CNN quiere competir con las agencias


CNN se dispone a lanzar un servicio de noticias de textos dirigido a periódicos y sitios web con  el propósito explícito de competir con las agencias y, especialmente, con el gigante AP, según el New York Times.

CNN asegura que tiene 3000 periodistas desplegados por el mundo y, que por tanto, tiene recursos para competir con las grandes organizaciones dedicadas a la captación y elaboración de información. Desde el punto de vista de CNN se trata de una manifestación más de la convergencia: editar y distribuir sus contenidos por cualquier plataforma. Para periódicos y páginas web, el servicio puede ser una alternativa barata a las agencias en tiempos de crisis. Para la agencias, el movimiento significa en palabras de Tom Curley, presidente ejecutivo de AP, que «un cliente se convierte en competidor». CNN distribuiría últimas noticias (breaking news), cometarios de sus periodistas y vídeos. Para la cobertura local de Estados Unidos, CNN piensa contratar periodistas multimedia, con una cámara y un simple portátil. Un ejemplo de lo que puede ser el servicio puede encontrarse en The CNN Wire.

Las agencias son desde hace 150 años los grandes productores de información. Pocas empresas informativas pueden competir a nivel internacional o nacional con ellas en la captación de información «en bruto». Las agencias pueden verse sólo retadas por CNN o BBC. Pero además de distribuir su información a abonados ahora pueden convertirse también en difusores directos hacia el público. Para ello tienen que convertirse en portales de información, como ha hecho Reuters, pero no otras grandes como EFE o AFP. Estoy trabajando sobre este tema y mi impresión es que las agencias que no tienen sus propios portales, esto es, que no compiten directamente con los medios de difusión, pierden una excelente oportunidad para ampliar su negocio e influencia.

Estados Unidos y Congo: cobertura, espectáculo y silencio informativo


Las televisiones españolas han destacado una tropa considerable a las elecciones de Estados Unidos y nos anuncian espectaculares programas informativos. La ocasión lo merece. Hay un anhelo de cambio de época y paradigma y lo que pase en el Imperio termina por afectarnos.

En el este del Congo, junto a la frontera con Ruanda, se desarrolla el enésimo episodio de la Guerra de los Grandes Lagos, la Guerra Mundial Africana. Un cuarto millón de personas han huido de sus hogares, un éxodo de proporciones biblícas y el riesgo de matanzas masivas es grande. Podemos estar al borde de un nuevo genocidio, propiciado por la desaparición del estado en la región, la manipulación de las diferencias étnicas por los gobiernos de Kigali y Kinshasha y la voracidad de las multinacionales. Las televisiones españolas se limitan a esparcir de vez en cuando alguna información breve con material de agencia, y eso que son imágenes con una fuerza especial. Ni siquiera  se ha «localizado» esta información, pese a que una misionera española haya perdido las piernas en una explosión o que el comandante de la fuerza de la ONU, un general español, haya dimitido. En definitiva, un escandaloso silencia informativo.

Muchos de los informadores en Estados Unidos han hecho un gran trabajo. Destaco los reportajes de Juan Antonio Sacaluga sobre el déficit democrático de Estados Unidos o el blog de Anna Bosch. Pero, ¿es necesario presentar los telediarios en Estados Unidos, como harán TVE y Antena 3? Tampoco pasaría nada para que algún equipo se traslara de Washington a Goma.

Luchar contra el rumor


Leo en el Campaign Desk de la Columbia Journalism Review (CJR) un artículo titulado That’s not right que plantea cuál debe de ser la actitud de un reportero ante el rumor de que Barack Obama es musulmán. Los reporteros que siguen la campaña se ha visto confrontados con el rumor, sobre todo en su trato con los asistentes a los mítines de McCain. ¿Qué hacer?

Lo primero, como reconoce uno de los reporteros, sería plantear qué importa que sea o no musulmán. Pero todos reconocen que con la islamofobia extendida en la sociedad norteamericana -y la importancia de la religión allí, añadiría yo- la cuestión cuenta.

Todos están de acuerdo en que deben de aclarar en sus informaciones que Obama es cristiano. Algiunos piensan que esa es única obligación: informar, no cambiar el pensamiento de la gente. Otros, en cambio, entienden que informar significa mostrar la verdad y recomiendan dejar claro al interlocutor, sin entrar en discusión, lo erróneo de su opinión demostrándoles lo inconsistente de sus fuentes.

Entre estas dos posturas, creo que lo obligado es informar correctamente; intentar mostrar el error a nuestros interlocutores es ya una cuestión personal, no profesional.

Curiosamente, los reporteros no plantean una cuestión básica respecto al rumor. Cualquier desmentido, o, simplemente, la mención a su falsedad en una información, multiplica el rumor. Desde un punto de vista deontológico, es obligación del periodista desmentir el rumor si le consta la falsedad del mismo, aportando los datos en su poder para apoyar su información. Si eso al final propala el rumor, no podemos hacer nada. Otra cosa son los afectados por el rumor, que debieran de sopesar si un desmentido les perjudica más que callar.

Para desngrasar aqú dejo el enlace a este vídeo en el que Obama bromea: «soy de Kripton»

Y puesto que hablo de la campaña en Estados Unidos, reflejar tambien la polémica sobre la «vulgarización de la política americana», recogida en otra reseña de la CJR. A la afirmación de que la candidatura de Palin es un síntoma de la vulgarización de la política, responde Bill Kristol en The New York Times, una de los grandes santones neocon, acusando a quien tal cosa afirme de defender un elitismo profundamente contrario a la democracia, que no es otra cosa que el el gobierno del vulgo. Una opinión que trata de vestir intelectualmente el populismo más ramplón, como ya analicé en las entradas Líderes a nuestra semejanza y «Reality electoral»

Indicadores de una información democrática


La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa acaba de aprobar su Resolución 1636 Indicadores de los medos en una democracia, un catálogo de los principios básicos a que deben de ajustarse los medios de comunicación en una sociedad democrática. El punto de partida es, naturalmente, el art. 10 de la Convención Europea de Derechos Humanos y la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (puede verse el trabajo de García Ureta y mi tesis Libertad de Programación) que consideran que cualquier limitación y, en general, regulación de las libertades de expresión e información tienen que ser proporcionadas y estar justificadas por los derechos de terceros o el interés público, tal como se interpreta en una sociedad democrática.

Las resoluciones del Consejo de Europa en materia de información se han caracterizado por promover la participación del público y los profesionales, defender el pluralismo (interno y externo) y, en consecuencia, requerir regulaciones contra la concentración y a favor de la transparencia. Es el contrapeso a la política audiovisual de la Comisión Europea, punta de lanza del neoliberalismo en el mundo de la información en Europa. Hay que recordar que la Asamblea Parlamentaria del Consejo no tiene más que una función de foro, sus resoluciones no tienen fuerza ejecutiva y su papel más importante es servir de recomendación para que los ministros europeos (por la vía de la cooperación intergubernamental) adopten tratados u otros instrumentos jurídicos.

No puedo ni siquiera resumir aquí los 27 indicadores que menciona la Resolución. Mencionaré sólo los que me parecen más relevantes:

  • El derecho a la libertad de expresión e información debe de estar garantizado por la legislación nacional (1). De modo que olvidemos eso de que la mejor «ley de prensa es la que no existe». Eso no quiere decir que no exista un sistema de autorregulación en materias como el derecho de réplica (25). De modo que regulación y autorregulación son perfectamente compatibles.
  • Un síntoma de que ese derecho fundamental puede estar siendo limitado es la existencia de un alto número de litigios judiciales en torno a la información (1). Las sanciones penales que persiguen la propaganda del odio, la protección del orden público o la seguridad nacional tienen que ser proporcionadas (3). Funcionarios y autoridades no debieran de tener una protección penal más rigurosa que la de cualquier ciudadano (2).
  • Los medios tienen que ser independientes de sus propietarios y para ello se proponen códigos de conducta sobre la independencia editorial (13). Debe existir una legislación contra la concentración empresarial y a favor de la transparencia (18).
  • Los periodistas deben regirse por sus propios códigos deontológicos y declarar cualquier conflicto de intereses (26).

La Resolución invita a los parlamentos europeos a que hagan informe periódicos sobre la base de este catálogo de principios.  También exhorta a las empresas a que apliquen y desasrrollen estos principios.

El catálogo encuentra inspiración en el trabajo de la ONG Article 19, que se felicita de la Resolución. También Federación Europea de Periodistas aplude que el Consejo defienda la independencia del periodismo.

El problema es que muchos de estos indicadores tienen una ambigüedad esencial que es la que se considera imprescindible para el normal funcionamiento de una sociedad democrática. Creo que ningún país europeo cumple a satisfacción todos ellos. Por ejemplo, quien protege eficazmente en el terreno penal no tiene un sistema anticoncentración. O, como en el caso español, castiga más duramente las injurias o calumnias contra las altas autoridades. Sería útil que, con una base académica, estos principios se tradujeran en unos indicadores cuantitativos.

Violencia impersonal


Creo que todas las víctimas son iguales en dignidad y merecen todas un trato digno. Pero no todos los crímenes son iguales.

La reflexión viene a cuento a un comentario a mi entrada «No callar la voz de las víctimas de Colombia». No es lo mismo-dice ivmhn- matar a un contrincante en una guerra que masacrar (resumo) a un pacífico ciudadano.

Lamentablemente, los medios muchas veces muestran a los más pobres como víctimas de una violencia impersonal. Es lo que ocurría en el reportaje de Informe Semana del sábado 4-10-08 «Colombia: las otras víctimas». El reportaje mostraba la búsqueda de los restos de los masacrados por los paramilitares. Los paramilitares se presentan como un «ejército ilegal que nació para perseguir a la guerrilla», sin mención a los que manejaban los hilos y con una simple referencia a sus relaciones con los políticos. En ningún momento se dice que estos asesinos sirvieron para despejar de campesinos las tierras que se apropiaron terratenientes y multinacionales. Se da por hecho su desmovilización, sin informar de las dificultades de la misma y de la reaparición de los paramilitares como «fuerzas emergentes» o «Águilas Negras». Ya sé que el reportaje no era una reconstrucción del fenómeno paramilitar, pero sin su contexto, el trabajo quedaba reducido a mostrar el sufrimiento de una viuda y a la insensiblidad moral del verdugo. Imprescindible, pero insufuciente.

Vuelo 5022: derecho a saber


Las filtraciones de las conclusiones provisionales de la Comisión de Investigación sobre el accidente aéreo de Spanair se han convertido en un escándalo político. Además, el juez de Instrucción del caso ha requerido a Prisa para que deje de difundir («publicar» dice el auto) el vídeo del trágico despegue del avión. Ambas situaciones plantean hasta donde llega el derecho a saber, el derecho a conocer.

El derecho fundamental a la información, reconocido en el artículo 20 de nuestra Constitución, como libertad de expresión y libertad de información, no puede ser sometido a censura previa ni ejercerse esa forma de censura que es el secuestro previo de las publicaciones. Se ejercen, pues estas libertades en un marco de libertad de difusión y responsabilidad a posterior.  Estas libertades no tienen más límites que el respeto a otros derechos fundamentales y, señaladamente, los derechos de la personalidad (intimidad, honor y propia imagen) y la protección de la infancia y juventud. El objeto de este derecho es general, todas las ideas, opiniones e informaciones. De manera que para que determinados hechos se conviertan en excepción y no puedan ser objeto de información tiene que haber muy serios fundamentos, que, además de los derechos mencionados, puede ser la seguridad del estado, a través de informaciones declaradas secretas o reservadas, o el derecho a un juicio justo e imparcial, que justifica la institución del secreto del sumario.

A partir de estas bases, me permito hacer las siguientes reflexiones:

El vídeo y las imágenes del accidente. Desde el primer momento, el juez decretó el embargo de todas las imágenes del accidente. Tal medida sólo tendríajustificación como garantía de las pruebas en el marco del secreto del sumario, lo que no parece el caso. No es de recibo que se retengan las imágenes para evitar sufrimiento a las familias, porque esta cuestión tiene que ser objeto de autocontrol, o, en su caso, de exigencia de responsabilidad a posteriori. En concreto, en lo que se refiere al vídeo, todo el proceso ha sido vergonzoso. Desde AENA pasa al Ministerio de Fomento, y se visiona en la Moncloa antes de que llegue al juez, que es a quien debía de haberse entregado. Una vez, la concepción patrimonial de la información por parte de la Administración. El vídeo debiera de haberse entregado inmediatamente al juez y haberse difundido en su momento, porque su valor informativo era muy alto, mucho más entonces que ahora. Pero se dijo que ese vídeo nunca se difundiría para terminar siendo filtrado a El País. Que ahora el juez requiera su entrega y cese de difusión no tiene ningún sentido, porque su difusión ni obstaculiza la investigación, ni puede crear más dolor en víctimas o familiares, sino, por el contrario, claridad sobre las circunstancias del siniestro. PRISA asegura que lo obtuvo por medios lícitos, pero está claro que ya fuera en medios de Fomento o del juzgado, o bien se pagó o bien hubo uso de relaciones privilegiadas. (Francisco Mercado, el autor de la exclusiva asegura que la obtuvo lícitamente). Todo hubiera sido más transparente con la entrega a todos los medios desde el primer momento. Para colmo, el juez exige la entrega del material, que a estas altura no tiene ya ningún  valor, pues no se trata de una matriz o molde de imprenta y no estamos en el siglo XIX sino en la sociedad digital, donde los contenidos difundidos, y basta con una sola vez, se multiplican exponencialmente.

Las filtraciones del informe provisional. Los periodistas tienen la obligación de indagar y no tienen porque respetar obligaciones de confidencialidad que sólo afectan a las fuentes. Pero que los expertos o personas de su entorno incumplan esos deberes es grave, porque indica la intención de sacar partido a la información (político, económico) y desacredita a la comisión. Pero también, con mayor transparencia este peligro podría haberse evitado. ¿No podría adelantar esta comisión algunos hechos indiscutidos antes de llegar a sus conclusiones  definitivas?.

El respeto a las víctimas. Puede que a los familiares vuelva a despertarles su dolor el vídeo del despegue, pero lo que, más que de dolor, les ha llenado de vergüenza e indignación es el asedio que les han sometido los medios durante los días siguientes a la tragedia. ¿Cómo se puede pregunta a alguien en esas circvunstancias «cómo te sientes»? Creo que todos los medios tendrían que pedir públicamente disculpas y comprometerse a aplicar los códigos deontológicosd que exigen un tratamiento exquisito de estas cuestiones. Normasdeontológicas existen, lo que hace falta es voluntad de aplicarlas

GAudi: documentación y lenguaje audiovisual


Los laboratorios de Google han lanzado un nuevo producto: GAudi. No, no tiene nada que ver con Gaudí (¿se habrá buscado la coincidencia en la denominación). Se trata de una sistema de indización de audio, aplicado a la búsqueda de vídeos. Existen desde hace tiempo sistemas profesionales de reconocimiento automático de la palabra (speech recognition), utilizados en relación con ficheros de audio. Hay ya televisiones que utilizan tecnologías semejantes, como hizo TVE con los debates electorales; a novedad no es tanto que está búsqueda por palabras se haga ahora sobre el audio de un vídeo, como la generalización por parte de Google de una herramienta que está llamada a revolucionar la búsqueda y el lenguaje audiovisual.

Por el momento se trata de una versión beta, aplicada sólo a los canales políticos de YouTube sobre las elecciones norteamericanas, y, por lo que parece, sólo trabaja en inglés. La búsqueda puede hacerse sobre el conjunto de los vídeos electorales o exclusivamente sobre uno en concreto. Una vez realizada, nos presenta en la pantalla del vídeo los marcadores que nos dirigen a los puntos donde se encuentra la palabra, expresión o cadena de texto. Basta que situemos el cursor encima para que aparezca la frase donde se han pronunciado esas palabras, lo que facilita la navegación.

La primera implicación de la generalización de esta tecnología es potenciar las posibilidades de las búsquedas . A nivel de profesionales de la documentación audiovisual puede facilitar su trabajo. Y para los periodistas puede ser un útil instrumento para tratar, filtrar y, sobre todo, investigar.

Pero las posibilidades que se abren para el lenguaje audiovisual son grandes. Hasta ahora, los vídeos siguen sin ser un elemento interactivo en el lenguaje hipertextual. Podemos enlazar a un vídeo, pero éste estará yuxtapuesto, «incrustado», en el discurso textual. Con las herramientas de reconocimiento del audio (y con las de reconocimiento de rostros) los elementos del discurso audiovisual pueden desagregarse, enlazarse y volverse a combinar. Habrá que pensar nuevos usos expresivos de la palabra y la imagen en un contexto hipertextual.

Información basura en internet


Está en todos los medios. United Airlines cayó ayer en bolsa un 99% a causa de una vieja noticia sobre su quiebra inminente que circuló por internet como si fuera actual. La compañía tuvo que emitir un desmentido y Wall Street suspendió temporalmente las cotizaciones hasta que la situación se aclaró. He intentado indagar las fuentes y la cosa no está muy clara. Nadie quiere asumir la responsabilidad. La noticia original, con 6 años de antigüedad y referente a pasadas dificultades del grupo aéreo, se encontraba en el archivo digital de Sun-Sentinel (periódico de Florida del grupo Tribune) y alguien enlazó a ella.

El grupo Tribune asegura que cualquier lector después de leerla podía entender que se refería a hechos de 2002, pero por lo que parece las informaciones se conservan en ese archivo digital sin fecha. Tribune insiste que ninguno de sus medios publicó nuevamente la noticia y viene a culpar a una firma de inversión de Miami de hacerla circulara a través de la agencia Bloomberg.

La información de Reuters aclara algo más y señala a otros sospechosos. Parece que un empleado de esa compañía de inversión rastrea la red en buscad de información financiera, encontró la información y la colocó en un blog de Bloomberg. Y entonces Google News comenzó a detectar enlaces y la colocó en su servicio, aunque -se defienden- sin que apareciera en titulares. Un experto financiero advierte de que si tanto creyeron la información como actual es porque la situación de United Airlines vuelve a ser muy mala.

Algunas lecciones pueden extraerse del caso:

  • La falsa información circula en internet como los rumores siempre que tenga algún elemento de credibilidad.
  • Internet ha deteriorado los mecanismos de verificación de los medios tradicionales.
  • El algoritmo automático de Google News es el gran amplificador de la información basura.

Testimonio


«A veces te trastorna tanto lo que has visto que se te acelera el corazón y sabes que la terrible imagen que tus ojos acaban de ver te acompañará y pesará intolerablemente sobre tu alma toda la vida»

Vasili Grossman

Supe de Vasili Grossman por las reiteradas citas que de su diario y artículos hacía Antony Beevor en sus obras Stalingrado y Berlín. Grossman, escritor ruso de origen judío, cubrió toda la guerra para el periódico Bandera Roja, desde el ataque alemán contra la Unión Soviética en 1941, hasta la toma de Berlín por el Ejército Rojo en 1945. Después leí Vida y Destino y he terminado en sus diarios, editados por Beevor y Luba Vinogradova bajo el título Un escritor en guerra, de donde he sacado la cita que abre esta entrada.

Las palabras de Grossman son pura experiencia. Dio testimonio de lo que vio (el horror de la guerra, el infierno de los campos de exterminio, pero también del heroismo y la solidaridad) y eso pesó siempre sobre su conciencia y cambió su vida. Después de narrar en un artículo el infernal mecanismo de muerte del campo de Treblinka, advierte:

«Si se hace infinitamente duro leer esto, el lector debe creerme que también es infinitamente difícil escribirlo. Alguien puede preguntar: ‘¿Y por qué escribir sobre esto, por qué recordarlo?’ Es el deber del escritor contar esa terrible verdad y el deber civil del lector es conocerla. Quien mirara hacia otro lado, quien cerrara losojos sin querer saber nada insultaría la memoria de los muertos»

Testimoniar la realidad es el deber básico del periodista, testimoniar la realidad y profundizar, además, en el alma humana, es el deber del escritor. Puede que la mayoría de los periodistas se pasen la vida dando testimonio de la realidad construida por los pseudoacontecimientos montados por los poderosos, asistiendo sin descanso de una rueda de prensa a otra, en la que ni siquiera ya pregunta, bien por premura, cansancio, desinterés o pleitesía al poderoso. Pero también muchos periodistas se encuentran de bruces con la realidad, una realidad dura, difícil de aceptar. No hace falta ser corresponsal de guerra, puede que seamos un simple informador (precario) de local que tiene que informar de una revuelta en un barrio marginal. Hay que saber entonces liberarse de clichés e ir más allá de lo evidente y profundizar en la causas, aunque resulte molesto para el lector, el oyente o el espectador.

He defendido siempre no cargar las tintas en imágenes duras o escabrosas, pero someterse al buen gusto o respetar una sensibilidad de espectador demasiado timorato nos llevará a traicionar ese deber de testimonio. ¿Podrían haberse moistrado hoy en los telediarios las imágenes de Auschwitz, Treblinka o Bergen-Belsen tras su liberación, imágenes en color y alta definición? Los periodistas tienen que tener estómago, pero también ha de tenerlo el público, cuando lo que está en juego es la propia dignidad de la especie humana.

Decía que Grossman que esas imágenes que Grossman llevaba en su alma cambiaron su vida. A comienzos de los 60 escribió Vida y Destino, la Guerra y Paz del siglo XX, un alegato contra todos lo totalistarismo y que, precisamente, por su denuncia de estalinismo no pudo ver publicada -murió en 1963 y el manuscrito se salvó gracias a su hija que lo publicó en los 90. Confieso que cuando compré el libro, el título me pareció anodino. Luego comprendí su sentido. Todos tenemos un destino ineludible, muy a menudo un destino terrible como aquellas generaciones, pero todos construimos nuestra propia vida con actos de libertad. Como aquel prisionero, que es torturado y asesinado por no querer construir las cámara de gas. Como ese soldado que sigue resistiendo contra toda esperanza. Como el científico que se niega a retractarse de sus trabajos y a quien rehabilita el propio Stalin con una llamada telefónica, el mismo científico que luego firmara apoyando una purga más… Recomiendo la lectura de Vida y Destino como una obra excepcional.

La enseñanza del periodismo


El último número, el 14, de Cuadernos de Periodistas publica un estudio encargado por la Asociación de la Prensa de Madrid sobre la calidad de la enseñanza del periodismo. El estudio establece un mapa de conocimiento, que viene a clasificar en grandes áreas temáticas las enseñanzas y facilidades facilitadas por nuestras facultades. Luego pide a las propias facultades, a los alumnos de los últimos años y a otros centros en el extranjero que evaluen la importancia de estas áreas, la calidad con que se imparten y la calidad con que se espera se impartan en el futuro.

El primer dato, que a mi al menos no me sorprende, es que las puntuaciones de calidad de los alumnos son como media un punto más bajo que las dadas por las propias facultades. Y donde la distancia es mayor es en el capítulo de equipamientos y recursos al alumnado, que incluye la formación práctica. Y es que nuestras facultades, sobre todo las públicas y las más antiguas, no resuelven adecudamente la formación práctica.

El segundo resultado que me llama la atención es la mayor importancia dada por los centros extranjeros a la formación específica por medios. Los centros españoles parecen considerar menos importante una formación que tenga en cuenta las diferencias expresivas e informativas de los distintos medios.

El estudio no me parece que aporte ninguna nueva perspectiva, pero no está de más tenerlo en cuenta ahora que se está en plena redacción de los planes de grado, que, a partir del curso 2009-2010 sustituirán a la licenciatura.