Luces y sombras de la Globalización


Montañas de ropa usada en el desierto de Atacama (Chile). (Reddit/ed8907) Tomada de El Confidencial

En mi anterior entrada sobre el fin de la Globalización puede que diera una visión muy positiva de la globalización, que quiero matizar aquí. La globalización es un asunto muy complejo (desde un punto de vista económico, político y social) que ha modelado el mundo del final del siglo XX y de las primeras décadas del XXI de modo que no puede agotarse en una simple entrada de un blog, pero vale la pena hacer una aproximación, ahora que su continuidad se encuentra seriamente cuestionada.

Esta no es una publicación académica y no usa sistemáticamente fuentes. Parto de la idea de que para la derecha la globalización ha sido el gran motor del progreso, mientras que la izquierda la ha considerado siempre como un instrumento de dominación capitalista. En esta entrada, partiendo de la hipótesis de que la guerra comercial puede ser el principio del fin de la globalización, intentaré trazar las luces y sombras de un fenómeno.

El fin de la globalización

La guerra comercial de Trump puede ser un hecho decisivo; aunque él o un sucesor diera marcha atrás en la guerra arancelaria, sería difícil restaurar los lazos comerciales y más difícil recuperar la confianza en el comercio y suponer que el intercambio puede garantizarnos los bienes esenciales que una sociedad necesita para subsistir La guerra comercial no es sino un acto, muy importante de una tendencia, que va más allá de lo económico y que Daniel Inneraty llama desincronización:

«Ha terminado la era de los grandes avances sincronizados, cuando se suponía que tecnología, integración, comercio, paz, economía, democracia, igualdad discurrían al mismo tiempo, tirando uno de otro y en un cierto equilibrio. La actual guerra de los aranceles pone de manifiesto que no siempre el “comercio dulce” del que hablaba Montesquieu genera convivencia entre quienes lo practican, sino que es posible hacer la guerra con el comercio.»

Consecuencias para los países y las gentes del Sur

Como ya dije en la anterior entrada, muchas gentes de Sur han salido de la extrema pobreza, pero a menudo mediante una explotación inhumana. Un ejemplo puede ser Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo, convertido en la fábrica textil low cost para los países ricos del Norte, donde se produce en condicione inhumanas y sin el menor respeto para la vida de los trabajadores. En 2013 en Dhaka, la fabrica Rana, que producía para las grandes marcas del Norte se derrumbó y murieron 1.100 .trabajadores.

Los trabajadores de Foxconn, la compañía china, ensambladora de los Iphone son obligados a dormir en la fábrica para incorporarse al trabajo cuando las necesidades de la producción lo requieran y no se les permitía abandonar el recinto durante la Covid.

Esta ropa es consumida de manera compulsiva en el Norte y después reexportada al Sur. El desierto de Atacama en Chile se ha convertido en el mayor vertedero de ropa del mundo. La ropa tirada a los contenedores no se recicla y se reexporta a África o Asia, con trayectos de miles de kilómetros.

La basura se exportaba en grandes cantidades a China hasta que Pekín ha prohibido este tráfico. Los grandes vertederos en el Sur, fruto de las exportaciones del Norte son el modo de vida de miles de personas que intentan reciclar elementos valiosos, como los electrónicos, especialmente tóxicos, tarea para que los niños con sus pequeñas manos son especialmente hábiles. La basura del Norte termina por convertirse en subsistencia imprescindible para la gente del Sur (Aquí un informe del Banco Mundial sobre estos basureros).

Con todos estos abusos, la globalización y su dimensión amable, el turismo, ha generado en el Sur una positiva dinámica económica y ha reducido la pobreza extrema. No sabemos como sería la dinámica en un mundo comunista (la experiencia de Comecon en el bloque comunista fue negativa para los países perféricos) pero en este mundo capitalista la globalización ha sido positiva, con todos los peros que se quiera para las gentes del Sur.

La hegemonía pasada de EEUU y la futura de China

EEU ha sido el mayor beneficiario de la globalización, que le ha permitido disfrutar de todo tipo de productos a precios muy bajos.

Como consecuencia del sistema de Brenton Woods y la retirada de Nixon del patrón oro, el dólar se convirtió en la moneda de reserva mundial, lo que ha permitido a los estadounidenses un consumo desaforado de productos llegados de Oriente, bajar los impuestos (sobre todo a los más ricos) y financiar sus múltiples e interminables guerras generando un déficit que en cualquier otro país hubiera determinado la intervención del FMI. Pero la globalización ha traído también una deslocalización industrial (y descontento), salvo en armamento, en lo que los estadounidenses siguen siendo líderes.

El Norte confío la producción industrial en China, primero de productos con muy poco valor añadido («todo a cien») y luego mediante copia y últimamente China ha desarrollado una tecnología propia muy avanzada, superando a estadounidenses y europeos. Pronto estadounidenses y europeos pueden estar fabricando productos con tecnología china con mano de obra más barata que la de china (Thomas Friedman).

Por de pronto los desmesurados aranceles de Washington a China está suponiendo que algunas marcas tecnológicas se planteen llevar su producción a India o Vietnam. Así que además de una improbable reindustrialización de EEUU, Trump quiere debilitar a China.

La globalización está convirtiendo a China en el nuevo hegemon, por el momento «blando» Su enorme superávit puede emplearse en rearme, investigación e inversiones en el exterior para crear y sostener infraestructuras propias de comercio del Sur a China (nueva Ruta de la Seda). El punto débil de China (una autocracia formalmente comunista, pero realmente capitalista, sin estado del bienestar) es emplear ese superávit en atender a los déficits sociales y los riesgos sistémicos de sus finanzas.

Consecuencias para los países y gentes del Norte

La globalización ha permitido que lleguen a estos países productos baratos, lo que ha favorecido un consumo desmesurado. Recordemos la crítica a este consumo por parte de Naomi Klein en el clásico «No Logo».

La llegada de productos manufacturados destruye industrias locales y con ellas puestos de trabajo. La clase trabajadora sufre un shock; no solo desaparecen puestos de trabajo, los que perviven están peor pagados y son más precarios y los sindicatos desaparecen. Zonas anteriormente industrializadas se convierten en desiertos y crece el descontento y trabajadores anteriormente de izquierdas echan la culpa de su empobrecimiento a lo inmigrantes y pasan a votar a la ultraderecha.

No solo llegan productos industriales; el transporte por barco permite la llegada de productos hortofrutícolas fuera de temporada desde la otra punta del globo. Enorme despilfarro ecológico que nos acostumbra a consumir como si no existieran las estaciones y arruina a los agricultores, otro sector explosivamente descontento. Los acuerdos comerciales pueden ser un mecanismo de prosperidad compartida, siempre que los productos importados cumplan requisitos ecológicos (no abuso de medicamentos, sin insecticidas ni fertilizantes químicos) y laborales (no trabajo esclavo).

La globalización da la puntilla a los Gloriosos Treinta, ya heridos por el neoliberalismo de Reagan y Thatcher.

El fin de la globalización nos va obligar a replantearnos nuestros hábitos de consumo.

El proteccionismo no es ni justo ni eficiente

El proteccionismo es menos eficiente; el país se aísla y la falta de competencia le encapsula Un gran ejemplo es el de DeepSearch. Por razones estratégicas, Washington impidió que China importara los procesadores Nvidia más potentes. Los chinos usaron procesadores más antiguos y menos potentes y afinando el software han logrado superar a ChatGtpt, con menor coste, menor consumo de energía, producido por una compañía pequeña, con código abierto, trabaja online o instalado en el ordenador (Aquí lo explica Newtral).

El proteccionismo (aquí más político que económico) ha propiciado que una empresa china haya batido a los grandes gigantes de EEUU. La presentación de DeepSearch supuso la caída a plomo de la cotización de Nvidia, la mayor nunca registrada en la bolsa de EEUU.

Trump está cometiendo un gran error estratégico al dar la espalda a la renovables y seguir apostando por el petróleo, de modo que al llenar el tanque el tique pueda ser algunos céntimos más barato y propiciar la victoria de sus candidatos en las elecciones de medio mandato. Pero las energías fósiles no solo calientan la atmósfera; a medio plazo el precio de las energías renovables será muy inferior al del petróleo y el gas; de modo que el país que de la espalda a las renovables verá seriamente mermada su competitividad, aunque habrá que hacer inversiones en la red eléctrica y explorar soluciones de energía distribuida. (en cuanto a las nucleares, sus defensores, normalmente contrarios a la deuda para financiar servicios públicos olvidan que la peor deuda que se puede dejar a las futuras generaciones es el tratamiento de los residuos nucleares).

El libre comercio tiene que ser justo. El mayor sistema de libre comercio del mundo es la UE, que ha creado un sistema de prosperidad compartida entre países que habían guerreado por siglos, Pero este sistema tiene distintos sistemas de compensación (fondos estructurales y de compensación, de los que tanto se ha beneficiado España). La UE no es solo un gran mercado y una potencia normativa capaz de luchar por el multilerateralismo, que Trump quiere destruir.

Cualquier sistema de libre comercio -para ser justo- tiene que incluir exigencias comunes y compensaciones para las partes más débiles. Estas son las críticas al acuerdo comercial de la UE con MERCOSUR (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay) que constituye un área de libre comercio de 77 millones de habitantes (Aquí resumen del Acuerdo por parte del Ministerio de Economía). Previsiblemente la UE exportará productos industriales y recibirá productos agrícolas, sin suficientes garantías ecológicas y con daño para los agricultores europeos. Las críticas, sobre todo de organizaciones ecologistas y agricultores, califican este tratado como un acuerdo neocolonial. La UE no lo ha ratificado porque no se ha logrado en el Consejo la mayoría cualificada necesaria, sobre todo por la oposición de Francia, donde los agricultores tienen un enorme peso político.

Para que un acuerdo comercial sea justo tiene que ajustarse a los Objetivos del Milenio, sobre todo al primero «erradicar la pobreza» y el 7 «Asegurar la sostenibilidad medioambiental».

Bye, Bye Globalización


Portacontenedores Loreto, el mayor del mundo. La globalización no hubiera sido posible sin estos grandes barcos, que en la últimas décadas ha reducido exponencialmente el coste del transporte marítimo.

Esta entrada no pretende responder a las cuestiones abiertas por la guerra arancelaria desatada por Trump. No soy economista ni adivino. Pretendo, simplemente, explicar lo que ha significado la globalización. Y razonar porque Trump puede haberla dejada herida de muerte.

Primero unas experiencias personales.

En primer viaje a Estados Unidos, en 1975, para realizar un reportaje biográfico del sociólogo Juan Linz (para el programa Nuestros Cerebros de Fuera) me llamó la atención que en el área semi urbana-semi rural en que vivía, cerca de New Haven (Universidad de Yale) proliferaban los Volvo, pero nuestro sociólogo tenía un Chrysler. Hablando de las peculiaridades de EEUU, Linz me dijo que los profesores apostaban por la seguridad de los Volvo, pero él prefería un vehículo nacional, con una tecnología fiable, probada y más asequible; el obrero norteamericano se sentía orgulloso del producto que fabricaba y los volvos y otros vehículos europeos se veían como el capricho de una élite.

Veinte años después volví a EEUU para seleccionar un sistema de gestión informática de una redacción de televisión. Mi interlocutor estadounidense tenía un Honda. Los coches japoneses -me dijo- son mejores y más baratos y gastan menos. No se había deslocalizado la industria, pero se había sustituido el producto por otro más competitivo y en el proceso se habrían perdido puestos de trabajo y el orgullo de los trabajadores, al que 20 años antes se refería Linz.

Mi primer televisor fue Phillips (b/n) y el segundo Grundig (color) ambas marcas europeas y duraron bastantes años. Cuando quise sustituir el Grundig por una pantalla plana y más grande dudaba entre un Sony y un Samsung; el vendedor me dijo, siempre mejor un japonés que un coreano. Ahora mi televisor es Samsung.

Mi última experiencia. Viajando por los países del este y centro de Europa, que iban a ingresar en la UE, era visibles por toda Europa las ruinas industriales de empresas cerradas por ineficientes.. En el bloque soviético no había competencia entre empresas o países, sino una especialización en la producción. Así, por ejemplo, en la hoy disputada Kromatorsk, en la guerra de Ucrania, se fabricaban entonces los misiles balísticos. En Polonia visité una fábrica de Roca (un proceso de deslocalización, visto desde España; una inversión desde la perspectiva polaca). Uno de los trabajadores era un antiguo minero; se ganaba menos -me dijo-pero era más seguro y confortable que el carbón.

Con estos ejemplos vemos como en la globalización los productos menos competitivos nacionales se ven sustituidos por otros más competitivos extranjeros, con pérdidas de puestos de trabajo y daños para las comunidades locales; y cómo países con una tecnología limitada (Corea) superan pronto a otros más avanzados (europeos y Japón. Y como una deslocalización dañina para el país de origen es beneficiosa para el de recepción. La globalización no hubiera sido posible sin el abaratamiento del transporte en grandes buques portacontenedores. Si sumamos los procesos de automatización y robotización tenemos masivas pérdidas de puestos de trabajo y peores condiciones de trabajo.

La producción está integrada en cadenas que abarcan a todos los países, buscando que cada componente se fabrique allí donde hay una ventaja competitiva.

La ventaja puede ser tener un gran mercado interior y una unidad normativa (UE); un gran mercado interior y una mano de obra barata (China) o una tecnología punta, generada por la inversión estatal y desarrollada por empresas muy ágiles (EEUU). El sistema de ciencia pública de EEUU que llevó al hombre a la luna y puso las bases de internet y que ahora Trump y Musk (uno de sus beneficiarios) parece dispuestos a destruir.

En una globalización humana los destinatarios últimos tendría que exigir en cada paso de la cadena el cumplimiento de requisitos medioambientales y derechos humanos. En caso contrario, la cadena se romperá por los eslabones más frágiles. Si Trump vuelve a las energías fósiles, la UE puede adquirir una nueva ventaja competitiva desarrollando energías limpias.

En cada paso se incrementa el valor; los ganadores son los que mayor valor añaden a la cadena. El problema de este sistema de largas cadenas de suministros es que es muy difícil lograr una autonomía en productos básicos, como demostró la pandemia. Antes del caos mercantil ya se hablaba de desacople para que cada país pueda adquirir una autonomía estratégica, sin descartar medidas proteccionistas, siempre en el marco de unas reglas. Será muy difícil reconstruir el sistema después de la guerra comercial desatada por Trump.

La globalización solo puede funcionar en un sistema de libre mercado, con aranceles cero 0 y acuerdos comerciales entre bloques y un órgano de arbitraje la Organización Mundial del Comercio (OMC), por cierto, bloqueada por EEUU desde el primer mandato de Trump. El proteccionismo no solo es más ineficiente desde el punto de vita económica; además el proteccionismo aumenta la posibilidad de guerra por razones comerciales. La primera guerra mundial fue un conflicto entre el Imperio Británico (librecambista) y los imperios centrales (proteccionistas). Al fracaso de las conversaciones comerciales entre EEUU y Japón siguió el ataque a Pearl Harbour.

En esta globalización, Estado Unidos ha sido el suministrador de tecnología, China la fábrica de productos baratos y la UE la potencia normativa, más preocupada por la calidad de vida que por la competitividad de sus productos. Una división del trabajo que puede cambiar pronto. Como razona T. Friedmanen el texto recogido más abajo, China está batiendo en tecnología a EEUU y Europa; de modo que los chinos pueden aportar la tecnología y estadounidenses y europeos realizar las tareas de menor mayor añadido.

En la izquierda siempre se ha presentado a la globalización como el origen de todos los males. Es cierto que ha empobrecido a las clases trabajadoras y medias del Norte, pero también ha sacado de la miseria más absoluta a millones de desheredados del Sur. El problema es que la eficiencia aportada por este sistema solo se han trasladado a las cuentas de resultados de las multinacionales y no al bienestar de los que la han hecho posible ni en el Sur ni el Norte. Para eso hay que cambiar la teoría dominante neoliberal y dar a los estados medios para luchar contra los dientitos modos de elusión fiscal y poder ofrecer los bienes públicos que no suministra la globalización.

Son muchos los elementos en un equilibrio inestable roto por Trump. Y será difícil reconstruirlo. Puede que en lugar a un sistema de libre comercio puro se construya uno de acuerdo entre bloques. Pero. reitero, no soy adivino.

ALGUNAS LECTURAS

Thomas Friedman«: el futuro de la globalización «Acabo de ver el futuro y no estaba en EEUU» New YorkTimes, 3 de abril de 2025.

Juan Torres López «Y si lo de Trump no es una simple locura personal» 4 de abril 2025.

Daniel Fuentes Castro «No es el comercio, es el capital» El Pais, 3 de abril de 2025.

Nacho Álvarez «Europa ante el abismo arancelario» El País, 8 de abril de 2025

Una democracia expansiva


«El abrazo» de Juan Genovés, el original está en el Museo Reina Sofía, el artista donó los derechos de autor a Amnistía Internacional

Ninguna imagen como «El abrazo» representa mejor el espíritu de la Transición. La amnistía (reclamada en manifestaciones multitudinarias) que puso en la calle a los presos políticos y sindicales, como los del Proceso 2001. Pero que también amnistió a los policías torturadores, a los que todavía no se ha podido juzgar.

Nuestra democracia nació de pacto y eso supuso aceptar una monarquía sin someterla al voto popular. Nuestra Constitución resultó muy avanzada en su reconocimiento de los derechos civiles y políticos, pero cicatera con los derechos sociales y económicos, con grandilocuentes enunciados, que solo son orientaciones para que los poderes públicos los hagan realidad mediante políticas y servicios públicos.

Uno de aquellos amnistiados fue Nicolás Sartorius, un aristócrata, que se sumó a la lucha de la clase obrera (como se decía entonces) como abogado de CCOO y como tal juzgado y condenado en el Proceso 2001, Sartorius luchó por mantener al PCE en la vía del eurocomunismo. Ahora cuando proliferan las obras sobre el fin de la democracia, Sartorius no propone su ampliación como modo de regeneración democrática.

A nivel nacional, la ampliación tiene que pasar por hacer vinculantes los derechos económicos y sociales. no solo por la vía de su exigibilidad ante los tribunales, sino sobre todo mediante reservas presupuestarias, que garanticen servicios públicos de calidad. Y profundizando en nuevos derechos medioambientales o el derecho a preservar la privacidad de nuestro cerebro, frente a los sistemas de intrusión . Y dando mayor protagonismo a los derechos de los jóvenes a vivir independiente… Luchando contra la desinformación. Todo un «programa de regeneración democrática»…

Si algo tiene claro el autor esta expansión democrática (o modo para ir terminando con el capitalismo) ya no puede hacerse (como en los años gloriosos) en el estrecho marco del estado nacional. Ahora la expansión de la democracia tiene que hacerse globalmente, especialmente por medio de organizaciones de integración y en ese sentido la UE es el marco ideal, no solo para expandir los derechos, sino también para conseguir un bienestar con justicia. La UE tiene muchos agujeros, como su política migratoria. Pero la ultraderecha puede destrozar este exitoso experimento, no tanto por su presencia en el Parlamento. como por su control de cada vez más gobiernos. Estamos ante el riego de en lugar de expandir, comprimir la democracia.

El Davos de la desigualdad


Imagen de Portada del Informe de Oxfam presentado en Davos

Superada la pandemia la cita de los ricos y poderosos del mundo en la montaña suiza de Davos- la montaña mágica de Thomas Mann– ha vuelto a celebrarse en enero, cuando las bajas temperaturas y la nieve, garantizan un mayor aislamiento de los participantes, propicio para los negocios discretos.

Como el pasado año, el gran tema es la desglobalización o decoupling. La pandemia ha demostrado la necesidad de una independencia en productos estratégicos a nivel nacional y de grandes bloques geopolíticos. A nivel empresarial, como demuestra el caso de Apple y el iPhone fiar toda la producción a China supone una enorme vulnerabilidad.

En el último año, para afrontar la crisis energética y de inflación, EEUU y la UE ha puesto e marcha grandes proyectos proteccionistas de sus industrias. El de la UE ha sido presentado por la presidenta Van der Leyen en Davos. En la propia Unión las tensiones proteccionistas entre Estados crecen, con Alemania dedicando, gracias a sus superávits hasta 200.000 millones de euros en ayudas a sus empresas.

Intermon-Oxfam ha llevado a Davos un problema central de justicia y supervivencia económica: la desigualdad. En su informe La ley del más rico recoge los datos de la creciente desigualdad: El 1 % más rico ha acaparado casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada desde 2020 a nivel global (valorada en 42 billones de dólares), casi el doble que el 99 % restante de la humanidad. De esta manera desparecen las clases medias, se destruye el estado del bienestar y aumenta la desafección hacia unas democracias, que no enfrentan el problema

Recojo algunos datos

Durante la última década, los súper ricos han acaparado el 50 % de la nueva riqueza generada, cifra que acaban de superar. 


La fortuna de los milmillonarios está creciendo a un ritmo de 2700 millones de dólares al día, al mismo tiempo que al menos 1700 millones de trabajadoras y trabajadores viven en países en los que la inflación crece por encima de los salarios.

Solo la Justicia fiscal puede revertir esta situación, Con la aplicación de un impuesto a la riqueza de hasta el 5 % a los multimillonarios y milmillonarios podrían recaudarse 1,7 billones de dólares anualmente, lo que permitiría que 2000 millones de personas salieran de la pobreza.

AQUÍ PUEDE DECARGARSE EL INFORME COMPLETO (PDF)

El Davos de la desglobalización


Davos 2022 se abrió con la intervención del presidente Zelenski por videoconferencia

El Foro 2022 se ha retrasado este año a mayo, para aprovechar el mejor control de la covid. En primavera la montaña es menos mágica que en enero.

Y en lugar de confiar la conferencia inaugural a alguna de las instituciones económicas internacionales o a algún tech-star (por ejemplo, Elon Musk) fue Zelenski el invitado de honor. La geopolítica ocupa el lugar de los negocios. La Historia no había terminado

Si repasamos la agenda veremos que se repiten palabras como sostenibilidad, vacunas covid, clima, contrato social global, innovación y un tema, que es el que me interesa destacar «restaurar la confianza en el comercio global y en las cadenas de suministros».

Primero la pandemia y luego la guerra de Ucrania ha llevado a las democracias occidentales a tomar conciencia de la vulnerabilidad que supone depender totalmente de las cadenas de suministro globales en productos y servicios esenciales. Por si fuera poco, los salvajes confinamientos en China han reducido significativamente el comercio mundial.

La palabra ahora es relocalización. Productos y suministros más cercanos, con más calidad y menos incertidumbre… pero más caros, otro factor para alimentar la espiral inflacionista. Lógicamente, a mayor valor añadido, más interesa relocalizar; o en su defecto valor estratégico, como en los productos sanitarios. De ahí, la apuesta de la UE y de España por la fabricación de chips (valor añadido y valor estratégico) o porque se deberían mantener las fábricas nacionales de mascarillas, que se improvisaron en la pandemia (valor estratégico).

Es el mercado, amigo


Me permito titular esta entrada con la frase desafiante de Rodrigo Rato, cuando en la Comisión de Investigación del Congreso a la pregunta de si la quiebra de Bankia había sido un saqueo respondió desafiante «Es el mercado, amigo». Una frase convertida en meme.

Quiero reflexionar sobre la crisis inflacionaria, colocándola en el contexto del mercado. Conste que no soy especialista en economía y que toda mi formación se reduce al estudio (hace medio siglo) del manual de Paul Samuelson.

El mercado perfecto

En el mercado se casan oferta y demanda. Si la demanda es mayor que la oferta, los precios suben. Es lo que viene ocurriendo con las materias primas y, sobre todo, petróleo y gas, cuando después de la pandemia, las economías se despiertan y crece exponencialmente la demanda. Ahora el aumento de precio viene más por la vía de la redución de la oferta como consecuencia de la guerra de Ucrania.

Si la demanda es rígida, como ocurre en alimentación y combustibles, las empresa pueden trasladar el alza de precios a los consumidores.

Para que no se distorsionen los precios no puede haber agentes dominantes. Hay muchos mercados, como los de la energía o las telecomunicaciones que tienden hacia el monopolio,por eso tienen que ser regulados para que los operadores más fuertes no abusen de su posición de dominio. En la alimentación, las grades superficies imponen precios y condiciones a una miriada de productores. La Ley 8/2020, de la Cadena Alimentaria prohibe la venta a pérdidas. En el transporte, las agencias de logística, integradas en la patronal con la que ha negociado el Gobierno, imponen condiciones y precios a los trasportistas autónomos, que han paralizado el país.

Eliminar o reducir los impuestos a los combustibles o subvenciones no es la solución

En los combustibles, con una demanda rígida, la redución de impuestos pasaría al bolsillo de petroleras y gasolineras. Algún centimo bajaría el litro, posiblemente para seguir enseguida su camino ascendente.

En cuanto a los 20 céntimos/l para los transportistas, es muy posible que las agencias de logística reduzcan en la misma cantidad sus ofertas.

La solución es intervenir el sacrosanto mercado, como ha hecho la Ley de la Cadena Alimentaria.

Esto es un Golpe


Desde ayer me amarga la hiel en la boca. El trágala a Grecia es para mi la desconexión sentimental de un proyecto moderadamente utópico en el que una vez creí.

La Europa que quería construir unas instituciones en torno a la cooperación y la solidaridad ya no es más que un sindicato de acreedores.

Merkel ha disparado el tiro que terminará por destruir la economía y la sociedad griegas, pero – en la imagen de los cinco economistas que la pidieron estar a la altura de sus responsabilidades históricas– la bala será letal para Europa en su conjunto.

Sin una quita, Grecia no podrá pagar la deuda. Las medidas ahora impuestas agravarán la recesión y el porcentaje de la deuda sobre el PIB subirá a cifras estratosféricas. Como decía Varufakis, este nuevo rescate no es sino seguir suministrando droga al adicto. Esa masa de deuda que, como acredores, estamos asumiendo todos los ciudadanos del euro (una deuda que antes era de los bancos y ahora es de Grecia) llegará un momento en que, como todas las burbujas, se pinche.

A Grecia se le exigen leyes draconianas en tres días. A cambio, una vaga promesa de alargar los plazos y un plan de inversiones de 35.000 m. de euros. ¿De dónde saldrán? ¿Del plan Junker que no es si no otra pompa de jabón? ¿Invertir un euro de dinero público para que los inversores aporten 34?

Alemania debiera saber que las humillaciones se vuelven contra quienes las imponen. La deuda de Versalles era impagable y trajo sufrimiento y humillación a los alemanes. Y llegó Hitler. Puede que el viento se lleve a Syriza para traer a Amanecer Dorado. Aún así, Grecia no invadirá ningún país. Pero formará una coalición con los Le Pen, los Farage, los Wilders, los Orban… los patriotas auténticos de aquí o allá para llevar a nuestros pueblos a una nueva época de fascismos.

Felices tertulianos. Los griegos son unos vagos que no pagan impuestos. Tsipras un peligroso radical que ha llevado el castigo merecido a su arrogancia. Me sube la bilis. Solidaridad europea con Grecia, dicen con descaro.

Creíamos que transferíamos soberanía a unas instituciones democráticas, pero en realidad la entregábamos a un conjunto de tecnócratas gestores de los intereses del capital financiero.

Varufakis explica cómo para Grecia no era una opción factible abandonar el euro, el Grexit, pero como sí lo es para Schauble.

El Reino Unido no aportará una libra al rescate y se prepara para el Brexit como chantaje para conseguir reducir la Unión a un simple mercado. Las políticas comunes se renacionalizan, la libertad de movimientos de las personas corre peligro.

¿Puede enderezarse Europa? Los optimistas sostienen que la cesión de soberanía monetaria exigirá también entregar la soberanía fiscal. ¿Una política fiscal común para la solidaridad o para destruir lo que queda del estado del bienestar?

Hoy no veo futuro en Europa. Pero fuera hace mucho frío.

(Puedes leer también mi Confesión desencatada de un español aspirante a europeo)

Gurús económicos


Ayer fue otro Lunes Negro. La quiebra de Lehman Brothers hizo tambalearse a las bolsas y hundió la confianza en el sistema financiero global. Por cierto, que si entramos en su página web, el banco de inversiones sigue presentándose como un innovador de las finanzas globales, sin una sola mención a la quiebra… Tanta innovación para exparcir el cáncer de las hipotecas basuras… Todo se está diciendo sobre la crisis. Sólo quiero añadir una observación. Los grandes cerebros de estos «innovadores financieros» han venido produciendo informes y recomendaciones que han sido recibidos y tratado como palabra divina por los informadores económicos. Recomendaciones que siempre cargaban contra los salarios y exigían más reformas, esto es, menos regulaciones. Hora es de que los que tan acríticamente difundieron la doctrina del pensamiento único entonen el mea culpa.

Lunes negro


Bueno, pues ya está aquí la crisis… Gran batacazo de las bolsas europeas y asiáticas. Veremos que pasa mañana en la de Nueva York, cerrada por la fiesta de Luther Martin King.  ¿Son las trompetas de recesión? No sé, que lo digan los economistas, esos especialistas en predecir el pasado. Lo que está claro es que los inversores son -como tantas veces se ha dicho- el rebaño más cobarde, dispuesto a huir en avalancha ante las primeras voces de pánico.

 Si pongo aquí este comentario es porque hoy ha sido uno de esos días -estoy seguro- que han echado humos todas las líneas informativas. Los resúmenes a primera hora de las bolsas asiáticas; luego, la expectación ante la apertura de los mercados europeos; después, la sucesión de «urgentes» avisando de caída tras caída. Entre tanto, anális financieros y económicos… Y al cabo, el precipitado final: un término, «lunes negro»

News.bbc.co.ukLos periodistas crean un término, que, a partir de ahora, servirá para indicar todo un fenómeno: la caída de las bolsas a causa de las pérdidas originadas en las grandes firmas bancarias norteamericanas a causa de la crisis de las hipotecas basuras. En este caso, el término era obvio, una nueva versión de aquel «jueves negro» que abrió la Gran Depresión del 29, y al que siguió un lunes y un martes igualmente negros, que pusieron fin a los «alegres 20». En 1987, un lunes de octubre, Wall Street sufrió la mayor caída de su historia a consecuencia de los bonos basura -vaya, que casualidad ¿por qué la ingeniería financiera termina por castigar siempre a la economía real?

 Los periodistas son creadores de etiquetas como ésta, que sirven para «enfocar», «encuadrar» la realidad. Y a partir de ahora este término puede convertirse en arma arrojadiza, por ejemplo, en la campaña electoral española.

Estos términos tienen un enorme éxito. «Black Monday» registraba 11.100.000 resultados en Google. De la red, recomiendo la lectura del análisis de la BBC sobre las lecciones que pueden extraerse de anteriores crisis. Una relativamente optimista: la globalización incrementa la frecuencia de las crisis financieras, pero no necesariamente su severidad. Y otra, bastante evidente, es que al comienzo de la crisis es imposible predecir su alcance.

El propio término propaga el miedo. Esperemos que al «lunes negro» no siga un «martes negro».