Colombia en (algunas) cifras


Colombia, 15 secuestrados liberados, entre ellos Ingrid Bethancourt.

Colombia, 2785 secuestrados, 700 en poder de las FARC.

Colombia, 30.000 desaparecidos, el 97% a manos de ejército y paramilitares, más que en Argentina o Chile. La inmensa mayoría fueron asesinados cruelmente poco después de su captura y sus cuerpos se encuentran en fosas comunes a lo largo de todo el territorio colombiano.

Colombia, 3 millones de desplazados internos, por la acción del ejército, los paramilitares y las guerrillas. Sólo supera a Colombia Sudán, con 6 millones. Ellos no volverán a casa con alfombra roja.

Algunos enlaces

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La liberación de Betancourt, on line


Son las 21:19 en Madrid. Veo la segunda edición del Telediario de TVE.  Salto del sofá cuando Lorenzo Milá lee directamente desde su ordenador que Ingrid Betancourt ha sido liberada. Mi salto, claro, se habrá quedado corto comparado con el que habrán dado mis compañeros de la redacción de internacional.

Después de unos días de inactividad en el blog, atado por la interminable cadena de corrección de exámenes y trabajos, abro esta entrada, en primer lugar, para saludar el regreso a la libertad de una mujer valiente y para hacer votos por una verdadera paz en la castigada Colombia, y, en segundo lugar, para publicar un pequeño test hecho sobre la marcha sobre la circulación de la noticia en la televisión y en los medios on line.

La nnoticia la lanza EFE a las 21:19 por sus servicios tradicionales a bonados. Después de verla en TVE a las 21:21, a las 21:23 entro en rtve.es. Tiene la noticia, una foto de Betancourt, dos pestañas con material documental y la relación de noticias relacionadas. Voy a BBC.news. A las 21:24 no tiene todavía la noticia. Entro en BBC en español y, claro, sí está y material documental relacionado. Y por este orden voy recorriendo páginas y televisiones. A Cuatro llegó cuando Gabilondo termina de dar la noticia con foto. Vuelvo a TVE: conexión telefónica con la corresponsal en Bogotá, que confirma la información difundida por las fuentes oficiales. El País tiene la noticia y el vídeo de la última prueba de vida. A las 23:32 entro en Google.news y no hay nada. Yahoo.news la tiene en todas sus versiones. TVE vuelve a conectar con su corresponsal en Colombia, que amplía la información; desde París, Ángel Gómez Fuentes da las primeras reacciones en Francia. Y por fin, a las 21:41, TVE pincha en directo la rueda de prensa del ministro de defensa, Juan Manuel Santos, que desgrana nombres de los liberados en la operación.

Lecciones. Primera: los medios on line son tan rápidos como la televisión -siempre que ésta esté dando información en directo. Y es que, increiblemente, los dos canales de información permanente en España, Canal 24 Horas (TVE) y CNN+, siguen con sus emisiones pregrabadas, eso sí con rótulos advirtiendo de la noticia. Segunda: Yahoo.news bate a Google.news, porque detrás de Yahoo hay periodistas y detrás de Google un algoritmo de búsqueda, que sólo funciona cuando la gente busca la noticia… que ha conocido por otros medios. Tercera: los anglosajones siguen siendo poco sensibles a lo que ocurra en español. Cuarta: la televisión vehícula mejor la información en directo (ninguna página estaba dando en directo la rueda de prensa del ministro de defensa.

Para otro momento queda un análisis de la noticia propiamente dicha. A vuela pluma, las FARC se debilitan todavía más y Uribe parece haber ganado otra importante baza y sin duda intentará utilizarla para su campaña de reelección. Pero habrá que ver que papel juega una Ingrid Betancourt en libertad.

Trampas para (inexpertos) presidentes demócratas


Barack Obama es virtual candidato demócrata a la Casa Blanca. John McCain es un buen candidato republicano, con una trayectoria de independencia que le aleja -a pesar de defender la permanencia en Irak- del cliché de «tercera presidencia Bush», que le atribuye Obama. La contienda final será dura y resulta aventurado pronosticar un vencedor, por mucho que las encuestas den ventaja al candidato demócrata.

La ola de entusiasmo que levanta Obama recuerda la que llevó a John F. Kennedy a la presidencia. Mientras el joven aspirante demócrata peleaba con el corrosivo Nixon, entonces vicepresidente de Eisenhower, el stablishment trabajaba para dejar las cosas atadas y bien atadas. La CIA preparaba la invasión de Cuba. Llegado el momento, el nuevo presidente no tuvo casi otra opción que la de autorizar la operación de Bahía Cochinos (Playa Girón para los cubanos), mal preparado y peor ejecutada. El régimen de Castro se alineó con Moscú. Un Kennedy, ya menos bisoño, tuvo que lidiar con la crisis de los misiles. Los grupos cubanos movieron los hilos de la conspiración que terminó con el asesinato de Kennedy.

Jimmy Carter también suscitó grandes esperanzas. Su política de exigir el respeto de los derechos humanos en las relaciones exteriores permitió, por ejemplo, que los sandinistas pudieran derrocar al tirano Somoza. Pero la Unión Soviética invadió Afganistán y Carter cayó en la trampa. Washington promovió a los mujaidines, los guerreros de Alá, presentados como luchadores por la libertad. En el humus creado por los servicios secretos creció Bin Laden. Aquellos mujaidines son hoy los señores de la guerra.

Obama ofrece hablar con todos, hasta con aquellos que Bush etiquetó como eje del mal. Para Irán, unas conversaciones directas y abierta con Estados Unidos ya serían un logro estratégico. Pero el presidente Ahmedinejad puede sentir la tentación de, tras hacerse la foto, impedir cualquier avance, que le debilitaría mientras fortalecería a sus enemigos moderados. Por si acaso, el primer ministro israelí Olmert y sus ministros de exteriores y transporte amenazan con atacar las instalaciones nucleares iraníes. No es una amenaza como para tomársela a broma -ayer viernes 6 de junio las declaraciones del ministro de transportes, Saul Mofaz, dispararon (más todavía) el precio del petróleo- aunque haya que encuadrarla en la lucha por el liderazgo del partido Kadima. Lo que está claro es que Israel no puede dar ese paso sin la aprobación de la administración Bush. Sería el último servicio de Bush a la causa del caos. El bombardeo generaría una onda expansiva que demolería todos los equlibrios de Oriente Próximo. Irán intentaría cerrar el estrecho de Ormuz y el crudo se podría a ¿200 dólares?. La trampa se cerraría y Obama, envuelto en la bandera, enterraría su oferta de diálogo.

Los periodistas no hicieron su trabajo


La publicación de las memorias de Scott McClellan, quien fuera jefe de prensa de Bush, han levantado una considerable polémica en Estados Unidos. En esencia, el portavoz presidenecial reconoce que mintió sobre los motivos de la guerra de Irak, pero que fue engañado en su buena fe por el presidente y sus colaboradores. Sorprende tanta candidez y muchos le acusan de puro oportunismo para vender su libro.

McClellan afirma que los periodistas no hicieron su trabajo y no investigaron los verdaderos motivos de la guerra. Esta afirmación ha abierto un debate entre la profesión periodística, del que se hace eco Liz Cott Barret en la Columbia Journalism Review. La mayoría de los profesionales reconocen que así fue. Había una presión del gobierno y los editores para primar los enfoques positivos. Como muestra, recojo (y traduzco) las manifestaciones de Katie Kouric, la presentadora que sustituyó a Dan Rather al frente del informativo de la noche de CBS:

«Creo que hubo una sensación de presión desde las empresas dueñas de los medios en los que trabajamos y del gobierno mismo para acallar cualquier clase de disenso o cualquier cuestionamiento. Fue extremadamente sutil, pero muy efectivo.»

Recuerdo de aquellas semanas los audaces reporteros y reporteras españoles que cada día encontraban un exiliado iraquí que nos aseguraba que Sadam no sólo era un monstruo, sino que tenía armas para hacer volar el mundo. Recuerdo también aquel documental en «prime time» sobre las armas de destrucción masiva, premiadísimo, se nos decía. Una de las autoras era Judy Miller, luego implicada en el caso «plamegate» y una de las reporteras favoritas de la Casa Blanca y el Pentágono.

Efectivamente, los periodistas no hicimos nuestro trabajo.

Requisitos para la responsabilidad de proteger


Me he referido en tres entradas («¿Es un crimen contra la humanidad la inacción de la junta birmana?», «China puede abrir Birmania», «La responsabilidad de proteger Birmania»). En ellas he revisado el principio y he llegado a la conclusión -matizada- de que no es aplicable al caso de Birmania.

Timothy Garton-Ash se plantea la misma cuestión (¿Cómo proteger a los birmanos?) en su colaboración en El País Semanal del domingo. Garton-Ash llega a la misma conclusión, aunque parte de que la inacción ante el desastre natural es causa suficiente para desencadenar una intervención (que no invasión). Desgrana los requisitos que exige la aplicación del principio: Causa Justa, Intención Acertada, Último Recurso, Medios Proporcionales, Perspectivas Razonables y Autoridad Apropiada. El analista considera que se da esa causa justa, puede existir una intención acertada y realizarse con medios proporcionales. Pero duda que pueda existir una autoridad apropiada sin una resolución -imposible-del Consejo de Seguridad. No existe una perspectiva razonable de llevar a cabo esa protección y existen otros medios diplomáticos -la presión de la ONU y de China- para proteger a la población. Por cierto que esas presiones -y quizá la apertura de China ante el terremoto- están propiciando una mayor presencia de la ayuda internacional en Birmania, pero que sigue siendo a todas luces insuficiente.

Estoy de acuerdo con Garton-Ash y sigo aprendiendo sobre un principio que, junto al de justicia universal, suponen importantes instrumentos de globalización de los derechos humanos.

Verdad y justicia en el caso Couso


Es admirable el coraje de la familia Couso en su lucha por la justicia. El auto de la Sala de lo Penal que revocó el procesamiento contra tres militares americanos ha sido un duro golpe. Ahora la familia explora nuevas vías: la citación como testigos de los ex ministros Federico Trillo y Ana Palacio y emprender acciones legales contra el fiscal de la Audiencia Nacional, Jesús Alonso, por su actitud en la causa. Parece difícil que salga nada de esa segunda iniciativa, pero la primera, lograr el testimonio de los ex ministros, puede arrojar luz sobre las circunstancias de la muerte del reportero español.

Javier Couso puso de relieve en rueda de prensa que los ex ministros recibieron distintas versiones de las autoridades norteamericanas y que todas las aceptaron pasivamente. Primero se dijo que el tanque respondió a disparos realizados desde el Hotel Palestina, luego que había un lanzagranadas, un francotirador y, finalmente, un oteador.

La verdad es parte de la justicia, pero no toda la justicia. Hacer justicia en este caso sería establecer la verdad, juzgar a los responsables y castigarlos. En el mejor de los casos, la justicia española conseguirá juzgarlos, pero difícilmente condenarlos. Estados Unidos es el mayor enemigo de la justicia universal. La ley de protección de su personal en el extranjero prohibe su entrega, por ejemplo, al Tribunal Penal Internacional. Es impensable su entrega a España -como un responsable dijo «antes se helará el infierno».

Pero la verdad es la primera piedra de la justicia. Y en el conocimiento de la verdad si que se puede avanzar. Trillo y Palacio tienen mucho que contar. Si vale el testimonio personal, el día de la muerte de Couso las presiones sobre la televisión pública desde el Ministerio de Defensa llegaron a traslucirse en la propia Redacción.

Aparecen nuevos testimonios, como los de la sargento retirada, Adrienne Kinne, que avalan la tesis de que los militares tenían órdenes de silenciar o al menos amendrentar a los periodistas que no estaban «empotrados» en sus unidades.

Reproduzco a continuación las reflexiones de Aidan White, secretario general de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Incluyo también el enlace a la entrevista de Amy Goodman a Kinne en Democracy Now! (traducida en español).

Aidan White en el Newsletter de la FIP:

«Felicitaciones a Amy Goodman, la activista de la publicación electrónica Democracy Now!, por su entrevista con Adrienne Kinne, sargento en situación de retiro, que ha dado el chivatazo sobre la conversión de los periodistas en objetivo por parte de Estados Unidos durante los primeros días de la guerra de Iraq.

Ella ha dicho que el ejército de los EEUU intervenía los teléfonos de los periodistas, que el Hotel Palestina –convertido en centro de prensa- estaba en la lista de posibles objetivos militares y cómo recibió el fuego de un tanque estadounidense con resultado de muerte de dos periodistas.

Tras los ataques estadounidenses a los medios en Bagdad, aquel 8 de abril de 2003 (incluyendo la muerte del reportero de Al Jazira, Tareq Ayyoub, tras un ataque aéreo a las oficinas de aquella cadena que el ejército de EEUU nunca se dignó a investigar), cinco años después, la verdad emerge a la superficie.

El caso requiere una investigación completa y la respuesta obligada sobre el trato dado por el ejército de EEUU a los reporteros (a los que no trabajaban entre sus unidades).  Las familias y los colegas de las víctimas, José Couso, de Telecinco, y el también camarógrafo, Taras Protsyuk, junto a Terry Lloyd, de ITN, que murieron a manos de las tropas de EEUU durante los primeros días del conflicto. Merecen justicia tras años de decepciones y piruetas oficiales.

Decimos lo mismo para los vivos. Seguimos de cerca el desarrollo de todo esto junto a Eason Jordan, el anterior jefe de la CNN, y junto a Linda Foley, la entonces Presidenta de “The  Newspaper Guild”. Jordan fue expulsado de su empleo y Foley fue sometida a una campaña desagradable de insultos, porque sugerían que los EEUU apuntaron realmente contra los medios durante la campaña iraquí.

La cuestión que fastidia bastante en el tiempo y durante esta polémica es: ¿por qué harían los EEUU una cosa así? Podría haber una respuesta sencilla. Los EEUU aclararon desde el principio que no estaban contentos con los cientos de periodistas no incrustados entre sus tropas (los medios que llamaron “unilaterales”), los que deambulaban por la región al entrar en guerra. Sin garantías de que Bagdad y Sadam caerían rápidamente, ¿querían enviar un duro mensaje a la gente de los medios que escapaba a su control para que no sobrepasaran los límites? Hasta que no contemos con investigaciones adecuadas y sepamos por qué apuntaron contra los medios, no lo sabremos.«

La otra olimpiada de China


Los enviados especiales son imprescindibles. Nos cuentan, nos muestran, lo que ven. Quizá no manejen toda la información que se centraliza en la Redacción, pero su testimonio es esencial para conocer el mundo en el que vivimos. Una vez más Rosa María Calaf, corresponsal de TVE en China y enviada a la zona devastada por el terremoto, nos da en sus crónicas claves para comprender la nueva China, tan contradictoria y cambiante. Imprescindible Calaf -he incrustado su primera crónica, sacada de la nueva página en pruebas de RTVE, aunque no es la más significativa.

Dos novedades se desprenden de las crónicas de Calaf. China se está volcando en el socorro de los afectados. En una situación tan difícil puede que los esfuerzos adolezcan de falta de profesionalidad, pero no hay duda que las autoridades no escatiman medios humanos ni materiales. Además, han buscado la cercanía con los afectados, algo hace unos años impensable. Segunda novedad: una inusual apertura a la ayuda llegada del exterior y una colaboración con los medios extranjeros.

Y, algo que no es una novedad, una enorme solidaridad entre la población.

He aquí un desafío más importante para China que los Juegos Olímpicos: abrirse al mundo (no sólo económicamente), organizar su enorme fuerza interna y democratizar el poder. Esa es su verdadera olimpiada.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles. from wwwbeta.rtve.es posted with vodpod

¿Es un crimen contra la humanidad la inacción de la Junta birmana?


Así lo sostiene Gareth Evans, uno de los padres de la responsabilidad de proteger, en la edición de hoy de The Guardian.

Vengo ocupándome de la posibilidad de aplicar la cláusula de la responsabilidad de proteger en dos comentarios, «China puede abrir Birmania» y «La responsabilidad de proteger Birmania» que, por cierto, apenas han tenido lectores, supongo que por colocar los buscadores muy abajo a este blog en un tema de tanta actualidad como la situación de Birmania. En esencia, he sostenido -creo que con muchas especialistas- que esta posibilidad de intervención internacional no procede en los casos de desastres y crisis humanitarias.

Evans aporta hoy una nueva visión. Reconociendo que en la resolución final de la Cumbre Mundial de 2005 no se contempla esta posibilidad aboga por una interpretación amplia. Si el principio trata de proteger a las poblaciones contra los crímenes contra la humanidad ejecutados o consentidos por sus gobiernos ¿no puede considerarse un crimen contra la humanidad dejar morir sin auxilio apropiado a cientos de miles de personas? El ex ministro de exteriores canadiense alega en apoyo de su tesis en que el concepto de crímenes contra la humanidad -tal como se establece por el Derecho Internacional por ejemplo en el Estatuto del Tribunal Penal Internacional- no sólo engloba las matanzas, torturas o represión sistemática, sino también «cualquiera otros actos inhumanos de similares características que puedan intencionalmente causar gran sufrimiento, heridas físicas o graves daños a la salud mental».

Pues me ha convencido. Si la Junta persistiera en su negativa a recibir el auxilio material y técnico del exterior podría considerarse que está cometiendo un crimen contra la humanidad que merece una intervención internacional (por ejemplo, lanzamiento de ayuda desde el aire sin el consentimiento del gobierno) justificada en esa «responsabilidad de proteger». Pero subsiste el problema de que es necesaria una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Con cuentagotas, pero los militares empiezan a dejar entrar a trabajadores humanitarios extranjeros. Vuelvo a insistir que quien tiene la llave para que la ayuda llegue es China y en menor medida India y Tailandia.

En fin, es una polémica que parece que sostengo solo conmigo mismo…

China puede abrir Birmania


Hace dos días me pronunciaba contra la aplicación de la claúsula de la «responsabilidad de proteger» a Birmania. Veo en BBC que Ed Luck, asesor de Ban Ki-moon, es de la misma opinión-más autorizada, claro. Es evidente que no estamos ante un genocidio, crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra. Pero la desidia de la Junta militar es completamente criminal. ¡Ni siquiera el secretario general de la ONU ha logrado hablar con el jefe de la Junta!. Los militares siguen enfrascados en su referendum (que presentan como un paso imprescindible para unas elecciones democráticas en 2010), mientras impiden la llegada de ayuda y los cadáveres se pudren bajo las aguas.

Aun en el supuesto de que la doctrina de la «responsabilidad de proteger» fuera aplicable al caso, China y Rusia vetarían una resolución en el Consejo de Seguridad. Y ahí está la clave, en que los países que sostienen a la Junta, esencialmente China, pero también Tailandia, presionen de modo inmediato a los militares y les convenzan de que su supervivencia depende de que abran el país a la ayuda exterior.

El tiempo pasa y cada día más vidas están en riesgo. La información pierde protagonismo en los medios occidentales y los donantes, los ciudadanos de a pie, enterados de boicot del gobierno birmano pueden sentir la tentación de inhibirse y no hacer contribuciones para paliar la catástrofe.

La responsabilidad de proteger Birmania


Bernard Kourchner ha invocado el principio de la responsabilidad que todo gobierno tiene de proteger a su población para obligar a la Junta Militar birmana a que abra las puertas de su arrasado país a la ayuda humanitaria.

Myanmar, Birmania, ha sufrido la mayor catástrofe desde el tsunami de 2004 en el Índico. Sus gobernantes no fueron capaces de prevenir a la población del peligro del tifón , peso a ser advertidos por los servicios meteorológicos de la India. Y, ahora, ponen todo tipo de trabas a la ayuda internacional en un país destrozado con 22.000 muertos, que pueden llegar a 100.000. Miedo a abrir el país a los extranjeros, incompetencia… todo se une en una desidia criminal.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon ha pedido a los militares que abran el país a la ayuda extranjera. Los suministros comienzan a llegar, pero los extranjeros esperan en Tailandia las visas para entrar.

En esta situación Kourchner invoca «el derecho a proteger» y sugiere que el Consejo de Seguridad lo concrete en una resolución. No parece que su sugerencia vaya a tener mucha acogida.

¿Qué es la «responsabilidad de proteger»?

La «responsabilidad de proteger» -en inglés «responsability to protect» (R2P)- no es otra cosa que la concreción atemperada del «derecho de injerencia humanitaria», que muchos defendieron a la vista de los genocidios de los 90 en Rwanda y Bosnia y que, implícitamente, sirvió para justificar la intervención en Kosovo sin resolución de la ONU. No es extraño que sea Kourchner quien invoque ahora la «responsabilidad de proteger», porque él, fundador de Médicos Sin Fronteras, fue uno de los grandes defensores de ese derecho de injerencia humanitaria, crticado por otros como una nueva forma de colonialismo, una herramienta en manos de las grandes potencias para mancillar la soberanía de los débiles.

Después de Kosovo, en 2001, el gobierno canadiense estableció una comisión de la que surgió la idea. Y lo hizo dándole la vuelta al derecho de injerencia humanitaria. Si el derecho internacional y la Carta de Naciones Unidas establecen el respeto a la soberanía nacional y el derecho a la no injerencia en las cuestiones internas, esa soberanía se justifica porque los estados deben ser capaces de proteger a sus propios ciudadanos de las atrocidades, de los crímenes de guerra, de los crímenes contra la humanidad, del genocidio. Si el estado incumple esa obligación primaria básica corresponde a la entera comunidad internacional proveer de esa protección a la población en peligro y poner término, incluso con medios militares, a esos crímenes. No se trata de «intervenir», sino de «proteger». La Cumbre Mundial de la ONU de 2005 aceptó el principio -una cumbre que seguí como enviado especial y que tuvo como elemento estrella a esta «responsabilidad de proteger». El Consejo de Seguridad también lo ha apoyado, pero hasta ahora no lo ha aplicado en ningún caso.

La responsabilidad de proteger no es aplicable en el caso de catástrofes naturales

Puede verse sobre este principio el dosier especial del International Crisis Group. Lo que está claro es que el supuesto que puede desencadenar su aplicación es que una población se encuentre en grave peligro como consecuencia de una situación de guerra interna, insurgencia, represión, que el estado no quiere o no puede confrontar, bien porque sea el responsable directo o indirecto de los crímenes, bien porque sus estructuras se hallan disuelto en una situación de caos. Nada que ver con situaciones de crisis provocadas por una catástrofe natural.

Hace pocos meses se sugirió la aplicación de este principio también en Birmania, pero, en una situación muy distinta, a raíz de la represión desatada por la dictadura militar contra las protestas populares encabezadas por los monjes budistas, la «revolución azafrán» -¡cuánto nos gustan a los periodistas las revoluciones de colores!.

Fue Gareth Evans, presidente de International Crisis Group, ex ministro canadiense de exteriores y padre del principio, el que defendió muy fundadamente su aplicación en una conferencia. Evans arrancaba con la cita de un profesor chino que declaraba que si China tuvo su Tiananmen, los militares birmanos, en ejercicio de su soberanía estaban en el derecho de reprimir a sus opositores… Evans demostraba a continuación cómo justamente la soberania no podía interpretarse como un derecho absoluto de un estado sobre súbditos.

Ahora, los delegados de la ONU realizan una labor diplomática para levantar los obstáculos para la llegada de la ayuda. No es el método más rápido, pero ¿sería más rápido que el Consejo de Seguridad adoptara una resolución aplicando el principio? Porque lo que está claro es que no se trata, cómo ha llegado a sugerir el mercurial Kourchner, de que la marina o la aviación de Francia o el Reino Unido entren en el país por su cuenta.

Puede que el tifón sea el último empujón que haga caer a la odiosa junta, pero conviene dejar a la ayuda fuera de los objetivos políticos. O ¿habría que haber aplicado la responsabilidad de proteger a Estados Unidos durante el Katrina?