Violencia impersonal


Creo que todas las víctimas son iguales en dignidad y merecen todas un trato digno. Pero no todos los crímenes son iguales.

La reflexión viene a cuento a un comentario a mi entrada “No callar la voz de las víctimas de Colombia”. No es lo mismo-dice ivmhn- matar a un contrincante en una guerra que masacrar (resumo) a un pacífico ciudadano.

Lamentablemente, los medios muchas veces muestran a los más pobres como víctimas de una violencia impersonal. Es lo que ocurría en el reportaje de Informe Semana del sábado 4-10-08 “Colombia: las otras víctimas”. El reportaje mostraba la búsqueda de los restos de los masacrados por los paramilitares. Los paramilitares se presentan como un “ejército ilegal que nació para perseguir a la guerrilla”, sin mención a los que manejaban los hilos y con una simple referencia a sus relaciones con los políticos. En ningún momento se dice que estos asesinos sirvieron para despejar de campesinos las tierras que se apropiaron terratenientes y multinacionales. Se da por hecho su desmovilización, sin informar de las dificultades de la misma y de la reaparición de los paramilitares como “fuerzas emergentes” o “Águilas Negras”. Ya sé que el reportaje no era una reconstrucción del fenómeno paramilitar, pero sin su contexto, el trabajo quedaba reducido a mostrar el sufrimiento de una viuda y a la insensiblidad moral del verdugo. Imprescindible, pero insufuciente.

Obstáculos al derecho de acceso


La Coalición Pro Acceso está haciendo una gran labor en pro del derecho de acceso a la información pública, manifestación de la facultad de investigar,una de las facultades básicas del derecho fundamental a la información junto con las de difundir y recibir. Desarrollan un trabajo de “advocacy” al modo anglosajón, poco frecuente entre nosotros. Ahora hacen público su informe Cuando lo público no es público. ¿Por qué se necesita una ley de acceso a la información pública en España, del que es autora Eva Moraga.

Elinforme realiza el seguimiento de 41 solicitudes de información a las administraciones públicas. En un 78% de los casos las administraciones no entregan la información solicitada. Al hilo de estos casos, el informe confronta las concrecciones comunmente admitidas del principio de publicidad con la literalidad y aplicación del precepto español en la materia, el art. 37 de la Ley de Procedimiento Administrativo. Las conclusiones son desoladoras.

Sólo un recocimiento legislativo pleno del principio de publicidad y transparencia podría dotar a los ciudadanos de esta facultad básica del derecho a la información. Abogo porque este principio no se resuelva en una reforma de la Ley de Procedimiento Administrativo, sino en una ley orgánica que consagre el derecho en el marco establecido por el art. 20 de la Constitución y con alcance también a la información privada de interés público, en este caso con cautelas como el respeto a los derechos de la personalidad, derechos de autor y de propiedad industrial y secretos empresariales.

“Reality” electoral


Veo el debate Biden-Palin (¿debiera decir Palin-Biden?) 15 horas después. ¿Qué se puede decir a estas alturas que no esté ya dicho?.

Antes de entrar en el análisis, dos enlaces. RTVE.es ha vuelto a utilizar su navegador sobre la transcripción del debate. Ya comenté favorablemente esta herramienta con ocasión del debate Rajoy-Zapatero. El vídeo está anclado al texto de la transcripción (en español), se puede navegar por texto y vídeo sincrónicamente y hacer búsquedas sobre el texto; una herramienta potente, que nada tiene que envidiar a GAudi. BBC.news hace un tratamiento más clásico en profundidad: análisis, comentarios a los principales fragmentos, citas claves, puntuación y comprobación de hechos (comprobación de las citas factuales de los candidatos).

Mi opinión personal es que el espectáculo audiovisual de ayer es un paso más en la muerte de los debates electorales. El debate electoral es una forma de deliberación en la que los candidatos se enfrentan en un cara a cara para esclarecer y contrastar sus posiciones con las de su rival. Antes de que existiera la televisión ya había en Estados Unidos este tipo de enfrentamientos dialécticos en teatros y auditorios. La televisión los convirtió en espectáculo y puso el énfasis en los detalles que transmitían la personalidad de los candidatos. Que en el primer debate electoral  de la historia Nixon apareciera sudoroso y mal afeitado fue clave en la victoria de John Kennedy. Desde entonces, los magos audiovisuales han intentado construir la personalidad del candidato a través de su imagen. Se trataba de transmitir competencia, seguridad, fiabilidad, confianza. Pero en último término, al llegar la hora del debate, el candidato tenía que ser convincente para mostrar la justeza de sus argumentos y lo inapropiado de los del contrario. En esa esgrima dialéctica el máximo logro era pillar al adversario en un renuncio. Además de la convicción, el otro requisito básico es mantener siempre el control y no aparecer demasiado afectado emocionalmente -por ejemplo, Royal pudo perder su debate con Sarkozy cuando, iracunda, cayó en la trampa de rebatir unas críticas de su contricante a su política como ministra de educación. En función de estos criterios, los ciudadanos y, sobre todo, los analistas, dan como ganador a uno u otro candidato. Porque el debate termina por convertirse en una contienda que, como en un juego deportivo, se gana o se pierde. Tan importante como el debate es el juicio de los expertos.

Con estas reglas clásicas ha jugado Joe Biden. Sarah Biden ha preferido el terreno de juego de los “reality” y ha empleado sus trucos de presentadora de provincias. Estaba allí para hablar a los americanos, ha mirado continuamente a la cámara y no su a su contrincante, se ha permitido hasta guiñar el ojo y, con su vocecita y sus gafitas, se ha presentado como la madre con un hijo en Irak, con niños que tienen que ir al colegio, que ha pasado temporadas sin seguro médico, como alguien que, hablando al corazón de los americanos, puede terminar con la codicia de Wall Street. Es la concursante de Gran Hermano que pide a la audiencia que no la expulse del concurso. Ya no se trata de mostrarse como la persona más adecuada para servir a sus conciudadanos, sino como la más próxima, la igual a nosotros, que hará lo mismo que haríamos nosotros. Queremos líderes a nuestra imagen y semejanza y que esos líderes se nos muestren en un formato audiovisual familiar. El debate se convierte en “reality show”, donde más que la confrontación de los argumentos cuentan las emociones y la identificación. Y si no veamos algunos calificativos de un analista en BBC: cálida, fresca, segura, enérgica, agradable…

En cuanto al contenido, todo previsible. Biden defiende la necesidad de regulación y la disminución  de impuestos para la clase media y Palin la disminución de impuestos para las empresas. Por cierto, no parece que los demócratas sigan los consejos de Lakoff, porque se empeñan en jugar en el terreno del enemigo utilizando la expresión “fiscal relief”, alivio fiscal, aunque para la clase media. El autor de “No pienses en un elefante” pone justamente esta expresión como ejemplo de un marco conceptual favorable a la concepción del padre autoritario propia de los republicanos.

Debate ¿Biden vs. Palin? o ¿Palin vs. Biden?. Todos los analistas advertían que, tal como está el patio, el peor error que hubiera podido cometer el senador es aparecer prepotente frente a la inexperta gobernadora. Sería, se decía, una actitud machista- ¿es la prepotencia un defecto exclusivamente masculino?. En esta campaña uno de los candidatos es un negro (mulato) y otro una mujer y eso parece que lo cambia todo. Por mucho que Obama se haya esforzado por eliminar el factor racial su color puede ser un factor esencial. Y Palin si se ha esforzado por algo es por presentarse antes que nada como una mujer, el modelo de la superamadre conservadora. Es el triunfo delcomunistarismo sobre la ciudadanía.

Acoso a la televisión pública


UTECA, el lobby de las televisiones privadas, acusa a TVE de que casi el 40% de sus programas no son de servicio público. Y se basa en un estudio encargado a un grupo de profesores de universidades madrileñas, dirigidos por el profesor Núñez Ladeveze (pdf). La respuesta de RTVE no se ha hecho esperar: UTECA miente y falsea sus propios datos.

No vale la pena analizar los respectivos comunicados en los que cada cual interpreta los datos como más conviene a sus intereses. Enseguida comentaré el informe, pero antes creo que conviene poner este episodio, verdadera serpiente audiovisual de otoño, en su contexto, que no es otro que el del continuo acoso por la vía de la deslegitimación de la radiotelevisión públicas en España y en toda Europa. UTECA, como el resto de sus colegas europeos, quisieran reducir el servicio público a una presencia testimonial en la audiencia y por eso interpreta el servicio público como limitado a una programación cultural poco atractiva. No es esa la realidad en Europa, donde todos los servicios compiten con las televisiones privadas. Y es que, desde el protocolo adicional al Tratado de Amsterdam (BOE 7-5-99), documentos) son los Estados los que definen las funciones que comprende el servicio público y pueden financiar esas funciones “siempre que no afecte al comercio y la competencia en un grado que sea contrario al interés común”. El reto de los servicios públicos reside en mantener audiencias masivas (no necesariamente ser líder en todas las franjas horarias), diferenciando susproductos de sus competidores comerciales, como ya indiqué en una entrada anterior, al comentar el libro From Public Service Broadcasting to Public Service Media. El caso español sigue siendo anómalo, porque la financiación mixta, consagrada en la Ley 17/2006, tiene una composición casi al 50% (presupuesto 2008), con una presencia de la publicidad muy superior a la de países como Francia o Italia. En estas condiciones, parece un logro que el 63,7% de los programas emitidos por La Una y La Dos tengan un elevado grado de cumplimiento del servicio público, pues tal es la principal conclusión del informe en cuestión. Además, no debe olvidarse que RTVE desarrolla su función de servicio público de una forma todavía más nítida a través de 5 cadenas de radio y 6 canales de televisión, que se suman a las dos cadenas generalistas que con su publicidad financian a la Corporación.

Análisis del informe

El informe ha sido encargado por UTECA y ha analizado la programación de las dos cadenas desde 2005. Que sea un encargo no le resta mérito. Una cosa es el informe y otra la interpretación de UTECA. La metodología desarrollada ha consistido en establecer un Índice de Servicio Público, mediante el agregado de una serie de variables, según el siguiente cuadro:

De todos estos indicadores, los que resultan más relevantes son el género y la adecuación de los contenidos a la hora de protección infantil. Los géneros han sido tomados de la base de datos de Barlovento Comunicación y a cada uno se le ha asignado un valor, por ejemplo, 5 a la información, 2 a los espacios del corazón. Todos estos factores son de carácter objetivo, menos el de creatividad. Todos los factores me parecen relevantes para la misión de servicio público, pero no está tan claro su distinto valor y, sobre todo, la ausencia de otros relevantes, como por ejemplo el servicio a la cohesión territorial. Creo que esta investigación marca un camino para intentar construir un índice de servicio público a partir de las misiones definidas en la Ley 17/2006 y, sobre todo, del Mandato Marco, que concreta para el periodo de 9 años esa misión. Precisamente, la construcción de un índice fiable, aceptado por todos, puede ser un factor de legitimidad del servicio público. Un reto para los investigadores…

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