Luchar contra el rumor


Leo en el Campaign Desk de la Columbia Journalism Review (CJR) un artículo titulado That’s not right que plantea cuál debe de ser la actitud de un reportero ante el rumor de que Barack Obama es musulmán. Los reporteros que siguen la campaña se ha visto confrontados con el rumor, sobre todo en su trato con los asistentes a los mítines de McCain. ¿Qué hacer?

Lo primero, como reconoce uno de los reporteros, sería plantear qué importa que sea o no musulmán. Pero todos reconocen que con la islamofobia extendida en la sociedad norteamericana -y la importancia de la religión allí, añadiría yo- la cuestión cuenta.

Todos están de acuerdo en que deben de aclarar en sus informaciones que Obama es cristiano. Algiunos piensan que esa es única obligación: informar, no cambiar el pensamiento de la gente. Otros, en cambio, entienden que informar significa mostrar la verdad y recomiendan dejar claro al interlocutor, sin entrar en discusión, lo erróneo de su opinión demostrándoles lo inconsistente de sus fuentes.

Entre estas dos posturas, creo que lo obligado es informar correctamente; intentar mostrar el error a nuestros interlocutores es ya una cuestión personal, no profesional.

Curiosamente, los reporteros no plantean una cuestión básica respecto al rumor. Cualquier desmentido, o, simplemente, la mención a su falsedad en una información, multiplica el rumor. Desde un punto de vista deontológico, es obligación del periodista desmentir el rumor si le consta la falsedad del mismo, aportando los datos en su poder para apoyar su información. Si eso al final propala el rumor, no podemos hacer nada. Otra cosa son los afectados por el rumor, que debieran de sopesar si un desmentido les perjudica más que callar.

Para desngrasar aqú dejo el enlace a este vídeo en el que Obama bromea: «soy de Kripton»

Y puesto que hablo de la campaña en Estados Unidos, reflejar tambien la polémica sobre la «vulgarización de la política americana», recogida en otra reseña de la CJR. A la afirmación de que la candidatura de Palin es un síntoma de la vulgarización de la política, responde Bill Kristol en The New York Times, una de los grandes santones neocon, acusando a quien tal cosa afirme de defender un elitismo profundamente contrario a la democracia, que no es otra cosa que el el gobierno del vulgo. Una opinión que trata de vestir intelectualmente el populismo más ramplón, como ya analicé en las entradas Líderes a nuestra semejanza y «Reality electoral»

La realización del tercer debate


No he tenido tiempo para ver en detalle el tercer debate entre Obama y McCain. Sólo una observación sobre el formato.

Todos los comentaristas están de acuerdo en que este ha sido el más vivo de los tres. Creo que no es casualidad. Desde luego, el momento de la campaña resulta decisivo en el desarrollo del debate; pero la puesta en escena y la realización también es importante. La proximidad física, el estar sentados en una mesa redonda, centra a los que debaten en su contrincante, en atacar y a refutar. El anterior formato, el de los podios en los extremos del estudio, lleva a los candidatos a dirigirse más a la audiencia que a debatir, a hacer exposiciones que ignoran las objecciones del contrario. De modo que aunque, aunque en principio, la otra puesta en escena parece más espectacular, ésta otra es mucho más eficaz. Porque, en definitiva ¿hay algo más audiovisual que el enfrentamiento de dos personajes en plano medio?. La mesa redonda es, además el espacio ideal de debate. Por cierto, una mesa bien común, nada de diseño como en los debates españoles y franceses. Desde el punto de vista de la realización, con esta puesta en escena cuando cada candidato responde a su contrincante, el espectador siente esa cercanía, sin que nadie se dirija expresamente a él.

Como siempre, remito al visor interactivo de rtve.es y al tratamiento completo de BBC.news

Añado los comentarios que me envía Alberto Marinero:

En efecto, todo estuvo más animado que otras veces, pero la sensación es que los dos actúan con cautela y no echan el resto. Tal vez, ninguno de los dos se cree que lo que dicen las encuestas es definitivo. Es admirable la paciencia de Obama que repite una y otra vez sus argumentos sin temor a que el pescado se pudra: ahí empieza a demostrar una consistencia propia de un estadista. McCain, en cambio, reafirma su condición de luchador tenaz y experimentado: no piensa tirar la toalla hasta ver el resultado de la votación. Si bien un cambio brusco en la política de un país como EE UU no es posible, pero en el sufragio universal, si que pueden suceder vuelcos inesperados. En España sabemos de eso.

McCain por fin se vió beneficiado físicamente del formato y no aparecía tan patéticamente mayor como en los anteriores. A pesar de que se hablaba de temas que hasta ahora se consideraban de Obama, McCain no se amilanó ni mucho menos y estuvo, a mi juicio, no simplemente combativo o explícito – también un polemista convincente y respetuoso  . El tema clave es si la penalización en el terreno económico que arrastra se debe a la identificación de su imagen con el sistema que llevó al desastre actual, o si sus recetas realmente no convencen. Para esta valoración hay que ser americano. Temas como impuestos, asistencia sanitaria o educación tocan más al votante común, que las alusiones al rescate, a la independencia energética u otras divagaciones sobre temas globales. Eso sí, me parece incorrecto el planteamiento del debate como exclusivamente «interno», porque las guerras que lleva a cabo EE UU en Irak y Afghanistan no son tan «externas»: los más de 700.000 millones de dolares que se han gastado en ellas hasta ahora son un importante lastre para la economía nacional (si solo hablamos de dinero). No hay que ser experto, para entender que con menos del 10% de esa cantidad, se podría cubrir las propuestas sobre educación, por ejemplo, de cualquiera de los dos candidatos. Con bastante menos le arreglarían el cuerpo al fontanero Joe.

Televisión ciudadana… y de partido


De repente, un anuncio en el correo de Yahoo llama mi atención. Está en italiano y anuncia YouDem.TV. Pincho el enlace y me conduce a una página de registro de la que se califica la primera tv. social dedicada a  la política y la sociedad italiana. Y en la parte inferior de la página, el logo del Partido Democrático. Y empiezo a entender.

Resumo el proyecto, que arrancará el próximo día 14. YouDem.Tv es la televisión del Partido Democrático, una televisión, por tanto de partido. Una televisión con la que el partido de la oposición quiere romper el asfixiante dominio de la televisión por parte de Berlusconi. En cuanto a los contenidos, será una televisión mixta: información periodística profesional y vídeos producidos por los ciudadanos. El objetivo es conseguir » la prima social television della politica italiana». En cuanto medio, será una televisión convergente. Contará con un canal en YouTube y se difundirá también a través de la plataforma de pago italiana (Sky) y a través de la telefonía 3-G. Vamos, un proyecto casi calcado del Current-Tv de Al Gore, aunque se proclama más directamente la relación con Obama-Tv. YouDem.Tv se incardina en un proyecto más amplio de comunicación alternativa dirigida por el PD y que denominan CarpeDem.

Los medios tradicionales se toman la iniciativa con una cierta sorna. «Filosofía web 2.0 en salsa YouTube», dice La RepubblicaUn proyecto «espartano, pero trendy», para Panorama. Y es que -bromeala Repubblica- «dices Obama y sale Veltroni». Parece complicado que esta televisión ciudadana se libere de los usos partitotocráticos. Justamente, empieza el 14, coincidiendo con el primer aniversario de la «entronización» de Veltroni. En fin, que sea verdaderamente social, que bien les vendrá a los italianos

Valor, sacrificio y agallas


Valor, sacrificio y agallas para fijar un nuevo rumbo. Creo que éste es el mensaje esencial de Obama en su segundo cara a cara con McCain. Mucho valor y agallas va a necesitar el nuevo presidente y mucho sacrificio van a tener que soportar los norteamericanos para salir del marasmo en que les han colocado -nos han colocado- las presidencias de Bush y el modelo de capitalismo financiero especulativo.

(Como fuentes, vuelvo a remitirme al visor interactivo de RTVE y al tratamiento en profundidad de la BBC)

Destaco esta frase de Obama porque creo que el senador consiguió elevar el tono del debate y abrir una ventana de esperanza, sin falsas ilusiones, para superar la crisis. No es «sangre, sudor y lágrimas», pero suena realista y sincero.

El formato audiovisual sirvió al debate y al esclarecimiento de las grandes cuestiones. No era -afortunadamente- «tengo una pregunta para vd.»- porque las cuestiones del público y las miles llegadas por internet habían pasado el control editorial de Tom Brokaw, el veterano conducor de la NBC, ahora retirado. Esa valoración periodística garantizó la relevancia de las preguntas. La sobriedad del escenario y la actitud de los candidatos convirtió al debate en la mayor oportunidad hasta ahora en la campaña para el esclarecimiento de las grandes audiencias.

No entro en el tópico de quién ganó a quién. Las encuestas parecen indicar que Obama y los analistas asegurán que McCain no consiguió su propósito de llevar a su contrincante al terrero de las descalificaciones personales, que, también según los analistas, es el último cartucho de los estrategas de la campaña republicana. Estos debates se denominan en Estados Unidos «town hall debates», porque recuperan la tradición de los debates cara a cara en el salón de actos de un ayuntamiento entre candidatos locales ante la asamblea de los vecinos. McCain ha mantenido a lo largo de la campaña decenas de encuentros en este marco, pero con simpatizantes. Estaba, pues, más entrenado y, además, su lenguaje es más cercano al de la gente. Ha comunicado bien y sin duda habrá llegado a la audiencia. Pero ha insistido hasta la saciedad en su historial de servicio. Obama ha estado más articulado sin ser profesoral y ha transmitido sinceridad. No me hago ninguna ilusión sobre el desempeño de uno u otro como presidente, pero no cabe duda que se trata de dos grandes candidatos, capaces y comprometidos con los que entienden son los intereses de su país y sus ciudadanos.

El máximo choque se produjo en el minuto 72 cuando Obama acusó a McCain de estar obsesionado con bombadear Irán y querer aniquilar a Corea del Norte. Pero los aspectos a mi juicio más interesantes se produjeron ante dos preguntas del moderador. La primera sobre las prioridades entre crisis energéticas, sanidad y pensiones. Obama dió su máxima prioridad a la independencia energética a través de fuentes alternativas. McCain dijo que afrontaría simultaneamente las tres prioridades y sobre energía mencionó los sondeos de gas y petróleo en el mar y una ola de nuevas centrales nucleares (para echarse a temblar). La segunda, sobre la necesidad de intervenir en el exterior en situaciones de genocidio o graves violaciones de derechos humanos. La respuesta positiva de Obama fue muy matizada, incidiendo en la necesidad de una actuación conjunta con los aliados.

En fin, un debate que da envidia.

«Reality» electoral


Veo el debate Biden-Palin (¿debiera decir Palin-Biden?) 15 horas después. ¿Qué se puede decir a estas alturas que no esté ya dicho?.

Antes de entrar en el análisis, dos enlaces. RTVE.es ha vuelto a utilizar su navegador sobre la transcripción del debate. Ya comenté favorablemente esta herramienta con ocasión del debate Rajoy-Zapatero. El vídeo está anclado al texto de la transcripción (en español), se puede navegar por texto y vídeo sincrónicamente y hacer búsquedas sobre el texto; una herramienta potente, que nada tiene que envidiar a GAudi. BBC.news hace un tratamiento más clásico en profundidad: análisis, comentarios a los principales fragmentos, citas claves, puntuación y comprobación de hechos (comprobación de las citas factuales de los candidatos).

Mi opinión personal es que el espectáculo audiovisual de ayer es un paso más en la muerte de los debates electorales. El debate electoral es una forma de deliberación en la que los candidatos se enfrentan en un cara a cara para esclarecer y contrastar sus posiciones con las de su rival. Antes de que existiera la televisión ya había en Estados Unidos este tipo de enfrentamientos dialécticos en teatros y auditorios. La televisión los convirtió en espectáculo y puso el énfasis en los detalles que transmitían la personalidad de los candidatos. Que en el primer debate electoral  de la historia Nixon apareciera sudoroso y mal afeitado fue clave en la victoria de John Kennedy. Desde entonces, los magos audiovisuales han intentado construir la personalidad del candidato a través de su imagen. Se trataba de transmitir competencia, seguridad, fiabilidad, confianza. Pero en último término, al llegar la hora del debate, el candidato tenía que ser convincente para mostrar la justeza de sus argumentos y lo inapropiado de los del contrario. En esa esgrima dialéctica el máximo logro era pillar al adversario en un renuncio. Además de la convicción, el otro requisito básico es mantener siempre el control y no aparecer demasiado afectado emocionalmente -por ejemplo, Royal pudo perder su debate con Sarkozy cuando, iracunda, cayó en la trampa de rebatir unas críticas de su contricante a su política como ministra de educación. En función de estos criterios, los ciudadanos y, sobre todo, los analistas, dan como ganador a uno u otro candidato. Porque el debate termina por convertirse en una contienda que, como en un juego deportivo, se gana o se pierde. Tan importante como el debate es el juicio de los expertos.

Con estas reglas clásicas ha jugado Joe Biden. Sarah Biden ha preferido el terreno de juego de los «reality» y ha empleado sus trucos de presentadora de provincias. Estaba allí para hablar a los americanos, ha mirado continuamente a la cámara y no su a su contrincante, se ha permitido hasta guiñar el ojo y, con su vocecita y sus gafitas, se ha presentado como la madre con un hijo en Irak, con niños que tienen que ir al colegio, que ha pasado temporadas sin seguro médico, como alguien que, hablando al corazón de los americanos, puede terminar con la codicia de Wall Street. Es la concursante de Gran Hermano que pide a la audiencia que no la expulse del concurso. Ya no se trata de mostrarse como la persona más adecuada para servir a sus conciudadanos, sino como la más próxima, la igual a nosotros, que hará lo mismo que haríamos nosotros. Queremos líderes a nuestra imagen y semejanza y que esos líderes se nos muestren en un formato audiovisual familiar. El debate se convierte en «reality show», donde más que la confrontación de los argumentos cuentan las emociones y la identificación. Y si no veamos algunos calificativos de un analista en BBC: cálida, fresca, segura, enérgica, agradable…

En cuanto al contenido, todo previsible. Biden defiende la necesidad de regulación y la disminución  de impuestos para la clase media y Palin la disminución de impuestos para las empresas. Por cierto, no parece que los demócratas sigan los consejos de Lakoff, porque se empeñan en jugar en el terreno del enemigo utilizando la expresión «fiscal relief», alivio fiscal, aunque para la clase media. El autor de «No pienses en un elefante» pone justamente esta expresión como ejemplo de un marco conceptual favorable a la concepción del padre autoritario propia de los republicanos.

Debate ¿Biden vs. Palin? o ¿Palin vs. Biden?. Todos los analistas advertían que, tal como está el patio, el peor error que hubiera podido cometer el senador es aparecer prepotente frente a la inexperta gobernadora. Sería, se decía, una actitud machista- ¿es la prepotencia un defecto exclusivamente masculino?. En esta campaña uno de los candidatos es un negro (mulato) y otro una mujer y eso parece que lo cambia todo. Por mucho que Obama se haya esforzado por eliminar el factor racial su color puede ser un factor esencial. Y Palin si se ha esforzado por algo es por presentarse antes que nada como una mujer, el modelo de la superamadre conservadora. Es el triunfo delcomunistarismo sobre la ciudadanía.

Un debate conforme al guión


Primer debate entre Obama y McCain en un momento crítico para la economía mundial. Así que no es raro que un debate pactado sobre política exterior se halla abierto con la crisis económica. Al final de esta entrada he incrustado los vídeos del debate, traducido en rtve.es y en su versión inglesa en news.bbc.co.uk (la reproducción automática al llegar al final de la página). También incluyo aquí el enlace a la transcripción completa en inglés en CNN.com y a un resumen minutado en español en elpais.com.

En un rápido repaso de algunos analistas españoles e internacionales todos parecen de acuerdo que McCain ha ganado el debate a los puntos, sobre todo por su actitud más agresiva en los temas de seguridad y política exterior. En mi opinión el debate ha carecido de nervio, sobre todo en el tema económico. Ambos candidatos han repetido ideas y recetas ya conocidas, pero han faltado propuestas de verdadero liderazgo para enfrentarse a la crisis. Obama y McCain -y uno de ellos dirigirá el Imperio- parecen carecer de visión para afrontar esta nueva etapa. No se trata de sacar de la chistera el conejo de una receta mágica, sino de buscar nuevas perspectivas para un cambio de paradigma económico, pedir a los ciudadanos sacrificios e infundirles nuevas esperanzas. En este sentido, ha sido un debate fallido, un debate previsible, un debate controlado, carente de grandeza.

Desde el punto de vista audiovisual, creo que los países latinos debiéramos de aprender de la sobriedad visual y de la flexibilidad de diálogo con la que se ha desarrollado el debate. El moderador ha tenido libertad para introducir preguntas en el marco de los tiempos y los temas pactados. Y ha interpelado muy oportunamente a los candidatos para que se salieran del discurso y se definieran sobre las extraordinarias circunstancias económicas. Obama ha aparecido seguro, relajado, quizá demasiado relajado. McCain parecía en algunos momentos el candidato más joven y más rápido en el ataque. Obama, sin pasar apuros, no ha estado muy fino en contrarrestar los contrataques. McCain ha definido a su contrincante como el candidato más izquierdista de la historia. Y Obama se ha referido a McCain como un liberal en lo económico. Uno y otro han condescendido con una sonrisa a estas caracterizaciones realizadas por su rival. Por cierto que en el debate ambos traslucían un respeto sincero por el otro. McCain ha abusado de su imagen de maverik (independiente, imprevisible) y de su historia de héroe y prisionero de guerra.

Por supuesto que en el debate se han manifestado diferencias importantes, por mucho que ya sean conocidas. Resumo los puntos de discrepancia.

Economía. Ambos han defendido el paquete millonario de rescate. McCain defiende los recortes presupuestarios y el mantenimiento de los recortes tributarios de Bush. Obama propone endurecer el control sobre los gastos, reducir los impuestos para las clases medias y un paquete de inversiones en infraestructuras y servicios sociales de corte keynesiano.

Seguridad y política exterior. La discrepancia más importante reside en la guerra de Irak. McCain defendió la invasión, Obama la rechazó. McCain fue el gran defensor del refuerzo (surge) y asegura que Obama se niega a reconocer que se está ganando la guerra. Obama reconoce la mejora, pero niega que se esté ganando, insiste en que la clave está en el acuerdo político entre los iraquíes y mantiene su promesa de retirada de tropas. Obama ha insistido en que Afganistán debe ser la prioridad. Su mayor desliz se ha producido en relación con Pakistán, al venir a sugerir que habría que atacar a Al Qaeda en Pakistán, oportunidad aprovechada por McCain («yo no me atrevo a desenfundar el arma contra Pakistán como sostiene el senado Obama sino que creo que hay que convencer a los paquistaníes»). En general, Obama ha asumido las posiciones duras de la política imperial, pero ha vuelto a mostrarse partidario de conversaciones sin condiciones con los líderes díscolos (Ahmedinejad, Chávez). Por cierto, que en en este tema del diálogo se ha producido uno de los pocos contrataques de Obama, al echar en cara a McCain su negativa a recibir a Zapatero, un aliado de la OTAN. (vídeo en rtve.es) y que supongo que nuestros medios repetirán hasta la saciedad.

En mi modesta opinión el debate ni ha aportado luz en la presente incertidumbre ni ha supuesto una baza decisiva para ninguno de los dos contricantes en la carrera a la Casa Blanca.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

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Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

Líderes a nuestra imagen y semejanza


La llegada de Sarah Palin ha supuesto un vuelco en la campaña de las elecciones norteamericanas. El mero hecho de que los republicanos hayan elegido una mujer como candidata a la vicepresidencia ha sido suficiente para elevar las expectativas de McCain. La recién llegada reúne algunas cualidades básicas. Es mujer, madre de familia y políticamente inexperta. Estas dos cualidades son sus principales bazas de cara al conjunto del electorado. Que, además, esté en línea con la derecha cristiana, es otro de sus atractivos, pero éste sólo válido para las bases más a la derecha del Partido Republicano. Que sea mujer, madre de familia numerosa, «hockey mum», parece que lleva a identificarse con ella a una gran proporción de mujeres, incluidas las frustradas partidarias de Hillary Clinton. Sólo las feministas más concienciadas rechazan a una mujer enemiga declarada del aborto. Y su falta de preparación quiere hacerse pasar como vector del «cambio», que se ha convertido en el leit motiv de esta campaña. Los estrategas de comunicación construyen su imagen: madre coraje que removerá la ciénaga de Washington. Sus propios defectos de cara a los electores más conservadores, como el embarazo de su hija adolescente, se convierten en virtudes, porque la acercan a los problemas de las familias comunes.  Loz discípulos de Karl Rove se han apuntado un buen tanto en un combate que, seguramente, se decidirá a los puntos.

El caso Palin demuestra el populismo de la política en Estados Unidos. Gore perdió frente a Bush (además de por el escándalo de Florida) porque el elector medio le consideró demasiado elitista, demasiado brillante. Lo msmo podría ocurrirle a Obama. No se quiere como líder al más competente, sino al que más se parece a nosotros. Si antes los líderes eran el modelo, ahora el modelo para el líder es el el ciudadano medio y en Estados Unidos nadie como el ama de casa blanca de una famila trabajadora para encarnar ese estereotipo.

Platón proponía la república gobernada por sabios. Quizá la mejor encarnación de sus ideas se dio con el despotismo ilustrado, el gobierno de la dictradura del proletariado o, en estos momentos, por el régimen de los ayatolás de Irán, donde el líder supremo (por encima del presidente) tiene una legitimidad religiosa y viene a seguir la doctrina seguida por los sabios religiosos. Hoy, el gobierno por los más sabios tiene poco atractivo para las masas de los electores de las sociedades postindustriales.

En Europa, el líder sigue teniendo que investirse con el manto de la competencia, pero esa competencia es construida por los partidos, mecanismo de cooptación de líderes. Luego los comunicadores y spin doctor tendrán que construir una imagen donde se mezcle competencia con identificación popular. Recuerdo la campaña de las legislativas de 1982 en España. Landelino Lavilla lideraba a una UCD en descomposición. Sus asesores llevaron al candidato a visitar mercados e incluso le hicieron marcarse algún pasodoble, pero quedó claro que Landelino era un fino jurista de gabinete, pero no podría ser nunca un líder popular.

Dos casos merecen comentario en Europa. Berlusconi es el puro líder populista. Muchos italianos quieren hacerse tan fácilmente ricos como él y envidian sus trajes y sus liftings y por eso le votan. Más complejo es el caso de Sarkozy. El pequeño Nicolás quiere hacer pasar la actividad frenética por competencia, la repetición de viejas fórmulas por nuevas soluciones mágicas, la actitud lenguaraz por la sinceridad, el mal gusto de la ostentación por aproximación a la gente. Cuando su vida privada invadió la esfera pública, la opinión pública le castigó, así que ha vuelto a un activismo inane. Sarkozy ha puesto fin al modelo de líderes elitistas, salidos de las grandes instituciones francesas.

¡Que gran tarea la de los comunicadores la de convertir la mediocridad en liderazgo!

Las ideas perdidas


FAIR es una modélica organización norteamericana, que desde 1986 mantiene un escrutinio para denunciar la parcialidad de los medios y defender la pluralidad de voces en el espacio público. Como es lógico, hace un seguimiento exhaustivo sobre la campaña electoral.

El último informe de FAIR analiza la cobertura de las primarias en los informativos nocturnos de las tres principales cadenas de televisión. Su conclusión es que se ha perdido la oportunidad para dejar aflorar ideas y cuestiones controvertidas, en una fase, que por ser muy abierta, debiera de ser propicia para presentar nuevos puntos de vista. A esta conclusión llega al encontrar como asunto informativo dominante las cuestiones de estrategia electoral y al constatar la escasa cobertura de los candidatos de más bajo perfil informativo.

El estudio realiza un análisis de contenido para determinar la presencia de 7 encuadres informativos: análisis de la estrategia de campaña, noticias, votaciones y ambiente de los votantes, interés humano y color local, temas, publicidad y biografías. El enfoque dominante es el de estrategia de campaña, que está presente en el 86% de las informaciones y que resulta dominante en el 65% de todas aquellas en las que aparece. En cambio, los temas, esto es, las cuestiones políticas y sociales a debate en la campaña, aparecen en un 41% de las informaciones, pero sólo son dominantes en un 5%. Por tanto, la pauta es mostrar las elecciones primarias como una carrera, una pugna entre estrategias. Ya me referí en otra entrada («La credibilidad de los medios norteamericanos, en picado») a las consecuencias de estos enfoques informativos. Los estudios (resumidos por la profesora Berganza) relacionan la pérdida de credibilidad de medios y políticos con un “enfoque estratégico” de la información política y electoral, en detrimento de un “enfoque temático”.

En cuanto a los candidatos, el más mencionado es Obama, Clinton y McCain. FAIR se queja de que algunos candidatos, que obtuvieron buenos resultados en los caucus de Iowa, como el republicano Paul Ron, fueron completamente ignorados por los medios.

Nuevamente, vemos como las campañas electorales se convierten en ocasiones perdidas para debatir las opciones sobre las que los electores tienen que pronunciarse.

¿En quién confiamos? ¿En los medios o en los gobiernos?


¿En quién confiamos? Pues depende, en los medios, si vivimos en un país emergente, en los gobiernos, si vivimos en un país de democracia desarrollada. Este es al menos el titular más impactante de otra de esas encuestas globales que Reuters y BBC vienen encargando a GlobeScan.

En este caso, el objetivo era conocer el grado de confianza en los medios (puede descargarse la encuesta completa en pdf, resumen en BBC) en 10 países con muy distinto grado de desarrollo político y económico: democracias capitalistas altamente desarrolladas (Estados Unidos, Alemania y Reino Unido), países emergentes con democracias asentadas (Corea del Sur, Brasil e India) o todavía débiles (Indonesia), un gigante potenciales con democracia inestable (Nigeria), una democracia formal que se desliza hacia la autocracia (Rusia) y una autocracia subdesarrollada (Egipto).

Con poco más de 10.000 encuestas, no puede sostenerse que los resultados sean tendencias globales. Pero lo interesante es comparar resultados entre unos y otros países y en este caso las diferencias sí que son llamativas. En Reino Unido, Alemania y Estado Unidos ¡se confía más en los gobiernos que en los medios! En el resto, más en los medios que en los gobiernos.

¿El mundo al revés? Los resultados en esas tres democracias sugieren que los medios han dejado de ejercer su papel de «perro guardián» o que los ciudadanos perciben que han dejado de cumplirlo, volcados en convertir la información en espectáculo y doblegados por el servilismo político. Esa es una lectura. Otra, que los ciudadanos confían en sus sistemas políticos y en tiempos de crisis se cierra filas con gobiernos representativos.

En los otros países, puede que los gobiernos se perciban como menos representativos y a los medios como su mejor controlador. Pero tampoco pueden hacerse lecturas lineales, porque las diferencias entre países son importantes. ¿Cómo confiar en los medios egipcios si el gobierno los controla? Pues porque los periodistas egipcios, como hicieron en su momento los españoles, son maestros de escribir entre líneas.

Hay mucho más en esta encuesta. Los medios tradicionales siguen siendo los líderes en credibilidad, empezando por la televisión nacional. Los menos creíbles son los blogs (Reuters titula que están todavía lejos de la madurez). Dos tercios de los encuestados quieren estar informados regularmente, pero los medios digitales están a la cola de las preferencias, incluso entre los jóvenes (un 19%), aunque este grupo es mucho más proclive.

En fin, una lección de humildad para «digitales» y «tradicionales»

La credibilidad de los medios norteamericanos, en picado


Los norteamericanos desconfían mayoritariamente de sus medios de comunicación. Es otra de las conclusiones del estudio de opinión de Harris Interactivo, al que me referí al hablar de la audiencia de los blogs políticos. Según el resumen difundido a través de BusinssWire, la peor parte se la lleva la prensa, de la que desconfían nada menos que un 54%. El siguiente medio menos fiable es la televisión, luego internet y, por último, la radio. Todo ello según la tabla que copio a continuación en inglés.

La representatividad del sondeo es relativa, son poco más de 2000 encuestas, hechas interactivamente (un método que muchos investigadores sociales cuestionan) pero marca una tendencia. La prensa, el medio más serio, más completo, resulta el menos fiable. En cambio, la radio, el medio más directamente informativo, pero, al tiempo, el más ideologizado en Estados Unidos, es el que más confianza despierta. Además, la confianza de los demócratas es mayor que la de los republicanos. Quizá sea una conclusión precipitada, pero me parece que la confianza está en función del grado de identificación ideológica con el medio. La prensa es más liberal, y, por tanto, menos creíble para los republicanos, y la radio, además de facilitar información neutra es el nicho natural para los predicadores de las ondas.

Encuentro otros datos relevantes en un estudio sobre liderazgo de la Universidad de Harvard (pdf). En este caso, las preguntas se refieren a la cobertura de las elecciones primarias. Nada menos que un 64% de los encuestados desconfía de la cobertura mediática de la campaña. Un 61% considera que esta cobertura se ha centrado en asuntos triviales. Por contra, un 71% desearía que la información de la campaña se centrara en las políticas específicas de futuro propuestas por los candidatos. Resulta evidente el cansancio de la trivilialidad. Los resultados vienen a avalar los estudios (resumidos por la profesora Berganza) que relacionan la pérdida de credibilidad de medios y políticos con un «enfoque estratégico» de la información política y electoral, en detrimento de un «enfoque temático», que es lo que parecen pedir los encuestados norteamericanos.