El periodismo no puede limitarse a 140 caracteres


Recojo aquí la intervención de Paco Audije en el Congreso de la Federación de Sindicatos de Periodistas el pasado 16 de mayo (Espartinas, Sevilla). Me limito a copiar la primera parte de la intervención. Para su lectura completa, puede encontrarse el texto en la página de documentos de este blog.


El periodismo es más que nuevas tecnologías y publicidad y no puede limitarse a 140 caracteres.

El día uno de abril, día de los Inocentes, para la mayoría de los países europeos, el diario The Guardian, anunció que dejaba de publicar su edición en papel. Los 188 años del diario, además, serían integrados en un proyecto de archivo descargable a través de la red de socialización por internet llamada Twitter. The Guardian declaraba aquel día que los expertos consideran que cualquier historia puede ser relatada en un total de 140 caracteres, que es el número máximo que admite Twitter.

Como ejemplo de titular del periodismo del futuro en Twitter, se daba el siguiente “OMG Hitler invades Poland, allies declare war, see tinyurl.com/b5x6e for more”. El más famoso discurso de Winston Churchill, en 1940, en plena batalla posterior contra los alemanes, diría sólo: “Lucharemos en las playas, nunca nos rendiremos”, vaya a YouTube si quiere saber más”. Y entre los ejemplos de brevedad de los artículos propuestos, se resumía el que pronunció Martin Luther King en 1963 diciendo, simplemente: “Tengo un sueño: mis cuatro hijos vivirán algún día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel”. El resto del legendario discurso podría obtenerse en otros fragmentos de Twitter, pero los expertos no los consideran imprescindibles. Y creo que el resumen de los problemas del periodismo actual empieza aquí:  qué se considera prescindible.

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Porque el mismo diario inglés -que muchos consideran el más vanguardista en la renovación y en las nuevas tecnologías (tiene 29 millones de lectores digitales en EEUU) terminaba su historia diciendo que, en pocas semanas, redes de telepatía social convertirían tanto a The Guardian como al propio sistema Twitter en una antigualla.

Según muchos, hoy día podemos prescindir ya de la prensa de papel, de pago o gratuita. Y una vez asumida esa “lógica”, hay que hacer desaparecer (o veremos desaparecer) las redacciones,  los periodistas y hasta las explicaciones, porque los mensajes comprimidos en todos los formatos de las nuevas tecnologías son suficientes. Estas recomendaciones de concisión y velocidad son tan viejas que citaré a un maestro decimonónico del periodismo: “Los hechos (decía) han desterrado las ideas; los periódicos, los libros. La prisa, la rapidez, diré mejor, es el alma de la existencia, y lo que no se hace deprisa en el siglo XIX, no se hace de ninguna manera”. Y el mismo Larra anticipó la broma de Twitter al escribir lo siguiente: “Estoy decidido a no gastar palabras en balde; mi periódico ha de ser todo substancia; así, cada sesión de Cortes vendrá en dos líneas…“

Apenas se discuten ya las voces de profeta y sólo se debate sobre los plazos de la extinción del oficio. Como mucho, añaden, “tal como lo hemos conocido”, como si los que estamos aquí lo hubiéramos conocido siempre de manera idéntica. Como si no fuéramos todos periodistas de medios distintos, de prensa escrita y de radio, de televisión y de medios digitales; de diarios o semanarios, de revistas gráficas o magazines de radio; de redacción o reporteros de calle; como si todos escribiéramos los mismos textos en cualquier tipo de medio, audiovisual o escrito. Desapareceremos pronto y sin remedio. Olvidan que algunos –como yo mismo- hemos ejercido más el periodismo mediante el relato oral y visual que mediante la escritura.

Está claro que estamos ante un momento crucial, pero todos hemos conocido capítulos de la evolución del oficio y de los medios. Conviene repasarlos, porque relativizan un poco lo que nos sucede en estos momentos. Desde luego, en lo que a mí se refiere, empecé como periodista freelance en publicaciones minoritarias de la prensa escrita. Conocí los fotolitos, la corrección de las galeradas en la imprenta y el sonido de las máquinas de escribir. Y después, en 24 años de trabajo en televisión, he vivido –al menos- cinco reconversiones tecnológicas relacionadas con la toma de imágenes, con el montaje, con la forma de los envíos o con los directos. Y no quiero olvidar el proceso de desaparición de los teletipos de papel que nos enviaban las agencias y el aparcamiento definitivo de la máquina de escribir.

Ahora, está muy claro, no es difícil reconocerlo, el desafío es mayor. Porque la crisis de la que todos hablamos  tiene que ver con el desarrollo de internet, primero,  y con la crisis financiera y global, a continuación. Alguien nos decía hace poco que hay “una presión terrible sobre el dinero y los recursos de los medios”. Además, ese doble escenario tiene un tercer fondo: abundan la comunicación y la información irrelevante y escasean los análisis y la verdadera información.  Aquí ya saco una primera conclusión: tenemos que prescindir -todo lo que podamos- de lo irrelevante y concentrarnos en la calidad. En el periodismo de calidad, en el periodismo ético, en los principios del oficio, que deben sobrevivir con una u otra versión tecnológica.

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Fotoperiodismo en el New York Times


Cada día el New York Times nos sorprende con una nueva plataforma de publicación. En este caso se trata de Lens, un blog dedicado a la fotografía, vídeo y fotoperiodismo.

Como se dice en su presentación, aunque hasta los 7o era común que no hubiera una sola foto en la portada, el fotoperiodismo ha sido una de las savias que han vivificado la Redacción del diario.

Recomiendo este vídeohecho con humor  sobre el modo de trabajo del “pool” de la Casa Blanca.

Las elecciones europeas en YouTube


Libération titula “El gran circo de los vídeos”. Los servicios de comunicación del Parlamento Europeo han decidido promover el voto con una campaña, una de cuyas piezas esenciales es la producción y carga de vídeos en YouTube y en otros repositorios como DailyMotion. Algunos de estos vídeos se pasan también en las televisiones convencionales como el de “estas no son las noticias reales” que incide en la importancia de los temas que puede decidir el futuro parlamento.

El vídeo es un buen ejemplo de las dificultades de plantear campañas o cualquier iniciativa común desde la diversidad de lenguas. Visto desde televisión, resulta un galimatías y dudo que muchos telespectadores entiendan el mensaje.

Otros acuden a un mensaje más elemental utilizando el humor.

Pero el problema general es que se trata de una campaña general de comunicación, como se muestra en el último de los vídeos que incrusto.

Una campaña que ha tenido en cuenta las nuevas plataformas de distribución del vídeo, pero campaña al fin y al cabo y, por tanto, carente de la espontaneidad de los vídeos en la red. Falta, sobre todo, una verdadera propuesta de interactividad.

Cualquier iniciativa es buena para favorecer la participación, pero lo que se echa en falta son verdaderos debates europeos, debates comunes, con actores europeos representantes de las distintas sensibilidades e ideologías, que podrían repetirse, adapatados, en cada televisión nacional.

El gran desafío de la Unión Europea, su democratización, sólo puede conseguirse dando pasos hacia un espacio público y una opinión pública común.

Imágenes de la globalización: Pakistán/Afganistán


En el valle de Swat, en Pakistán, se vive estos días otra de las grandes crisis de refugiados, o para ser más precisos, una crisis de desplazados. La Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, ha hecho un llamamiento para reunir recursos para atender a 800.000 civiles que durante los últimos meses han huido de los combates entre el ejército y los talibanes. El número de desplazados puede haber sido inflado por las organizaciones humanitarias, pero en cualquier caso, entre los que viven en campamentos o en casas de familiares (donde les resulta más fácil mantener la segregación de las mujeres, el purdah) los que han dejado sus hogares son varias centenares de miles.

La ofensiva del ejército llega después de que avanzadillas de los talibanes tomaran un distrito, apenas a 100 kilómetros de Islamabad, la capital del país.

Se encendieron entonces todas las alarmas, más en Washington que en el propio Pakistán. ¿Podrían conquistar el poder y con él las bombas atómicas del país? Sólo unas semanas antes se había llegado a una tregua en este idílico valle de alta montaña, un acuerdo que permitía a los talibanes imponer su versión estricta de la sharia, la ley islámica.

Después de la incursión, Washington -su diplomacia, sus mandos militares- apretaron las tuercas al débil gobierno de Zardari. Y el ejército atacó de manera indiscriminada,con bombardeos áereos y de artillería que han ocasionado más víctimas entre los civiles que entre los milicianos y que ha provocado el actual éxodo.

Los testimonios de los corresponsales hablan de que los desplazados temen más al ejército que a los talibanes, con los que comparten una forma de entender la vida dominada por la sharia y el código pastún. Como en Afganistán, la política de tierra quemada, más que erradicar a los talibanes, enajena el apoyo al gobierno de la población civil y engrosa las filas de estas milicias fundamentalistas.

¿Qué saldrá de estos campamentos de desplazados si se eternizan, como es previsible? De los campamentos de refugiados afganos en Pakistán -todavía quedan allí un 1,7 millones- salieron los talibanes, los estudiantes de teología islámica que en apenas dos años, entre 1994 y 1996, tomaron el poder en Afganistán, después de barrer a los mujaidines, capaces de derrotar al Ejército Rojo, pero incapaces de ponerse de acuerdo entre ellos. Los estudiantes impusieron un orden cruel, pero orden al fin y al cabo que terminó con el caos de los mujaidines.

Los que huyen hoy de los combates del valle de Swat son las últimas víctimas de la guerra de Afganistán, un conflicto globalizado, hijo de la Guerra Fría.

Fue el último episodio de la Guerra Fría. Los soviéticos invadieron Afganistán en 1979 en apoyo de una de las facciones del Partido Comunista. Como todos los que trataron de conquistar este territorio no lo hicieron atraídos por sus riquezas, sino por su valor estratégico como territorio entre China, India, Pakistán e Irán. Y como los que les precedieron, los soviéticos no pudieron imponer su orden a este mosaico de pueblos levantiscos, orgullosos y primitivos.

El Ejército Rojo sufrió una derrota que aceleró la caída de la URSS. En ella tuvieron buena parte la CIA y los servicios secretos paquistaníes, financiando, armando y apoyando a los mujaidines, los guerreros de Dios.

Y se convirtió en un conflicto globalizado. Expulsados los soviéticos poco importaba en Washington el destino del país. Tampoco preocupaba mucho a los mujaidines y sus jefes, los Señores de la Guerra, lo que ocurriera en el resto del mundo y desde luego no parecían dispuestos a extender la sharia, o no más allá, al menos de alguna de las antiguas repúblicas de Asia Central.

Los talibanes ya tenían otros designios, instaurar el Califato Universal, aunque todos sus esfuerzos y energías se concentraban en su país. Pero dieron acogida a un millonario saudí que había financiado la lucha contra los soviéticos y que si tenía una idea y una estrategia para lanzar la jihad, la guerra santa, global. Se llamaba Osama Bin Laden.

Estados Unidos y una coalición de “voluntarios” expulsaron a los talibanes en el primer episodio de Guerra contr el terror de Bush. Los norteamericanos hicieron la guerra desde el aire y la infantería la puso la Alianza del Norte, la unión de circunstancias de los Señores de la Guerra no pastunes.

Bin Laden se refugió en algún lugar de la porosa frontera entre Pakistán y Afganistán -eso suponiendo que no esté tomando el sol en las Bahamas… Fuera de bromas, lo cierto es que las tribus pastunes, a un lado y otro de la frontera, la línea Durand, trazada artificialmente por el Imperio Británico, comparten los mismos códigos y el mismo entendimiento rigorista de la religión.

Estados Unidos y sus aliados pusieron en el poder a Karzai, un pastún occidentalizado. Los norteamericanos mantuvieron su misión de combate en el sur, produciendo frecuentes “daños colaterales” entre la población. Y al resto del país llegaron los soldados de la OTAN con una imposible misión de reconstrucción. La corrupción, los ataques indiscriminados, la presencia de unas tropas percibidas como ocupantes han extendido la mancha talibán, a un lado y otro de la frontera.

Obama cambia de estrategia. Quiere favorecer la reconstrucción y desarrollar una lucha contrainsurgente en alianza con grupos locales. Y para ello pide a sus socios de la OTAN más tropas.

Los seminaristas barbudos amenazan con tomar el poder en Kabul e Islamabad. No tienen fuerza para hacerlo, pero sí para mantener una inestabilidad que afecta a Pakistán, Afganistán, India, Irán y las repúblicas ex soviéticas de Asia Central.

AfPak, como ahora designan los norteamericanos a Pakistán y Afganistán, seguirá siendo un foco de irradiación del jihadismo global.

Y otros muchos inocente, como los del valle del Swat, se convertirán en refugiados en su propia patria.

(Otras entradas de la serie Imágenes de la globalización: Piratas del Índico, La Nueva Gripe, Refugiados, Sri Lanka)

Periódicos de papel interactivos


The New York Times acaba de lanzar dos nuevas plataformas de difusión. Una, pretende mantener facilitar la lectura a los que vienen del papel. Otra, copia el formato de los blogs, para atraer a los nativos digitales.

Times Reader 2.0 es una presentación continuamente actualizada e interactiva que imita el papel. “Se lee como un periódico” dicen en su presentación.  Ha sido un desarrollo del periódico con Adobe y se basa en Flash. Es necesario descargar e instalar una aplicación, que trabaja en línea y en local.

(Una solución parecida, también basada en Flash se utiliza por el Boletín de la Asociación de la Prensa de Madrid)

El resultado es una lectura fácil y cómoda, con un diseño espacial semejante al de la página de periódico, lo que permite mantener la jerarquización tradiconal de las informaciones por su localización y extensión.

Para acceder a todos los contenidos hay que suscribirse (3,45 $ a la semana). Pero el acceso a las últimas noticias es libre.

La otra plataforma es Time Wire, con un formato de blog, o si se quiere de Twitter, en la que se van publicando todas las informaciones y entradas de blogs del periódico: un titular, un lead y un enlace a la información, publicados siempre los más recientes en la cabecera de la página. Su propio nombre –wire– indica la vocación de convertirse en un servicio de actualización permanente, que de alguna manera copia e intenta competir con las agencias.

Como se ve, el gran diario no está dispuesto a rendirse a la crisis y busca nuevas formas de difusión y negocio.

Imágenes de la globalización: Sri Lanka


En medio del silencio casi universal decenas de miles de civiles se encuentran atrapados en los últimos coletazos de una guerra que ha convertido a estas gentes en desplazados, refugiados en su propia tierra.

Sri Lanka, la Ceilán de los que estudiamos geografía en los 60, esa isla, con forma de lágrima, en el Indíco, al sur de la India, fue primero ocupada por los portugueses para terminar formando parte del Imperio Británico. Los británicos trajeron de la India a trabajadores tamiles, que asentaron en el norte y noreste de la isla. La mayoría originaria, los cingaleses, budistas, consideraron a los tamiles, hindues, una minoría privilegiada. Colonialismo y movimientos de población están en el origen del conflicto.

Después de la independencia, en los 80, estalló la guerra entre el gobierno dominado por los cingaleses y las milicias constituidas por los tamiles, los Tigres Tamiles. A mediados de los 80, India envió una fuerza de pacificación, que pese a los lazos de los tamiles con sus parientes del estado indio de Tamil-Nadu, no favoreció a la guerrilla. La venganza llegó en 1988 con el asesinato del primer ministro indio, Ravij Gandhi, por militantes tamiles. El conflicto se alimentó de nacionalismo identitario y se proyectó en forma de magnicidio a la vecina India.

En los 90, la capital del país, Colombo, se convirtió en escenario frecuente de sangrientos atentados con bomba. Los Tigres precedieron en el uso de terroristas suicidas (mujeres incluidas) a Al Qaeda y las milicias palestinas. En 2002 se llegó a un acuerdo de paz, roto frecuentemente por ambas partes y que degeneró en guerra abierta en 2006. Desde entonces, los Tigres han ido perdiendo territorios hasta quedar confinados en una estrecha franja. Se ignora con exactitud cuantos civiles están atrapados en ese infierno. Ni el gobierno abre corredores humanitarios ni la guerrilla los permite salir. Los bombardeos afectan a los precarios hospitales que se mantienen en la zona. El enviado de la BBC relata lo que se supone está ocurriendo detrás de las líneas que el ejército no permite traspasar a los informadores.

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Sri Lanka no tiene grandes recursos naturales ni es un territorio estratégico para las grandes potencias. Ello explica el clamoroso silencio informativo. Ha sido y es uno de esos conflictos olvidados. Lo que allí ocurre  es un caso de crímenes contra la humanidad,  para afrontar el cual la comunidad internacional debiera de invocar el principio de responsabilidad de proteger, esto es, facilitar a esta población la protección que su gobierno le debe y le niega.


(Otras entradas de la serie
Imágenes de la globalización: Piratas del Índico, La Nueva Gripe, Refugiados, Pakistán)

Imágenes de la globalización: refugiados


La mirada de esta joven madre y las heridas de su hijo son todo un resumen del destino de más de 30 millones de personas en todo el mundo. Ellos han sufrido el fuego cruzado del Ejército de Sri Lanka y de los Tigres Tamiles. Otros quedaron atrás, ellos han sobrevivido, pero ahora empieza un nuevo calvario.

Como ellos, refugiados, huyendo en masa de la guerra, el conflicto o el exterminio, acogidos renuentemente, cuando no con abierta hostilidad en los países vecinos. Viviendo en tiendas o bajo plásticos, en gigantescas aglomeraciones que terminan por convertirse en míseras ciudades permanentes.

Como ellos, desplazados, refugiados en su propio país, hostigados por ejércitos y milicias, a menudo sin la asistencia de organizaciones internacionales, a las que las fuerzas combatientes o los paramilitares impiden prestarles ayuda. En este capítulo, Colombia tiene el ominoso honor de ocupar uno de los puestos más altos de la escala, con cuatro millones de desplazados, expulsados por el ejército, las guerrillas o los paramilitares de sus casas y sus tierras, codiciadas para plantar coca, o ser explotadas con cultivos intensivos como la palma, que mata la diversidad natural de aquellas ricas regiones.

Como ellos, solicitantes de asilo, que piden el amparo para sus derechos que se les negaron en sus países, y que en los nuestros, tan democráticos, cada vez más se les rechaza, por si fuera el caso de que no huyeran de la guerra o el exterminio, sino simplemente del hambre.

Como ellos, apátridas, a los que algún estado ocupante, genocida o con alto grado de estima de una identidad uniforme, les niega. No son nadie. Hasta el derecho a ser protegidos por un estado (más bien a ser explotados) se les niega.

Palestina, Tibet, Afganistán, Croacia, Bosnia, Serbia, Kosovo, Ruanda, Uganda, Darfur, Colombia, seguro que olvido bastantes de los conflictos que en la segunda parte del siglo XX han generado eso 30 millones de huidos de la barbarie. De los campos de refugiados de hoy saldrán los guerrilleros y los terroristas de mañana.

Ante nosotros se encuentran en pleno funcionamiento dos fábricas de refugiados (desplazados), en Sri Lanka y Pakistán. Ambos conflictos son buenos ejemplos de conflictos globalizados. Para no alargar esta entrada, les dedicaré las próximas.

(Otras entradas de la serie Imágenes de la globalización: Piratas del Índico, La Nueva Gripe, Sri Lanka, Pakistán)

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