Verdad en el Domingo Sangriento


«Injustificada e injustificable»

Han tenido que pasar 38 años para que el gobierno británico acepte que el 30 de enero de 1972 sus paracaidistas mataron sin justificación alguna a 13 manifestantes católicos en el barrio de Bogside, Derry, Irlanda del Norte.

Injustificada e injustificable fue la matanza, en palabras del nuevo primer ministro conservador, David Cameron, que ha pedido perdón, algo que durante estas cuatro décadas han estado esperando los familiares.

Vale la pena ver el montaje de la BBC con el discurso de Cameron, en paralelo con la multitud reunida en Derry para escuchar los resultado del informe Saville (documento), que, por fin, ha establecido la «verdad oficial»

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

El simbolismo del Domingo Sangriento

La matanza supuso un punto de no retorno en el conflicto de Irlanda del Norte. Los jóvenes militantes de los derechos civiles se convencieron de que a la violencia no se podía responder más que con la violencia y se alistaron en el IRA.

El Domingo Sangriento se convirtió en un símbolo y sus imágenes en iconos de la opresión sobre los católicos.

La instantánea de ese sacerdote, abriendo camino a la evacuación de un herido  con el pañuelo blanco manchado de sangre, con su fuerza visual, es una de las imágenes que están en la memoria de mi generación y que  simboliza la barbarie de uno de los perores conflictos sectarios del siglo XX.

El escenario de la matanza fue el barrio de Bogside en Derry -o London Derry para los unionistas, en una tierra donde hasta los topónimos han dividido a las comunidades. El Bogside era un gueto, paradigma de la discriminación a la que eran sometidos los católicos hasta los años 70. En las fotos de la época se palpa la miseria.

Pasé una tarde en Derry en 1995. Me acompañaba John Hume, que luego sería merecido Premio Nobel de la Paz. Al llegar al barrio, dijo «Y esto es el Bogside» y me guiñó un ojo. Ya no era un lugar miserable. Durante los 80 el gobierno británico invirtió grandes sumas en reconstruir lo destruido durante los «troubles» y lavar la cara a la provincia. Pero se palpaba un sentido de diferencia, del orgullo del mártir, plasmado en los murales que reproducían las imágenes del Domingo Sangriento.

Hume me mostró también otras realidades de Derry, como el nuevo centro comercial. Y me dijo que la única manera de superar el conflicto era remangarse y trabajar juntos, católicos y protestantes, republicanos y unionistas por el futuro: por mejores viviendas, por mejores infraestructuras, por más trabajo, por rescatar a los jóvenes de la droga y la marginación. Así lo hizo él y como él otros muchos y eso hizo posible una base de entendimiento mínima sobre la que edificar los Acuerdos de Viernes Santo.

Verdad, Justicia y Perdón

¿Cómo es posible que la «verdad oficial» llegue casi cuatro décadas después?.

Después de los hechos, en unas semanas, el informe Widgery concluyó que los soldados habían disparado en defensa propia, contradiciendo todos los testimonios de los civiles, como el del padre Edward Daly, el sacerdote que aparece en la imagen que he comentado. Desde entonces, tanta mentira se ha acumulado, que fue necesario que en los acuerdos del Viernes Santo se estableciera una nueva comisión, la comisión Saville, que después de ¡12 años! dio ayer a conocer sus conclusiones.

Algunos de los paracaidistas siguen afirmando que se defendieron y tampoco le ha gustado nada a Martin McGuiness, hoy vicepresidente del gobierno provincial, y entonces militante del IRA que se haya filtrado que asistió a la manifestación con una subfusil bajo su ropa, aunque sin que lo mostrara ni diera motivo a los soldados para disparar.

Todos los analistas indican que será muy difícil que, en base a las conclusiones del informe, la fiscalía pueda abrir una causa criminal contra los responsables de la matanza. Pero la propia alegría de los familiares demuestra que la Verdad es la ya primera reparación, imprescindible, pero no suficiente.

A falta de condenas, la otra gran reparación es la petición de perdón al máximo nivel. Que un joven primer ministro conservador pida perdón por unos hechos que otro gobierno conservador intentó justificar hace cuarenta años no es baladí.

¿Pedirá alguien perdón algún día por los GAL o los muertos de Vitoria? ¿Pedirá algún día perdón ETA?

La vergüenza del siglo XX


El siglo XX ocupa un alto puesto en la historia de la infamia. Dos guerras mundiales, decenas de guerras locales y una docena de genocidios, cuyo paradigma es el desarrollado por las nazis contra los judíos y otras minorías. Pero también el siglo XX ha sido capaz de elevar la conciencia moral que siempre ha condenado estos crímenes masivos y execrables a la categoría de delitos imprescriptibles, perseguibles en cualquier jurisdicción.

De nuevo, Francisco Rodríguez Pastoriza me hace el honor de permitirme difundir en el blog sus colaboraciones  en el Faro de Vigo sobre dos obras que arrojan luz sobre la barbarie.

Las obras comentadas son  El Tercer Reich y los judíos de Saul Friedländer, y el ingente documental Shoah de Claude Lanzmann, que cumple ahora un cuarto de siglo.

Copio a continuación ambos textos.

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Un exhaustivo y minucioso estudio sobre el Holocausto revela los crímenes más horribles del nazismo y revisa el papel de la sociedad alemana y de las iglesias cristianas durante el holocausto

LA VERGÜENZA DEL SIGLO XX

FRANCISCO R. PASTORIZA (*)

A medida que el lector se va adentrando en los dos volúmenes del libro de Saul Friedländer El Tercer Reich y los judíos (I. Los años de persecución y II. Los años de exterminio. Galaxia Gutenberg) se hace cada vez con más frecuencia la misma pregunta: ¿cómo pudo ser posible?. Desde la perspectiva de nuestros días, a pesar de conocidos genocidios posteriores como los de Camboya, a nuestra conciencia le cuesta aceptar que haya podido haberse producido algo tan brutalmente demencial como el holocausto judío, en una sociedad, además, que en aquellos años estaba en la vanguardia de la cultura y la educación europeas.

Friedländer, que ganó el Pulitzer con esta obra, nació en 1932 hijo de judíos checos asesinados en Auschwitz. Refugiado en un seminario católico de Francia, a punto de ser ordenado sacerdote descubrió sus orígenes, y desde entonces se ha dedicado a investigar los crímenes del nazismo.

EL HUEVO DE LA SERPIENTE

Desde antes de la llegada de Adolf Hitler al poder en 1933, en la sociedad alemana se venían produciendo extraños comportamientos en relación con la minoría judía del país. El control de una parte del comercio y de la riqueza de Alemania por los judíos y la ocupación de puestos destacados en el mundo de la educación, el arte y la cultura, provocaban en la población aria una cierta actitud de desconfianza alimentada por el irredentismo territorial a consecuencia de la primera guerra mundial, la propaganda de los partidos políticos de la derecha y la crisis económica derivada del ‘crack’ del 29. Una de las tesis de este trabajo se basa en la culpabilidad, sólo parcialmente asumida, de una sociedad que aún cuando no alentaba los crímenes del nazismo, hacía oídos sordos o desviaba la vista de los terribles acontecimientos que se estaban produciendo abiertamente.

Las políticas nazis contra los judíos que el partido nacionalsocialista incluía en su programa no eran muy distintas a las medidas antisemitas defendidas por los conservadores alemanes desde varias décadas antes de la ascensión de Hitler al poder. La revolución bolchevique, cuya inspiración Hitler siempre atribuyó a los judíos, no hizo sino añadir leña al fuego del antisemitismo de la derecha. Así que cuando después de 1933 comenzaron a dictarse leyes explícitas contra los judíos, una mayoría de alemanes no se opuso a la privación de derechos ni a su segregación.

Las primeras medidas antijudías tomadas por el régimen nazi fueron contra la cultura y el arte. Se prohibió a los músicos judíos dirigir o interpretar conciertos para auditorios arios. Wagner, Richard Strauss, Beethoven y Mozart tampoco podían interpretarse para la comunidad judía. Las obras de Artur Schnabel, Yehudi Menuhim, Arnold Schoenberg o Kurt Weil no se oían ni en la radio. Los oratorios del Antiguo Testamento de Händel cambiaron sus títulos (‘Judas Macabeo’ se convirtió en ‘El mariscal de campo: un drama de guerra’) y del Réquiem de Mozart desaparecieron ‘Dios de Sion’ y ‘Sabbat’. A los escritores se les exigió una manifestación pública de correcta actitud ‘nacional cultural’, al tiempo que se organizaban actos públicos de quema de libros (en Berlín se quemaron más de 20 mil libros en una sola tarde) . Ocho mil escritores, artistas, músicos e intérpretes judíos de todo tipo fueron expulsados de la vida cultural alemana junto con sus empleados y agentes. Ni siquiera se libraron Einstein, Max Reinhardt o Lieberman (Thomas Mann tardaría aún tres años en aceptar la tragedia que supuso el nazismo). El monumento a Heine en Frankfurt fue retirado por orden del Gobierno y se cambiaron los nombres judíos de calles y plazas. Se prohibieron las obras de Schiller y Goethe. Profesores y ayudantes de origen y creencias judías fueron expulsados de las universidades después de llevarse a cabo purgas entre el personal docente, y se prohibió a los alumnos judíos obtener el doctorado. Los niños alemanes fueron expulsados de las escuelas. La prensa judía fue prohibida. Después vino el acoso a los juristas, sacados a rastras de despachos y tribunales; a los médicos, a los que se prohibió ejercer su profesión en pacientes arios; a los funcionarios de todos los niveles. Se prohibió a los judíos poseer granjas, dedicarse a la agricultura y alquilar puestos en los mercados de las ciudades. Pronto comenzó a prohibírseles la utilización de instalaciones deportivas y la entrada a las piscinas públicas, y en algunas ciudades tenían cerrado el acceso a los cines y a guarderías y asilos de ancianos. En noviembre de 1938 los judíos ya habían quedado excluidos del sistema general de ayudas sociales. En las ciudades alemanas comenzaron a producirse disturbios antijudíos fomentados desde el poder. A plena luz del día las tiendas eran rociadas con ácido, sus puertas pintadas con insultos y sus escaparates destrozados. Los propietarios y empleados, golpeados (a veces también los clientes). Estas manifestaciones tuvieron su punto culminante durante el 9 y 10 de noviembre de 1938 durante la llamada Noche de los Cristales  Rotos, en la que se destrozaron 7.500 negocios y fueron quemadas 267 sinagogas en todo el país (por cierto, los judíos fueron obligados a demoler las sinagogas dañadas, corriendo los gastos a su costa). Las restricciones de créditos por parte de los bancos y el boicot a sus negocios obligaban a los judíos a venderlos a precios de saldo; también los objetos y obras de arte, los documentos históricos y los libros. Todo esto ante la mirada de una sociedad que si bien en privado condenaba los actos de violencia antijudía, nunca se organizó para protestar contra la barbarie nazi: ningún grupo social, ninguna comunidad religiosa, ninguna institución escolar o asociación profesional de Alemania o del resto de Europa declaró su solidaridad con los judíos (II. 25).

El antisemitismo inició una fuerte y rápida expansión por Europa. En Francia, escritores como Bernanos, Maurras, Drieu La Rochelle, Blanchot y Celine instigaban la persecución a los judíos desde publicaciones de la derecha. En Polonia, con un 10% de población judía, los sentimientos antisemitas, de carácter religioso, se veían reforzados por el supuesto control judío de profesiones y sectores económicos clave. En Viena la crueldad de la persecución sobrepasó a la del Reich, con espectáculos públicos de degradación, palizas y batidas, y robos de bienes, dinero, joyas, muebles, viviendas y negocios. Rumanía, Hungría, Ucrania, Bielorrusia y los Países bálticos vieron crecer en su seno el antisemitismo y celebraron la persecución a los judíos. La guerra aún no había comenzado.

GUETOS Y DEPORTACIONES

La otra denuncia que hace Friedländer en esta obra es la de la pasividad de las iglesias cristianas europeas (católica y protestante) ante la persecución a los judíos, exceptuando manifestaciones personales y de grupos minoritarios (en Francia, Algunos obispos incluso apoyaron abiertamente las medidas antijudías. II.174). Friedländer percibe en la actitud de la Iglesia católica un antisemitismo moderado, sobre todo porque algunas víctimas eran judíos conversos. Cuando se tomaron las primeras medidas, ningún obispo, ni dignatario de ninguna iglesia, ningún sínodo hizo declaración abierta alguna contra la persecución de los judíos en Alemania (I.68). La iglesia evangélica llegó a exigir el retiro forzoso de pastores de origen judío o casados con mujeres judías y publicó un Nuevo Testamento desjudaizado. El autor denuncia también el silencio de Pio XII y su decisión de retirar la encíclica Humani Generis Unitas, en la que su predecesor criticaba el régimen nazi y sus teorías raciales, aun sin condenar el antisemitismo. El temor ante la fuerza que estaba adquiriendo el movimiento bolchevique en Rusia, que aumentó tras la caída de Mussolini, se señala como una de las causas de la ambigua postura del Papa. Esta preocupación del Vaticano era perfectamente conocida por Hitler, que se aprovechaba de la situación del Papa: sólo le queda una elección: el nacionalsocialismo o el bolchevismo, escribió Goebbels en su diario.

Iniciada la guerra, el nazismo se propuso el exterminio total de los judíos. La persecución se extendió a Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica y Francia, donde se organizaron pogromos contra los judíos, y a los países del Este europeo que Alemania iba ocupando y en los que se llevaban a cabo asesinatos masivos de miles de judíos, enterrados en gigantescas fosas comunes. Se dictaron nuevas medidas, como la obligación de llevar un brazalete identificativo, una estrella amarilla pegada a la ropa, la de entregar los aparatos de radio, las máquinas de escribir, los prismáticos y las bicicletas, la de hacer las compras de 8.00 a 9.30 de la mañana (no podían comprar productos como carne, verduras o chocolate). Se establecieron campos de trabajo y guetos para concentrarlos y facilitar su deportación, como los de Varsovia y Lodz, donde la aglomeración y las condiciones de hambre, frío e insalubridad provocaban la muerte de decenas de judíos diariamente: la tasa mensual de muertes en el gueto se estabilizó en torno a las 5.500 personas (II.335) El 12 de noviembre de 1941 Himmler ordenó a Friedrich Jeckeln que asesinara a los 30.000 judíos del gueto de Riga y …seguía preocupado por el fuerte stress que a sus hombres imponían esos asesinatos en masa (II.357-358). En el gueto de Lublin el exterminio fue total. En 1939 comenzaron las deportaciones de judíos de Austria y Polonia a los campos de concentración de Buchenwald, Mauthausen y Auschwitz, en trenes destinados al transporte de animales y mercancías, en unas condiciones que provocaban la muerte de un elevado número de prisioneros durante el trayecto. A su llegada a los campos eran asesinados. Sus casas, sus granjas y sus negocios fueron ocupados por arios.

LA SOLUCIÓN FINAL

Ya antes de la guerra, los dirigentes nazis estaban convencidos de que el problema judío no se iba a solucionar con simples “arreglos prácticos” sino que era necesario algo infinitamente más radical si se quería cumplir con la voluntad de Hitler de que los judíos debían desaparecer de Europa. Se barajaron planes como el dejar morir de hambre a los residentes en los guetos y campos de trabajo (en buena medida, como hemos visto, se cumplieron). A partir de 1941 los nazis comenzaron a pensar seriamente en lo que llamaron Solución Final, es decir, el exterminio total de los judíos de Europa. En un solo día, el 29 de septiembre de ese año, los alemanes mataron a tiros a 33.700 judíos de Kiev en el barranco de Babi Yar. En Ucrania, Lituania, Rumanía, Yugoslavia y Hungría se llevaron a cabo operaciones similares. Para acelerar el exterminio se utilizaron camiones con gas capaces de asfixiar a cientos de judíos en pocos minutos, y en los campos comenzaron a funcionar las cámaras de gas, con capacidad para miles de personas. Hambrunas, fusilamientos masivos, camiones y cámaras de gas exterminaban a cientos de miles de judíos diariamente. A medida que se iban produciendo reveses en el frente del Este, Hitler acentuaba los métodos para el exterminio con la multiplicación de las Aktion en las que se asesinaba a decenas de miles de judíos. 1942 fue el año en el que la ofensiva alemana contra los judíos alcanzó su punto culminante. La Solución Final debía estar completada antes del 31 de diciembre de ese año. Para este objetivo se instalaron en Treblinka cámaras de gas capaces de hacerse cargo de las 18.000 personas que llegaban diariamente a ese campo (de julio a agosto fueron gaseados 312.000 judíos aquí). En Auschwitz  sólo quedaron con vida 200.000 de alrededor de 1.300.000 judíos. En Belzec habían sido exterminados 434.000 y unos 100.00 en Sobibor. En 1943 ya habían muerto dos millones y medio. Al final de la guerra habían sido asesinados entre cinco y seis millones. frpastoriza@wanadoo.es

(*) Profesor de la Universidad Complutense de Madrid

25 AÑOS DE ‘SHOAH’

F.R.P.

En 1985 el realizador francés Claude Lanzmann rodó Shoah, uno de los mejores documentales de la historia del cine y el mayor testimonio filmado sobre el holocausto, fruto de los más de diez años de investigación que Lanzmann dedicó a investigar el exterminio de los judíos. Debido sobre todo a su larga duración (más de 9 horas y media), nunca había tenido la ocasión de ver esta obra en su totalidad (en nuestro país pocas salas de cine se arriesgaron a proyectarla y únicamente TVE llegó a emitirla –no sé si completa- en alguna ocasión). Ahora, gracias a su publicación en DVD (existen interesantes ofertas en Internet) ya es posible organizar un visionado cómodo y a plazos a voluntad del consumidor. El resultado es uno de los documentos más dramáticos sobre el holocausto judío. Que nadie espere ver imágenes de prisioneros, campos de concentración, cadáveres de víctimas y restos de la masacre, esas imágenes que siguen conmoviendo al mundo cada vez que se proyectan o se emiten. Las imágenes de esta película son las de los escenarios donde ocurrieron los crímenes, o lo que queda de ellos, surcados continuamente por los trenes que evocan el traslado de los cientos de miles de víctimas. El documental se basa en declaraciones de personas de alguna manera relacionadas con el exterminio: supervivientes, testigos alemanes, polacos, ucranianos, soldados y oficiales de las SS, historiadores, familiares… Sus voces se escuchan con el estremecimiento que provoca el testimonio de las víctimas y los verdugos del horror. Algunos tienen que interrumpir sus declaraciones al no poder contener la emoción y las lágrimas que les provocan los recuerdos. Si obras como La lista de Schlinder de Spielberg o El tren de la vida, de Radu Mihaileanu, aún desde la ficción, son desgarradores gritos cinematográficos de una tragedia inexplicable, Shoah es el horror mismo, el drama hecho testigo documental de unos acontecimientos que avergüenzan a la humanidad. Ahora que se cumplen 65 años del final de la guerra y de la liberación de los campos de concentración y exterminio, que acaban de celebrarse en Buchenwald, ahora que quedan ya pocos testigos vivos de la masacre, no está de más recordar la ignominia que supuso para todo un pueblo la locura de un régimen político.

Gustavo Moncayo, el Padre Coraje de Colombia


Por fin el sargento Pablo Emilio Moncayo está en libertad. Ha pasado 12 años prisionero de las FARC -prisionero, que no rehén ni secuestrado. Prisionero de la guerrilla de las FARC, porque sólo los civiles pueden ser rehenes y no los militares capturados en combate. Las FARC le hicieron prisionero, pero no respetaron las normas humanitarias de la guerra y le sometieron a un cruel cautiverio.

Su padre, Gustavo Moncayo, se ha convertido en estos años en un verdadero Padre Coraje. Moncayo ha recorrido miles de kilómetros a pie por toda la geografía colombiana, pidiendo a las FARC la liberación de su hijo y al gobierno, de modo especial al presidente Uribe, que no se negara a un intercambio humanitario. Moncayo se ha convertido en una verdadera referencia cívica, una china en el zapato de la denominada «política de seguridad democrática» de Uribe.

Gustavo Moncayo demuestra la vitalidad de la sociedad colombiana, que condena la deriva de las FARC en una banda de delincuentes, pero exige a los poderes clemencia y justicia.

Uribe cuestionado por los académicos


Álvaro Uribe ha mantenido un duro debate con los académicos de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.

El rector y varios de los profesores han cuestionado puntos esenciales de la trayectoria y política de Uribe, como la conexión de figuras de su gobierno con paras y narcos o medidas concretas, como ofrecer recompensas económicas a estudiantes para que se conviertan en confidentes policiales. Muy duro fue el rector con las invocaciones de Uribe al estado de opinión para justificar su reelección y ahí surgió un debate si ese estado de la opinión debe o no estar sobre el estado de derecho.

Sin entrar en el fondo, el debate indica un hartazgo de las clases intelectuales con Uribe y su pretensión de ser reelegido para un tercer mandato. Pero también muestra una sociedad civil viva y crítica, que lleva a otros espacios los debates esenciales que debieran de tener lugar en el parlamento. Y nos guste o no el personajes -y a mi no me gusta- el valor de Uribe a enfrentarse con un conjunto de interlocutores hostiles en un plano de igualdad.

El vídeo de este encuentro a cara de perro me lo ha hecho llegar Javier Saénz (blog Pepitorias, dedicado a la otra América), comprometido observador de Colombia.

Valdría la pena ya ver esta versión de dos televisiones colombianas, aunque no fuera más que por oir colombianismos tan jugosos como «puedo meterme en todas las candelas porque no tengo rabo de paja». Se pueden también ver otras versiones en vídeo o la noticia neutra de El Tiempo.

Haití: construir/destruir un país


Haití ya no existe- nos dicen las crónicas. El terremoto ha borrado al país del mapa.

En realidad Haití como estado no existía tampoco antes del seísmo. Desde 2004 allí se desarrollaba una de las experiencias de eso que en la jerga diplomática se llama «countrybuilding»: una fuerza de Naciones Unidas que, teóricamente, garantiza la seguridad + programas estatales de asistencia al gobierno + ayuda humanitaria a la población por parte de ONGs.

El experimento no era desde luego un éxito. El estado haitiano, como ha puesto de relieve la catástrofe, seguía ausente. Lo único logrado era una cierta seguridad fuera de los barrios-miseria como Cité Soleil y una asistencia a la población, completamente dependiente de la ayuda exterior. La acción de algunas ONGs había favorecido una cierta organización de la sociedad civil, pero la mayor parte de Puerto Príncipe estaba controlada por bandas, últimamente al servicio de narcos mexicanos y colombianos, que habían tomado la isla como plataforma de distribución de la droga a Estados Unidos.

¿Por qué Haití no existe como estado?

Haití nació como el primer país independiente de América después de Estados Unidos, en 1804, como la república negra de los antiguos esclavos. El siglo XIX estuvo marcado por la lucha entre una minoría mulata dominante y la mayoría negra. En 1915 Estados Unidos invade Haití, que ocupa hasta 1934 y mantiene bajo control fiscal hasta 1946. Desde 1956 hasta 1990 la sangrienta dinastía Duvalier y sus epígonos militares… En 1990 el sacerdote salesiano Jean-Bertrand Aristide suscita un movimiento de esperanza y la avalancha (Lavalas) le convierte en el primer presidente democrático. Derrocado y restablecido por Estados Unidos, gana un segundo mandato del que es desalojado por una rebelión. Para entonces Aristide se ha convertido en una caricatura de si mismo: ya forma parte por matrimonio de la oligarquía mulata -él, negro como la pez- y asienta su poder en las bandas populares. Estados Unidos vuelve a intervenir y sus tropas son relevadas por una fuerza de la ONU con gran protagonismo brasileño. René Preval, una persona bienintencionada, pero débil, antiguo colaborador de Aristide, es el líder esencial de esta última etapa.

Esclavitud, exclusión, superstición, dictaduras, matanzas… Y liberalización económica que expulsa a los agricultores empobrecidos de sus campos y les hacina en Puerto Príncipe.

Lo que ocurre en Haití demuestra que sin estado, sin instituciones, sin sociedad civil no queda más que la lucha de todos contra todos.

La ayuda llega, pero no se reparte o se lanza desde el aire como hace Estados Unidos -¡botellas de agua arrojadas desde aviones¡. Líderes y autoridades extranjeras se dejan caer por Puerto Príncipe, con su corte de escoltas y periodistas, en un carnaval obsceno. Periodistas que se quejan en directo de no poder ducharse…

Parece que no se han aprendido las lecciones del tsunami. Como entonces, poderosas ONGs compiten sobre el terreno, duplicando o triplicando recursos. ¿A quién se entregará luego la ayuda? ¿Se irá por el sumidero de la corrupción?

Para reconstruir (mejor sería decir construir) Estados Unidos se dispone a aplicar la solución militar. La ocupación por los marines del territorio para crear islas protegidas. Y facilidades para adoptar. ¿Qué quedará del país si pierde a sus niños? Europa y la ONU buscan soluciones diplomáticas que parecen lentas y ajenas a la realidad.

¿Cómo construir un país en estas condiciones? La respuesta más sencilla es un protectorado internacional. Quizá sería una alternativa durante un muy corto plazo, hasta que se normalizara la situación humanitaria. La única solución debe venir de los propios haitianos, de su autoorganización, de la aparición de nuevos líderes forjados en la catástrofe.

Como se demostró en Copenhague, la humanidad no encuentra los mecanismos para afrontar los desafíos de los que depende nuestra supervivencia. Haití pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de instituciones mundiales que puedan actuar con autonomía de los estados para auxiliar y ayudar a crear un estado, sin el que la vida civilizada es imposible.

La tasa Tobin: la utopía es posible


En lo más álgido de la crisis un conspicuo capitalista español dijo que había que «poner en paréntesis el capitalismo». Superado lo peor de la crisis financiera, el personaje mencionado y el establecimiento económico en general vuelven a las andadas, como si nada hubiera pasado.

Pero si ha pasado. Más de cara a la galería que con voluntad real, los grandes poderes se apuntan a la regulación financiera. Impuestos del 50% sobre los «bonus» de los ejecutivos bancarios, como los que van a establecer Reino Unido, Francia y Alemania, hubieran sido anatema hace muy poco.

La Unión Europea ha dado un paso histórico. Recomienda al FMI la instauración de un impuesto sobre las transacciones financieras internacionales, en definitiva la tasa Tobin. Pensada por este economista discípulo de Keynes como una forma de luchar contra los movimientos especulativos de capitales, fue abrazada como una de las propuestas más concretas de los movimientos alternativos, y promovida sobre todo por ATTAC, que vieron también en ella una fuente de financiación para un fondo para luchar contra la pobreza.

Se nos decía que «no se puede» poner restricciones a unos mercados perfectos que crean riqueza. Hoy está claro que esos mercados ni son perfectos, ni han creado riqueza, sino que han empobrecido más, por ejemplo, a las clases medias. Hace poco Joaquín Almunia, Comisario de Asuntos Económicos, declaraba que era una idea bonita, pero poco práctica. Ahora se demuestra que la utopía puede ser posible, aunque el demonio estará, como siempre, en los detalles. Se nos decía que no había fondos para luchar contra la pobreza y se han derramado billones de dólares para salvar a los bancos.

Vivimos en un momento de aproximación entre el angélico y descomprometido «Yes, we can» de Obama y el militante «Otro mundo es posible» de los movimientos alternativos. A todos nos toca exigir a nuestros representantes que nos traicionen en los detalles.

(Una propuesta técnica para la instauración de este impuesto: ¿Se deberían pagar impuestos por consumir productos financieros? – Carlos Arenillas – El País de los Negocios, 20-12-09)

La larga sombra del genocidio de Ruanda


Anoche volví a ver con emoción la película «Hotel Ruanda». ¿Qué habríamos hecho cada uno en una situación como esa? Como siempre cuando la naturaleza humana se pone al límite, unos pocos sacan lo mejor y lo peor que tienen dentro de sí, mientras que la mayoría se convierte en víctima inocente o verdugo pasivo. El director del Hotel de la Mil Colinas salvó con dedicación e ingenio a las más de mil personas que se refugiaron en sus instalaciones.

La película muestra el estallido del genocidio en Ruanda en 1994. Pero el genocidio se expandió y ramificó y todavía actúa. El gobierno hutu y los interhamwes huyeron al Zaire, protegidos por tropas frencesas y llevándose consigo al menos un millón de personas, en un éxodo bíblico y terrible. Instalados en campos en la región de Kivu, hostigaban al gobierno tutsi de Ruanda, hasta que éste intervinió en Zaire en 1997, convirtiendo a su aliado Laurent Kabila en presidente de un país, reconvertido en República Democrática del Congo. Durante esa operación se cometieron actos de genocidio contra la población hutu y se asesinó  a un grupo de misioneros maristas españoles. Por estos actos, está en curso en la Audiencia Nacional una querella contra las principales autoridades del régimen tutsi de Ruanda. Luego, Kabila rompió con sus aliados ruandeses y se desencadenó una guerra por las riquezas naturales del Congo, con participación de los países vecinos y de Francia y Estados Unidos en la sombra. En este conflicto, que todavía colea, han muerto casi dos millones de personas, víctimas de distintas fuerzas armadas, la mayoría con una base étnica.Las fuerzas de la ONU, la MONUC, nada hace para impedirlo y algunas de sus unidades se han convertido en unos agentes más del conflicto.

Entre esas milicias se encuentran las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR) que no es otra cosa que la pervivencia de las milicias asesinas de los Interhamwes. Un informe de la ONU denuncia que el FDLR tiene redes de apoyo en 25 países extranjeros, entre ellos España. Realizada por un grupo de expertos, el informe no es público, pero ha sido filtrado a AP. En el caso de España, acusa a dos Ongs L’Olivar e Inshuti de financiar a la guerrilla hutu con fondos de la cooperación. Puesto que el informe no es público, no puede juzgarse de primera mano la seriedad de estas acusaciones, pero, según parece, las pruebas se basan en la interceptación de correos electrónicos y llamadas a teléfonos satélite. Estas llamadas probarían, por ejemplo, que las operaciones clave del FDLR no se realizaban sin previa consulta a uno de sus líderes refugiado en Alemania.

Las redes españolas de solidaridad con el Congo han reaccionado ante estas acusaciones con indignación. En su página oficial UMOYA se mantiene una posición cauta en tanto no se haga público el informe. Pero en los correos masivos que esta redes han lanzado se considera estas acusaciones como una venganza por la querella interpuesta en la Audiencia Nacional contra las autoridades ruandesas. En general, todas las organizaciones de raíz católica tienden a denunciar los abusos y violaciones de los derechos humanos de que son víctimas los hutus, tanto en la República Democrática del Congo como en Ruanda, pero quizá su voz no resuena con tanta fuerza contra las milicias hutus y el propio ejército del Congo. Asumen que los hutus son los explotados históricamente y con ellos, con los más pobres, se solidarizan. Es cierto que la minoría hutu de la región congolesa de Kivu se encuentra en grave peligro, pero también que la pervivencia de sus milicias son parte del problema.

Como se muestra en «Hotel Ruanda» ni Estados Unidos ni Europa movieron un dedo para detener el primer genocidio en Ruanda. Hoy aquellos hechos y sus consecuencias presentes nos siguen cuestionando, hasta el punto de que muchas personas generosas puedan, sin saberlo, ver convertida su solidaridad en apoyo a los criminales.

Cuba, sociedad desarmada


El futuro de Cuba pasa por la reconstrucción de la sociedad civil. Dimas Castellanos lucha por construir ese futuro con otros hombres y mujeres, en medio de todo tipo de dificultades, desde la falta de libertad de expresión, el hostigamiento del régimen y las penurias de la vida cotidiana.

¿Quién es Dimas Castellanos?

Cuando me dirigía al acto en el que participó Dimas pensaba que me encontraría a un intelectual defensor del régimen castrista, sin descartar algunas críticas puntuales. Pero me encontré a un viejo socialista, un soldador licenciado en filosofía y teología, combatiente intenacionalista condecorado, depurado como profesor de filosofía y hoy periodista y bloguero. No es Dimas un disidente de salón, sino un socialista que cree que el  socialismo puede ser más justo, más eficiente y más democrático que el capitalismo, y por ineficiente, antidemocrático e injusto ha rechazado el régimen desde plataformas como la Corriente Socialista Democrática o el Movimiento de Trabajadores Cristianos.

El régimen ha secuestrado a la sociedad civil

La identidad de Cuba se ha forjado desde la lucha por la independencia en torno a la construcción de la sociedad civil, por hombres como Félix Varela y José Martí. Para Dimas, la sociedad civil es el espacio de interacción en el que los hombres deciden libremente su futuro personal y colectivo. Desde Sierra Maestra Fidel fue centralizando todos los poderes, políticos, militares, culturales, económicos… Y siempre con la justificación de la amenaza norteamericana, amenaza real y política nefasta para Cuba, que ha sido uno de los factores esenciales de la supervivencia del régimen.

La sociedad cubana está desarmada, no de armas, sino de instituciones y espacios de convivencia. Raúl prometió cambios, pero los cambios no llegan. El cambio de política de Obama es una esperanza, pero el régimen no parece dispuesto a hacer el más mínimo gesto de conciliación.

El rearme de la sociedad civil

La sociedad civil vive un renacimiento. Los blogs y los medios sociales son la nueva plataforma de los jóvenes. Pero del ciberespacio se salta a la calle y ahí empiezan los problemas con las fuerzas de seguridad. La sociedad civil es hoy todavía débil para pilotar el cambio, pero a medio plazo la revitalización de todas las fuerzas sociales es imparable. Cuba puede resolver su futuro pacíficamente, sin que nadie se lo resuelva desde fuera, ni desde Miami, ni desde otro lugar.

¿Cómo no ves que vives en un paraíso?

En el coloquio algunos de los asistentes al acto intentaron convencer a Dimas de que vivía en un paraíso, faro de democracia para toda América Latina. Nosotros, en cambio aquí en España, carecemos de verdadera libertad de expresión, los medios son la voz única de su amo. ¡Qué lucidez!

Visiones de Colombia


¡Qué soberbia la de los periodistas que en tres días pretenden explicar un país! Yo en esta ocasión no he visitado Colombia como periodista, sino como universitario. No obstante, no me resisto a recoger las impresiones obtenidas en conversaciones con universitarios y periodistas.

Uribe. Es imposible que en una conversación no salga a relucir el presidente que llegó al poder denunciando la «politequería» y que está utilizando todos los trucos de la politiquería para modificar la Constitución y optar a un tercer mandato. He encontrado tres visiones de Uribe, los antiuribistas, los uribistas y los realistas.

Los uribistas aplauden la política de «seguridad democrática» y aceptan a pies juntilla todos los relatos que emanan desde el poder y entre ellos el de la maldad intrínseca de Chávez, el enemigo que quiere desestabilizar el país. El país es uribista-o al menos los que responden a las encuestas- porque un 64% apoyan su política, aunque esa tasa de popularidad que para si quisiera Obama está 20 puntos por debajo de su mayor nivel. Pero hasta los uribistas se quejan de los magros resultados económicos y en menor medida de la corrupción. A muchos no les gusta que el presidente se empeñe en la reelección.

Los antiuribistas le ven como el jefe del estado mafioso, terrorista y corrupto. Demagogia y manipulación de la opinión pública explican su popularidad. Uribe es para ellos la personificación del fracaso de Colombia, de su incapacidad para integrar a toda su población. Pero hasta los antiuribistas reconocen que ahora se puede transitar por las carreteras sin peligro.

Los realistas (¿cínicos?) reconocen su responsabilidad en la corrupción y en la violación de los derechos humanos, pero vienen a decir ¿y eso qué importa si vivimos más seguros?.

Reelección

La gran incógnita es si Uribe logrará ser reelegido. Ha mantenido formalmente la incógnita, pero nadie duda que si consigue que se apruebe la modificación de la Constitución que autoriza la reelección sucesiva , Uribe será candidato y candidato imbatible. Pero dos obstáculos se cruzan en esa carrera de éxito. El cansancio puede suponer una importante abstención en el referendum y no llegar a la mayoría de participación exigida. La otra es que no se pudieran cumplir los plazos. Los uribistas dicen que en tal caso desistiría; los antiuribistas que se inventaría un nuevo truco.

Colombia-Venezuela

Para unos el culpable es Uribe; para otros, Chávez. Los conocedores de la situación no descartan que pueda haber paramilitares en Venezuela, pero como puras bandas de delicuentes. Luis Pérez, corresponsal de TVE, da en su blog una versión más que ajustada. Como siempre, las víctimas son las poblaciones a un lado y otro de la raya,

FARC

Todos están de acuerdo, las FARC no son ya más que una narcoguerrilla, cruel y fuera de la realidad. A la gente le preocupa poco porque está circunscrita a áreas remotas. Pero también la mayoría piensa que puede pervivir decenas de años, tantos como pueda financiarse de la droga y reclutar a jóvenes campesinos abandonados por el Estado.

Rehenes

Los rehenes ya no cuentan. Uribe no aceptará la entrega de dos militares, uno de ellos el hijo de Gustavo Moncayo, el profesor que lleva dos años caminando por Colombia exigiendo al gobierno y la guerrilla la liberación de su hijo.

Medios

Los grupos mediáticos españoles están presentes en Colombia. PRISA en Caracol, la radio más importante y la segunda cadena de televisión. Planeta en El Tiempo, el diario más influyente y con mayor circulación. Sin duda sus  intereses empresariales en Colombia condiciona la línea editorial con respecto al país y su presidente de los medios de ambos grupos, con visiones, por otra parte tan opuestas en la política española, y tan coincidentes sobre Colombia.

Una Comisión de la Verdad para la antigua Yugoslavia


El banquillo del acusado estaba vacío.

Hoy, Radovan Karadzic, el jefe político que condujo a los serbios de Bosnia-Herzegovina a la guerra, el crimen y la ignominia, se ha permitido ausentarse de la primera sesión del juicio que contra él se sigue en el Tribunal de Crímenes de Guerra en la Antigua Yugoslavia.

Karadzic afronta 11 acusaciones por genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y otras atrocidades. El sitio de Sarajevo y la matanza de Srebrenica son parte sustancial de la acusación.

El acusado dice que no ha tenido tiempo suficiente para preparar su defensa, que asume personalmente, y pide otros nueve meses. Jurídicamente puede tener razón o no, pero lo que está haciendo es aplicar la misma pauta que durante las intermitentes negociaciones aplicaba durante la guerra. En su feudo de Pale, en el hotel de montaña Panorama, recibía cálidamente a las delegaciones para darles larga tras larga. En definitiva, la táctica de marear la perdiz.

Karadzic no era un líder expeditivo como Milosevic ni un abogado correoso, como éste cuando tuvo que sentarse en el banquillo de La Haya. Karadzic combina el encanto personal, la bonhomia, con la cerrazón ideológica y el desprecio por el otro. Ahora el Tribunal tendrá que tomar medidas y puede nombrarle un abogado de oficio, lo que le restaría un protagonismo que este narciso tanto importa. pero también puede que el Tribunal le de una prórroga ahora, o en algún momento del proceso. Los cargos exigen un proceso riguroso y un respeto absoluto de los derechos del acusado.

Hoy en Bosnia muchos habrán vuelto hoy a sentirse víctimas humilladas. Igual que hace unos días, cuando el gobierno de Noruega decidió poner en libertad a Biljana Plasiv, una de las adláteres de Karadzic, antes del cumplimiento total de su condena. Plasiv, no obstante, ha pasado sus buenos ochos años en la cárcel, claro que para las víctimas no será mucho consuelo.

Leo en una CNN.com remodelada una interesante propuesta. Cecile Aptel, ex asesora jurídica del Tribunal, defiende la necesidad de una Comisión de la Verdad. Defiende que el el Tribunal Internacional, que se ha ocupado sólo de los criminales más prominentes, y los tribunales nacionales que juzgan a otros centenares más, han sido un éxito. Pero los proceso son lentos, a veces faltan pruebas, otras las penas no son tan rigurosas como desearían las víctimas… Los pueblos de los Balcanes mantienen todavía cada uno su relato del conflicto, verdades paralelas en los que los propios son siempre las víctimas. Aptel señala como en este momento está empezando un movimiento que reúne a personas que ahora viven bajo distintas banderas para discutir el establecimiento de una comisión que esclarezca la verdad y establezca un relato que haga justicia a todos.