¿Cómo reaccionaría Obama?


Leo que Obama -en silencio estos días en sus vacaciones en Hawaii- declaró hace algún tiempo sobre los cohetes de Hamas que si alguien disparara proyectiles que pudieran poner en peligro la vida de sus dos hijas haría todo lo humanamente posible para eliminarle -un apoyo prácticamente abierto a las acciones de Israel.

¿Qué haría Obama si sus hijas se convirtieran en refugiadas en su propia tierra?

¿Qué haría Obama si sus hijas vivieran en un gigantesco campo de concentración al que los carceleros no permiten la llegada de alimentos y medicinas y al que cortan arbitrariamente suministros vitales como el agua y la electricidad?

¿Qué haría Obama si sus hijas murieran en bombardeos de castigo contra comisarías o iglesias, porque -es lógico, lo ha dicho la ministra Livni- en todas las guerras mueren civiles?

¿Qué recomendarían a Obama sus asesores, alguno sionista destacado como su jefe de gabinete Rahm Emanuel?

Anuncio publicitario

Y dicen que es la Tierra Santa…


Siempre recordaré los terribles testimonios de los familiares de un muchacho hispano-palestino, muerto por los disparos de la policía palestina en una manifestación anti Arafat, a mediados de los años 90, recogidos en una crónica de Daniel Peral para TVE. El hermano del fallecido se lamentaba -«Y dicen que es Tierra Santa…»

Una Tierra Santa que es un pedazo de tierra insignificante, pero cargado de valor simbólico y estratégico, que la ocupación y colonización judia roba poco a poco a los palestinos.

Esa Tierra Santa vuelve a desangrarse.  El bombardeo israelí contra Gaza no puede tener otra calificación que la de crímen contra la humanidad.

Ante ello, los poderes de la tierra, piden «contención» al agresor, que esgrime el Holocausto como justificación de una seguridad que sólo significa expolio y muerte para el vecino.

Los políticos israelíes hacen su campaña electoral con bombas. Quieren de nuevo una Gaza desestructurada e ingobernable. Al retirarse, dejaron reducida la Franja a la mayor cárcel del mundo. Se retiraron y tiraron la llave al mar. Pero Hamás ha conseguido imponer su orden en la cárcel a pesar del bloqueo.  Un orden que permite la vida cotidiana, pero que significa también la imposición de un modelo social y religioso… No es casual que uno de los objetivos haya sido la ceremonia de graduación de  la policía, uno de los logros de Hamas.

La acción de Israel aleja cualquier solución negociada. Hamas no tiene gran capacidad de respuesta directa, pero puede volver a lanzar una oleada de atentados suicidas. Y en Cisjordania puede encenderse una tercera Intifada.

¿Seguirá Obama apoyando sin fisuras a Israel?

Para terminar dejo el testimonio de un médico palestino recogido por la cadena SER. Vale la pena escucharlo hasta el final: ¿Dónde están los cristianos? ¿Dónde están los judios? ¿Dónde están los musulmanes?


Trampas para (inexpertos) presidentes demócratas


Barack Obama es virtual candidato demócrata a la Casa Blanca. John McCain es un buen candidato republicano, con una trayectoria de independencia que le aleja -a pesar de defender la permanencia en Irak- del cliché de «tercera presidencia Bush», que le atribuye Obama. La contienda final será dura y resulta aventurado pronosticar un vencedor, por mucho que las encuestas den ventaja al candidato demócrata.

La ola de entusiasmo que levanta Obama recuerda la que llevó a John F. Kennedy a la presidencia. Mientras el joven aspirante demócrata peleaba con el corrosivo Nixon, entonces vicepresidente de Eisenhower, el stablishment trabajaba para dejar las cosas atadas y bien atadas. La CIA preparaba la invasión de Cuba. Llegado el momento, el nuevo presidente no tuvo casi otra opción que la de autorizar la operación de Bahía Cochinos (Playa Girón para los cubanos), mal preparado y peor ejecutada. El régimen de Castro se alineó con Moscú. Un Kennedy, ya menos bisoño, tuvo que lidiar con la crisis de los misiles. Los grupos cubanos movieron los hilos de la conspiración que terminó con el asesinato de Kennedy.

Jimmy Carter también suscitó grandes esperanzas. Su política de exigir el respeto de los derechos humanos en las relaciones exteriores permitió, por ejemplo, que los sandinistas pudieran derrocar al tirano Somoza. Pero la Unión Soviética invadió Afganistán y Carter cayó en la trampa. Washington promovió a los mujaidines, los guerreros de Alá, presentados como luchadores por la libertad. En el humus creado por los servicios secretos creció Bin Laden. Aquellos mujaidines son hoy los señores de la guerra.

Obama ofrece hablar con todos, hasta con aquellos que Bush etiquetó como eje del mal. Para Irán, unas conversaciones directas y abierta con Estados Unidos ya serían un logro estratégico. Pero el presidente Ahmedinejad puede sentir la tentación de, tras hacerse la foto, impedir cualquier avance, que le debilitaría mientras fortalecería a sus enemigos moderados. Por si acaso, el primer ministro israelí Olmert y sus ministros de exteriores y transporte amenazan con atacar las instalaciones nucleares iraníes. No es una amenaza como para tomársela a broma -ayer viernes 6 de junio las declaraciones del ministro de transportes, Saul Mofaz, dispararon (más todavía) el precio del petróleo- aunque haya que encuadrarla en la lucha por el liderazgo del partido Kadima. Lo que está claro es que Israel no puede dar ese paso sin la aprobación de la administración Bush. Sería el último servicio de Bush a la causa del caos. El bombardeo generaría una onda expansiva que demolería todos los equlibrios de Oriente Próximo. Irán intentaría cerrar el estrecho de Ormuz y el crudo se podría a ¿200 dólares?. La trampa se cerraría y Obama, envuelto en la bandera, enterraría su oferta de diálogo.

Otra vez el holocausto… Que poco aprenden los pueblos


Cómodamente sentado en mi sillón soy espectador, una vez más, de las terribles imágenes del tormento a que se ve sometido el pueblo palestino. Gaza, la mayor prisión del planeta, es reiteradamente bombardeada y su población masacrada. La muerte y sufrimiento de los más inocentes, los niños, nos conmueve, pero la matanza sigue, como algo natural, como la «respuesta» a los ataques con cohetes Kassam a territorio israelí, que el gobierno de Olmert pretende presentar como lucha contra el «terrorismo» palestino.

El viceministro de defensa israelí, Matan Vilnai, ha sobrepasado esa justificación arquetípica, tan homologable en Washington, y ha entrado en un terreno simbólico nada favorable a los israelíes, al amenazar a los palestinos con la «shoah«, el holocausto, si siguen disparando sus cohetes artesanales contra Israel.

Que la población de origen judio de Europa fue objeto del genocidio nazi, está fuera de discusión. No fue un genocidio exclusivo, lo sufrieron también los gitanos y los homesexuales y en cierta medida los pueblos eslavos, pero de todos ellos el genocidio judio fue el más sistemático, el más premeditado. El movimiento sionista justificó en ese genocidio su derecho a un estado propio y el genocidio paso a convertirse en holocausto, shoah en hebreo, y adquirir connotaciones no ya simbólicas, sino plenamente religiosas. El pueblo judío había sido sacrificado y eso convertía a los supervivientes, «el resto de Israel» en términos bíblicos, el derecho a un estado propio en el que ya nunca volvieran a ser extranjeros, un estado propio construido por pioneros socialistas (sionismo) o concrección de la Tierra Prometida porn Yahvé (religiosos, revisionistas).

Negar el holocausto es delito en muchos países europeos, y aunque es una cuestión controvertida a la luz de la libertad de expresión, creo que esa garantía es de justicia para la víctimas y una verdad que se debe a las jóvenes generaciones.

Cuando Matan Vilnai amenaza con holocausto no hace sino expresar que las víctimas del genocidio, porque lo fueron, hoy pretenden arrogarse el poder de someter al genocidio a otro pueblo… que los antiguos esclavos de Egipto vuelven a estar dispuestos a exterminar a los cananeos que habitan en la Tierra Prometida.

El presidente palestino Mahumd Abbas denuncia que lo que ocurre en Gaza es peor que el holocausto. Genocidio es la exterminación sistemática de un grupo humano (grupo étnico, religioso, político o diferenciado de alguna manera, por ejemplo, por su orientación sexual. ¿Es genocidio lo que sufren los palestinos?. En sentido jurídico estricto puede que no, pero estos actos son, sin duda, crímenes contra la humanidad.

¿Hasta cuando los israelìes, religiosos o laicos, van a consentir que se cometan estos crímenes en su nombre invocando la shoah?

El estado judio


Bush en el museo del Holocausto - ReutersLos medios de todo el mundo han titulado que Bush pide a Israel que se retire de los territorios palestinos. Los titulares no mienten, pero no dicen toda la verdad.

En su primera y última visita al corazón del conflicto -el núcleo de todos los conflictos del Próximo Oriente- el presidente de Estados Unidos ha mostrado una ingenua esperanza de que la paz es posible haciendo realidad un estado palestino. ¿Qué estado palestino?. Uno basado en una Gaza incontrolable, bajo control de Hamas y en los restos de Cisjordania. Cisjoradania se ha visto amputada por el muro y alberga tres grandes asentamientos israelíes en su seno con a 120.000 habitantes. Habría que hacer -dice Bush- reajustes territoriales, esto es, ceder desierto a los palestinos a cambio de estos territorios que seguirían ocupados. Sería un estado inviable, cortado por carreteras exclusivas para israelíes, controles de seguridad y hasta guarniciones militares junto al río Jordán. Un batustán, un estado palestino vasallo de Israel, en el que los palestinos no podrían respirar.

Bush ha dado por supuesta la teoría de dos estados: uno judío y otro árabe. Si Israel es un estado judío, los refugiados palestinos, expulsados del territorio de lo que hoy es el estado de Israel, no podrían regresar, pues su hogar nacional sería el estado árabe palestino. Ese estado palestino, un pequeño territorio fragmentado, tendría que acoger a aquellos que quisieran regresar, sin responsabilidad alguna para Israel. Y reconocer a Israel la condición de estado judío puede significar forzar la asimilación o expulsión de la minoría árabe, cada vez más numerosa y activa. En definitiva, un proyecto de limpieza étnica.

Muy pocos israelíes o palestinos, un número seguramente ínfimo, estarían por un estado único, multiétnico, multicultural, laico, democrático… El tiempo para esa solución parece haber pasado, pero, en su defecto, israelíes y palestinos se ven abocados a convertirse en comunidades confesionales, cada vez más radicalizadas y sin posibilidad de vivir amistosamente una al lado de otra.

A %d blogueros les gusta esto: