Pluralismo y subsidios


La subvención a un diario ultraderechista pone en cuestión la política de subsidios a la prensa de Suecia.

Me refería aquí hace un par de días a la propuesta de la Federación Europea de Periodistas de subvencionar el periodismo como un bien público. Suecia es uno de los pocos países donde todavía se mantienen las subvenciones a la prensa, que fuero comunes en Europa hasta hace 20 años.

La polémica ha estallado al conceder el Consejo independiente responsable de las subvenciones un subsidio de unos 300.000 € al diario ultraderechista Nationell Idag. El Consejo se defiende asegurando que el diario cumple con los requisitos objetivos exigidos: tirada, porcentaje de financiación por suscriptores y publicación de al menos mil metros de columnas de material informativo diario. Una de las componentes del Consejo ha dimitido y la Ministra de Cultura ha propuesto reformar el sistema.

El sistema de subvenciones intenta promover el pluralismo externo, esto es, que en un determinado ecosistema informativa haya el mayor número posible de voces diversas, o, dicho en términos del liberalismo norteamericano, que todos tengan la posibilidad de hacerse presentes en el «libre mercado de las ideas». Una de las maneras de garantizar el pluralismo externo es establecer normas anticoncentración; la otra es subvencionar el pluralismo.

El caso plantea algunas cuestiones al sistema de subvenciones públicas:

– En la época de la comunicación interactiva ¿tiene toda opción ideológica derecho a mantener un diario en papel y a recibir subvenciones para ello?

– ¿Puede subvencionarse con dinero público a los enemigos del pluralismo para lograr un mayor pluralismo?

– Si los requisitos no son puramente objetivos y se entra en la evaluación de la ideología ¿no se convertirán estas subvenciones en una herramienta de control político?

La vergüenza del siglo XX


El siglo XX ocupa un alto puesto en la historia de la infamia. Dos guerras mundiales, decenas de guerras locales y una docena de genocidios, cuyo paradigma es el desarrollado por las nazis contra los judíos y otras minorías. Pero también el siglo XX ha sido capaz de elevar la conciencia moral que siempre ha condenado estos crímenes masivos y execrables a la categoría de delitos imprescriptibles, perseguibles en cualquier jurisdicción.

De nuevo, Francisco Rodríguez Pastoriza me hace el honor de permitirme difundir en el blog sus colaboraciones  en el Faro de Vigo sobre dos obras que arrojan luz sobre la barbarie.

Las obras comentadas son  El Tercer Reich y los judíos de Saul Friedländer, y el ingente documental Shoah de Claude Lanzmann, que cumple ahora un cuarto de siglo.

Copio a continuación ambos textos.

___________________________________________________

Un exhaustivo y minucioso estudio sobre el Holocausto revela los crímenes más horribles del nazismo y revisa el papel de la sociedad alemana y de las iglesias cristianas durante el holocausto

LA VERGÜENZA DEL SIGLO XX

FRANCISCO R. PASTORIZA (*)

A medida que el lector se va adentrando en los dos volúmenes del libro de Saul Friedländer El Tercer Reich y los judíos (I. Los años de persecución y II. Los años de exterminio. Galaxia Gutenberg) se hace cada vez con más frecuencia la misma pregunta: ¿cómo pudo ser posible?. Desde la perspectiva de nuestros días, a pesar de conocidos genocidios posteriores como los de Camboya, a nuestra conciencia le cuesta aceptar que haya podido haberse producido algo tan brutalmente demencial como el holocausto judío, en una sociedad, además, que en aquellos años estaba en la vanguardia de la cultura y la educación europeas.

Friedländer, que ganó el Pulitzer con esta obra, nació en 1932 hijo de judíos checos asesinados en Auschwitz. Refugiado en un seminario católico de Francia, a punto de ser ordenado sacerdote descubrió sus orígenes, y desde entonces se ha dedicado a investigar los crímenes del nazismo.

EL HUEVO DE LA SERPIENTE

Desde antes de la llegada de Adolf Hitler al poder en 1933, en la sociedad alemana se venían produciendo extraños comportamientos en relación con la minoría judía del país. El control de una parte del comercio y de la riqueza de Alemania por los judíos y la ocupación de puestos destacados en el mundo de la educación, el arte y la cultura, provocaban en la población aria una cierta actitud de desconfianza alimentada por el irredentismo territorial a consecuencia de la primera guerra mundial, la propaganda de los partidos políticos de la derecha y la crisis económica derivada del ‘crack’ del 29. Una de las tesis de este trabajo se basa en la culpabilidad, sólo parcialmente asumida, de una sociedad que aún cuando no alentaba los crímenes del nazismo, hacía oídos sordos o desviaba la vista de los terribles acontecimientos que se estaban produciendo abiertamente.

Las políticas nazis contra los judíos que el partido nacionalsocialista incluía en su programa no eran muy distintas a las medidas antisemitas defendidas por los conservadores alemanes desde varias décadas antes de la ascensión de Hitler al poder. La revolución bolchevique, cuya inspiración Hitler siempre atribuyó a los judíos, no hizo sino añadir leña al fuego del antisemitismo de la derecha. Así que cuando después de 1933 comenzaron a dictarse leyes explícitas contra los judíos, una mayoría de alemanes no se opuso a la privación de derechos ni a su segregación.

Las primeras medidas antijudías tomadas por el régimen nazi fueron contra la cultura y el arte. Se prohibió a los músicos judíos dirigir o interpretar conciertos para auditorios arios. Wagner, Richard Strauss, Beethoven y Mozart tampoco podían interpretarse para la comunidad judía. Las obras de Artur Schnabel, Yehudi Menuhim, Arnold Schoenberg o Kurt Weil no se oían ni en la radio. Los oratorios del Antiguo Testamento de Händel cambiaron sus títulos (‘Judas Macabeo’ se convirtió en ‘El mariscal de campo: un drama de guerra’) y del Réquiem de Mozart desaparecieron ‘Dios de Sion’ y ‘Sabbat’. A los escritores se les exigió una manifestación pública de correcta actitud ‘nacional cultural’, al tiempo que se organizaban actos públicos de quema de libros (en Berlín se quemaron más de 20 mil libros en una sola tarde) . Ocho mil escritores, artistas, músicos e intérpretes judíos de todo tipo fueron expulsados de la vida cultural alemana junto con sus empleados y agentes. Ni siquiera se libraron Einstein, Max Reinhardt o Lieberman (Thomas Mann tardaría aún tres años en aceptar la tragedia que supuso el nazismo). El monumento a Heine en Frankfurt fue retirado por orden del Gobierno y se cambiaron los nombres judíos de calles y plazas. Se prohibieron las obras de Schiller y Goethe. Profesores y ayudantes de origen y creencias judías fueron expulsados de las universidades después de llevarse a cabo purgas entre el personal docente, y se prohibió a los alumnos judíos obtener el doctorado. Los niños alemanes fueron expulsados de las escuelas. La prensa judía fue prohibida. Después vino el acoso a los juristas, sacados a rastras de despachos y tribunales; a los médicos, a los que se prohibió ejercer su profesión en pacientes arios; a los funcionarios de todos los niveles. Se prohibió a los judíos poseer granjas, dedicarse a la agricultura y alquilar puestos en los mercados de las ciudades. Pronto comenzó a prohibírseles la utilización de instalaciones deportivas y la entrada a las piscinas públicas, y en algunas ciudades tenían cerrado el acceso a los cines y a guarderías y asilos de ancianos. En noviembre de 1938 los judíos ya habían quedado excluidos del sistema general de ayudas sociales. En las ciudades alemanas comenzaron a producirse disturbios antijudíos fomentados desde el poder. A plena luz del día las tiendas eran rociadas con ácido, sus puertas pintadas con insultos y sus escaparates destrozados. Los propietarios y empleados, golpeados (a veces también los clientes). Estas manifestaciones tuvieron su punto culminante durante el 9 y 10 de noviembre de 1938 durante la llamada Noche de los Cristales  Rotos, en la que se destrozaron 7.500 negocios y fueron quemadas 267 sinagogas en todo el país (por cierto, los judíos fueron obligados a demoler las sinagogas dañadas, corriendo los gastos a su costa). Las restricciones de créditos por parte de los bancos y el boicot a sus negocios obligaban a los judíos a venderlos a precios de saldo; también los objetos y obras de arte, los documentos históricos y los libros. Todo esto ante la mirada de una sociedad que si bien en privado condenaba los actos de violencia antijudía, nunca se organizó para protestar contra la barbarie nazi: ningún grupo social, ninguna comunidad religiosa, ninguna institución escolar o asociación profesional de Alemania o del resto de Europa declaró su solidaridad con los judíos (II. 25).

El antisemitismo inició una fuerte y rápida expansión por Europa. En Francia, escritores como Bernanos, Maurras, Drieu La Rochelle, Blanchot y Celine instigaban la persecución a los judíos desde publicaciones de la derecha. En Polonia, con un 10% de población judía, los sentimientos antisemitas, de carácter religioso, se veían reforzados por el supuesto control judío de profesiones y sectores económicos clave. En Viena la crueldad de la persecución sobrepasó a la del Reich, con espectáculos públicos de degradación, palizas y batidas, y robos de bienes, dinero, joyas, muebles, viviendas y negocios. Rumanía, Hungría, Ucrania, Bielorrusia y los Países bálticos vieron crecer en su seno el antisemitismo y celebraron la persecución a los judíos. La guerra aún no había comenzado.

GUETOS Y DEPORTACIONES

La otra denuncia que hace Friedländer en esta obra es la de la pasividad de las iglesias cristianas europeas (católica y protestante) ante la persecución a los judíos, exceptuando manifestaciones personales y de grupos minoritarios (en Francia, Algunos obispos incluso apoyaron abiertamente las medidas antijudías. II.174). Friedländer percibe en la actitud de la Iglesia católica un antisemitismo moderado, sobre todo porque algunas víctimas eran judíos conversos. Cuando se tomaron las primeras medidas, ningún obispo, ni dignatario de ninguna iglesia, ningún sínodo hizo declaración abierta alguna contra la persecución de los judíos en Alemania (I.68). La iglesia evangélica llegó a exigir el retiro forzoso de pastores de origen judío o casados con mujeres judías y publicó un Nuevo Testamento desjudaizado. El autor denuncia también el silencio de Pio XII y su decisión de retirar la encíclica Humani Generis Unitas, en la que su predecesor criticaba el régimen nazi y sus teorías raciales, aun sin condenar el antisemitismo. El temor ante la fuerza que estaba adquiriendo el movimiento bolchevique en Rusia, que aumentó tras la caída de Mussolini, se señala como una de las causas de la ambigua postura del Papa. Esta preocupación del Vaticano era perfectamente conocida por Hitler, que se aprovechaba de la situación del Papa: sólo le queda una elección: el nacionalsocialismo o el bolchevismo, escribió Goebbels en su diario.

Iniciada la guerra, el nazismo se propuso el exterminio total de los judíos. La persecución se extendió a Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica y Francia, donde se organizaron pogromos contra los judíos, y a los países del Este europeo que Alemania iba ocupando y en los que se llevaban a cabo asesinatos masivos de miles de judíos, enterrados en gigantescas fosas comunes. Se dictaron nuevas medidas, como la obligación de llevar un brazalete identificativo, una estrella amarilla pegada a la ropa, la de entregar los aparatos de radio, las máquinas de escribir, los prismáticos y las bicicletas, la de hacer las compras de 8.00 a 9.30 de la mañana (no podían comprar productos como carne, verduras o chocolate). Se establecieron campos de trabajo y guetos para concentrarlos y facilitar su deportación, como los de Varsovia y Lodz, donde la aglomeración y las condiciones de hambre, frío e insalubridad provocaban la muerte de decenas de judíos diariamente: la tasa mensual de muertes en el gueto se estabilizó en torno a las 5.500 personas (II.335) El 12 de noviembre de 1941 Himmler ordenó a Friedrich Jeckeln que asesinara a los 30.000 judíos del gueto de Riga y …seguía preocupado por el fuerte stress que a sus hombres imponían esos asesinatos en masa (II.357-358). En el gueto de Lublin el exterminio fue total. En 1939 comenzaron las deportaciones de judíos de Austria y Polonia a los campos de concentración de Buchenwald, Mauthausen y Auschwitz, en trenes destinados al transporte de animales y mercancías, en unas condiciones que provocaban la muerte de un elevado número de prisioneros durante el trayecto. A su llegada a los campos eran asesinados. Sus casas, sus granjas y sus negocios fueron ocupados por arios.

LA SOLUCIÓN FINAL

Ya antes de la guerra, los dirigentes nazis estaban convencidos de que el problema judío no se iba a solucionar con simples “arreglos prácticos” sino que era necesario algo infinitamente más radical si se quería cumplir con la voluntad de Hitler de que los judíos debían desaparecer de Europa. Se barajaron planes como el dejar morir de hambre a los residentes en los guetos y campos de trabajo (en buena medida, como hemos visto, se cumplieron). A partir de 1941 los nazis comenzaron a pensar seriamente en lo que llamaron Solución Final, es decir, el exterminio total de los judíos de Europa. En un solo día, el 29 de septiembre de ese año, los alemanes mataron a tiros a 33.700 judíos de Kiev en el barranco de Babi Yar. En Ucrania, Lituania, Rumanía, Yugoslavia y Hungría se llevaron a cabo operaciones similares. Para acelerar el exterminio se utilizaron camiones con gas capaces de asfixiar a cientos de judíos en pocos minutos, y en los campos comenzaron a funcionar las cámaras de gas, con capacidad para miles de personas. Hambrunas, fusilamientos masivos, camiones y cámaras de gas exterminaban a cientos de miles de judíos diariamente. A medida que se iban produciendo reveses en el frente del Este, Hitler acentuaba los métodos para el exterminio con la multiplicación de las Aktion en las que se asesinaba a decenas de miles de judíos. 1942 fue el año en el que la ofensiva alemana contra los judíos alcanzó su punto culminante. La Solución Final debía estar completada antes del 31 de diciembre de ese año. Para este objetivo se instalaron en Treblinka cámaras de gas capaces de hacerse cargo de las 18.000 personas que llegaban diariamente a ese campo (de julio a agosto fueron gaseados 312.000 judíos aquí). En Auschwitz  sólo quedaron con vida 200.000 de alrededor de 1.300.000 judíos. En Belzec habían sido exterminados 434.000 y unos 100.00 en Sobibor. En 1943 ya habían muerto dos millones y medio. Al final de la guerra habían sido asesinados entre cinco y seis millones. frpastoriza@wanadoo.es

(*) Profesor de la Universidad Complutense de Madrid

25 AÑOS DE ‘SHOAH’

F.R.P.

En 1985 el realizador francés Claude Lanzmann rodó Shoah, uno de los mejores documentales de la historia del cine y el mayor testimonio filmado sobre el holocausto, fruto de los más de diez años de investigación que Lanzmann dedicó a investigar el exterminio de los judíos. Debido sobre todo a su larga duración (más de 9 horas y media), nunca había tenido la ocasión de ver esta obra en su totalidad (en nuestro país pocas salas de cine se arriesgaron a proyectarla y únicamente TVE llegó a emitirla –no sé si completa- en alguna ocasión). Ahora, gracias a su publicación en DVD (existen interesantes ofertas en Internet) ya es posible organizar un visionado cómodo y a plazos a voluntad del consumidor. El resultado es uno de los documentos más dramáticos sobre el holocausto judío. Que nadie espere ver imágenes de prisioneros, campos de concentración, cadáveres de víctimas y restos de la masacre, esas imágenes que siguen conmoviendo al mundo cada vez que se proyectan o se emiten. Las imágenes de esta película son las de los escenarios donde ocurrieron los crímenes, o lo que queda de ellos, surcados continuamente por los trenes que evocan el traslado de los cientos de miles de víctimas. El documental se basa en declaraciones de personas de alguna manera relacionadas con el exterminio: supervivientes, testigos alemanes, polacos, ucranianos, soldados y oficiales de las SS, historiadores, familiares… Sus voces se escuchan con el estremecimiento que provoca el testimonio de las víctimas y los verdugos del horror. Algunos tienen que interrumpir sus declaraciones al no poder contener la emoción y las lágrimas que les provocan los recuerdos. Si obras como La lista de Schlinder de Spielberg o El tren de la vida, de Radu Mihaileanu, aún desde la ficción, son desgarradores gritos cinematográficos de una tragedia inexplicable, Shoah es el horror mismo, el drama hecho testigo documental de unos acontecimientos que avergüenzan a la humanidad. Ahora que se cumplen 65 años del final de la guerra y de la liberación de los campos de concentración y exterminio, que acaban de celebrarse en Buchenwald, ahora que quedan ya pocos testigos vivos de la masacre, no está de más recordar la ignominia que supuso para todo un pueblo la locura de un régimen político.

Subvencionar el periodismo como un «bien público»


Los sindicatos y asociaciones que organizan, representan y defienden a los periodistas europeos piden que la Unión Europea considere subvencionar el periodismo como un bien público esencial para la democracia, del mismo que se financian con dinero público la ópera, el ballet o los museos.

Esta es la propuesta más llamativa de la Asamblea que la Federación Europea de Periodistas  (EFJ) ha celebrado en Estambul.

La EFJ realiza un sombrío diagnóstico de la situación del periodismo en nuestro continente. El periodismo ha entrado en una espiral de decadencia alimentada por una mezcla tóxica de despidos, trabajo precario y desprecio de las normas éticas. Los recortes económicos han afectado sobre todo a la calidad del periodismo: menos periodismo de investigación, menos controles editoriales, menos especialización, menos cobertura internacional y más famoseo.

Los sindicatos y asociaciones se platean un trabajo de presión sobre las instituciones de la Unión Europea para que la protección del periodismo sea una de las prioridades de la agenda comunitaria. Se trata de abrir un debate, tanto a nivel nacional como comunitario, sobre el papel del periodismo como esencial para la democracia.

Y dentro de esa campaña tratan de convencer a los legisladores de que consideren las subvenciones como compatibles con las normas europeas. Esta financiación pública tendría que respetar estas condiciones:

– Preservar la independencia editorial.

– Promover un periodismo ético.

Estoy seguro que los propietarios y los editores europeos podrían apoyar las subvenciones públicas y la primera condición, la independencia editorial, entendida como un poder soberano que ellos sólo disfrutan. En cuanto aparecieran otras condiciones, como por ejemplo, no efectuar despidos, terminar con la precariedad, no intentar suplantar con los contenidos del público la información profesional y, sobre todo, aceptar el pluralismo interno, el pluralismo en la redacciones… entonces, estoy seguro, mentarían el fantasma de Hugo Chávez y el intervencionismo gubernamental.

Los tiempos no son buenos para competir por el dinero público. Personalmente, no estoy a favor de los cheques en blanco. Quizá esa financiación pública no tendría que ir a las empresas comerciales sino a constituir fundaciones que pudieran crear nuevos medios (por ejemplo locales) y a financiar determinados trabajos o tareas  como el periodismo de investigación, la formación de los periodistas o la cobertura de asuntos ignorados por los grandes medios.

Los debates que pueden cambiar el sistema político del Reino Unido


Todo cambió la noche del 15 de abril. Por primera vez en el Reino Unido tres candidatos a primer ministro debatían antes las cámaras de televisión. Lo que podría haber sido un duelo a dos, entre el premier laborista Brown, gastado pero resistente, y el conservador Cameron, adalid de la postmodernidad, se convirtió en una competición abierta a tres, en la que el triunfador fue el liberal demócrata Clegg, más libre, con menos ataduras con el pasado, relativamente «menos sistema» que sus contrincantes.

¿Por qué estos debates pueden cambiar el sistema político del Reino Unido?

Los debates, sean cuales sean sus vencedores, no darán una victoria directa a ninguno de los partidos y menos a los liberal-demócratas, enfrentados a dos máquinas políticas con tanto arraigo y apoyo como conservadores y laboristas. Lo importante es que han cambiado todo el sistema mediático y esto puede tener consecuencias decisivas sobre el sistema político.

Durante medio siglo había sido imposible mantener un debate electoral en la televisión británica. Las estrictas normas de neutralidad baja las que operan todas las televisiones, el miedo a caer en un espectáculo a la americana y la misma naturaleza de su sistema político, asentado en un inamovible bipartidismo, habían hecho imposible esta forma de comunicación política. Fueron necesarios meses de negociaciones para llegar a al programa de televisión más regulado del mundo: nada menos que 76 normas pautan cada detalle de estos encuentros. Su celebración ya ha sido histórica.

La brillantez de Clegg, la consistencia y novedad de sus propuestas y algunos trucos audiovisuales, como mirar a la cámara en lugar de al público, dieron la victoria al candidato liberal, como atestiguan sondeos y comentaristas. Será difícil que vuelva a ganar en los dos debates que faltan, el segundo esta noche sobre política exterior, y que Brown intentará llevar al terreno de la economía.

Lo decisivo es que Clegg y los liberales demócratas han superado el umbral de percepción mediática. Así lo demuestra el análisis de contenido realizado por Media Tenor (pdf). Según su autor, Roland Schatz, los liberales demócratas habían recibido en los meses anteriores un tratamiento positivo de los medios, pero no lograban la necesaria visibilidad. Antes de los debates, la campaña electoral era representada como una carrera entre dos partidos, conservadores y laboristas, que monopolizaban el 90% de las informaciones, con sólo el 4% dedicadas a los liberales demócratas. Ahora Clegg se coloca al mismo nivel que Cameron y por encima de Brown. El cambio ha sido radical como muestra este cuadro de las declaraciones de los tres líderes.

Fuente Media Tenor

La visibilidad de los liberales y de su líder puede ir más allá de esta campaña electoral. Sea cual sea el vencedor, Clegg puede ser el árbitro como apoyo a un gobierno minoritario. Está por ver que pueda sacar adelante reformas políticas como las del sistema electoral, que tanto le perjudica. Lo que está claro es que será uno de los protagonistas mediáticos en los próximos meses.

¿Subsistirá el bipartidismo? Seguramente, pero la política y, desde luego, la información política, serán cada vez más cosa de tres.

Gustavo Moncayo, el Padre Coraje de Colombia


Por fin el sargento Pablo Emilio Moncayo está en libertad. Ha pasado 12 años prisionero de las FARC -prisionero, que no rehén ni secuestrado. Prisionero de la guerrilla de las FARC, porque sólo los civiles pueden ser rehenes y no los militares capturados en combate. Las FARC le hicieron prisionero, pero no respetaron las normas humanitarias de la guerra y le sometieron a un cruel cautiverio.

Su padre, Gustavo Moncayo, se ha convertido en estos años en un verdadero Padre Coraje. Moncayo ha recorrido miles de kilómetros a pie por toda la geografía colombiana, pidiendo a las FARC la liberación de su hijo y al gobierno, de modo especial al presidente Uribe, que no se negara a un intercambio humanitario. Moncayo se ha convertido en una verdadera referencia cívica, una china en el zapato de la denominada «política de seguridad democrática» de Uribe.

Gustavo Moncayo demuestra la vitalidad de la sociedad colombiana, que condena la deriva de las FARC en una banda de delincuentes, pero exige a los poderes clemencia y justicia.

La negatividad de la información ¿causa de la desafección en la democracia?


Bad news, goods news… Que los acontecimientos negativos constituyen casi siempre una noticia es un axioma del periodismo. Mucho se ha criticado que los periodistas resaltemos siempre lo negativo, se nos ha calificado por ello aves carroñeras e incluso voces tan críticas como la del recientemente desaparecido Vidal-Benyto abogaron por unas noticias positivas, que mostraran las fuerzas que están haciendo que realidad aquello de que «otro mundo es posible» (El País, 20-12-06).

Se ha presentado hoy en el Symposium Transnational Connetions, que se celebra en la Universidad IE de Segovia, una investigación del Instituto Media Tenor (pdf) que sostiene que ese negativismo es causa de la desafección de los europeos con la democracia.

Parte de constatar como, dos décadas después de la caída del Muro, sólo un 20% de los alemanes orientales apoya la democracia y este apoyo ha bajado en la parte occidental de Alemania del 80 al 60%. Aporta, también, el constante declive de la participación electoral en países como Alemania. Luego, el estudio que se basa en el análisis de contenido de 500.000 informaciones de televisión desde 1994, revela unas tendencias subyacentes en la información:

– Siempre se favorece la posición del poder establecido y el parlamento es más caja de resonancia del gobierno que foro de deliberación.

– Cualquier propuesta política es contrastada inmediatamente por la crítica total de las otras opciones política.

– No se favorece la presencia de actores sociales reales, como las pequeñas empresas, o líderes religiosos intermedios.

Y a partir de aquí el estudio establece que estos comportamientos informativos son causa de la pérdida de apoyo popular a la democracia. ¿Cómo se establece ese vínculo? La nota de prensa de Media Tenor no lo dice, pero me parece desmesurado establecer que son los medios los que empobrecen la democracia.

Las críticas a la falta de diversidad social y a la práctica de lo que hemos dado en llamar periodismo de declaraciones están más que motivadas. Pero, como siempre, es muy difícil diferenciar el grano de la paja. ¿Cuál es la alternativa al negativismo? ¿Un falso optimismo, una imagen de color rosa?.

El cambio social cursa casi siempre en forma de conflicto. El periodismo no puede ignorar las realidades conflictivas. El periodismo está obligado a devolver a la sociedad una imagen en la que aparezcan todas sus fealdades: la violencia, la opresión, la corrupción, el despilfarro. Una imagen que puede ofender y provocar. Pero también, desde luego, reflejar los cambios positivos.

El periodismo tiene ser el foro de deliberación pública donde todas las posiciones políticas se manifiesten. Y, en consecuencia, unas criticaran, a veces con ferocidad, a las otras. Lo que no puede el periodismo es mero altavoz acrítico de las distintas posiciones. Su deber es investigar y esclarecer las cuestiones controvertidas.

El periodismo debe dar voz a todas las instancias sociales y a los ciudadanos comunes. Pero el periodismo no puede ser un foro de intereses particulares, ya sean económicos y sociales. El periodismo tiene que  seguir dirigiéndose al ciudadano, no al representante de un género, etnia, grupo de edad o red social.

Otra cosa es la instrumentación de las malas noticias y su conversión es espectáculo. Y desgraciadamente, nunca como hoy las malas noticias han sido tan buen negocio.

Cacofonía en la Red: poca información original en Google News


Jonathan Stray, del NiemanJournalismLab ha hecho un interesante experimento para determinar en que medida es original la información recuperada por Google News sobre un gran acontecimiento. En este caso el estudio se refiere a la noticia de que el ciberataque desde China contra Google y otras grandes plataformas norteamericanas fue lanzado desde unas concretas escuelas chinas.

Los resultados confirman el ruido generado por el agregador:

Una vez descartadas las copias literales, quedan 121 versiones de la información. Sólo 13 de 121 (11%)incluían algún elemento original y sólo en 7 casos (6%) habían llevado a cabo un procedimiento propio de búsqueda y verificación.Y de las 13 informaciones que tenían elementos informativos originales, 8 provenían de periódicos, cuatro de agencias y una de un medio publicado primariamente en la red.

Los resultado son coherentes con los que he obtenido en una investigación sobre portales y agencias informativas, pendiente de publicar en un libro que editará el grupo de investigación cybermedia. En este trabajo obtengo que en Google News casi el 10% de las informaciones citan (casi a partes iguales) a los dos grandes agencia, AP y Reuters. Y en el informe que comento de 13 informaciones originales, 4 son de agencia y 8 de periódicos.

Stray termina preguntándose porque se pierde tanto tiempo en recocinar informaciones originales cuando sería tan fácil enlazar y dedicar ese tiempo y los recursos consiguientes a buscar y verificar nueva información.

Adiós a Vidal Beneyto


Ahora que ha muerto después de una larga enfermedad se multiplicarán las semblanzas y elogios a Vidal Beneyto. Pero lo cierto es que en sus últimos años se convirtió en un incordio para esa burguesía ilustrada de la que había salido. Como «cosas de Pepín»se descalificaba su defensa  del movimiento altermundista y la crítica radical del capitalismo. No es que el sociólogo se hubiera radicalizado, es que su entorno había girada hace muchos años a la derecha.

No le conocí personalmente, pero era uno de nuestros invitados frecuentes en El Mundo en 24 Horas de TVE. Paco Audije, entonces corresponsal en París, le pedía una entrevista ya sobre la política francesa, ya sobre la globalización, ya sobre medios de comunicación y el siempre respondía encantado. Y he de decir que en las entrevistas era más claro y didáctico que en sus tribunas y artículos de opinión, sobrecargados de aparato crítico casi si como de artículos académicos se trataran.

Vidal Beneyto fue uno de los grandes teóricos de la escuela de la «construcción de la realidad por los medios». Más de uno de sus artículos de opinión he recomendado a mis alumnos.

En nuestra tertulia de Los Descartes pensamos en invitarle, pero su enfermedad le tenía apartado de Madrid. También sé que Carmen Rivas también hubiera querido entrevistarle para su Observatorio de Medios de  Comunicación y Sociedad. No ha podido ser.

Valga esta entrada como agradecimiento a su generosidad.

Un periodismo más limitado, especializado y de nicho


Ya está aquí The state of news media 2010 con el que cada cada año el Pew Research Center Project for Excellence in Journalism realiza cada año una extensa y profunda radiografía del periodismo en Estados Unidos. Lo que allí ocurre marca tendencia, pero no debe extrapolarse sin más. Por ejemplo, la caída de circulación de los periódicos en Estados Unidos nada tiene que ver con el desarrollo explosivo que vive la prensa en los países emergentes.

En este informe 2010 predominan los grises. Sigue la caída de audiencia e ingresos en los medios tradicionales, en parte como consecuencia de la recesión, pero todas las proyecciones indican que a la hora de la reactivación sólo recuperará una parte de lo perdido.

Los datos son dramáticos. La prensa escrita, que sigue siendo la principal fuente de investigación periodística, ha perdido desde 2000 un 30% de capacidad (en medios y recursos humanos) para elaborar y editar información. La capacidad de las divisiones informativas de las cadenas nacionales de televisión se han reducido a la mitad desde los 80.

Como en toda crisis, ni unas realidades se esfuman tan rápido ni otras se asientan inmediatamente. En 2010 los «nuevos medios» registraron nuevos desarrollos informativos, como el uso de Twitter como herramienta informativa y de movilización en los casos de Irán y Haití, al tiempo que nuevos sitios de periodismo profesional van ganando audiencia y autoridad.

Pero sigue sin consolidarse un modelo de negocio en los nuevos medios interactivos. En los últimos cuatro años se han volcado 141 millones de dólares en sitio de estos nuevos medios sin ánimo de lucro; pero esa cantidad no es más que un 10% de los ingresos perdidos por los medios tradicionales.

Algunos expertos avanzan un nuevo ecosistema informativo, caracterizado por distintos estilos de periodismo, una mezcla de periodismo profesional y aficionado y una variedad de modelos de negocio (comercial, sin ánimo de lucro, público y financiado por las universidades). Las redacciones será, según estas previsiones, más pequeñas, más especializadas y volcadas en alguna forma de periodismo de nicho. ¿Quién enlazará -me pregunto- esos nichos para que el espacio público no se fragmente?

El informe rompe algunos mitos. Los internautas no buscan la información en la miriada de sitios a su disposición. El 35% tiene un sitio favorito y la mayoría se reduce a 5 o menos cibermedios.

Sólo un 7% está dispuesto a pagar por la información e incluso únicamente un 19% de los  que son leales a un único cibermedio estarían dispuestos a pagar. A pesar de ello, todos los grandes cibermedios se han lanzado a una carrera para establecer nuevos muros de pago. Piensan que puede ser rentable, aunque atraigan sólo a unos pocos internautas. Puede ser rentable económicamente, pero informativamente  parece un suicidio.

«Las riberas del mar océano» censurada en TVE por el Ministerio del Medio Ambiente, Rural y Marino


Las riberas del mar oceáno era uno de esos grandes documentales seña de identidad de TVE. Hoy El País informa que el Ministerio del Medio Ambiente, Rural y Marino, que invirtió 1,2 millones en la serie veta su emisión. Y el Ministerio lo confirma. Este el vídeo de la polémica, publicado también por El País.

En realidad el organismo que financió y el que veta no es el mismo. El que pagó era el Ministerio de Medio Ambiente dirigido por Cristina Narbona y el que censura es el Ministerio de Agricultura y Pesca que absorbió al anterior. Que la discrepancia fundamental resida en querer eliminar la denuncia de la corrupción indica bien cual es la actitud del nuevo ministerio.

Desde el punto de vista informativo, lo significativo es que el que paga manda. La financiación externa institucional ha venido siendo desde hace muchos años una forma de financiación pública encubierta de proyectos de calidad. TVE conseguía financiación, se realizaba un proyecto de prestigio, se daba satisfacción a un organismo oficial… y luego la serie se emitía en La Dos a una hora imposible.

Que yo tenga noticias está colaboración institucional no dio lugar a problemas sobre los contenidos, o por lo menos éstos no trascendieron. Pero lo que demuestra este caso es que TVE pliega la independencia que la ley le exige ante sus financiadores institucionales. Quien paga parece tener la última palabra sobre el contenido.

Habría que conocer los términos de los convenios firmados, pero la práctica parece demostrar que el financiador tiene unas competencias sobre el producto final incompatibles con la independencia de la radiotelevisión pública. Una vez más se demuestra que la independencia editorial se basa en la independencia económica.

Julio de Benito fue el director e inspirador de la serie. Julio nos dejó hace unos meses. Valga esta entrada como homenaje a su persona y a su coraje.