Participación popular en la gestión del interés público


El escándalo de las tarjetas opacas de Caja Madrid (jurídicamente apropación indebida y fraude fiscal ¿cuántas empresas privadas pueden estar usando este sistema para que sus directivos cobren en negro?) revela la corrupción de un sistema de participación en la gestión de empresas públicas.

Los Blesa, Rato, Fernández, Benito… políticos, empresarios, sindicalistas, no sólo han  contribuido al expolio de Caja Madrid-Bankia, también han infringido un grave daño a los sistemas de participación popular en la gestión y control de empresas, organismos públicos y autoridades independientes. No es sólo que tuvieran unos ingresos desmesurados y opacos a Hacienda, es que estaban allí de simples palmeros, con total dejación de una gestión y control para las que carecían de competencia y experiencia.

Lo que sigue es una reflexión desesperanzada sobre los modos de gestionar el interés público mediante la participación social.

En el mundo latino tradicionalmente se ha considerado que la gestión del interés público debe quedar en manos de un gobierno, que obiene su legitimidad de la elección popular. Esa es la única fuente de poder, que se transmite jeráquicamente a través de una burocracia que estructura la sociedad. El contrapeso a ese poder omnímodo es un sistema de funcionarios profesionales con un estatus jurídico de independencia. Es este sistema funcionarial el que da continuidad a la administración y garantiza derechos y prestaciones frente a la veleidades políticas. Es la alternativa al “spoil system” característico de la política norteamericana del s. XIX: el que gana las elecciones se lleva el “paquete completo” y cambia hasta el último funcionario.

El sistema funcionarial de gestionar el interés público es acusado de crear una casta corporativa, más pendiente de sus interereses que de las necesidades del público. Es discutible que el estatuto de independencia jurídica tenga que extenderse a los trabajadores públicos. Personalmente creo que debe limitarse a aquellos que toman decisiones sobre derechos de los ciudadanos, mientras que el resto de servidores públicos podrían estar dotados de un régimen laboral, pero que garantizara, al igual que el clásico funcionarial su estabilidad y su selección y promoción por mérito y capacidad, pero con una gestión más flexible.

En cualquier caso, una garantía básica de buena gestión del interés público son administraciones y servicios públicos profesionales. En nuestro país (y en otros) los políticos se han inventado un sistema para neutralizar las limitaciones a su poder, los asesores, que duplican órganos y funciones, a cargo de personajes paniaguados. Los asesores son un  cáncer que corroe las administraciones.

Un caso especial es la administración de justicia, servicio público y poder del estado al mismo tiempo. La independencia de los jueces es la mejor garantía de los derechos de los ciudadanos. Pero dada por supuesta la independencia individual de los jueces queda la cuestión de sus órganos de gobierno. En España se seguió la solución italiana de un consejo general que ha oscilado entre la selección corporativa y política de sus miembros, con las nefastas consecuencias conocidas de politización de los tribunales superiores. ¿Hubiera dado un mejor resultado un gobierno absolutamente corporativo? Lo dudo. De lo que no tengo duda es que el sistema norteamericano de elegir por voto popular determinados cargos judiciales, fiscales o policiales no conduce sino a la instrumentalización de la justicia por parte de poderosos intereses capaces de organizar campañas. Es, en definitiva, convertir a los jueces en políticos.

¿Cabría una participación popular en la elección de los órganos de gobierno de la justicia? Es esta una cuestión que afecta no sólo a la justicia sino en general a todos los servicios públicos y empresas públicas. La voz de una sociedad diversa tiene que estar de alguna manera presente en la gestión y control de los servicios públicos, justamente para completar la interpretación que los políticos electos y los funcionarios y trabajadores públicos puedan hacer de ese interés público. De manera bastante tímida en España se ha avanzado en un sistema de consejos sectoriales (por ejemplo, el Consejo Escolar del Estado) con competencias simplemente consultivas y en el que están presentes los sectores relacionados con el servicio público. Son una mínima manfiestación de una democracia participativa, complementaria de la representativa.

Se plantea en estos órganos de participación cúal ha de ser el alcance de sus competencias (gestión, control, asesoramiento) y el modo de su elección. En cuanto a las competencias, creo que es posible la participación popular en el control y el asesoramiento, pero que la gestión debe ser siempre profesional e independiente, aunque orientada estratégicamente por algún órgano en el que se manifieste el pluralismo social.

¿Cómo hacer presente esa diversidad de la sociedad en los órganos de gestión, control y asesoramiento?.  Ahora, en la época de las primarias, muchos son los que defienden la elección popular para estos representantes y en general para todos los cargos públicos. No creo que sea una solución factible. Primero, porque no se trata de mandatos generales como los que confíamos a los políticos, después porque es necesario acreditar competencia para muchos de estos cargos y finalmente porque sin una sociedad organizada en estas votaciones sólo participarían grupos muy comprometidos y por tanto organizados…. lo que nos lleva a las soluciones que hasta ahora se han aplicado.

Hasta ahora las formas de escoger a estos representantes populares en los órganos de gestión, control y asesoramiento de servicios públicos y empresas públicas han pasado casi siempre por el parlamento. Mayoría simple parlamentaria, lo que lleva al dominio gubernamental del servicio. Mayoría cualificada parlamentaria, lo que lleva a un sistema de reparto por cuotas entre los dos grandes partidos (Consejo del Poder Judicial, Tribunal Constitucional; en Italia, antes la “lottizzazione” de la RAI, donde los partidos se repartían cadenas y telediarios). Propuestas de organizaciones sociales (profesionales, sindicales, empresariales) y elección parlamentaria, con resultados parecidos a las cuotas, pero además creando una pasarela para que partidos y organizaciones coloquen a sus elefantes en puestos muy rentables y propiciando un control capilar de las organizaciones por parte de los partidos. Esto es lo que ha ocurrido en el caso de la televisión pública alemana (veáse reciente sentencia del Tribunal Constitucional).

Otro caso es el de las llamadas autoridades independientes, nacidas en Estados Unidos y asumidas por el derecho comunitario europeo. Se trata de organismos reguladores de un determinado sector, con poder por tanto no sólo de control sino también normativo (una de las potestades típicas del Estado) que se confía a profesionales supuestamente independientes, que van a regular conforme a unos principios que se supone que son el consenso (académico, del sector, político) sobre lo que significa el interés público en tal sector. El caso extremo son los bancos centrales a los que los gobiernos han entregado un instrumento esencial de la política económica como es la política monetaria. Dos graves problemas: ese consenso regulador está más forjado por los agentes del sector que por la búsqueda del interés público y, evidente, la “puerta giratoria”, profesionales y gestores que hoy dirigen empresas y mañana las regulan o viceversa. ¿Ante quién responden estos reguladores “independientes”? No hay respuesta.

Decía al principio que esta es una reflexión desesperanzada, porque no veo en el panorama ninguna solución clara que garantice la participación popular en empresas, servicios públicos y organismo reguladores.

Hay experiencias que son válidas, pero al interno de las organizaciones. Órganos de control profesional elegidos por y entre los profesionales en candidaturas unipersonales. Que duda cabe que partidos y sindicatos tendrán influencia en esas elecciones, pero lo que puede pesar decisivamente es el propio perfil profesional, siempre que esas candidaturas unipersonales no hayan de ser avaladas por estas organizaciones. Un ejemplo podrían ser los consejos de informativos establecidos en RTVE por la Ley 17/2006. Este tipo de órganos podría extenderse prácticamente a todos los servicios públicos. Y cuando los usuarios o beneficiarios de ese servicio público son estables y están en un marco en el que pueden interaccionar también ellos pueden sumarse a estos órganos mediante votación de la comunidad de usuarios (como por ejemplo ocurre en los consejos escolares de los centros de enseñanza pública).

Para lograr una participación popular eficaz hacen falta cambios de mayor calado. Uno, el cambio de la cultura política, para que los políticos comprendan que por muy importante que sea su legitimidad no es la única ni su poder absoluto, que no pueden ocupar todo el espacio público y manipular los servicios públicos. Este cambio no digo que ya se esté produciendo, pero el shock en el que viven los partidos mayoritarios lo favorece.

Más a largo plazo todavía es imprescindible el reforzamiento de la organización de la sociedad. Una sociedad puede mostrar su diversidad si está estructurada mediante una miríada de organizaciones intermedias. En España el individualismo y la falta de compromiso social sigue pesando demasiado. La interacción virtual puede favorecer la autorganización, pero nunca suplantarla. El activismo virtual es descomprometido, líquido, discontinuo… Partidos fuertes, sindicatos, organizaciones empresariales fuertes, pero también organizaciones de base en todas las manifestaciones de la vida actual. Con organizaciones fuertes, bien implantadas en la base, independientes, entiendo que el sistema ideal de participación popular sería la propuesta por parte de estas organizaciones de representantes en los órgananos de los servicios públicos, nombrados por mayoría parlamentaria muy cualificada.

Dejo de soñar. Hoy, con la mayoría absoluta del PP el Congreso de los Diputados elige a José Antonio Sánchez presidente de la Corporación RTVE.

Salvemos RTVE, queda poco tiempo


Asisto con dolor a un nuevo asalto contra la televisión pública.

Vuelve José Antonio Sánchez, condenado por la vulneración del derecho fundamental a la libertad sindical como máximo responsable de aquella TVE del Prestige, la huelga general, el Yak 42, las armas de destrucción masiva (aquel documental de Judit Miller emitido a toda prisa)… En una década su curriculum como gestor ha ganado brillo: ha despedido improcedentemente a prácticamente toda la plantilla de Telemadrid, pagado indemnizaciones a costa de los madrileños y externalizada la producción en favor de empresas amigas, él, trabajador en excedencia de Telefónica y colaborador del PP. No importa, algunos en el PP piensan que apretando los tornillos en TVE todavía se pueden ganar las elecciones ¿En que mundo viven? ¿No se han enterado todavía que la televisión ya no es omnipotente y que si lo fuera ellos ya se han encargado de reducirla a la irrelevancia?

Y Montoro anuncia que TVE ya no jugará en la liga de las privadas. Como he visto en algún tuit TVE tiene que jugar en la liga de la BBC (que no deja de tener también sus graves problemas). El asalto neoliberal es todavía más grave que el de la manipulación, aunque este justifica aquel. ¿En qué consiste el servicio público? ¿En lo que no resulta rentable para las privadas? Eso es lo que parece suguerir el ministro de Hacienda, que entre tanto mantiene el suspense de cómo evitará la quiebra de RTVE si es que sigue sin aflojar los 130 millones que le negó a González Echenique.

Orgullo porque una institución como el Consejo de Informativos, por la que tanto luchamos durante décadas, esté funcionando. El Consejo de Informativos no es un soviet, sino un órgano institucional de RTVE al que la ley confiere la defensa de la independencia profesional de los informadores y de la independencia editorial de TVE. Alejandro Caballero, su presidente, lo explica perfectamente en el vídeo que incrusto al final.

Pena por la escasa respuesta social. He abogado por el rescate ciudadano de RTVE, pero, pese a todo el esfuerzo de los trabajadores, no se ha logrado construir un movimiento, una “marea”, en favor de la radiotelevisión pública, en gran parte porque los nuevos movimientos sociales han nacido con una desconfianza genética hacia los medios de comunicación masivos (la hostilidad de los grupos multimedias oligopólicos viene de suyo).

Defiendo la rentabilidad económica y social de la radiotelevisión pública y su conversión en un servicio público multimedia, que ofrezca a todos contenidos gratuitos de calidad en todas las plataformas: un servicio público que mida su rentabilidad no por los beneficios o los índices de audiencia del prime time, sino por el servicio a los ciudadanos, medido por el alcance de sus contenidos y servicios en todas esas plataformas.

El Consejo de Informativos defendía ayer volver a un modelo de independencia informativa. La independencia se gana en el día a día, pero para ello es condición mínima contar con la independencia jurídica, esto es, volver, al menos a un Presidente que cuente con consenso parlamentario.

Creo que ese sistema debe revisarse, ampliando las entidades que puedan proponer candidatos a consejeros y presidente a organizaciones profesionales, sindicales y sociales y someter a los candidatos a un sistema de escrutinio riguroso para verificar sus méritos profesionales e independencia. Confiar la orientación estratégica y la supervisión al consejo de administración y a su presidente y entregar la gestión a un ejecutivo independiente elegido en concurso público. Y someter a referedum vinculante de los informadores el nombramiento del director de los Servicios Informativos.

Sí, la independencia es posible, el servicio público genuino esencial para la democracia también. Pero no sé si dentro de unos meses RTVE no será una ruina irrecuperable.

(En este blog he hablado mucho del servicio público de la radiotelevisión. Estas son las etiquetas para recuperar las entradas: servicio público, TVE, RTVE)

Verano del 14: Ucrania


Este verano del 14 la guerra ha vuelto a Europa. En la frontera con Rusia se desarrolla un conflicto que en parte reedita las luchas de la I Guerra Mundial, pero que, sobre todo, tiene paralelismos con las crisis que precedieron al gran estallido de 1914.

Ucrania, la frontera (pues esa es su etimología, común en los idiomas eslavos) es un territorio geográficamente dividido por el río Dniéper, más alla de cual, al este, se extiende la inmensa estepa. En el siglo IX el Rus de Kiev fue el primer estado que unificó a las distintas tribus eslavas de lo que hoy son los territorios de la Rusia europea, Bielorrusia y Ucrania. En este sentido, los nacionalistas rusos consideran a Kiev como su capital original y espiritual. En la edad moderna, Ucrania se convirtió en una de las zonas de fricción del imperio de los Habsburgo, del reino de Polonia, el imperio ruso y el imperio otomano. A partir del siglo XVIII Ucrania queda progresivamente anexionada a Rusia, pero con regiones del sureste (Galitzia) en poder del imperio austrohúngaro.

En esta frontera se desarrollaron hace 100 años las primeras batallas del frente oriental (la batalla de Galitzia ganada por los rusos). Después del colapso del imperio ruso, en Ucrania, ocupada por los ejércitos alemanes surgen distintos movimientos nacionalistas e intentos de estado independientes, que sucumben en medio del caos de una guerra civil en la que terminan por imponerse los bocheviques. En la II Guerra Mundial la invasión nazi propicia también el surgimiento de fuerzas nacionalistas de caracter fascistas. Con estos precedentes nacionalistas de la I y la II Guerra Mundial entronca el Maidan que derrocó a Yanukovich. Por tanto, la guerra civil que vive Ucrania tiene raíces en la I Guerra Mundial.

La crisis de Ucrania ha hecho retroceder a Europa no tanto a la guerra fría de la segunda mitad del siglo XX como a la Europa inestable de la primera década del siglo XX. Durante la guerra fría, las zonas de influencia estaban claras y el enfrentamiento aseguraba la destrución mutua. En los años que precedieron a la I Guerra Mundial las potencias libraron batallas limitadas, mientras preparaban los planes para la Gran Guerra. Parecía que en aquel mundo interdependiente una guerra total era imposible, pero nadie la descartaba.

Hoy la frontera de la tensión está otra vez en Ucrania. Putin apuesta porque Ucrania se convierta en un estado fallido, un estado tapón, para frenar la expansión económica, política y militar de Estados Unidos y la Unión Europea. Por de pronto, mientras al este de Ucrania se desarrolla una guerra civil con intervención rusa, los dos bloques comienzan una guerra económica que no se sabe como terminará, porque si realmente ahogara a Putin podríamos pasar a otra fase más caliente del conflicto. Los planificadores militares ya estarán trabajando. Pero hay una importante diferencia con 1914. Entonces los estados mayores tenían (al menos en las potencias centrales) una gran autonomía; prácticamente con sus planes presentaron la guerra a los políticos como un hecho ineludible. Las movilizaciones se concatenaron en aquel verano del 14 e hicieron la guerra inevitable. Afortunadamente, hoy, hechos tan graves como la anexión de Crimea no han merecido una respuesta militar. Veremos que ocurre este invierno con el gas.

Verano del 14: el Estado Islámico


Termina este verano del 14. Hace 100 años las grandes potencias luchaban por la hegemonía universal. Después de ocupar Bélgica en quince días, los alemanes son frenados en el Marne. El frente occidental se estabiliza y de la guerra de movimientos se pasa a la guerra de posiciones. Cuatro años de masacre en la trincheras que cambiarían el mundo, ese “mundo de ayer”, caracterizado por Stefan Zweig, con sus luces y sus sombras, como una época de progreso del humanismo frente al auge de la barbarie del periodo de entreguerras.  Si la primera fue, esencialmente una guerra de imperios, la segunda (25 años después y también en septiembre), también imperial, fue además una guerra ideológica.

Y aquí estamos, un siglo después, con conflictos sangrantes, que son o conscuencia del reparto del mundo que se produjo en 1918 (Oriente Próximo) o reproducen las tensiones las tensiones entre imperios (Ucrania) que la precedieron.

Oriente Próximo: el Estado Islámico

Reino Unido y Francia decidieron en 1916 repartirse los territorios árabes de Imperio Otomano en el acuerdo Sykes-Picot. Dividieron el Oriente Próximo en territorios bajo su dominio directo o en áreas de su influencia, traicionando (en el caso del Reino Unido) la promesa de una gran estado árabe, que había propiciado la rebelión contra los turcos. Aunque sufrió modificaciones, trazó las fronteras básicas de lo que hoy es el Próximo Oriente.

Sin el dominio británico de Palestina no habría habido declaración Balfour, colonización sionista de Palestina, Estado de Israel ni el conflicto árabe-israelí, epicentro de la inestabilidad de la zona desde hace 65 años, y que este verano ha vuelto a estallar en Gaza, la mayor cárcel al aire libre del mundo, con un nuevo episodio de crímenes conta la humanidad de Israel contra la población civil.

Británicos y franceses dividieron Arabia, Siria y Mesopotamia en estados nacionales donde lo que había era tribus y comunidades ancestrales con distintos credos y lealtades. Durante 100 años, las fuerzas centrípetas fueran neutralizadas por regímenes dictatoriales o autoritarios, siempre con el ideal de la unión del mundo árabe-musulmán (sunní) en el horizonte. Incluso los tiranos garantizaron protección a esa miriada de pequeñas comunidades frente a las mayorías.

La guerra de Siria, la pugna entre Irán (chiíes) y Arabia Saudí (sunníes) ha abierto una grieta por la que se colado el Estado Islámico (EI). Se han pulverizado las fronteras entre Irak y Siria (las fronteras Sykes-Picot) y de hecho  apuntan nuevos estados: un estado alauí (la Siria controlada por Assad), un estado kurdo (por el momento sólo con el Kuridistán iraquí), un estado sunní (el territorio sirio e iraquí controlado por EI) y un estado chíi (el resto de Irak).

Al fin de la I Guerra Mundial Mustafá Kemal convirtió a Turquía en un estado nacional y derogó el califato otomano, última encarnación del estado islámico universal desde Mahoma, pasando por los Abasidas o los Omeyas. El Estado Islámico ha proclamado el calificato, lo que supone la pretensión de que toda la comunidad islámica -la umma- reconozca su legitimidad político-religiosa y acepte someterse a su soberanía.

El Estado Islámico tiene como fuente doctrinal el salafismo derivado de wahabismo saudí, cuenta con la experiencia propagandista de Al Qaeda, la financiación de Qatar, las brigadas internacionales de los jóvenes yihadistas europeos y la adhesión de las tribus sunníes del norte de Irak, discriminadas por el gobierno sectario de Maliki. Todo ello le ha convertido en un poderoso actor internacional, con una base territrorial estratégica y un control sobre importantes yacimientos petolíefos,. Pero su surgimiento amenaza prácticamente a todos, dentro y fuera de la región, incluso a los que incubaron el engendro.

Proclamarse califa, como ha hecho Abu Bakr al-Baghdadi es reclamarse al mismo tiempo jefe político y religioso de todos los musulmanes sunníes -esto es, de todos los musulmanes, pues los chiíes son herejes a exterminar. Ninguna imán salafista está dispuesto a reconocer esa autoridad a un advenedizo. Es un peligro tanto para Estados Unidos como para Rusia, para Arabia Saudí como para Irán, para Qatar como para Egipto, para Assad y Erdogan, por citar sólo parejas de enemigos o adversarios. La coalición que busca Obama difícilmente se formalizará, pero funcionará en la sombra, aportando cada cual los elementos que dañen al Estado Islámico, y al tiempo no enaje sus respectivos apoyos internos (ya sean clanes, autoridades religiosas u opinión pública) y no beneficie en exceso al enemigo, aliado de circunstancias.

La historia de la región está llena de caudillos y mesías que en campañas sorpresivas se hacen con el control de amplios territorios y de centros políticos y religiosos, ya sea Damasco, Jerusalén o la Meca. Pero la historia también muestra como la mayor parte no pudieron soportar el empuje, coordinado o no, de sus enemigos. Otros, los menos, en cambio se convirtieron en el poder hegemónico durante varias generaciones.

Cartier-Bresson, el gran mirón


Cartier-Bresson, Bruselas, 1932

Cartier-Bresson, Bruselas, 1932

Entro en la sala y la primera foto se me aparece como una síntesis de toda la obra de Cartier-Bresson. Un hombre mira por el agujero de una valla, quizá a un espectáculo, puede que una obra, o, simplemente, un solar baldío. El otro, que quizá espera su turno, mira desconfiado al fotógrafo. Por la época, podría identificarse con el movimiento de la “candic photo”, pero no es una foto robada, nada tiene que ver con Erich Solomon. El mirón cazado por el fotógrafo (mirón a su vez), el juego de miradas entre el fotógrafo y el segundo hombre, la curiosidad como el gran motor de la acción… el “instante decisivo” antes de que el fotógrafo lo teorizara.

Los  madrileños y los visitantes tienen hasta el 7 de septiembre para ver esta exposión en la Fundación Mapfre. En la presentación se insiste en que no se busca tanto dar una visión unificadora del gran fotógrafo, sino en mostrar los distintos Cartier-Bresson. Me remito al análisis de Franciso Rodríguez Pastoriza. Por mi parte me limitaré al comentario de algunas fotos.

De Cartier-Bresson siempre me ha maravillado su capacidad para la composición y al mismo tiempo su poder para dar vida a esa composición. Y como ejemplo, dos fotos de su primer viaje a España, en los primeros años de la II República.

Cartier-Bresson, Madrid, 1932

Cartier-Bresson, Madrid, 1932

Cartier-Bresson, Sevilla, 1932

Cartier-Bresson, Sevilla, 1932

Son dos muestras de su técnica de utilizar un fondo o pantalla con gran potencia compositiva (el maestro fue un gran estudioso de la proporción áurea), que el fotógrafo vigila como un cazador a la espera de la presa, hasta que esa escena se llena de acción. En este caso, esa vida nos da cuenta del desamparo, pero también de la libertad, de esa infancia de los barrios populares de la España de los treinta.

Cartier-Bresson, URSS. 1954

Cartier-Bresson, URSS. 1954

En esta foto percibimos, casi podemos sentir, la atmósfera cargada, recalentada, de la cantina en la que jóvenes trabajadores hacen una pausa en el duro trabajo. Stalin ya ha caído, pero hay está, en el mural que preside la sala, en fotos en la que el “padrecito” y Lenin vigilan para que los muchachos no caigan en conductas impropias.

No es un posado. El mirón observa desde el otro lado del dintel.  No es, desde luego, la mirada que penetra la intimidad en “La araña del amor”, pero siempre es la mirada del no participante. Por cierto, que en esta famosa foto Cartier-Bresson juega también con el contraste entre lo estático (la colcha, los cortinajes) y lo dinámico (los movimientos de las amantes, resaltados por la baja velocidad de obturación).

Cartier-Bresson, México, 1934

Cartier-Bresson, México, 1934

El mirón mira a los mirones. Así, en la coronación de Jorge VI adopta un punto de vista revolucionario para un reportaje de actualidad. Retratar a la multitud (y a los artilugios que emplean para ver el cortejo). De este modo, el reportaje nos dice más de aquella Inglaterra, que las fotos del evento. Por supuesto, Cartier-Bresson realizó grandes reportajes de actualidad entre 1945 y los noventa, pero siempre con el acontecimiento en segundo término (aunque también podemos ver en la exposición una serie de manifiestaciones a lo largo de 30 años que podrían catalogarse dentro del fotoperiodismo más clásico).

Cartier-Bresson, Londres, 1938

Cartier-Bresson, Londres, 1938

Hay en la exposición un extracto de un curioso reportaje sobre el artista. Vemos a Cartier-Bresson en acción por las calles de París. Observa, con movimientos de bailarin se aproxima a la presa y dispara su inseparable y discreta Leica. Por cierto, que trabajaba con un patrón fijo de exposición, lo que permitía gran libertad para disparar en el momento preciso.

Con los años, Cartier regresa a su vocación de origen, la pintura. “Si la foto es la acción inmediata -dice- el dibujo es la reflexión”. Una idea que se expone en el siguiente autorretrato.

Cartier-Bresson, Paris, 1992

Cartier-Bresson, Paris, 1992

La foto, la acción inmediata, nos muestra la imagen, mediada por el espejo, de un hombre mayor, bien conservado, de mirada inquisitiva y algo escéptica. El dibujo nos deja el rostro de un anciano, cargado del peso de la vida. Rodríguez Pastoriza cuenta como en una entrevista se negó airadamente a ser rodado mientras caminaba. El mirón, en sus últimos años, no quería ser mirado.

Vergüenza en Gaza


Es como si un cruel Moloch exigiera periódicamente sacrificios humanos. Nuevamente, por tercera vez en seis años, Gaza se ve sometida a un castigo colectivo en el que la población civil es masacrada.

En esta ocasión, el secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes es invocado por el gobierno Netanyahu, pero el motivo estratégico es romper el recién recuperado gobierno de unidad nacional palestina y, más repugnante, que cada una de las fuerzas que componen el gobierno israelí puedan presentarse a las elecciones como los más duros y faltos de compasión con los palestinos.

Por el lado de los distintos grupos armados palestinos ser responde con unos cohetes cada vez más potentes y sofisticados, pero que por el momento nada pueden contra el escudo defensivo israelí. Cohetes usados a un lado y otro con fines propagandistas y que no hacen sino empeorar la suerte de la población civil de la Franja.

Los castigos colectivos a poblaciones civiles son crímenes de guerra, pero políticos y militares israelíes los perpetran con total impunidad, con la seguridad de que nadie los llevará ante un tribunal nacional o internacional (nosotros ya hemos hecho nuestra parte desmontando la ley de Justicia Universal). Ahora la población se refugia en una escuela bajo protección de la ONU. La Historia nos dice que los israelíes no respetan la bandera azul de la organización mundial.

No es Palestina el único lugar del mundo donde se comenten hoy crímenes de guerra o genocidios, desde Siria a Sudán del Sur pasando por la República Centroafricana, pero en este caso parece que bastaría una llamada de la Casa Blanca para que las operaciones militares se detuvieran. Sí, ya sé que Israel se ha permitido desobedecer muchas veces los deseos de Washington y hasta hacer burla y escarnio de ellos. Existe la convicción de que los intereses estratégicos de Israel y Estados Unidos están inextricablemente unidos y que nadie en Estados Unidos puede ganar unas elecciones si, simplemente, critica al gobierno israelí. No es ahora el interés de Washington abrir un nuevo frente en Oriente Próximo y sería el momente de que un presidente norteamericano pusiera firme a su aliado. No parece que Obama esté dispuesto a hacerlo.

Mientras tanto no podemos más que sentir una vergüenza impotente.

 

No a la fusión de La Dos y Teledeporte


Distintas informaciones periodísticas  (El Mundo / El País) aseguran que la Dirección de RTVE se dispone a fusionar La Dos y Teledeporte, en el marco de un supuesto “plan de eficiencia”, operación que en sincronía con el cierrre de canales de TDT para desalojar frecencias en favor de la telefonía 4G.

Fusionar ambas cadenas es más que un error, es un suicidio. Es mezclar agua y aceite, dos temáticas y dos audiencias incompatibles. En plena fragmentación de audiencias y en con la debacle de RTVE, La Dos resiste. Su audiencia está en torno al 2’7% (ayer 3’6) cuando TV1 ha caído por debajo del 10% (ayer 8’7%). Quiere decir que La Dos no se ha visto afectada ni por la falta de credibilidad (La Dos Noticias ayer 272.000 espectadores de media) ni por la pérdida de calidad de los programas. En cambio, Teledeporte no remonta (0’7% de cuota de audiencia en el último mes). Debe ser que a los españoles no les interesa más que los deportes tribales mayoritarios.

Los tiempos en los que La Una y La Dos se complementaban han pasado. Entonces, TVE podía competir con dos cadenas con A3 y T5 (con una sola cadena cada una) y rentabilizar derechos deportivos adquiridos por la UER. Ahora, los competidores tienen varios canales administrados con una pauta publicitaria única y buscando “targets” específicos y RTVE no está en condiciones de comprar derechos deportivos que atraigan audiencias masivas.

La Dos + Teledeporte es menos que una cadena. Lógicamente, los deportes minoritarios que nutren TDP tendrían que tener sus espacios propios en la cadena, en detrimento de los programas culturales, informativos y cinematográficos que nutren ahora La Dos. La Dos es la única opción para una audiencia exigente en todo el panorama televisivo español. Las llamadas “temáticas”, salvo la presencia de series norteamericanas de culto, no son sino de reempaquetados de programas para “targets” publicitarios.

He escrito y mantengo que el deporte minoritario de TDP es más servicio público que la Champions. Para ello sería suficiente un canal en streaming, como parece que se planea. Si el acontecimiento deportivo lo merece, su lugar es La Una.

Es hora de que RTVE saque todo el partido a sus medios interactivos y establezca mayores sinergias entre canales analógicos e interactivos.

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