Venezuela necesita una negociación política


Venezuela necesita un acuerdo político de inmediato para no precipitarse en el abismo. Un acuerdo de mínimos: que se pueda protestar pacíficamente en las calles. Que el gobierno y sus grupos afines no repriman las protestas y que la oposición renuncie a la insurrección popular.

Aparentemente ayer se dio un paso positivo en el encuentro entre gobierno y oposición. Pero no fue más que un diálogo de sordos. Para debatir, para deliberar con luz y taquígrafos en una democracia está el parlamento. En situaciones de crisis las distintas fuerzas tienen que negociar a cara de perro, sin hablar para su galería, buscando las mínimas coincidencias que permitan mantener la vida en común.

Los representantes de UNASUR y del Vaticano que han propiciado este encuentro ante las cámaras de televisión deben promover una verdadera negociación para sacar a Venezuela del pozo de la violencia.

El país está dividido en dos y una parte no puede imponerse sobre la otra. En su enfrentamiento, unos y otros han tenido muy poco respeto por la vida humana. Aministía Internacional ha documentado los abusos durante la represión de las movilizaciones. Es terrible ver como la líder de la oposición, María Corina Machado, resta obscenamente importancia a los muertos en las protestas.

Chávez convirtió en sujetos político a los desheredados de Venezuela. Todos los índices de desarrollo mejoraron espectacularmente desde sus primeros años de gobierno. Pero no sólo prosperaron los pobladores de los cerros. La clase media disfrutó de la euforia económica propiciada por el boom del petróleo. Por eso Chávez era imbatible electoralmente, porque contaba con una parte de la clase media además de con sus partidarios naturales. Pero una economía que no crea riqueza y se limita a repartir la renta petrolífera tarde o temprano cae en el caos económico. Y es entonces cuando pequeños comerciantes y otros sectores de la clase media dan la espalda al chavismo.

Chávez no era un demócrata, pero su constitución bolivariana reforzó la participación y los controles populares con medidas como el referendum rev0catorio. Chávez gano sin fraude las elecciones, incluso Maduro llegó a la presidencia sin necesidad de meter la mano en las urnas. Pero durante estos 15 años el sistema de controles, de pesos y contrapesos, que caracteriza a una democracia ha ido deteriorándose. Lo peor, la falta de independencia judicial, la implicación del ejército en la política y el silenciamiento de  los medios de comunicación privados.

Chávez propició la polarización del país con una dialéctica amigo-enemigo. Esa división es su peor herencia. Pero tenía cintura política. Maduro no, y es incapaz de romper el bloqueo, aunque este pseudodebate le ha dado la baza de mostrar a las claras la división de la oposición. La insurrección popular que los opositores que no están en la mesa defienden se agotará sola si el gobierno no cae en la tentación de una represión violenta. Esos opositores creen todavía en un golpe militar. Si así fuera ¿cabe una represión a lo Pinochet en el siglo XXI?

Venezuela necesita urgentemente de un mediador honesto y aceptado por todos.

 

La crisis de Ucrania y las imágenes del pasado


¿Desembocará la crisis de Ucrania en una guerra? Las imágenes del pasado

La historiografía nos enseña a mirar al pasado y sacar consecuencias para el presente. Sin una revisión histórica es imposible entender los grandes conflictos actuales. Hay también una tendencia a analizar miméticamente las crisis de hoy conforme a los esquemas de otros grandes momentos históricos.  Marx (18 de Brumario) ya nos dijo que la Historia se repite, primero como drama, luego como farsa.

No existen dos situaciones iguales, ni los actores ni los contextos son nunca idénticos, de modo que no cabe una interpretación determinista del devenir histórico en función de los modelos del pasado. Pero las grandes crisis y su resolución pesan en la conducta de los mandatarios protagonistas y sus asesores; en aquellos como imágenes (a menudo compartidas con sus pueblos), en estos como esquemas estratégicos para repetir o evitar.

La imagen de la I Guerra Mundial

En Ucrania, como es frecuente en conflictos internos o internacionales, se llega a una situación en la que aparentemente no hay más salida que la guerra, que nadie quiere, por la incompetencia y la falta del sentido de la realidad de sus principales protagonistas.

La revolución naranja no fue más que un cambio de élite corrupta por otra y las elecciones (limpias) que llevaron a Yanukovich al poder no eran más que un paso más en la misma dinámica. Todo hubiera seguido igual sin el factor europeo.

La Unión Europea ofreció a Ucrania un acuerdo de cooperación como si fuera territorio económica situada en la luna. Un acuerdo que hubiera significado la entrada masiva de productos europeos y la ruina para la industria pesada de las regiones del este.  Y todo sin ningún horizonte de adhesión. Pero Ucrania no está en la luna. Mantiene unos estrechísimos vínculos económicos, políticos y culturales con Rusia.

Putin no podía aceptar la colonización económica de Ucrania. No tenía más que mostrar el palo y la zanahoria del gas y los créditos para hacer a Yanukovich una de esas ofertas que no se pueden rechazar. Yanukovich hizo las cosas como las hacen los autócratas: de buenas a primeras, sin debate ni preparación de la opinión pública cambió de carta estratégica. Las protestas populares se convirtieron en una insurrección armada, liderada por la ultraderecha nacionalista y xenófoba (Svoboda, Sector de Derechas), con una menor presencia de grupos anarquistas.

La toma del control de Crimea por parte de Rusia puede ser el equivalente al asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, que desencadenó la serie de movilizaciones que irremediablemente llevaron a la guerra en aquel verano de 1914. Funcionaron entonces automáticamente las alianzas entre las distintas potencias. Los estados mayores pensaban en una campaña limitada, como las guerras del XIX, pero se convirtió en un conflicto global.

Hoy no existen alianzas que lleven automáticamente a la guerra. Ucrania mantiene con la OTAN un acuerdo de cooperación (Partnertship for Peace), pero una invasión de Ucrania no es un agresión contra un miembro de la Alianza (no es aplicable el art. 5 del Tratado Atlántico).

Hemos llegado aquí porque Europa carece de un verdadero marco de seguridad. La Organización de Cooperación y Seguridad (OSCE) ofrece mecanismos de confianza y resolución de conflictos, pero no existe un compromiso jurídico que garantice a Rusia lo que esta entiende que son sus intereses geoestratégicos en el entorno de la URSS y el imperio de los zares. Tampoco existe una organización de cooperación económica.  Si en 2004 Putin tuvo que aceptar la entrada en los bálticos en la OTAN (algo que Moscú había considerado una línea roja) ahora, más fuerte, con Ucrania bajo la órbita económica de Bruselas su Unión Eurioasiática perdía sentido.

Obviamente en 1914 no existían armas nucleares. Una guerra entre Rusia y la OTAN difícilmente podría quedar limitada a las armas convencionales. Este es el mayor factor de disuasión.

La imagen del pacto de Munich

Es fácil caer  en el paralelismo del pacto de Munich -aquel pacto vergonzante que según Chamberlain traería paz para una generación, pero que alentó a Hitler a invadir Polonia . Como entonces, las potencias occidentales estarían dispuestas a llegar a un acuerdo entregando territorios europeos (entonces los Sudetes, hoy Crimea) para apaciguar en 1938 a Hitler, ahora a Putin.

Putin y Merkel hablan para llegar a un acuerdo político. La OTAN condena en términos mucho más moderados que lo que hubieran deseado algunos nórdicos. La Casa Blanca reacciona también con cautela.

Todos buscan un acuerdo. Todos se necesitan. Alemania y Europa en general necesita el gas ruso. Putin necesita venderlo para no caer en recesión. Obama necesita a Putin en Siria, Irán, Corea del Norte.

¿Convertiría un acuerdo a Putin en un nuevo Hitler? Putin no quiere edificar un imperio de mil años sino, por el momento, mantener una área de influencia euroasiática. ¿Querrá reconstruir el imperio de los zares si se le entrega Crimea?  Nadie tiene la respuesta, pero no parece que la Rusia de 2014 sea la Alemania de 1939.

La imagen de la invasión de Afganistán

Más que a un acuerdo parece que nos dirigimos a un escenario semejante al que Estados Unidos desencadenó después de la invasión de Afganistán por los soviéticos: sanciones, aislamiento y carrera militar.

Obama no es Reagan y hoy no existen bloques autosuficientes. Las sanciones a Rusia no pueden ser sino limitadas, porque de otro modo dañarían a los propios sancionadores, o, por lo menos a Europa. Aún con sanciones limitadas, la Unión Europea puede pasar del estancamiento a una nueva recesión.

La imagen de la guerra de Crimea

Desde 1853 a 1856 Francia, Reino Unido y el imperio otomano libraron en Crimea una guerra con la Rusia de Nicolás I.  Venció el imperialismo británico, pero moralmente la ganó Nicolás I.

En Rusia la memoria de este conflicto está muy viva, no así en occidente -salvo quizá en el Reino Unido que tiene a la enfermera Florence Nigthingale como héroe cívico y a la carga de la Brigada Ligera como ejemplo de heroísmo e incompetencia. La guerra de Crimea fue un ejemplo de arrogancia e incapacidad militar y dejó la lección de que una breve campaña militar no sometería a Rusia, menos cuando estaban en juego intereses estratégicos como la salida de su marina a los mares cálidos. Tampoco el ejército alemán pudo en la II Guerra Mundial conquistar la base de Sebastopol. (Rectifico. El sitio de Sebastopol duró de noviembre de 1941 hasta junio de 1942. El XI Cuerpo de Von Manstein tomó Sebastopol, pero para muchos autores la resistencia de la ciudad impidió que estas tropas alemanas participaran en la Operación  Blau, de ofensiva hacia el Cáucaso, y que terminó en la decisiva derrota alemana de Stalingrado)

Con estos antecedentes ningún jefe de estado mayor en su sano juicio intentaría una operación de castigo contra la Armada rusa en en Sebastopol. ParaPutin, cualquier acto de hostilidad en Crimea le revestirá de la capa heroica de un nuevo Nicolás.

La imagen de las guerras balcánicas

De todas las imágenes que vienen a nuestra memoria, la carnicería que siguió a la implosión de Yugoslavia, es, trágicamente, la que más semejanzas tiene con la situación de Ucrania.

Lo más probable es que Crimea proclame su independencia que nadie reconozca salvo Putin. Crimea se convertiría de facto en protectorado de Rusia. Aquí surge el primer factor de guerra sectaria. Los tártaros de Crimea no pueden aceptar esta solución. De modo que aparecerían facciones, bandas y guerrillas, con la posibilidad de infiltración yihadista. Crimea, protectorado ruso, quizá se asemeje en unos años a Chechenia.

En Kiev, los antiguos oligarcas, prorusos o proeuropeos, están desbordados por los paramilitares de extrema derecha. Otras milicias prorusas se están formando en el este del país. El choque entre unos grupos y otros grupos nacionalistas puede ser la chispa que encienda la guerra sectaria.

¿Intervendrá Putin en el este? Puede que se limite a la ocupación de Crimea (puede invocar el tratado de amistad y cooperación firmado con Ucrania que le daba el control de las bases militares), sin intervenir militarmente, pero apoyando (como lo hizo Milosevic con los serbios de Bosnia) a las milicias independentistas.

Guerra mundial, no; guerra europea, tampoco. Guerra sectaria en Ucrania, retroceso político y económico en Europa, sí.

El Génesis según Sebastião Salgado


Deslumbrado por las fotos de Salgado. Por la belleza de sus contrastes, de su gama de tonos casi infinitos entre el blanco y el negro… En el Caixaforum de Madrid podemos disfrutar del último proyecto del brasileño y reflexionar tanto sobre la relación hombre-naturaleza como sobre el poder de la imagen.

Génesis – S. Salgado – Río Cuiabá (Brasil) – 2011

El evangelio ecológico de Salgado

No es el “momento decisivo”. Es el tiempo primigenio. O al menos eso es lo que pretende mostrarnos Salgado con este proyecto en el que ha empleado ocho año y ha recorrido 32 países en cinco continentes.

Agua, fuego, tierra se combinan en su paleta fotográfica para explorar los lugares más recónditos donde el hombre no ha llegado o permanece en equilibrio con la naturaleza… La vida que explota en los desiertos helados de las Shetland del Sur, en el Pantanal o la Amazonia brasileña, en la sabana africana. La vida que cuida a las crías. La vida que devora. Y los hombres que subsisten en las regiones heladas, en el aislamiento amazonico o en la selva de Sumatra o en los desiertos de Sudán.

El compromiso no es, como en los anteriores proyectos, con los trabajadores, con los sin tierra, con los migrantes, con los hombres, en definitiva, agentes y víctimas del progreso. Esta vez el compromiso es con la Madre Tierra. La buena nueva de Salgado es que el 46% de nuestro planeta subsiste como en el día del Génesis.

El fotógrafo brasileño se ha convertido en apóstol de la conservación. Y uso el término apóstol con toda intención. Salgado utiliza sus potentes imágenes para pedirnos que preservemos ese 46% en teoría intacto y que recuperemos lo que hemos destruido. Lo hace también con el ejemplo: ha reforestado su hacienda familiar  de 1.000 Ha. en Minas Gerais.

Lo explica, como un gurú global, en artículos y conferencias (por ejemplo The silent drama of photography, que está entre los vídeos de la lista de reproducción insertada al final de esta entrada):

He concebido este proyecto como un camino potencial para que la humanidad se redescubra en la naturaleza. Lo he denominado Génesis porque, en lo posible, quiero regresar a los inicios del planeta: al aire, el agua y el fuego que alumbraron la vida; a las especies animales  que han resistido la domesticación y permanecen todavía ‘salvajes’, a las tribus remotas cuya ‘primitiva’ forma de vida pervive todavía ampliamente originaria; a los ejemplos que perviven de las más primitivas formas de asentamiento y organización humana. Y eso para proponer que este mundo sin contaminar sea preservado y, donde sea posible, expandido, de modo que el desarrollo no conlleve automáticamente destrucción.

Mujeres de la etnia zo’e de Towari Ypy, amazonia (Brasil) – S. Salgado – Génesis

¿Como en el día del Génesis?

Salgado, por supuesto, incardina en su trabajo el desarrollo evolutivo de la naturaleza, que documenta en esas fotos de los caparazones de los enormes galápagos o las garras de grandes reptiles, en las especies alimentándose de otras especies.

Ese propósito de volver a lo primigenio no deja de ser ilusorio. Para fotografiar a los pingüinos de las Shetland del Sur  el fotógrafo ha navegado hasta las aguas árticas; usado globos aerostáticos o avionetas para sobrevolar los rebaños de la sabana; ha intervenido, en definitiva, en una naturaleza en la que el hombre está ya presente de una forma u otra. Contactar con los grupos humanos de la Amazonia es, se quiera o no, es insertarlos en la Historia.

Las imágenes nos trasladan al Paraíso. Pero un paraíso en el que también imperan -aunque no salgan en la foto- los parásitos, las enfermedades, las tradiciones brutales. ¿Es posible la mejora de las condiciones de vida de estas poblaciones ancestrales manteniendo su equilibrio con la naturaleza? Imposible con las leyes inmisericordes de la explotación capitalista. Difícil aún con la mejor voluntad.

Verdad, belleza y técnica

Que las fotos de Salgado son bellas, muy bellas, está fuera de duda.

¿Tan deslumbrantes que embellecen la realidad y, por tanto, mienten? Esta es la conocida acusación de Susan Sontag:

Una foto puede ser terrible y bella. Otra cuestión: si puede ser verdadera y bella. Este es el principal reproche a las fotografías de Sebastião Salgado. Porque la gente, cuando ve una de esas fotos, tan sumamente bellas, sospecha. Con Salgado hay otro tipo de problemas. Él nunca da nombres. La ausencia de nombres limita la veracidad de su trabajo. Ahora bien: con independencia de Salgado y sus métodos, no creo yo que la belleza y la veracidad sean incompatibles. Pero es verdad que la gente identifica la belleza con el fotograma y el fotograma, inevitablemente, con la ficción.

Las críticas de Sontag respecto a la calidad del trabajo documental de Salgado puede que tuvieran sentido en proyectos como Éxodos  o la Mina de oro de Serra Pelada, con un componente de denuncia social, pero no en Génesis. Y no obstante, persiste la pregunta fundamental ¿se traiciona la realidad cuando se muestra en sus registros más vibrantes, cuando el mundo se nos ofrece como un placer estético? Creo que no, que tanto nos solidarizamos con el otro cuando vemos el sufrimiento, como nos concienciamos de nuestra inserción en la natural cuando disfrutamos de bellas imágenes como estas. Pero el debate viene desde el origen de la fotografía y, desde luego, no se cerrará con Salgado.

El blanco y negro, los fuertes contrastes, las fotos a contraluz son parte del estilo de Salgado. Una técnica convertida en estilo, un estilo, en palabras otra vez de Salgado, al servicio del punto de vista:

La técnica es una variable que tú utilizas para expresar  ese punto de vista y sólo es importante hasta que la dominas completamente. Cuando la técnica deja de ser una variable y se transforma en una constante, porque la has asimilado de una forma personal y te sientes a gusto con ella, entonces se convierte en el papel sobre el que tú vas a escribir. Cada uno tiene su técnica, pero eso no es lo importante, igual que tampoco lo es la elección del blanco y negro o del color. Lo verdaderamente importante es cómo tú, persona implicada en el momento histórico, vas a recibir informaciones del mundo en el que estás viviendo, las vas a ecuacionar en tu cabeza y vas a intervenir en esa realidad a través de la materialización de todo ese proceso.

Para este proyecto Salgado abandonó la Leica y apostó por el medio formato, la cámara Pentax 645 y la película Tri-X 320. Lograba así el grado de detalle que requieren las grandes ampliaciones. Pero conforme el trabajo avanzaba el material planteaba serias problemas, con un cada vez más difícil suministro y, sobre todo, dificultades con los escáneres de los aeropuertos, llegando incluso al velado de rollos ya impresionados.

En la última parte del trabajo Salgado da el salto digital y el proyecto y las tomas se hacen con la cámara EOS-1Ds Mark III, simplificando y al mismo tiempo complicando el proyecto, pues a partir del archivo raw se produce un negativo clásico y desde ahí se amplía. El proceso está explicado en este artículo de Philippe Bachelier. Salgado no le ha hecho ascos a los filtros digitales DxO FilmPack para simular la textura del blanco y negro analógico, lo que no deja de suscitar escándalo de los puristas.

Para coleccionistas, el enlace a la editorial Taschen, donde podemos comprar un libro de los 50 a 3.000 €. Y para los demás, esta lista de reproducción de vídeos de Salgado.

De Siria a Túnez, imágenes que nos cuentan otra historia


Si antes de empezar a leer has visto el vídeo, habrás quedado atrapado en el dolor de esta madre. En mi caso, estas imágenes andan rondándome  por la cabeza desde hace unos días.

¿Por qué habéis matado a mi hijo? ha sido el grito desesperado de la mujer a lo largo de la historia. No hacen falta palabras ajenas que subrayen el dolor y la rabia, casi ni es necesario entender la pregunta desgarrada.  Son imágenes catárticas que responden a un código universal.

Como intento explicar a mis alumnos, en televisión, cuando las imágenes hablan, cállate y déjalas hablar por si mismas, no las anules o enturbies con palabras innecesarias. Pero también hay que desentrañar lo que las imágenes dicen más allá de lo evidente, lo que connotan, lo que esconden detrás de la emoción.

En este caso nos explican más de lo que parece la naturaleza de la guerra de Siria.

Diplomáticos y funcionarios apenas si se atreven a mirar a esta madre que les espera a la salida del hotel donde se desarrollan las conversaciones Ginebra II. ¿Sienten vergüenza o son indiferentes al dolor? No lo sabemos, pero por supuesto no han matado con sus manos al hijo de esta mujer, Abbas Khan, un médico ortopédico de nacionalidad británica, asesinado después de torturado, tras ser capturado cuando prestaba asistencia médica en una zona controlada por los rebeldes.

Ellos no le han matado, pero son, a su pesar o no, engranajes de un régimen asesino. Pueden ser burócratas obedientes o convencidos seguidores de Asad. Pueden ser sunníes o más probablemente alauíes. La dictadura de los Asad garantizaba estabilidad, protección a las minorías y tolerancia para las élites occidentalizadas. Ahora, seguramente algunos de estos funcionarios estarán horrorizados con los crímenes cometidos por el régimen, pero ahí siguen, por convicción, interés o miedo, tanto al propio régimen como, seguramente más, al califato yihadista.

Khan era uno de tantos inmigrantes, hijo de inmigrantes o vástago de las élites de países musulmanes que estudian en el Reino Unido y ejercen allí su profesión. Bachir el Asad podía seguir siendo a estas horas oftalmólogo en Londres si su hermano, el llamado a suceder a su padre, “el león de Damasco”, no hubiera muerto. Abbas Khan escuchó la voz del deber (ético, profesional o religioso) para acudir a Oriente a salvar vidas. Bachir volvió a Damasco, pensábamos que para democratizar el régimen. En realidad regresó para convertirse en el carnicero de Damasco. Y, hoy por hoy, no parece que se pueda poner fin a la guerra sin algún pacto con él.

El Parlamento de Túnez aprueba su Constitución. Este segundo vídeo es, desde luego, menos impactante, pero para mi también emocionante. Aquí la empatía no nace de compartir el dolor, sino de compartir experiencia. También las imágenes cuentan una historia profunda (aunque en este caso el vídeo, por la forma en que está editado, no sea tan rotundo).

No he visto en ningún lugar que la aprobación de una ley o una constitución vaya acompañada de una emoción tan sincera. Esos hombres y mujeres que cantan el himno nacional y se abrazan están convencidos de vivir un momento histórico. No ha terminado la transición tunecina, que comenzó justo hace tres años con la caída de Ben Alí, pero se han superado momentos muy difíciles que podrían haber llevado al enfrentamiento entre islamistas y no islamistas. Unos y otros han cedido y han pactado. Es la esencia de un consenso constitucional.  Mañana comenzará la lucha política y ya veremos que apoyo electoral logra cada uno, pero ahí unas reglas comunes en las que todos están de acuerdo, sin exclusiones. ¡Qué diferencia con Egipto!

 

Titulación y colegiación obligatoria de los periodistas: ¿es constitucional? (II)


¿Vulnera la colegiación obligatoria las libertades de expresión e información del art. 20 CE?

En la anterior entrada expuse la propuesta de los colegios profesionales y razoné la que me parece su poca utilidad. Ahora la someto a un somero análisis de constitucionalidad.

Tienen razón los colegios cuando dicen que el ejercicio profesional del periodismo comporta un interés público. Así lo ha venido a reconocer el Tribunal Constitucional en diversas sentencias, cuya doctrina resumo:

  • Los titulares de los derechos a la libertad de expresión e información son la colectividad y cada uno de sus miembros (STC 105/1983)
  • Los profesionales no gozan de ningún privilegio con respecto al ciudadano común (STC 6/1981), pero, en cuanto mediadores sociales, pueden tener derechos preferentes (por ejemplo, acceso preferente a las vistas judiciales, STC 30/1982) y gozan de una protección cualificada cuando el derecho a expresarse o informar entra en conflicto con los derechos al honor y a la intimidad de terceros (STC 185/1987)

La STC 225/2002 resume más de 20 años de esta doctrina:

“Si bien la jurisprudencia constitucional ha reconocido como titulares de la libertad de información tanto a los medios de comunicación, a los periodistas, así como a cualquier otra persona que facilite la noticia veraz de un hecho y a la colectividad en cuanto receptora de aquélla (por todas, STC 6/1981, 105/1983, 168/1986,165/1987, 6/1988, 176/1995, 4/1996), ha declarado igualmente que la protección constitucional del derecho ‘alcanza su máximo nivel cuando la libertad es ejercitada por los profesionales de la información a través del vehículo institucionalizado de formación de la opinión pública que es la prensa entendida en su más amplia acepción’ (STC 165/1987, reiterada en SSTC 105/1990 y 176/1995, entre otras). Afirmación con la que en modo alguno se quiso decir que los profesionales de la información tuvieran un derecho fundamental reforzado respecto a los demás ciudadanos; sino sólo que, al hallarse sometidos a mayores riesgos en el ejercicio de sus libertades de expresión e información, precisaban —y gozaban de— una protección específica. Protección que enlaza directamente con el reconocimiento a aquellos profesionales del derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional para asegurar el modo de ejercicio de su fundamental libertad de información (STC 6/1981)”

La Ley de la Cláusula de Conciencia (L.O. 2/1997) declara titular de este derecho a los profesionales de la información, sin precisar quienes estos sean. El Tribunal Constitucional se ha pronunciado en el sentido de delimitar la figura del profesional de la información por las funciones realmente realizadas. Así, estima que era irrelevante tener o no la categoría laboral de redactor (como exigía el convenio colectivo), pero en cambio considera que un maquetador tiene una función subordinada que no afecta a los contenidos y por tanto no puede invocar este derecho (STC 199/1999).

La cuestión es, por tanto, si para tener derecho a esa protección reforzada los informadores deben tener una previa habilitación académica y estar obligatoriamente colegiados. Y si eso es así, si ambos requisitos entrañan limitaciones para el resto de los ciudadanos constitucionalmente admisibles.

¿Limitan estos requisitos impuestos a los profesionales los derechos del resto de los ciudadanos?

El Tribunal Constitucional no ha tenido ocasión de pronunciarse expresamente. El Defensor del Pueblo recurrió en 1985 la primera versión de la Ley de Colegio catalán porque establecía la colegiación obligatoria, pero al modificarse la norma y hacerse voluntaria la colegiación, el Defensor retiró el recurso y el Tribunal no se pronunció.

Hay, en cambio, una jurisprudencia bien establecida respecto si la  titulación y la colegiación obligatoria en las profesiones tituladas (médicos, abogados, arquitectos) vulnera el derecho al trabajo y la libertad de elegir ocupación (art. 35.1) y la libertad de asociación del art. 22. Por todas, cabe citar la STC 3/2013, que resumo:

  • El legislador puede establecer el requisito de la titulación y la colegiación en determinadas profesiones, porque el art. 36 de la Constitución se lo permite
  • Estas condiciones suponen una limitación al contenido sustancial de los derechos al trabajo y a la libertad de asociación (y de su negativa, la no asociación)
  • Estas limitaciones serán legítimas en la medida que el colegio tutele los intereses de los destinatarios de los servicios, así como que exista una relación entre la actividad y los derechos e intereses constitucionalmente protegidos
  • Este juicio debe hacerse caso por caso, valorando las circunstancias de cada profesión y siempre eligiendo la alternativa menos gravosa para el ejercicio por todos de los derechos al trabajo y la libertad de asociación.

Estos serían los principios que el Tribunal Constitucional aplicaría si le llegara un recurso contra el título habilitante y la colegiación obligatoria. Pero además tendría que ponderar los derechos del art. 20, esto es si estos requisitos no suponen un límite al derecho que todos tienen a expresarse, opinar, buscar, difundir y recibir información.

Entiendo que estos requisitos no impiden a cualquier ciudadano el ejercicio de estos derechos. Así lo defendí en mi tesis en 2000 (p. 126). Pero también puede argumentarse que aquellos que carecieran de la habilitación tendrían un derecho de segunda categoría, con una protección debilitada. Y hoy, la información de relevancia pública ya no es monopolio de medios y periodistas.

En cualquier caso, el Tribunal Constitucional tendría que entender que el título habilitante y la colegiación obligatoria constituyen la mejor garantía del interés público. Yo personalmente tengo muchas dudas de que eso sea así.

Titulación y colegiación obligatoria de los periodistas: ¿para qué? (I)


Colegios de Periodistas de distintas comunidades autónomas piden incorporar al anteproyecto de Ley de Servicios Profesionales la colegiación obligatoria.  Soy escéptico sobre la utilidad de la colegiación obligatoria, que me parece un remedio poco útil para los males de la profesión en esta época y sobre el que pesa cuando menos sospecha de inconstitucionalidad.

Llevo bastante tiempo queriendo abordar este asunto, pero me cuesta porque sé que no es la mejor forma de hacer amigos. Es más, me duele discrepar de una petición que llega desde compañeros que se esfuerzan por dignificar esta maltratada profesión. Por si fuera poco, soy profesor de Periodismo.

Creo que debe abrirse un debate entre profesionales, organizaciones profesionales y sindicales, profesores y estudiantes de periodismo, con independencia de que la solicitud previsiblemente no sea ni siquiera tenida en cuenta en un ministerio enemigo de las corporaciones públicas profesionales, a las que quiere restringir sus competencias con el mencionado anteproyecto de ley.

Para no alargarme demasiado trataré en una primera entrada el tema desde una perspectiva profesional y en una segunda abordaré los aspectos constitucionales de la propuesta.

La petición y los argumentos de los colegios

Los colegios de Galicia, Castilla-León, Murcia y Andalucía piden al Ministerio de Economía que en el futuro proyecto de Ley de Servicios Profesionales (anteproyecto), en su disposición adicional 1ª, que menciona las profesiones en las que se mantendrá la colegiación obligatoria, se incluya a los periodistas, en los siguientes términos:

“que sea incorporado a la Disposición Adicional 1ª del Anteproyecto de Ley de Servicios y Colegios Profesionales un apartado a tenor de lo siguiente: (…) En un Colegio de Periodistas para ejercer las actividades propias del periodismo previa la posesión del título universitario de licenciado o grado que resulte habilitante para dicho ejercicio profesional”.

Es decir, para ejercer el periodismo se requeriría:

  • Un titulo habilitante: el título universitario de licenciatura o grado (¿periodismo? ¿comunicación? ¿comunicación audiovisual? ¿publicidad y relaciones públicas?)
  • Colegiación obligatoria, una vez obtenido el título habilitante

La petición se fundamenta en la sensibilidad de los derechos vinculados al periodismo, cuyo ejercicio comporta un interés público, como la propia Constitución pone de manifiesto al reconocer los derechos a la cláusula de conciencia y al secreto profesional:

“… es la propia Constitución la que reconoce la profesión periodística, a la vez que la ampara al atribuirle esos dos derechos concretos y específicos, a los que no se puede acoger cualquier ciudadano si no tan solo el periodista profesional, cuya acreditación debe ser garantizada por la necesidad de la colegiación obligatoria”.

El estatuto profesional de los periodistas

Desde la Transición hasta aquí el llamado acceso a la profesión ha dividido a los periodistas. Eliminado el registro oficial exigido por la Ley Fraga como requisito habilitante, unos (en general la FAPE y sus asociaciones, Facultades) han defendido mantener la habilitación mediante titulación obligatoria y otros (sindicatos, algunas organizaciones sectoriales) la acreditación basada en la práctica profesional.

En el sistema de habilitación, quien no cumple previamente los requisitos (titulación, colegiación) no puede ejercer el periodismo y si lo hace estaría incurriendo en delito, falta administrativa o  responsabilidad profesional (dependiendo del ordenamiento jurídico; por ejemplo, el art. 403 del Código Penal español castiga el delito de intrusismo con penas de multa y prisión de hasta dos años, dependiendo de la modalidad). Los defensores de la habilitación consideran que es el mejor sistema para garantizar la capacitación profesional, la responsabilidad ante la sociedad. Y alegan que, de otro modo, quien decide quien es periodista son las empresas.

En el sistema de acreditación lo que se hace es reconocer públicamente como profesionales aquellos que tienen como ocupación principal y remunerada la búsqueda, tratamiento y difusión de información de interés público. Se trata de extender la protección que implica el reconocimiento a todos aquellos que de modo efectivo, hayan llegado de un modo u otro a la profesión, es decir a los periodistas en activo. Este sistema presupone de un modo u otro la existencia de un período de prácticas en las empresas.

En Europa, Italia es el único país que tiene un sistema de registro obligatoria que controla una organización profesional (Ordine dei Giornalisti). En Brasil, en 2009 el Tribunal Supremo declaró inconstitucional la exigencia de titulación universitaria. Un resumen de los distintos sistemas y su discusión puede encontrarse en este informe sobre el futuro del periodismo de la Federación Internacional de Periodistas (pp. 21-27).

La falta de acuerdo sobre el acceso ha venido a ocultar la necesidad de un estatuto profesional, que desarrolle los derechos y deberes de los periodistas. Después de años de batallas estériles, a principios del siglo el Foro de Organización de Periodistas (que entonces englobaba a todas las organizaciones profesionales y sindicales) elaboró un texto, el Estatuto del Periodista Profesional, que fue tramitado en 2004 como propuesta de ley por Izquierda Unida (Proposición de Ley /Debate de la toma en consideración). 

Este Estatuto establecía un sistema de acreditación a través de carnet profesional expedido por un Consejo Estatal de la Información. Lo importante del proyecto era que por primera vez se reconocían y regulaban de modo específico los derechos y deberes de los periodistas para un mejor servicio al público.

Empresas y doctrinarios liberales sacaron a pasear el espantajo de una ley de prensa represiva (ya se sabe “la que mejor ley de prensa es la que no existe”). Con eso contaban los redactores del proyecto, pero no con el fuego amigo que llegó con la desvinculación de la FAPE (participante activo en el proceso), que abandonó incluso el Foro de Organizaciones de Periodistas. El caso es que aquel intento se  frustró (Aquí las posiciones del debate tal y como se publicaron por El País)

Lo importante es insistir en un estatuto de los periodistas debe suponer un desarrollo de sus derechos constitucionales, para garantizar su independencia frente al poder y sus propios empresarios, buscando fórmulas de equilibrio entre la independencia de los periodistas y la libertad editorial de los propietarios. Y un desarrollo del deber de informar para mejor garantizar el derecho del público a ser informado. Un estatuto no es una ley limitativa sino un marco para un reequilibrio de los derechos de todos los que participan en la relación informativa.

El nuevo ecosistema informativo

En el sistema de acreditación se apuesta por ofrecer la protección a aquellos que efectivamente estén ejerciendo el periodismo. Eso hace tres lustros (más o menos cuando se redactó aquel proyecto de estatuto) era relativamente fácil de establecer. Se podía estar en plantilla de una empresa informativa, ser colaborador a la pieza o freelance. Y así sigue siendo si nos mantenemos en el ecosistema de los medios masivos. Pero hoy la información de relevancia pública se investiga, se elabora, se difunde y se comparte también horizontalmente por todos en el ciberespacio.

A mi entender no existen los llamados “periodistas ciudadanos”. Existen ciudadanos que en algún caso generan información de relevancia pública, pero que más frecuentemente la comparten, siempre de forma esporádica, no profesional. Quien hace un comentario en un ciberdiario, manda una foto a una televisión o comparte un vídeo en Facebook no es por ese solo hecho periodista.

Pero puede que se trate de alguien más comprometido con una causa, movimiento o, simplemente fan de un equipo de fútbol o de un famoso. Entonces sí que empieza a buscar y elaborar información con una cierta habitualidad. Puede que participe en un medio social o que incluso  cree sus propias plataformas en las redes sociales. Y ahí ya va ser muy difícil establecer si está realizando una tarea profesional. Seguramente no cobrará o no cobrará al principio, pero puede que logre “monetizar” su actividad y hasta vivir de ella. No es lo mismo, claro, crear y mantener un proyecto a favor de la sanidad pública que tener un canal de éxito en YouTube de trucos de cocina. No es lo mismo el blog de un profesor universitario que mantener un grupo de seguidores de Justin Bieber en Facebook.

La cuestión es si todos estos comunicadores habituales y en cierto modo profesionalizados merecen la protección reforzada de su derecho a la libertad de expresión e información de la que constitucionalmente gozan los periodistas. La respuesta en el sistema de habilitación académica es no. En el de acreditación el problema es encontrar criterios para verificar si, de modo habitual, se crea, difunde y comparte información de relevancia pública.

Colegios y autorregulación informativa

Es de sentido común que los profesionales de la información deben tener una formación universitaria. Así, parece haberlo entendido la sociedad española cuando las facultades de periodismo y comunicación han producido desde  1976 más de 80.000 titulados (Informe de la Profesión Periodística 2012). No hay en España un problema de intrusismo (si acaso los periodistas son intrusos en otras profesiones de carácter más técnico como las de fotógrafos, cámaras o montadores de televisión).

En cuanto a la colegiación, los colegios profesionales son corporaciones públicas que mediante la adscripción obligatoria, garantizan que todos los practicantes de la profesión cuenten con la formación suficiente y respeten en su práctica las normas deontológicas, al servicio de los que reciben sus servicios y de la sociedad en su conjunto. Pero no se olvide que el ámbito más característico de los colegios es el de las profesiones liberales.

En el caso del periodismo español la batalla por la dignidad hay que darla en primer lugar en las empresas. Para ello, los sindicatos están mejor colocados que las organizaciones puramente profesionales. Es en las empresas donde hay que luchar por unas condiciones de trabajo dignas y por implantar instituciones de pluralismo interno como los consejos o comités profesionales.

Es una buena noticia que en la mayor parte de las comunidades autónomas se estén constituyendo colegios profesionales que tienen el peso de aglutinar toda la representación profesional en una institución de derecho público. Pero hay que volver a la unidad de todas las organizaciones profesionales y sindicales, revitalizar el moribundo Foro y darle quizá una mayor institucionalidad.

Las facultades de comunicación también tienen que implicarse en el proceso de regeneración del periodismo profesional. Puede que cambiar sus planes de estudio de grado sea imposible, pero debieran de comprometerse en crear ámbitos de prácticas y desarrollo profesional. Y negociar sus programas de prácticas de modo que supongan una prolongación del período de formación y no una forma de explotaación laboral.

Correspondería a los colegios impulsar un sistema de autorregulación estatal, que no fuera un sistema interno de los periodistas (como lo es hoy la Comisión de Quejas y Arbitraje de la FAPE) sino aplicable a profesionales y empresas. Como las empresas no están por la labor más que autoregulación sería necesaria la corregulación, lo que no es nada fácil como demuestra el caso del Reino Unido.

Conclusión personal: la titulación y la colegiación obligatoria no resuelven los problemas actuales de los periodistas españoles, la propuesta puede crear otros nuevos problemas y la suscita dudas en cuanto su posible inconstitucionalidad (tema que trataré mañana en una entrada específica)

España Contemporánea: el túnel de las imágenes


Julián Collado – El baile de la matazón – Albacete ca. 1900

¡Con que fuerza se manifiesta la vida! Más de un siglo después, los jóvenes siguen girando y la bandurria sonando. Es el momento de la fiesta. Julián Collado, un fotógrafo local de Albacete logró una composición perfecta con los horizontes sin fin de La Mancha de fondo. Es la grandeza de la fotografía.

Los comisarios de la exposición España Contemporánea: fotografía, pintura  y moda han acertado con la imagen del catálogo, puesto que se declara buscar la historia con minúscula a través de las sociabilidades y los recuerdos.

Hay que precisar que predominan las fotos, son muy pocos los cuadros (aunque las obras pictóricas y las fotos entablan un verdadero dialogo) y los trajes dejan de lado las vestimentas populares para centrarse en modas y piezas de modistos históricos.  Y que los acontecimientos históricos, si bien a veces vistos desde la cotidianidad, son el elemento fundamental de la exposición de la Exposición Mapfre. Atención a los madrileños y visitantes: se cierra el 5 de enero de 2014, así que se puede comenzar el año echando un vistazo atrás a nuestra historia desde el paseo de Recoletos.

Fotografías, vestidos y  cuadros componen un túnel de los últimos 170 años, un túnel de imágenes. Del daguerrotipo a la explosión de las imágenes digitales. De la pieza única y valiosa a la imagen de usar y tirar. Del blanco y negro al color. De la fotografía solemne al reportaje; de la propaganda del NODO al consumismo de la televisión. Una síntesis española de la civilización de la imagen.

Recorrer ese túnel del tiempo es reconocernos. Pocos o ningún joven ayer domingo entre los visitantes; los viejos y maduros conforme avanzaban por el túnel iban reencontrándose con su infancia y juventud.

Están las grandes instantáneas históricas: el atentado contra Alfonso XIII, las fotos de Alfonso de Monte Arruit, la barricada de la calle Diputación de Centelles (en su encuadre apaisado original y el más conocido vertical), el miliciano muerto de Capa, la despedida de la División Azul de Santos Yubero. Y Lorca-Dalí-Pepín Bello. Y Valle-Inclán. Pero esta es mi selección personal.

Charles Cliffor – Pontón de la Oliva (1855)

Esclavos del progreso. El británico Clifford viajó por toda España inmortalizando las primeras obras públicas del progreso: puentes, pantanos y ferrocarriles. La del Pontón de la Oliva (hoy en desuso) fue la primera presa del Canal de Isabel II, la infraestructura a la que Madrid le debe lo que es. La construyeron presos en penosísimas condiciones. Muerte, esfuerzo, sufrimiento han sustentado el progreso. Hoy, ese patrimonio público está a punto de enajenarse al servicio del interés privado.

Marín - Celebración de la proclamación de la República

Marín – Celebración de la proclamación de la República

El desafío de los bandoleros andaluces. Un panel recoge las fotos identificativas de los bandoleros capturados por el gobernador de Córdoba en plena Restauración. Es un pena que no haya podido recuperar más que esta foto. Son quince, 20 miradas, de hombre jóvenes, seguros, desafiantes. Unas pocas mujeres: en sus ojos, más odio que desafío.  Pobreza, abandono, inexistencia del Estado fueron el caldo de cultivo del bandolerismo, un fenómeno en gran medida popular.

Una nueva vida al otro lado del mar. Fichas de españoles recién llegados al puerto de Buenos Aires, a comienzos del siglo XX. No tienen el valor artístico de las fotos de Lewis Hine a los inmigrantes de la isla de Ellis, pero sí el mismo valor testimonial. No la he podido recuperar, pero me quedo con la de una mujer de 19 años, soltera, acompañado de su hijo de 1o meses. ¿Había para esa joven otra esperanza que lanzarse a la aventura a un viaje sin retorno? Salvando las distancias, su hazaña es un antecedente de la esas africanas que llegan con sus hijos a nuestras costas en una patera. Sólo que en Argentina esperaba a aquellos españoles un futuro hecho de trabajo durísimo y aquí y ahora hasta eso les negamos.

Marín - Celebración de la proclamación de la República

Marín – Celebración de la proclamación de la República

La España nueva. La alegría de los jóvenes tomaba las calles. Aquel 14 de abril el mundo era suyo. Todo estaba por hacer y mucho hicieron aquellos jóvenes. Pero al final fueron la generación sacrificada el altar de la guerra y de una no menos cruel postguerra.

Salamanca – 12 de octubre de 1936

Venceréis, pero no convenceréis. Llegó la sublevación militar y con ella la guerra. Unamuno tomó partido por los sublevados, pero no hasta el punto de avalar el genocidio fratricida. Luciano González Egido reconstriuó su alegato contra la muerte. Sereno, en medio de la histeria fascista sale del Paraninfo de la Universidad de Salamanca. El regeneracionismo había muerto.

La exposición termina con vídeos del NODO, de viejos programas de TVE y de publicidad. Me quedo con NODO y con la aparición de Carmen Laforet (1:52 en el vídeo)

El exilio interior de las mujeres. Carmen Laforet había ganado el Premio Nacional de Literatura en 1956 con La mujer nueva, el relato de la conversión de una mujer al catolicismo, una novela reverso de Nada. En su pueblo de veraneo, Arenas de San Pedro, las fuerzas vivas (alcalde, jóvenes de Coros y Danzas) le agasajan en su casa. Y el NODO estaba allí. Una mujer joven y tímida nos muestra a sus hijos y posa escribiendo, agarrada a la tabla de salvación de la máquina portátil. Detrás un matrimonio infeliz, una inseguridad vital y literaria y un inesperado y riquísmo epistolario con Ramón J. Sender

Visita virtual a la Exposición España Contemporánea

(Esta entrada cierra un ciclo con la imagen de España (Català-Roca) y el mundo (Magnum First) antes de la globalización)

 

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