiene que concretar la misión de servicio público definida por la Ley 17/2006 y el Mandato Marco en términos de obligaciones concretas y financiación adecuada. Es el Contrato Programa el cierre del marco institucional y hasta que no se llegue a un acuerdo no veremos en que se concreta el cambio institucional. Con todo, este nuevo marco sienta unas bases para lidiar con los rigurosos requisitos que la Comisión Europea establece para permitir la finaciación pública del servicio. Con todas las cautelas, puede decirse que RTVE se encuentra en un buen punto de partida para realizar el servicio público a la altura del siglo XXI. Cambio institucional, sí.

Independencia informativa. Desde 2004, los informativos de RNE y TVE han roto con el ominoso partidismo que mantuvieron no sólo durante la última legislatura de Aznar sino a lo largo de toda su historia, con mayor o menor incidencia dependiendo de que existiera una mayor o menor división política.  Los informativos son básicamente neutrales en la pugna partidista-sin excluir deslices- pero siguen siendo básicamente institucionales. Ese caracter institucional resta valentía para abordar temas conflictivos. La asignatura pendiente sigue siendo una información en profundidad, arriesgada, rompiendo ataduras institucionales. Pero desde el punto de vista de la indepedencia informativa, sí hay una nueva RTVE.

Cambio generacional. Ese sí que ha sido un cambio radical. El Expediente de Regulación de Empleo (ERE) ha «desvinculado» (eufemismo para despido no traumático) a 4150 trabajadores. Y ese cambio generacional parece que es el que quiere simbolizar el cambio de identidad gráfica. Una radiotelevisión más joven… La renovación generacional es necesaria en cualquier organismo, pero el problema es la ruptura, la discontinuidad. No todos los que se han ido era buenos ni todos los que se incorporan malos. Por ejemplo, por muy bueno que sea el espacio musical de Fernando Palacios en RNE, sustituir los Clásicos Populares de Fernado Argenta se me antoja una tarea imposible. Entre las nuevas incoporaciones en los informativos se aprecian grandes promesas de futuro, pero el tono general, la locución por ejemplo, se aproxima en inexperiencia a las privadas. Y es que, además de reducir el capítulo de gastos de personal, el ERE pretendía una plantilla peor pagada, más inexperta y, por tanto, más maleable.

No es extraño que a los desvinculados (entre los que me encuentro) les parezca el cambio identitario una frivolidad, como a Guillermo Orduna (La nueva ‘marca’ RTVE, carta al director EL País, 2 de sept. 2008). Estoy de acuerdo con Orduna en que «lo de cambiar los logotipos o las sintonías y no renovar los productos que se ofrecen, me parece una frivolidad».

Programación sin rumbo. Aquí es donde no ha habido cambio. Tanto RNE como TVE tienen una programación indistinguible de la de su competencia en las horas de máxima audiencia. Lógicamente, a horas minoritarias si que hay diferencias. En el caso de TVE se sigue siendo tributario de las productoras y en el caso de RNE de estrellas o pseudoestrellas importadas. En TVE algunas series como Cuéntame o Amar en Tiempos Revueltos pueden indicar el camino, pero falta despegarse del pasado y acudir al presente. Es especialmente grave el dejar en manos de productoras espacios como España Directo o Comando Actualidad.

Sin estrategia de distribución. TVE sigue sin una estrategia para dar una personalidad diferenciada a la Dos, donde va una programación popular, pero sin posiblidad de conquistar grandes audiencias. Y no utiliza adecuadamente sus canales en la TDT. Por ejemplo, la estragia de distribución de los Juegos Olímpicos ha sido un desastre, con repeticiones continuas en la Una y la Dos. El Canal 24 Horas está completamente abandonado. Y el gobierno parece apostar ahora por una TDT de pago, que restaría todavía más posibilidades para que TVE produzca canales especializados de calidad.

Aprendiendo multimedia. RTVE no ha tenido un sitio en internet para difundir sus contenidos hasta hace unos meses. Creo que debía ser el único servicio público europeo que no tenía más que una página institucional. Es positiva la difusión on line de los programas (RNE y TVE «a la carta»), pero da la impresión de que los programas se dejan caer, sin más. Falta una estrategia de explotación pública de los archivos. Y la página propiamente informativa es indigna de RTVE, el típico «corta y pega», sin información verdaderamente propia, salvo el acceso a telediarios y diarios hablados ya emitidos.

El reto de los servicios públicos de radio y televisión en el siglo XXI

Este breve análisis puede contrastarse con las experiencias de adaptación al nuevo entorno de los servicios públicos europeos, recogidas en el libro From Public Service Broadcasting to Public Service Media (Nordicom, Göteborg 2008). Su tesis es que los servicios públicos europeos tienen que adaptarse al nuevo entorno multicanal y multimedia mediante:

  • Manteniendo audiencias masivas. Sin esas audiencias, se convierten en irrelevantes, pierden legitimidad y se arriesgan a perder financiación. RTVE cumple este requisito, y el marco institucional aludido permite luchar por mantener esta posición.
  • Diferenciar lo más claramente posible sus productos de sus competidores comerciales. No es el caso de RTVE, o no suficientemente.
  • Establecer una estrategia de multidifusión a través de diversas plataformas: canales generalistas, canales especializados, on line (internet), plataformas móviles. Los productos tienen que adaptarse a cada plataforma y debe haber sinergias entre unas y otras. RTVE está en mantillas.
  • Establecer alianzas con operadores de esas nuevas plataformas. La única que recuerdo era la de acólitos de Vía Digital.

En fin, la cuadratura del círculo…

Convergencia… también en el canon televisivo


Cuatro países europeos son líderes en número de líneas de banda ancha por habitante: Suecia, Dinamarca, Holanda y Finlandia.  En total 8 países de la Unión Europea superan en penetración de la banda ancha a Estados Unidos y Japón. Son cifras recogidas por el International Herald Tribune, en una entrevista con la Comisaria de Telecomunicaciones, Viviane Reding. Europa también es líder en telefonía móvil, aunque Japón y Corea del Sur van por delante con algunas aplicaciones del multimedia móvil. Por eso tiene tanta importancia la decisión que acaba de tomar la Comisión Europea de adoptar como para la televisión digital móvil la norma Digital Video Broadcasting Handheld (DVB-H), desarrollada por el gigante finlandés Nokia (Reuters).

La decisión despeja incertidumbres y abre la vía a que los dispositivos móviles puedan recibir los canales de televisión clásicos, abiertos o de pago, pero sin necesidad por pagar por la transferencia de información a través de las redes 3G. Es posible que determinados contenidos especialmente concebidos para los dispositivos móviles sigan ofreciéndose como atractivo añadido en los portales 3G de las operadoras de telecomunicaciones, pero, al tiempo, las cadenas tradicionales tendrán que adaptar sus programas a la televisión digital móvil y concebir nuevos contenidos y narrativas audiovisuales para la televisión en movilidad.

La convergencia avanza y no siempre en perjucio de los medios tradicionales. Suecia se dispone a gravar con el canon que financia a la radio y la televisión pública a los poseedores de un ordenador (The Local). La medida coincide con el anuncio de la televisión pública SVT de difundir todas sus programaciones simultáneamente por internet. Los que ya posean una licencia (el 90% de la población) estarán exentos de pagar el canon de 2000 coronas anuales, 211 euros, de modo que la medida afectará principalmente a estudiantes que viven solos o en pequeñas comunidades. Una medida semejante ya se ha tomado en Alemania.

El ordenador hace tiempo que se ha convertido en una pantalla más que rivaliza con la del salón o los dormitorios en tmostrar programas y contenidos audiovisuales. Las televisiones ofrecen la transmisión simultánea o difusión sincrónica de la programación (streaming, P2P) y la posibilidad de descar programas completos o fragmentos. Esta difusión en red está lejos cuantitativamente de la difusión por emisión, pero crece cada día en número de espectadores e influencia. Las televisiones públicas que se financian mediante un canon o licencia (todas las europeas menos la española) tienen que diversificar sus fuentes de financiación y adaptarlas a la fragmentación de la audiencia entre las distintas plataformas.

Para eso hace falta un básico consenso social y político. ¿Se imaginan la polémica en España?

Huelga en la radiotelevisión pública francesa


Jacques Demarthon -AFP«El audiovisual público gravemente perturbado por una huelga sin precedentes». Así titula France Press su información sobre la huelga seguida por los trabajadores de la radio y la televisión pública en Francia. Entre un 60 y un 70%, dependiendo de las empresas, han seguido el paro, que se ha notado en la programación. La movilización, la más importante desde el troceamiento de la ORTF,  se ha completado con una manifestación, a la que han acudido, según los convocantes, 2000 personas.

Los trabajadores temen que la desaparición de la publicidad anunciada por Sarkozy (veáse mi entrada Las trampas de la supresión de la publicidad en la televisión francesa y ¿Televisión Pública sin publicidad?) redunde en una reducción de la envergadura del servicio público e incluso en la privatización de FR3, la tercera cadena pública de base regional. La Federación Europea de Periodistas ha expresado su inquietud por el futuro del sector.

La supresión de la publicidad disminuiría los ingresos en 833 millones de euros. Sobre los datos económicos ver Le Monde del 19 de enero (mejor la edición en papel, con magníficas tablas)

Las trampas de la supresión de la publicidad en la televisión francesa


Como era de esperar, el globo sonda lanzado por Sarkozy ha tenido consecuencias y reacciones. Mi amigo Paco Audije, francófono y ex corresponsal en París, me pone en alerta.

Consecuencias, la subida de las acciones de las dos grandes beneficiadas, TF1 y M6, revalorizadas, la primera (propiedad de Martin Bouygues, uno de los grandes amigos del presidente) casi un 10%, y la segunda más del 4%.

Reacciones de sorpresa de la propia ministra de Cultura y Comunicación, Christine Albanel, y de la dirección de France Télevisions, que pide precisiones. Da la impresión de que, una vez más, es una decisión tomada por Sarkozy sin contar con su gabinete.

Y reacciones de movilización del personal de las televisiones francesas que temen que no se trate más de que de una maniobra para privatizar, o al menos jibarizar, la televisión pública. Los sindicatos desconfian que la anunciada nueva tasa pueda cubrir los 800 millones de euros anuales de ingresos publicitarios. Por de pronto, irían al paro los 300 gestores publicitarios. La ministra dice que está fuera de cuestion la privatización, pero hay que revisar los «cahier de charges» (lo que en España será el contrato programa): «más cultura, más creación más deporte… popular y de calidad sin hacer Arte; pero, atención, aún sin publicidad no se pueden perder de vista los objetivos de audiencia».

Para colmo de contradicciones, mientras se anuncia la desaparición de la publicidad de las pantallas públicas, la ministra y la dirección de Radio France intentan introducir los anuncios de marca en la radio pública, para paliar la reducción de los ingresos provenientes de la publicidad institucional. Los sindicatos ya han lanzado una iniciativa en contra.

Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos, pero creo que vale la pena seguir pensando en fuentes de financiación alternativas que permitieran liberar a las televisiones públicas de la publicidad.

(Por cierto que revisando Libération encuentro que Prisa y Lagardére quieren ampliar su participación accionarial en Le Monde, en plena crisis. La noticia ya fue publicada ayer 9 por El País, pero no se mencionaba que fuera una acción concertada con Lagardére, el gran grupo industrial con intereses en los medios, el sector aeronaútico y el armamento. Habrá que estar atentos a la reacción de la Sociedad de Redactores de Le Monde)