La Rusia de Putin


Recomiendo la lectura de «La decisión de Putin, el futuro de Rusia», Zbigniew Brzezinski, publicado en el último número de Política Exterior (pdf).

El que fuera máximo asesor de política exterior de Carter caracteriza a la Rusia de Putin como un estado autoritario en lo político, corporativo centralista en lo económico y revisionista en lo estratégico. Su tesis es que esta caracterización de debe a una decisión de Putin (y a lo que representa, los estamentos de seguridad que se hicieron con el poder tras la dimisión de Yeltsin, los siloviki) que no era la única posible y que hipoteca el futuro de Rusia. La guerra de Chechenia, el caso Jodorkovsky, el asesinato de periodistas, la estabilización económica gracias a la exportación energética, la centralización administrativa, la falta de infraestructuras e innovación… marcan este proceso. Brzezinski cree que cuando descienda el precio del petróleo, la riqueza exorbitante de oligarcas y siloviki desatará una inestabilidad social que un estatado autoritario no puede gestionar. Sin embargo, considera que la orientación europea de la clase media y una deseable estabilidad democrática de Ucrania pueden detener esta deriva autodestructiva de Rusia.

Brzezinski fue un halcón contra la Unión Soviética. En los últimos años ha sido un crítico de la política exterior neoconservadora de Bush, que considera en gran medida ilegítima y, en general, contraria a los intereses de Estados Unidos. Su análisis sobre Rusia es muy valioso, pero apenas menciona la ampliación de la OTAN hacia al este, mientras que refiere constantemente a la influencia benéfica de la Unión Europea.

Después de la caída del Muro cabría haber creado una organización de seguridad común para toda Europa, desde el Atlántico hasta los Urales, como sugirió Mitterand. Pero se impuso la visión de Estados Unidos. Y así, mientras el Pacto de Varsovia se disolvía, la OTAN se ampliaba hasta las fronteras de Euroa. ¿De quién puede defender la OTAN a, por ejemplo, los bálticos? Obviamente, de Rusia. No es extraño que renaciera en Rusia el complejo de sitio, acentuado con medidas que no podían ser consideradas más que hostiles, como el escudo antimisiles en Polonia y la República Checa.

Después de la guerra de Georgia, Rusia ha ganado reputación, poder duro en detrimento del poder blando, la capacidad de atracción pacífica. Europa ha demostrado, una vez más que, su política exterior es prácticamente irrelevante. Estados Unidos juega a la guerra fría e insiste en integrar a Georgia y Ucrania en la OTAN. ¿Cómo integrar a unos países con diferendos importantes con Rusia? ¿Para iniciar una tercera guerra mundial? ¿o para dejarlos a su suerte?. Rusia se enroca, Europa se debilita y Estados Unidos se siente a gusto con el nuevo desafío.

Más sobre Georgia: táctica, estrategia y propaganda


Recojo aquí algunos análisis sobre las causas y consecuencias del conflicto en Georgia.

Carlos Taibo coquetea con las teorías conspiratorias. Su tesis es que, igual que Sadam Hussein, Shakkasvili fue empujado por la CIA a su fracasada aventura para forzar la tensión con Rusia, lo que distraería de los fracasos de la Administración Bush y perjudicaría a Obama, con una imagen menos adecuada para los tiempos duros. Tiene razón Taibo que la acción georgiana no podría haberse realizado sin el consentimiento, al menos tácito, de Estados Unidos.

Open Democracy dedica una decena de análisis al conflicto. El especialista búlgaro Ivan Krastev habla de la trampa de la gran potencia. Su tesis es que la victoria táctica de Rusia es, en realidad, una fracaso estratégico. Con su intervención, Rusia ha hecho manifiesta la teoría estratégica de Putin, que no es otra que la de la Rusia zarista del s. XIX. Rusia ha mostrado su poder, pero ese poder no hace más que repeler a sus vecinos. Rusia ha perdido atractivo o «soft power» y se arriesga a un aislamiento internacional. Krastev también insiste en que la CIA informó al presidente georgiano de que los rusos no atacarían Georgia (¿chapuza o conspiración?). La verdad es que todo el argumento del análisis puede resumirse en la cita final de George Kennan (el teórico de la guerra fría): «Rusia no puede tener en su fronteras más que vasallos o enemigos». El rápido acuerdo de Estados Unidos con Polonia para la instalación del sistema antimisiles y la reacción de la OTAN que sigue apostando por el ingreso de Georgia avalarían, por el momento, esa tesis de fracaso estratégico.

Otra visión, también en Open Democracy, es la del experto en lengua adjasia, George Hewitt, quien sostiene que el conflicto sólo se podrá resolver contando con osetios y adjasios. Hewitt defiende la identidad propia de ambos territorios y su forzada integración a Georgia, primero por el régimen menchevique de los años 20, y luego por Stalin. Interesante la observación de que la mayoría de los refugiados georgianos son tratados con descuido por las autoridades por ser de la provincia de Mingrelia.

The Economist coincide en la tesis de que, a la larga, a la operación será un fracaso estratégico para Rusia.

Y, por último, el resumen que la Columbia Journalism Review realiza de los blogs de los periodistas rusos que han acudido a Osetia del Sur. Sus relatos, vídeos y fotografías testimonian el alto grado destrucción de la capital de Osetia del Sur. Human Rights Watch redujo el número de muertos denunciados por los rusos de miles a centenarares, pero, en cualquier caso, este fue alto y la destrucción importante. Y todo ello, 16 horas antes de la intervención rusa. Los blogs de los periodistas rusos, sin desprenderse de una visión nacional, han sido una voz valiosa para neutralizar la propaganda de unos y otros.

Cuestión de reputación


Mientras disfrutaba de unos días de vacaciones era un espectador más del gran espectáculo global de los Juegos, desarrollado en paralelo con la guerra en el Caúcaso. Los Juegos, la ceremonia del capitalismo global revistida de unos abstractos valores de fraternidad y sana competencia. Los Juegos, consagración de la gran potencia del mundo global, China. Y en el Caúcaso una guerra más por un pedazo de territorio, como viene haciendo la humanidad desde sus orígenes. Más limpieza étnica de un lado y de otro, más muerte y miseria y una partida estratégica por la energía.

A veces conviene volver a los clásicos para entender las cosas. En la España del Siglo de Oro y de la decadencia que le siguió, la preservación de la honra, que gobernaba las acciones personales y familiares, tenía un correlato público en el concepto de reputación. Una potencia tenía que mantener su reputación si quería ser respetada por las demás. Y así, si las guerras en Europa son iniciadas por Carlos V por defender su primacía imperial y defender el catolicismo, suys sucesores, sobre todo Felipe III y Felipe IV, actuaron ya más por defender la reputación del Imperio Hispánico que por razones estratégicas más profundas. Véase a este respecto El Conde Duque de Olivares de J.H. Elliot.

En el Caúcaso, Rusia ha reafirmado su reputación y Estados Unidos la ha perdido. Saakashvili inició la guerra en plena tregua olímpica, convencido que sería un paseo militar resuelto en unas horas. Un paso suicida que recuerda al de Sadam Hussein al invadir Irak. Pero la resistencia de los micilianos de Osetia del Norte fue suficiente para permitir la rápida reacción de Rusia. Rusia ha demostrado a los pueblos caucásicos y, en general, a todas la minorías del antiguo espacio soviético, que quien se coloca bajo la protección del nuevo imperio reconstruido por Putin no será dejado a su suerte. Y Estados Unidos ha quedado en evidencia dejando a Georgia sin más apoyo que algunas invectivas contra Rusia con el lenguaje de la guerra fría.

Rusia tuvo que aceptar que Estados Unidos y sus aliados sobrepasarán una línea roja incorporando a las repúblicas bálticas a la OTAN. Era la Rusia debilitada de los 90. La Rusia de Putin no podía aceptar el ingreso de Georgia en la Alianza Atlántica. A los aliados europeos no les hacía demasiado felices este previsto ingreso, pero en la pasada cumbre de la organización aceptaron el plan para la adhesión. ¿Se hubiera atrevido Rusia a desarrollar esta operación con Georgia en la Alianza? Mejor no pensar en ese escenario…

En las guerras del siglo XX y el XXI las grandes víctimas son los civiles. Ahora Rusia y Georgia se acusan mutuamente de genocidio. Genocidio es una acción sistemática para exterminar a un grupo humano. No parece que ni unos ni otros hayan cometido genocidio. Pero posblemente unos y otros hayan cometido crímenes contra la humanidad.

Y, ahora Rusia está en condiciones de aplicar los mismos principios que la OTAN ha aplicado en Kosovo y reconocerá la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.

La Justicia Universal como arma arrojadiza


Escucho a los tertulianos en la radio. ¡Qué barbaridad admitir a trámite una querella contra autoridades chinas un día antes de la llegada de los Principes a Pekín! Reacciones hipócritas ante el auto del juez Pedraz que admite a trámite la querella de dos asociaciones pro Tibet y un particular contra 7 altas autoridadades civiles y militares chinas, acusadas del delito de lesa humanidad, por la represión en el Tibet del pasado marzo. Ya sabemos que China no es una democracia -nos dicen- e incluso está muy bien meterse con ella, pero de eso a esa «provocación judicial» tres días antes de la apertura de la Juegos hay un gran trecho… En fin, opiniones que no son más que la manifestación de la tradicional pleitesía al poderoso.

Nuestro ordenamiento jurídico considera perseguibles los delitos de genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y terrorismo, con independencia del lugar donde se cometan. Esta consagración del principio de Justicia Universal permitió abrir causas como la de Scilingo y Pinochet. Pero ante la querella de Rigoberta Menchú por el genocidio contra los mayas en Guatemala, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo establecieron la doctrina limitativa de que sólo podían ejercerse estas acciones contra hechos acaecidos en el extranjero si había españoles entra las víctimas. El Tribunal Constitucional rectificó esta interpretación, lo que permite a los jueces españoles perseguir estos delitos, aunque no existan compatriotas contra las víctimas. Desde entronces han aumentado las querellas y se han admitido, entre otras, las que denuncian genocidio del gobierno tutsi de Ruanda contra los hutus o de Marruecos contra los saharauís.

Que las querellas además de buscar la justicia busquen un efecto político es lógico e inevitable. Los jueces no pueden retrasar su admisión por razones de oportunidad. Pero ahí deben de estar los medios de comunicación para esclarecer las circunstancias de los hechos que se denuncian. Creo que, por ejemplo, esa función no se cumplió cuando al informar de la querella admitida contra el presidente de Ruanda y otros cargos de su régimen, no se recordó el genocidio cometido por las milicias hutus en las que perecieron 800.000 personas.

El caso de Ruanda es aleccionador. El genocidio de 1994 dio lugar a la creación de un tribunal penal internacional específico, con sede en Arusha (Tanzania). Con lentitud, el tribunal sentenció a algunos de los máximos responsables de los crímenes. Mientras, en Ruanda centenares de miles de acusados esperaban juicio en las cárceles. Como en la orgía criminal había participado, de grado u obligados, buena parte de la población, unos juicios con verdaderas garantías eran imposibles. Algunos fueron juzgados por tribunales tradicionales, pero muchos volvieron a sus aldeas a convivir con los supervivientes. En paralelo, en Bélgica, otro de los países que reconocían el principio de Justicia Universal, se juzgaba a algunos destacados responsables, entre ellos, algún sacerdote. La querella de España se refiere, en cambio, a los crímenes cometidos por la guerrilla tutsi durante 1994 y, posteriormente, en sus ataques contra los campos de refugiados hutus en el Congo y en relación a los cuales se les acusa en la querella del asesinato de religiosos españoles. Pero no son los únicos frentes judiciales. Un juez francés acusó a Kagame como responsable del derribo del avión en el que viajaban los presidentes (hutus) de Ruanda y Burundi, y que fue la señal para el comienzo de la matanza contra los tutsis. Y el gobierno ruandés respondió con la creación de una comisión de investigación sobre la Operación Turquesa, una acción militar francesa que protegió la retira de las milicias hutus que se llevaban consigo a todo un pueblo como rehén. Y de ahí ha salido una acusación formal contra 33 autoridades francesas, empezando por Chirac y siguiendo por Balladur y Villepin. El conflicto diplomático está servido.

Para que un tribunal español se declare competente tiene que probarse que se han agotado los procedimientos en el país de los hechos o que las circunstancias allí -como es el caso de China- hacen imposible cualquier acción jurídica. Pero a partir de ahí, como en cualquier procedimiento judicial, hay que probar los hechos. La capacidad de investigación de los fiscales de la Audiencia Nacional es muy limitada o nula si no se cuenta con la colaboración del otro país. España dio un gran paso reconociendo el principio de Justicia Universal, pero sin un refuerzo de medios (por ejemplo, creando una Sala especial) la Audiencia corre el riego de verse saturada con querellas que más que justicia obtendán réditos políticos. ¿No podría buscarse un procedimiento para inhibirse en favor del Tribunal Penal Internacional por aquellos hechos que entren dentro de la jurisdicción de éste?.

Lo que tiene que entender China (o Marruecos) es que los tribunales en un Estado de Derecho son independientes y que no cabe la represalia diplomática ante sus decisiones.

(P.S Recomiendo pinchar estos días en el mapa de la columna de la izquierda de este blog que nos muestra la localización de las noticias. Hay ya más del 30% tienen su origen en Pekín)

Haris Silajdizic defiende una Bosnia unificada


Haris Silajdzic

Pocos políticos bosnios tan inteligentes y carismáticos como Haris Silajdzic, el cerebro de la resistencia bosnia, como ministro de exteriores, primer ministro y negociador de los acuerdos de Dayton. Después de la guerra, rompió con el partido nacionalista musulmán de Izetbegovic y terminó por abandonar la política durante unos años. Pero en 2006 regresó y las elecciones le encumbraron a la presidencia colegiada de Bosnia-Herzegovina.

El 28 de julio fue entrevistado en el espacio de la BBC Hard Talk (Vídeo)

En la entrevista, Silajdzic defiende su idea de unificar de nuevo Bosnia-Herzegovina, fusionando en una único estado las dos entidades existentes: la república Srpska y la Federación Croata-Musulmana. Su argumento, que a lo largo de la Historia etnias y religiones vivieron bajo un mismo estado y que la república Srpska está basada en la limpieza étnica.

Ambos argumentos son ciertos y existe otro más pragmático: la ineficiencia del engrendo nacido en Dayton. Un estado (¿confederal?) formado por dos entidades estatales, una de ellas una federación de dos componentes y dentro de cada una de esas entidades cantones con una amplia autonomía y ayuntamientos. Una organización mucho más compleja que la española, con un sinfín de niveles administrativos y con los escasos recursos absorvidos por el clientelismo político. Pero a pesar de todos estos argumentos, sólo una decisión de los ciudadanos de todas esas entidades podría superar el estado salido de Dayton. El consenso parece imposible. Es cierto que en las tres comunidades cada día tienen más influencia las fuerzas políticas que apuestan por esta solución, pero los partidos dominantes y la mayoría de las poblaciones siguen identificándose con opciones etnicistas, y no sólo en la república Srpska, sino también y muy señaladamente en la Herzegovina, con una parte de la población identificada con el nacionalismo croata. La situación de Kosovo refuerza, además, las tendencias favorables a la unificación con Serbia en la república Srpska. El único horizonte es la Unión Europea. Con Croacia, Serbia y la propia Bosnia-Herzegovina dentro de la Unión, el estado salido de Dayton podría convertirse en un estado único, con autonomías regionales y respeto a los derechos de las minorías.

En la entrevista, Silajdzic defiende el término «bosniaco» para designar a todos los habitantes del país, sea cual sea su origen étnico. Y resta importancia a los crímenes cometidos por los bosnios-musulmanes, que actuaban en defensa propia frente a una agresión planificada. Una posición indefendible, porque los crímenes de todos son igualmente execrables y punibles.

Propaganda taliban


Durante el tiempo, un largo lustro, que los talibanes convirtieron Afganistán en un emirato islámico persiguieron toda forma de cultura y los medios para su expresión, ya fueran los instrumentos musicales tradicionales, ya los impíos televisores o DVD. Pero han aprendido la lección y en la estela de Al Qaeda han creado su sistema de propaganda que no le hace ascos a los medios electrónicos y al ciberespacio.

El International Crisis Group ha publicado un informe (resumen ejecutivo, informe completo en pdf, noticia de Reuters) que advierte del peligro de que los talibanes pueden estar ganando la guerra de la propaganda. Han desarrollado un sistema flexible que combina los medios más tradicionales con el ciberespacio. Consignas y amenazas se hacen llegar por medio de las «cartas nocturnas», que circulan anónimante. Con una población en gran parte analfabeta el antes odiado DVD se ha convertido en el soporte preferido para hacer llegar prédicas y, sobre todo, imágenes de sus acciones armadas. En el ciberespacio mantienen una página Al Emarah (El Emirato) que sirve, sobre todo, para distribuir material y secundariamente para propaganda internacional.

A diferencia de Al Qaeda sus objetivos no son globales, sino locales, tribales incluso. Los talibanes se presentan esencialmente con un movimiento pastún, y sólo en un pequeño porcentaje usan otras lenguas como el dari. El objetico de su propaganda es más táctico que estratégico. Se presentan como herederos de la jihad contra los soviéticos y explotan las diferencias entre las distintas tribus. El International Crisis Group advierte que los bombardeos masivos (de vez en cuando leemos «un bombardeo de la OTAN mata a 50 talibanes» ¿cuántos eran combatientes y cuántos civiles) y las detenciones indiscrimindas llevadas a cabo por el gobierno central son la mejor baza para reclutar a los aldeanos y su denuncia se han convertido en parte esencial de mensaje talibán. Para negociar el fin de la lucha armada exigen la retirada incondicional de las tropas extranjeras y la más estricta aplicación de la sharia.

(Aunque taliban es el plural de talib, estudiante, opto como muchos medios españoles por usa un plural castellanizado, talibanes)

Justicia en Serbia; Justicia para Serbia


¡Qué dificil resulta para los pueblos asumir y depurar una historia criminal! España es campeón en la aplicación de la Justicia Universal contra genocidas extranjeros, pero nuestra transición se basó, no en el perdón, sino en el olvido. Ahora, recuperar la memoria se ha convertido en una incómoda papeleta para el gobierno. Italia, pese a todo la mística partisana, tampoco asumió sus culpas y una corriente profunda fascista (como en España franquista) ha ido aflorando de cuando en cuando y ahora de una manera abierta con el último gobierno Berlusconi. Tampoco ha sido fácil para Francia asumir las culpas del colaboracionismo. Sólo Alemania se vio obligada por los aliados a realizar un proceso de desnazificación, del que terminaron por escapar  muchos criminales, pequeños y grandes, aprovechando las circunstancias de la guerra fría. En los 70, los hijos de tantos nazis ocultos protagonizaron los movimientos de contestación anticapitalista. Pero con todo, Alemania es el país con una mayor conciencia colectiva del mal ocasionado y también -más recientemente- del mal sufrido. En Alemania en la escuela se estudia la infamia y los colegiales visitan los campos de exterminio. En España, para los escolares Franco es una figura tan lejana como Felipe II.

A pesar de todo, Alemania e Italia recibieron el maná del Plan Marshall. Ahora Serbia debe recibir la ayuda de la Unión Europea para convertirse en un país normal. Serbia tiene que entregar al Tribunal para la Antigua Yugoslavia a Mladic y a Goran Hadzic, líder de los serbios de la Krajina. El caso de Karadzic demuestra que la captura de estos criminales es posible con voluntad política. Por debajo de los figurones quedan otros muchos asesinos con menores responsabilidades políticas. De ellos se tienen que ocupar los tribunales locales de Serbia, Bosnia, Croacia… Ninguno de estos países ha hecho todavía una verdadera catársis. Basta salir del aeropuerto de Duvrovnik para encontrarse con una valla gigantesca que enaltece como héroe nacional a Ante Gotovina, pendiente de juicio en La Haya. Y sin embargo, Croacia es ya formalmente candidato a la adhesión.

Todos los líderes comunistas de Yugoslavia cabalgaron el tigre del nacionalismo para mantenerse en el poder. Todos, en distintos grados, son responsables de la catástrofe. Pero no por eso todos son criminales. Tampoco se puede estigmatizar a todo un pueblo, por mucho que esté anclado en falsas utopías nacionalistas. De todos los pueblos yugoslavos, los bosnios musulmanes estuvieron al borde del exterminio, pero los serbios han sido los grandes perdedores. Los bombardeos de la OTAN siguen siendo una herida abierta. Por ejemplo, en Novi Sad, una ciudad mayoritariamente a Milosevic, todavía no entiende en ensañamiento de las bombas.

Europa tiene que exigir a Serbia que ningún crimen quede impune. Pero Serbia merece también justicia y generosidad.

(Incluyo el enlace a una página muy completa BalkanInsight, que me acaba de descubrir Alberto Marinero)

El nuevo aspecto de Karadzic


En este vídeo de Reuters podemos ver a Karadzic asistiendo tranquilamente a una conferencia en el suburbio de Belgrado en el que vivía bajo la identidad de Dragan Dabic.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

Karadzic había abierto una clínica de medicina alternativa. Con su larga melena enrollada y su barba blanca da la imagen sí, de un médico alternativo, si se quiere de un «doctor chiflado». Pero también de un santón ortodoxo. De manera que su disfraz para huir resulta bastante consistente con su trayectoria de bardo eslavo, primero, y defensor de la Santa Ortodoxia, luego. Un disfraz sencillo que podía confundir a quien con el se cruzara, pero no a ningún servicio secreto. Esa especie de simpático nomo tiene que responder ante el Tribunal de la Haya de terribles crímenes.

Radovan Karadzic


La imagen más antigua que recuerdo de Radovan Karadzic es revistando a las tropas que se aprestaban a cerrar el cerco de Sarajevo. Eran los días previos a aquella manifestación en el centro de Sarajevo atacada por los paramilitares serbios que marcó el comienzo de la guerra de Bosnia. Karadzic recorría en un flamante Peugeot 605 las colinas que rodean Sarajevo y era saludado respetuosamente por los hombres que instalaban las posiciones de artillería que bombardearían la capital durante más de tres años. Karadzic nunca se había visto en otra. Un político provinciano al que rendía pleitesía un ejército variopinto formado por tropas del ejército federal yugoslavo y  paramilitares.

Karadzic había bajado de las montañas de Montenegro en las que nació a Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina, relativamente cosmopolita en términos de la Yugoslavia de Tito. Allí se hizo pisquiatra, pero no terminó de encajar en el ambiente intelectual de Sarajevo. Hay quien dice que en con la guerra se vengaría de agravios y desprecios. Lo cierto es que más que como psiquiatra Karadzic se hizo popular como poeta, en la tradición de los bardos populares serbios, que cantaban derrotas (siempre gloriosas) y gestas de bandoleros generosos.  Quizá esa popularidad como poeta le permitió destacar entre los nacionalistas serbios, que crecían en todas las repúblicas en paralelo a los movimientos secesionistas. Así, en 1991, mientras Izetbegovic buscaba alguna formúla federal que salvara la unidad de una Bosnia-Herzegovina independiente, Karadzic, al frente de la sección local del Partido Radical Serbio, amenazaba con un baño de sangre si un metro de tierra serbia -allá donde vive un serbio o hay una tumba serbia- quedaba en manos de los «turcos», esto es los musulmanes bosnios.

Karadzic montó su corte en Pale, una estación de montaña a unos kilómetros de Sarajevo. Por allí pasaron las innumerables delegaciones internacionales que buscaban alguna forma de acuerdo. Karadzic, con su melena blanca al viento, les recibía en el hotel Panorama, haciendo gala de una untuosa hospitalidad, pero sin ceder un ápice: toda la tierra serbia para los serbios. Parece mentira que los poderosos del mundo rindieran pleitesía, al menos formal, a este provinciano de tan cortísimas miras. En realidad Karadzic y sus adláteres no eran más que marionetas de Miloevic, que de vez en cuando hacían ostentación de falsa independencia. Finalmente, en Dayton, Milosevic les obligó a aceptar un acuerdo que, con su proverbial mirada provinciana, nunca habrían firmado sin presiones del patrón del Belgrado. No deja de ser todo un sarcasmo que en el gobierno  de Belegrado que por fin le ha detenido se siente ahora Ivica Dacic, uno de los hombres de Milosevic.

Karadzic, el jefe político, hizo pronto pareja con su jefe militar, Ratko Mladic. Las imágenes de ambos juntos eran innumerables, pero recuerdo un plano secuencia en el que ambos avanzan por el campo, el plano cierra sobre el militar que otea con unos prismáticos, abre el plano y el militar pasa los prismáticos al civil. El plano termina cerrando sobre Karadzic. Esa mirada es todo un símbolo de que Karadzic veía y sabía lo que pasaba. Karadzic puede que no haya matado físicamente nunca una mosca, pero fue el responsable político del genocidio.

Durante 12 años se suponía que podía estar protegido por su gente en las montañas de Montenegro. Pero finalmente ha sido detenido en el propio Belgrado. Muchos le protegieron por lealtad, otros porque no hablara, los gobierno de Serbia hicieron de su entrega baza de negociación, pero sin complicidades de las potencias es impensable que haya podido mantenerse en libertad tantos años. Hoy, políticamente, Kardzic o Mladic no son nadie, por mucho que sus fotos empapelen las paredes de la República Srska. Pero las víctimas todavían esperan justicia.

(Incluyo aquí el enlace al escrito de acusación del Fiscal del Tribunal Internacional para la antigua Yugoslavia)

Lo que pueden los poderosos


Mañana lunes 7 de julio comienza la cumbre anual del G-8 en Hokkaido, Japón. Los poderosos se reunen todos los años por San Fermín para a escenificar lo que pretenden que sea el directorio mundial.

Sala vac�a -AFPNada tan frustante para un periodista como cubrir este tipo de eventos. Concentrados en salas de prensa, a kilómetros de los mandatorios blindados en una esfera de seguridad, sin contacto con las delegaciones, el ejercicio informativo se limita a analizar los borradores de declaración que circulan. Las manifestaciones de protesta se desarrollan muy frecuentemte muy lejos del centro de prensa. Menos mal que la ONGs, señaladamente Oxfam, aportan datos y críticas.

En 1973 el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, George Shultz, convoca a Alemania, Japón, Francia y Reino Unido para buscar una salida a la stagflacion (recesión+inflación, ¿les suena?) ocasionada por la primera crisis del petróleo. Luego se incorporarán Italia y Canadá y a principios de los 90 se  admitirá a Rusia, como se recibe a un grandullón retrasado, pero fuerte. Hoy ese octavo miembro vergonzante es una autocracia con apariencia de democracia que controla la llave de la energía de Europa. Lo que empezó siendo una reunión de ministros de economía pronto se convirtió en un espectáculo mediático para el lucimiento de los líderes. Mucha «photo opportunity», muchos besos y abrazos, alguna anécdota y poca sustancia. Claro, que para los líderes es importante, no sólo para presentarse como los jefes del mundo, sino también para anudar relaciones personales. Ya se sabe, como dice la canción, «todos los tiranos se abrazan como hermanos».

¿Pueden marcar la banda de los 8 el futuro de la humanidad? Rotundamente, no. Los desafíos son de tal magnitud que superan la voluntad de los gobernantes por muy poderosos -y lo son- que sean. El más importante, el cambio climático requiere un cambio universal de paradigma. Bush se contenta con crear un fondo de 10,000 millones de dólares y quiere que los otros 7 apechugen con su parte.

Ni siquiera en los factores de la crisis económica parece que puedan hacer demasiado. La globalización es el mago salido de la botella. Se abrió la botella -se eliminaron las regulaciones al movimiento de capitales- y ahora el mago no quiere regresar a la botella… No parece que puedan hacer mucho en los que se refiere a los precios del petróleo. Mucho más podrían hacer respecto a  los precios de los alimentos, buscando soluciones de comercio equitativo. Y pueden hacer mucho y no lo hacen en materia de cumplimiento de los Objetivos del Milenio. Hacer tres años en Gleneagles -mientras estallaban las bombas en el metro de Londres- los 8 se comprometieron a invertir en desarrollo de África 25.000 millones de dólares. No han cumplido los poderosos, pero tampoco los líderes africanos, que prometieron democracia y buen gobierno.

Así que, que se dejen de sonrisas y fotos y cumplan los Objetivos del Milenio, que para eso sí si les llega su poder.