Los Tsarnaev, restos del naufragio de la URSS, víctimas de la globalización


Reuters -Cortesía familia Suleimanova

Reuters -Cortesía familia Suleimanova

En un ejercicio de investigación fotográfica encontré con mis alumnos esta foto de la familia Tsarnaev, que creo apenas se ha publicado en España. Una imagen que nos das algunas claves para entender a los hermanos Tsarnaev y su periplo hasta los atentados de Boston.

La foto se debió de tomar en Kirguistán en torno a 1987, cuando Tamerlan no tendría más de un año y la URSS todavía no se había roto. Probablemente se hizo  para enviar a los abuelos del niño, pues la madre, Zubeidat, aparece flanqueada por su marido, Anzor (a la izquierda) y su hermano Muhamad Suleimanov (a la derecha). Una foto que, como tantas veces, nos habla, más allá del propósito con que fue tomada.

Zubeidat, la madre. Una mirada inquietante, en palabras de una de mis alumnas. Inquietante, insegura y sobre todo triste. Peinada con cierto desaliño, los ojos bien marcados. Vestida de negro, quizá con ocasión de un luto familiar, quizá por alguna muerte violenta. Es un personaje con un halo trágico, entre la modernidad y la tradición. Con el tiempo, adoptará una vestimenta musulmana estricta.

Anzor, el padre. Joven, decidido, seguro de si mismo, con una camisa moderna y hortera, un punto excéntrica, un gusto que luego heredará su hijo, tan parecido físicamente a él. Anzor, el hombre que parece haber dejado atrás la tradición y mira hacia delante.

Muhamad Suleimanov, el tío. Mirada fría, enérgica, impersonal. Luce su uniforme de oficial del ejército soviético. Es el ancla de la familia con el sistema de poder ruso- soviético.

Tamerlan. La mirada inocente del niño que ignora las vicisitudes de un destino que le llevara a convertirse en un desarraigado. Tamerlan, unn nombre que apunta al orgullo étnico checheno, no a la tradición musulmana.

Tamerlan y sus hermanos

Tamerlan y sus hermanos

Los Tsarnaev son una familia chechena, que como gran parte de la población de la república caucásica fueron deportados por Stalin durante la II Guerra Mundial, temeroso de una insurrección. Muchos perecieron en Siberia o en Asia Central, pero los Tsanaev se instalaron en Kirguistan, prosperaron y no regresaron a Chechenia, como otros muchos hicieron en los sesenta. En la foto familiar se evidencia la tensión entre modernidad y tradición y el vínculo que mantenía férreamente el equilibrio, el poder soviético.

A comienzos de los 90, en la época de la primera guerra chechena, Anzor emigra con su familia a Estados Unidos. Parece que tenía cargos importantes en Kirguistán, pero prefiere buscar una nueva vida como mecánico en Boston. Sus hijos crecen y se educan en Estados Unidos, pero la cultura chechena, el orgullo, el control familiar aflora con fuerza en el mayor (Tamerlan vigilaba la conducta de su hermana en el colegio). Y abraza una religión cada vez más rigorista.

Los hijos siguen en Boston mientras los padres regresan hacia 2010 a Rusia, en esta ocasión a Daguestán, la república rusa donde bullen los radicalismos islámicos (predicadores y guerrilleros jihadistas) más o menos erradicados por el salvajismo de Putin-Kadirov en Chechenia.

La madre se ha vuelto una musulmana devota, pero su hijo la piede más, la pide que lleve el hijab en casa, l0 que da lugar a enfretamientos con su padre y por fin a la ruptura de los esposos.

Los padres, hoy

Tamerlan convierte a su esposa norteamericana al islam y no consigue encauzar su vida. Su influencia sobre su hermano es grande. Todo parece indicar que se convierte en jihadista en un viaje a Daguestán.

Es imposible explicar los motivos últimos de la conducta de Tamerlan y Dzhokhar, pero cabe indicar algunas líneas contextuales:

- El desarraigo del hijo de la emigración, que en su lugar de acogida se considera extranjero, pero que en la patria familiar tampoco es aceptado.

- La reinterpretación descontextualizada de la tradición.

- El radicalismo islámico como signo de identidad.

- El deseo de venganza por el genocidio inflingido a los suyos,

- La atracción por convertirse en protagonista con una acción violenta, como otros jóvenes norteamericanos, desde Columbine a Newtown.

Victimarios y víctimas, al fin, de la disolución del imperio soviético, de la globalización, de la radicalización islámica y de una determinada cultura juvenil.

Algunos enlaces:

Reuters: Special Report: The radicalization of Tamerlan Tsarnaev

David Remnick en The New Yorker “The culprits”

Atlantic Wire: “What Did the Boston Bombers’ Parents Know?”

 

TVE innova con los reportajes interactivos de En Portada


En medio del ruido mediático levantado por comisarios/as políticos, los trabajadores de TVE siguen buscando la mejor manera de cumplir con la misión del servicio público.

Necesidad de innovar

En una entrada anterior, en la que defendía la validez del reportaje clásico, pedía no obstante, que TVE innovara con nuevas formas de narrar. Hace dos semanas, En Portada dio un paso importante en este camino. Su reportaje sobre Honduras, En el reino del plomo, se ofreció en tres formatos. Uno, el líneal clásico, emitido por los canales de La Dos, 24 Horas y Canal Internacional, reportaje que se puede ver, como toda la producción propia y gran parte del archivo en TVE a la Carta. Pero además, sobre la base del reportaje líneal se construyó un reportaje interactivo. Y finalmente, una de las historias del reportaje se trasladó a un formato que en TVE han denominado webdoc.

Los tres formatos

La versión lineal es, como todos los En Portada, un magnífico documental, en el que se muestra un país desestructurado y víctima de una violencia sin castigo y, sobre todo, la lucha de las víctimas contra la impunidad. Para mi gusto, en este caso se cierra demasiado el foco y hubiera convenido abrir un poco la perspectiva y recordar el golpe de estado que en 2009 derrocó a Manuel Zelaya.

En Portada ya había explorado ampliar y dar vida al material que se rueda para un reportaje de estas características, con un microespacio Contraportada y subiendo a la web de A la Carta materiales extras como “Así se hizo”. Ahora, en colaboración con el rtve.es lab ha dado el salto a un verdadero reportaje interactivo.

En una línea de tiempo inferior podemos, además de visionar de principio a fin, navegar por los bloques narrativos que constituyen el documental. Además, van apareciendo puntos informativos que dan acceso a ventanas donde podemos abrir documentos y fragmentos de vídeo. Esta versión va precedida por una atractiva cabecera animada. Se pretende, en fin, enriquecer el relato lineal con otros elementos informativos y permitir al espectador (¿espectador? ¿usuario?) navegar por los bloques narrativos.

A mi juicio todo el planteamiento es muy acertado, pero el interface no resulta cómodo. No es fácil volver al relato líneal, los vídeos no se cargan bien en las ventanas y la navegación no es posible si decidimos verlo en pantalla completa.

Y el tercer formato, el más innovador es el que han llamado webdoc. Nos cuenta la historia de  Ebed, un muchacho asesinado por los militares, y la lucha de su padre contra la impunidad. Se organiza en capas narrativas en el espacio virtual de la habitación del chico, donde los objetos van contándonos parte de la historia conforme los vamos seleccionando. Cuando accedemos a este espacio nos encontramos ya resaltado el retrato del chico, en una invitación de los autores a comenzar por ahí,  para recorrer el relato en un cierto orden que le haga más comprensible.

Los documentales interactivos permiten experimentar nuevas técnicas narrativas. En este caso, el formato elegido, la navegación por un espacio virtual me parece un artefacto más adecuado para, a través de capas informativas superpuestas, desarrollar el contexto de un acontecimiento o introducirnos en espacios informativos. En cambio, me parece que un interface distanciador como éste no es el mejor modo de contar una historia que pierde su dramatismo al fratgmentarla.

En cualquier caso, mi felicitación a En Portada y el laboratorio de rtve. TVE se interna, así, en un territorio en el que el liderazgo lo llevan el National Film Board de Canada, con una especial atención a la dimensión educativa de estos contenidos, productoras como HonkyTonk o la cadena franco-alemana Arte (por ejemplo, Alma, hija de la violencia). En España, el investigador Arnau Gifreu anima el recién creado Observatorio del Documental Interactivo InterDoc, que sin duda se convertirá en una referencia para investigadores y productores.

(No he podido ver todavía Vietnam: la guerra que sí nos contaron, que por lo que parece rescata el rico archivo de TVE para profundizar sobre el tratamiento informativo de la guerra y sus consecuencias políticas y sociales. En tiempos de recortes se puede hacer servicio público a partir del patrimonio documental).

Escraches


¿Es legítimo llevar la resistencia al espacio privado? ¿No pueden enajenar los escraches buena parte del apoyo social logrado por la PAH?

Escraches, ese término al parecer venido del lunfardo bonaerense ha llegado a España para quedarse. No es uno de los  temas de este blog (periodismo e información internacional) pero el fenómeno es tan significativo de la crisis de nuestra sociedad que no me resisto a presentaros esta pequeña reflexión.

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAF) es el movimiento de resistencia más importante nacido en España y me atreverá a decir que en los países víctimas de la Gran Involución. A diferencia del 15-M y demás indignados, la PAH tiene una causa concreta, una organización de base con líderes visibles y una estrategia de lucha. Han conseguido que la hipoteca y los desahucios aparezcan en el primer plano de la agenda política y han logrado un casi unanime apoyo social y, a remolque, la reacción de los partidos.

Después del enorme éxito de su iniciativa legislativa, que ha reunidio más de 1.400.000 firmas, sus propuestas corren el riesgo de ser guillotinadas en el Congreso por la mayoría absoluta del PP. La respuesta de la PAH ha sido poner en marchar la campaña de señalamiento de políticos del Partido Popular.

¿Son legítimos y eficaces los escraches?

Desde un punto de vista moral, no seré yo quien juzgue las acciones de resistencia de aquellos que, además de perder su hogar, arrastran una deuda de por vida que supone una sentencia de muerte civil. Cabe, en cambio, el juicio sobre la legitimidad de esta acción colectiva en un estado de derecho.

El derecho a la resistencia es -decían los clásicos de la Revolución francesa- el útimo de los derechos, garantía extrema de todos los demás. Es legítima toda resistencia pacífica y aún diría violenta cuando se oponga resistencia a una conducta de vulneración absoluta de los derechos fundamentales. En este punto habría que responder a dos cuestiones. ¿Son los escraches acciones violentas? ¿El trato dado a estas personas afectadas por las hipotecas supone una vulneración absoluta de sus derechos fundamentales?

Nuestra legislación hipotecaria estaba desequilibrada en favor del acreedor. Aprovechando esta posición jurídica y económica dominante los bancos han abusado de quien necesitaba una casa. El desplome inmobiliario ha hecho que la aplicación de la Ley Hipotecaria,  pensada para una situación con precios estables o al alza, se haya convertido en una vulneración de los derechos fundamentales. Pero ni esta vulneración ha sido absoluta, ni los mecanismos del Estado de Derecho (Tribunal de Luxemburgo, acciones de los jueces), han dejado de funcionar, aunque lo han hecho tarde para miles de familias. Desde este punto de vista, una reacción violenta no sería legítima.

Pero es que los escraches no son una acción de resistencia violenta. No se han producido agresiones ni siquiera insultos. Desde luego, nada tienen que ver con las coacciones nazis, como los dirigentes populares repiten para criminalizar el movimiento. Pero se ha dado un paso que juzgo peligroso: llevar las protestas del ámbito público al privada.

Lo que en cualquier responsable político debe soportar en el ámbito público no está tan claro que deba admitirlo en el privado. ¿Es ámbito privado las proximidades del domicilio? Discutible, pero indudable que el “señalamiento” indica no ya al político, sino al conjunto de su familia. De alguna manera, más allá de la eficacia de esta acciones, de hecho, se busque así o no, entramos en la peligrosa filosofía de “socializar el sufrimiento”.

No es lo mismo escrachar a un torturador impune (así nacieron los escraches en Argentina y se han globalizado), que a la vicepresidenta del gobierno, o al alcalde de un pequeño pueblo, que no tiene capacidad de influir sobre la política general de su partido. La LPH  debiera reflexionar desde un punto de vista ético sobre los personajes a señalar y, en general, sobre la eficacia de estas acciones.

Los escraches van a mantener la causa de la LPH en el primer plano mediático, hasta que se conviertan en rutina. Y pueden enajenar el apoyo social casi unánime que hasta ahora ha tenido la causa de los hipotecados, con el riesgo de una mayor polarización social.

La ruptura del pacto social

La argentina Paula Maroni, niña robada por los verdugos de su madre, daba el otro día en el El País la clave para entender los escraches: “cuando una sociedad busca medidas alternativas es porque hay un contrato social que se ha roto”.

Muchos se han preguntado cómo es posible que no se haya producido una explosión social. Parece que los tiempos de la toma de la Bastilla o el Palacio de Invierno han pasado. En lugar de la explosión radical y absoluta vivimos un proceso de implosión social (destrucción del tejido social, empobrecimeinto, desafección) y de explosiones parciales. Los escraches son una de estas explosiones parciales, más sana, por cierto, que la respuesta italiana en la que un cómico resentido está haciendo posible el regreso al poder del delincuente Berlusconi.

El gran reto de nuestros días es restañar el pacto social. No se ven en lontananza líderes a la altura de la tarea.

PS.- Añado el enlace a “El escrache como derecho fundamental”,  la documentada opinión de Carlos H. Preciado, magistrado del Tribunal Superior de Cataluña, con la que estoy plenamente de acuerdo. El escrache es una manifestación del derrecho fundamental de reunión, que mientras se ejerza sion violencia ni insultos, no vulnera ni la libertad de voto del diputado ni su derecho a la intimidad. No obstante, creo que cierto estigma sobre la familia, sobre todo sobre los hijos, no debe ser subestimado.

La responsabilidad de Informe Semanal


Anoche TVE perpetró uno de esos programas de autobombo institucional que tan bien se le dan. El especial de los 40 años de Informe Semanal no tuvo ni un atisbo de autocrítica.

En 40 años ha habido etapas mejores y peores, reportajes buenos, malos y regulares. Y manipulación y reportajes al servicio del poder de turno, poder político casi siempre, pero también a veces poder económico o religioso.

En el último año Informe Semanal ha acumulado denuncias de manipulación (desde la sociedad y los profesionales), y su trayectoria en este aspecto ha sido peor que la de los telediarios. La actual dirección ha puesto en riesgo la credibilidad de Informe Semanal.

Informe Semanal es un paradigma del servicio público, porque con sus luces y sombras a lo largo de cuatro décadas nos ha devuelto a los españoles una imagen de nuestro mundo en la  que, a pesar de sus distorsiones, podíamos reconocernos. Nació con vocación de resumen semanal de temas e imágenes, pero pronto se convirtió en un laboratorio en el que los informadores de TVE fueron descubriendo y construyendo el género del reportaje.

El reportaje canónico que ha cristalizado en Informe Semanal a lo largo de su historia mantiene un equlibrio entre la voz del reportero y la voz de protagonistas, testigos, autoridades y expertos. Un equilibrio también entre palabra e imágenes. Informe Semana fue quizá el primer espacio en dar voz al ciudadano común, pero siempre, como todos los programas de TVE, ha estado lastrado por lo institucional. En esta última etapa se ha roto el pluralismo institucional, pero el gran reto es conquistar el pluralismo social. Un pluralismo social que no consiste en hacer encuestas en la calle, sino dar voz a una sociedad cada vez más organizada, no sólo a través de ongs, sino de redes y movimientos sociales.

La audiencia ya no es la que era. El 23 de marzo siguieron Informe Semanal una media de 1.323.000 espectadores (cuota de pantalla 7.7%), 600.000 menos que el telediario inmediato. En el reportaje de anoche se decía que la audiencia son los líderes de opinión. Quizá antes. Ahora supongo -no tengo datos- que se trata de una audiencia mayor de 40, 50 años, interesada por una actualidad sin estridencias. La fórmula de Informe sigue siendo válida, pero TVE tiene que innovar con otros espacios informativos.

La credibilidad es muy difícil de construir, pero se pierde en un día. Informe Semanal no puede degradarse porque uno de los pilares del servicio público se hundiría.

 

 

RTVE: la trampa de la publicidad


Fue un error eliminar la publicidad de TVE. Reintroducirla ahora sería todavía peor

González-Echenique está pidiendo a gritos el regreso de la publicidad a TVE. El presidente de RTVE dice que el modelo financiero sin publicidad no tiene estabilidad ni permanencia. El gobierno parece, por el momento, hacer oídos sordos. ¿Para qué ponerse enfrente a las televisiones privadas?. Esperar y ver. Cuanto peor, mejor.

Sindicatos y plataformas de trabajadores están a favor de la reintroducción de la publicidad. Como se ha criticado repetidamente por todos los expertos el modelo de financiación de Zapatero fue una ocurrencia perversa:

- Vinculaba la financiación a los buenos resultados de la competencia (tasa sobre las privadas) y, por tanto, a mejores resultados propios, menos recursos por esta vía.

- Establecía una tasa discutida jurídicamente, como es la aplicada a los operadores de telecomunicaciones que ofrezcan servicios de televisión, y, por tanto, venía a hacer depender la viabilidad financiera de una reclamación judicial. Si finalmente El Tribunal Europeo falla en contra será la muerte del sistema.

- La financiación pública estaba correctamente vinculada a un contrato programa, que no este gobierno ni el anterior han tenido interés en afrontar, en flagrante vulneración de lo dispuesto por la ley.

Y así, y después de dos recortes que han dejado la aportación directamente pública, se vuelve a los números rojos con un déficit de 113 millones de €.

¿Resolvería esta situación el regreso de la publicidad a la pantalla de TVE?

En primer lugar, ya no tendría ningún sentido la tasa sobre las privadas y las telecos. Se volvería al sistema mixto (publicidad + financiación pública), pero en unas condiciones completamente desfavorables.

En plena crisis económica, con los ingresos publicitarios a la baja en todos los medios, con la audiencia y la credibilidad de TVE en caída libre ¿alguien ha hecho los números de cunto se recaudaría por publicidad?

Hoy, la programación sin publicidad es seña del servicio público, quizá en la que más se reconocen los espectadores. Cuando la publicidad desapareció la audiencia aumentó automáticamente. La reitroducción de los anuncios mellarían más la menguante audiencia, aunque no fuera más que por el efecto zapping.

Se entraría en un cículo vicioso. Menor audiencia, menores recursos, menor calidad, menos espectadores… Y así hasta que el servicio público, medido de nuevo por la audiencia, tanto en términos de credibilidad como económicos, resultara indefendible. Lo que puede ser el objetivo del gobierno, pero no de los trabajadores ni de los movimientos sociales.

¿Hay alternativa a la publicidad? El patrocinio, pero gestionado por RTVE. No es admisible contratar programas de teórico coste cero, con el patrocinio incorporado y sin beneficios reales ni de audiencia ni económicos para TVE. Con la desparición TVE prácticamente desmanteló su departamento comercial. Tendría que recuperarlo y explotar comercialmente todos sus recursos. Puede tener sentido unan publicidad no invasiva en rtve.es. Manteniendo abierto el archivo histórico se pueden también buscar patrocinios por esa vía. Y por supuesto habría que renegociar todos los contratos con las productoras y poner a producir a la plantilla.

Pero por encima de todas estas alternativas, la financiación pública debe ser la primera fuente financiera, aún en tiempo de recortes. Para eso sería necesaria la presión social, un verdadero rescate ciudadano de RTVE, asunto que dejo para otro día.

De cómo el gobierno exige responsabilidad a la prensa cuando la sociedad lo reclama


Reino Unido establecerá un sistema de corregulación de la prensa. Los diarios podrán adherirse voluntariamente, pero los que se queden fuera corren el riesgo de pagar indemnizaciones millonarias en los casos de violación de la privacidad. La libertad de prensa no está en riesgo; por el contrario, diarios más responsables serán más libres.

En una insólita reunión en el despacho del jefe de la oposición, Ed Miliband, los partidos británicos y las víctimas del espionaje telefónico cerraron  ayer el acuerdo que da rango legal al sistema de regulación. Los diarios (por ejemplo, The Guardian) interpretan el acuerdo como una derrota del muy debilitado Cameron.

El primer ministro había rechazado que el sistema se estableciera por norma, en la línea de los periódios más recalcitrantes s asumir las recomendaciones del Informe Levenson. Cameron será sin duda ahora objeto de los ataques de los diarios conservadores y sensacionalistas, lo que puede derivar en una camapaña que termine con su ya cuestionado liderazgo. Pero la presión social, encauzada a través de la campaña Hacked Off (con gran protagonismo de famosos espiados como J.K Rowling), ha sido decisiva. No menos importante ha sido la connivencia de sus socios liberal-conservadores con la oposición laborista. En fin, una constelación de circunstancias que harán posible el establecimiento de un sistema riguroso de corregulación.

Hay que recordar que en el Reino Unido han existido otros precedentes de autorregulación, el último la Comisión de Quejas de la Prensa, que han fracasado por su condescendecia con los abusos de los periódicos. El mayor punto de discordia era si una nueva regulación tenía que ser absolutamente voluntaria o establecida por una norma jurídica, aunque su adhesión fuera voluntaria.

Finalmente la regulación tendrá un marco legal, pero de una naturaleza particular. En el Reino Unido se distingue entre Statute Law, la ley ordinaria sobre cualquier materia, y la Royal Charter, una carta real que establece fundaciones, universidades u organismo como la BBC, pero que no deja de ser una norma jurídica de carácter vinculante. La regulación será establecida por Royal Charter.

El borrador del acuerdo alcanzado ayer (pdf) recoge los puntos sustanciales del Informe Levenson:

  • Órgano regulador y controlador independiente de los editores, los poderes políticos y económicos, con fuerte presencia social.
  • Un nuevo código ético más riguroso
  • Sistema voluntario de adhesión. 
  • Resolución de quejas y arbitraje alternativo a los procesos judiciales

Uno de los aspectos que más escuecen a la prensa contraria es que no podrán vetar a los miembros de este organismo. Por primera vez en el Reino Unido, un código ético de la prensa no será redactado únicamente por representantes de la industria.

El mecanismo de arbitraje es el gran incentivo para adherirse al sistema. Las publicaciones que no se acojan a él se enfrentarán a un endurecimiento de las leyes penales que protegen los derechos de la personalidad, con unos altos costes procesales.

Se trata de un sistema de corregulación para la prensa y las webs informativas (radios y televisiones tienen su propio organismo regulador el Ofcom). Parece que se excluirán los blogs, redes sociales y agregadores de información, pero las fronteras son difusas, tanto como lo son entre los cibermedios profesionales y los cibermedios sociales.

Virxilio Vietiz: el arte funcional del retratista


Emociona ver los útiles del retratista. La vieja cámara de madera del estudio de los años 50, la Vöiglander de los 60, la Nikon réflex de los 70… todo en una vitrina al comienzo de la exposición retrospectiva de Virxilio Vieitez en el Espacio de la Fundación Telefónica. Durante 30 años el fotógrafo de bodas, comuniones, bautizos y carnets supo -sin proponérselo expresamente- convertir el oficio del que vivía en una manifestación artística y un testimonio antropológico impagable.

El retrato. Sin pretensiones esteticistas integra el retrato en el paisaje, como en esta magnífica foto de comunión en la que juega con la profundidad de campo para lograr un leve desenfoque del fondo que realza al niño engalanado de almirante. La expresión del muchacho en sus ocho o nueve años apunta introspección, responsabilidad…

Foto-carnet. Vieitez retrató a jóvenes y viejos de todas su comarca. El franquismo implantó el documento nacional de identidad con una foto en la que había que mostrar el lóbulo derecho. Todos, hasta los más ancianos, necesitaban el documento que había que renovar cada cinco años.

El fotógrafo recorría los pueblos y con una sábana blanca por fondo fotografiaba a los vecinos. No se molestaba en encuadrar el rostro -ya lo haría luego al ampliar- y hoy podemos ver el contexto del retrato. Cientos de rostros ceñudos, con la huella del trabajo duro a la intemperie. Ellos, con una americana sacada del armario para la ocasión; ellas, al menos las mayores, indefectiblemente de negro.

Y luego los carnets, de familia numerosa. Padres sin duda todavía en la treintena, pero que parecen tener cincuenta. Los niños, con poca diferencia entre ellos. Y la abuela, en la foto que inserto, como añadida postizamente al grupo, pero con la determinación de quien lo ha vivido todo.

Bodas, comuniones y bautizos reunen a la familia. Vieitez llega a los postres, los reagrupa en torno a la mesa y deja en primer término las botellas de licor, que adquieren protagonismo propio. Ha cumplido el encargo. En la atmósfera, el calor de la comida y la bebida convive con la humedad que se filtra por las paredes.

Inmigración. Según el propio Vieitez miles de sus fotos andarían por América. Una razón del retrato es enviarlo a los hijos, al marido, al novio que anda ganándose la vida en América, primero, en Alemania o Suiza, después. La radio (con su voltímetro) que la mujer rodea maternalmente es testimonio del progreso conseguido, pero también metáfora de los ausentes.

Tensión tradición modernidad. Llegan primero los indianos con los haigas y luego los trabajadores de Alemania con Opel y Mercedes. La modernidad llega a una sociedad tradicional y lo hace de un modo caótico, sin una verdadera integración, en un proceso en el que poco a poco el plástico expulsa a los materiales tradicionales y el entorno rural se ve invadido por construcciones sin espíritu y adefesios de neón.

Vieitez retrata personajes, no tiene una voluntad documental, pero nos deja un testimonio de la evolución de una sociedad ancestral, con una relación muy especial con la muerte, que trabaja el campo con bueyes, y a la que vamos viendo poco a poco evolucionar. El coche como símbolo de estatus, la joven peluquera rodeada de secadores eléctricos y éxoticos productos de limpieza, la mejoría progresiva de las vestimentas, los peinados a la moda de las jóvenes, los tractores, las gasolineras… Los rostros ya no son tan adustos.

Del blanco y negro al color. El gran reclamo de los neumáticos en una gasolinera se convierte en el totem de modernidad ante el que se retratan las jóvenes de los setenta. El fotógrafo sigue la evolución tecnológica y las demandas de su mercado, y como no podía ser de otra manera se pasa en sus últimos años al color. Pero ahí quedaron para la posteridad esos modestos negativos en blanco y negro, captados en material sensible común y con cámaras nada especiales, destinados al DNI, pero que hoy puede ampliarse en copias de gran tamaño y calidad magnífica, testimonio de una Galicia que ya no existe.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 825 seguidores

%d bloggers like this: