Los peligros de Bolonia


Algunos -en el lado de los estudiantes y en el lado de las autoridades universitarias y policiales- están consiguiendo que la reforma de Bolonia se convierta en un problema de orden público. Muchos estaban esperando incidentes como los de ayer en Barcelona. Es lo peor que le podría ocurrir a la Universidad, que su reforma se convierta en campo de batalla y no de debate. Me reafirmo en el análisis que hice casi hace un año.

El otro peligro es que se convierta en una gran mentira. Una reforma a «coste cero» no desarrollará su principal aspecto positivo, el cambio hacia un aprendizaje dinámico. Si la Universidad sigue masificada, como parece que ocurrirá en las grandes universidades, los rótulos cambiarán, pero los contenidos y los métodos didácticos serán los mismos. Se producirá un gran caos en el que todos perderán. Los profesores no están preparados y muchos ni quieren estarlo. La dedicación docente tendrá que aumentar, con consecuencias negativas para la investigación.

Recojo a continuación dos documentos que llaman al debate desde el rechazo de la reforma. Uno es la carta de los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Información a sus profesores. Tiene un toque de sinceridad e idealismo que emocionan. Otro es el manifiesto de los catedráticos y profesores opuestos a Bolonia, cuyo primer firmante es Fernando Savater. En este manifiesto se critican las campañas de información convertidas en propaganda. A este respecto cabe recordar la campaña informativa lanzada por RTVE hace dos semanas. El servicio público tiene la obligación de afrontar todos los grandes temas sociales, pero creo que es un error convertirlos en campañas, que se convierten en autopromociones. La información en este caso fue bastante ramplona; estaban, por supuesto, las voces contrarias, pero todo se quedaba en una caricatura. Salvo el Crónicas Generación Bolonia con un planteamiento serio y en profundidad, cuyo visionado recomiendo.

Recojo a continuación los dos documentos señalados.

Carta Abierta al Profesorado:

Somos futuro. La juventud respondona e incomprensible que decía Platón. Cuerpos desnudos queriendo cambiar el mundo. Como ustedes. Como los abuelos de nuestros abuelos.

Como ustedes, decimos no a lo que no nos gusta y luchamos cuando no se nos tiene en cuenta. Gritamos en la calle, en las facultades, en las escuelas y exigimos participar.

No somos vanguardia, ni novedad. Solo somos la fuerza necesaria que protagoniza la juventud eterna moviendo la historia, creándola. Como ustedes.

Por eso, porque estamos convencidos de la importancia de nuestra labor tomamos el relevo de vosotros, como vosotros.

Cada vez más fuertes, los estudiantes hemos retomado el viejo movimiento imparable y transformador que nunca envejece. Seremos recordados, como vosotros y ojalá que con vosotros.

La edad da la experiencia y la juventud la valentía. Guiadnos por el camino que hemos construido, construid el camino con la guía que os ofrecemos. Dejemos de lado el pesimismo de la madurez, ¡bienvenido el optimismo juvenil! Basta de trabas, el proceso de Bolonia se puede parar, pues todo lo que la sociedad quiere la sociedad lo consigue.

Esto no acaba aquí. La Estrategia de Universidad 2015 plantea un nuevo horizonte en la lucha, un segundo paso del proceso de Bolonia. Esto aún no ha terminado y nuestro movimiento es infinito, él si que es imparable.

Profesoras y profesores, bajad a los cimientos de la Universidad. Allí estamos nosotros construyéndola y no nos vamos. Quedáis invitados a poner vuestros ladrillos. Juntos, somos invencibles. Atentamente,

Asamblea de Ciencias de la Información.

Declaración de profesores e investigadores universitarios sobre la huelga del 12 de marzo contra la actual reforma universitaria (Plan Bolonia)
Quienes firmamos este escrito, todos profesores e investigadores universitarios, declaramos, en primer lugar, que nos ha decidido a redactarlo y a hacerlo público el espectáculo bochornoso de la respuesta institucional a los estudiantes contrarios a los principios y al modo de implantación de la actual reforma universitaria. No es difícil pronosticar en qué quedará el desigual pulso entre, por un lado, universitarios que piden el aplazamiento de la puesta en marcha de dicha reforma hasta que una verdadera discusión pública haya esclarecido su sentido general y su contenido preciso y, por otro, el poderoso complejo gubernativo-gerencial-mediático responsable de la reforma misma y del diseño y ejecución de la actual campaña de “información” sobre el denominado plan Bolonia.
Pero la sociedad española debe saber que, lejos de tratarse de energúmenos antisistema o desinformados adolescentes, los estudiantes del llamado “movimiento anti-Bolonia” son, en este momento, los únicos miembros de la comunidad universitaria que están teniendo la lucidez, la responsabilidad, el coraje y la generosidad suficientes para defender inflexiblemente, contra su sustitución por una cosa bien distinta, el concepto mismo y las condiciones de existencia de un verdadero sistema de enseñanza superior. Los únicos interesados, al parecer, en la supervivencia y ratificación de una institución que conserve de “Universidad” algo más que el nombre y que permanezca ligada a los ideales de la Ilustración por algo distinto de la propaganda. Lo hacen en un país y en un mundo que se muestra incapaz de entender y respetar una actividad como el estudio, en un país y en un mundo que desprecia la idea misma de una búsqueda desinteresada de la verdad, que ignora, en general, todo lo que una larga tradición llamó teoría, y que apela al “interés de la sociedad” para socavar las bases humanistas y los logros institucionales del concepto político de igualdad.
La sociedad española debe saber que somos muchos los profesores e investigadores que, quizá no tan generosos, quizá no tan valientes, y desde luego mucho menos eficaces que estos estudiantes, suscribimos plenamente sus planteamientos. Es más que probable que sean derrotados en su esfuerzo por conservar el tesoro de independencia científica y de libertad académica que todavía connota la palabra “Universidad”, que el estruendo y los publi-reportajes diseñados para desactivarla distorsionen lo más hondo de la exigencia de estos muchachos: la exigencia de que no desaparezca de su país el lugar y la promesa de una posibilidad de vida seria, regida por el amor al saber y a la realidad. Esa promesa nos encaminó a la Universidad cuando éramos estudiantes: reconocíamos en ella el lugar que guardaba la libertad para la verdad como su esencia más propia, el fin del colegio y los tutores, la oportunidad también para nosotros de convivir, como adultos, con hombres sabios que no tenían otro interés que la investigación de las cosas del mundo, por ellas mismas, por amor del conocimiento.
Por eso, si los estudiantes son derrotados en su defensa de la Universidad pública quisiéramos que se nos considerara derrotados con ellos. Y por esta misma razón, nos sumamos a la llamada que hacen a la comunidad universitaria, y pedimos apoyo a la huelga y manifestación del 12 de marzo en defensa de la Universidad pública.

Los interesados en adherirse a esta declaración pueden registrar sus datos (nombre y apellidos, vinculación institucional, Facultad/Departamento y Universidad) en el siguiente formulario.

Ver lista de adhesiones http://spreadsheets.google.com/pub?key=pZwL-lvIAxO7B-lazeArIEA

Europeana versus Google


La Comisión Europea lanzará el jueves 20 uno de esos proyectos que pueden convertirse en un éxito que dé sentido a la identidad europea… o en un gran fiasco. Se trata de Europeana, una iniciativa que pretende reunir en un solo ciberacceso la herencia cultural europea en formato digital: textos, imágenes y sonidos.

La Comisión no va a digitalizar una sóla página. Europeana se convertirá en un portal que integrará los diversos proyectos de digitalización de fondos culturales que se llevan a cabo en Europa por instituciones públicas y privadas. Der Spiegel en su edición internacional da una completa información sobre Europeana

Si la misión última es reforzar la identidad común, la finalidad práctica es no dejar en manos de Google el volcado de la cultura europea al ciberespacio. Europeana está en la misma línea del fracasado buscador Quaero. Google ha digitalizado ya 10 millones de libros para su proyecto de Biblioteca Digital (más en The Google Library Project: Both Sides of the Story). Por ejemplo, la Biblioteca de la Universidad Complutense participa en el proyecto Google.

Desde el punto de vista práctico, el problema a resolver es homogeneizar el acceso a la información. Europeana ha establecido un formato común de metadatos para los proveedores de materiales digitalizados.

No cabe duda que muchas instituciones europeas estén en este momento en proceso de digitalización de sus fondos, si es que no la han terminado ya. La cuestión es ¿qué incentivos tendrán para integrarlos en un portal común? Sin duda, una mayor difusión. Pero seguramente hace falta alguna acción institucional que favorezca esta puesta en común. ¿Tendrán los eurocratas la constancia para llevar adelante la iniciativa? ¿Iusionarán a los custodios de las patrimonios locales? ¿Se convertira Europeana en seña de identidad europea?

Haris Silajdizic defiende una Bosnia unificada


Haris Silajdzic

Pocos políticos bosnios tan inteligentes y carismáticos como Haris Silajdzic, el cerebro de la resistencia bosnia, como ministro de exteriores, primer ministro y negociador de los acuerdos de Dayton. Después de la guerra, rompió con el partido nacionalista musulmán de Izetbegovic y terminó por abandonar la política durante unos años. Pero en 2006 regresó y las elecciones le encumbraron a la presidencia colegiada de Bosnia-Herzegovina.

El 28 de julio fue entrevistado en el espacio de la BBC Hard Talk (Vídeo)

En la entrevista, Silajdzic defiende su idea de unificar de nuevo Bosnia-Herzegovina, fusionando en una único estado las dos entidades existentes: la república Srpska y la Federación Croata-Musulmana. Su argumento, que a lo largo de la Historia etnias y religiones vivieron bajo un mismo estado y que la república Srpska está basada en la limpieza étnica.

Ambos argumentos son ciertos y existe otro más pragmático: la ineficiencia del engrendo nacido en Dayton. Un estado (¿confederal?) formado por dos entidades estatales, una de ellas una federación de dos componentes y dentro de cada una de esas entidades cantones con una amplia autonomía y ayuntamientos. Una organización mucho más compleja que la española, con un sinfín de niveles administrativos y con los escasos recursos absorvidos por el clientelismo político. Pero a pesar de todos estos argumentos, sólo una decisión de los ciudadanos de todas esas entidades podría superar el estado salido de Dayton. El consenso parece imposible. Es cierto que en las tres comunidades cada día tienen más influencia las fuerzas políticas que apuestan por esta solución, pero los partidos dominantes y la mayoría de las poblaciones siguen identificándose con opciones etnicistas, y no sólo en la república Srpska, sino también y muy señaladamente en la Herzegovina, con una parte de la población identificada con el nacionalismo croata. La situación de Kosovo refuerza, además, las tendencias favorables a la unificación con Serbia en la república Srpska. El único horizonte es la Unión Europea. Con Croacia, Serbia y la propia Bosnia-Herzegovina dentro de la Unión, el estado salido de Dayton podría convertirse en un estado único, con autonomías regionales y respeto a los derechos de las minorías.

En la entrevista, Silajdzic defiende el término «bosniaco» para designar a todos los habitantes del país, sea cual sea su origen étnico. Y resta importancia a los crímenes cometidos por los bosnios-musulmanes, que actuaban en defensa propia frente a una agresión planificada. Una posición indefendible, porque los crímenes de todos son igualmente execrables y punibles.

Justicia en Serbia; Justicia para Serbia


¡Qué dificil resulta para los pueblos asumir y depurar una historia criminal! España es campeón en la aplicación de la Justicia Universal contra genocidas extranjeros, pero nuestra transición se basó, no en el perdón, sino en el olvido. Ahora, recuperar la memoria se ha convertido en una incómoda papeleta para el gobierno. Italia, pese a todo la mística partisana, tampoco asumió sus culpas y una corriente profunda fascista (como en España franquista) ha ido aflorando de cuando en cuando y ahora de una manera abierta con el último gobierno Berlusconi. Tampoco ha sido fácil para Francia asumir las culpas del colaboracionismo. Sólo Alemania se vio obligada por los aliados a realizar un proceso de desnazificación, del que terminaron por escapar  muchos criminales, pequeños y grandes, aprovechando las circunstancias de la guerra fría. En los 70, los hijos de tantos nazis ocultos protagonizaron los movimientos de contestación anticapitalista. Pero con todo, Alemania es el país con una mayor conciencia colectiva del mal ocasionado y también -más recientemente- del mal sufrido. En Alemania en la escuela se estudia la infamia y los colegiales visitan los campos de exterminio. En España, para los escolares Franco es una figura tan lejana como Felipe II.

A pesar de todo, Alemania e Italia recibieron el maná del Plan Marshall. Ahora Serbia debe recibir la ayuda de la Unión Europea para convertirse en un país normal. Serbia tiene que entregar al Tribunal para la Antigua Yugoslavia a Mladic y a Goran Hadzic, líder de los serbios de la Krajina. El caso de Karadzic demuestra que la captura de estos criminales es posible con voluntad política. Por debajo de los figurones quedan otros muchos asesinos con menores responsabilidades políticas. De ellos se tienen que ocupar los tribunales locales de Serbia, Bosnia, Croacia… Ninguno de estos países ha hecho todavía una verdadera catársis. Basta salir del aeropuerto de Duvrovnik para encontrarse con una valla gigantesca que enaltece como héroe nacional a Ante Gotovina, pendiente de juicio en La Haya. Y sin embargo, Croacia es ya formalmente candidato a la adhesión.

Todos los líderes comunistas de Yugoslavia cabalgaron el tigre del nacionalismo para mantenerse en el poder. Todos, en distintos grados, son responsables de la catástrofe. Pero no por eso todos son criminales. Tampoco se puede estigmatizar a todo un pueblo, por mucho que esté anclado en falsas utopías nacionalistas. De todos los pueblos yugoslavos, los bosnios musulmanes estuvieron al borde del exterminio, pero los serbios han sido los grandes perdedores. Los bombardeos de la OTAN siguen siendo una herida abierta. Por ejemplo, en Novi Sad, una ciudad mayoritariamente a Milosevic, todavía no entiende en ensañamiento de las bombas.

Europa tiene que exigir a Serbia que ningún crimen quede impune. Pero Serbia merece también justicia y generosidad.

(Incluyo el enlace a una página muy completa BalkanInsight, que me acaba de descubrir Alberto Marinero)

El no irlandés no es un mero incidente


De mero incidente ha calificado Sarkozy el no irlandés. El mensaje que llega de las cancillerías y de las instituciones europeas es «aquí no ha pasado nada, seguimos adelante». Se espera ahora encontrar, entre todos, una «fórmula creativa» para que Irlanda se incorpore al Tratado. Veremos si el «no» no termina por contagiar a Reino Unido y República Checa, campeones del euroescepticismo. Pero aunque el proceso de ratificación siga adelante y el Tratado termine entrando en vigor con 27 miembros, la Unión habrá dado un paso atrás. El «no» ha vuelto a poner de manifiesto el déficit democrático de la Unión. Tres miembros (Francia, Dinamarcay ahora Irlanda) han rechazado las normas básicas propuestas para la Unión, bien en forma de Tratado Constitucional, bien en forma de Tratado de Lisboa. Con lo cual se traslada el mensaje a las poblaciones de que su opinión finalmente cuenta poco. Y la Unión se desprestigia y se enroca en su dimensión más intergubernamental y burocrática.

El «no» ha tenido sus razones internas. Curtin y Ryan en Open Democracy analizan algunas: voto de castigo ante la crisis económica, desconfianza frente a la clase política tras los escándalos que llevaron a dimitir al primer ministro Ahern, desconocimiento del texto, bloqueo del sistema parlamentario irlandés… Es cierto también que el referendum es en nuestras sociedades complejas, más un instrumento de populismo que de democracia, como razona George Schöpfling, también en Open Democracy. Pero aunque el instrumento sea manipulable, no puede ignorarse la voluntad que a través de él se manifiesta.

El fallido Tratado Constitucional tuvo su origen en una Convención de notables, elegidos por las instituciones europeas y los estados. Es hora ya de plantear un verdadero proceso constitucional. Que los ciudadanos elijan una asamblea constituyente que elabore una verdadera constitución. Desde luego, mejor que nada, que se aplique el Tratado de Lisboa, porque la otra alternativa es la pura intergubernamentalidad. Proponer en estas condiciones una modificación y una modificación sustancial parece condenado al fracaso. Pero es la única salida: primero reforzar el demos europeo con listas comunes a todos los países al Parlamento y, después, cuando este sistema se consolide, elegir del mismo modo una asamblea o convención constituyente que elabore una verdadera constitución: esto es, una norma que defina el modelo europeo, político, social e institucional.

Soñar es gratis.

Referendum europeo y armonización


Mañana, jueves 12 de junio, los irlandeses votarán en referendum el tratado de Lisboa. Los colegios cerrarán creo que a las 10, los responsables del recuento se irán a tomar una Guinness y luego a descansar y al día siguiente a primera hora empezarán a contar -¡que flema!. En las instituciones europeas contendrán el aliento esa noche.

Fuente Ap-via news.bbc.co.ukLa Unión Europea se la juega otra vez a una carta. De los 27, sólo Irlanda someterá el tratado de Lisboa a referendum, salvo que los jueces británicos obliguen también al gobierno de Brown a convocar una consulta popular. Los irlandeses tienen una especial relación con la Unión Europea. Son, sin duda, el país que más beneficios ha obtenido de su adhesión, pero en su seno hay fuertes corrientes anticomunitarias, especialmente la del neutralismo, una de las señas de identidad del EIRE, corrientes que ya tumbaron en un primer referendum el non nato Tratado Constitucional, aprobado finalmente en una segunda consulta. En esta ocasión, ningún otro estado se ha atrevido a someter a referendum un texto que es un verdadero galimatías jurídico, que tiene todos los inconvenientes de la Constitución y ninguna de sus ventajas.

A favor del tratado están el gobierno y los principales partidos de la oposición, que representan al 90% de los votantes. En contra el Sinn Fein, los Verdes y un heterogeneo movimiento, Libertas, liderado por un millonario. Los agricultores, grandes benefiados de la Política Agraria Común, han terminado por apoyar el sí después de que el gobierno les prometiera que vetará el recorte de subisdios que negocian la UE en el marco de la Organización Mundial del Comercio. El último sondeo da un 42% al sí, un 39% al no y casi un 20% dicen no saber que van a votar. Así que todo es posible.

Hoy mismo, Jerry Adams daba un mitín en O’Connell Street, muy cerca del edificio Correos, centro de la revuelta nacionalista de la Pascua de 1916. Aseguraba que si el tratado se rechazaba se abriría una nueva negociación y citaba como argumento su experiencia en el proceso de paz de Irlanda del Norte. Pero, no, los 27 están exhaustos, y posiblemente el tratado entrara en un difícil proceso, con los países más euroescépticos parando el proceso de ratificación.

Uno de los argumentos de los partidarios del no es que la armonización fiscal obligaría a elevar el impuesto de sociedades, ahora en un 12,5% en Irlanda. Armonización, esa es la gran cuestión. Armonizar es establecer unos límites comunes entre los que tienen que situarse los respectivos derechos nacionales. Armonizar puede suponer para Irlanda subir el impuesto de sociedades. Pero armonizar es permitir la semana labora de hasta 70 horas o elevar el periodo de detención de los inmigrantes a 18 meses. ¿Se atrevería ahora alguien a someter el tratado a referendum en los países del sur donde los sindicatos siguen siendo poderosos?.

So capa de dar facilidades a los últimos socios, la alianza de Francia, Reino Unido, Alemania e Italia desmonta el estado social y hasta el estado de derecho. Y todo ello mediante una mezcla de procedimientos burocráticos y negociaciones interguberanmentales nada transparente. Luego los mismos que han pactado las medidas vuelven a casa y dicen que «lo impone Bruselas». Europa sigue adoleciendo de un verdadero proceso democrático. Y no se logrará hasta que no haya elecciones al Parlamento Europeo sobre la base de una lista común para los 27, lo que permitiría representar adecuadamente todas las corrientes y crear un movimiento de opinión pública verdaderamente europeo.

¿El «mayo» de Bolonia?


Desde hace una semana, un grupo de estudiantes de la Universidad Complutense mantienen un encierro en el hall de la Facultad de Filosofía contra la reforma de los planes de estudio propiciada por el llamado proceso de Bolonia. Cuando el Rector, Carlos Berzosa, pasaba por allí para una conferencia sobre los maestros en la II República, se produjo un agrio intercambio con los encerrados (véase el correspondiente vídeo). Del incidente salió el compromiso de celebrar un debate público, que tuvo lugar el viernes y donde el propio Rector mostró sus acuerdos y discrepancias con la reforma que se avecina.

Bolonia, la ciudad en la que los ministros de educación europeos pusieron en marcha este proceso, es sinónimo de Espacio Europeo de Educación Superior. Se trata, resumidamente, de homologar los estudios universitarios europeos, para lograr el pleno reconocimiento de títulos y la movilidad de titulados y estudiantes en la Europa de los 27. Para esa homologación se ha tomado como modelo el anglosajón, más pragmático, más volcado hacia la empresa y con más recursos que el latino.

Sin ser ningún especialista en la materia daré algunas opiniones sobre este cambio.

Sin duda es positiva esa homologación y las posibilidades de movilidad que comporta, la cuestión es cómo se haga. Los estudios universitarios se parten en tres ciclos: grado, masters y doctorado. Después de mucha batalla, los grados serán de cuatro años (frente a los tres de la mayoría de los países europeos) y los masters de dos. Tienen razón los estudiantes cuando critican que para alcanzar los conocimientos que antes se obtenían en la licenciatura, ahora habrá que cursar grado y master, esto es, en total, 6 años. Y además, los precios de las matrículas subirán, sobre todo en los masters. Toda la reforma se hace con el lema de hacer una Universidad más competitiva. Los alumnos y muchos profesores critican este concepto y denuncian que las universidades se van a acomodar a las necesidades de las empresas. No digo que conceptualmente no tengan razón, pero en la práctica me parece que la Universidad va a seguir siendo tan endogámica como siempre. El hecho de que en los dos primeros años del Grado hayan de colocarse 10 asignaturas de las materias básicas de la rama de conocimiento a la que pertenecen los estudios, no hace más que convertir a los grados en una programación de la enseñanza secundaria. Prácticamente, los alumnos no entrarán en materia hasta el tercer curso del Grado.

Lo más positivo de Bolonia es cambiar el concepto de enseñanza universitaria, de una transmisión jerárquica de conocimientos (instrumentada en la clase magistral) a un aprendizaje basado en el trabajo personal y de grupo y tutelado por el profesor. De hecho el crédito europeo ya no son de clase recibidas, sino horas de trabajo del alumno. Pero ¿es posible aplicar este modelo con grupos de 140 alumnos? Evidentemente, no. Son interesantes las conclusiones de los grupos pilotos a los que se ha aplicado la reforma. Los profesores no creen que la nueva metodología pueda aplicarse a grupos de más de 25 alumnos y se quejan de que todo su trabajo como guías del aprendizaje del alumno no se encuentre reconocido ni computado. Y los alumnos ¡piden más clases magistrales!… Que profundo ha calado entre todos la pereza mental.

La Universidad además, ahora, pasa a depender del nuevo ministerio de Innovación. Lo que seguramente redundará en privilegiar más la investigación que la docencia. A este paso, no habrá docentes, porque esa es una actividad despreciada.

Este proceso de reforma es paradigmático del déficit democrático de la Unión Europea. Los técnicos preparan proyectos, que los ministros negocian hasta lograr complicados equlibrios. Luego vuelven a sus países con un paquete debajo del brazo, que sólo cabe adaptar a las peculiaridades nacionales. Ya no hay lugar para el debate democrático nacional, sólo caben explicaciones, programas de adaptación, paños calientes y luchas por situaciones de poder en el nuevo marco (como ocurrió en la determinación del catálogo de carreras y cómo está pasando ahora con la redacción de los nuevos planes).

Pero a lo que iba el título. ¿Pueden estas protestas universitarias terminar desembocando en un nuevo «mayo», 40 años después? Hay quien, como Libertad Digital, parece estar deseando esa explosión, en parte como la tumba de Zapatero, en parte para dar una batalla ideológica a los odiados valores de mayo del 68, fuente de todos los males -Sarko dixit.

La quimera de mayo está ahí y los alumnos parecen dispuestos a asumirla. Traigo aquí la cita de Edgar Morin, en una entrevista sobre mayo del 68 (Martí Font en Babelia):

P. ¿Qué queda de Mayo del 68?

R. Para empezar, el acontecimiento fue totalmente olvidado, escondido, por varias generaciones. Es ahora, con esta enorme conmemoración mediática, cuando la historia resurge. No sé lo que piensa la juventud de lo que pasó entonces, pero hay un fenómeno francés muy particular que los políticos no acaban de entender. La juventud pasa de fases estudiosas, aparentemente despolitizadas, en las que se diría que se ocupan exclusivamente de sí mismos, de sus estudios, a despertar bruscamente con una explosión, a menudo provocada por un proyecto de reformas, de hecho, de minirreformas secundarias y estúpidas, que sirve de detonador a una revuelta estudiantil. Lo que es interesante es que una vez que ha comenzado la revuelta proporciona un placer maravilloso a sus protagonistas, porque les permite desafiar a la autoridad, a la policía. Entonces las autoridades les hacen caso, les reciben en los palacios, y cuando el ministro cede y les dice: de acuerdo, vamos a satisfacer vuestras reivindicaciones, entonces contestan: no, no. Queremos más. Y toman la calle y desafían al mundo adulto y se emborrachan de felicidad. Luego la revuelta se descompone porque, por un lado, un cierto número de elementos activistas intentan controlar el movimiento y se pelean entre ellos, y el tiempo pasa y el movimiento se deshace. Pero lo importante es que cada uno de estos episodios consigue que los jóvenes se politicen, entren en la polis, en la sociedad política, en el juego de la cosa pública. Un proceso muy saludable para la sociedad francesa.

Esperemos, con el viejo profesor, que la actual contestación, propicie un verdadero debate, sirva para enderezar algunos rumbos y suponga para muchos de estos jóvenes su bautizo político, en el sentido más noble de la política.

Turquía: la imagen del otro


Encuentro en Open Democracy un interesante trabajo de la historiadora austriaca Paula Sutter Fichtner, «The Other’s new face: Austria, the Habsburg empire and Islam», que no puedo por menos que reseñar brevemente y recomendar su lectura.

La solicitud de adhesión de Turquía a la Unión Europea divide a los 27. Oposición frontal de Francia, oposición más matizada de Alemania, Holanda y bálticos. Posición claramente favorable de España y Reino Unido. Y en medio, casi todos los demás, empezando por los centroeuropeos, Austria y Hungría. Las imágenes del pasado gravitan sobre el presente. Y son, justamente, Austria y Hungría, junto con Rumanía y Bulgaria, los estados que conformaron su historia en pugna con los otomanos a lo largo de cinco siglos. Esa relación conflictiva, primero, y de confrontación-colaboración después, desarrollada por los imperios de los Haubsgurgo y la Sagrada Puerta, creó  imágenes del Otro que todavía pueden condicionar decisiones estratégicas como el apoyo a la adhesión de Turquía.
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En una primera etapa, hasta la derrota de los otomanos en el segundo cerco de Viena, en 1983, el turco era el enemigo malvado que asolaba todo a su paso y hacía cautivos a las poblaciones vencidas. En esta etapa, esa visión negativa, reforzada por los relatos de los sufrimientos de los cautivos, se compensa, paradójicamente, con la noticia que estos dan de tolerancia religiosa en el propio Estambul. Ambas visiones se encuentran también en nuestro caso en las obras de Cervantes, cautivo él mismo, en Árgel.

A partir de la retirada de los turcos de Viena, el imperio de los Haugsburgo busca en los otomanos los aliados para contrapesar la creciente influencia en los Balcanes de Rusia. Se desarrollan también relaciones comerciales fructíferas. Durante la Ilustración, se reelabora la imagen del turco, proyectando en el Otro los rasgos positivos del hombre nuevo ilustrado.

Durante los siglos XVIII y XIX, en Viena se desarrolla una importante escuela de estudios orientales, que sirve para comprender al Otro, con la finalidad, por supuesto, de neutralizarle, pero que da lugar a una importante obra científica, que aproxima las culturas, una escuela estigmatizada en el siglo XX con la etiqueta de «orientalismo», en el sentido empleado por Edward Said, como manipulación de conocimiento del Otro para su dominación colonial.

No estaría mal trabajar en España nuestra imagen del Otro, «el turco», pero, sobre todo, «el moro».

 (Una «entrada» para nostálgicos del Imperio de los Haugsburgo, admiradores de Paco Eguigaray y, en general, para los interesados por los temas centroeuropeos).