Los periodistas dejarán de controlar Le Monde


Le Monde necesita un accionista de referencia que aporte con urgencia 100 millones de euros

Hace una semana, el 3 de junio, el director del periódico, Eric Fottorino, anunciaba a sus lectores que el vespertino iba a dejar de ser independiente. Por supuesto, no lo decía tan crudamente, pero reconocía que en el proceso de recapitalización en marcha la sociedad de redactores dejaría de ser el accionista de referencia del periódico.

Durante los dos últimos años Fottorino ha desarrollado un proceso de saneamiento, que ha supuesto centrarse en el negocio del diario y despidos contestados con una huelga. La dirección era partidaria de la entrada de un socio externo (mostrando sus preferencias por la asociación de los grupos Lagardére y Prisa), con el apoyo de los sindicatos y la oposición de  la sociedad de redactores.

Le Monde ha pedido ofertas a los grupos interesados y quiere tomar una decisión el viernes.Lagardére no está interesado. El grupo italiano L?Espresso se ha retirado y Prisa quiere más tiempo, que el diario se convierta en matutino y que se realice una auditoría, así que no parece que la decisión termine por concretarse esta semana. Pero cuando el Consejo de Administración escoja al socio dominante, será la Sociedad de Redactores la que tendrá ante si una alternativa terrible: o abrir la puerta al nuevo socio y, por tanto perder la capacidad de controlar su propio diario, o decir no y precipitar la quiebra.

Para muchos de los periodistas de mi generación Le Monde ha sido un mito, por la calidad de su información y por el control informativo institucional ejercicio por la Sociedad de Redactores. La autogestión como control de la independencia parece haber agotado sus posibilidades en el mundo de los grupos multimedia.

¿Seguirá siendo Le Monde un diario independiente de referencia dentro de un grupo multimedia?

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La crisis de Le Monde vista por Jean-François Fogel


Con ocasión del III Congreso Internacional de Periodismo en la Red he tenido la ocasión de intercambiar unas opiniones con Jean-François Fogel.

Fogel fue asesor del director de Le Monde entre 1995 y 2002 y es uno de los cerebros de la edición digital del periódico francés. Además, comparte la autoría del libro “La prensa sin Gutemberg” con Patino, uno de los triunviros descabalgados por la actual crisis. Conoce bien Le Monde, pero su posición parece próxima a la anterior dirección (Fottorino, Patino, Jeantet).

Para Fogel, la ampliación de capital por parte de Lagardére y Prisa es ineludible. Esa ampliación no cambiaría los contenidos, pero si el modo de gestión. Acusa a la Sociedad de Redactores de no querer adaptarse a las necesidades de una gestión más ágil, agitando el fantasma del riesgo para la independencia. Con la ampliación, la Sociedad de Redactores perdería su poder de veto. Los sindicatos quieren ocupar el espacio de la Sociedad de Redactores. La huelga reafirma su poder y su influencia de cara a negociar con la empresa. El diario de papel -dice Fogel- debe cambiar mucho y aprender de la gestión del diario digital.

Una opinión autorizada que me reafirma en la impresión de que la crisis no está ni mucho menos cerrada.

Los sacrificios de Le Monde


Ya se conoce el plan de saneamiento de Le Monde. El presidente del grupo Eric Fottorino lo presentó el pasado sábado 5 de abril al consejo de dirección (conseil de surveillance) y se resume en una cifra: 130 empleos menos. Esos 130 empleos suponen un 20% de la plantilla (598 trabajadores). La mayor parte de los puestos a eliminar mediante bajas incentivadas y prejubilaciones forzosas corresponde a la redacción: se eliminarán 58 periodistas de un total de 340. Otras medidas es desprenderse de cabeceras o negocios accesorios

El País informaba el domingo en un tono aséptico de este plan, que pretende terminar con los números rojos en 2009 y obtener beneficios en 2009. Libération acertaba con su titular “Un mundo cruel”. La lectura de esta información nos da algunas claves.

La reducción de personal es la alternativa a la ampliación de capital. Ante la crisis se abrían dos soluciones: reducción de coste o/y ampliación de capital. Los candidatos a la ampliación de capital eran los grupos Lagardère y Prisa.

Las sociedades de empleados apoyan el recorte. Las sociedades de empleados, accionistas del grupo, consideran que con estos sacrificios se evita una ampliación de capital que pondría en peligro la independencia editorial.

Los sindicatos se oponen. Los sindicatos no aceptan que el precio de la independencia sean despidos más o menos dulces. El fantasma de la huelga está a la esquina.

La crisis de Le Monde (ver Frágil acuerdo en Le Monde, La independencia de Le Monde) no ha terminado, pero va clarificándose.

(El martes 8 de abril, mientras escribía esta entrada, los sindicatos de Le Monde convocaban huelga para el 14 de abril)

Frágil acuerdo en Le Monde


El viernes 25 los accionistas internos y externos del Grupo Le Monde votaron por unanimidad a Eric Fottorino como director general del Grupo. ¿Pone fin este acuerdo a la crisis a la que ya me he referido en Periodismo Global?.

Recordemos que el Grupo Le Monde se encontraba descabezado en medio de un conflicto por la ampliación de capital que enfrentaba a los accionistas internos y externos. En medio de luchas intestinas la cuestión clave era si la Sociedad de Redactores y el resto de las sociedades de empleados iban a permitir una ampliación de capital por parte de Lagardére, Prisa y la Stampa, que lograrían, de este modo, el control accionarial.

Si nos atenemos al acuerdo por unanimidad sobre el nuevo director general parecería que la crisis ha sido superada. A esta conclusión llegaremos si leemos la propia versión de Le Monde. Pero a esa unanimidad se llegó en medio de un verdadero psicodrama y con un conjunto de condiciones puestas por unos y otros que indican que la tensión continuará durante los próximos meses.

En primer lugar, los accionistas externos exigieron la cabeza del presidente de la Sociedad de Redactores, Jean-Michel Dumay, el principal enemigo de una ampliación de capital que dé a Lagardére-Prisa el control del Grupo. Así Dumay, en medio de fuertes presiones, se comprometió a marcharse el 31 de marzo, coincidiendo con la salida del consejo de supervisión de Alain Minc, el ideólogo de la adaptación de Le Monde a los vientos neoliberales. La Sociedad de Redactores (que previamente había dado su apoyo a Fottorino, al igual que el resto de las sociedades de empleados) y sobre todo su presidente sacrificado se dicen hoy traicionados.

Hay más condiciones. Que Fottorino tome como adjunto a un gestor. Y que una comisión estudie la ampliación de capital. Fottorino, por su parte, anuncia un plan de relanzamiento, como prometió a los empleados.

Los partidarios de la ampliación se han apuntado la baza de eliminar a Dumay. Fottorino hace equilibrios entre el relanzamiento y la amplicación de capital. En estas condiciones la paz interna parece lejana. Las espadas sigue en alto.

La independencia de Le Monde


Le Monde se encuentra inmerso en una crisis en la que se juega su independencia; una crisis con dimensiones económicas, institucionales y económicas; una crisis con imnumerables cruces y entrecruces entre las política, las finanzas y el periodismo; una crisis que parece un culebrón, pero que puede resumirse en el enfrentamiento entre la Sociedad de Redactores y los accionistas externos del grupo y detrás más que se adivina la sombra del omnipresente Sarkozy.

El grupo Le Monde se encuentra descabezado al no aprobar su Consejo de Vigilancia el nombramiento de Eric Fottorino, hasta ahora director de la Redacción, como director general. Fottorino es el tercer miembro del trío que se hizo cargo del grupo después de la salida de Jean-Marie Colombani. En diciembre, los tres (Jeantet, Patino y Fottorino) tuvieron que dimitir bajo la presión de la Sociedad de Redactores, al pretender subir sus remuneraciones coincidiendo con el anuncio de pérdidas de 12 millones de euros en el último ejercicio -precedidas por otras aún mayores en los años anteriores. Fottorino recuperó su candidatura, ahora rechazada por el Consejo de Vigilancia merced a los votos de los accionista externo. El día 25 se hace efectiva la dimisión de los otros dos triunviros, de modo que el grupo tiene 10 días para encontrar una solución.

Los accionistas externos están aglutinados por Alain Minc, uno de esos enarcas que lo han sido todo en Francia. Minc, que, como presidente del Consejo de Vigilancia, ha sido el poder en la sombra durante la última década, sostiene que el grupo pasa por una crisis finaciera y ha acudido a dos de los accionistas externos, Arnaud Lagardère (17,27% de participación) y el grupo Prisa (15,01%) para que procedan a cubrir una ampliación de capital y convertirse, así, en accionistas de referencia en detrimento de la Sociedad de Redactores.

Quizá convenga hacer un poco de historia. En la hora de la Liberación, el gobierno De Gaulle se incautó de los periódicos que habían estado en manos de colaboracionistas. Uno de ellos era el prestigioso Le Temps, entregado al periodista Hubert Beuve-Méry, que crea una sociedad de responsabilidad limitada y construye una línea editorial síntesis de las tres grandes familias de la Resistencia: gaullistas-nacionalistas, democristianos, comunistas. El diario se convertirá con el advenimiento de la IV República en 1958 en la voz más crítica al general. Fuera de Francia, es la referencia para cualquier interesado en la política internacional y la diplomacia. Para la oposición interna a la dictadura franquista Le Monde era una ventana privilegiada hacia el exterior . En 1951 se crea una Sociedad de Redactores, como modo de garantizar la línea fundacional. En 1968, al rebufo de mayo, a la Sociedad de Redactores se suman otras dos más, de empleados y cuadros. Entre las tres controlan la casi absoluta mayoría del capital de la sociedad limitada. La Sociedad de Redactores se convierte en un modelo para las reivindicaciones de participación de los periodistas en la línea editorial de sus medios.

Pero los tiempos cambian, hay que abordar los cambios tecnológicos y la competencia de los medios audiovisuales, Le Monde se convierte en sociedad anónima y se abre al capital exterior. Desde entonces, este medio de referencia ha vivido en una continua pugna entres esos accionistas externos, pendientes de la rentabilidad y con sus propios intereses políticos, y la Sociedad de Redactores, defensora de la línea editorial, pero también marcada por luchas internas de poder. El gran arma de los redactores es su poder de veto sobre el nombramiento del director general, facultad que ejercieron el pasado mayo para no renovar en el cargo a Jean-Marie Colombani.

La mítica indpendencia de Le Monde ha sido cuestionada por obras como “La face cachée du Monde”, de Péan y Cohen, quienes denunciaron que Minc, Colombani y su antecesor Plenel habían convertido el diario en un instrumento al servicio de los poderes dominantes de la política francesa.

Ahora el conflicto se polariza entre Minc y la sociedad de redactores, que intenta desde el pasado junio su cese al frente del Consejo de Vigilancia. Minc, asesor de Sarkozy, propone que Lagardére y Prisa (amboos grupos tienen un pacto accionarial) se conviertan en el accionista dominante. Arnaud Lagardére, propietario de Paris Match y patrón de un gran grupo industrial, es uno de los “hermanos” de Sarkozy y le ha mostrado su amor filial impidiendo que Paris Match publicara las historias de la primera espantada de Cecilia. Unas relaciones entre los medios y el presidente que llevan a analistas franceses a expresar temores sobre la libertad de prensa en Francia, como ha recogido la corresponsal de la BBC.

El aumento de ventas no ha detenido las pérdidas que se repiten año tras año. Mientras, la división de Le Monde en la red tiene beneficios y se ha convertido en una referencia de prestigio para los internautas. El diario ha hecho muchos cambios para conectar con los lectores, pero quizá se hora de abandonar ese carácter de diario vespertino (sale al mediodía con la fecha del día siguiente) que resulta un tanto anacrónico.

¿Saldrá reforzada la independencia de Le Monde de esta crisis?. Ya veremos.

Las trampas de la supresión de la publicidad en la televisión francesa


Como era de esperar, el globo sonda lanzado por Sarkozy ha tenido consecuencias y reacciones. Mi amigo Paco Audije, francófono y ex corresponsal en París, me pone en alerta.

Consecuencias, la subida de las acciones de las dos grandes beneficiadas, TF1 y M6, revalorizadas, la primera (propiedad de Martin Bouygues, uno de los grandes amigos del presidente) casi un 10%, y la segunda más del 4%.

Reacciones de sorpresa de la propia ministra de Cultura y Comunicación, Christine Albanel, y de la dirección de France Télevisions, que pide precisiones. Da la impresión de que, una vez más, es una decisión tomada por Sarkozy sin contar con su gabinete.

Y reacciones de movilización del personal de las televisiones francesas que temen que no se trate más de que de una maniobra para privatizar, o al menos jibarizar, la televisión pública. Los sindicatos desconfian que la anunciada nueva tasa pueda cubrir los 800 millones de euros anuales de ingresos publicitarios. Por de pronto, irían al paro los 300 gestores publicitarios. La ministra dice que está fuera de cuestion la privatización, pero hay que revisar los “cahier de charges” (lo que en España será el contrato programa): “más cultura, más creación más deporte… popular y de calidad sin hacer Arte; pero, atención, aún sin publicidad no se pueden perder de vista los objetivos de audiencia”.

Para colmo de contradicciones, mientras se anuncia la desaparición de la publicidad de las pantallas públicas, la ministra y la dirección de Radio France intentan introducir los anuncios de marca en la radio pública, para paliar la reducción de los ingresos provenientes de la publicidad institucional. Los sindicatos ya han lanzado una iniciativa en contra.

Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos, pero creo que vale la pena seguir pensando en fuentes de financiación alternativas que permitieran liberar a las televisiones públicas de la publicidad.

(Por cierto que revisando Libération encuentro que Prisa y Lagardére quieren ampliar su participación accionarial en Le Monde, en plena crisis. La noticia ya fue publicada ayer 9 por El País, pero no se mencionaba que fuera una acción concertada con Lagardére, el gran grupo industrial con intereses en los medios, el sector aeronaútico y el armamento. Habrá que estar atentos a la reacción de la Sociedad de Redactores de Le Monde)

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