Subvencionar el periodismo como un «bien público»


Los sindicatos y asociaciones que organizan, representan y defienden a los periodistas europeos piden que la Unión Europea considere subvencionar el periodismo como un bien público esencial para la democracia, del mismo que se financian con dinero público la ópera, el ballet o los museos.

Esta es la propuesta más llamativa de la Asamblea que la Federación Europea de Periodistas  (EFJ) ha celebrado en Estambul.

La EFJ realiza un sombrío diagnóstico de la situación del periodismo en nuestro continente. El periodismo ha entrado en una espiral de decadencia alimentada por una mezcla tóxica de despidos, trabajo precario y desprecio de las normas éticas. Los recortes económicos han afectado sobre todo a la calidad del periodismo: menos periodismo de investigación, menos controles editoriales, menos especialización, menos cobertura internacional y más famoseo.

Los sindicatos y asociaciones se platean un trabajo de presión sobre las instituciones de la Unión Europea para que la protección del periodismo sea una de las prioridades de la agenda comunitaria. Se trata de abrir un debate, tanto a nivel nacional como comunitario, sobre el papel del periodismo como esencial para la democracia.

Y dentro de esa campaña tratan de convencer a los legisladores de que consideren las subvenciones como compatibles con las normas europeas. Esta financiación pública tendría que respetar estas condiciones:

– Preservar la independencia editorial.

– Promover un periodismo ético.

Estoy seguro que los propietarios y los editores europeos podrían apoyar las subvenciones públicas y la primera condición, la independencia editorial, entendida como un poder soberano que ellos sólo disfrutan. En cuanto aparecieran otras condiciones, como por ejemplo, no efectuar despidos, terminar con la precariedad, no intentar suplantar con los contenidos del público la información profesional y, sobre todo, aceptar el pluralismo interno, el pluralismo en la redacciones… entonces, estoy seguro, mentarían el fantasma de Hugo Chávez y el intervencionismo gubernamental.

Los tiempos no son buenos para competir por el dinero público. Personalmente, no estoy a favor de los cheques en blanco. Quizá esa financiación pública no tendría que ir a las empresas comerciales sino a constituir fundaciones que pudieran crear nuevos medios (por ejemplo locales) y a financiar determinados trabajos o tareas  como el periodismo de investigación, la formación de los periodistas o la cobertura de asuntos ignorados por los grandes medios.

La negatividad de la información ¿causa de la desafección en la democracia?


Bad news, goods news… Que los acontecimientos negativos constituyen casi siempre una noticia es un axioma del periodismo. Mucho se ha criticado que los periodistas resaltemos siempre lo negativo, se nos ha calificado por ello aves carroñeras e incluso voces tan críticas como la del recientemente desaparecido Vidal-Benyto abogaron por unas noticias positivas, que mostraran las fuerzas que están haciendo que realidad aquello de que «otro mundo es posible» (El País, 20-12-06).

Se ha presentado hoy en el Symposium Transnational Connetions, que se celebra en la Universidad IE de Segovia, una investigación del Instituto Media Tenor (pdf) que sostiene que ese negativismo es causa de la desafección de los europeos con la democracia.

Parte de constatar como, dos décadas después de la caída del Muro, sólo un 20% de los alemanes orientales apoya la democracia y este apoyo ha bajado en la parte occidental de Alemania del 80 al 60%. Aporta, también, el constante declive de la participación electoral en países como Alemania. Luego, el estudio que se basa en el análisis de contenido de 500.000 informaciones de televisión desde 1994, revela unas tendencias subyacentes en la información:

– Siempre se favorece la posición del poder establecido y el parlamento es más caja de resonancia del gobierno que foro de deliberación.

– Cualquier propuesta política es contrastada inmediatamente por la crítica total de las otras opciones política.

– No se favorece la presencia de actores sociales reales, como las pequeñas empresas, o líderes religiosos intermedios.

Y a partir de aquí el estudio establece que estos comportamientos informativos son causa de la pérdida de apoyo popular a la democracia. ¿Cómo se establece ese vínculo? La nota de prensa de Media Tenor no lo dice, pero me parece desmesurado establecer que son los medios los que empobrecen la democracia.

Las críticas a la falta de diversidad social y a la práctica de lo que hemos dado en llamar periodismo de declaraciones están más que motivadas. Pero, como siempre, es muy difícil diferenciar el grano de la paja. ¿Cuál es la alternativa al negativismo? ¿Un falso optimismo, una imagen de color rosa?.

El cambio social cursa casi siempre en forma de conflicto. El periodismo no puede ignorar las realidades conflictivas. El periodismo está obligado a devolver a la sociedad una imagen en la que aparezcan todas sus fealdades: la violencia, la opresión, la corrupción, el despilfarro. Una imagen que puede ofender y provocar. Pero también, desde luego, reflejar los cambios positivos.

El periodismo tiene ser el foro de deliberación pública donde todas las posiciones políticas se manifiesten. Y, en consecuencia, unas criticaran, a veces con ferocidad, a las otras. Lo que no puede el periodismo es mero altavoz acrítico de las distintas posiciones. Su deber es investigar y esclarecer las cuestiones controvertidas.

El periodismo debe dar voz a todas las instancias sociales y a los ciudadanos comunes. Pero el periodismo no puede ser un foro de intereses particulares, ya sean económicos y sociales. El periodismo tiene que  seguir dirigiéndose al ciudadano, no al representante de un género, etnia, grupo de edad o red social.

Otra cosa es la instrumentación de las malas noticias y su conversión es espectáculo. Y desgraciadamente, nunca como hoy las malas noticias han sido tan buen negocio.

Un periodismo más limitado, especializado y de nicho


Ya está aquí The state of news media 2010 con el que cada cada año el Pew Research Center Project for Excellence in Journalism realiza cada año una extensa y profunda radiografía del periodismo en Estados Unidos. Lo que allí ocurre marca tendencia, pero no debe extrapolarse sin más. Por ejemplo, la caída de circulación de los periódicos en Estados Unidos nada tiene que ver con el desarrollo explosivo que vive la prensa en los países emergentes.

En este informe 2010 predominan los grises. Sigue la caída de audiencia e ingresos en los medios tradicionales, en parte como consecuencia de la recesión, pero todas las proyecciones indican que a la hora de la reactivación sólo recuperará una parte de lo perdido.

Los datos son dramáticos. La prensa escrita, que sigue siendo la principal fuente de investigación periodística, ha perdido desde 2000 un 30% de capacidad (en medios y recursos humanos) para elaborar y editar información. La capacidad de las divisiones informativas de las cadenas nacionales de televisión se han reducido a la mitad desde los 80.

Como en toda crisis, ni unas realidades se esfuman tan rápido ni otras se asientan inmediatamente. En 2010 los «nuevos medios» registraron nuevos desarrollos informativos, como el uso de Twitter como herramienta informativa y de movilización en los casos de Irán y Haití, al tiempo que nuevos sitios de periodismo profesional van ganando audiencia y autoridad.

Pero sigue sin consolidarse un modelo de negocio en los nuevos medios interactivos. En los últimos cuatro años se han volcado 141 millones de dólares en sitio de estos nuevos medios sin ánimo de lucro; pero esa cantidad no es más que un 10% de los ingresos perdidos por los medios tradicionales.

Algunos expertos avanzan un nuevo ecosistema informativo, caracterizado por distintos estilos de periodismo, una mezcla de periodismo profesional y aficionado y una variedad de modelos de negocio (comercial, sin ánimo de lucro, público y financiado por las universidades). Las redacciones será, según estas previsiones, más pequeñas, más especializadas y volcadas en alguna forma de periodismo de nicho. ¿Quién enlazará -me pregunto- esos nichos para que el espacio público no se fragmente?

El informe rompe algunos mitos. Los internautas no buscan la información en la miriada de sitios a su disposición. El 35% tiene un sitio favorito y la mayoría se reduce a 5 o menos cibermedios.

Sólo un 7% está dispuesto a pagar por la información e incluso únicamente un 19% de los  que son leales a un único cibermedio estarían dispuestos a pagar. A pesar de ello, todos los grandes cibermedios se han lanzado a una carrera para establecer nuevos muros de pago. Piensan que puede ser rentable, aunque atraigan sólo a unos pocos internautas. Puede ser rentable económicamente, pero informativamente  parece un suicidio.

Cómo Internet y los teléfonos móviles han convertido las noticias en una experiencia participativa


El Project for Excellence in  Journalism acaba de publicar un informe sobre el consumo de información de los norteamericanos bajo el título «Entendiendo el consumo participativo de las noticias» y el subtítulo con el que encabezo esta entrada.

La principal conclusión es que la inmensa mayoría de los norteamericanos, hasta un 92%, consumen la información de actualidad a través de múltiples plataformas. Nada menos que un 46% usan habitualmente hasta 6 distintas plataformas.

La televisión sigue siendo el medio o plataforma preferido, pero Internet ha superado a la radio y a los periódicos.

– Un 78% se informa a través de la televisión local

– Un  70% lo hace en cadenas nacionales de tv. por ondas o cable

– Un 61% a través de Internet

– Un 54% en la radio

– Un 50% en un periódico local

– un 17% en periódicos nacionales

Internet no aporta la diversidad profetizada: un 57% se contenta con consultar entre dos y cinco cibermedios.
Experiencia participativa:

– Un 37% usa el teléfono móvil para informarse

– Un 28% ha personalizado su acceso a la información a través de Internet

– Un 37% crea o «mueve» información a través de la redes sociales.

En definitiva, un nuevo ecosistema, donde a la última hora se accede por el móvil, se reciben alertas a través de las redes sociales y donde unos medios o plataformas refuerzan a otros. Pero ¿dónde se crea esa información que rebota de una plataforma a otra? El informe, basado en encuestas entre los consumidores, no responde a esta pregunta. Mi respuestas: en los medios tradicionales, pero también cada vez en mayor medida en los nuevos medios sociales.

¿Jóvenes diigitales?


El Barómetro de la Comunicación y la Cultura acaba de publicar su estudio «La dieta mediática y cultural de los jóvenes 2009», sobre la base de una encuesta a casi 4000 jóvenes catalanes entre los 14 y los 25 años.

La televisión domina su consumo mediático. Los jóvenes ven tanta televisión como los adultos, pero dedican el doble del tiempo a Internet. Con todo, dedican casi tres veces más tiempo a la televisión que a Internet.

Domina el uso lúdico de Internet. Los jóvenes se dedican preferentemente a los juegos en línea. Consultan más información en la Red y lo hacen sobre todo por medio de los sitios en línea de los diarios.

Leen menos diarios y los que leen son los diarios deportivos.

Escuchan casi tanta radio como los adultos, pero en lugar de cadenas generalistas escuchan emisoras musicales.

A través del teléfono consumen música.

Es lógico que los jóvenes busquen divertirse, pero la encuesta indica un consumo pasivo de los medios, dominado poer la televisión, lo que desmiente que los jóvenes estén huyendo de este medio. Lo que si parece confirmarse es que la información que ofrecen los diarios los jóvenes la buscan en la Red y no en el papel.

¿Rellenarán estos jóvenes la brecha digital? ¿No tendrían los poderes públicos otros usos menos pasivos y comerciales de las nuevas tecnologías?

(Compárense estos datos con los consumos de los estudiantes de periodismo. Las tendencias generales son las mismas)

Etnocidio y utopía digital


Etnocidio. Genocidio del que es víctima un pueblo índígena

Utopía digital. Creencia en que las nuevas tecnologías están construyendo un nuevo espacio de libertad, felicidad y progreso.

¿A qué viene juntar estos dos términos- que he definido en mis propios términos? A la tensión que existe entre el optimismo digital y la dura realidad que viven aquellos a los que todos los derechos se les niega, a aquellos a los que se les extermina en nombre de cualquier falso valor. La realidad de los que ni siquiera pueden platearse saltar la brecha digital porque bastante tienen con seguir vivos. En Colombia, país de desarrollo medio con 45 millones de habitantes, casi cuatro millones son desplazados internos, víctimas de los distintos actores armados y el propio ejército.

He asistido en Barranquilla al I Congreso Modelos Emergentes de Comunicación, de lo Análogo a lo Digital, organizado por la Universidad Autónoma del Caribe. La mayor parte de los participantes eramos analistas o profesionales de los cibermedios y de alguna manera en alguna intervención se pintó de rosa la utopía digital. En mi aportación (Avances y desafíos en los cibermedios) defendí la idea de periodismo cívico como el periodismo que debe regenerar el espacio mediático y balizar el ciberespacio para convertirlo en espacio público.

Pero entre tanto neologismo y tecnicismo Marta Rodríguez trajo al Congreso el mundo real. Marta Rodríguez es la gran maestra del cine documental colombiano. No pude asistir a su intervención, pero me contaron que cuando mostró sus documentales sobre el genocidio al que son sometidos los indígenas colombianos -el etnocidio- algunas de las jóvenes estudiantes se echaron a llorar. Y es que tanto cháchara digital oculta a veces la realidad y hasta su representación documental, como en este caso.

«Me gustó que desmitificara esas maravillas digitales» -me dijo luego Marta. «¿Como pueden valerse de esas tecnologías los desplazados del Chocó si en esa selva no entran ni las señales telefónicas?».

Esas muchachas que lloraban al ver las pruebas del etnocidio ignoraban lo que pasaba en su propio país. Ni los medios tradicionales ni los cibermedios se lo habían contado. Tuvieron que encontrar la verdad en el relato lento y profundo de los documentales de Marta Rodríguez.

Educar en comunicación


Agustín García Matilla me ha confiado para su difusión en este blog la lección inaugural del curso 2009-2010 en el  Campus de Segovia de la Universidad de Valladolid, titulada Publicitar la Educación en Comunicación desde la Universidad del siglo XXI. Agustín es catedrático de Comunicación Audiovisual en esa Universidad y está empeñado en convertir esa institución en un agente de progreso y cultura de la ciudad de Segovia. Durante muchos años García Matilla luchó para que los alumnos de Información Audiovisual de la Universidad Complutense tuvieran una formación profunda, al mismo tiempo crítica y práctica.

García Matilla es uno de los grandes expertos y animadores de la educomunicación, una corriente pedagógica que pretende alfabetizar en medios de comunicación para que los ciudadanos puedan hacer una lectura crítica de los mensajes públicos. Esta corriente propone, además, explotar las posibilidades educativas de los medios masivos, hoy exclusivamente reducidos a un función de entretenimiento mercantilizado.

La conferencia recorre los pedagogos que han sido verdaderos hitos de este empeño educativo (Freinet, Freire), los logros conseguidos, sobre todo en América Latina y la necesidad de adaptar esta corriente al nuevo ecosistema interactivo. Toda la exposición se edifica sobre la idea de que la eduación tiene que  movilizar los afectos y que “comunicar el afecto, es también ayudar a construir la sensibilidad, fomentar la creatividad, formar en la autoestima y enseñar a mirar el mundo desde la emoción y, al mismo tiempo, dar estímulos para que la propia persona sepa canalizar esas emociones y vivir en sociedad”. Ahora nuestros alumnos son nativos digitales y los profesores debemos de adaptar nuestros viejos  conceptos a la nueva realidad, poniendo siempre en el centro al alumno.

En este entorno de comunicación horizontal siguen predominando el infoentretenimiento, por eso creo que ahora educar en comunicación es mostrar a los jóvenes las posibilidades de creación y construcción de la personalidad y de gestión democrática que tienen esas herramientas que tan bien manejan.

La conferencia se abre con un emocionado recuerdo de su padre, Eduardo García Maroto, uno de los pioneros del cine español. Sólo por esta semblanza valdría la pena leer la conferencia.

Cómo se informan los futuros periodistas


Por segundo curso consecutivo he realizado (este año en colaboración con el profesor Rodríguez Pastoriza) una encuesta a alumnos de 1º y 2º de Periodismo de la Universidad Complutense, bajo el título de Nuestro Estudio General de Medios. El documento está publicado en Scrib y al final de esta entrada incrusto el texto completo. (Nuestro Estudio General de Medios 2008, Scribd)

Como se razona en ese resumen, la representatividad es grande con respecto al universo estudiado, alumnos de 1º y 2º de Periodismo de la Universidad Complutense. Y no es arriesgado pensar que los resultados pueden ser bastante representativos de los hábitos de los estudiantes de Periodismo en toda España. Con respecto al estudio del año anterior, hay algunas tendencias mostradas en el año anterior que no terminan de consolidarse, lo que exije estudios más amplios y más dilatados en el tiempo. A continuación recojo las conclusiones del estudio.

Conclusiones

  • El colectivo encuestado, futuros periodistas, muestra en esta promoción un mayor interés informativo que en la oleada realizada el pasado año. Consumen todos los medios, tradicionales e interactivos, con una finalidad destacadamente informativa.
  • Los diarios de pagos siguen siendo percibidos como el medio informativo más fiable y completo, pero su consumo es medio, sin una profundización en la información.
  • La radio sigue siendo un medio informativo y de acompañamiento musical. Mantiene su credibilidad, pero se usa menos como medio de actualización informativa que en 2008.
  • La televisión sigue siendo un medio de entretenimiento familiar, pero este grupo mantiene un alto consumo de programas informativos. El medio sigue siendo una fuente muy importante de entretenimiento para la mayoría. La credibilidad de los programas informativos se sitúa por encima de la media.
  • Los estudiantes consumen y valoran mejor los medios con los que se identifican más ideológicamente. Los medios de grupo Prisa (El País, la SER y Cuatro) son los más consumidos, con los que más se identifican y están entre los  que mejor valoran los estudiantes. En el caso de la radio y, sobre todo, de la televisión públicas las valoraciones positiva superan los porcentajes de identificación y consumo.
  • Los estudiantes mantienen un alto grado de interactuación social en la Red y en ella consumen preferentemente los contenidos culturales, mayoritariamente de forma gratuita, con la excepción de la música, cuya industria parece haber encontrado un nuevo modelo de negocio.
  • Aunque su mayor consumo informativo se produce en la Red lo es a través de los cibermedios, esto es, los medios tradicionales presentes en el ciberespacio. Producen y comparten información, pero consideran poco creíble toda aquella que no viene de medios tradicionales. Se ven como parte de una profesión abierta y  no se identifican con las corrientes que reivindican que en la Red todos somos periodistas.

Salvar el periodismo, reformar los medios


En todas partes, la acción combinada de la recesión y el desafío de Internet ha llevado a los medios a una crisis de modelo. En todas partes se discuten soluciones y alternativas. Pero en ningún lugar es tan profunda la crisis y tan profundo el debate como en Estados Unidos.

Con una cadena de quiebras de grandes diarios, la palabra reforma ha dejado de ser tabú. Los norteamericanos siguen siendo favorables al libre mercado, pero el fundamentalismo neoliberal del último cuarto de siglo se cuartea. Es hora de volver la vista a las políticas públicas y a nuevos modelos de empresas informativas no basadas en el lucro.

Proponer una estrategia nacional para salvar el periodismo es el objetivo del informe Saving the news, promovido por Free Press, una organización no partidista que promueve la participación del público en las decisiones que afectan a los medios e impulsar políticas públicas que democraticen los medios. Saving the news revisa las alternativas propuestas en Estados Unidos para superar la crisis. Una crisis que refiere sobre todo a los periódicos, y entre ellos, a la desaparición de los diarios en las grandes ciudades norteamericanas. El contexto de ánalisis y propuesta es el de Estados Unidos. Por eso, muchas de las alternativas no serían validas en otros lugares, pero todas ellas son estimulantes y en muchos casos inspiradas en soluciones europeas.

El informe parte de dos hechos: el periodismo es insustituible para la democracia y el modelo basado en la publicidad está herido de muerte. El periodismo que propone debe basarse en estos pilares:

– Comprometido con la libertad de expresión (la Primera Enmienda, en términos norteamericanos).

– Información de calidad y en profundidad.

– Recogiendo los puntos de vista adversos.

– Promoviendo la responsabilidad pública.

– Dando prioridad a la innovación.

Los autores recorren los modelos alternativos a la empresa periodística con fin de lucro y financiada por la publicidad. Exploran las posiblidades -siempre en su contexto nacional- de modelos sin fin de lucro, basados en fundaciones, donaciones, cooperativas… Revisan también iniciativas de cooperación ente profesionales y ciudadanos, sobre todo  a nivel local. Examinan las posibilidades de instaurar sistemas de micropagos por la información, pero ven dificultades legales (el «fair use» de la información) en este sistema, que ahora algunos como Murdoch propugnan como tabla de salvación.

Una de sus propuestas más destacadas es extender el modelo de la radio y la televisión públicas, la PBS y la NPR, hasta convertir a los medios públicos en el núcleo de la reforma.

No están de acuerdo los autores con los profetas del «no hacer nada», como Jeff Jarvis, que han trasladado al ecosistema informativo la tesis económica de la «destrucción creativa» de Schumpeter. A diferencia de estos autores, convencidos que en Internet se autogenerará un nuevo sistema de información sobre las cenizas del periodismo, los redactores del informe piden una acción pública decidida para salvar el periodismo.

Los medios siempre han estado suvbencionados públicamente -sí, hablan de Estados Unidos. Lo que hay que hacer ahora es dirigir esos fondos a nuevas organizaciones sin fin de lucro, que convivan con las viejas empresas. Y entre esas políticas debe estar la regulación, terminar con la desrregulación, que ha favorecido la concentración y está en el origen de la crisis.

Hay otras propuestas interesantes, como la de crear un fondo de formación, para que los 23.000 periodistas que ha perdido su trabajo en el último año y medio no salgan del sector y compartan su experiencia con los nuevos periodistas.

La verdad es que uno se siente moderadamente reconfortado cuando desde Estados Unidos se aboga por lo público. ¿Convergerán los sistemas regulatorios de Estados Unidos y Europa? ¿Prosperarán las nuevas iniciativas? Nadie lo sabe. De lo que no cabe duda es que hará falta imaginación, trabajo y coraje para salvar el periodismo.

Observatorio «Medios de Comunicación y Sociedad»


La Fundación 1º de Mayo de CCOO acaba de lanzar su Observatorio de Medios de Comunicación y Sociedad. Su objetivo es escrutar el modo en que los medios inciden en la percepción de nuestro entorno y conforman nuestras pautas de convivencia. Dirigido por la periodista Carmen Rivas se propone llevar a cabo esa misión mediante estudios, jornadas y propuestas.

El Consejo Audiovisual de Cataluña y el Consejo Audiovisual de Andalucía realizan una magnífica labor, pero, lógicamente, centrada en los medios audiovisuales y en su comunidad autónoma y en el marco de unas competencias bien delimitadas. La Asociación de la Prensa de Madrid edita anualmente su Informe sobre la Profesión Periodística (que, inceiblemente, se regala en una costosa edición en papel y se cobra si se quiere descargar en línea). La Fundación Alternativas también ha elaborado informes importantes, por ejemplo sobre la Televisión Digital Terrestre. Pero falta una plataforma que siga sistemáticamente la evolución de los medios y de la comunicación horizontal en el ciberespacio y sus consecuencias en la convivencia democrática.

El Observatorio arranca con una revista digital (pdf). En este primer número encontramos los siguientes autores y trabajos:

Manuel Núñez Encabo- Los nuevos retos jurídicos europeos de la convergencia multimedia. Aboga por una regulación europea convergente de las telecomunicaciones y los contenidos audiovisuales desde una perspectiva del desarrollo de los derechos fundamentales.

Rafael Díaz Arias – Periodismo ciudadano vs. Periodismo cívico. Propone que los periodistas profesionales se conviertan en periodistas cívicos, cartografiando el ciberespacio y creando en él espacios públicos conectados con los espacios mediáticos. Un periodismo innovador, que vuelve a las fuentes, que se plantea como un servicio al ciudadano, abierto, bajo el control de los propios ciudadanos.

Rafael Fraguas – Los medios de comunicación ante el reto de la divulgación cultural. La divulgación es la asignatura pendiente de la cultura española. La privatización del patrimonio cultural cosifica objeto cultural-patrimonial, que, desprovisto de su dimensión simbólica, se convierte enmero objeto físico espacio-temporal susceptible de intercambiomaterial, no comunicativo.

José Rubio – El apagón analógico: digitalización y periodismo. La digitalización y la convergencia de plataformas sirve a los titulares de las televisiones privadas como excusa para liberarse de las obligaciones de servicio público que la ley les atribuye, El reforzamiento de la televisión pública como educativa e informativa debiera de convertirse en modelo para las televisiones privadas.

Javier Saéz Munilla – Comunicarse con la otra orilla; sí, pero ¿desde que orilla?. Propugna tener presentes las realidades de ambos lados del Atlántico: la degradación del periodismo de esta orilla; la violación de los derechos humanos de la otra, oculta a menudo por los intereses de los grandes grupos mediáticos españoles.