Revoluciones y transiciones


Puede que todo esté dicho sobre los extraordinarios acontecimiento de Túnez y Egipto. La mayoría de los analistas se ufanan prediciendo el pasado. El tono general es optimista. Los análisis de detalle, de los verdaderos especialistas, son más útiles que los grandes frescos de los generalistas, llenos de lugares comunes.

Lo siento. Yo también me sumo a la ceremonia de la confusión con algunas reflexiones generales sobre las revoluciones árabes, que, para no cansar, dividiré en esta entrega, otra sobre justicia y democracia y una última dedicada a porque unas revoluciones triunfan y otras no

Lo que uno ha visto en medio siglo

Como cualquiera de mi generación he sido testigo de varias olas revolucionarias.

De adolescente, me inicié en el interés por la política y el cambio social con las revoluciones del 68. Aparecían como revoluciones juveniles para cambiar de sistema, para arrumbar el conservadurismo, la guerra fría, el capitalismo, el comunismo soviético, para llegar a un nuevo paraíso ácrata.

Las revoluciones del 68 no fueron sólo la de París. También las marchas de los derechos civiles en Irlanda del Norte, el movimiento de los derechos civiles de Estados Unidos, la primavera de Praga… Las revoluciones de los 60 obviamente no fueron genuinas revoluciones políticas, porque no produjeron un cambio de poder. El poder político y económico siguió en las mismas manos, pero los valores cambiaron:  costumbres más libres, cuestionamiento de la tradición y la autoridad, liberación de la mujer, laicidad… Hoy, los que entonces abandonaron asustados el progresismo, como Ratzinger, combaten codo con codo con muchos de aquellos radicales el «relativismo moral».

En realidad las revoluciones de mayo murieron trágicamente más tarde. En Europa con la locura homicida de la Baader-Meinhof, las Brigadas Rojas, los años de plomo. En España, con ETA, que todavía sigue ahí… Con el terrorismo revolucionario y el terrorismo de Estado. Murió también el espíritu de mayo asesinado por Pinochet y Videla. Lo vivimos como un fracaso y luego poco a poco conocimos el horror y el genocidio.

La que vivimos como una revolución de verdad fue la Revolución de los Claveles.Por fin, un atisbo de luz en el tardo franquismo. Nos sabíamos hasta la tendencia del último capitán y los fines de semana se organizaban expediciones a Lisboa.

La portuguesa fue una revolución de verdad, porque puso fin a un peculiar régimen autoritario. Como muchas revoluciones pasó por distintas etapas. El poder lo asumió una junta militar, pero no la cúpula del poder militar de la dictadura como en Egipto. En ella convivían militares de confianza de los capitanes con el conservador general Spínola, que salió huyendo en cuanto la cosa se radicalizó. Después de la fiebre revolucionaria, vino la institucionalización del Movimiento de las Fuerzas Armadas y por fin la democracia civil. El poder se hizo democrático, pero la revolución social y económica se frustró.

Por fin Franco se nos murió en la cama, así que no tuvimos revolución, ni siquiera ruptura y nos contentamos con una transición, que hoy se nos vende como modélica, pero que entonces nos originó no poco sufrimiento. El motor de la transición no fue el Rey sino la movilización popular. El Rey fue el estabilizador del proceso. Tuvimos que acostumbrarnos a negociar y a aceptarnos. El cambio de poder fue gradual, negociado y salpicado de involuciones. No cambiaron los poderes sociales y económicos, pero nos dimos una ordenación de la convivencia bastante razonable.

Transición fue la de Argentina, de Galtieri a Alfonsín, que vivimos con gran esperanza. Habría que esperar hasta finales de los 80 para que llegara la transición en Chile.

Otra revolución de libro fue la de Irán, que hizo bueno aquello de que las revoluciones devoran a sus propios hijos. Una revolución popular derroca al Sha, pero como en la Rusia de 1918, una vanguardia revolucionaria se hace con el poder. Detrás hay un líder (Jomeini), una religión-ideología (el milenarismo chií), una iglesia-partido (los ayatolás), una alianza de la burguesía conservadora (los bazaríes) con las masas desposeídas. La burguesía laica es sacrificada y se impone una teocracia, con un extremo conservadurismo social, un populismo económico y un compromiso con la revolución islámica global.

En realidad la gran revolución de nuestras vidas ha sido una contrarrevolución y ha sido no política, sino social y económica. Empezó con Reagan y Thatcher y hoy vuelve triunfante, con la espuma de la Gran Recesión. La Gran Contrarrevolución ha supuesto una gigantesca transferencia de poder económico de las clases medias a los magnates financieros. No ha habido cambio formal del poder político, pero los fundamentos de la democracia se han deteriorado con una desigualdad creciente. Vivimos en sistemas de democracia de baja intensidad.

Revolución política, económica y social fue la caída del Muro y la implosión del sistema comunista. Durante unos meses, quizá sólo semanas, pudo parecer que cabía un socialismo democrático. Pero pronto se vio que el comunismo operaba con tal fuerza como contramodelo que se imponía su más terrible contraimagen, el capitalismo salvaje.

Hay analogías con las revoluciones árabes. Como éstas, las de la Europa comunista fueron revoluciones populares, en gran medida espontáneas (sin despreciar la influencia de la CIA y el Vaticano). Fueron revoluciones porque el sistema se cayó, pero también fueron transiciones porque la transferencia de poder se hizo en muchos lugares, como Polonia, Hungría, de forma negociada. La mayor parte de los líderes espontáneos desaparecieron en el anonimato y surgieron nuevos que habían estado agazapados disfrutando de las prebendas del sistema, como Vaklav Klaus. Frente a una derecha radical se alineó una izquierda moderada, en general salida de los partidos comunistas, en muchos casos corrupta e incompetente. Así que si la revolución duró dos semanas, la transición política un año y la transición jurídica una década, la transición a una sociedad democrática (como demuestra el caso de Hungría) todavía no ha terminado.

De la que sí que fui testigo directo fue de la caída de Milosevic, que inaguró las revoluciones de colorines (la Naraja, la de los Tulipanes, las de las Rosas etc). Milosevic cayó porque perdió las guerras que desató, pero de hecho fueron grupos de conspiradores los que organizaron la toma del Parlamento de Belgrado. Se abrió luego una transición con episodios como el asesinato de Djindjic y que, desde el punto de vista político, Boris Tadic parece haber concluido.

Digo que la caída de Milosevic sirvió de modelo para revueltas organizadas por partidos políticos o grupos de intereses como la de Ucrania. Bendecidas por Washington para robarle terreno a Moscú en su patio trasero, los medios las enaltecieron. No eran más que un «quítame tú, que me pongo yo».

Las revoluciones de Túnez y Egipto lo son porque suponen un cambio de legitimidad y su trascendencia reside en que establecen un nuevo paradigma dentro de la cultura musulmana, que se ve como la umma, la gran comunidad política de todos los creyente.

El fundamento del poder ya no se halla en el carisma de un padre de la patria que asegura la estabilidad y una cierta prosperidad, sino en la voluntad de libertad y dignidad del pueblo. El poder de hecho se encuentra ahora en Túnez en manos de tecnócratas del viejo régimen. En Egipto lo detenta la vieja cúpula militar de Mubarak. Se abre una transición política llena de peligros e incógnitas. ¿Serán capaces los jóvenes de encontrar nuevas organizaciones mediadoras? ¿Alguno de ellos se consolidará como líder o volverán a la soledad en compañía de Facebook?. ¿Cómo se mantendrá la presión popular?

Tunecinos y egipcios ya han ganado la dignidad. Ahora tienen que conquistar la democracia en difíciles transiciones.

Por un nuevo servicio público de la radio y la televisión


Teledetodos ha nacido hoy formalmente con el lanzamiento del Manifiesto en Defensa de Radiotelevisión Pública.

Que la lectura pública haya corrido a cargo de Paca Sauquillo, vieja luchadora en defensa de lo público y ahora presidenta del Consejo de Consumidores y Usuarios, más allá del honor, indica el espíritu con que nace este nuevo foro: poner radiotelevisión pública no ya sólo al servicio de la sociedad sino en relación dinámica con la misma en toda su diversidad.

El acto ha sido también una jornada de reflexión, con la participación de profesionales, académicos y distintos representantes de la sociedad. Me remito al resumen que fui haciendo en directo en Twitter (#Teledetodos).

Han sido mayoría las voces que han advertido de la inhibición del gobierno respecto al futuro de la rtv pública; de la inestabilidad financiera del nuevo sistema; de la degradación del pluralismo externo propiciada por la Ley General de la Comunicación Audoivisual; de los abusos de externalización de la producción… Pero también, en un panorama de claroscuros, los pasos dados en garantizar jurídicamente la independencia y el pluralismo interno de RTVE; la mejoría de su programación, el mayor aprecio por parte del público… Un nuevo marco jurídico e institucional cuyas conquistas deben ser preservadas sea cual sea el gobierno de turno.

Destacaría, no obstante, la insistencia en una consideración global del servicio público, no sólo ligado a una radio y televisión generalista dirigida a la inmensa mayoría, sino promotora de una variedad de plataformas tradicionales e interactivas, con unos contenidos segmentados para las inmensas mayorías.

El problema es que hay que dar las batallas del presente para no perder las del futuro.

Las batallas del presente son consolidar el servicio público, lograr su estabilidad y suficiencia financiera, profundizar en el pluralismo interno y neutralizar los intentos del PP de privatizar las televisiones autónomicas y dejar a TVE constreñida a un único múltiplex en la TDT.

Esta lucha no puede hacernos olvidar el gran reto del que depende el futuro: nuevos servicios capaces de superar un test de valor público añadido y crear mecanismos tanto interactivos como institucionales para un diálogo permanente con la sociedad en toda su diversidad.

(Materiales de las intervenciones. Mi intervención “El pluralismo interno, clave del servicio público de RTVE” Texto, resumen, presentación).

Teledetodos, una nueva plataforma de defensa de la radiotelevisión pública


Los defensores del servicio público de la radio y la televisión no podemos bajar la guardia. Las fuerzas que por razones políticas y económicas quieren desmontar el servicio público son muy poderosas. Su última ofensiva son las proposiciones de ley del Partido Popular para privatizar las televisiones autonómicas y reducir a un múltiplex (cuatro canales) a TVE.

Teledetodos nace con el espíritu de hacer llegar a la ciudadanía que el servicio público de que disfruta no se puede desmontar o degradar por medio de una insuficiente financiación.

Comienza su actividad con el lanzamiento de un MANIFIESTO EN DEFENSA DEL SERVICIO PÚBLICO AUDIOVISUAL. Comienza así:

«Es un derecho fundamental de los ciudadanos disponer de una oferta audiovisual diversa, gratuita y de calidad y de una información veraz, independiente y plural, que garantice también el acceso universal a la cultura y al entretenimiento, así como a las posibilidades que abre la sociedad de la información y el conocimiento en el nuevo entorno digital.

En ese sentido, un servicio público estatal de radio, televisión y servicios interactivos es crucial para salvaguardar la diversidad y la identidad cultural, el pluralismo, la cohesión social, la promoción de las libertades fundamentales y el propio funcionamiento de la democracia.»

El manifiesto solicita adhesiones personales e institucionales. El lunes 14 será su presentación en un ciclo de conferencias. Lo leera Francisca Sauquillo como representante de los consumidores y la sociedad entera.

Os dejo mi participación en esta conferencia: “El pluralismo interno, clave del servicio público de RTVE”. (Texto, resumen, presentación).

Revolución en Egipto: el papel de los medios (tradicionales y sociales)


La revolución de Twitter… La revolución de Facebook… La revolución de YouTube… No, la revolución del pueblo egipcio. (¿Revolución? Dejo esa discusión para otra entrada).

Que los medios sociales han tenido un papel relevante en la revuelta en Egipto es evidente. Tan evidente como que el ciclostil y la pintada fueron herramientas de movilización social y política en la España del último franquismo. Como indiscutible es que Al Yazira ha sido la ventana por la que la mayoría de los egipcios han accedido a la imagen de la movilización callejera.

El papel de los medios tradicionales y de los medios sociales (y su interrelación) en estos acontecimientos requiere de una investigación seria. No sé si algún académico egipcio o extranjero la está ya desarrollando.

Los medios sociales son herramientas insuperables para la interacción y por tanto para la movilización para un objetivo concreto, ya sea manifestarse, reunir firmas, hacer un boicot a un producto o comprarlo. Los medios sociales promueven conductas instantáneas y acciones «líquidas». Los medios sociales están siendo el catalizador y el acelerador de las revueltas y llenan el vacío dejado por la censura en los medios de masas.
Pero desde la revuelta popular hasta la democracia hay un largo camino, una transición, que requiere grupos homogéneos, organizados en torno a ideas e intereses, con liderazgo, que representen amplias capas sociales. Esa acción consciente, comprometida, a medio y largo plazo, con objetivos y planificación se realiza en el terreno de la acción política clásica: reuniones, debates, afiliación, congresos etc. Y son esos grupos organizados los que terminan por crear opinión pública en los medios de comunicación de masas, que construyen el relato social que comparte la mayoría.

Dejo aquí algunas piezas de información que pueden servir para entender el papel de unos y otros medios en estos acontecimientos.

The New York Times ha producido este vídeo del ambiente en un piso de El Cairo desde el que un grupo de jóvenes alienta la revuelta desde las redes sociales. Nada que ver con la conspiración internacional que vende el régimen.

La segunda pieza de información viene de Media Tenor. Es un breve estudio (pdf) sobre la información de dos cadenas de televisión occidentales (CNN y BBC) y dos panarabes (Al Arabiya y Al Jazira) sobre Egipto y Mubarak antes del estallido de las revueltas. El resultado es que las televisiones occidentales fueron muy críticas de Mubarak, con un 50% de las informaciones sobre el «rais» de carácter negativo. En cambio, las televisiones árabes dieron de él una imagen positiva.

 

Fuente: Media Tenor

Media Tenor llega a la conclusión de que no se puede acusar a las televisiones occidentales de connivencia con la dictadura y que las televisiones árabes están mucho más vinculadas y condicionadas por los poderes locales. Habría que hacer una análisis cualitativo para ver si detrás de las informaciones negativas de BBC y CNN hay verdadera crítica o sólo perjuicios occidentales. Pero de lo que no cabe duda es de Al Jazira ha educado a las sociedades árabes en el debate, base de cualquier democracia.

Vuelvo al principio. Esta es la revolución de los egipcios, pobres y clases medias, jóvenes y maduros, religiosos y laicos, musulmanes y coptos. Itxa en su blog está recogiendo ese pálpito popular. De ella tomo este vídeo de Nawal El-Saadawi vieja luchadora feminista, que encarna como nadie la resistencia del mejor Egipto.

(Una última actualización. Según el News Coverage Index (PEW Project for Excellence in Journalism) la revuelta en Egipto es la noticia internacional con mayor seguimiento en los últimos cuatro años y en este período ocupa además el cuarto lugar entre todas las noticias, nacionales e internacionales. Sin más análisis los datos indican la importancia que para sus intereses estratégicos conceden al acontecimiento los medios de Estados Unidos.)

¿Quién informa ya de Túnez?


La revolución en Egipto ha eclipsado por completo a la revolución tunecina

Apenas hace diez días, Túnez era primera página y abría todos los informativos. Hoy, los medios españoles no informan sobre Túnez, sus enviados especiales han regresado o se ha ido a Egipto.

Ciertamente, Egipto es el gran país árabe y Mubarak mantiene el pulso, mientras Estados Unidos busca alternativas para mantener el status quo favorable a Israel. Estamos de acuerdo, hoy Egipto es la gran noticia. Pero en Túnez todo sigue abierto, sin encontrar una vía clara hacia la democracia. Nadie nos lo cuenta. Por lo que veo en medios sociales como Nawaat los que con sus protestas derrocaron a Ben Ali sienten que su revolución les esta siendo robada ante la indiferencia del mundo, que durante diez días ensalzó su revuelta.

Información espectáculo

Juan Goytisolo narra en «Señas de identidad» como su protagonista, joven exilado del franquismo, es acogido con entusiasmo a su llegada a París a finales de los 50. Hasta que sus nuevos amigos dejan de atenderle, porque hay otras causas más urgentes, creo recordar que la de la independencia argelina.

Las opiniones públicas y las opiniones públicas progresistas son por naturaleza inconstantes en sus intereses y compromisos con el resto del mundo.

En la sociedad del espectáculo los medios promueven ese interés voluble. La «tribu» de corresponsales, cámaras y enviados especiales se mueve de un escenario a otro de conflicto, siempre buscando la tensión, la imagen dramática.

En época de recortes económicos, resulta escandaloso que las radios desplacen a los conductores de sus informativos para hacer en directo desde El Cairo sus diarios hablados. Estos paracaidistas no saben nada del país, necesitan asistencia de los periodistas que están allí, convierten en noticia su llegada y peripecias en las aduanas y se ven obligados a volver a contar lo obvio. ¿No sería más económico y eficaz mantener en un lugar de uno, dos enviados especiales por el tiempo que fuera necesario, en vez de hacer grandes despliegues?

La revolución en los países árabes ha tomado a todo el mundo por sorpresa. Un nuevo estudio de Media Tenor (pdf) demuestra que en los últimos cinco años las grandes televisiones de referencia dedicaron un interés decreciente a los grandes conflictos, ignorando prácticamente a Egipto.

Este informe muestra también como para los pequeños países del sur la única manera de aparecer en la tele es mediante una explosición de violencia. Afganistán, en cambio, ha polarizado la atención, me atrevería a decir que no tanto por el conflicto en si, como por la presencia de tropas (y los informadores empotrados que les acompañan) de los países de las televisiones de referencia.

(Véase también sobre este tema Guerra y paz en las televisiones de referencia)

Fuente: Media Tenor

(Cuando escribí esta entrada no había visto que también TVE enviaba a El Cairo a una de las presentadoras de sus telediarios. La gran aportación consiste en dar paso a la corresponsal Rosa Molló, que está en el mismo set informativo, ambas con el Nilo a la espalda.)

Revolución árabe: la fina línea entre la opresión y la libertad


Mubarak advirtió el viernes a los egipcios, en el que puede ser su último discurso, que hay «una fina línea entre la libertad y el caos». En realidad, quería decir «yo o el caos».

En entradas anteriores, reflexioné sobre las posibilidades de la transición en un  país, Túnez, en el que la revuelta de la calle ha derrocado a la cabeza de un régimen opresivo, pero donde queda un largo e incierto camino para llegar a la democracia.

Hoy, me sitúo en un momento anterior, en el que se encuentra Egipto, en esa sutil línea que separa una autocracia opresiva y la libertad.

En el punto de partida existe un régimen que anula los derechos humanos, especialmente los políticos, que se sustenta sobre la represión y un partido único o hegemónico, aunque intente ganar legitimidad con un relato mítico (en el caso de Mubarak el aviador invicto que garantiza la estabilidad y la prosperidad) y satisfaciendo las necesidades sociales básicas. Con el paso del tiempo, el relato legitimador se difumina en la medida en la que se degrada el nivel de vida de las clases populares y, sobre todo, de las clases medias.

El apoyo exterior no es un factor despreciable. En este caso Mubarak ha contado con el apoyo de Europa y, sobre todo de Estados Unidos, con un mil millones dólares anuales de ayuda militar durante un cuarto de siglo.

Cualquier intento de desafiar al régimen es reprimido con todo el poder judicial y policial. Todos tienen miedo y la oposición se debilita después de cada ola represiva.

Pero un día la gente, todavía con mucho miedo, se atreve a salir a la calle a pedir que se vaya el tirano. En el caso de Egipto, hay rabia por el alza de precios de los alimentos, por la corrupción, por el fraude en las elección y, de modo especial, indignación porque Mubarak quiera investir como sucesor a su hijo Gamal en las previstas elecciones presidenciales. Pero el factor decisivo es ver lo logrado en la calle por los tunecinos. Si ellos lo han consegudo ¿por qué no los egipcios?.

Y entonces empieza un desafío en la calle que siempre es sangriento. El autócrata aplica la represión de rigor. Pero mientras las protestas crecen y las calles se llenan de jóvenes, mujeres, profesionales… se ve en el dilema de ordenar un baño de sangre total. Es entonces cuando los gobiernos que le apoyaron cuando era fuerte le piden hipócritamente que se contenga.

La partida se juega en la calle. ¿Quieren los policías morir matando? ¿Se arriesgarán su jefes a ser objeto de la ira de la multitud o del nuevo gobierno si la revolución triunfa? ¿Tomará el lugar represor de la policía el ejército? Y en ese momento un policía o un soldado pone en la bocacha del fusil un clavel o un pañuelo verde y la multitud le aupa y le aclama. Y entonces la represión ya no es posible.

En Egipto se está cruzando esa línea sutil, pero Mubarak se aferra al poder. Tiene más agallas y controla mejor los resortes que Ben Ali. Pero sobre todo los que le apoyaron, Washington y Tel Aviv, no pueden consentir una salida que no garantice sus intereses. Hay que encontrar una alternativa ¿Puede ser Omar Suleiman, el todopoderoso jefe de los servicios secretos, el que garantice un status quo con Israel? ¿O puede ser Baradei con su Nobel de la Paz, un líder diplomático, occidentalizado, pero poco capaz de aglutinar a la oposición?.

Con respecto a la actitud de Estados Unidos, viene a cuento la frase de Kennedy (que recuerda Jean-Paul Marthoz) en relación a la dictadura de Trujillo: «Hay tres posibilidades, en orden decreciente de preferencia. Un régimen democrático decente, una continuación del régimen de Trujillo o un régimen castrista. Deberíamos favorecer la primera, pero no podemos renunciar a la segunda si no estamos seguros de evitar la tercera.

Hoy el equivalente a un régimen castrista no sería tanto un régimen islamista, como un régimen, religioso o laico, que no guarde las espaldas a Israel. Aunque no se trataría de mantener a Mubarak como de buscar esa otra alternativa segura.

Todavía ayer oí a Jaime Peñafiel quejarse de que Carter hubiera dejado caer a un «personaje histórico» como el Sha de Irán. Carter invocó su política de derechos humanos para no sostener a Reza Palevi y Somoza («nuestro hijo de puta»), pero la línea se había cruzado y ni un baño de sangre hubiera mantenido a esos dictadores, que durante décadas fueron los «guardianes de Occidente».

Hoy pasa lo mismo. Aunque Obama quisiera mantener a Mubarak no podría. Pero cruzada la línea de la opresión, antes de llegar a la libertad, puede pasarse por un periodo de caos. Eso es lo que desea cualquier régimen que se tambalea y eso es lo que tiene que evitar una sociedad que quiera libertad.

Y superado el caos queda luego un largo camino a una libertad institucionalizada en una democracia… una batalla que se da tanto en la calle como en los despachos.

Guerra y paz en las televisiones de referencia


Un país en guerra es noticia; un país en paz, no. Todos los periodistas lo sabemos. A veces intentamos poner el foco en las grandezas y miserias de la paz, pero, en general, quedamos atrapados en la representación de la violencia, como los insectos nocturnos por la luz.

Una investigación acaba de confirmarlo. Las cadenas de televisión de referencia (la guerra puede convertirse en un espectáculo televisivo) informan de un  país proporcionalmente a su nivel de violencia y cuanto menos pacífico sea el país, menos informan de su realidad no cotidiana no ligada a la violencia.

El estudio, Measuring Peace in the Media (pdf, vídeo) es una colaboración entre Media Tenor y el Institute for Economic and Peace (IEP). Media Tenor analiza sistemáticamente una treintena de informativos de las cadenas de televisión más prestigiosas del mundo. El Institute for Economic and Peace elabora un índice de la paz, el Global Peace Index (GPI) (Nueva Zelanda, el país más pacífico; Irak, el menos pacífico). Ambas instituciones tienen una orientación «pro negocios» (el IEP ha sido fundado por el millonario Steve Killelea) y el informe acaba de ser presentado en Davos. Su metodolología ha sido cruzar el rango del país en el GPI con el análisis de los informativos realizado por Media Tenor.

Mapa Global Peace Index 2010

Las principales conclusiones del estudio son las siguientes:

– En los países relativamente pacíficos los hechos excepcionalmente violentos tienden a recibir la máxima cobertura.

– En el caso de estudio «Afganistán» se constata que todos los acontecimientos en relación a la construcción de la paz son prácticamente ignorados.

– Las americanas son las cadenas que ofrecen más violencia. La BBC es la cadena que informa de más países y con mayor variedad de asuntos y enfoques. Al Jazira es la cadena más equilibrada en la cobertura de Afganistán (véase la visión sesgada de The New York Times sobre el sesgo de Al Jazira).

– Se informa menos de los 10 países más pacíficos que de los 10 menos pacíficos.

– Cuando un conflicto termina, el país deja de ser noticia.

– Sólo un 1’6% de todas las informaciones analizadas tienen que ver con la construcción de la paz.

(Sobre guerra y paz en televisión, véase también mi estudio “La representación del mundo en los informativos de televisión”)

Davos: el triunfo de los mercados


Como cada año, los que cuentan en este mundo vuelven por esta fechas a la Montaña Mágica de Davos.

Esta vez los que se congregan en el Foro Económico Mundial (World Economic Forum) pueden estar orgullosos. Han obtenido una victoria histórica: han vencido al estado de bienestar y a la política en general encarnando sus intereses en un dios inapelable, los mercados globales.

La Gran Recesión ha sido la ocasión para hacer irreversible el cambio histórico que lleva gestándose desde Reagan. Nada de refundar el capitalismo (sólo un narcisista como Sarkozy puede pensar que eso puede hacerse con un acto de voluntad). O quizá sí; el capitalismo global se ha refundado sobre la base de la economía financiera, no de la productiva.

Algunas de las características de la nueva era global son:

– Desmantelamiento de los estados del bienestar. El Estado queda reducido a mantener el orden y un marco jurídico que de seguridad a los negocios.

– Externalización y mercantilización de no sólo servicios públicos, sino de funciones propias del estado como la propia seguridad.

– Reducción de la política y los políticos a una función servil de los mercados financieros, con la consiguiente deslegitimación de la democracia.

– Una globalización desigual. Aumento de las desigualdades sociales en todo el mundo. Pauperización de las clases medias en los países ricos, consolidación de clases medias compradoras en los países emergentes acompañado del enriquecimiento exponencial de una minoría de estas sociedades.

– Laxo gobierno financiero mundial para mantener bajo control las crisis sistémicas.

– Auge de modelos de mercado autoritarios con un enorme atractivo para los países empobrecidos. La extensión del nuevo capitalismo seguirá más probablemente el modelo chino que el norteamericano, pero las oportunidades de negocio serán magníficas.

Así que lo que preocupa a estos vencedores del club de Davos no es esta crisis que hoy vivimos, altamente productiva en cuanto que cambio de paradigma, sino mantener bajo control esta situación, evitando estallidos económicos o sociales que rompan el nuevo status quo.

Así que han identificado los riesgos globales en un informe en el que advierten ( New Report Warns Current Global Governance Systems Lack Capacity to Deal with Global Risks) que eso que se ha dado en llamar Gobernanza Global (más o menos el G-20 + el FMI + OCDE + Banco Mundial) no tiene capacidad para enfrentarlos. Estos riesgos son:

– El déficit de estados, banco y particulares

– La economía ilegal

– Los recursos limitados

– Otros emergentes como la ciberseguridad, el rechazo popular a la globalización y las armas nucleares y biológicas.

Hans Castorp subió a la Montaña Mágica para unas cortas vacaciones y terminó por encontrarse a si mismo, antes de bajar a la llanura para enfrentarse con la vida de una Europa en la que una generación de jóvenes iban a morir en la Gran Guerra. Financieros, ejecutivos y políticos suben para darse un baño autocomplacencia y cerrar discretamente los tratos que marcarán nuestras vidas.

(Otras entradas sobre el Foro de Davos y los Foros Sociales Los foros globales y la crisis, Los foros y la agenda de la globalización)

Los «documentos palestinos», epitafio para el proceso de paz en Oriente Próximo


Reveladas las negociaciones entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel

Hay vida más allá de Assange y WikiLeaks. Al Jazeera ha conseguido 1600 documentos confidenciales que recogen las minutas de la negociación entre israelíes y palestinos en la última década y ha compartido su publicación con The Guardian (navegación en la base de datos de The Guardian)

Estos palestine papers muestran, como dice The Guardian, la lenta agonía de unas negociaciones de paz en los que la parte palestina es cada vez más débil y está más dispuesta a hacer concesiones.

En esencia, lo publicado hasta ahora muestra que:

– Sobre la base de las fronteras del 67, la parte palestina aceptaba el principio de amplios intercambios territoriales que consagraban la anexión por Israel de las principales colonias.

– Los negociadores palestinos estaban dispuestos a aceptarla anexión israelí de todos los asentamiento de Jerusalén Este, salvo Har Homa (Jabal Abu Ghneim)

– Los palestinos aceptaban el control israelí del barrio judío y del barrio armenio de la ciudad santa.

– Exigían en cambio el desmantelamiento de Ariel, la gran ciudad que prácticamente parte en dos a Cisjordania.

– Los palestinos reducían la reivindicación sobre los refugiados al retorno simbólico de 100.000 al estado de Israel.

Concesiones todas de la máxima envergadura rechazadas por Israel.

Composición de Al Jazeera

Al Jazeera y supongo que todos los medios árabes citan esta frase del negociador palestino Saeb Erekat. Es la expresión de la oferta de entrega de mayor parte de la sagrada Al Quds a la Jerushalayim judía, a cambio de otros territorios en la misma área. Fuera de contexto es casi una confesión de traición de la causa árabe y palestina.

Pero hay que leer la minuta de esa reunión del 4 de mayo de 2008 para comprender que se trata de una oferta muy seria de negociación,  que busca esencialmente la continuidad territorial de un futuro estado palestino. La magnitud de la concesión es apreciada por la ministra de exteriores israelí Tzipi Livni, pero no por ello deja de ser rechazada.

El fin de la solución de dos estados

Los documentos muestran crudamente la gigantesca mentira del llamado «proceso de paz». Unos dirigentes palestinos, cada vez con menor legitimidad interna, se ven obligados a ir una y otra vez a la mesa de negociaciones en una posición más débil, para tratar de preservar una parte menor de territorio, mientras Estados Unidos les exige mayores concesiones, simplemente para que puedan sentarse a la mesa.

Shlomo Ben Ami ha insistido en infinidad de ocasiones que ambos pueblos, conducidos por dirigentes carismáticos, tendrían que hacer concesiones dolorosas.

Ya no existen dirigentes carismáticos y sólo los funcionarios de la Autoridad Palestina están dispuestos a hacer concesiones que posiblemente les costarían el puesto y hasta la vida. No se puede decir que sean traidores por ello. Otra cosa es la colaboración con la seguridad israelí, el conocimiento previo del ataque a Gaza, y, sobre todo, reconocer el «carácter judío» del estado de Israel, una verdadera traición a los árabes israelíes.

La revelación es histórica porque es el acta de defunción de un proceso de paz muerto hace mucho tiempo. La Autoridad Nacional Palestina queda en una situación muy frágil y su proclamación unilateral de un estado palestino parece más improbable. Y si la solución de dos estados se evapora, la ocupación israelí es el único horizonte inmediato.

Como muchos observadores han advertido las nubes de tormenta bélica llevan meses cargándose. La filtración puede ser la chispa que incendie el polvorín. No sé quién habrá filtrado los documentos. Israel se confirma como la parte intransigente e insaciable. Esto no mejorará su cada vez más dañada imagen exterior. Desde este punto de vista le perjudica. Pero también puede ser un paso más hacia un nuevo ajuste bélico, que sus jefes militares están pidiendo a gritos.

Cada vez me parece que la única solución justa es un  único (por ahora inviable) estado democrático para palestinos y judíos.

(Shlomo Ben Ami sostiene que estos principios ya habían sido aceptados por Arafat en el marco del plan Clinton. Aquí dejo la entrevista en Al Jazzera)

«Tuitear» el consejo de ministros de Túnez ¿transparencia o banalidad?


Vuelvo a preguntarme a cuenta de la revolución de Túnez si todo debe ser sabido y conocido en el acto.

Slim Amamou es un bloguero que ha pasado prácticamente de la cárcel al gobierno de Túnez. Su notoriedad le ha llevado a la Secretaría de Estado de Juventud y Deportes. A pesar de ello, su Twitter original (@slim_amamou) sigue censurado y ha tenido que abrir una nueva cuenta  (@slim404), desde la que ayer «tuiteó» o retransmitió el primer consejo de ministros del gobierno de transición. (La noticia puede verse en el El Mundo y La Vanguardia).

Me imagino la cara de los viejos dinosaurios del régimen cuando su joven colega tuiteba desde un ordenador o un teléfono inteligente. Visto así es divertido y la información suministrada es, desde luego, significativa de lo caótica que es la transición. Pero ¿se puede trabajar seriamente en tales condiciones sabiendo que nuestras palabras van a ser reproducidas más o menos fielmente o filtradas con mayor o menor intención?

Un consejo de ministros es órgano colegiado que debe tomar decisiones previa deliberación. No se hace política tuiteando desde su mesa, si acaso, política espectáculo.

Twitter «remedia», es decir, reproduce, adapta y fusiona funciones de otros medios; «remedia» el cable de las agencias; «remedia» la retransmisión en directo de la televisión. Es hoy una herramienta informativa de primera magnitud, que nos permite conocer de la mano de protagonistas y testigos lo que está ocurriendo en este momento.

Se puede «tuitear» un partido de fútbol, una sesión parlamentaria y todo lo que es por esencia público y tiene un proceso de desarrollo. Cuanto más azaroso sea este proceso, más interés tendrá tuitearlo.

Cuando se trata de una sesión de trabajo no pública, el tuiteo lo único que hace es que los pavos reales luzcan sus plumas. Véase la reunión de internautas y creadores. Además, el «tuit» es un eco que distorsiona la misma discusión que está siendo retransmitida. «Acabas de tuitear algo que no he dicho…».

Más que transparencia, saber que Salim Amamou se va a poner corbata para complacer a su colega el ministro de justicia me parece una banalidad. Y anunciar por su propia cuenta en Twitter que se levanta el estado de alerta lo juzgo una temeridad.