Genocidio y colonización israelí


Una niña con síntomas evidentes de desnutrición. El hambre es uno de los medios del genocidio, como lo fuera en los campos nazis de exterminio. Fuente Naciones Unidas

Vaya por delante que tengo una gran admiración por la cultura judía.

La gran aportación de la cultura judía a la civilización occidental

La novela de León Uris «Mila 18» fue mi primer contacto con la cultura moderna judía, más allá de la tradicional de la biblia que empapa la cultura cristiana.

En la novela ya estaba el culto a la memoria (en las peores condiciones del gueto de Varsovia se preserva un libro que relata las experiencias vividas), la capacidad de resistencia y la solidaridad. Luego, me impresionó la película «Exodus«, que da una visión idealizada y de parte del nacimiento del Estado de Israel, sin mención a la Nakba.

Disfruté también con «El violinista en el tejado«, que muestra la vida de los asentamientos judíos tradicionales en la Europa central y oriental en la tensión entre la tradición y la asunción de la modernidad, que marca la historia judía del los últimos 100 años.

En Bosnia, una organización humanitaria sefardí la «Benevolencia» hizo un gran trabajo de ayuda a todas las comunidades. Esa expresión de la empatía y solidaridad con el otro forma parte de la cultura judía. Pero también, la expresión cruel de un Yahvé, exterminador de los enemigos de su pueblo. Después de los ataques de Hamas del 23 de octubre de 2023, los palestinos se han convertido en los amalaquitas, los enemigos eternos de Israel, cuyo exterminio es ley divina.

En el cementerio de la sinagoga de Praga percibo una conexión especial, como en la Santa María la Blanca de Toledo. En Austwitch siento que piso terreno santo.

El judaísmo junto a la cultura musulmana fue decisivo ni sobre en la construcción de España (véase la polémica Sánchez Albornoz-Américo Castro).

Científicos y pensadores judíos laicos (pero imbuidos por su tradición) han modelado el mundo moderno.

Pero en esta entrada se trata de conectar el genocidio de Gaza con el colonialismo imperialista.

El Estado de Israel y el colonialismo imperialista

El sionismo fue fundado en la Europa central de finales del XIX. Uno de sus grandes teóricos es Theodor Herzl. El movimiento sostenía que los judíos no eran un grupo religioso, sino nacional y como otros grupos nacionales tenían derecho a la autodeterminación. El caso Dreyfus y los pogroms en Rusia y Europa oriental favorecen este sentimiento.

A diferencia de otros nacionalismos, el sionismo carecía de una base territorial para autodeterminarse; en su lugar proponía la emigración a la Tierra de Israel (la bíblica Erez Israel), primero bajo soberanía otomana y luego dominio británico.

En esa época el colonialismo de ocupación es una constante de la política europea. Con Leopoldo de Bélgica ocupando el Congo y desarrollando un genocidio del que el país no se ha recuperado. El imperio alemán ocupa Namibia y extermina a las tribus originarias. Siempre pretextando un esfuerzo en favor de la civilización europea y cristiana. Aunque el régimen del apartheid no es legal en Sudáfrica hasta 1948, el mismo año del nacimiento del estado de Israel, el sionismo y el apartheid se basan en los mismos principio del colonialismo supremacista de ocupación.

En este contexto de colonialismo de ocupación se produce la emigración judía a Palestina, despreciando a las poblaciones que vivían allí desde hacía siglos, en una mezcla de razas y religiones en una convivencia razonablemente buena.

Un elemento esencial en este proceso de construcción del Estado de Israel es la «Declaración Balfour» de 1917 (aquí el texto literal). El secretario de Estado británico Lord Balfour dirige un telegrama al barón Rothschild, líder sionista en en el Reino Unido, en el que expresa el apoyo del gobierno británico al establecimiento de un hogar nacional judío en Palestina (embrión del Estado de Israel) respetando los derechos civiles y religiosos de la población existente -nada se dice de sus derechos políticos.

La declaración Balfour se incorporó al tratado de Sêvres, que estableció el mandato británico en Palestina. Ese hogar nacional judío era un enclave occidental para proteger las rutas imperiales a la India.

Con el tiempo, los británicos tuvieron que hacer frente a dos nacionalismos, el judío (con actos terroristas tan graves como la voladura del hotel King David) y árabe (revuelta árabe). De modo que Palestina bajo mandato británico era un territorio sin descolonizar, donde la potencia ocupante favorecía la emigración y establecimiento de una población externa en perjuicio de la originaria.

En 1948, la cuestión llega a la ONU, que presenta un plan para dividir el territorio del mandato entre dos estados, uno judío (55% del territorio para los judíos, que eran el 33% de la población y poseían el 6% de la tierra) y otro árabe(45% del territorio). Sobre esta base, el 15 de mayo de 1948 la Asamblea General de la ONU aprueba la independencia del Estado de Israel (con el apoyo de la URSS y los países de su órbita).

Sin duda, en la resolución pesó la necesidad de compensar moralmente a las víctimas del genocidio nazi y encontrar un asentamiento a los cientos de miles que vagaban por Europa después de la liberación de los campos de exterminio. La mala conciencia por el Holocausto explica el cerrado apoyo de Alemania al Estado judío. En el caso de EEUU, es un apoyo más pragmático: Israel es el gendarme de Washington en la zona y sin el apoyo de la comunidad judeo-estadounidense no se pueden ganar unas elecciones presidenciales.

En 1948, los países árabes no aceptan la situación e invaden la zona atribuida a Israel en una campaña caótica. Las milicias judías y su embrión de ejército derrotan a un enemigo sobre el papel muy superior. En este contexto las milicias judías desarrollan una campaña terrorista contra localidades árabes, la población huye y los palestinos se convierten en refugiados en Gaza y en los países vecinos. Es lo que los palestinos llaman la Najba (la catástrofe).

La línea dominante de los historiadores israelíes ha negado la Najba, pero en los últimos años hay una corriente revisionista que reconoce que el propio Ben Gurion dio órdenes de expulsar a los palestinos.

Una vez independiente el Estado de Israel, las élites judías laicas europeas (askenacis) aportan la clase dirigente y la ideología socialista, que se concretará en el movimiento de los kibutzs, explotaciones agrícolas colectivas – Amos Oz (en su autobiografía «Una Historia de Amor y Oscuridad» narra los primeros años de Israel y cuenta como su integración en un kibutz fue para él es una forma de liberación hasta que el ambiente le resulta opresivo y se marcha.

La mano de obra la ponen los judíos religiosos huidos del genocidio nazi y los llegados de países del este de Europa, árabes y mediterráneos (sefardíes) sucesores de los judíos expulsados de España en el s. XV. Puesto que la identidad judía se define de forma matrilineal, remontándose varias generaciones; es posible considerar judíos a amplios grupos de población del este de Europa, la URSS y del Mediterráneo y hasta de África (los falashs de Etiopía, descendientes de una supuesta tribu perdida de Israel). Se produce así una inmigración constante, que requiere de nuevas tierras, que son arrebatadas a los palestinos

En la Guerra de los Seis Días Israel ocupa Cisjordania, Gaza y Jerusalén oriental. Son numerosas la resoluciones de la ONU ordenando la devolución de los territorios ocupados. La más importante la resolución 242.

Los palestinos responden con distintos movimientos de resistencia, el más importante la Organización de Liberación de Palestina (OLP), un paraguas de grupos de resistencia laicos e izquierdistas, capitaneado spor Al Fatah, liderado por Yaser Arafat. Hay indicios muy serios de que Israel favoreció el nacimiento y desarrollo del movimiento islamista Hamas para debilitar a la OLP.

Después de la Intifada de las piedras, en 1993 se llega a los acuerdos de paz de Oslo, bajo el principio PAZ POR TERRITORIOS, que divide el territorio en un rompecabezas, con distintas administraciones, la mayor parte bajo administración militar israelí. Se creó una Autoridad Nacional Palestina, con poca legitimidad desde la muerte de Arafat.

Resulta imposible resumir la historia desde 1993. Pero, en el caso de Gaza, el utraderechista Sharon decide en 2004 desmontar los asentamientos judíos, al considerar que son indefendibles. Entonces aísla la Franja del resto de Palestina. Puede decirse metafóricamente que la convierte en la mayor cárcel a cielo abierto del mundo y tira las llaves al mar; y cada vez que algún gazatíe lleva a cabo un atentado en territorio israelí. el ejército judío lanza una operación de castigo con alto número de bajas y destrucción hasta llegar al presente genocidio.

En una de estas operaciones de castigo murió el hijo del escritor David Grossman, que narra esa experiencia dolorosisima en «La vida entera».,que junto con la autobiografía de Amos Oz permite entender en un arco temporal el desarrollo del Estado de Israel.

Cómo opera la colonización israelí sobre el territorio

Habiendo abandonado Gaza, la colonización se desarrolla sobre Cisjordania.

Los territorios que los acuerdos de Oslo pusieron bajo administración de la Autoridad Palestina están rodeadas de altos muros, que impiden la comunicación entre las ciudades palestinas de Cisjordania. Además existen grandes colonias judías, con sus propias carreteras, vedadas a los palestinos. Para los palestinos moverse para visitar a un familiar o ir a un hospital es una lotería que depende del humor del soldado que se encuentre en el puesto de control, un sistema que reproduce el apartheid de Sudáfrica.

Luego está la creación de nuevas colonias. Primero un grupo de colonos religiosos radicales se asientan sobre tierras palestinas con construcciones precarias, por ejemplo caravanas, en lo que llaman un outpost. Entonces empieza el hostigamiento a los palestinos, por ejemplo arrancando sus olivos o impidiendo que su ganado paste. Ante la resistencia palestina, la policía o el ejército israelí da protección a los colonos que desarrollan sus asentamiento, se construyen carreteras exclusivas para estos asentamientos. Finalmente, el gobierno aprueba que ese pequeño asentamiento se convierta en una ciudad con centenares o miles de nuevas viviendas a precios asequibles, lo que favorece el establecimiento de jóvenes familias.

Mientras se desarrolla el genocidio en Gaza Israel lleva a cabo en Cisjordania una campaña de asesinatos y destrucción de poblaciones, una verdadera limpieza étnica, que hace todavía más difícil la solución de los dos estados. Aquí la crítica de Shlomo Ben Ami al plan de Trump a un supuesto reparto de la tierra entre el Estado de Israel y el establecimiento de un falso estado palestino.

La inviabilidad de los dos estados. Por un estado laico y democrático

Por todo ello, la solución de dos estados es cada vez más difícil porque los territorios palestinos carecen de continuidad. Parece una utopía desmontar todas esas grandes colonias judías donde viven miles de personas.

La solución, otra gran utopía, sería un estado único laico y democrático. Requiere una reconciliación entre las dos comunidades y un compromiso constitucional favorecido por la presión internacional e inversiones para la reconstrucción humana de Gaza, nada de Trump resorts. Pero lamentablemente el odio acumulado no parece que esta solución sea viable al menos en una generación.

Como en Sudáfrica harían falta dos dirigente valientes (como Mandela y de Klerk) que explicaran a sus comunidades que solo se puede lograr la paz mediante la reconciliación y levantando el sistema de apartheid y que los palestinos dieran garantías de seguridad a los israelíes. Del lado palestino ese dirigente puede ser Marwán Barghuti, que lleva en las cárceles israelíes media vida. No se ve nadie del lado israelí (Simon Perez fue asesinado por un colono radical por firmar los acuerdos de Oslo, muy favorables a Israel).

La población israelí ha apoyado mayoritariamente el genocidio de Gaza, aunque puedan estar contra Netanyahu. No obstante, también crece cada vez más un movimiento todavía minoritario que como en este artículo de Iris Leal que sostiene que hay que «detener a Israel» (vale la pena leerlo).

RECTIFIICACIÓN

El dirigente israelí que firmó los acuerdos de paz de Oslo fue el derechista Yiztzak Rabin, del Likutz, no el socialista Simon Peres. La ultraderecha consideró a Rabin un traidor, por eso fue asesinado por un colono radical durante un mitin electoral. La plaza donde fue asesinado lleva hoy su nombre y es donde se celebran las manifestaciones contra Netanyahu.

Judíos España

https://elpais.com/diario/1985/05/03/cultura/483919201_850215.html?event_log=regonetap

Sionismo

https://es.wikipedia.org/wiki/Sionismo#Tipos_de_sionismo

Fundación

https://es.wikipedia.org/wiki/Israel#:~:text=El%2014%20de%20mayo%20de%201948%2C%20horas%20antes%20de%20que,legal%20de%20nuevos%20jud%C3%ADos%20a

Amos Oz

Una historia de amor y oscuridad

Una_historia_de_amor_y_oscuridad

Una_historia_de_amor_y_oscuridad

https://es.wikipedia.org/wiki/Una_historia_de_amor_y_oscuridad

David Grossman

La vida entera

https://letraslibres.com/libros/la-vida-entera-de-david-grossman/

La banalidad del mal,hoy


Cuando vi esta foto publicada en El País sentí que era necesaria una reflexión sobre la banalidad del mal.

Ya he reflexionado aquí sobre la degeneración civilizatoria de los últimos años: si en 1945 se dijo «Nunca más», ahora se repiten los crímenes y el odio que pensábamos superados.

¿Cómo es posible que los nietos de aquellos que estuvieron a punto de ser exterminados estén desarrollando el genocidio del pueblo palestino y anuncien ahora una «cuidad humanitaria», en la que los palestinos serán «voluntariamente» confinados, un «gueto«, que como los nazis del este de Europa parece el anticipo de los campos de exterminio?

Y causen tanto daño como para truncar la vida y la ilusiones de esta muchacha, en nombre de su seguridad y la lucha contra el terrorismo, cuando lo que hacen es exterminar a un pueblo para construir un «estado hebreo puro» sobre la «tierra santa» que les entregó Yahvé .

La UE, la Europa de los valores. ante el genocidio, ni siquiera se pone de acuerdo en denunciar el acuerdo de asociación con Israel, que exige el respeto a los derechos humanos.

¿Cómo es posible que en la civilizada Europa se cace al inmigrante que huye de la persecución y solo quiere una vida mejor y pone a flote nuestra prosperidad? Además de malvada se trata de una conducta estúpida. Sin ellos nuestras economías colapsarían; pero con papeles o sin ellos, son seres humanos con derechos inalienables. Y ahora de los discursos de odio estamos pasando a la violencia física. Y muchos medios convierten en espectáculo esa violencia.

Es sabido que la filósofa Hannah Arent construyó su concepto de banalidad del mal después de seguir para The New Yoker el juicio en Jerusalén contra el criminal nazi Adolf Eichman. Secuestrado por el Mosad en Argentina, el juicio tuvo una enorme resonancia. Arendt no ve en el él un malvado demoniaco, sino un tipo vulgar, sin conciencia del mal causado y solo orgulloso de haber cumplido las normas; un tipo «banal» que ha cometido los mayores crímenes porque había renunciado a cualquier forma de pensamiento crítico.

Esta idea enlaza con sus ideas de cómo una sociedad democrática puede convertirse en una sociedad autoritaria a través de la mentira. El que miente muchas veces no busca que creamos su mentira (Trump diciendo que los inmigrantes se comían las mascotas en Springfield ) sino que no creamos en nada. Hace un siglo, Arendt describió técnicas semejantes a la saturación de mierda de la extrema derecha en las redes sociales. En este gif de Instagram están resumidas sus ideas (aquí tres capturas)

9.

Sin pensamiento crítico, cualquiera puede ser ejecutor del mal. Para colmo, la adicción a las pantallas. sobre todo entre los más jóvenes, hace muy difícil la concentración y el desarrollo de cualquier idea. Además, en nuestro cerebro operan múltiples sesgos cognitivos, condicionados por la clase social y la tradición. Estos prejuicios son la ventanas por las que se cuela el pensamiento acrítico, las mentiras, las medias verdades, la desinformación.

En un telediario vi los alegatos finales de un juicio por violación y asesinato. El defensor alegaba el carácter psicótico de su defendido; la fiscal contestó contundentemente: «el mal existe». El problema del mal ha sido central en la teología cristiana. No puedo admitir que exista un mal, manifestación de una realidad diabólica ; aunque algunos criminales así puedan reivindicarlo (por ejemplo, la familia Mason). Creo que la raíces del mal están en la estupidez, el narcisismo, el egoísmo, la animal pulsión territorial, el miedo. En Trump se suman el egoísmo y el narcisismo. En el racismo, la pulsión territorial, el miedo al diferente.

Es difícil luchar contra la presente banalidad del mal. Lo más sencillo es no difundir informaciones sin contrastar en las redes sociales y evitar actitudes sectarias. Apoyar campañas en favor de los derechos humanos, como la que pide el nobel de la paz para Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los derechos humanos en Palestina(quí el enlace para firmar la petición). Es improbable que salga adelante porque Israel vetará la iniciativa. Y quien pueda que genere contenidos en favor de los principios del Estado Social y Democrático de Derecho. No dejemos que las ONGs mueran por falta de fondos o voluntarios.

No nos dejemos vencer por el mal banal, pensando que es menos dañino.

Regreso al pasado


Judíos de Centroeuropa deportados «voluntariamente» por los nazis. Fuente Yad Vashem.

Bajo el título «regreso al pasado» hoy pensaba hablar de un tema nacional, la escasez de vivienda hoy como ya ocurriera después de la guerra y la miseria que llevaban consigo las viviendas hacinadas, que denunció Buero Vallejo en su obra «Historia de una escalera», estos días puesta en escena en el Teatro Español, el escenario en que se estrenó en 1949. Pero, la propuesta de Trump de vaciar «voluntariamente» Gaza para convertirla en la Riviera de Oriente Próximo, me ha traído a la memoria otro plan disparatado, el llamado Plan Madagascar

El Plan Madagascar fue una de tantas fantasías nazis. La sección de asuntos judíos del Ministerio de Exteriores pensó que entre las condiciones impuestas a Francia en la capitulación podría estar la entrega de la isla del Índico para reasentar allí a los judíos centroeuropeos, que dadas las condiciones naturales de la isla supondría su exterminio. El bloqueo naval británico hizo inviable tal plan y en su lugar se puso en marcha el plan genocida de la Solución Final. Era más fácil y económico crear guetos en los países ocupados y engañar a los concentrados ofreciéndoles el traslado en tren a supuestos «campos de trabajo», prometiendo mejores condiciones; en realidad, el destino final eran «campos de exterminio» a escala industrial.

Trump no pretende mandar a los palestinos a campos de exterminio, sino proseguir su destrucción como pueblo, que ya empezó con la Nakba en 1947-48, cuando los militares judíos expulsaron de sus hogares a 700.000 palestinos, que tuvieron que huir a los países vecinos. Lo que Trump propone es la reedición de la Nakba (muchos de los gazatíes son descendientes de refugiados que tuvieron que huir de lo que hoy es el norte de Israel). Esos refugiados palestinos siempre fueron un estado dentro de los países de acogida, desde los que lanzaban ataques contra Israel. Tanto Jordania, como Líbano se vieron desestabilizados por esta situación.

No es raro que ningún país árabe quiera apoyar la fantasiosa propuesta de Trump. Aunque la «calle árabe» ya no es lo que era, las protestas y la desestabilización estarían aseguradas.

El plan es una apuesta inmobiliaria, en el estilo de Trump, una provocación para «enmarcar» el relato de un proceso de negociación y que se puede retirar cuando haya conseguido determinados efectos. En este caso creo que trata de dinamitar el proceso de paz en Gaza y dejar manos libres a Israel para que siga con su limpieza étnica en Cisjordania. Si su plan no es aceptado, tanto Trump como Netanyahu dirán que con los terroristas palestinos, a los que se les ha ofrecido un futuro radiante no se puede negociar y solo cabe exterminarlos, nada de dos Estados.

Israel no tiene un derecho de autodefensa


Cuerpos recuperados en el hospital Al Shifa, enterrados en una fosa común más al sur, en Khan Younis, este 22 de noviembre. MOHAMMED DAHMAN / AP

Todo el mundo parte de reconocer a Israel el derecho de autodefensa ante el cruel ataque terrorista de Hamas, aunque a continuación se solicite que la respuesta respete el derecho humanitario.

Ese derecho de autodefensa está consagrado en la Carta de la ONU (art . 51) como la respuesta legítima contra el ataque armado de otro Estado y que tendrá vigencia hasta que el Consejo de Seguridad adopte las medidas necesarias para detener la agresión.

Israel no ha sufrido el ataque de otro estado, sino un ataque terrorista, al que responde con acciones bélicas de grandes dimensiones contra una población de un territorio ocupado, a la que, de acuerdo con la Convención de Ginebra está obligado a proteger.

Israel conquistó Gaza a Egipto en la Guerra de los Seis Días y desde 1967 es la potencia ocupante, sin perjuicio de que en 2006 retirara sus tropas y colonos, pero manteniendo el control sobre el territorio y, por tanto, es responsable de la protección de la población.

Contra el terrorismo no se lucha bombardeando población civil. El Estado español no bombardeó San Sebastián, Errenteria o Mondragón para acabar con ETA, ni el Reino Unido los barrios republicanos de Derry o Falls Roads (Belfast), aunque ambos estados incurrieron en distintas práctica de guerra sucia, que enconaron más los conflictos.

A los criminales y crueles atentados de Al Qaeda, EEUU respondió con sus invasiones a Afganistán e Irak y la llamada War on Terror en la que se vulneraron sistemáticamente los derechos humanos (Guantánamo, Abu Grhaib), Todo ello trajo la emergencia del Estado Islámico. Barbarie genera barbarie. Los jóvenes terroristas que atacaron Israel el 7 de octubre habrán, sin duda, víctimas de varias operaciones militares isrelíes contra la Franja desarrolladas a sangre y fuego en los último 20 años.

Indigna que el gobierno israelí considere que cuando un mandatario extranjero (Pedro Sánchez) declara que la matanza indiscriminada de civiles es inaceptable, está apoyando al terrorismo.

Crímenes en Ucrania y Palestina


La aviación israelí bombardea la ciudad de Gaza, uno de los territorios con mayor densidad de población del mundo, donde prácticamente es imposible diferenciar objetivos civiles y militares.

El David palestino (en este caso, los papeles se trastocan) ha herido en la frente al Goliat israelí no con una piedra, sino con una oleada de ataques por sorpresa contra militares y población civil, de enorme crueldad y características terroristas. Pero el Goliat israelí, lejos de quedar herido de muerte tiene capacidad, como Sansón, de sacudir con sus bombardeos las columnas del templo de Gaza, que amenaza con convertirse en un el cementerio de miles de civiles palestinos.

¡Qué difícil es enjuiciar la barbarie humana, cuando todo se ve con ojos sectarios! Por muchos que hayan sido los crímenes de Israel no está justificada la acción de Hamás contra los civiles, como los crimines de Estados Unidos, desde Hiroshima y Nagasaki a Chile no justifican los atentados del 11-S.

Sin pretender ser equidistante y poniendo por delante que las acciones de Hamas son gravísimas violaciones de los derechos humanos, que no merecen sino la más rotunda condena, como estos días he leído reiteradamente que hay una vara de medir distinta con los conflictos de Ucrania y Palestina, voy a intentar comparar los crímenes que ambos contextos se producen a la luz del derecho internacional humanitario.

El derecho internacional humanitario está codificado en los Convenios de Ginebra, que intentan proteger a los contendientes que ya no pueden combatir (heridos, prisioneros) y a la población civil, tanto e los conflictos internacionales, como en los internos.

Los crímenes contra el derecho humanitario son crímenes de guerra (por ejemplo, maltratar a los prisioneros). Un nivel mayor de gravedad son los crímenes de lesa humanidad: «cometidos como parte de un ataque general o sistemático contra civiles en tiempo de paz o de guerra, que incluyen tortura, desaparición forzada, homicidio, esclavización, deportación y actos de violencia sexual y de género, incluida la violación».

El genocidio es el exterminio sistemático de un grupo humano por razón de etnia, religión, política o nacionalidad.

La jurisdicción competente para juzgar todos estos delitos es el Tribunal Penal Internacional, con sede en La Haya, y creado por el Estatuto de Roma de 1998. Para que su jurisdicción sea efectiva tiene que ser previamente aceptada por los Estados, Ni Rusia, ni Estados Unidos, ni Israel son parte del tratado. Ucrania tiene una oficina de cooperación desde 2003 y Palestina no es un Estado (lo cual no quiere decir que los grupos irregulares no puedan ser juzgados, como ha ocurrido en el caso de varios países africanos.

El crimen original y punto de partida de los conflictos

El caso de Ucrania es más claro. El punto de partida está en el delito de agresión (tipificado en el Estatuto de Roma del TPI) con la anexión por parte de Rusia de Crimea y parte del Donbás en 2014, culminada con la invasión total de 2022. Esta agresión está justificada por Rusia en una supuesta amenaza de la OTAN, pero en realidad lo que intenta es mantener un área de influencia rusa en el mundo post soviético.

Más complejo es el caso del conflicto entre Israel y Palestina. Israel nace en 1948 de una decisión de la Asamblea General de la ONU, apoyada por cuatro de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad (EE,UU, URSS, Reino Unido y Francia). Se trata como un asunto de descolonización, sin consultar ni tener en cuenta a la población palestina.

Los estados árabes vecinos lanzan un guerra contra el naciente estado (guerra de independencia para los israelíes), contienda en el que el ejército israelí se impone y -como han demostrado los propios historiadores israelíes- lleva a cabo acciones de limpieza étnica. Un millón de palestinos fueron expulsados o huyeron de sus hogares y se convirtieron en refugiados. El 80% de la población de Gaza son refugiados o descendientes de refugiados del 48. Para los palestinos es la Catástrofe, la Nakba

En la guerra de los Seis Días Israel conquistó a Egipto Gaza. a Jordania, Cisjordania y Jerusalén este y a Siria los Altos del Golán. Empieza la ocupación de los territorios donde reside la mayor parte de la población palestina y sobre estos territorios van asentando cada vez más población judía , en un agresivo proceso de colonización. prohibido por las leyes internacionales.

Israel nunca ha reconocido derechos a la población de los territorios ocupados y a las respuestas palestinas (la lucha guerrillera, la intifada de las piedras, los atentados suicidas, la intifada de los cuchillos) Israel ha reaccionado con enorme fuerza punitiva.

Los acuerdos de Oslo y la creación de Autoridad Autónoma Palestina tenían el horizonte de establecer dos estados en 1999. Pero la colonización israelí y medidas de seguridad, como el muro que divide Cisjordania lo hacen inviable. En el caso de Gaza, Israel considera que la ocupación es demasiado onerosa y evacua a sus tropas en 2006, desmontando previamente las colonias ilegalmente establecidos en el territorio. La Franja de 50 x 11 kms., donde viven 2 millones de palestinos, queda aislada del resto del mundo y se convierte desde 2007, después de que en 2006 ganara las elecciones el movimiento islamista Hamás y expulsara a los laicos de Fatah. en la mayor cárcel a cielo abierto del mundo (rodeada de una valla en teoría inexpugnable y solo con dos pasos de comunicación con Israel y uno con Egipto, que se abren con cuentagotas).

Resumiendo, el crimen original israelí reside en una ocupación y colonización que viola las resoluciones de la ONU, el derecho internacional y los derechos básicos de un pueblo sometido a todo tipo de crueldades y humillaciones, con desprecio absoluto de la condición de los civiles (Teresa Aranguren resume aquí esta historia). Piénsese que si un joven palestino comete un atentado, su casa (donde suelen convivir familias extensas) es inmediatamente demolida por el ejército israelí. Todo eso va amasando un explosivo sentimiento de odio, al que el islamismo da forma y justificación.

Crimines de lesa humanidad

El ataque sistemático a la población civil y a sus infraestructuras puede calificarse como crimen de lesa humanidad.

Rusia bombardea sistemáticamente las infraestructuras y las ciudades ucranianas, ocasionando un importante número de víctimas civiles. Pero en Ucrania, la población puede desplazarse. En Gaza, el territorio con más densidad de población del mundo no hay a donde huir. Los pasos a Israel y a Egipto están cerrados y la única protección la ofrece la bandera de la ONU en hospitales y escuelas. Como en anteriores campañas, los testimonios muestran que Israel no está respetando estos «santuarios».

No solo los bombardeos. Israel ha cortado los suministros de agua, electricidad y alimentos. El ministro de Defensa ha dicho que es la manera de tratar con «animales humanos». Por el momento, no parece que Israel esté dispuesto a aceptar corredores humanitarios y ha ordenado una imposible evacuación del norte de la Franja, mientras siguen los bombardeos, utilizando incluso bombas incendiarias de fósforo.

Crimines de guerra

El asesinato , encarcelamiento y tortura de civiles se encuadra entre los crimines de guerra.

En Ucrania, quedó bien acreditada que en la matanza de Bucha, el ejército ruso cometió crimines de guerra.

Hamas con su ataque a civiles (en el festival musical y en el ataque a kibutzs) con asesinatos y toma de rehenes civiles ha cometido crimines de guerra.

Durante todo 2023 el ejército israelí ha cometido crimines de guerra contra la población civil en sus incursiones en Cisjordania y protegiendo los desmanes de los colonos.

Genocidio

El crimen de genocidio puede englobar crimines de guerra, de lesa humanidad y otros, pero lo distintivo es la finalidad de exterminar a un grupo humano por razones de etnia, religión, nacionalidad o políticas. Por eso es tan difícil de probar porque habría que demostrar la intencionalidad de las autoridades que dan las órdenes persecutorias.

En el caso de Ucrania, el TPI ha encausado a Putin y una funcionaria rusa por el traslado forzoso de niños ucranianos a Rusia y su rusificación. Para el Consejo de Europa, esto presenta indicios de genocidio.

En el caso de Israel, un indicio de genocidio reside en las declaraciones de su ministro de Defensa, en las que al tiempo que anuncia el corte de los suministros básicos a la Franja, califica a los miembros de Hamás de «animales humanos» ¿cómo distinguir entre militantes y civiles ante esa amenaza de exterminio generalizado?

El hecho fundacional del estado de Israel es el genocidio nazi contra el pueblo judío, elevado a categoría religiosa como Soah, o sacrificio.

En las declaraciones de los responsables políticos y militares israelíes parecen resonar las palabras de venganza del profeta Amós (9:1-10):

«Después de eso vi a Dios. Estaba de pie, junto al altar, y me dijo: «Golpea la parte alta de las columnas del templo, para que el templo se derrumbe y caiga sobre la gente. ¡Nadie escapará con vida! Pero si alguno logra escapar, morirá en el campo de batalla»

La hibris de Putin y de la sociedad israelí

Siendo tan distintas ambas situaciones tanto en la guerra de Ucrania, como en el conflicto palestino, la hibris, la soberbia que ciega a los poderosos se encuentra en su origen.

Putin se creyó su propia propaganda. Pensó que con su indudable superioridad militar conquistaría Kiev en una semana y los ucranianos se reintegrarían felices en la «madre Rusia» y el resto del mundo asentiría dócilmente ante su poder nuclear. No contó con la resistencia ucraniana, ni con la unidad de la OTAN y la UE.

En Israel, hace mucho que se renunció a transitar por cualquier vía de negociación de paz. Se vivía en una falsa burbuja de seguridad, asumiendo que se podía mantener a los palestinos en un apartheid criminal, sin derechos, ni tierra, ni esperanza, pagando de tarde en tarde el precio de un atentado suicida aislado.

El periodista Gideon Levy lo explica en este artículo de denuncia en Haaretz:

«Dispararemos a inocentes, les arrancaremos los ojos y les destrozaremos la cara, los expulsaremos, expropiaremos, robaremos, los secuestraremos de sus camas, los someteremos a limpieza étnica y, por supuesto, continuaremos con el increíble asedio a Gaza. Y supondremos que todo seguirá como si nada».

Para terminar dejo este documental «The Gatekeepers» (subtitulado en español) con antiguos jefes de los servicios secretos, interior y exterior, en el que advierten que no puede haber seguridad mientras no haya una solución al conflicto, que no puede haber paz solo por la imposición de la fuerza frente al otro.

Las otras guerras


Bombardeo saudí sobre una ciudad de Yemen, una de la más terribles guerras olvidadas

Tenemos toda nuestra atención puesta en la guerra de Ucrania y mientras se desarrollan docenas de conflictos devastadores para pueblos enteros. Son las guerra olvidadas o, como las llaman En lo Que Somos, las guerras no televisadas.

Hay muchas razones para que esa guerras no se conozca o se olviden.

Ocurren en otros continentes, son a menudo luchas entre facciones de culturas que nos son desconocidas, son muy complejas, afectan poco a nuestros intereses más directos o es difícil informar sobre ellas, en algunos casos porque los periodistas, ya no es solo que corran riesgos por estar en en el campo de batalla, sino que directamente se convierten en objetivo de los contendientes, como ocurrió en Siria, donde los periodistas fueron secuestrados y degollados ante las cámaras por la distintas facciones islamistas. En cualquier caso, este olvido, es una de las causa de que estas guerras se prolonguen.

La mayor parte de estos conflictos se dan en el sur empobrecido; son guerras inciviles en las que luchan facciones, a menudo sin motivos propiamente políticos, más allá de controlar y explotar un territorio y suelen cursar con graves violaciones de los derechos y/o hambrunas. A menudo el origen se encuentra en los procesos de descolonización o en la intervención de las potencias occidentales, como en Libia. Una vez en marcha, una intervención para detenerla puede traer todavía peores consecuencias, desacreditando la responsabilidad de proteger, doctrina que autoriza la intervención para detener graves violaciones de los derechos humanos. No ha sido raro el caso de que un fuerza pacificadora de la ONU haya terminado por convertirse en un contendiente más, como en en el Congo.

Muchos de estos países solo pueden librarse la hambruna con los programas de alimentos de la ONU, que ahora tienen serias dificultades para suministrarse de grano, por el alza de los precios, consecuencia de la guerra de Ucrania, así que el riesgo de hambruna en todo el Cuerno de África es extremo. Casi todas dan lugar a oleadas de refugiados, de los cuales la mayor parte se quedan en los países vecinos, solo un pequeña parte llega a EUropa, que los acoge con cicatería, cuando no con hostilidad, sin considerar que huyen de guerras y genocidios, de mucha mayor gravedad que Ucrania.

Lo que sigue no es un relación no exhaustiva. (Aquí el resumen de la BBC de los 6 principales)

Etiopía

La guerra de Etiopía empezó hace 16 meses, como una «operación policial» para impedir que se celebraran elecciones en la región norteña de Tigray, sin la autorización del gobierno de Adis Abeba.

Fue en septiembre de 2020, en un clima de guerra étnica entre los ahmara (mayoritarios) y los oromo (minoritarios). Lo que comenzó como un conflicto étnico se ha convertido en una guerra regional.

El primer ministro Abiy Ahmed Ali (premio Nobel de la Paz 2019 por poner fin a la guerra con Eritrea) prohibió las elecciones en la provincia, con veleidades separatistas, del TIgray. Todo indica que Eritrea está interviniendo en la guerra a favor de Adis Abeba. Amnistía Internacional denuncia graves violaciones de los derechos humanos por ambas partes. Según Washington, 900.000 personas han muerto de hambre en estos 16 meses. Las últimas semanas los combates se han detenido, pero la situación humanitaria sigue siendo gravísima,

Yemen

Es uno de los conflictos que tiene su origen en el fracaso de las primaveras árabes. Y hasta que estallara la guerra de Etiopía era la peor crisis humanitaria del planeta, con 5 millones de personas al borde de la hambruna.

La revolución obligó al autócrata Alí Abdalá Salé a entregar el poder a su vicepresidente, Abd Rabbuh Mansur Hadi. Mientras en el sur la población protesta contra las duras condiciones impuestas por el FMI. en el norte se produce la insurrección del movimiento Ansar-Allah, formado por la minoría chíes de los hutíes.

Tras un guerra devastadora, los hutíes terminan por conquistar la capital, Saná. Arabia Saudí y sus aliados suníes del Golfo no pueden consentir que el país sea gobernado por chíes y llevan a Yemen la guerra que libran por todo Oriente Próximo con Irán, con continuos bombardeos de las ciudades controladas por los hutíes, que no desmerecen en su crueldad a los de Rusia en Siria y Ucrania.

La coalición suní recibió apoyo logístico y de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido y Francia.

Siria

Es el conflicto más grave dejado por las primaveras árabes. Bashir el Asad reaccionó con extrema crueldad a las protestas populares pacíficas. Estalló entonces una guerra civil, con la participación de multitud de grupos armados, entre ellos las organizaciones yihadistas, Al Qaeda y Estado Islámico (Daesh); este último llegó a dominar el norte de Siria y el norte de Irak y proclamar el Emirato Islámico.

El Assad, de la minoría alauí y confesión chií, quedó reducido a un pequeño reducto en el norte. Hoy vuelve a controlar prácticamente todo el país, gracias a la intervención rusa y a los milicianos chiíes llegados de toda la región, empezando por los libaneses de Hezbolá.

La aviación rusa bombardeó sin compasión, ciudades como Alepo o suburbios de Damasco, en poder de grupos enemigos. A cambio, ha recibido en el Mediterráneo la base de Tartus. También en Siria han intervenido los mercenarios de grupo Wagner.

Otros actores internacionales han sido Francia, Estados Unidos y de modo muy especial Turquía, que ha llevado a Siria su lucha contra los kurdos.

En más de una década, se han registrado 380.000 muertos y 11 millones (la mitad de la población) ha tenido que huir de sus casas.

Libia

En abril de 2011, como respuesta a la represión por parte de Gadafi de la protestas populares, se organizan en varias ciudades milicias armadas. Gadafi se prepara para retomar el control de la Cirenaica, la parte oriental del país, que siempre le había sido contraria. Para evitar un baño de sangre, las potencias occidentales fuerzan en el Consejo de Seguridad la Resolución 1973 (no vetada por Rusia), que autoriza la intervención y establece una zona de exclusión aérea para evitar graves violaciones de los derechos humanos; la resolución sería más adelante anulada. Los bombardeos de la OTAN y, sobre todo de Francia, terminan con Gadafi capturado e una alcantarilla. Las milicias victoriosas se enzarzan en una guerra de todos contra todos por el dominio del territorio.

Desde entonces, a grosso modo, hay dos polos de poder en Libia, apoyados por distintas potencias, lo que convierte a Libia en un conflicto internacional: un gobierno reconocido internacionalmente en la capital Trípoli, apoyado militarmente por Turquía y en la Cirenaica, el gobierno del general Hafter, un militar depurado por Gadafi, con el apoyo militar de Egipto, los países del Golfo y los mercenario rusos del grupo Wagner y diplomático de Francia.

Los intentos de mediación y elecciones en todo el país han fracasado.

Myanmar (Birmania)

En el verano de 2017 se desarrolla en el estado de Raskhine un verdadero genocidio contra los rohingyas. población musulmana emigrada de Bangladesh.

En febrero de 2021, los militares derrocaron a Aung San Suu Kyi, que había ganado las elecciones con una clara mayoría. El Ejército reprime las protestas y los grupos de la resistencia se arman y comienza una guerra civil, en que tienen gran importancia las milicias étnicas,

Afganistán

Con la retirada de Estados Unidos y el control por parte de los taliban prácticamente de todo el país, han terminado dos décadas de guerra. Pero las sanciones y el aislamiento abocan al país a un crisis humanitaria.

Yihadismo en África

LA guerra de Libia fue un torbellino, que permitió que militantes yihadistas se introdujeran en los países del Sahel, especialmente Malí y Burkina Fasso, explotando las tradicionales diferencias entre la población tuareg y y el resto de las etnias. Para evitar la caída de Bamako, Francia envía un cuerpo expedicionario en la operación Serval, luego seguida de la operación Barkhane. La UE envía misiones de entrenamiento militar en las que participa España. Los militares golpistas de Malí, exigen la retirada de Francia y acuden a los mercenarios rusos de Wagner. Esta misma semana, las organizaciones de derechos humanos denuncian el asesinato de 300 civiles por el ejército y los milicianos.

En el Golfo de Guinea, Nigeria sufre desde hace una década el azote de Boco Haram. más reciente es la presencia de grupo yihadistas en Mozambique en la región norteña de Cabo Delgado.

Congo

Entre 1998 y 2003 el país padeció la que se conoce como guerra del coltán, con al menos 20 grupos armados y la intervención de nueve naciones africanas.

Se calcula que murieron casi cinco millones y medio de personas. Muchos de aquellos grupos armados siguen activos, sobre todo en la Región de los Grandes Lagos.

Sahara

El apoyo a la marroquinidad del Sahara occidental por parte de España augura un reanudación de la guerra. La vergonzosa claudicación del gobierno Sánchez no impedirá que Marruecos siga chantajeando a España, al menos mientras la UE siga externalizando su política migratoria en autocracias como Marruecos, que no puede renunciar nunca a su reivindicación de Ceuta y Melilla, En esta situación, sin apoyos europeos, el Polisario tendrá que hacerse valer con alguna iniciativa militar, tanto para recuperar peso estratégico, como para insuflar algo de moral en los campamentos de Tinduf. Ya en 2020 hubo una ruptura de hostilidades en la frontera con Mauritania.

Sudán

En Sudán se desarrollan al menos tres conflictos:

Darfur. Todavía sigue la guerra étnica en esta región occidental, fronteriza con Chad, que entre 2003 y 2007, enfrentó a musulmanes (ganaderos) y sus terribles milicias yanyauid y a los agricultores negros, sometidos a una política de exterminio, que dejó 400.000 muertos. Con la toma del poder en Jartum por los militares en 2022, el conflicto se ha reactivado.

Sudán del Sur. Después de dos guerras contra el norte, árabe y musulmán, en 2011, las regiones de Sur, negros, animistas y cristianos se independizaron y se convirtieron en el 193º estado de la ONU. En 2013 estalló una guerra civil entre dos facciones, una liderada por el presidente Salva Kiir y su vicepresidente Riek Machar. Como en casi todos los conflictos africanos, las seculares luchas entre etnias son el telón del verdadero conflicto que se libra por el dominio de los recursos, en este caso el petróleo.

Lucha por la democracia. En 2019, las protestas populares logran derribar al dictador Omar al Bashid, el único jefe de Estado procesado por el Tribunal Penal Internacional por crímenes en Darfur. Se contituye un junta cívico-militar, que dirige un difícil transición, abruptamente detenida por un golpe militar en 2022.

Zonas de tensión

No son en este momento guerras abiertas, pero tienen un enorme potencial desestabilizador.

Palestina

Palestina es un bomba de relojería que puede estallar en cualquier momento. La población sometida al cruel apartheid israelí y abandonada por sus hermanos árabes puede rebelarse en cualquier momento.

Irán

Si no hubiera sido por la guerra de Ucrania, el acuerdo nuclear, roto por Trump, ya se habría renovado. A Rusia, firmante del acuerdo, comprometida en reciclar el material nuclear, ahora no le interesa la renovación, porque supondría levantar las sanciones y poner en el mercado petróleo iraní, alternativo al ruso. Mientras, Teherán sigue enriqueciendo uranio.

China-Taiwan

Pekín nunca renunciará a la isla de Taiwan, que considera parte histórica de China; así lo admite también la mayor parte de la comunidad internacional. Pero el fracaso del experimento de Hong Kong (un país, dos sistemas), imponiendo Pekín su autocracia en la ex colonia, ha hecho crecer el sentimiento nacionalista en Taiwan. Parece difícil un reunificación voluntaria. Estados Unido está rearmando a Taipéi.

Mientras, China desarrolla una política agresiva en el mar de la China, que le enfrenta con sus vecinos por el dominio de islas y recursos marinos.

El potencial de estos conflictos es altísimo.

China-India-Pakistán

Tres potencias nucleares, Pakistán y China mantienen una histórica alianza contra India, que disputa con China las cumbres del Himalaya.

Corea del Norte

Autocracia nuclear, gobernada por el imprevisible Kim Jong-un, que se esfuerza por demostrar su poder balístico, cuyas pruebas son, según los expertos, puro fake. No puede descartarse, que perfeccione sus armas y ponga en peligro la paz mundial.

Como han demostrado los casos de Irak y Libia, el mejor seguro de los dictadores son la armas nucleares.

Vergüenza en Gaza


Es como si un cruel Moloch exigiera periódicamente sacrificios humanos. Nuevamente, por tercera vez en seis años, Gaza se ve sometida a un castigo colectivo en el que la población civil es masacrada.

En esta ocasión, el secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes es invocado por el gobierno Netanyahu, pero el motivo estratégico es romper el recién recuperado gobierno de unidad nacional palestina y, más repugnante, que cada una de las fuerzas que componen el gobierno israelí puedan presentarse a las elecciones como los más duros y faltos de compasión con los palestinos.

Por el lado de los distintos grupos armados palestinos ser responde con unos cohetes cada vez más potentes y sofisticados, pero que por el momento nada pueden contra el escudo defensivo israelí. Cohetes usados a un lado y otro con fines propagandistas y que no hacen sino empeorar la suerte de la población civil de la Franja.

Los castigos colectivos a poblaciones civiles son crímenes de guerra, pero políticos y militares israelíes los perpetran con total impunidad, con la seguridad de que nadie los llevará ante un tribunal nacional o internacional (nosotros ya hemos hecho nuestra parte desmontando la ley de Justicia Universal). Ahora la población se refugia en una escuela bajo protección de la ONU. La Historia nos dice que los israelíes no respetan la bandera azul de la organización mundial.

No es Palestina el único lugar del mundo donde se comenten hoy crímenes de guerra o genocidios, desde Siria a Sudán del Sur pasando por la República Centroafricana, pero en este caso parece que bastaría una llamada de la Casa Blanca para que las operaciones militares se detuvieran. Sí, ya sé que Israel se ha permitido desobedecer muchas veces los deseos de Washington y hasta hacer burla y escarnio de ellos. Existe la convicción de que los intereses estratégicos de Israel y Estados Unidos están inextricablemente unidos y que nadie en Estados Unidos puede ganar unas elecciones si, simplemente, critica al gobierno israelí. No es ahora el interés de Washington abrir un nuevo frente en Oriente Próximo y sería el momente de que un presidente norteamericano pusiera firme a su aliado. No parece que Obama esté dispuesto a hacerlo.

Mientras tanto no podemos más que sentir una vergüenza impotente.

 

Claves de las revoluciones árabes (y II)


En el momento en que escribo esta entrada hay una enorme confusión sobre lo que ocurre en Libia. Al Yazira habla de ataques con artillería y disparos desde helicópteros contra los manifestantes. Dimiten el ministro de Justicia y varios embajadores. Nada menos que el Secretario del Foreing Offce asegura que Gadafi huye a Venezuela y desde Caracas le desmienten.

En la anterior entrada sostenía que una de las claves para el triunfo de estas revueltas es la debilidad del régimen. También, como parece demostrar el caso de Libia, la represión sin medida ni control puede originar un caos que hunda al régimen.

Con total humildad y a sabiendas de que el viento impetuoso de la Historia puede dejar sin sentido este ejercicio, ahí va la aplicación de las claves generales a la situación de cada país. Pero antes no puedo por menos de expresar mi vergüenza por la actuación de las diplomacias europeas y de la española en particular. Por menos de lo que ha ocurrido en Libia ya se le amenazaba a Milosevic con bombardearle.

Marruecos

En Marruecos se dan gran parte de los factores para un cambio de régimen, pero paradójicamente alguno de ellos juega en contra de que las protestas se conviertan en revolución.

El factor clave el rey. Mohamed VI puso en marcha a su llegada al trono una transición sui generis, cuyo mayores logros fueron el estatuto de la mujer y la reparación para las víctimas de los años de plomo. Pero bajo la apariencia de pluralismo y elecciones multipartidistas el poder ha seguido donde solía, en el majzen, el núcleo de poder de la corte que se extiende por todo el país por medio de redes clientelares. Como hacía su padre, Mohamed VI se ha servido de fieles y amigos para constituir el partido del poder, bajo la capa del partido de los independientes.

La pseudo transición y la mejora de la economía han hecho crecer las capas ilustradas, pero también han restado la presión social imprescindible para las protestas.

Por el momento, los manifestantes piden una monarquía constitucional. Parece que ese rey tan moderno no ha sido capaz de entender que como mejor se sirven los intereses de su dinastía es reinando, no gobernando y menos gobernando a través de una camarilla de jóvenes amigos. Es como si fuera incapaz de desligarse de un atavismo medieval. Su carácter de jefe religioso refuerza su carisma sobre todo en el Marruecos profundo. ¿Alguno de sus consejeros o de sus vecinos será capaz de recordarle que Marruecos ya ha salido de la Edad Media?.

Otro factor en contra del triunfo de la revolución es el eterno irredentismo. Mohamed VI puede en momentos de peligro revivir las causas del Sahara, Ceuta y Melilla.

Libia

En Libia es quizá uno de los lugares donde los factores descritos son, a priori, más débiles. Paternalismo económico. Sociedad poco estructurada. Gran poder de los tribus. Fortaleza represiva… Pero esa represión llevada al extremo y el desafío chulesco de Saif El Islam que la ha precedido puede ser el suicidio de Gadafi y su régimen.

Si la revolución fracasa y Gadafi sigue imperando sobre un campo de cadáveres será la hora de que la ONU se planteé la aplicación de la responsabilidad de proteger. Desde luego, Muamar El Gadafi es más que nunca el «perro rabioso» -como le calificó Reagan como justificación a sus bombardeos- pero hoy muerde a su pueblo, no a los intereses occidentales.

Argelia

Población ilustrada, un autócrata enfermo y sin sucesión clara, unas condiciones sociales semejantes a las de Túnez y Egipto… todo ello apunta a la victoria de una revolución. Pero los argelinos tienen todavía marcada en su piel el terror de la guerra civil y la amenaza todavía presente del yihadismo. El miedo puede retraer a las masas de la calle. Y las heridas de aquella guerra todavía dividen a religiosos y laicos.

En Argelia el ejército ha sido, al menos desde la muerte de Bumedian, el verdadero poder. No un ejército disciplinado y obediente a su jefe en la cúspide del poder, como en Egipto, sino un ejército que ha quitado y puesto presidentes, profundamente comprometido en la represión y la corrupción. Difícilmente los militares seguirían la conducta seguida por sus colegas de Túnez e incluso de Egipto.

Jordania

El factor clave para que la revuelta no triunfe en Jordania es la división de la sociedad entre palestinos y jordanos de origen. Las tribus beduinas  mostraron siempre una fidelidad feudal a la monarquía, pero recientemente y de forma institucional han criticado las actividades de la Reina Rania. Parece que los cambios de gobierno del Rey Abdala van más encaminados a tapar este agujero que ha propiciar una transición democrática como piden los no muy numerosos manifestantes de Amman.

Bahrein

Aquí el peso de las protestas lo están llevando las clases populares de confesión chií. Hombres, mujeres y niños claman contra la marginación contra la dinastía sunní de los Al Jalifa. Todos somos bareníes -dicen, pero seguramente la mayor parte de los sunníes verán con desconfianza sus protestas.

Un factor que indica debilidad y, por tanto, potencialidad para el triunfo de la revuelta, son la vacilaciones en la represión -tan pronto se dispara con fuego real, como las fuerzas represivas desaparecen.

En contra del cambio, el valor estratégico de la isla. Estados Unidos no puede perder la base desde la que su Flota controla el Golfo Pérsico. Irán intentará influir sobre los chiíes. Arabia Saudí intentará por todos los medios que la revuelta no se contagie a sus provincias chiíes.

Yemen

El presidente Saleh ha dado evidente signos de debilidad, pero Yemen es un país desestructurado, con una estructura tribal, dividido entre el norte y el sur, con zonas controladas por grupos yihadistas y con el menor porcentaje de población educada… Un panorama que apunta más a una descomposición como la de Somalia, que a modelos de transición como los de Túnez y Egipto.

Siria

Tiene todos los factores de unidad, educación, orgullo… de Túnez y Egipto. Pero Bachir el Assad no ha dado ninguna muestra de debilidad y, al menos como imagen, ha insuflado juventud al viejo aparato represivo y corrupto puesto en pie por su padre Hafed, uno de los mejores estrategas del trágico tablón de ajedrez de Oriente Próximo. El viejo Assad no dudo en asolar ciudades enteras en caso de revuelta, algo que parece difícil que hoy pudiera hacer su hijo.

Los Assad son alauís, secta minoritaria en Siria. Quizá por eso han sido el fiel de la balanza entre sunníes, cristianos, chiíes y kurdos, manejando tanto el palo como la zanahoria.

Palestina

La sociedad palestina, bajo la cruel ocupación israelí, ha estado al borde de una guerra civil, que se ha resuelto con el dominio de Fatah en Cisjordania y Hamas en Gaza. Hasta ahora han sido muy limitadas las protestas en ambas zonas. En Gaza, las protestas tendrían muy difícil enfrentarse a la represión de Hamas. En Cisjordania, con Abbas sin  legitimidad alguna, las elecciones convocadas pueden convertirse en el imán que aglutine las protestas, con resultados inciertos.

El Líbano

Nadie ha salido a la calle libanesas. Quizá tendría que haber antes una revolución en cada una de las comunidades en que se divide el país de los cedros para que hubiera una revolución libanesa. El espíritu de unión con el que se respondió a la agresión israelí duró poco. Los viejos señores de la guerra cristianos o drusos, los jóvenes cachorros financieros sunníes, los ayatolás de Hezbolá siguen haciendo sus tratos, sus enjuagues, sus guerras particulares y pocos o nadie hablan de una revolución democrática.

Arabia Saudí

Un país gobernado por una casta de príncipes que no cesa de crecer; una sociedad atenazada por una interpretación rigorista del Islam; vigilada por una policía religiosa de las costumbrePero también una sociedad rica, educada, con inmejorables servicios. Los Saud al menos han repartido mejor la riqueza del petróleo que otros autócratas.

Esa prosperidad, a veces ostentosa e impúdica, se basa también en una dualidad social, en Arabia y en todos los países del Golfo, entre nacionales y extranjeros. Verdaderos metecos, son los filipinos, paquistaníes o bangladesies los que hacen funcionar el país mientras viven con total carencia de derechos.

Más que de las protestas el cambio tendrá que venir del lento cambio social.

Irak

No está el país para revoluciones. Lo que los iraquíes piden es que se deje atrás la guerra sectaria y se recupere un cierto equilibrio entre comunidades. Si en algún sitio puede haber protestas es en el más estable y «democrático» kurdistán, donde la sociedad civil ha crecido, pero el poder político sigue monopolizado por los dos grandes partidos-movimiento.

Más allá del mundo árabe, poco espacio hay para revoluciones, a pesar de lo que pueda parecer en Irán.

Irán

La ola revolucionaria difícilmente prenderá en Irán. Las protestas actuales conectan con el movimiento opositor que generó el fraude electoral y tiene su propia dinámica, por más que los acontecimientos en el mundo árabe puedan haber servido de acicate.

Por supuesto Ahmedinejad desató una represión contra sus oponentes, salidos todos del mismo régimen. Pero sigue teniendo grandes apoyos populares en las capas populares y en todo el país en la medida que la población entiende como una injerencia intolerable la presión occidental en la cuestión nuclear.  Y sigue contando con el apoyo del Líder Supremo, Jamenei.

El fraude electoral y la subsiguiente represión fueron en realidad un golpe de estado, atentatorio contra los propios principios democráticos tal y como los entiende el régimen de los ayatolás.

La oposición y la población más occidentalizada están exhaustos. El cambio no llegará de la calle, pero la sociedad está cambiando y las próximas elecciones presidenciales, y no digamos ya la muerte de Jameini, traerán una profundización democrática. ¿Desaparecerá la preponderancia de lo religioso sobre lo civil? Imposible saberlo.

Afganistán

Ya sabemos que no estamos allí para quitar el burka a los mujeres, garantizar los derechos humanos o construir un atisbo de democracia. Estamos para que Afganistán no sea un estado yihadista. Así que haber si encontramos pronto a los buenos talibanes para que repartan el pastel con Karzai y nos vamos cuanto antes… Esto sí que es realpolitik

Pakistán

Potencia nuclear al borde del abismo. Las oligarquías que han monopolizado el poder económico, con sus rencillas y corrupción, entregaron el poder hace viente años a los militares y estos sólo se retiran de vez en cuando para que los civiles jueguen a una democracia corrupta y altamente impopular. Mientras la sociedad es rehén de los radicales religiosos que imponen su ley. ¿Cuánto tardará el próximo general en tomar el poder formal?

Túnez, Egipto o los países del Mageb nada tienen que ver con Pakistán, pero si las transiciones se hacen mal al final los militares pueden ser el verdadero poder en la sombra.

Y para quien quiera una medida más cuantitativa, remito al Índice de Lanzamientos de Zapatos, con el que The Economist, medio en serio medio en broma, ha querido medir el potencial de revuelta en el mundo árabe.

Seguridad democrática en Palestina


La baza más consistente que la Autoridad Nacional Palestina ofrece a la comunidad internacional en su demanda de un estado es el funcionamiento de las instituciones y la restauración del orden público en las zonas de Cisjordania que controla. The International Crisis Group acaba de publicar un informe (Squaring the circle: palestinian security reform under occupation) que pone de manifiesto las luces y sombras de esta situación y recomienda la adopción de una serie de medidas a las autoridades palestinas y a Israel.

Estos son los puntos esenciales del informe:

– La Autoridad Nacional Palestina (ANP) ha restablecido el orden y una autoridad central y ha desarmado a las milicias. La vida ordinaria se desarrolla con mayor seguridad y ello es apreciado por todas las capas de la población.

– La ANP mantiene una estrecha relación con las fuerzas israelíes. Esta colaboración con el ocupante es vista como humillante por la población.

– La ANP permanece inerme ante las incursiones israelíes y ni siquiera sus fuerzas de seguridad pueden protegerse de la violencia de los colonos.

– En el restablecimiento del orden público, las fuerzas de la ANP han llevado a cabo frecuentes violaciones de los derechos humanos. Los miembros y simpatizantes de Hamas han sido perseguidos y el pluralismo político anulado.

Recomendaciones

– A Israel: permitir que la policía palestina amplíe su área de actuación, limitar las incursiones a los casos de un ataque inminente y poner fin a la violencia de los colonos contra los palestinos.

– A la ANP: poner fin a la tortura y otros abusos, someter a las fuerzas de seguridad a un código de actuación respetuoso de los derechos humanos, fortalecer una autoridad judicial independiente y eliminar los certificados de buena conducta expedidos por la policía.

– A Estados Unidos y la UE: insistir en el respeto de los derechos humanos y apoyar el desarrollo de una justicia independiente.

En fin, si un solo estado democrático es inviable, la construcción de un estado palestino no puede pasar solo por la seguridad, sino también por el respeto de los derechos humanos.

¿Dos estados étnicos o un estado democrático en Palestina?


Comienzan las enésimas negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Son las conversaciones de Obama. Los dos interlocutores van a hablar porque se lo exige (los palestinos) Estados Unidos o por «cortesía» (los israelíes) con el presidente norteamericano.

Las perspectivas son tan malas como siempre. En el contexto inmediato los negociadores son débiles. Abbas tiene su mandato caducado y Netanyahu depende de una frágil coalición. Y aunque la situación es más tranquila que en otras ocasiones, el contencioso nuclear iraní amenaza con incendiar la región, la tensión en la frontera de El Líbano es creciente y ya se han producido los primeros ataques contra colonos en Cisjordania, que, con su proverbial manejo de la propaganda, han reivindicado tanto el brazo armado de Hamas como el de Fatah.

Los contenciosos de fondo son tan irresolubles como siempre. Israel no cederá tierra, no admitirá ningún regreso de refugiados ni la capitalidad árabe en Jerusalén este. ¿Cuál sería la base de un acuerdo? Reconocer la estatalidad a lo que queda de Cisjordania, que el primer ministro Salam Fayad controla desde el punto de vista de la seguridad y en la que ya funcionan unas instituciones públicas que han mejorado notablemente el nivel de vida de la población. Sería un estado separado de Gaza (donde la constitución de un emirato islámico sería un buen pretexto para seguir controlando a Cisjordania), sin continuidad espacial, recorrido por el muro, con controles y carreteras israelíes para proteger las colonias, con bases militares israelíes en el valle del Jordán y en el que Estaos Unidos no reconocería el posible triunfo electoral de Hamas. Como concesiones Israel podría levantar algún asentamiento marginal o ceder un trozo de desierto a los palestinos. En fin, un batustán que de estado no tendría más que el nombre.

La solución de dos estados separados por las fronteras de 1967 se ha hecho inviable por la colonización israelí de Cisjordania. La alternativa sería un solo estado en todo el territorio histórico de Palestina. Hoy, Israel es un estado donde el laicismo de los fundadores sionistas ha sido arrumbado por la marea religiosa. Un objetivo israelí en estas negociaciones puede ser que se reconozca a Israel como «estado judio», lo que colocaría a sus ciudadanos árabes en una posición de aún mayor inferioridad jurídica. La política israelí está dominada por los fundamentalistas religiosos y no existe una verdadera separación entre religión y estado. Del lado palestino, nada queda del nacionalismo laico de Fatah.

Un estado unificado ofrecería un territorio suficiente para el desarrollo de los dos pueblos y un marco democrático para construir una sociedad interétnica. Un estado democrático salvaría a israelíes y palestinos de la deriva fundamentalista. Edward Said fue uno de los primeros en defender esta solución. Hoy, un grupo de judíos y palestinos han puesto en marcha la Declaración para un Estado Democrático, a la que he llegado desde la página del músico Gilad Atzmon, que se declara ex israelí  y es un buen ejemplo del tipo de personas que apoyan esta alternativa.

Pero que esa sea la solución ideal para ambos pueblos no quiere decir que sea viable. Los que la defienden son minorías entre minorías. Ni Hamas, ni los jasedim judíos, ni -para que engañarnos- una mayoría de palestinos e israelíes quieran convivir juntos.

Sus defensores traen a colación el ejemplo de Saudáfrica, donde el apartheid separó a las comunidades y la democracia las ha unido. Mientras llega un Mandela, preparémonos para un estéril baile democrático, uno más.