Política del odio


Mrcha por la dignidad, convocada por PP y Vox contra Pedro Sánchez

No recuerdo ninguna legislatura donde el odio y sus manifestaciones haya tenido un papel tan destacado en la política. Aquello del rotbeiller y «vállase señor Gónzález» parecen hoy expresiones moderadas y educadas frente al «vienen los nazis» de un lado y del otro «Pedro H. P. «Me gusta la fruta». Extensión de la lucha política a las familias y los grupos de amigos; no obstante creo que la sociedad civil está menos «hiperventilada» que políticos y tertulianos. Cuando Sánchez caiga el mundo será mejor y todos los problemas se solucionarán por ensalmo.

¿Por qué este odio?

Desde el primer momento se cuestionó su legitimidad desde el regreso a la secretaría general del PSOE de la que fue ignominiosamente expulsado y a la que regresó después de una campaña agrupación a agrupación por toda España. Luego llegó sentencia de la Gürtel y la moción de censura, en la que reunió una improbable mayoría. Y desde entonces se convirtió en el «okupa de La Moncloa». Los grandes defensores de la Constitución deslegitimaron la moción de censura y sostuvieron, ignorando la naturaleza de democracia parlamentaria que tenía que gobernar el partido que más votos obtuviera y no el que tuviera el apoyo de más diputados.

Las cosas se complicaron después de la elecciones de 2023. Los 7 diputados de los independentistas de Junts se hicieron imprescindibles para investidura. El gobierno de Sánchez, al contrario de lo que había prometido en campaña sacó adelante la Ley de Amnistía, que todavía está al a espera del pronunciamiento del Tribunal Europeo de Justicia, del Tribunal Constitucional y de la aplicación del Supremo.

Para muchos con esa ley Sánchez no es que hubiera cambiado de opinión sino que directamente había mentido y había puesto en peligro la Constitución y la unidad de España. Se produjo una rebelión judicial, con togas ante las sedes judiciales. PP y VOX promovieron grandes manifestaciones en contra de la ley y fueron cuajando un movimiento con Sánchez en el objetivo como enemigo. En estas manifestaciones se va generalizando el grito «Pedro Sánchez H..P». Al que luego siguió el hipócrita y ridículo «me gusta la fruta».

La política los gobiernos de Sánchez es de centro-izquierda, nada radical, no ha hecho la reforma tributaria necesaria para luchar contra la desigualdad y financiar los servicios públicos. Además del indulto y la amnistía a los dirigentes del «procés», otras medidas que incendian el odio contra el presidente del Gobierno son las leyes de «Libertad Sexual» «Memoria democrática» y la exhumación de Franco de Cuelgamuros. Y aquí se encadena con el auge de la extrema derecha en todo el mundo.

La explosión de la extrema derecha

El edificio de los derechos humanos construido después de la II Guerra Mundial se cae. Movimientos y partidos ponen por encima de la dignidad individual el espíritu de la tribu. Vuelve el nacionalismo nativista. Estos movimientos crecen porque se presentan como alternativa al sistema y proponen solucionar complejos problemas sociales con soluciones sencillas como la persecución del inmigrante al que se presenta como fuente de todos los males.

En Europa y EEUU la gente se revela contra la pérdida de industrias, consecuencia de la globalización. En América Latina contra la inseguridad y la dejación de Estado frente alos grupos criminales. En Argentina la rebelión es contra una terrible gestión económica con recurrentes crisis de hiperinflación.

La presencia de esta extrema derecha pugnante, que vuelve con los métodos criminales del escuadrismo fascista. Las redes sociales promueven las opiniones extremas. De modo que los parlamentos se convierten en platós para el «zasca»al adversario, con el que alimentar las redes sociales.

El adversario se convierte en enemigo

No se trata no solo de ganar al adversaro; se amenaza con meterle en la cárcel De modo que el diálogo político es cada vez más difícil.

La lucha política se extiende a la familia del político,

La corrupción

En el ámbito de este gobierno se han cometido graves casos de corrupción. En uno de los más graves, el caso «mascarillas»ya se condenado al autor principal, ex secretario general. del PSOE y ex ministro de Transportes a una pena ejemplar de 24 años. Por el momento, ni en este ni en otros se ha demostrado la responsabilidad penal del PSOE como se probó la del PP. A muchos nos resulta escandalosa la retorcida interpretación analógica de la atenuante de colaboración con la Justicia para que el corruptor, Aldama, no vaya a la cárcel.

De generalizarse el sistema, como ocurrió en la Italia de los 80, el sistema puede entrar en barrena.

Precisiones sobre la convocatoria de elecciones

La disolución de las Cortes es una prerrogativa constitucional exclusiva del presidente del gobierno. La recientemente aprobada moción para que Sánchez convoque elecciones no tiene ningún valor jurídico como tampoco las reprobaciones de los ministros de cualquier gobierno, pero debía debatirse -como se hizo-como un acto de autonomía de la Cámara y ha tenido el valor de mostrar la extrema debilidad del gobierno.

La oposición puede desbancar al gobierno con una moción de censura constructiva, una institución que la Constitución copió de la Ley Fundamental de Bonn. Exige la presentación de un candidato y de un programa de gobierno. La de Sánchez ha sido la única moción de censura con éxito. Gonzálezpresentó una Suaárez, que no properó, pero que le sirvió para lanzar el que luego sería su programa en las elecciones de 1982, que ganó por mayoría absoluta.

La moción de confianza la presenta el presidente del gobierno para reafianzar un gobierno débil y verificar sus apoyos. Puesto que la Constitución exige la presentación anual de los presupuestos y por extensión su aprobación y Sánchez no ha conseguido aprobar ningún prepuesto desde 1983 hace mucho tiempo que tendría que haber presentado una moción de confianza para que las fuerzas que le apoyaran se retrataran, sobre todo Junts que ni come ni deja comer.