El archivo de RTVE es patrimonio de todos


César Alierta ha visitado hoy Prado del Rey. Y se ha hecho la foto con Luis Fernández para anunciar un acuerdo estratégico entre Telefónica y RTVE del que no conocemos más extremos que el de que incluye un proyecto para digitalizar y explotar el archivo histórico de RTVE. La nota de prensa no puede ser más ambigua ni la información del Telediario más triunfalista.

¡Qué miedo da! Si el comunicado es ambiguo y farragoso al director de Teléfónica se le ve la oreja. De lo que se trata es de que el los programas e imágenes de TVE alimenten las plataformas interactivas de Telefónica (IpTV, teléfono). Las dos compañías tienen hace tiempo una colaboración tecnológica (por ejemplo TSA, filial de Teléfonica, ha desarrollado la digitalización de la Redacción de TVE). Ahora, esta alianza estratégica parece ser tanto tecnológica como comercial.

Los archivos de RTVE, su fondo documental, es la historia sonora y audiovisual de este país. En este sentido, es patrimonio cultural de todos. Pero es también un fondo de explotación para el propio funcionamiento del grupo público y un fondo con un potencial comercial inmenso en un entorno de plataformas multimedia.  En sus almacenes (el “voltio” en la jerja, deformación del inglés “vault) se acumulan documentos audiovisuales con diversos soportes analógicos, que para su explotación, y aún su conservación tienen que ser digitalizados. Otra cosa es el destino que se dé a tales fondos.

Desde la aparición de las autonómicas y privadas, y, sobre todo, a través de las productoras, los fondos han sido expoliados durante dos décadas por el procedimiento de la copia descontrolada que ha ido a parar a los archivos de la competencia o las productoras. Por supuesto me refiero a documentos informativos o simplemente imágenes de repertorio y no a programas o series. En la época de Caffarel comenzó la digitalización, que en la actualidad continua gracias a dotaciones presupuestarias del Acuerdo Marco. Por cierto, que Caffarel hizo algunos movimientos para sacar ese patrimonio de RTVE y constituir un organismo específico. Por su parte, Fernández anunció el año pasado en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca que pondría los archivos digitalizados a disposición del público.

La constitución de un organismo específico ha sido el modelo francés. El Institute National de l’Audiovisuel (INA) recogió todos los archivos históricos de la radiotelevisión pública y ahora se nutre del depósito legal de todas las emisiones audiovisuales francesas. No es, por tanto, un fondo de explotación para la radiotelevisión pública, que para utilizar sus imágenes y sonidos tiene que pagar. Eso significa que las radiotelevisiones públicas mantienen sus fondos de explotación, pero están descargadas de las obligaciones culturales. En cambio, los archivos de la BBC son tanto archivos históricos, como archivos de explotación de las cadenas públicas de radio y televisión. Tanto el INA como la BBC permiten descargar y visionar una selección de imágenes, sonidos y programas completos. En el caso de la BBC, a través de su i-Player es posible acceder a toda la programación reciente, pero sólo desde ordenadores situados en el Reino Unido, esto es, sólo los contribuyentes británicos que pagan el canon. Hoy, muchas televisiones tienen habilitados sistemas en línea de venta de imágenes.

Creo que habría que distinguir entre distintos fondos y distintos usos:

– Información audiovisual histórica, por ejemplo, la que tenga más de 5 años de antigüedad:  tratamiento cultural y acceso abierto en Internet con calidad web. Acceso de pago a tarifas comerciales para televisiones y empresas. Acceso de pago reducido para instituciones culturales que pretendan reutilizar este material, a ser posible en el marco de acuerdos de cooperación. Acceso libre a investigadores.

Información audiovisual de actualidad: parecidas reglas de acceso, pero priorizando la explotación exclusiva de RTVE.

– Programación: explotación comercial y acceso libre en Internet con calidad web a la programación de la última semana y a una selección de la programación histórica, seleccionada con criterios culturales e históricos.

En fin, son algunas ideas que creo que están en consonancia con la misión de servicio público de RTVE.

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GAudi: documentación y lenguaje audiovisual


Los laboratorios de Google han lanzado un nuevo producto: GAudi. No, no tiene nada que ver con Gaudí (¿se habrá buscado la coincidencia en la denominación). Se trata de una sistema de indización de audio, aplicado a la búsqueda de vídeos. Existen desde hace tiempo sistemas profesionales de reconocimiento automático de la palabra (speech recognition), utilizados en relación con ficheros de audio. Hay ya televisiones que utilizan tecnologías semejantes, como hizo TVE con los debates electorales; a novedad no es tanto que está búsqueda por palabras se haga ahora sobre el audio de un vídeo, como la generalización por parte de Google de una herramienta que está llamada a revolucionar la búsqueda y el lenguaje audiovisual.

Por el momento se trata de una versión beta, aplicada sólo a los canales políticos de YouTube sobre las elecciones norteamericanas, y, por lo que parece, sólo trabaja en inglés. La búsqueda puede hacerse sobre el conjunto de los vídeos electorales o exclusivamente sobre uno en concreto. Una vez realizada, nos presenta en la pantalla del vídeo los marcadores que nos dirigen a los puntos donde se encuentra la palabra, expresión o cadena de texto. Basta que situemos el cursor encima para que aparezca la frase donde se han pronunciado esas palabras, lo que facilita la navegación.

La primera implicación de la generalización de esta tecnología es potenciar las posibilidades de las búsquedas . A nivel de profesionales de la documentación audiovisual puede facilitar su trabajo. Y para los periodistas puede ser un útil instrumento para tratar, filtrar y, sobre todo, investigar.

Pero las posibilidades que se abren para el lenguaje audiovisual son grandes. Hasta ahora, los vídeos siguen sin ser un elemento interactivo en el lenguaje hipertextual. Podemos enlazar a un vídeo, pero éste estará yuxtapuesto, “incrustado”, en el discurso textual. Con las herramientas de reconocimiento del audio (y con las de reconocimiento de rostros) los elementos del discurso audiovisual pueden desagregarse, enlazarse y volverse a combinar. Habrá que pensar nuevos usos expresivos de la palabra y la imagen en un contexto hipertextual.

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