RTVE, imprescindible


A continuación recojo el texto a partir del cual se me cita en el reportaje de El País “La televisión de todos es mía”. (Perdón por los largos párrafos, propios de un artículo y no de una entrada de un blog).

RTVE, imprescindible

El malhadado intento de injerencia editorial del Consejo de Administración de RTVE puede interpretarse como un síntoma de la crisis de la radiotelevisión pública. En realidad es manifestación de un mal más profundo: la partitocracia que contamina todo nuestro sistema político y nos ha degradado a una democracia de baja intensidad. El sistema de reparto de cargos institucionales ha desacreditado a instituciones esenciales como el Consejo del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional o RTVE. Es urgente una regeneración democrática; es urgente un cambio de cultura.
La Ley 17/2006 pretendió la desgubernamentalización de RTVE confiriendo el nombramiento del Presidente, con facultades ejecutivas, y del Consejo de Administración a mayorías parlamentarias de 2/3. A los consejeros les exige cualificación y experiencia profesional, que intenta concretar bastante vagamente en formación superior o reconocida experiencia y en desempeño de funciones de alta dirección, control o asesoramiento desempeñadas durante un plazo de cinco años. Sin entrar a analizar si esta cualificación se da en todos los actuales consejeros, o en la trayectoria de algunos de ellos de plena vinculación a los partidos, una anécdota ilustra la falta de cultura de independencia institucional. La ley ordena que antes del nombramiento, los candidatos propuestos se sometan a una audiencia en la cámara respectiva (Congreso o Senado) para determinar su idoneidad. Pues bien, cuando los candidatos comparecieron en el Senado sus señorías no se molestaron en formularlos ni una sola pregunta. Si RTVE hoy no tiene presidente y sus consejeros no se renuevan, es por la misma razón que no se renueva el Tribunal Constitucional.
La política audiovisual de Rodríguez Zapatero se divide en dos períodos: una reforma y una contrarreforma. La reforma, la Ley 17/2006 que dio un estatuto de independencia, al menos formal a RTVE. Además, de la desgubernamentalización, la Ley instituyó órganos de control interno de defensa de la independencia profesional y editorial (los consejos de informativos) que en estos días han mostrado su virtualidad. No se trata, por tanto, de modificar esta ley (si acaso aclarar que los respectivos directores de informativos son los responsables editoriales y jurídicos de la información emitida). De lo que se trata, insisto, es cambiar de cultura.
En la segunda legislatura socialista llegó la contrarreforma, con la Ley 8/2009, que eliminó la publicidad de TVE, estableciendo un sistema de financiación, uno de cuyos pilares, una tasa sobre las telefónicas, se encuentra cuestionada en el ámbito europeo, con posibilidades de que el Tribunal Europeo termine por declararla contraria al derecho comunitario. RTVE ha entrado así en un peligrosísimo periodo de inestabilidad financiera. Además, la Ley 8/2009 impuso a TVE una serie de limitaciones en materia de adquisición de derechos cinematográficos y deportivos, que aboca a La Uno a competir en el mercado audiovisual con las manos atadas a la espalda.
La contrarreforma Zapatero pasó por suavizar las formas anticoncentración, que propició la adquisición de Cuatro por Mediaset y apunta a la consolidación de sólo dos grandes grupos audiovisuales. Contrarreforma que culminó con la Ley General de la Comunicación Audiovisual, que terminó con el régimen de servicio público de las televisiones privadas y convirtió la licencia en un elemento patrimonial que prácticamente se otorga a perpetuidad. A ello se suma el fiasco de la TDT, con dos de los operadores nacionales dependientes de grandes grupos mediáticos emitiendo programas enlatados. No se ha constituido el Consejo Estatal de Medios Audiovisuales (al que se opone firmemente el PP y que de no existir será exigida por las instituciones europeas) ni tampoco se ha firmado el contrato programa para asignar los recursos necesarios al ambicioso mandato de servicio público que se ha encomendado a RTVE.
En este contexto, la radio y la televisión públicas son más necesarias que nunca. La radiotelevisión de servicio público es imprescindible en una sociedad democrática para promover la cohesión social, el pluralismo político, la diversidad cultural y lingüística, satisfacer el derecho a la información del público y las necesidades de entretenimiento acorde con los valores democráticos. Las funciones del servicio público audiovisual no pueden quedar en manos de compañías mercantiles que hace mucho tiempo dejaron de ser empresas periodísticas para convertirse en conglomerados financieros. Basta repasar el dial de la TDT para comprobar que sólo los canales de TVE aportan contenidos diversos y especializados. Y si nos referimos a la radio, sólo RNE mantiene un canal de noticias, otro de música clásica y otro centrado en música juvenil no sometido a la radiofórmula. Otro de los grandes logros es la televisión a la carta que pone los contenidos de RTVE (especialmente su rico archivo) a disposición de todos de forma interactiva.
La audiencia ha premiado a La Uno, en gran parte por la desaparición de la publicidad. Un retorno a los anuncios parece inviable, así que probablemente la única financiación estable puede llegar vía presupuestos, y esto en el período de contracción actual puede significar más austeridad. Si se desarrolla la producción propia (así se promete en el Convenio Colectivo que acaba de ser refrendado por los trabajadores) hay un cierto margen de maniobra.
El público y la mayoría de los profesionales aprecian que en esta etapa los programas informativos han logrado un aceptable grado de independencia, neutralidad y calidad. No así el PP que sigue utilizando la denuncia de la manipulación como arma arrojadiza. A falta de estudios científicos sobre el contenido, mi opinión es que se ha logrado la neutralidad y un pluralismo institucional sesgado por el bipartidismo, que se ha avanzado en la representación de la diversidad social, pero que queda todavía un camino que recorrer para lograr un pluralismo pleno. El marco jurídico institucional no es perfecto, pero sí aceptable. Reformas legislativas de un gobierno con mayoría absoluta que ataquen la independencia profesional y editorial serían inaceptables.

Hace unos días el presidente del Trust de la BBC (véase su curriculum: presidente del Partido Conservador, Gobernador de Hong Kong, Comisario Europeo, Rector de Oxford) decía que la Corporación es una fuerza moral. La BBC se ha ganado durante más de 80 años el aprecio de los británicos. RTVE construye con dificultad esa función pública, pero la reacción social y profesional de estos días es un buen síntoma.

Lecciones del intento de interferencia del Consejo de Administración de RTVE: ni un paso atrás en la independencia profesional


Apenas en 24 horas las redes sociales han alimentado una ola de rechazo que ha obligado a los consejeros y a sus partidos a dar marcha atrás en su intento de supervisar la información de TVE.

Un día no es nada, pero parece que estamos abocados a reflexionar en caliente. Para mi estas son las reflexiones de esta movida jornada.

Consejo de Informativos. El Consejo de Informativos de TVE ha estado a la altura de las circunstancias. Ha ejercido satisfactoriamente su función de órgano de control interno y garante de la independencia profesional y editorial de RTVE. Sale reforzado, pero su prueba de fuego residirá en la forma en que dé su dictamen al nombramiento en su día del director de Informativos que suceda a Llorente. El PP arrastró los pies en la negociación del Estatuto de Informativos. Espero que hoy que sus dirigentes han hecho alarde de fe en la independencia profesional hayan borrado de su agenda (oculta) la eliminación de este organismo.

Consejo de Administración. En mi opinión, más que ejercer un verdadero control previo lo que pretendían los consejeros era enterarse de lo que se cocía para ir con el cuento a sus jefes en el partido y hacer méritos. Incluso parece que ha jugado el prurito de decir “ahora que somos el presidente colegiado, pues vamos a controlar la información”. Los votos me parece que se explican por equilibrios y pactos internos.

El presidente. Nos hemos enterado que Fernández y Oliart sí tenían acceso al sistema de redacción. Seguramente Oliart no metería la nariz, pero no dudo que Fernández revisaba (o ponía) hasta la última coma. El presidente de la Corporación es su máximo ejecutivo, pero no es el responsable editorial de la información. La ley debiera modificarse para que no quedaran dudas que el responsable editorial (y en consecuencia responsable jurídico) es el director de los Servicios Informativos (los de TVE, de RTVE, de medios interactivos). Sólo el director de Informativos y los responsables editoriales que él dependen pueden supervisar o controla previamente a la emisión. Otra cosa es censura inconstitucional.

– Los profesionales. La Redacción de Informativos se ha rebelado. La verdad es que en este caso no era muy difícil, porque se seguía la corriente y el propio director de Informativos era partícipe en la protesta. En épocas pasadas estas rebeliones eran contra direcciones manipuladoras. Pero entonces no existían las redes sociales y el hartazgo del bipartidismo no era tan grande. Está bien, que los nuevos profesionales vayan entrenándose en la protesta, por lo que pueda venir.

– Los partidos. Han puesto cara de póker, como si la cosa no fuera con ellos. Si han dado marcha atrás no ha sido tanto por la condena social (de nada han servido medio millón de firmas pidiendo un referendum constitucional), sino porque la retirada no tocaba sus intereses esenciales. En campaña electoral la información se cosifica y queda bajo el control de la Junta Electoral Central y sus instrucciones mostrencas. Además, estoy seguro que hay zascandiles en la Redacción que ya les dan el queo para hacer méritos.

– La sociedad. La gran esperanza es la reacción social. Los partidos empiezan a ser sensibles a las redes sociales, al menos en campaña electoral. Pero en esta catársis colectiva muchos se rasgan hipócritamente las vestiduras. Los medios privados tienen legítimamente un sesgo editorial que, por ley, no puede tener RTVE, pero de eso a mentir o alterar la realidad como en el caso reciente de la foto de El Mundo hay un abismo. Da vergüenza leer la justificación de Pedro J.

La prueba del algodón de la independencia editorial de RTVE vendrá con la llegada del PP al gobierno. Espero que les haya servido de lección para no alterar todos los elementos positivos que la Ley 17/2006 trajo a RTVE.

Hay muchas asignaturas pendientes:

– Establecer un modelo estable de financiación, que creo que ahora ya no puede hacer uso de la publicidad, ni siquiera de modo limitado.

Aumentar al menos en un par de canales, de modo que RTVE pueda desarrollar verdaderos canales temáticos.

Seleccionar consejeros verdaderamente independientes, con trayectorias profesionales no sólo brillantes, sino también con un perfil de independencia.

– Sacar las sucias manos de todos los partidos de RTVE. Ni que decir tiene que sería un atentado contra la democracia volver al antiguo modelo de dependencia directa gubernamental.

Terminaré con una cita del presidente del Trust de la BBC, Chris Patten, que no ha llegado ahí como un advenedizo (fue presidente del Partido Conservador, Gobernador de Hong Kong y pilotó su traspaso a China, Comisario europeo, Rector de Oxford; igualito que algunos consejeros de RTVE). Patten define a la BBC como una verdadera fuerza moral.

La Corporación británica se ha ganado el aprecio ciudadano en 60 años. RTVE ha empezado a conseguirlo en los últimos años. No lo echemos por la borda.

(Para otro día dejo las reflexiones general sobre la política audiovisual).

El Consejo de Administración de RTVE no tiene competencias para censurar la información de TVE


Escándalo general por la decisión del Consejo de Administración de RTVE de acceder al sistema informático de la Redacción de TVE. (El País, Público). La Red arde (#rtvedetodos es trending topic).

El Consejo de Informativos de TVE reprueba la decisión que considera “un ataque directo a la libertad e  independencia de los profesionales de la información”. Rebelión también entre los responsables editoriales (El Mundo).

¿A qué se han dado acceso los consejeros de RTVE?

– A todas las fuentes escritas y audiovisuales que alimenta la Redacción de TVE, fuentes externas como las agencia, pero también internas, esto es, por ejemplo, a los rodajes de las redacciones de Madrid y todos los centros territoriales.

– A las previsiones de noticias y su cobertura.

– A los minutados y guiones de los programas y su evolución.

– A las informaciones durante su elaboración, esto es, a sus textos, montajes de vídeo y sus distintas versiones, tanto de los informadores como de las correcciones realizadas por los distintos responsables editoriales.

Por cierto, que si de lo que se tratara es de que los consejeros tuvieran una información actualizada, ya existe en la intranet corporativa una aplicación que permite el acceso a todas las agencias informativas cotratadas por RTVE, sin necesidad de entrar en el sistema informático de la Redacción (iNews).

El acceso a este sistema informático interno permite a los consejeros supervisar la información cotidiana y la planificación de la misma. En otras palabras, pueden censurar de hecho las informaciones, mediante presión al Director de los Servicios Informativos, los responsables editoriales intermedios y hasta a los propios informadores. Y, un aspecto poco resaltado, el conocimiento de los minutados se presta a la denuncia partidista antes de que una información se haya emitido.

El Consejo de Administración de RTVE no tiene competencias para supervisar la información

Al Consejo de Administración corresponden la dirección y gobierno de la Corporación (art. 9.1 L. 17/2006). Entre sus competencias y funciones (art. 16 L. 17/2006) está la responsabilidad por el cumplimiento general de la misión de servicio público y los objetivos generales de la Corporación, nombrar al Presidente, aprobar el nombramiento de los directivos de las sociedades (entre ellos los directores de los Servicios Informativos), supervisar la labor de los directivos y fijar las directrices generales de actuación de la Corporación. En ningún caso la supervisión de la información. Ni siquiera el Presidente tiene entre sus funciones el control de la información (art. 20 L. 17/2006).

Los principios de independencia editorial y profesional son elementos esenciales del servicio público que la L. 17/2006 encomienda a RTVE (art. 3.2 b). Para velar por esa independencia la Ley establecía unos consejos de informativos, constituidos en virtud del Estatuto de Informativos de la Corporación, pactado entre el Consejo de Administración y la representación de los trabajadores.

La responsabilidad informativa, como bien indica el Consejo de Informativos de TVE, “recae de forma directa en la dirección de los servicios informativos, las jefaturas de área, los editores y todos los profesionales que forman parte de la cadena de elaboración de la información”.

El Consejo de Administración, en ejercicio de sus funciones, ha aprobado un conjunto de normas que delimitan el servicio público en materia informativa (por ejemplo, el Manual de Estilo). Y hasta ahí puede llegar. No puede supervisar y menos censurar.

Ahora, la ministra Pajín anuncia una rectificación. Lo peor es que el daño ya está hecho. Da munición a los enemigos del servicio público, que dirán que una televisión pública independiente es imposible.

(El que suscribe fue redactor durante 32 años de TVE, hasta que me acogí voluntariamente al ERE. Fui miembro del Consejo Antimanipuación, del Consejo Provisional de Informativos y la de Comisión Redactora del Estatuto de Informativos de RTVE)

Los periodistas dejarán de controlar Le Monde


Le Monde necesita un accionista de referencia que aporte con urgencia 100 millones de euros

Hace una semana, el 3 de junio, el director del periódico, Eric Fottorino, anunciaba a sus lectores que el vespertino iba a dejar de ser independiente. Por supuesto, no lo decía tan crudamente, pero reconocía que en el proceso de recapitalización en marcha la sociedad de redactores dejaría de ser el accionista de referencia del periódico.

Durante los dos últimos años Fottorino ha desarrollado un proceso de saneamiento, que ha supuesto centrarse en el negocio del diario y despidos contestados con una huelga. La dirección era partidaria de la entrada de un socio externo (mostrando sus preferencias por la asociación de los grupos Lagardére y Prisa), con el apoyo de los sindicatos y la oposición de  la sociedad de redactores.

Le Monde ha pedido ofertas a los grupos interesados y quiere tomar una decisión el viernes.Lagardére no está interesado. El grupo italiano L?Espresso se ha retirado y Prisa quiere más tiempo, que el diario se convierta en matutino y que se realice una auditoría, así que no parece que la decisión termine por concretarse esta semana. Pero cuando el Consejo de Administración escoja al socio dominante, será la Sociedad de Redactores la que tendrá ante si una alternativa terrible: o abrir la puerta al nuevo socio y, por tanto perder la capacidad de controlar su propio diario, o decir no y precipitar la quiebra.

Para muchos de los periodistas de mi generación Le Monde ha sido un mito, por la calidad de su información y por el control informativo institucional ejercicio por la Sociedad de Redactores. La autogestión como control de la independencia parece haber agotado sus posibilidades en el mundo de los grupos multimedia.

¿Seguirá siendo Le Monde un diario independiente de referencia dentro de un grupo multimedia?

Más canales, menos independencia


No se puede decir mejor con menos palabras. Más canales de televisión en Europa, pero cada vez menos independientes. Esta es la conclusión del informe Television Across Europe 2009 (pdf) editado por el Open Society Institute de la Fundación Soros, continuación de otro más general realizado en 2005, sobre 20 países europeos (no se incluía España). En esta ocasión el informe sólo afecta a 9 países, todos de la Europa Central y Oriental, salvo Italia.

El panorama está dominado por la fragmentación de las audiencias, la consolidación de la concentración, la convergencia tecnológica y una regulación más laxa, de hecho o derecho.

Estas son sus principales conclusiones:

– Los servicios públicos de radio y televisión sufren una creciente presión política, un déficit de financiación, una crisis de identidad y un desprestigio en aumento.

– Los reguladores están cada vez más politizados.

– No se han tomado medidas para mejorar los contenidos de servicio público.

– Falta transparencia en la propiedad de los operadores privados.

– La sociedad civil no es tenida en cuenta a la hora de diseñar los modelos de radio y televisión.

– No se ha hecho nada para promover la alfabetización audiovisual.

Vale la pena hacer una referencia especial a Italia. Italia sigue siendo la “anomalía” en Europa Occidental. Con el 90% de las empresas privadas en manos de Berlusconi, su regreso al gobierno ha significado la retirada de las tímidas reformas iniciadas por el gobierno Prodi y nombramientos políticos tanto en la RAI como en los organismos reguladores.

En la presentación del informe, su editor Mark Thompson (director general de la BBC) calificó la situación de “contrarreforma”, pues las reformas a las que se vieron obligados los nuevos socios de la Unión Europeo en materia de pluralismo audiovisual están siendo revertidas, bien por vía legislativa, bien por vía de hecho, sin que la Comisión Europea reaccione, en un clima de impunidad que destroza la independencia y el pluralismo. “Los profesionales están siendo reemplazados por mediocridades políticas -dijo Thompson. Por su parte Aidan White, el secretario general de la Federación Internacional de Periodistas, pidió que el futuro de los medios se convierta en uno de los asuntos centrales de la política de la nueva Comisión Europea.

La crisis de Le Monde vista por Jean-François Fogel


Con ocasión del III Congreso Internacional de Periodismo en la Red he tenido la ocasión de intercambiar unas opiniones con Jean-François Fogel.

Fogel fue asesor del director de Le Monde entre 1995 y 2002 y es uno de los cerebros de la edición digital del periódico francés. Además, comparte la autoría del libro “La prensa sin Gutemberg” con Patino, uno de los triunviros descabalgados por la actual crisis. Conoce bien Le Monde, pero su posición parece próxima a la anterior dirección (Fottorino, Patino, Jeantet).

Para Fogel, la ampliación de capital por parte de Lagardére y Prisa es ineludible. Esa ampliación no cambiaría los contenidos, pero si el modo de gestión. Acusa a la Sociedad de Redactores de no querer adaptarse a las necesidades de una gestión más ágil, agitando el fantasma del riesgo para la independencia. Con la ampliación, la Sociedad de Redactores perdería su poder de veto. Los sindicatos quieren ocupar el espacio de la Sociedad de Redactores. La huelga reafirma su poder y su influencia de cara a negociar con la empresa. El diario de papel -dice Fogel- debe cambiar mucho y aprender de la gestión del diario digital.

Una opinión autorizada que me reafirma en la impresión de que la crisis no está ni mucho menos cerrada.

Los sacrificios de Le Monde


Ya se conoce el plan de saneamiento de Le Monde. El presidente del grupo Eric Fottorino lo presentó el pasado sábado 5 de abril al consejo de dirección (conseil de surveillance) y se resume en una cifra: 130 empleos menos. Esos 130 empleos suponen un 20% de la plantilla (598 trabajadores). La mayor parte de los puestos a eliminar mediante bajas incentivadas y prejubilaciones forzosas corresponde a la redacción: se eliminarán 58 periodistas de un total de 340. Otras medidas es desprenderse de cabeceras o negocios accesorios

El País informaba el domingo en un tono aséptico de este plan, que pretende terminar con los números rojos en 2009 y obtener beneficios en 2009. Libération acertaba con su titular “Un mundo cruel”. La lectura de esta información nos da algunas claves.

La reducción de personal es la alternativa a la ampliación de capital. Ante la crisis se abrían dos soluciones: reducción de coste o/y ampliación de capital. Los candidatos a la ampliación de capital eran los grupos Lagardère y Prisa.

Las sociedades de empleados apoyan el recorte. Las sociedades de empleados, accionistas del grupo, consideran que con estos sacrificios se evita una ampliación de capital que pondría en peligro la independencia editorial.

Los sindicatos se oponen. Los sindicatos no aceptan que el precio de la independencia sean despidos más o menos dulces. El fantasma de la huelga está a la esquina.

La crisis de Le Monde (ver Frágil acuerdo en Le Monde, La independencia de Le Monde) no ha terminado, pero va clarificándose.

(El martes 8 de abril, mientras escribía esta entrada, los sindicatos de Le Monde convocaban huelga para el 14 de abril)

Frágil acuerdo en Le Monde


El viernes 25 los accionistas internos y externos del Grupo Le Monde votaron por unanimidad a Eric Fottorino como director general del Grupo. ¿Pone fin este acuerdo a la crisis a la que ya me he referido en Periodismo Global?.

Recordemos que el Grupo Le Monde se encontraba descabezado en medio de un conflicto por la ampliación de capital que enfrentaba a los accionistas internos y externos. En medio de luchas intestinas la cuestión clave era si la Sociedad de Redactores y el resto de las sociedades de empleados iban a permitir una ampliación de capital por parte de Lagardére, Prisa y la Stampa, que lograrían, de este modo, el control accionarial.

Si nos atenemos al acuerdo por unanimidad sobre el nuevo director general parecería que la crisis ha sido superada. A esta conclusión llegaremos si leemos la propia versión de Le Monde. Pero a esa unanimidad se llegó en medio de un verdadero psicodrama y con un conjunto de condiciones puestas por unos y otros que indican que la tensión continuará durante los próximos meses.

En primer lugar, los accionistas externos exigieron la cabeza del presidente de la Sociedad de Redactores, Jean-Michel Dumay, el principal enemigo de una ampliación de capital que dé a Lagardére-Prisa el control del Grupo. Así Dumay, en medio de fuertes presiones, se comprometió a marcharse el 31 de marzo, coincidiendo con la salida del consejo de supervisión de Alain Minc, el ideólogo de la adaptación de Le Monde a los vientos neoliberales. La Sociedad de Redactores (que previamente había dado su apoyo a Fottorino, al igual que el resto de las sociedades de empleados) y sobre todo su presidente sacrificado se dicen hoy traicionados.

Hay más condiciones. Que Fottorino tome como adjunto a un gestor. Y que una comisión estudie la ampliación de capital. Fottorino, por su parte, anuncia un plan de relanzamiento, como prometió a los empleados.

Los partidarios de la ampliación se han apuntado la baza de eliminar a Dumay. Fottorino hace equilibrios entre el relanzamiento y la amplicación de capital. En estas condiciones la paz interna parece lejana. Las espadas sigue en alto.

La independencia de Le Monde


Le Monde se encuentra inmerso en una crisis en la que se juega su independencia; una crisis con dimensiones económicas, institucionales y económicas; una crisis con imnumerables cruces y entrecruces entre las política, las finanzas y el periodismo; una crisis que parece un culebrón, pero que puede resumirse en el enfrentamiento entre la Sociedad de Redactores y los accionistas externos del grupo y detrás más que se adivina la sombra del omnipresente Sarkozy.

El grupo Le Monde se encuentra descabezado al no aprobar su Consejo de Vigilancia el nombramiento de Eric Fottorino, hasta ahora director de la Redacción, como director general. Fottorino es el tercer miembro del trío que se hizo cargo del grupo después de la salida de Jean-Marie Colombani. En diciembre, los tres (Jeantet, Patino y Fottorino) tuvieron que dimitir bajo la presión de la Sociedad de Redactores, al pretender subir sus remuneraciones coincidiendo con el anuncio de pérdidas de 12 millones de euros en el último ejercicio -precedidas por otras aún mayores en los años anteriores. Fottorino recuperó su candidatura, ahora rechazada por el Consejo de Vigilancia merced a los votos de los accionista externo. El día 25 se hace efectiva la dimisión de los otros dos triunviros, de modo que el grupo tiene 10 días para encontrar una solución.

Los accionistas externos están aglutinados por Alain Minc, uno de esos enarcas que lo han sido todo en Francia. Minc, que, como presidente del Consejo de Vigilancia, ha sido el poder en la sombra durante la última década, sostiene que el grupo pasa por una crisis finaciera y ha acudido a dos de los accionistas externos, Arnaud Lagardère (17,27% de participación) y el grupo Prisa (15,01%) para que procedan a cubrir una ampliación de capital y convertirse, así, en accionistas de referencia en detrimento de la Sociedad de Redactores.

Quizá convenga hacer un poco de historia. En la hora de la Liberación, el gobierno De Gaulle se incautó de los periódicos que habían estado en manos de colaboracionistas. Uno de ellos era el prestigioso Le Temps, entregado al periodista Hubert Beuve-Méry, que crea una sociedad de responsabilidad limitada y construye una línea editorial síntesis de las tres grandes familias de la Resistencia: gaullistas-nacionalistas, democristianos, comunistas. El diario se convertirá con el advenimiento de la IV República en 1958 en la voz más crítica al general. Fuera de Francia, es la referencia para cualquier interesado en la política internacional y la diplomacia. Para la oposición interna a la dictadura franquista Le Monde era una ventana privilegiada hacia el exterior . En 1951 se crea una Sociedad de Redactores, como modo de garantizar la línea fundacional. En 1968, al rebufo de mayo, a la Sociedad de Redactores se suman otras dos más, de empleados y cuadros. Entre las tres controlan la casi absoluta mayoría del capital de la sociedad limitada. La Sociedad de Redactores se convierte en un modelo para las reivindicaciones de participación de los periodistas en la línea editorial de sus medios.

Pero los tiempos cambian, hay que abordar los cambios tecnológicos y la competencia de los medios audiovisuales, Le Monde se convierte en sociedad anónima y se abre al capital exterior. Desde entonces, este medio de referencia ha vivido en una continua pugna entres esos accionistas externos, pendientes de la rentabilidad y con sus propios intereses políticos, y la Sociedad de Redactores, defensora de la línea editorial, pero también marcada por luchas internas de poder. El gran arma de los redactores es su poder de veto sobre el nombramiento del director general, facultad que ejercieron el pasado mayo para no renovar en el cargo a Jean-Marie Colombani.

La mítica indpendencia de Le Monde ha sido cuestionada por obras como “La face cachée du Monde”, de Péan y Cohen, quienes denunciaron que Minc, Colombani y su antecesor Plenel habían convertido el diario en un instrumento al servicio de los poderes dominantes de la política francesa.

Ahora el conflicto se polariza entre Minc y la sociedad de redactores, que intenta desde el pasado junio su cese al frente del Consejo de Vigilancia. Minc, asesor de Sarkozy, propone que Lagardére y Prisa (amboos grupos tienen un pacto accionarial) se conviertan en el accionista dominante. Arnaud Lagardére, propietario de Paris Match y patrón de un gran grupo industrial, es uno de los “hermanos” de Sarkozy y le ha mostrado su amor filial impidiendo que Paris Match publicara las historias de la primera espantada de Cecilia. Unas relaciones entre los medios y el presidente que llevan a analistas franceses a expresar temores sobre la libertad de prensa en Francia, como ha recogido la corresponsal de la BBC.

El aumento de ventas no ha detenido las pérdidas que se repiten año tras año. Mientras, la división de Le Monde en la red tiene beneficios y se ha convertido en una referencia de prestigio para los internautas. El diario ha hecho muchos cambios para conectar con los lectores, pero quizá se hora de abandonar ese carácter de diario vespertino (sale al mediodía con la fecha del día siguiente) que resulta un tanto anacrónico.

¿Saldrá reforzada la independencia de Le Monde de esta crisis?. Ya veremos.

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