The New York Times, vehículo de la propaganda israelí


La misión investigadora del Consejo de Derechos Humanos de  la ONU públicó el día 15 su informe sobre Gaza. Su conclusión es que el Ejército de Israel cometió crímenes de guerra durante la Operación Plomo Fundido, con un empleo desproporcionado de la fuerza y aplicando un castigo colectivo a la población civil. También los grupos palestinos cometieron crímenes de guerra disparando sus cohetes artesanales contra la población civil israelí.

El informe no proviene de ninguna organización militante contra Israel, ni siquiera de un movimiento pacifista, sino de una comisión enviada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONUU, el organismo de Naciones Unidas remodelado en 2006 para vigilar el respeto de los derechos fundamentales. La comisión investigadora recomienda que si en el plazo de seis meses el gobierno israelí y la autoridad palestina no investigan de forma independiente los hechos, el Consejo de Seguridad traslade el caso al fiscal del Tribunal Penal Internacional. Sin duda, llegados a ese punto Estados Unidos vetaría en el Consejo de Seguridad tal envío. La comisión ha estado presidida por Richard Godstone, un sudafricano de origen judío, ex fiscal jefe de los tribunales de crimenes de guerra de Bosnia y Ruanda. Israel no colaboró con la comisión a la que acusaba de parcialidad.

Es cierto, por tanto, que el informe acusa a ambas partes de crímenes de guerra, pero dedica más atención a los crímenes israelíes por su gravedad. The New York Times. el mismo día 15 difunde en su página web una información que titula “Una encuesta sobre Gaza encuentra crímenes por ambas partes”. El titular es cierto, pero no refleja bien el sentido del informe. No obstante, el contenido de la información es completo y equilibrado. Sin embargo, en la primera página de su edición en papel del día 16 el titular ya es “Israel rechaza investigar Gaza”. La información se basa en los desmentidos y reacciones contrarias israelíes, recoge más brevemente la reacción de Hamas, pero no desarrolla el contenido del informe y no menciona las denuncias concretas del informe.

De manera que el lector de esa primera página llegará a la conclusión de que, una vez más, Israel ha sido condenado por los actores de una conspiración internacional. Si el lector pasa a las páginas de opinión encontrará un artículo del propio Goldstone en el que más que explicar sus conclusiones, defiende la necesidad de mecanismos de justicia internacional, en los que se enmarcaría la investigación. “Hacer justicia en este caso -dice- es esencial, porque ningún estado o grupo armado pueden estar por encima de la ley”.

Traigo el caso aquí como un ejemplo en el que si atendemos a todo el contenido difundido encontramos un cierto equilibrio, pero si quedamos sólo con la primera página, el escaparate y la valoración esencial de un periódico, el resultado será que The New York Times oculta detrás de la intoxicación israelí los hechos constatados por una comisión independiente de uno de los máximos órganos de Naciones Unidas.

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Ellacuría, crimen sin castigo


Magnífico el En Portada sobre el asesinato de los jesuitas en El Salvador. Y oportuno. Porque han pasado casi 20 años y los responsables que ordenaron el crimen siguen impunes. Y porque este puede ser uno de los casos afectados por la limitación de la jurisdicción universal pactada por el PSOE y el PP.

Un tribunal salvadoreño condenó a los mandos de la fuerza que cometió los asesinatos, pero no a los que dieron la orden. Según la Comisión de la Verdad, esa orden se dió por el general René Emilio Ponce, jefe del Ejército, en una reunión de la cúpula militar.

En este caso, la conexión con España que exige la contrarreforma es evidente. Pero más difícil resulta demostrar que la justicia se ha negado en El Salvador. Como insiste el juez salvadoreño y los acusados es un principio universal del Derecho que nadie puede ser enjuiciado dos veces por los mismos hechos. Lo que habrá de probarse ante la Audiencia Nacional Española es que ese juicio se manipuló para garantizar la impunidad de los altos responsables militares. El reportaje es una buena aportación en esa lucha contra la impunidad.

Por otro lado, En Portada ha iniciado una interesante estrategia multimedia. El vídeo es accesible desde rtve.es, donde encontramos una presentación muy personal del autor del reportaje, Antonio Parreño. Lo más interesante es la transcripción de la entrevista íntegra con el general Ponce, obviamente editada en el reportaje. Esa estrategia se complementa con un blog y con un microespacio, Contraportada. emitido después de la publicidad que sigue al reportaje. En esta ocasión, el reportero grafico Evaristo Canete nos contó el clima dramático en que fueron rodadas las imágenes de los cadáveres de los jesuitas, esparcidos por el jardín de la Universidad Centroamericana.

Crímenes de guerra en Gaza


Tres semanas ya de carnicería en Gaza. Del millar de víctimas mortales palestinas, más de 300 son niños y un centenar mujeres. Y pese a todo, Israel sigue insistiendo en que lo que ocurre es que los civiles son tomados como escudos humanos por Hamas. Bien, si eso fuera así Israel se lo demostraría al mundo con una tregua unilateral de 48 horas y abriendo todos los pasos fronterizos para que los palestinos pudieran huir de sus supuestos captores. Si no pudieran hacerlo es porque alguien los retenía…

Gaza es uno de los territorios más superpoblados del mundo. Cualquier bombardeo tiene el riesgo de producir víctimas civiles -lo que los militares llaman daños colaterales (otro eufemismo, que sirve a un determinado enfoque, como la etiqueta de escudos humanos). Pero no, no se producen sólo esos mal llamados daños colaterales. Lo que está ocurriendo es un deliberado ataque contra los civiles, y eso, de acuerdo con el Protocolo Adicional de la Convención de Ginebra, son actos que debe calificarse como crímenes de guerra. Baste citar los bombardeos de las sedes de organizaciones humanitarias. Y mientras se quemaban los víveres, Ban Ki-Moon lucía su cortés sonrisa en Israel. Tampoco sirve de mucho dar al Ejército de Israel las coordenadas del edificio donde tienen su sede la mayor parte de los medios, bombardeado ayer, lo que ha suscitado la indignación de los periodistas extranjeros acreditados en Israel.

Recojo aquí el tratamiento hecho de este tema por Newsnight, el programa diario de información en profundidad de la BBC. Dos largas piezas presentan los hechos y las opiniones de los especialistas. Son Gaza: the case of war crimes y Gaza war crimes: the debate (no incrusto los vídeos porque no consigo desactivar el molesto autoplay). Me gustaría presentar fuentes de esta calidad en español, pero lamentablemente todas nuestras televisiones están a años luz.

Lo que se suscita en ese primer vídeo es la posibilidad de que estos crímenes se planteen ante los tribunales de los países que tienen reconocidad la jurisdicción universal para estos crímenes, como España, Bélgica o Reino Unido. ¿Se atreverá alguien a plantear el caso ante la Audiencia Nacional? O ¿eso de la jurisdicción universal sólo se aplica a los crímenes cometidos en África o América Latina? Por el momento, una asociación de Melilla anuncia una querella.

Israel sigue con su propaganda, que vehícula incluso a través de cauces oficiales españoles. Así, los periodistas que acompañaron a Moratinos en su gira por Oriente Próximo recibieron a través de la Dirección de Comunicación Exterior la documentación propagandística de Israel. Sus argumentos: no hay desproporción cuando la muerte de civiles no puede evitarse para lograr objetivos militares.

Ante el bloqueo informativo, Al Jazeera ha tomado una decisión sin precedentes. Ha abierto un repositorio de vídeos rodados en Gaza, que pueden ser utilizados bajo licencia Creative Commons 3.0. Esto supone poder descargar vídeos en alta banda, esto es en calidad profesional, y utilizarlos para producir nuevas informaciones con la sola condición de citar la fuente.

De estos vídeos escojo el que más directamente tiene que ver con esta entrada, la utilización de fósforo blanco, admitada en el campo de batalla, pero no en zonas habitadas por civiles.

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De Gaza nos llega el grito desesperado en RNE de la española María Velasco, su denuncia del fósforo blanco y de la desidia de los servicios consulares españoles (Lo siento, WordPress no me deja incrustar el audio).

Se anuncia para mañana sábado 17 de enero una tregua. Ya queda menos para la toma de posesión de Obama. Será una tregua en falso, pero, al menos, servirá de alivio a las víctimas.

Para terminar, los enlaces a las campañas on line para para parar la matanza de Amnistía Internacional y de Avaaz, para aquellos que quieran sumarse.

Matices en la guerra del Congo


Niños soldados de Uganda en apoyo de grupos armados congoleños © APGraphicsBank

Estos días se desarrolla en el este del Congo una tragedia humana en la que miles de inocentes son víctimas de masacres, expulsiones, reclutamientos forzosos y violaciones. La I Guerra Mundial Africana se ha reactivado y son muchos los culpables. Me cuesta escribir sobre este conflicto por respeto a las víctimas, pero no puedo compartir el relato con el que algunos sectores progresistas lo explican.

Se etiqueta el conflicto como la guerra del coltán. La región de los Kivus es rica en esta mezcla de minerales, imprescindible para teléfonos móviles y otros dispositivos electrónico.s Toda la República Democrática del Congo -antes Zaire, antes Congo Belga- es riquísima en minerales. Como en casi todas partes, esa riqueza ha sido una maldición. La lucha por el control de los recursos naturales ha fragmentado el Congo desde su independencia, propiciado la existencia de caudillos locales manejados por intereses exteriores, la intervención de las grandes potencias y la interferencia de los países vecinos. Todo eso es cierto, pero intentar explicar lo que ocurre en el este del Congo como una conjura de las multinacionales con Ruanda para apoderarse de los recursos del Congo es más que una simplificación, es ignorar las raíces profundas del conflicto. En esa simplificación, Kabila es un dirigente democrático, Congo está siendo atacado por Ruanda, los tutsis masacran a los hutus, las tropas de la ONU son cómplices de los agresores ruandeses.

Las raíces profundas del conflicto no son otras que, de un lado, la destrucción del estado congoleño, convertido por el dictador Mobutu en una finca privada (como ya lo fuera propiedad de Leopoldo de Bélgica); de otro, el genocidio de Ruanda.

Es claro que si el estado congoleño controlara el territorio, las multinacionales no tendrían más que negociar, influir o corromper a esas autoridades. Pero como no existe estado, favorecen a unas u otras milicias; con ellas negocian, a ellas suministran armas… Son su brazo armado en un territorio sin ley.

En concreto, en ese territorio de los Kivus las fuerzas en presencia son:

a) el ejército nacional congoleño, más una banda de desarrapados que un ejército regulara, una banda con historial de rapiñas y violaciones de los derechos humanos; b) los mai-mai, otra banda que, bajo la capa de la tradición guerrera tribal, matan, extorsionan y violan; son aliados de Kabila y enemigos de los tutsis; c) los restos de las milicias hutus ruandesas (FDLR) responsables del genocidio, que desde Congo sigue atacando Ruanda; d) las milicias tutsis del general Nkunda, las más disciplinadas, que han cometido crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, y que no podrían llevar la iniciativa sin el apoyo del gobierno tutsi de Ruanda. Todos estos grupos, como ha denunciado Amnistía Internacional y testimoniado BBC reclutan niños y niñas

Y es que la otra raíz es el genocidio de Ruanda. En 1994, los radicales hutus desatan un genocidio en el que son exterminados cientos de miles de ruandeses, la mayoría tutsis. La victoria de las milicias tutsis del Frente Patriótico Ruandés provoca el éxodo de dos millones de ruandeses. Las milicias hutus y los restos del antiguo  ejército hutu empujan a estas masas a los campos de refugiados de Zaire. Puede decirse que en Kivu surge otra Ruanda, una Ruanda hutu, controlada por criminales, que siguen hostigando al poder tutsi al otro lado de la frontera. En 1997 Ruanda invade Kivu, desmonta los grandes campos de refugiados ruandeses y sus tropas cometen si no un genocidio planificado, sí terribles crímenes de guerra. El presidente ruandés Paul Kagame saca del ostracismo a Laurent Kabila, que en una marcha espectacular de Kivu a Kishasha termina con satrapía de Mobotu. Inmediantamente, Kabila rompe con sus aliados ruandeses y estalla la guerra mundial africana, en la que de un lado luchan Congo, Angola, Zimbabwe, Namibia con el patrocinio de Francia, y de otro, con patrocinio de Estados Unidos, Ruanda, Uganda y Burundi. El país sufre un terrible expolio. Hasta 5 millones de civiles mueren en esa guerra.

En 2002 se llega a un acuerdo de paz, pero el territorio sigue fragmentado y controlado por los distintos señores de la guerra. Joseph Kabila, el hijo de Laurent, revalida su poder en unas elecciones que terminan con la rebelión de su principal contrincante. Ahora, Kabila ha integrado en su gobierno al hijo de Mobut… La ONU despliega su más importante fuerza de paz, MONUC, con 15000 militares, un mandato fundamentado en el capítulo VII de la carta de las Naciones Unidas, y que permite a estas fuerzas utilizar todos los medios para el mantenimiento de la paz. Pero su tarea resulta imposible. El país es inmenso y sus comunicaciones precarias. Las unidades no tardan en verse en medio del fuego cruzado de unos y otros. Para los hutus, son aliados de los tutsis; para los tutsis, aliados de los hutus. El general español Díaz de Villegas, jefe de la misión, terminó por dimitir el mes pasado por considerarla destinada al fracaso. En algunos casos, las unidades de MONUC se convierten en una banda más, que, en lugar de proteger a la población, la extorsionan.

Hoy esa guerra mundial africana se reactiva. Tropas de Angola y Zimbabwe pueden esta combatiendo ya en Kivu. El coltán, los minerales, son el combustible de la guerra. Pero su causa última es no haber hecho justicia a las víctimas de genocidios y crímenes de guerra. Y su contexto el no haber dotado a MONUC con los medios necesarios para haber desarmado a todas las milicias.

(Sobre el conflicto considero de especial interés los informes y recomendaciones de Crisis Group)

Cuestión de reputación


Mientras disfrutaba de unos días de vacaciones era un espectador más del gran espectáculo global de los Juegos, desarrollado en paralelo con la guerra en el Caúcaso. Los Juegos, la ceremonia del capitalismo global revistida de unos abstractos valores de fraternidad y sana competencia. Los Juegos, consagración de la gran potencia del mundo global, China. Y en el Caúcaso una guerra más por un pedazo de territorio, como viene haciendo la humanidad desde sus orígenes. Más limpieza étnica de un lado y de otro, más muerte y miseria y una partida estratégica por la energía.

A veces conviene volver a los clásicos para entender las cosas. En la España del Siglo de Oro y de la decadencia que le siguió, la preservación de la honra, que gobernaba las acciones personales y familiares, tenía un correlato público en el concepto de reputación. Una potencia tenía que mantener su reputación si quería ser respetada por las demás. Y así, si las guerras en Europa son iniciadas por Carlos V por defender su primacía imperial y defender el catolicismo, suys sucesores, sobre todo Felipe III y Felipe IV, actuaron ya más por defender la reputación del Imperio Hispánico que por razones estratégicas más profundas. Véase a este respecto El Conde Duque de Olivares de J.H. Elliot.

En el Caúcaso, Rusia ha reafirmado su reputación y Estados Unidos la ha perdido. Saakashvili inició la guerra en plena tregua olímpica, convencido que sería un paseo militar resuelto en unas horas. Un paso suicida que recuerda al de Sadam Hussein al invadir Irak. Pero la resistencia de los micilianos de Osetia del Norte fue suficiente para permitir la rápida reacción de Rusia. Rusia ha demostrado a los pueblos caucásicos y, en general, a todas la minorías del antiguo espacio soviético, que quien se coloca bajo la protección del nuevo imperio reconstruido por Putin no será dejado a su suerte. Y Estados Unidos ha quedado en evidencia dejando a Georgia sin más apoyo que algunas invectivas contra Rusia con el lenguaje de la guerra fría.

Rusia tuvo que aceptar que Estados Unidos y sus aliados sobrepasarán una línea roja incorporando a las repúblicas bálticas a la OTAN. Era la Rusia debilitada de los 90. La Rusia de Putin no podía aceptar el ingreso de Georgia en la Alianza Atlántica. A los aliados europeos no les hacía demasiado felices este previsto ingreso, pero en la pasada cumbre de la organización aceptaron el plan para la adhesión. ¿Se hubiera atrevido Rusia a desarrollar esta operación con Georgia en la Alianza? Mejor no pensar en ese escenario…

En las guerras del siglo XX y el XXI las grandes víctimas son los civiles. Ahora Rusia y Georgia se acusan mutuamente de genocidio. Genocidio es una acción sistemática para exterminar a un grupo humano. No parece que ni unos ni otros hayan cometido genocidio. Pero posblemente unos y otros hayan cometido crímenes contra la humanidad.

Y, ahora Rusia está en condiciones de aplicar los mismos principios que la OTAN ha aplicado en Kosovo y reconocerá la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.

Justicia en Serbia; Justicia para Serbia


¡Qué dificil resulta para los pueblos asumir y depurar una historia criminal! España es campeón en la aplicación de la Justicia Universal contra genocidas extranjeros, pero nuestra transición se basó, no en el perdón, sino en el olvido. Ahora, recuperar la memoria se ha convertido en una incómoda papeleta para el gobierno. Italia, pese a todo la mística partisana, tampoco asumió sus culpas y una corriente profunda fascista (como en España franquista) ha ido aflorando de cuando en cuando y ahora de una manera abierta con el último gobierno Berlusconi. Tampoco ha sido fácil para Francia asumir las culpas del colaboracionismo. Sólo Alemania se vio obligada por los aliados a realizar un proceso de desnazificación, del que terminaron por escapar  muchos criminales, pequeños y grandes, aprovechando las circunstancias de la guerra fría. En los 70, los hijos de tantos nazis ocultos protagonizaron los movimientos de contestación anticapitalista. Pero con todo, Alemania es el país con una mayor conciencia colectiva del mal ocasionado y también -más recientemente- del mal sufrido. En Alemania en la escuela se estudia la infamia y los colegiales visitan los campos de exterminio. En España, para los escolares Franco es una figura tan lejana como Felipe II.

A pesar de todo, Alemania e Italia recibieron el maná del Plan Marshall. Ahora Serbia debe recibir la ayuda de la Unión Europea para convertirse en un país normal. Serbia tiene que entregar al Tribunal para la Antigua Yugoslavia a Mladic y a Goran Hadzic, líder de los serbios de la Krajina. El caso de Karadzic demuestra que la captura de estos criminales es posible con voluntad política. Por debajo de los figurones quedan otros muchos asesinos con menores responsabilidades políticas. De ellos se tienen que ocupar los tribunales locales de Serbia, Bosnia, Croacia… Ninguno de estos países ha hecho todavía una verdadera catársis. Basta salir del aeropuerto de Duvrovnik para encontrarse con una valla gigantesca que enaltece como héroe nacional a Ante Gotovina, pendiente de juicio en La Haya. Y sin embargo, Croacia es ya formalmente candidato a la adhesión.

Todos los líderes comunistas de Yugoslavia cabalgaron el tigre del nacionalismo para mantenerse en el poder. Todos, en distintos grados, son responsables de la catástrofe. Pero no por eso todos son criminales. Tampoco se puede estigmatizar a todo un pueblo, por mucho que esté anclado en falsas utopías nacionalistas. De todos los pueblos yugoslavos, los bosnios musulmanes estuvieron al borde del exterminio, pero los serbios han sido los grandes perdedores. Los bombardeos de la OTAN siguen siendo una herida abierta. Por ejemplo, en Novi Sad, una ciudad mayoritariamente a Milosevic, todavía no entiende en ensañamiento de las bombas.

Europa tiene que exigir a Serbia que ningún crimen quede impune. Pero Serbia merece también justicia y generosidad.

(Incluyo el enlace a una página muy completa BalkanInsight, que me acaba de descubrir Alberto Marinero)

El nuevo aspecto de Karadzic


En este vídeo de Reuters podemos ver a Karadzic asistiendo tranquilamente a una conferencia en el suburbio de Belgrado en el que vivía bajo la identidad de Dragan Dabic.

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Karadzic había abierto una clínica de medicina alternativa. Con su larga melena enrollada y su barba blanca da la imagen sí, de un médico alternativo, si se quiere de un “doctor chiflado”. Pero también de un santón ortodoxo. De manera que su disfraz para huir resulta bastante consistente con su trayectoria de bardo eslavo, primero, y defensor de la Santa Ortodoxia, luego. Un disfraz sencillo que podía confundir a quien con el se cruzara, pero no a ningún servicio secreto. Esa especie de simpático nomo tiene que responder ante el Tribunal de la Haya de terribles crímenes.

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