Claves de las revoluciones árabes (y II)


En el momento en que escribo esta entrada hay una enorme confusión sobre lo que ocurre en Libia. Al Yazira habla de ataques con artillería y disparos desde helicópteros contra los manifestantes. Dimiten el ministro de Justicia y varios embajadores. Nada menos que el Secretario del Foreing Offce asegura que Gadafi huye a Venezuela y desde Caracas le desmienten.

En la anterior entrada sostenía que una de las claves para el triunfo de estas revueltas es la debilidad del régimen. También, como parece demostrar el caso de Libia, la represión sin medida ni control puede originar un caos que hunda al régimen.

Con total humildad y a sabiendas de que el viento impetuoso de la Historia puede dejar sin sentido este ejercicio, ahí va la aplicación de las claves generales a la situación de cada país. Pero antes no puedo por menos de expresar mi vergüenza por la actuación de las diplomacias europeas y de la española en particular. Por menos de lo que ha ocurrido en Libia ya se le amenazaba a Milosevic con bombardearle.

Marruecos

En Marruecos se dan gran parte de los factores para un cambio de régimen, pero paradójicamente alguno de ellos juega en contra de que las protestas se conviertan en revolución.

El factor clave el rey. Mohamed VI puso en marcha a su llegada al trono una transición sui generis, cuyo mayores logros fueron el estatuto de la mujer y la reparación para las víctimas de los años de plomo. Pero bajo la apariencia de pluralismo y elecciones multipartidistas el poder ha seguido donde solía, en el majzen, el núcleo de poder de la corte que se extiende por todo el país por medio de redes clientelares. Como hacía su padre, Mohamed VI se ha servido de fieles y amigos para constituir el partido del poder, bajo la capa del partido de los independientes.

La pseudo transición y la mejora de la economía han hecho crecer las capas ilustradas, pero también han restado la presión social imprescindible para las protestas.

Por el momento, los manifestantes piden una monarquía constitucional. Parece que ese rey tan moderno no ha sido capaz de entender que como mejor se sirven los intereses de su dinastía es reinando, no gobernando y menos gobernando a través de una camarilla de jóvenes amigos. Es como si fuera incapaz de desligarse de un atavismo medieval. Su carácter de jefe religioso refuerza su carisma sobre todo en el Marruecos profundo. ¿Alguno de sus consejeros o de sus vecinos será capaz de recordarle que Marruecos ya ha salido de la Edad Media?.

Otro factor en contra del triunfo de la revolución es el eterno irredentismo. Mohamed VI puede en momentos de peligro revivir las causas del Sahara, Ceuta y Melilla.

Libia

En Libia es quizá uno de los lugares donde los factores descritos son, a priori, más débiles. Paternalismo económico. Sociedad poco estructurada. Gran poder de los tribus. Fortaleza represiva… Pero esa represión llevada al extremo y el desafío chulesco de Saif El Islam que la ha precedido puede ser el suicidio de Gadafi y su régimen.

Si la revolución fracasa y Gadafi sigue imperando sobre un campo de cadáveres será la hora de que la ONU se planteé la aplicación de la responsabilidad de proteger. Desde luego, Muamar El Gadafi es más que nunca el “perro rabioso” -como le calificó Reagan como justificación a sus bombardeos- pero hoy muerde a su pueblo, no a los intereses occidentales.

Argelia

Población ilustrada, un autócrata enfermo y sin sucesión clara, unas condiciones sociales semejantes a las de Túnez y Egipto… todo ello apunta a la victoria de una revolución. Pero los argelinos tienen todavía marcada en su piel el terror de la guerra civil y la amenaza todavía presente del yihadismo. El miedo puede retraer a las masas de la calle. Y las heridas de aquella guerra todavía dividen a religiosos y laicos.

En Argelia el ejército ha sido, al menos desde la muerte de Bumedian, el verdadero poder. No un ejército disciplinado y obediente a su jefe en la cúspide del poder, como en Egipto, sino un ejército que ha quitado y puesto presidentes, profundamente comprometido en la represión y la corrupción. Difícilmente los militares seguirían la conducta seguida por sus colegas de Túnez e incluso de Egipto.

Jordania

El factor clave para que la revuelta no triunfe en Jordania es la división de la sociedad entre palestinos y jordanos de origen. Las tribus beduinas  mostraron siempre una fidelidad feudal a la monarquía, pero recientemente y de forma institucional han criticado las actividades de la Reina Rania. Parece que los cambios de gobierno del Rey Abdala van más encaminados a tapar este agujero que ha propiciar una transición democrática como piden los no muy numerosos manifestantes de Amman.

Bahrein

Aquí el peso de las protestas lo están llevando las clases populares de confesión chií. Hombres, mujeres y niños claman contra la marginación contra la dinastía sunní de los Al Jalifa. Todos somos bareníes -dicen, pero seguramente la mayor parte de los sunníes verán con desconfianza sus protestas.

Un factor que indica debilidad y, por tanto, potencialidad para el triunfo de la revuelta, son la vacilaciones en la represión -tan pronto se dispara con fuego real, como las fuerzas represivas desaparecen.

En contra del cambio, el valor estratégico de la isla. Estados Unidos no puede perder la base desde la que su Flota controla el Golfo Pérsico. Irán intentará influir sobre los chiíes. Arabia Saudí intentará por todos los medios que la revuelta no se contagie a sus provincias chiíes.

Yemen

El presidente Saleh ha dado evidente signos de debilidad, pero Yemen es un país desestructurado, con una estructura tribal, dividido entre el norte y el sur, con zonas controladas por grupos yihadistas y con el menor porcentaje de población educada… Un panorama que apunta más a una descomposición como la de Somalia, que a modelos de transición como los de Túnez y Egipto.

Siria

Tiene todos los factores de unidad, educación, orgullo… de Túnez y Egipto. Pero Bachir el Assad no ha dado ninguna muestra de debilidad y, al menos como imagen, ha insuflado juventud al viejo aparato represivo y corrupto puesto en pie por su padre Hafed, uno de los mejores estrategas del trágico tablón de ajedrez de Oriente Próximo. El viejo Assad no dudo en asolar ciudades enteras en caso de revuelta, algo que parece difícil que hoy pudiera hacer su hijo.

Los Assad son alauís, secta minoritaria en Siria. Quizá por eso han sido el fiel de la balanza entre sunníes, cristianos, chiíes y kurdos, manejando tanto el palo como la zanahoria.

Palestina

La sociedad palestina, bajo la cruel ocupación israelí, ha estado al borde de una guerra civil, que se ha resuelto con el dominio de Fatah en Cisjordania y Hamas en Gaza. Hasta ahora han sido muy limitadas las protestas en ambas zonas. En Gaza, las protestas tendrían muy difícil enfrentarse a la represión de Hamas. En Cisjordania, con Abbas sin  legitimidad alguna, las elecciones convocadas pueden convertirse en el imán que aglutine las protestas, con resultados inciertos.

El Líbano

Nadie ha salido a la calle libanesas. Quizá tendría que haber antes una revolución en cada una de las comunidades en que se divide el país de los cedros para que hubiera una revolución libanesa. El espíritu de unión con el que se respondió a la agresión israelí duró poco. Los viejos señores de la guerra cristianos o drusos, los jóvenes cachorros financieros sunníes, los ayatolás de Hezbolá siguen haciendo sus tratos, sus enjuagues, sus guerras particulares y pocos o nadie hablan de una revolución democrática.

Arabia Saudí

Un país gobernado por una casta de príncipes que no cesa de crecer; una sociedad atenazada por una interpretación rigorista del Islam; vigilada por una policía religiosa de las costumbrePero también una sociedad rica, educada, con inmejorables servicios. Los Saud al menos han repartido mejor la riqueza del petróleo que otros autócratas.

Esa prosperidad, a veces ostentosa e impúdica, se basa también en una dualidad social, en Arabia y en todos los países del Golfo, entre nacionales y extranjeros. Verdaderos metecos, son los filipinos, paquistaníes o bangladesies los que hacen funcionar el país mientras viven con total carencia de derechos.

Más que de las protestas el cambio tendrá que venir del lento cambio social.

Irak

No está el país para revoluciones. Lo que los iraquíes piden es que se deje atrás la guerra sectaria y se recupere un cierto equilibrio entre comunidades. Si en algún sitio puede haber protestas es en el más estable y “democrático” kurdistán, donde la sociedad civil ha crecido, pero el poder político sigue monopolizado por los dos grandes partidos-movimiento.

Más allá del mundo árabe, poco espacio hay para revoluciones, a pesar de lo que pueda parecer en Irán.

Irán

La ola revolucionaria difícilmente prenderá en Irán. Las protestas actuales conectan con el movimiento opositor que generó el fraude electoral y tiene su propia dinámica, por más que los acontecimientos en el mundo árabe puedan haber servido de acicate.

Por supuesto Ahmedinejad desató una represión contra sus oponentes, salidos todos del mismo régimen. Pero sigue teniendo grandes apoyos populares en las capas populares y en todo el país en la medida que la población entiende como una injerencia intolerable la presión occidental en la cuestión nuclear.  Y sigue contando con el apoyo del Líder Supremo, Jamenei.

El fraude electoral y la subsiguiente represión fueron en realidad un golpe de estado, atentatorio contra los propios principios democráticos tal y como los entiende el régimen de los ayatolás.

La oposición y la población más occidentalizada están exhaustos. El cambio no llegará de la calle, pero la sociedad está cambiando y las próximas elecciones presidenciales, y no digamos ya la muerte de Jameini, traerán una profundización democrática. ¿Desaparecerá la preponderancia de lo religioso sobre lo civil? Imposible saberlo.

Afganistán

Ya sabemos que no estamos allí para quitar el burka a los mujeres, garantizar los derechos humanos o construir un atisbo de democracia. Estamos para que Afganistán no sea un estado yihadista. Así que haber si encontramos pronto a los buenos talibanes para que repartan el pastel con Karzai y nos vamos cuanto antes… Esto sí que es realpolitik

Pakistán

Potencia nuclear al borde del abismo. Las oligarquías que han monopolizado el poder económico, con sus rencillas y corrupción, entregaron el poder hace viente años a los militares y estos sólo se retiran de vez en cuando para que los civiles jueguen a una democracia corrupta y altamente impopular. Mientras la sociedad es rehén de los radicales religiosos que imponen su ley. ¿Cuánto tardará el próximo general en tomar el poder formal?

Túnez, Egipto o los países del Mageb nada tienen que ver con Pakistán, pero si las transiciones se hacen mal al final los militares pueden ser el verdadero poder en la sombra.

Y para quien quiera una medida más cuantitativa, remito al Índice de Lanzamientos de Zapatos, con el que The Economist, medio en serio medio en broma, ha querido medir el potencial de revuelta en el mundo árabe.

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